La quintaesencia del placer de escribir libros está en recibir comentarios de los lectores. Hoy una joven lectora universitaria de Paraguay me ha escrito un e-mail en el que me hacía partícipe de sus temores a envejecer:
no me gustaría estar enferma, tener dolores, depender de los demás para poder realizar algunas tareas, mucho menos el estar en cama,
Querida, digamos, Deborah:
No sé si moriré joven como un héroe romántico. Pero si llego a la ancianidad, me encantaría llegar a una vejez como la de esos que rompen records. Esos ancianos que se mueven a pasitos de cinco centímetros y miran con una mirada que parece que trasciende ya este mundo.
Pero antes de esa fase me gustaría pasar por la etapa de una especie de Sean Connery/Guillermo de Basquerville/Dr.Jones retirado.
Lo que sí que puedo decirte, estimada Deborah, es que no me importa llegar a ser un viejo enfermo, dolorido, que pasa mucho tiempo en su cama. Pienso disfrutar todo lo que pueda de recibir a la gente ligeramente incorporado en los almohadones de mi cama, quejarme de que me duele el lumbago, y en general todos los huesos. ¡Cierre la ventana!, ¿quiere matarme de un resfriado? Y contar batallitas al que venga a verme, contadas a un ritmo lento, mientras me vuelvo a poner el edredón hasta la parte superior del cuello y toco una campanilla para que me traigan un vaso de agua, que beberé con suma concentración. Pero no seré un viejo cascarrabias, sino un anciano agradable, sonriente y agradecido a todos.
Me gustaría pensar que mis mejores libros los escribiré en esa cama. Que mis páginas más inspiradas, las más luminosas, las más conmovedoras, saldrán de un cuerpo dolorido y frágil. Pero sé que en esa época me dedicaré todo el tiempo a leer, a rezar, o a ver la tele. Y entonces diré cerrando lentamente los ojos: ay que ver cómo está la tele.
Y después de la merienda, diré: voy a ver qué escribo en el post de hoy. Las ciruelas han hecho su efecto, duermo catorce horas al día, mi médico es un estirado poco amable.
Espero que vuestros nietos me lean con la misma compasión que vosotros. Claro que siempre habrá comentaristas no del todo favorables, no del todo cordiales.
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Ya sospechábamos que Vd, a lo que había venido aquí, era a hablar de su libro.
La condición humana...
Padre, las críticas son buenas cuando son realizadas con conocimiento y ética.
Una de las características de la democracia demagógica en la que vivimos es que en medio del enorme ruido ambiental generado los demonios, (no sólo hablo metaforicamente) pueden pasar mejor desapercibidos. Críticas, sí, pero quienes valgan para hacerlas. Tenga en cuenta que cien millones de cretinos valen tanto como uno.
Y sí... en una sociedad sana los ancianos se tienen en cuenta. Pero en la actualidad se les considera algo molesto. Ya no son productivos.
http://www.molestoluegoexisto.blogspot.com/
Jueves, 31 de mayo
Padre Fortea
Religión Digital
Juan Fernandez Krohn
José de Segovia Barrón
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Asoc. Humanismo sin Credos
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