Los que tenemos cuarenta años conocimos otra televisión. Casi todos los países europeos conocieron la mejor etapa de la televisión. Una etapa grandiosa que parece irrecuparable porque no hay voluntad de recuperar lo que voluntariamente perdimos. Las peores tendencias son las que han prevalecido.
Aquella televisión que conocí, que conocimos, no era sólo de programas de cultura, no era sólo de programas reverentes, no se trataba de una televisión seria y retrógrada. No. Fue una televisión en la que aprendí a amar el cine, el gran cine. Una televisión en la que conocí todas las últimas tendencias del teatro. Una televisión de grandes debates, magníficos, cada semana. Una televisión en la que hasta los dibujos animados de la Warner Bros. eran obras de arte que merecerían de por sí un estudio detallado. Ah, encima, apenas había publicidad. Esto parece Jauja, pero fue la televisión que tuvimos y que permitimos que nos quitaran.
Jueves, 31 de mayo
Padre Fortea
Religión Digital
Juan Fernandez Krohn
José de Segovia Barrón
Alejandro Córdoba
Ana Bou
Asoc. Humanismo sin Credos
Josemari Lorenzo Amelibia
Francisco Margallo
Pedro Tarquis
Juan Jáuregui Castelo