En mi mundo de lecturas, el segundo gran campo que suelo transitar es el de la Teología. A los que escribimos, nos regalan ingentes cantidades de libros. Mi capacidad para despacharlos con rapidez es una habilidad lograda tras muchos años. Basta hojear durante dos minutos una obra de un autor al que no conoces de nada, para saber si tiene fuste. Los libros huecos son descubiertos inmisericordemente con rapidez. Yo ni los guardo.
La mayor parte de los libros de Teología no aportan nada nuevo para cualquiera que haya cultivado esta ciencia durante años. Insisto, nada de nada. Repiten conceptos y razonamientos archiconocidos. No exagero si digo que una misma sucesión de ideas sobre un tema, a veces, ha sido repetida centenares de veces por distintos autores que no se conocían entre sí y que viven en distintas esquinas del mundo.
Por el contrario, hay libros en que durante la hojeada inicial das un frenazo: aquí hay material nuevo. El autor no está repitiendo, está creando, está reorganizando las ideas de un modo distinto, está reflexionando de un modo más profundo sobre algo ya conocido. Esos libros hay que leerlos con calma. Normalmente, no enteros. Por bueno que sea un autor, casi siempre, el 90% del libro es pura repetición de otros libros. Sólo un 10%, un 5%, es verdadera creación.
Después, hay un tercer tipo de libros: las cumbres. Son esos libros en los que tienes que leer línea a línea con lupa, porque todo en ellos es genial. Son esos libros en que no hay paja, en los que cualquier párrafo vale más que gruesos volúmenes de otros teólogos. Cumbres hay pocas, también es verdad. Los hay de autores contemporáneos como El Regreso del Hijo Pródigo de Henri Nouwen, y antiguos como las Sententiae Patrum.
También hay autores favorecidos por la fama, la moda y la apariencia de peso. Entre ellos siempre he detestado la obra de Von Balthasar.
Los comentarios para este post están cerrados.
¿Puede realmente salir algo bueno de Barbastro?
La pregunta queda en pie.
Podríamos escribir muchas formas del integrismo nacionales o extranjeras, muchas gradaciones desde el margen eclesial hacia los instrumentos eclesiásticos. Las posibles combinaciones entre tradicionalismo, monarquismo, juridicismo y espíritu militar, política y altas finanzas, son interminables. El problema queda en pié, siempre que estas esferas de valores (de muy variadas formas) pueden ponerse al servicio de Jesucristo, que ha llevado los pecados del mundo como “cordero” y no como tigre, que ha proclamado la doctrina de su Padre desde el madero de la Cruz y no en Ias cátedras universitarias, que ha amado al prójimo con espíritu de servicio y de humildad, sencillo y sin “táctica apostólica”, y que, sobre todo, no miraba a su propia integridad, sino que, como el samaritano, penetraba las fronteras enemigas.
Comprar un espíritu es una contradicción en sí misma. ¿Y qué decir finalmente del método de reclutamiento, que preferentemente consiste en mandar por delante académicos bien intencionados, influyentes y acaudalados, reunir después grandes grupos de estudiantes y gente culta, frecuentemente sin cuajar aún, para terminar escogiendo de la red lo más útil? Desearíamos mejor las cartas boca arriba; quisiéramos oir, en vez de tratados de derecho eclesiástico, el lenguaje sencillo y colombino del Evangelio.
Aquí surgen igualmente graves problemas –que no trataremos a fondo– acerca de la “táctica apostólica” de la “Obra de Dios”; en primer lugar la relación entre “dinero y espíritu”. Pongamos un ejemplo: ¿Se puede comprar un periódico, hasta entonces libre, con todo su equipo –hasta entonces libre– de redacción y colaboración, dejándoles que sigan escribiendo como antes con la sola condición de hacer en cada número un poco de propaganda del Opus Dei? Así sucedió con la revista parisina La Table Ronde, que primeramente estaba tan llena de espíritu y tan estimulante; y así sucederá con otras publicaciones. Recordemos que las más bellas revistas son las que fueron escritas (La Antorcha, Péguy Cahiers) o dirigidas por una personalidad relevante ("Hochland", Muth y Schöningh; Esprit, Mounier y Béqguin) o al menos reflejan el espíritu de un grupo libre (Testimonianze, ll Gallo), de una Orden (Vie intellectuelle).
Así, pues, es de esperar que el Opus Dei posea en su propio subsuelo unas reservas espirituales completamente distintas de esta muestra mezquina, que ofrece a la luz del día. Cuando el caudillo espiritual, al terminar la recolección de flores, se lleva un par de rosas de Lisieux para su ramillete, ya están casi marchitas, no crecen y no podrán mantenerse mucho tiempo en el florero. “Me dijiste que querías ser caudillo”, dice la sugestiva pregunta del nº 931. ¡Ah, no, Monseñor, yo no creo que hubiese dicho esto! A pesar de sus afirmaciones de que los miembros de la obra son libres en sus opciones políticas (J. Herranz, El Opus Dei y la política), es innegable que su fundación está marcada por el franquismo, ésta es “la ley en que ha sido formado”.
Oigamos ahora una instrucción en la que se determina cuál ha de ser el contenido de la oración a Dios: “Me has escrito: ‘Orar es hablar con Dios. Pero, ¿de qué?’ De Él, de ti: alegrías y tristezas, éxitos y fracasos, ambiciones nobles, preocupaciones diarias... ¡flaquezas!“. Esto quiere decir que esta oración se mueve casi exclusivamente en el círculo estrecho del yo, de un yo que debe ser grande y fuerte, equipado de virtudes paganas, apostólico y napoleónico. Lo que ante todo es necesario, o sea el arraigo contemplativo de la Palabra “en buena tierra"”(Mt. 13, 8); lo que constituiría el blanco de la oración de los santos, de los grandes fundadores, la oración de un Foucauld, lo buscará uno inútilmente aquí.
Mucha obediencia hace falta; – Cuando un seglar se erige en maestro de moral se equivoca fácilmente: los seglares sólo pueden ser discípulos; – El sacerdote, quien sea, es siempre otro Cristo; – Amar a Dios y no venerar al sacerdote... no es posible”.
–¿Ansia de hijos?... Hijos, muchos hijos y un rastro imborrable de luz dejaremos si sacrificamos el egoísmo de la carne; – No me gusta tanto eufemismo: la cobardía la llamais prudencia y vuestra “prudencia” es ocasión de que los enemigos de Dios, vacíos de ideas el cerebro, se den tonos de sabios y escalen puestos que nunca deberían escalar; – Y después, ¡camino arriba, con santa desvergüenza, sin detenerte hasta que subas del todo la cuesta del cumplimiento del deber!; – Poco recio es tu carácter; – Cállate, no seas “niñoide”; – Hombre: sé un poco menos ingenuo; – ¡Caudillos!... viriliza tu voluntad para que Dios te haga caudillo. ¿No ves cómo proceden las malditas sociedades secretas?
“¿Adocenarte? Tú, ¿del montón? ¡Si has nacido para caudillo! Entre nosotros no caben los tibios; – ¡Energía! Sin ella Iñigo no se hubiera convertido en Ignacio. ¡Dios y audacia! Sé fuerte y viril. Así serás señor de ti mismo en primer lugar. Y, después, guía, jefe, ¡caudillo!... que obligues, que empujes, que arrastres con tu ejempIo, y con tu palabra, y con tu ciencia, y con tu imperio; – El matrimonio es para la clase de tropa, no para el estado mayor de Cristo;
Nos reducimos a investigar su espiritualidad y tomamos para ello el libro Camino del fundador y presidente José M.. Escrivá, y preguntamos: ¿Piensa realmente el autor desarrollar aquí una auténtica espiritualidad que baste para nutrir cristianamente a un tan poderoso cuerpo selecto? ¿Es un pequeño manual español para los altos exploradores? Pero española es también la auténtica mística de Raimundo Lulio, Juan de la Cruz e Ignacio de Loyola, cargada de resonancias evangélicas y con validez para siglos. También aquí será útil entresacar algunos párrafos para captar el “nuevo tono” de este “camino”.
La más fuerte manifestación integrista es sin duda el Opus Dei –de origen español–, un instituto secular con millares de miembros, principalmente en el mundo académico y con una gran extensión internacional; posee numerosas residencias para estudiantes en todo el mundo y una Universidad en Pamplona. Estrechamente ligado al régimen español de Franco, posee altos puestos en el gobierno, bancos, editoriales, revistas, periódicos (fundados por él o comprados), y desarrolla en todas partes –incluso en Alemania, Francia, Austria, Suiza– una discreta y celosa actividad de propaganda. La pertenencia a la Obra está concebida de una manera múltiple y complicada: desde unos amplios círculos exteriores hasta grupos íntimos secretos y células.
EL OPUS DEI: Integrismo católico
Urs Von Balthasar, cardenal y teólogo católico.
Co-autor con Joseph Ratzinger (actual Benedicto XVI) de varios libros
Neue Zürcher Nachrichten-Christliche Kultur
23 de Noviembre de 1963.
Los protestantes nos envidian muchas veces a nosotros los católicos el que gracias a Roma no existen en nuestra Iglesia fracciones incompatibles como en el caso de las trágicas divisiones que ellos padecen. Sin embargo, aunque esto es verdad por lo que se refiere a nuestras fronteras dogmáticas, no lo es con respecto a los distintos espacios de la espiritualidad, llegando a este punto a un cuadro semejante al de los protestantes. El primero que como pensador cristiano miró profundamente alarmado el fenómeno de lo que hoy se llama integrismo, y dio de él el más seguro diagnóstico no superado aún, fue Maurice Blondel.
Me gustaría que el P. Fortea desarrolle un poco más, para entrenar su mente barbastrina, la Teología de los Animales, y de todos los niveles de la Vida en el Planeta Tierra. [A ver qué nos dice del porvenir de TODAS las conciencias que habitan esta Tierra.]
Luego hablaremos acerca de cómo fundamentar una Teología, con nuevos enfoques metafísicos sobre la Persona humana, para el siglo XXI.
P.D. Es normal que Fortea no pueda tragarse al jesuita Hans Urs von Balthasar (y sospecho que de ningún teólogo francés, que le son todos muy superiores), porque seguramente éste tampoco hubiese podido aguantar a nadie de España con "mentalidad Opus" (ha sido uno de los primeros en avisar del fundamentalismo de esa secta).
Ha habido mayor abundancia de pensadores y teólogos en Francia, durante todo el siglo XX. La escasez de élites en España, que no llegan a constituir una masa crítica suficiente, forma parte del misterio histórico de la "España invertebrada" (J...
Acabo de ver Los Girasoles Ciegos, y el post sobre cine no admite comentarios. Muchas escenas presididas por el crucificado entre Franco y Falange. Que Santa Soraya y Santa Cospedal nos protejan de la gente que bautiza a sus hijos.
razon tiene. hay pocos comentarios porque la gente no lee mucho y de teología menos.una pregunta..P. FORTEA: ¿hay teólogos que coinciden con lo dicho por el magisterio de la Iglesia? ¿ donde están , quienes son? ¿ porqué nos presentan siempre en los medios como teólogos a quienes discrepan?Hable de esto un día ..porfi.
Güenas, P. Fortea. Hun saludo. Pos llo aki, de bakaciones, hojeando con una hojeada caher las ojas hen hel güeco del bujero.
Para un tal Juanjo: Usted verá en De Prada un católico, un apostólico y un romano. Muchos sólo vemos un hipócrita, un injuriador, un liberticida y un miserable coñazo.
Jueves, 31 de mayo
Padre Fortea
Religión Digital
Juan Fernandez Krohn
José de Segovia Barrón
Alejandro Córdoba
Ana Bou
Asoc. Humanismo sin Credos
Josemari Lorenzo Amelibia
Francisco Margallo
Pedro Tarquis
Juan Jáuregui Castelo