Sólo un calígrafo sabe la maestría que puede haber en un giro inesperado de la pluma, el estrechamiento de un lazo en su centro, el remate en pico del final de un trazo. Como si el trazo de una letra requiriera de un remate, y no sólo el final de la crónica que se cuenta en esas páginas.
La escritura gótica tiene un cierto carácter de bosque bárbaro. Tiene un aire de selva frondosa en el que uno encuentra arroyos y montañas. Allí, en cualquier rincón de la página, uno encuentra lazos celtas, florones germánicos. El bosque está escrito en latín, aunque quizá nos hable del mundo de los profetas hebreos de una tierra soleada.
Esa página es parte de un tímpano gigantesco como el orbe mismo. Un tímpano multicolor, estratificado, armonioso. Un cosmos ordenado que daba tranquilidad a los copistas.
Jueves, 31 de mayo
Padre Fortea
Religión Digital
Juan Fernandez Krohn
José de Segovia Barrón
Alejandro Córdoba
Ana Bou
Asoc. Humanismo sin Credos
Josemari Lorenzo Amelibia
Francisco Margallo
Pedro Tarquis
Juan Jáuregui Castelo