A veces la vida da giros inesperados. Pero a veces es que los da de un modo novelesco. Hoy es uno de esos días en que compruebo que mi vida nada tiene que envidiar a un buen guión. Lamentablemente no os puedo contar nada hasta que todo esté consumado. Tampoco podré hacerlo hasta que el poso del tiempo haya colocado una buena pátina sobre todo el óleo del presente.
Pero a pesar de mi silencio, creedme, la vida me ha sorprendido. Hace unos días la vida me ha sorprendido con una posibilidad tan formidable, tan agradable, que no se me había pasado por la cabeza. Y hace unas horas la realidad me ha vuelto a sorprender con una posibilidad tan triste (en otro campo totalmente distinto) que tampoco se me había pasado por la imaginación.
Sea lo que sea lo que el futuro depare a los capítulos de mi vida, trataremos de atravesarla con dignidad, con un cierto grado de dignidad, con una cierta dosis de alegría moderada y tratando de que nada amargue el placer que siento en escuchar el rondó de Purcell que ahora escucho.
Lo importante es el decoro, atravesar las ciénagas con una cierta decencia. Pero si eso no es posible, Purcell tampoco está nada mal.
A todos aquellos que os sintáis solidarios conmigo, a todos aquellos que sintáis los mismos sentimientos que yo dado lo que os rodea, recordadlo: tomáoslo con tranquilidad, porque sí que hay mal que cien años dure.
Jueves, 31 de mayo
Padre Fortea
Religión Digital
Juan Fernandez Krohn
José de Segovia Barrón
Alejandro Córdoba
Ana Bou
Asoc. Humanismo sin Credos
Josemari Lorenzo Amelibia
Francisco Margallo
Pedro Tarquis
Juan Jáuregui Castelo