Ah, el día Navidad. He ido a Zaragoza a celebrarlo con mi familia. No hay nada como el día de Navidad. Mi madre ya conoce mis gustos en la mesa y este día no hace experimentos. Además, en un día como éste no hay nada mejor que un gran pontifical. Ayer en la Misa del Gallo me fui a concelebrar a El Pilar. Hoy en La Seo. Canónigos, incienso, órgano, coro de niños, vamos de todo.
Por la tarde he hecho mi rato de oración en Santa Engracia. ¡Pero qué bonita esta! Cada año mejoran esta basílica. Además, me he puesto el chándal y me he ido haciendo footing. La ida y la vuelta ha sido un total de una hora de trote a 1º de temperatura. He llegado con la cara roja como una amapola.
Después de la cena he recibido la llamada de un cura. La conversación ha comenzado bien, pero después me ha entrado la duda de si he murmurado un poquito. O incluso más que un poquito. Ya se sabe, se comienza hablando inocentemente y uno acaba muy lejos. Esto del cotilleo clerical es muy feo. Aunque reconozco que también tiene sus alicientes.
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Nada de especial: un cura normal. ¿Y qué puede hacer un cura normal? Pues muy fácil: cosas normales.
"Porque ha venido Juan el Bautista, que no comía pan ni bebía vino, y decís: "Demonio tiene."
Ha venido el Hijo del hombre, que come y bebe, y decís: "Ahí tenéis un comilón y un borracho, amigo de publicanos y pecadores."
Lo dicho, mi general, hay que hacer footing, que un cura barrigudo no está muy presentable. Es la imagen prefabricada de los anticlericales.
Jueves, 31 de mayo
Padre Fortea
Religión Digital
Juan Fernandez Krohn
José de Segovia Barrón
Alejandro Córdoba
Ana Bou
Asoc. Humanismo sin Credos
Josemari Lorenzo Amelibia
Francisco Margallo
Pedro Tarquis
Juan Jáuregui Castelo