En la augusta soledad de mi casa, he escuchado varios adagios de Bach: elegantes, siempre serenos, poderosos en la economía de instrumentos que usa.
Y pensaba en los adagios de la vida, en los momentos en que la alegría no puede obviar que el cielo ya no está azul, que hace frío y que ha anochecido.
Como ya descubrieron los músicos barrocos, el concierto de la vida es una sucesión de allegros y adagios.
Hay que tener cuidado de que la existencia no se vuelva un adagio constante, perpetuo. Yo nunca he sentido tal tendencia, por pura gracia divina. Pero por más explosivo, violento y entusiasmante que sea el allegro precedente, siempre hay un movimiento triste, un momento en que las notas no hablan de alegría sino de tristeza.
Normalmente, nuestra mayor causa de tristeza es el ser humano. El ser humano puede revelar una grandiosa capacidad para hacer sufrir a otros semejantes.
En momentos así, considero que los grandes hombres son los que saben sobreponerse a las pequeñeces y mirar hacia la fuente de aflicción con una magnanimidad tal que la tristeza se convierte en una ocasión para acrecentar esa elevación de espíritu.
Es muy difícil hacer sufrir a una de estas personas de espíritu colosal. Algunos consideran que imposible. Muchos han intentado la producción de ese sufrimiento con un celo admirable. Ante los más grandes, siempre en vano. Porque siempre la causa de la aflicción se mueve a un nivel inferior. Hasta puede ser contemplada esa causa con una cierta curiosidad, con comprensión, como un objeto de reflexión que ofrece el variado libro de la vida.
Padre, ¿usted no tiene espíritu colosal???
San Pío de Petralcina exclamaba ante las calumnias y maldades de los demás:
"Dulce es la mano de la iglesia, también cuando golpea, porque es la mano de una madre".
Vas bien Fortea, hacia tu ser auténtico profundo. Así me gusta.
(Termina el anterior)
...como un puente sobre aguas turbulentas
Yo me desplegaré.
Navega, chica plateada
navega.
Ha comenzado a brillar tu estrella
todos tus sueños se verán colmados.
Mira cómo resplandecen.
Si necesitas un amigo,
Yo navego tras de ti
como un puente sobre aguas turbulentas
aliviaré tu mente.
Como un puente sobre aguas turbulentas,
aliviaré tu mente.
Sí. La causa de la aflicción se mueve siempre a un nivel inferior. El hombre de espíritu elevado ha de situarse por encima de la corriente para no dejarse arrastrar por ella, subiendo al puente y viéndola pasar desde arriba. Le copio el texto de una canción se Simon Garfunkel, "Puente sobre aguas turbulentas", que es muy apropiada al tema que toca hoy:
"Cuando estés abrumado
y te sientas pequeño.
Cuando haya lágrimas en tus ojos,
yo las secaré todas.
Estoy a tu lado.
Cuando las circunstancias sean adversas
y simplemente no encuentres amigos,
como un puente sobre aguas turbulentas
Yo me despleharé.
Cuando te sientas deprimido y extraño
cuando te encuentres perdido
cuando la noche caiga sin piedad
Yo te consolaré
Yo estaré a tu lado.
Cuando llegue la oscuridad
y te envuelvan las penas
como un puente sobre aguas turbulentas
Yo me desplegaré
como un puente ...
Sr. Fortea:
Una pregunta. Prometo a Ud. que ésta será clara y breve. He leído días atrás en su Blog, y firmado por su augusta pluma, que Ud. padecía como cordero llevado al matadero y como oveja ante el esquilador, por la certeza de una exploración médica que más tarde devino en un informe clínico que certificaba, afortunadamente, que lo suyo de Ud. eran nimias y vulgares hemorroides.
Y ahora viene la pregunta anunciada. ¿Por qué los clérigos temen y se resisten a visitar la Casa del Padre y al Abba conociendo que es tierra donde mana leche y miel, donde hay verdes prados y frescas aguas?.
Un Obispo zanjó esta cuestión: "Es que como la casa de uno........."
Es una maravilla aceptar los adagios de la vida como necesarios para disfrutar más de los allegros.
Despues de toda montaña viene un valle.
Tienen que existir los extremos para apreciar el centro.
Tiene que existir el mal para apreciar el bien y exista la libertad.
Sobrellevar los adagios con resignación positiva nos lleva a las cimas del allegro.
Sábado, 22 de noviembre
Padre Fortea
Pedro Tarquis
Octavio Cortés
Jaime Vázquez Allegue
Juan Fernandez Krohn
Francisco Baena Calvo
Alfonso Saborido Salado
Sor Lucía Caram O.P
Carlos Corral
Daniel Salsamendi
Miguel Blanes Coll
Rodrigo del Pozo Fernández
Asoc. Humanismo sin Credos
Vicente Haya
Miguel Ángel Jiménez
Francisco Margallo