Hacer un tiempo de retiro espiritual es algo muy beneficioso para un sacerdote. Me permite regresar al centro de mi vida. Es un tiempo para revisar defectos, hacer propósitos. Hora tras hora, durante varios días, se persevera en la oración para pedir la perseverancia en las pías intenciones de cambio de vida.
Es necesaria la perseverancia durante el retiro, porque el primer día me embargó el fervor, la concentración perfecta en mi meditación. El tiempo pasaba como si nada.
Pero en la tarde del segundo día, me invadió la desolación. En mi cabeza se repetía la pregunta: ¿por qué estoy aquí, sólo, en silencio, en este lugar, cuando podría estar fuera, pasándomelo bien, cenando, paseando con alguien, viendo una película, leyendo una novela?
El tercer día fue neutro: ni grandes fervores, ni grandes desolaciones.
(Seguirá mañana.)
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Jueves, 31 de mayo
Padre Fortea
Religión Digital
Juan Fernandez Krohn
José de Segovia Barrón
Alejandro Córdoba
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Asoc. Humanismo sin Credos
Josemari Lorenzo Amelibia
Francisco Margallo
Pedro Tarquis
Juan Jáuregui Castelo