Roma, la Nueva Jerusalén. Parece que la ciudad también tuvo algo de historia antes de la llegada de Pablo y Pedro al lugar. Tuviera la historia que tuviera, tampoco fue tanta como para no caber en unas cuantas salas de los Museos Vaticanos.
Ciudad de espantoso trazado de avenidas, casi nulas por otra parte. Y es que a la masonería lo que se le da bien es el negocio de la expropiación. Después cuando llega la hora de trazar grandes vías, les pilla cansados.
Roma es una ciudad muy expropiada. Si hubiera seguido siendo una teocracia hubiera sido un emporio. Pero Verdi y Garibaldi tenían otros proyectos, proyectos de gran ópera nacional, con lo bonitos que son los estados pequeños.
Bueno, yo ya he hecho la maleta. Con la práctica de años, la hago en un santiamén. Equipaje de mano, un buen libro para el avión y un amigo del bachillerato a mi lado. El viaje se debe a razones editoriales, se acaba de publicar la versión italiana de Summa Daemoniaca.
Hubiera sido bonito llegar a un aeropuerto en que la maleta, en la aduana, te la revisara un guardia suizo. La idea de una Italia formada por pequeños cantones, por encantadoras suizas, hubiera sido mucho más poética. Probablemente hasta económicamente les hubiera sido más ventajoso. Hubiera sido uno de los rincones más deliciosamente irregulares del Viejo Continente. Lo grande no es mejor por ser grande.
Una península formada por una constelación de andorras no hubiera sido el Gran Estado Mussoliniano que tenía en la mente ese mediocre actor que fue Benito. Pero por otra parte las fronteras las ponemos los humanos, no existen en el campo. Resulta preferible estar unidos que separados. Así que mejor las cosas mejor como están. Sé que esto puede parecer contradictorio con el texto del post, pero no renuncio a ser contradictorio.
Jueves, 31 de mayo
Padre Fortea
Religión Digital
Juan Fernandez Krohn
José de Segovia Barrón
Alejandro Córdoba
Ana Bou
Asoc. Humanismo sin Credos
Josemari Lorenzo Amelibia
Francisco Margallo
Pedro Tarquis
Juan Jáuregui Castelo