Continuación del post de ayer, segunda parte:
Frente al concepto actual de ortodoxia, frente al concepto actual de unidad eclesial, propones una nueva etapa de libertad, de experimentación. Pero no podemos olvidar que esa etapa de experimentación ya ha tenido lugar. Ya ha ocurrido el que las comunidades siguieran su devenir de un modo completamente autónomo a cualquier sujeción jerárquica.
Desde el siglo XVI, han sido infinitas las veces que el experimento presbiteriano ha tenido lugar. La comunidad de creyentes, el depósito de la fe, se han reinventado a sí mismos una y otra vez. Los resultados son concluyentes: sólo han permanecido en el tiempo las comunidades (pequeñas o grandes) que han desarrollado estructuras jerárquicas paralelas a las de la Iglesia Católica.
Lo mismo podemos decir de los pequeños e idílicos grupos evangélicos donde todo parece improvisación y sencillez. Todo parece improvisación y sencillez, pero sólo un depósito de la fe firmemente definido por una jerarquía de ancianos evita la disolución de este tipo de pequeños cenáculos.
En Estados Unidos he conocido grupos de este tipo que se reunían en casas, grupos donde no había sacerdocio, donde todo era cantar y dejarse llevar por la gracia. Pero al conocer estas realidades de cerca, puedo asegurar que había unas personas o una sola persona (aunque fuera una viejecita) que ejercía férreamente la autoridad.
Puedo asegurar que esas realidades eclesiales acéfalas, si duraban más allá de un año, era porque al menos una persona (a veces un ama de casa) ejercía la potestad de gobierno y la autoridad de la Congregación para la Doctrina de la Fe. Y puedo asegurar que a veces una viejecita de traje floreado, o un zapatero, puede ejercer esta autoridad de un modo tan férreo e inflexible como Torquemada en sus mejores tiempos. Y esta misma realidad es la se lleva repitiendo desde Lutero y Calvino.
Lutero y Calvino clamaron contra la Curia Romana, únicamente para erigirse ellos mismos en Curia. Los que defienden a estos falsos reformadores, lo hacen a partir de sus escritos. Pero olvidan completamente el estudiar los escritos de los discípulos de los reformadores, escritos (sobre todo cartas) en los que nos cuentan con detalle del modo que esos reformadores entendieron que había que administrar la libertad de los demás.
Pero si seguimos la luz de la Sede de Pedro no es porque lo haya hecho mejor que los predicadores de la libertad, no es por una cuestión de eficacia. Tampoco por estética. Tampoco porque nos guste la tradición. No, no es por nada de eso.
Sino porque la gran cuestión es: ¿Jesús dejó alguna autoridad que rigiera a su rebaño? Si quiere dejar comentarios, hágalo aquí:http://quelugartanbonito.blogspot.com/
Jueves, 31 de mayo
Padre Fortea
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