La noche anterior a ésta soñé que el Santo Padre moría. Lo vi claramente expuesto, revestido de pontifical. Su cara estaba muy deteriorada. Y un pájaro pequeño, como un gorrioncillo, se posó sobre su cara. Algunos detalles del sueño me los guardo.
En el sueño de hoy, iba charlando con una persona por un campo segado, era de noche. A unos cuarenta metros, le dije que me volvía porque iba descalzo y tenía miedo de que me picara alguna serpiente. Al regresar, el que me acompañaba se arriesgó la vida bajando por un precipicio. Yo le aconsejé con vehemencia que no lo hiciera, y menos sin necesidad, por juego. Pero no me hizo caso. Me asomé y el abismo que se abría ante mis ojos era de una profundidad y una oscuridad terrible. Los sueños más bonitos que he tenido en toda mi vida, desafortunadamente pocos, han sido cuando en el sueño volaba. Era todo tan real y tan bello, una sensación inolvidable.
Jueves, 31 de mayo
Padre Fortea
Religión Digital
Juan Fernandez Krohn
José de Segovia Barrón
Alejandro Córdoba
Ana Bou
Asoc. Humanismo sin Credos
Josemari Lorenzo Amelibia
Francisco Margallo
Pedro Tarquis
Juan Jáuregui Castelo