Siempre ha sido algo mágico, giro la llave y el motor del coche comienza a hacer run run, rurrnnnnnr, giro el volante, aprieto el pedal, me lleva adonde quiero. Pero hoy no. He girado la llave y, de pronto, no ha pasado nada. Lo he vuelto a hacer. Nada de nada.
He tenido que entrar en el ayuntamiento de mi antigua parroquia y llamar al seguro. He tenido una hora y veinte minutos para rezar el breviario, hacer oración, pasear y preguntarme una y otra vez por qué tuve que contratar un seguro tan barato.
Llega la grua, me conecta la batería y el coche funciona. Yo no me fio. Algo me dice que eso no va a bastar. Pero el poco amable conductor de la grua no estaba por esperar. Me monto en el coche y el coche se para tres metros más lejos del aparcamiento. Lo sabía, lo sabía.
Vuelvo a llamar. Me dicen que el conductor de la grua dice que está ya muy lejos. ¡Pero si le he llamado un minuto después!
Me dicen que tengo que esperar un nuevo servicio que tardará media hora. ¡Lo que me habían dicho la primera vez! Fue entonces cuando me enfado. Cuando me enfado me enfado de verdad, con enfados reprimidos durante meses. No sé qué dije, me daban ganas de hacer como ciudadano Kane en la famosa escena de la habitación. Después pedí el teléfono de quejas. Quizá esto último hizo efecto, porque vino el primer conductor de la grua. No debía estar tan lejos, llegó enseguida.
No quería llevarme el coche a un taller. Decía que con cargar la batería de nuevo bastaba. Le dije que no, que me llevara a un taller. Mire, yo entiendo de mecánica, me dijo. Y yo le digo que quiero que me lleve a un taller. Esta última frase la dije con un tono y una mirada como la de la enfermera de Alguien voló sobre el nido del cuco. El conductor se asustó. Alguien que decía esa frase con esa mirada no estaba para negociaciones.
El de la grua tiene prisa, además tiene cara de psicópata, pero no discute. ¿Y a un taller de Alcalá quiere que lo lleve?, se queja, quiere irse a comer. Un escueto sí, sin molestarme a mirarle, le indica de nuevo que no tiene sentido insistir en que yo acepte el taller que me propone.
Ya sabes, tómatelo por el lado bueno "La aventura es la aventura"
Un saludo
Cuando alguien, con poca cultura, como yo entra en una de estas columnas espera encontrar si no una gran sabiduria al menos unos artículos que te ayuden en tu formación.
En el caso de que cuando se en una clumna de religión que escribe un sacerdote, además se espera obtener altuna instrucción de tipo religioso.
¡Qué triste!, ¡qué pena! que todo el saber, todo el conocimiento, toda la capacidad de un sacerdote como
la de mosén Fortea se reduzca a hablarnos de las averias de su vehículo y sus peleas con la aseguradora. Está claro que es en la vida cotidiana donde se ve a los grandes hombres. Repito ¡qué pena!
Fortea. Esto flojea.
Los boludos, sólo dicen boludeces.
Si fuera Vd un forzudo, no necesitaría grúa, ni seguro.
Fortea, que diferencia entre sus MISAS FASTUOSAS y el quedarse "tirao" con el coche.
El que se ensalze sera humillado...
Viernes, 5 de septiembre
Padre Fortea
Rodrigo del Pozo Fernández
Reverendo
Asoc. Humanismo sin Credos
Vicente Haya
Julián Moreno Mestre
ADIÓS AYER
Francisco Margallo
Agencia Tiberias
Pedro Tarquis
Jordi Llisterri i Boix
Sor Gemma Morató
Daniel Salsamendi
Daniel Ginerman
Alfonso Saborido Salado
Ricardo Próspero Morales