Reconozco que tengo muchísima devoción a los santos, casi de un modo medieval. Así como mi vivencia de la misa suele darse de un modo monástico, sacrificial.
Me doy cuenta de que mi vida personal está muy centrada en la distribución sacra del tiempo. Vivir sumergido en el Misterio de Dios, para mí implica vivir una organización sacra del tiempo: liturgia de las horas, lectio, trabajo, etc. El mismo Tiempo, sin duda, es uno de los goznes alrededor del cual giran nada infrecuentemente mis pensamientos.
Me alegra ver que gracias a la obra de María Valtorta estoy muy centrado en la figura personal de Jesús y en la continua reflexión sobre el kerigma. Si bien, mi respeto y veneración hacia la Sagrada Escritura es supremo y siempre que la leo, verdaderamente oigo la Voz de Dios hablándome a través de esos versículos.
Por otra parte siempre estoy luchando contra el pecado, contra mis pecados, y me asombra ver el poco dolor que me producen estos. Trabajo para el Cielo y desearía pasar el mayor tiempo posible sobre esta Tierra.
¿Y estoy contento de mí? Francamente, no. Tengo la seguridad de que hago con mi vida una ínfima parte de lo que podría si siguiera todas las mociones de la gracia.
Aun así, he conocido a muchos tipos bastante peores que yo. Y eso a pesar de que un comentarista me dijo hace unos días: cretino, es usted un cretino.
He conocido a muchos tipos bastante peores que yo.
¡Pues vaya un consuelo!.
¿Qué es eso de tipos?.
Por hombres y mujeres así se entregó nuestro Señor.
Padre: Desearía que me hablara un poco de María Valtorta. Hace unos días alguien me la mencionó y las referencias que he encontrado en internet sobre ella no son numerosas y me ha dado la impresión que no muy favorables. ¡Gracias!
Jueves, 24 de julio
Padre Fortea
Miguel Ángel Malavia
José María Rodanés Martínez
Daniel Salsamendi
Octavio Cortés
Rodrigo del Pozo Fernández
Manuel Mandianes
Francisco Baena Calvo
Vicente Haya
Asoc. Humanismo sin Credos
Francisco Margallo
Julián Moreno Mestre
Pedro Tarquis
Jaime Vázquez Allegue
Sor Gemma Morató
Ricardo Próspero Morales