Hoy he comido con un antiguo formador del seminario de Pamplona, de la época en que yo era seminarista. Aceptar esta invitación que provenía de un compañero de curso no ha sido fácil, porque yo tenía la impresión de que este antiguo formador me tenía un poco de manía. O mejor dicho, que me tenía una especial manía. Ocultaré la identidad del compañero de curso. Sólo diré que se apellida Antúnez, no daré más datos.
Lo cierto es que a mí me apetecía ver a este formador, porque siempre me gusta encontrarme con las personas con la que he convivido hace años. En este sentido siempre he mantenido relación con la gente de los lugares, parroquias y profesores por donde he pasado.
Pero en este caso sospechaba que él me pudiera recibir con una gélida mirada y una sonrisa de comprensión compasiva. Por eso cuando nuestro encuentro se ha producido en una escalera de la parroquia, nos hemos olido como se huelen dos perros que se topan por la calle atados con la correa de sus amos: atentos a cualquier señal, examinando cualquier signo que ofreciera el saludo, observando cada gesto de la cara del otro.
En seguida, me he relajado. Las señales olfativas eran excelentes. Claramente he visto que él no me consideraba un iluminado, menos un iluminado peligroso. Tres minutos después, la distensión me llegaba paulatinamente, sentados los dos en el despacho del párroco, hablando de mis libros.
El lugar del encuentro no diré cuál ha sido. Aunque podría haber sido la Parroquia de Caná.
No penséis que me he vuelto hipersensible. Pero es que ya he tenido varias experiencias non gratas con antiguos profesores y compañeros. Ir a saludarles con toda mi efusividad y sincera alegría, y recibir un jarro de agua fría. En este caso, la comida fue agradable, un continuo recordar a los compañeros: unos en activo, otros caídos en las dunas de la vida. Uno cayó en una versión lefevriana del mensaje de Jesús, otro en una versión veterocatólica, otro tuvo problemas mentales, dos de mi curso ya han muerto, la mayoría siguen sirviendo al Reino de Dios. Los vivos nos reunimos a comer unos fetuccini hablando de los viejos tiempos.
Sr. Sardina freskue: Muchas gracias por su intento de aclaración. Escribo "intento" porque no me convence lo de la correa. Soy propietario de chucho y la verdad... cuando encuentro en el parque a un amigo también con canino con su correa no me suelo fijar como se saludan , si a la manera que usted especifca o a su manera intuitiva . No obstante, le diré que fue solamente una licencia que me he permitido (un abuso, tal vez) ante el post del P.Fortea. Un saludo afectuoso y gracias por su atención.
Ni Santanderiense, ni Pepe Sala, que ya me quejé de la confusión de nick con ese otro Pepe. Es el problema de ser simplemente "pepe", padre putativo de, o tutor de Julián. Ya se ha montado la ensalada. En fin, que a partir de ahora firmaré como pepecartero, para que en lo bueno y lo malo, la sardina sea mia y no de otros. Siento mucho la confusión, sr. Sardina freskue. Y que haya sido provechosa esa velada anunciada.
No suelo meterme con el P. Fortea, entre otras cosas, porque es probable que pronto tenga que requerir sus servicios para desalojar de mi existencia algunos demonios. SALUDOS a Vd. y también a los Pepe Sala y Santanderiense, quienes sean, metidos involuntariamente en mi ciberexistencia.
Aunque podría haber sido la Parroquia de Caná....
¿Parece existir una intención de acercamiento al ámbito de La Cigüeña de la Torre?
¿Dios los cría y...?
Aunque podría haber sido la Parroquia de Caná....
¿Parece existir una intención de acercamiento al ámbito de La Cigüeña de la Torre?
¿Dios los cría y...?
Siempre el pasado enquistado.
Ni los amigos, ni los enemigos suelen tanto como nos imaginamos en el presente, y el presente es lo único que debe importar.
Santanderiense, o "Pepe", o "Pepe Sala", o "El tutor de Julián", indistintamente: el nick utilizado ad hoc en mi anterior comentario era precisamente para aludir irónicamente al hecho de que los posts que Vd va dejando en los distintos blogs por los que deja su inconfundible huella, dejan un olor muy característico, fácilmente reconocible y que permiten identificarle, por mucho que cambie de nick. Captar la ironía requiere un mínimo de inteligencia, de la que Vd carece.
El post que he escrito a Vd y a Geli ha sido para cumplir estrictamente una de las obras de misericordia: enseñar al que no sabe. Ya he hecho mi buena obra de hoy. Gracias por haberme dado esta oportunidad
No deseo entrar en polémicas con nadie, y menos con Vd, entre otras cosas, porque no quiero echar a perder mi buena acción de hoy y porque pronto he de salir a un lugar muy cercano al en que Vd está, a disfrutar de una agradable velada.
Corto y fuera.
Sardina freskue:
Muchas gracias por sus explicaciones y enseñanzas. Su nick de Ud. me recuerda a los Hermanos Tonetti.
Sres santanderiense (¿Pepe? ¿Pepe Sala? ¿El tutor de...?) y Gelito: el P Fortea ha utilizado un símil, una imagen que cualquier lector puede comprender inmediatamente. Casi, en tono jocoso y cómico. Una licencia literaria, que no ha de ser interpretada en sentifo estricto. El P Fortea escribe en prosa; si escribiese poesía se habría servido de una bella metáfora.
Geli: El P Fortea ha precisado, para evitar malos entendidos, que los perros van atados con las correas de sus amos, lo cual les impide olefatearse más allá de los hocicos respectivos, a una distancia prudencial.
Santanderiense: lea las poesías completas de Ernesto Casrdenal, con las que satisfará su fina su sensibilidad literaria. Estoy seguro de que le van a gustar mucho.
Un comentario algo... escatológico, ¿no? "...nos hemos olido como se huelen dos perros que se topan por la calle" ¿Usted sabe como suelen olerse dos perros?
Sr. Fortea:
Reconozco públicamente que es Ud. inigualable. Cuando Ud. escribió hace algunas fechas que, en sueños, el párroco de Torres de la Alameda practicaba a Ud. masajes en los pies, pensé que tendría Ud. alguna dolencia o agotamiento como consecuencia de un largo caminar por caminos angostos en búsqueda de alguna oveja descarriada, ya que quien tiene hambre con pan sueña.O con chocolate.
Sin embargo, al leer hoy en su post que Ud. y su colega Sr. Antúnez se "han olido como se huelen dos perros que se topan por la calle atados con la correa", no he podido por menos que reprocharme mi escasa sensibilidad literaria.
Cuando sea yo mayor quiero ser escritor como Ud., pero sin sombrero de paja en el verano. Con Dios.
Va progresando, cada día es más discreto, P. Fortea, aunque todavía ha de trabajar más esta virtud, porque no creo que sea difícil saber exactamente quién es su colega Antúnez. Imagine que era un formador estricto y severo de quien algún exalumno quiera vengarse...
Quizá ese colega no le invita con más frecuencia. porque tras larga convivencia, sabrá que Vd es capaz de comerse dos cenas y un almuerzo en una hora y media. No creo que sea una manía personal. Simplemente, mosén Antúnez no es tonto. Sabe que el único peligro de Vd es a la mesa.
Preciosa fotografía. Una catedral gótica con dimensiones románicas. Ya nos dirá dónde podemos disfrutar de ella. Tiene la belleza y el atractivo característicos de todo lo híbrido, que, según veo, Vd sabe apreciar con justicia y sensibilidad. A cambio de esta información, le diré que lo que Vds se olfateaban mutuamente eran las feromonas; puede útilmente ampliar datos con un buscador de Internet.
Termina el anterior: ¿no produce también efectos catárticos?
No se puede acceder al post de ayer. Opinaré aquí.
Narra experiencias catárticas tras ver algunos filmes. Aristóteles las considera efectos beneficiosos de la tragedia. Los espectadores ven proyectadas en los actores sus bajas pasiones y asisten al castigo que éstas merecen. Experimentan primero el terror ante lo tremebundo que pesa sobre todos y después, la piedad ante lo miserable, que sobreviene al caer en la cuenta de que todos podemos sufrir un mal semejante al que contemplamos representado. Se produce entonces un efecto catártico, purificador del alma.
Los chamanes curan mediante la expulsión de "impurezas" como los malos espíritus. Prácticas parecidas a los exorcismos.
El psicoanálisis pretende una purga similar al evocar o revivir acontecimientos traumáticos, descargando efectos patógenos.
También la risa es una forma de catarsis, que nos sitúa por encima de las amenazas.
¿Y la confesión de los pecados? ¿No prod...
Sábado, 22 de noviembre
Padre Fortea
Pedro Tarquis
Octavio Cortés
Jaime Vázquez Allegue
Juan Fernandez Krohn
Francisco Baena Calvo
Alfonso Saborido Salado
Sor Lucía Caram O.P
Carlos Corral
Daniel Salsamendi
Miguel Blanes Coll
Rodrigo del Pozo Fernández
Asoc. Humanismo sin Credos
Vicente Haya
Miguel Ángel Jiménez
Francisco Margallo