Ayer apareció en El Mundo la noticia de que más del 50% de los británicos no acepta la teoría de la evolución de Darwin.
Eso me parece no sólo bien, sino hasta lógico. Probablemente, en el año 2020, conforme avance más la ciencia, será más del 70% los que no acepten el evolucionismo zapateriano puro y duro.
Incluso si ahora entre los británicos es tan alto el escepticismo, entre los mismos chimpancés el antidarwinismo supera el 80%. Entre las tortugas casi roza el 90%.
Esta oposición al evolucionismo se debe a que durante años se nos ha dicho que o Darwin o Dios. ¿Pero por qué no era posible escoger a Darwin y a Dios?
Pues no. En la universidad no era posible porque los ateos, poniéndose una bata blanca a modo de uniforme inquisitorial, te decían que no, que esto no era una ensalada en la que puedes poner tomate y lechuga. ¡No! El menú era claro: o nosotros o tus ideas medievales. O la electricidad o tu misa dominical. O ir a la luna o tu novena.
Jueves, 31 de mayo
Padre Fortea
Religión Digital
Juan Fernandez Krohn
José de Segovia Barrón
Alejandro Córdoba
Ana Bou
Asoc. Humanismo sin Credos
Josemari Lorenzo Amelibia
Francisco Margallo
Pedro Tarquis
Juan Jáuregui Castelo