Hoy he oficiado una de esas bodas que te dejan un maravilloso sabor de boca. Dos colombianos jovencitos que se amaban arrebatadoramente. Los dos con el más dulce de los caracteres. Eran muy jóvenes, sí. Pocas veces he estado en una boda en la que tuviera yo tan gran seguridad de que ese matrimonio iba a ser un éxito rotundo del amor.
Después una cena con varios de los más íntimos de mi parroquia: bromas, buen humor, una comida fantástica, una delicia de tiempo compartido.
La vida parroquial está llena de pequeños momentos deliciosos, de grandes momentos litúrgicos, de grandes celebraciones y de pequeñas cenas, de momentos de una seriedad tal en que parece que se palpa el Misterio, y de risas de la sacristana y de su nieto de ricitos dorados, bajo la complaciente mirada de su madre irlandesa. La parroquia es un microcosmos, un hogar, una casa, una cena, una Cena, niños que corren, la niña vestidita de blanco con guirnalda que me ha tirado su puñito bien lleno de confeti, todavía tengo algo de confeti entre mis canas.
Mañana México. Estaré en ese soleado y amplio país dando conferencias durante tres días. Dar conferencias me encanta, disfruto, siempre improviso, nunca las preparo. Vivo cada momento de la conferencia como un momento de inspiración o de falta de inspiración. Pero salga mejor o peor, jamás pienso presentarme ante el público a leer. Eso no sería una conferencia, sería un acto de dictado con momentos de interpretación. Sí, una de las cosas que más me gusta de la vida es dar conferencias. Lamento que la mayor parte de la Humanidad no haya dado nunca ninguna conferencia, es un gran placer.
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Pero santanderiense, ¿creee usted necesario, después de tantos años hablando de lo mismo, preparar algo?, si lo que hay que alabar es la economía de estas conferencias, mismos ingresos por un producto más que revendido.
Sr. Fortea:
Me deja Ud. de una pieza al manifestar que no prepara las conferencias.
Recuerdo, por similitud, que otro sacerdote también me respondió de igual manera. "Yo no preparo las homilías. Dejo esa labor al Espíritu Santo".
"Pobre Espíritu Santo, la cantidad de plomo que ponemos sobre sus alas!. Claro, y si la homilía sale deficiente o deplorable, las reclamaciones al mismísimo Espíritu.
¡Tela!.
Agradezca a Dios su elocuencia y oratoria a la hora de dar conferencias.Por eso le gusta darlas.Se siente seguro,pisando fuerte.¿No perjudicará a su vanidad?
Yo también doy conferencias,con menos seguridad que Vd y ante una audiencia más restringida.Sé lo que se siente dando conferencias,sobretodo cuando el espectador está embebido en tu persona.¡Oh,Vanidad de Vanidades!Todos pecamos de lo mismo.
P. Fortea: cuál es su próximo destino ahora que cesa en su actual parroquia?
Dios espera a todos...
pero mientras llegamos sólo tendremos paz dentro de nosotros si transmitimos su mensaje de amor: perdonar y amar siempre. perdonar y entender siempre. es lo que falta en la mayoría de sacerdotes de hoy: no tienen conciencia del mensaje de Cristo.
Jueves, 31 de mayo
Padre Fortea
Religión Digital
Juan Fernandez Krohn
José de Segovia Barrón
Alejandro Córdoba
Ana Bou
Asoc. Humanismo sin Credos
Josemari Lorenzo Amelibia
Francisco Margallo
Pedro Tarquis
Juan Jáuregui Castelo