Este collegio pontificio es como el colegio Hogwarts de Potter sólo que en estilo barroco italiano. Viendo la última película de Potter me doy cuenta de la importancia de la estética: la importancia de la vestidura clerical entre los que vivimos aquí, la importancia de las ceremonias comunitarias, la importancia de que todo esté perfectamente arreglado y sea sencillo pero perfecto.
De esto se dieron cuenta los creadores de ese mundo ficticio potteriano. Los ingleses para esto siempre han sido maestros indiscutibles.
Mi colegio lo tiene todo para ser una impresionante burbuja estética: grandes escaleras de piedra, monumentales, un gran templo (ni más ni menos que una basílica), casi un centenar de residentes a partir de octubre.
Sin embargo mi colegio ahora muestra su cara menos agradable: la de los recién llegados despistados, que no conocen el idioma, que sienten nostalgia, que se sienten abrumados ante todo lo que tienen que hacer (papeles, buscar los edificios, aprender el italiano en un academia). Seguimos siendo un grupito de residentes en una sola de las muchas mesas del comedor. Una mesa ocupada, la del centro, rodeados de mesas vacías. Parecemos supervivientes en este gran cascarón.
Jueves, 31 de mayo
Padre Fortea
Religión Digital
Juan Fernandez Krohn
José de Segovia Barrón
Alejandro Córdoba
Ana Bou
Asoc. Humanismo sin Credos
Josemari Lorenzo Amelibia
Francisco Margallo
Pedro Tarquis
Juan Jáuregui Castelo