Hoy voy a hablar de una enfermedad. Una enfermedad que algunos pillan en Roma, aunque no hay duda de que se puede contraer en otros lugares del mundo. Creo que más que hablar de ella en general, me referiré a un caso concreto.
Una diócesis de Latinoamérica envía con gran esfuerzo económico a uno de sus sacerdotes a estudiar la licenciatura. Después de dos años, el sacerdote pide hacer el doctorado. Se le concede. Cuando está haciendo el doctorado, esa persona me comenta que está pensando cuando acabe el doctorado hacer además Derecho Canónico. Incluso no descarta estudiar una determinada carrera civil.
Yo no me lo podía creer. Creo que he sido duro y que he hablado casi como un fanático. Pero la Teología es un medio. El fin es la pastoral. ¿Es que hay alguien cuya vocación sacerdotal sea estudiar toda la vida? ¿Es el estudio un verdadero trabajo? No. Es un trabajo en orden al verdadero trabajo: la docencia, la creación teológica o cosas así. El estudio es la preparación. Uno no se puede pasar media vida preparándose.
Es curioso, nunca he visto tan claro, como esta semana cómo el estudio de la Teología se puede convertir en una especie de dulce sopor para el que fue llamado a ser apóstol. Jesús era el caminante, el eterno viajero, el predicador. Era la fuente de la Teología y la cultivó en la adoración al Padre, por su oración y por sus obras.
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carrerismo clerical
Caramba, gracias por el diagnóstico. Yo sólo veía por allá y por acá síntomas y efectos, pero no las causas ni la posible razón. Es una enfermedad espiritual, claro. ¡Dios le guarde! ¡Dios le guarda! No se junte con los "apestados" o si lo hace, que sea para darles consejos paternales acertados como éste. Gracias, padre Fortea.
Quienes se dedican a acumular títulos académicos y no produce nada, son más costosos para la sociedad que un analfabeta. El "eterno estudiante" ha malgastado el tiempo y recursos que podrían haberse destinado a otras mejores cosas o a otro estudiante más provechoso. Es como querer ser niño toda la vida y que a uno lo mantengan.
Algunas becas civiles dictan que si el doctorando que va al extranjero luego no quiere volver a su país de origen debe reembolsar el dinero que se le ha dado. Se supone que la formación que se le paga es para que revierta en su país. Salvando las distancias, hay algo similar en estos formandos que se envían a prestigiosas universidades. Comprendo que hablando desde el Primer Mundo no debo juzgar a la ligera, pero me parece que habría que pensar en alguna manera de que quienes no vuelven "compensen", no digo devolviendo el dinero (sería quizá falta de caridad evangélica) pero sí haciendo alguna labor en favor de la diócesis a la que no vuelven, aunque dicha ayuda se haga a distancia.
El que usted comenta es el único caso. Yo conozco otro, que tras haber realizado dos carreras civiles, Teología y un Psicoanálisis de diván, con gran coste para la Orden, finalmente decidió que el sacerdocio no era lo suyo y la vida en comunidad religiosa tampoco. En otro orden de cosas, es bastante frecuente que quienes van a Roma desde países poco desarrollados, se acomoden allí y no quieran volver a su país de origen . Me da la sensación de que quienes conceden becas en la Iglesia Católica son demasiado buenos y, a veces, un poco bobalicones.
Jueves, 31 de mayo
Padre Fortea
Religión Digital
Juan Fernandez Krohn
José de Segovia Barrón
Alejandro Córdoba
Ana Bou
Asoc. Humanismo sin Credos
Josemari Lorenzo Amelibia
Francisco Margallo
Pedro Tarquis
Juan Jáuregui Castelo