Me gustaría hacer referencia a algunas cosas de algunas películas:De Metrópolis, que nunca me había imaginado un futuro tan gótico, tan catedralicio.
De El Padrino, su elegancia, el tempo de la historia, el buen hacer de un director, la sobriedad y la grandeza. Cuando se tiene una buena historia, sólo tienes que contarla.
De Schreck que no me paré de reír durante toda la película. Los vecinos vinieron a quejarse.
De Lo que el Viento se llevó que no acababa nunca y que me aburría muchísimo. Ya no me importaba la historia, sólo que acabara algún día.
De Becket, en la parte de la ordenación estaba con la boca abierta. Y las escenas de la excomunión, estaba extasiado, no creyéndome que una historia pudiera ser tan apasionante.
De Matar a un ruiseñor, que nunca he visto unos créditos tan maravillosos.
De Amadeus, el final con Mozart tareando mientras suena de fondo el Requiem, en una alternancia impresionante, en la que se mezcla finalmente la música con la muerte.
De Elizabeth, lo que más me impresiona es como se puede hacer de una historia tan buena, contando con tanto dinero, una película tan mala.Lo siento que hoy no hable de los grandes temas de la vida. ¿Pero qué haríamos nosotros sin el cine? ¿Cómo nos consolaríamos de las desgracias e infortunios de la vida? Sin cine, hubiera tenido que gastar algo de mi mensualidad en un psiquiatra. Pero después de una buena película, digo: Qué caramba, mientras me pueda ver una buena película que me den todos los palos del mundo. Salgo como nuevo después de haber llorado, de haber reído, de haber pasado miedo, de haber experimentado el amor durante unos minutos. aunque sabía que ese amor era imposible.
No sólo era imposible ese amor por ser yo sacerdote, sino también porque quince filas de butacas nos separaban.
Jueves, 31 de mayo
Padre Fortea
Religión Digital
Juan Fernandez Krohn
José de Segovia Barrón
Alejandro Córdoba
Ana Bou
Asoc. Humanismo sin Credos
Josemari Lorenzo Amelibia
Francisco Margallo
Pedro Tarquis
Juan Jáuregui Castelo