Estimado Pikaza:
En días pasados he leído con placer tus escritos sobre la Curia Romana y me han alegrado mucho.
Me han alegrado, primero porque tus observaciones sobre Roma respiraban inteligencia, mucha inteligencia, y segundo porque lejos que atacarla con saña, todo el rato estabas sólo a un paso de eso que podríamos llamar ortodoxia.
Sin embargo me gustaría hacer algunas humildes observaciones. Hoy analizaré sólo cuatro puntos, mañana continuaré.
Muchos son los que se quejan de que la Congregación para la Doctrina de la Fe tenga autoridad para interpretar, y defienden que los teólogos sean completamente autónomos dentro de la Iglesia. Pero al pedir eso se olvidan de que cada teólogo al explicar las Sagradas Escrituras, al hablar de moral o de Teología, está erigiéndose en autoridad él mismo. Con sus escritos o sus clases está indicando a los que le lean o escuchen cómo debe entenderse algo, hasta dónde llega lo lícito o lo ilícito.
Muchos se quejan del mismo concepto de Ley en la Iglesia, de su misma existencia, cuando la Iglesia debería ser vida. Pero hay que hacer notar que Cristo trae una Nueva Ley. Sus palabras se erigen en norma. El Hijo del Hombre va a ordenar, a organizar y a otorgar un poder rector y legislativo. Guste o no guste, los textos evangélicos en que el Cristo se nos muestra como el Nuevo Moisés son muchos y de una rotundidad que no deja lugar a dudas.
El Mesías era un itinerante pobre, despojado y humilde, pero pretendía que su Iglesia fuera una casa. A muchos les gustaría que la Iglesia, hoy día, siguiera siendo una suma de maestros itinerantes con discípulos oyentes. Una Iglesia de una simplicidad bucólica y arcádica. Eso es muy bello, pero la voluntad de Jesús era construir una edificación sacra. Por eso a Simón, le llamó Cefas. No hay piedras donde sólo hay itinerancia. Sólo hay piedras donde se quiere construir. En el momento en que admitimos esta voluntad de Jesús, este plan, hay que admitir que esa construcción se haga más grande, más majestuosa, más amplia, y que en ella haya siervos, criados, distintas funciones en el servicio, algunas de ellas muy especializadas.
El cristianismo que algunos teólogos proponen, es un cristianismo de islas. Un cristianismo en el que los creyentes forman islas independientes en un archipiélago de libertad absoluta, pero que no forma una unidad. El Padre, el Hijo y el Espíritu Santo quisieron que su fe creara un pueblo. Lo que hoy día tenemos no es una traición al mensaje del Redentor, sino la continuación de una tradición, la continuación de una vida, la evolución de un cuerpo.
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Me parece excelente y muy enriquecedor, ese diálogo del P. Fortea con uno de los comentaristas (en este caso, con "Picaza").
Yo creo que se debe buscar un equilibrio y armonía entre la jerarquía, la comunidad y la vida personal (donde se inicia todo, con la dignidad de la persona), y que no se ha encontrado todavía, de ahí la situación de crisis que muchos viven actualmente dentro de la Iglesia.
Cada persona es una perspectiva única sobre el universo (incluso el Papa que no es Dios, ni la suma filosófica de todas las perspectivas, por su condición humana de "criatura", no puede verlo y ni entenderlo todo), y creo que es necesario tener cierta apertura y humildad para escuchar los distintos puntos de vista (incluso a los teólogos "heterodoxos", la Teología de la Liberación que mucho tiene que enseñarnos, etc.), aunque sea luego para rectificar errores y desaciertos (todos los cometemos), buscando una unidad superior en la verdad.
Un saludo.
Cada viernes los componentes de un grupo de jóvenes cristianos al que pertenezco nos reunimos para comentar la catequesis. Comentamos, sobre todo, opiniones, alguna anécdota pero pocas veces acabamos aterrizando en nuentra vida. Entre los componentes unos vienen a misa, otros no tanto, unos vienen cada tanto al grupo y en eso andamos. La jerarquía, a veces, no sale bien parada y tengo que reconocer que alguna vez he provocado estas discusiones.
Hay mucho despiste, si no fuera porque cuento con un grupo más organizado que camina desde hace años, me sería fácil continuar en esta actitud.
Saludos
Paz y Bien
Fortea, Fortea, que no se hicieron las letras para salvar a los hombres --Enoc dixit. La tentación literaria y su prima hermana, la mediática, rondan buscando a quien engatusar. La metáfora de la piedra, y de ésta el edificio, sólido y perenne, es un espejismo diabólico. Se trata de piedras vivas y de una piedra angular. También roca de tropezar. Pero de ningún modo de un alibi al inmovilismo. La Iglesia del Mesías es peregrina. Su meta está siempre allá donde tienen puestos sus ojos los de cabeza alzada. Lumen gentium lo dice bella y certeramente. ... Hay más teología de la que a veces puede que crean algunos de los seguros e inteligentes entre los sanadores de espíritus. Bona nit! y sigamos peregrinando si queremos llegar a la Veritas Prima.
1) Partes de una "falacia": la oposición entre "unidad de sometidos" versus "islas-individualistas".
2) Terminas tu reflexión con una alusión triniatria (¡qué es la mejor comunidad! al decir L. Boff y las Comunidades de Base del Brasil). Ahora bien, la Trinidad (y de eso Pikaza sabe muichísimo), es la unidad en la diversidad (el Padre no es el Hijo, etc). La unidad sin libertad es totalitarismo...
3) ¿Releerías el libro de J. Ratzinguer: "Introducción al Cristianismo", la parte sobre la Trinidad?
4) Observación desde la "retórica": da la impresión de que hablas (o que te sitúas) "desde la ortodoxia", desde "el centro", desde "la verdad"; y los otros (en este caso Pikaza) están cerca o lejos de "tu" perspectiva, quie consideras la verdadera (supongo)... Saludos.
Este artículo me parece muy genérico e idealista.
La Iglesia es sí, santa y pecadora, por eso está llamada tambièn a la conversión. Esta no es solo personal sino tambièn comunitaria.
Si aceptamos que todo ya fue dicho y nada podemos acrecentar a lo dicho, me refiero a teólogos y biblistas, para què seguir pensando; es mejor expulsar los "demonios" de los cambios.
La historia de la exegèsis bíblica nos dice lo contràrio, evoluciona. El derecho canónico, aunque necesario, no evoluciona, necesita de muchos años más.
Lo hermoso de la Iglesia es que a pesar de todas las limitaciones humanas de quienes la formamos, a pesar del pecado, es maravillosa, acogedora, siempre iluminada por el Bien...
Cuando Pedro negó a Cristo... no por eso dejó de ser el fundamento de la iglesia que Cristo iba a fundar. Esa es su belleza.
Muy seguro se muestra Ud de la belleza de ese edificio. Muchísimos q querrían verla no la ven, basta repasar la historia, especialm. los últimos 49 años. Comprendo q su oficio (no digo ya su estado) lo condiciona, pero a la hora de valorar tanta miseria institucional, es muy insuficiente, para explicarla, decir q los ladrillos son humanos, luego deficientes. La belleza de la Iglesia está en la santidad de su Cabeza y de los santos/santas individuales. Es esa santidad la q quiso su Fundador. Pero es muy problemático descubrirla en la institución, q tal vez la quiso Jesús, pero ¿por la deriva secular q ha seguido? La prensa se hace eco hoy mismo de los millares que se dan de baja por apostasía formal, pero la silenciosa es aún mayor. No necesito citar nombres de jerarcas q están en la mente de todos, descaradamente infieles al mandato de Jesús: "Habéis visto lo q he hecho con vosotros; haced vosotros lo mismo" (Jn 13,14). Muchos/as se sienten agredidos por sus ideologías y sus procedimi.
Jueves, 31 de mayo
Padre Fortea
Religión Digital
Juan Fernandez Krohn
José de Segovia Barrón
Alejandro Córdoba
Ana Bou
Asoc. Humanismo sin Credos
Josemari Lorenzo Amelibia
Francisco Margallo
Pedro Tarquis
Juan Jáuregui Castelo