Tarde aburrida de un día festivo. Paseo, como tantas veces, por el mundo de las páginas webs que tratan la caligrafía artística. Encuentro lo de siempre. Las regiones de este pequeño mundo ya me son muy conocidas.
De pronto, me encuentro con una letra inicial que hace que me incline hacia delante. Abro los ojos, más. Me fijo y me doy cuenta de que estoy ante una obra grandiosa.
Se trata sólo de una letra capitular. Una obra de diseño prodigioso de un autor actual. Desde el primer golpe de vista quedo fascinado. Se trata sólo de una E, sí. Una letra gótica E sencilla en su cuerpo, rodeada de finas filigranas que se retuercen, rodeada de pequeñas terminaciones cuyos trazos revelan la maestría, o no, del autor; en este caso, sublime.
Valoro el magistral diseño, calibro cada detalle de ese cosmos que puede ser una letra capitular. Hacer una letra como la que tengo delante, requiere una vida dedicada al arte. Este hombre, incluso en la Edad Media, hubiera sido considerado uno de los grandes.
La maravilla de este siglo XXI es que dos horas después me pude comunicar con el autor de la obra que tanto admiraba. En teoría, la letra sólo sirve para comunicar un sonido. Pero esta letra se comunicaba a sí misma. El signo no era medio, en este caso, sino el fin de su misma existencia. Lo que quería trasmitir esta letra no era un sonido, sino a sí misma.
El mundo es un poco más bello, un poco más rico, con esta letra.
Domingo, 6 de julio
Padre Fortea
Pedro Tarquis
José María Rodanés Martínez
Miguel Ángel Malavia
ADIÓS AYER
Máriam Mudarra
Fidel Mateos Rodríguez
Rodrigo del Pozo Fernández
Octavio Cortés
Daniel Salsamendi
Asoc. Humanismo sin Credos
Sor Lucía Caram O.P
Francisco Margallo
Julián Moreno Mestre
Eleuterio Fernández Guzmán
Alfonso Saborido Salado