Una de las cosas que menos uso de mis parroquias es el despacho. En realidad, sólo lo uso los días de lluvia. Siempre que alguien viene para hablar conmigo, le digo: ¿damos un paseo?
Es tan agradable hablar paseando bien por la avenida arbolada de mi anterior parroquia, bien por la colina que sube a la montaña de mi actual parroquia.
La conversación adquiere un tono completamente distinto en la naturaleza, bajo el techo del cielo, que dentro de una habitación con una mesa por medio.
En mi actual parroquia, una iglesia del siglo XVII, me alegra el no tener despacho en absoluto. Cuando me enseñaron la iglesia por primera vez, pensé en mi interior: qué bien, no tiene despacho. La estrecha sacristía parece una mazmorra de la Torre de Londres. Es más, parece una mazmorra tétrica.
Hoy han venido dos parejas a hacer el expediente matrimonial. Casualmente me había venido a visitar un cura andaluz lector del blog. Le he dicho: vamos a los bancos del parque y hagamos los expedientes.
El parque con los novios y el cura, y el perro jugando con un bebé de uno de los testigos, ofrecía una estampa idílica.
Es curioso, alguien como yo que hago toda la vida que puedo al aire libre, que me encanta vivir bajo el techo del claro cielo castellano, cuando entro en una iglesia lo que menos me gusta es un exceso de luz. Cuando entro en un templo, me gusta encontrarme con un ambiente de recogida penumbra, con un ámbito mistérico, recogido, a la luz de las velas.
Aunque, incluso en verano, enciendo las luces de la parte de atrás, las inferiores del sobrecoro. Porque no importa lo iluminada y clara que esté la iglesia, siempre hay tres o cuatro viejecitas con bastón que con su paso cortito y vacilante se van por la parte más oscura, la más peligrosa, la de menos visibilidad, esa que ofrece una docena de trampas para sus pies ancianos.
La luz siempre tiene que estar encendida en ese apartado rincón, si no diera la luz y algún día se cayera alguna, la culpa la tendría el cura.
Y eso que nada más entrar en la iglesia, hay una trampa mortal para los que vienen de fuera. Un desnivel de la tarima muy difícil de ver tras el portón. Pero los del pueblo ya se lo saben y nadie tropieza, absolutamente nadie. Y menos esas viejecitas encorvadas de gruesas gafas. Los de fuera caen todos. Se sabe quien no es del pueblo, viendo quien tropieza y quien no.
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ja ja Jara tiene razon donde estan los curas 15 minutos antes y despues de misa y punto ¡yo quiero un cura como Fortea! que pueda confesar o hablar bajo el cielo que lujo de parroco Dios lo bendiga no saben lo que tienen sus parroquianos Jara hay que pedir al Señor que nos envie uno asi y a una madre que lo para y nos encontremos con el aunque sea anciana. Padre comparto su gusto por las iglesia en penumbra ¡qué bien, qué gusto para el espiritu, Dios lo bendiga saludos
Soy un modesto funcionario amarrado a la mesa de un tétrico Registro Civil, que también parece una mazmorra, y no puedo permitirme el lujo de ser peripatético como Vd. Ya me gustaría irme al parque a tramitar los expedientes matrimoniales. ¡Qué suerte!
Pienso que la palabra "mistérico" que Vd utiliza no es apropiada, porque en las religiones mistéricas o en los cultos mistéricos (por ejemplo, los satánicos), el significado de esos "misterios" es conocido por los sacerdotes o los iniciados. En cambio, en la religión cristiana, los misterios son misteriosos (valga la redundancia) para todos: no hay unos privilegiados que conozcan el significado del misterio. Quizá debió haber escrito "misterioso", para evitar confusiones en lectores no avisados.
Tenga en cuenta que lo cómodo y lo incómodo va siempre en el mismo pack. Quien quiere lo cómodo, quiere también lo incómodo. Así son las ventas por lotes: 2 cosas buenas y 8 malas. Una parroquia es como un lote, un pack....
Me gusta el blog, por su tono cotidiano, sin pretension de parecer un gran erudito ni esperar aplausos, simplemente por el placer de comunicar. El articulo de hoy me ha resultado tierno. Puede que por la nostalgia de pasear bajo el cielo con un sacerdote, o por que ultimamente no les encuentro ni en el despacho. puede que solo sea envidia.
Jueves, 31 de mayo
Padre Fortea
Religión Digital
Juan Fernandez Krohn
José de Segovia Barrón
Alejandro Córdoba
Ana Bou
Asoc. Humanismo sin Credos
Josemari Lorenzo Amelibia
Francisco Margallo
Pedro Tarquis
Juan Jáuregui Castelo