Hoy por la tarde he regresado de hacer mi retiro espiritual. Podía haber elegido entre hacer mi retiro en una gruta en medio del desierto, alimentándome de raíces como Tannhäuser en la ópera de Wagner. O irme a un monasterio con tres claustros, iglesia gótica, magnífica biblioteca y un jardín con cisnes. Obviamente elegí la opción más cristiana.
Ese pequeño y humilde lugar de retiro fue el grandioso y soberbio monasterio de El Parral en Segovia.
Mañana os contaré más cosas del retiro. Quizá hasta os cuente alguna cosa seria. Pero en la foto se ve el monasterio a mis espaldas. Hacía hoy un frío antiforteniano que me ha cogido totalmente desprevenido, cosa que se me ve en la cara.
Momentos después comenzó a nevar. Pero, bueno, en la foto se ve en mi rostro helado la alegría de reintegrarme a la vida normal.
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Jueves, 31 de mayo
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