En la segunda predicación de ese primer día, me puse el roquete sobre el abrigo grueso que me había traído desde España. Con guantes, abrigo y capucha sobre la cabeza hice la segunda predicación.
Para calentarme, pensé en hablar de los inaguantables ardores del infierno. No lo hice, todos hubieran querido ir allí un rato.
El silencio era tan grande ?ni toses, ni móviles, ni niño llorando-, que pensé que quizá todos se habían congelado y por eso estaban tan tiesos y silenciosos en sus bancos. No recuerdo muy bien de lo que hablé, siempre improviso. Pero estar temblando de frío, no es lo que más propicia la improvisación.
Debo reconocer que, a pesar del frío, el coro era excepcional. En la cena (así como en el resto de las cenas) comprobé que Polonia es el país de las sopas. También comprobé que los feligreses polacos gustan de predicaciones con contenido intelectual.
Si quiere dejar comentarios, hágalo aquí:
http://quelugartanbonito.blogspot.com/
Jueves, 31 de mayo
Padre Fortea
Religión Digital
Juan Fernandez Krohn
José de Segovia Barrón
Alejandro Córdoba
Ana Bou
Asoc. Humanismo sin Credos
Josemari Lorenzo Amelibia
Francisco Margallo
Pedro Tarquis
Juan Jáuregui Castelo