Estoy hospedado en una rectoría de Brooklin, redactando un minipost porque me tengo que ir a dormir. El viaje desde Catskill hasta Nueva York ha sido idílico: bosques verdísimos, colinas suaves, autopistas inmensas, hierba por todas partes, muy de vez en cuando la típica casa blanca de madera.
Tras tanto campo, la aparición de Nueva York ha sido casi abrupta. Increíble que una Urbe como ésta tenga una verdadera Selva Negra casi deshabitada a media hora de distancia. La gran ciudad por la noche estaba esplendorosa. Me han dado un envidiable paseo en el coche por Park Avenue, la Quinta y Broadway después de la cena.
Ahora estoy a las afueras, en una zona con muchos hasidim, cerca de la sede central de los Testigos de Jehová. Bueno, me voy a dormir.
Jueves, 31 de mayo
Padre Fortea
Religión Digital
Juan Fernandez Krohn
José de Segovia Barrón
Alejandro Córdoba
Ana Bou
Asoc. Humanismo sin Credos
Josemari Lorenzo Amelibia
Francisco Margallo
Pedro Tarquis
Juan Jáuregui Castelo