Si Matrix se hubiera estrenado en 1980 casi todas sus referencias hubieran resultado incomprensibles. Pero los jóvenes de ahora tampoco captan que muchas obras literarias e intelectuales de entonces se escribieron para un mundo en el que no hacía falta explicar aquello que todo el mundo ilustrado sabía, pero que ahora ya no puede darse por supuesto.
Los que estudiábamos el bachillerato sabíamos a la perfección la historia de Grecia y Roma, conocíamos todas las magistraturas romanas, todas las guerras de Esparta, me sabía de memoria el comienzo del famoso discurso Quousque tándem abutere Catilina patientia nostra. Ese mundo para mí era familiar, recorrido infinidad de veces. Y, sin embargo, del siglo XIX de la historia de España sabía muy poco. Y si entrábamos en el XX, sobre todo a partir del 36, entonces sí que no sabía nada de nada. Todo era niebla y oscuridad. En realidad ni siquiera era niebla y oscuridad, porque como nunca se hablaba de ello, nunca me pregunté qué pasó en esos años. Esos años no me planteaban ninguna pregunta, porque no tenía noticia alguna de que hubieran existido.
Curiosa paradoja. El mundo de la luz clásica era para nosotros un mundo real, cercano, una continua referencia. Mientras que la historia reciente era un agujero, algo de lo que no se hablaba.
Es una de las curiosas paradojas, hay más que poblaban nuestro mundo tranquilo. Un mundo en el que encendías la televisión y jamás esperabas que sucediera algo así como el 11S o la Guerra de Irak. Es cierto que en esa época también había guerras y atentados, pero todo era tan lejano. Se tenía la sensación de que todos aquellos desastres jamás podrían ocurrir en La Comarca de los hobbits. Los desastres como el de El Coloso en llamas o El Desastre del Poseidón, eran cosas que pasaban en mundo paralelos, no el mundo real que en su 90% era La Comarca.
No miro esos años con ninguna nostalgia, prefiero vivir en el presente, o mejor en el futuro. Me limito solamente a constatar que hubo una época en que los tomates olían a tomate y sabían a tomate, en que los melocotones eran otra cosa, y en que entrar en una frutería era entrar en una sinfonía de fragancias. Como no había Play Station, de verdad que éramos felices en verano jugando con la botella de Mistol rellena de agua, porque para mí era un rayo láser recargable con el que hacía caer a hordas enteras de soldados del futuro (época de Flash Gordon) y con el que ocasionalmente mojaba a mis primas.
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Tienes un cacao mental de aúpa. Será por inadaptacion
Yo de vez en cuando me pogo sotana y el otro día un chaval al verme me dijo: - ¡Anda, vas como Mátrix!
Padre, olvida una cosa. Con su botellita reciclada de Mistol las sapientísimas oligarquías que nos rigen (me refiero a las del ramo económico), no sacarían ni en sueños los beneficios que actualmente sacan con las plays stations, las wiffies esas como se escriban y las X Box del demonio. Por cierto. Mátrix tiene más "chicha" de lo que parece. De hecho en el Siglo de Oro también tuvimos un estreno a lo Mátrix en la literatura; La Vida es Sueño, de Calderón de la Barca.
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Jueves, 31 de mayo
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