Ya he vuelto de Roma. De este viaje me queda el recuerdo de noches de humedad y calor en las que el sueño huye. Recuerdos de las camas estrechas de un seminario moderno y una casa de convivencias de los años 70. Estoy acostumbrado a la vieja cama ancha de madera de nogal, la vieja cama de Barbastro, que cruje, pero que es la mía desde hace tantos años que ya es como una vieja amiga.
Por eso las pequeñas camas estrechas en las que mis pies tocan el frío cabecero de metal me resultan desagradables. Además me muevo mucho por las noches.
En mis traslados de un lado a otro, he leído a Pamuk en su formidable libro Estambul. Qué libro tan insuperable.
La comida italiana debe ser muy buena, yo sólo conozco la de la casa de convivencias donde estuve, que era muy mala. Sólo diré dos datos: pasta todos los días, he perdido dos kilos.
Por si fuera poco, durante cinco días no he podido tomar un vaso de agua con hielo a pesar del calor.
Hoy he ido andando desde la Estación Términi hasta el Vaticano, y he vuelto andando desde allí de nuevo hasta Términi. Eso, para los que no lo sepan, es mucho. Pero leer las páginas arquitectónicas de esa urbe es algo que hay que hacer a pie, paso a paso. Iba yo por la calle comiendo mi panini de queso, tomate y jamón, mirando cada detalle de esa ciudad que es un universo.
Detalles de fascismo en piedra blanca, de piedra oscurecida que nos habla del lujo renacentista, de piedra carcomida que nos habla de un imperio lejano y cercano.
Un placer caminar por el casco antiguo de calles estrechas, sucias y deterioradas. Ése dédalo olvidado de los turistas sigue ofreciendo verdaderos descubrimientos visuales.
También me he encontrado con un grupo de jóvenes que me han reconocido. Fortea, he oído a mis espaldas. Me hubiera acercado a ellos para revolcarme crápulamente en sus sonrisas, en sus apretones de manos, en ese cosquilleo interno que produce la admiración ajena. Pero montado en el coche que me llevaba a un seminario, me he tenido que limitar a saludarles con la mano detrás del cristal.
Por fíííín...Por fín está usted de vuelta,Padre.
Se le echa mucho de menos por las mañanas.Bueno y por las tardes.
Crónicas.........Crónicas.Queremos crónicas romanas.
Estupendo eso de caminar por Roma. Ay si yo pudiera, haría lo mismo.
¿Qué día podré zapatearme Roma?
Y desde luego, queremos crçonicas de los resultados espirituales que se hayan porducido en usteden estos días.
No se va uno a Roma, para volver contando sólo , lo bonito de sus calles antiguas ; para eso se va uno a un pueblecito español del interior y eso que se ahorra en tiempo y dinero.
¿Habla italiano, Padre?
¿Ha encontrado "material " para su novela ?
Crónicaaaaaaaaaas, crónicas.
Saludos.
Todo eso está muy bien, pero, ¿en qué le ha enriquecido espiritualmente este viaje? ¿Ha cambiado Vd en algo?
PATETICO
Viernes, 5 de septiembre
Padre Fortea
Miguel Ángel Malavia
Daniel Salsamendi
Rodrigo del Pozo Fernández
Reverendo
Vicente Haya
Asoc. Humanismo sin Credos
Julián Moreno Mestre
ADIÓS AYER
Francisco Margallo
Agencia Tiberias
Pedro Tarquis
Jordi Llisterri i Boix
Sor Gemma Morató
Daniel Ginerman
Alfonso Saborido Salado