La verdad es que llevo la vida que quiero llevar. Mi vida es lo que deseo que sea y en cierto modo vivo en la tierra de utopía. Pero ahora que leo la autobiografía de Groucho Marx, siento una cierta envidia sana al ver la existencia tan llena de vitalidad que llevó. Una vida haciendo reír, oyendo las risas de sus semejantes.
También siento una sana envidia por la vida de Borges. ¡Qué profundidad de pensamientos había en su cabeza! Y al mismo tiempo qué vida tan tranquila, tan sosegada y tan rodeada de amor.
También siento un poco de envidia de esos jóvenes que se lanzan en tabla por las laderas nevadas de montañas que me parecen imposibles. Las escenas que he visto en la televisión son impresionantes. ¿Y qué hago yo en este sillón pienso, con esta bandeja sobre las piernas y un sándwich de ensalada en la mano?
Por supuesto también siento un poco de envidia cuando veo a algunos montarse con sus tablas de surf en olas hawaianas que parecen sacadas de un cuento de hadas. Valdría la pena leer unos cuantos libros menos y montarse en alguna ola, pequeña, de algún lugar cercano y barato.
También siento un poco de envidia de Brian Sewell y de Sanchez Dragó por sus viajes y las vivencias que han tenido en ellos. También envidio a San Benito y San Juan de la Cruz por sus vidas recogidas en la paz del claustro. Os aseguro que también he envidiado a Dart Vader por su capacidad de apretar el pescuezo a alguno sin dejar rastro.
Pero de todas las vidas, reconozco que la mía es la que me cae más cerca. Además, me he cogido cariño. Algunos dicen que soy horroroso, pero la verdad es que me caigo simpático. Molo, sí. Si quiere dejar comentarios, hágalo aquí:http://quelugartanbonito.blogspot.com/
Jueves, 31 de mayo
Padre Fortea
Religión Digital
Juan Fernandez Krohn
José de Segovia Barrón
Alejandro Córdoba
Ana Bou
Asoc. Humanismo sin Credos
Josemari Lorenzo Amelibia
Francisco Margallo
Pedro Tarquis
Juan Jáuregui Castelo