Por supuesto que también se puede decir que el corazón espiritual de la Iglesia es el amor. Es cierto. Pero el corazón visible del cuerpo visible de la Iglesia es Roma. Sólo aquí viendo las impresionantes dimensiones de la Gregoriana, del Biblicum, del Angelicum y tantos y tantos otros, tantísimos, se comprende la fuerza de este corazón.
Miles y miles de sacerdotes que retornan a los confines del mundo con la ciencia aquí aprendida, con las ceremonias aquí vistas grabadas en su memoria, con toda una visión universal de la Iglesia. Además, retornan, pero aquí ellos mismos dejaron sus ideas, sus conceptos, su talane, en compañeros, en los profesores, en las universidades. Su paso por aquí les enriquece, y ellos enriquecen a la Urbe.
No me juzgueis por lo que digo como el carca más carca del mundo. Creo que el progresismo del siglo XXI tiene que replantearse algunas cosas. Y una de ellas es mirar a Roma con nuevos ojos. Mirarla y entenderla. Darse cuenta de que ella no sólo no es un escándalo, sino una necesidad. Aquí está el hermano Pedro, entre roquetes, entre barroquismos, entre rúbricas y solideos y oficinas: pero aquí está el hermano Pedro.
Por supuesto que también se puede decir que el corazón espiritual de la Iglesia es el amor. Es cierto. Pero el corazón visible del cuerpo visible de la Iglesia es Roma. Sólo aquí viendo las impresionantes dimensiones de la Gregoriana, del Biblicum, del Angelicum y tantos y tantos otros, tantísimos, se comprende la fuerza de este corazón.
Miles y miles de sacerdotes que retornan a los confines del mundo con la ciencia aquí aprendida, con las ceremonias aquí vistas grabadas en su memoria, con toda una visión universal de la Iglesia. Además, retornan, pero aquí ellos mismos dejaron sus ideas, sus conceptos, su talante. Y dejaron todo eso día a día, durante años, en compañeros, en los profesores, en las universidades. Su paso por aquí les enriquece, y ellos enriquecen a la Urbe.
Ellos pasan, los estudiantes pasan, pero llegan otros nuevos a Roma. Y la Urbe va cambiando, imperceptiblemente.
No me juzgueis por lo que digo como el carca más carca del mundo. Creo que el progresismo del siglo XXI tiene que replantearse algunas cosas. Y una de ellas es mirar a Roma con nuevos ojos. Mirarla y entenderla. Darse cuenta de que ella no sólo no es un escándalo, sino una necesidad. Aquí está el hermano Pedro, entre roquetes, entre barroquismos, entre rúbricas y solideos y oficinas: pero aquí está el hermano Pedro.
Jueves, 31 de mayo
Padre Fortea
Religión Digital
Juan Fernandez Krohn
José de Segovia Barrón
Alejandro Córdoba
Ana Bou
Asoc. Humanismo sin Credos
Josemari Lorenzo Amelibia
Francisco Margallo
Pedro Tarquis
Juan Jáuregui Castelo