Si usted es judío debe mantener ciertas normas al comer. Por ejemplo, si va a un restaurante no se le ocurra pedir águila, o topo, o un poco de mustela nivalis: son animales impuros. Claramente impuros.
Tampoco deberá caer en la tentación de pedirle al mozo un poco de carne de asno, ni de cacatúa. Unos filetes de delfín o de ornitorrinco tampoco arreglarían las cosas.
Por supuesto tendrá que dejar para siempre tapitas que contengan estrella de mar o caballitos de mar. El caballo a secas (también llamado terrestre) como no rumía, tampoco.
Después de lo que he escrito, observo que yo sin ser judío no tendría que dejar mudar mucho mi dieta. Mi pobre alimentación está muy restringida al queso, chocolate, nueces y a un tipo de pastel de frutas de la marca Mildred. Mi falta de tiempo e inventiva son un lastre que pesa férreamente sobre mi cocina.
Para cambiar esta triste situación alimentaria, si alguna de mis lectoras está interesada en ser mi ama de llaves, estoy dispuesto a escuchar todas vuestras propuestas. Se hace necesario el cuello alto acabado en encaje y un broche en el pecho. También una cierta mirada severa que con su dureza eche atrás a las visitas. No quiero una punky por aquí, un cierto aspecto victoriano puntuará. La edad también será considerada más como una virtud que como un defecto.
Si quiere dejar comentarios, hágalo aquí:
http://quelugartanbonito.blogspot.com/
Jueves, 31 de mayo
Padre Fortea
Religión Digital
Juan Fernandez Krohn
José de Segovia Barrón
Alejandro Córdoba
Ana Bou
Asoc. Humanismo sin Credos
Josemari Lorenzo Amelibia
Francisco Margallo
Pedro Tarquis
Juan Jáuregui Castelo