Antes de ayer asistí al funeral de Pablo Domínguez. Dos cardenales, una veintena de mitras, centenares de sacerdotes, una catedral a rebosar, coro impresionante, órgano supremo, ritual cuidado hasta el más mínimo detalle, cabildo de canónigos. Pablo era un sacerdote fantástico, se merecía todo aquello. Tenía la extraña cualidad de caer a todos bien. Hubiera sido un fantástico obispo.
Pero durante todo aquel emotivo funeral, hubo una idea que me venía una y otra vez a la cabeza: los muchos sacerdotes que mueren completamente olvidados.
Sacerdotes que lo dieron todo, exactamente igual que el recordado Pablo, sacerdotes que un día fueron la sensación de la primera o segunda parroquia a la que llegaron, que pusieron todo su corazón en sus predicaciones, que entregaron sus desvelos por el bien de sus fieles, y que mueren solos, sin que nadie llore su enfermedad, ni su agonía, ni su muerte.
El contraste entre ambas realidades me parecía sobrecogedor ante la vista de tantas muestras de sincero cariño.
Cada sacerdote que se apaga en una residencia sacerdotal, cargado de años y sufrimientos, fue un día lejano un sol que llegó a una parroquia, tuvo su grupo de admiradores, su grupo de amigos, hizo excursiones, hizo todo lo que estuvo en su mano con el ardor de la juventud.
Pero el final de nuestra vida nos enseña cómo el afecto de nuestros feligreses es flor de un día que pasa. Si quiere dejar comentarios, hágalo aquí:http://quelugartanbonito.blogspot.com/
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Somos seguidores de Jesucristo que murió vilipendiado en una cruz. Si recibimos un reconociiento por los desvelos, qu'e bien. Si no, pues el Señor no se olvidará de nada.
Hermoso comentario. Esta es la pura realidad. Nuestro modelo es el santo cura de Ars.
Ese yoyyo es un pobre imbécil y mal hablado, un pobre diablo que está necesitando no uno sino a varios exorcistas urgentemente.
Es natural... En plenas facultades este D. Pablo, con mucha personalidad y espíritu y del modo que ha sido su muerte, impresiona más que cuando la muerte llega al final de una vida larga, después de un desgaste lógico de la persona, donde las circunstancias propias de la edad confinan en una residencia a ese sacerdote que también fué importante en su parroquia o en otros apostolados. ASí es la vida para todos... No es lo mismo que muera un hijo joven, que un padre anciano, sobre todo cuando es impensable la muerte, por accidente o enfermedad rápida. Se hace un mito de las personas según sea su despedida de este mundo. Lo estamos viendo constantemente. Apreciamos y queremos a todos esos sacerdotes que nos dan tanto, desinteresadamente, pero también acusamos sus desgastes; sin embargo, para Dios, el mérito será mucho mayor, porque toda una vida larga dedicada a El y sus hijos tiene un mérito enorme y Dios los compensará con creces con su gozo eterno.
Cada sacerdote es UNA PERSONA LLAMADA POR DIOS PARA SERVICIO A LOS DEMÁS, es igual dignidad, todos los que conocemos sacerdotes que nos acercan a Dios los queremos y dejamos que su semilla caiga en nosotros. Soy una religiosa hermana y amiga de Pablo Domínguez, de fuerte unión con él, cada día teniamos nuestro encuentro en el Segrario y en la Eucaristía. Ha sido sacerdote de Dios al servicio de todo aquel que requería algo de su mano, grande o pequeñito. Feliz, siempre ALEGRE Y FRATERNAL. Dios se sirvió de él para llegar a muchos... Esto no quita nada a los sacerdotes mayores... que han pasado su vida en igual entrega y ahora están más solos... al contrario, TODOS LOS SACERDOTES SON DIGNOS DE NUESTRA VENERACIÓN Y CARIÑO, Pablo los tenía como maestros en su sacerdocio. En la Iglesia no nos quitamos nada unos a otros, somos un SOLO CUERPO y CRISTO NUESTRA CABEZA, sólo importa cumplir su voluntad estemos donde estemos, porque el tiempo pasa rápido...
Estoy plenamente de acuerdo. Es un sentimiento que llevo conmigo. Admiro a aquellos sacerdotes que lo dieron todo y que el final de su vida es en la soledad de una residencia. Hace años asisti al entierro de un sacerdote. Lo acmpañamos 4 sacerdotes y unos pocos familiares. Al salir del cementerio había otro entierro, el de un policía nacional. Alli estaban muchísimos compañeros y los jefes.Para mi fue impactante.También tengo que admirar a los obispos que sufren los problemas de sus sacerdotes ancianos y que muchas veces rechazan las soluciones que se les proponen. Y lo triste que tiene que ser asistir a tantos entierros de sus sacerdotes.
Oye, Fortea, es que te daba envidia de Pablo?. Eres un inutil al lado de Pablo. De tí no se acordarán ni los demonios que dices que echas, cuando el diablo eres tú mismo. Tu articulo lo demuestra-
Cada sacerdote que se apaga en una residencia sacerdotal, cargado de años y sufrimientos, en esa soledad aparente esta quien tiene que estar, y el sacerdote que a vivido para Cristo y no para si mismo ama esa soledad del ultimo momento que solo le pertnece a Dios, un abrazo esta en mis oraciones ore por mi que me voy hoy de ejercicios espirituales sldos
Jueves, 31 de mayo
Padre Fortea
Religión Digital
Juan Fernandez Krohn
José de Segovia Barrón
Alejandro Córdoba
Ana Bou
Asoc. Humanismo sin Credos
Josemari Lorenzo Amelibia
Francisco Margallo
Pedro Tarquis
Juan Jáuregui Castelo