En esta foto, aparezco en la misa que dije en Bucaramanga (Colombia). Había 12.000 personas. Es impresionante tener el poder de influir en decenas de miles de corazones con una sola predicación.
En momentos así, uno se siente abrumado por la responsabilidad. Uno comprende que de esa predicación se puede producir un cambio radical en la eternidad de tantos seres humanos.
La única cosa que me animaba a proseguir con mis viajes y predicaciones, era la sonrisa de la gente que me acogía, su bondad, su apertura a mis palabras. Ello me infundía valor a pesar de considerarme bastante indigno. Sus rostros, sus apretones de manos, sus abrazos me animaban a seguir adelante.
Los dos viajes a Colombia han sido una verdadera predicación para mí. He vuelto mejor, con más deseos de santidad.
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Jueves, 31 de mayo
Padre Fortea
Religión Digital
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Asoc. Humanismo sin Credos
Josemari Lorenzo Amelibia
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