Me metí en la ducha, me enjaboné, me llaman al teléfono. Yo, siempre amable, lo atiendo, alejando el aparato de la cabeza para no llenarlo de espuma. Cuando regreso al baño, descubro que han cortado el agua. El hilo que sale no serviría ni para aclararme las manos. Menos la cabeza que la llevaba llena de espuma.
Espero un poco. Decido llamar a un vecino, para saber si el asunto afecta sólo a mi piso o es mal de muchos. En este caso, el mal de muchos sólo me afectaba a mí.
Llamo, no está el vecino, pero sí un familiar con una enfermedad mental. Le digo que estoy enjabonado y salido de la ducha. Me dice que ellos tampoco tienen agua. Me despido, pero insiste en contarme un chiste.
Le insisto yo también en que no es el mejor momento: estoy mojado, lleno de espuma. No, seré breve, me dice. Al final, tengo que cortar, se lo tome como se lo tome.
Pienso, yo y mi espuma, pero me doy cuenta de que no tengo ninguna botella de agua mineral, ni en la nevera, ni fuera. Únicamente cuento con latas de Coca-Cola light, también dos tetrabrik de leche. La situación no es fácil.
De pronto, el agua caritativa se compadeció y regresó al grifo. Si quiere dejar comentarios, hágalo aquí:
http://quelugartanbonito.blogspot.com/
Jueves, 31 de mayo
Padre Fortea
Religión Digital
Juan Fernandez Krohn
José de Segovia Barrón
Alejandro Córdoba
Ana Bou
Asoc. Humanismo sin Credos
Josemari Lorenzo Amelibia
Francisco Margallo
Pedro Tarquis
Juan Jáuregui Castelo