He estado tres días en Polonia, invitado a predicar en una de las iglesias del centro de Cracovia, la Parroquia de todos los Santos. Los tres días, tuve la alegría de ver como seiscientos universitarios llenaban el templo desde el primer banco a la puerta de entrada.
La iglesia era de un barroco sombrío que conjugaba muy bien con el frío. El primer día, resguardado solamente por una casulla de tela fina, tuve que hace frente a un frío implacable. Dentro del templo la temperatura era de unos cuatro grados, por más que el párroco dijera que hacía 8 grados. En la primera predicación, las piernas comenzaron a temblarme y no pararon en todo el rato.
Los jóvenes atendían a mis palabras con una atención, verdaderamente admirable. Cada vez que hacía una pausa, el silencio era tan impresionante que yo mismo me sorprendía. Aunque lejos estaban de saber que el padre predicador estaba a punto de perecer congelado. Si quiere dejar comentarios, hágalo aquí:
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Jueves, 31 de mayo
Padre Fortea
Religión Digital
Juan Fernandez Krohn
José de Segovia Barrón
Alejandro Córdoba
Ana Bou
Asoc. Humanismo sin Credos
Josemari Lorenzo Amelibia
Francisco Margallo
Pedro Tarquis
Juan Jáuregui Castelo