Hoy me ha dado por recordar cómo era mi Barbastro natal. Estas cosas suceden mucho en las inmediaciones de los cuarenta. Los jóvenes de dieciocho años no se imaginan hasta qué punto era diferente el mundo antes de Internet y antes del teléfono móvil. Fue hace tan poco y parece que fue hace tanto. Nacimos en un mundo que no estaba ni digitalizado, ni globalizado.
Los jóvenes de ahora no se hacen una idea de hasta qué punto la educación de un adolescente de aquella época en una pequeña ciudad de provincias, estaba basada en la cultura clásica y en los valores tradicionales.
Hay una vieja enciclopedia que varias veces he pensado en donar porque me ocupa mucho espacio, es mi vieja enciclopedia Larousse. Diez tomos gruesos, pesados, alfabéticos. Una gran enciclopedia de su época. Fue mi Internet de mi infancia. Cuando me aburría navegaba por ella. Me conocía todos sus innumerables dibujos, efigies y fotos. Unas veces leía sobre los mitos germanos, otras sobre Metrópolis de Lang, otras veía pinturas rusas, otras la evolución del sillón a través de la historia. Hoy día resulta inútil, como un gran fósil. Pero le tengo cariño, me recuerda mi pasado.
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...muy místico.
Esas cosas le sucederán mucho más en las inmediaciones de la cincuentena, muchísimo más en las inmediaciones de la sesentena y retornará a la infancia en las inmediaciones de la setentena.
No me atrevo a ir más allá en los pronósticos, porque la eutanasia habrá hecho grandes progresos entonces.
En aquel tiempo futuro, será el mundo de Huxley, gracias al aborto, a la eutanasia, a la biotecnología y a la ingeniería social, un mundo reducido, selecto, como le gustan a V las cosas, en el que no habrá sitio más que para unos cientos de millones de seres, mitad humanos mitad prótesis. Un mundo internáutico, cibernético y cyborg. ¿Qué pintará allí su Larousse?
De momeno, a disfrutar, que cada día es uno menos para cada uno de nosotros y para que llegue ese mundo feliz. Como decían unos rumberos: "Dale alegría a tu cuerpo, Macarena, eeeeeeeh Macarena..., que tu cuerpo es pa'darle alegría y cosa buena..."
Disculpe, P Fortea, hoy estoy muy mí...
Padre, por desgracia sus hermosos recuerdos, en los ominosos tiempos que corren carecen de gran valor... es decir, del valor que en otras épocas pudieran haber tenido para la colectividad, la suya se sobreentiende. Todo en la actualidad sufre un corrosivo proceso de individualización extrema. La sociedad sin valores individualista desarraiga, y sus máquinas maquinizan, desnaturalizándonos. Es desagradable, pero es la realidad.
Le animo leer mis últimos artículos de mi blog:
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Jueves, 31 de mayo
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Asoc. Humanismo sin Credos
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