Blog del Padre Fortea

Somos lo que leemos, me decían los del Opus Dei

31.12.08 | 01:06. Archivado en Con clave

Del mismo modo que mi cuerpo se forma con lo que como. Mi mente, mis pensamientos, mis sentimientos, mi forma de pensar se forma de lo que he visto.

Ciertamente que de lo que he visto, muchas cosas las he rechazado y ante otras me he mostrado indiferente. Pero no deja de sorprenderme que, sin darme cuenta o dándome cuenta yo también soy algo de todo lo que he visto.

Por eso, en cierto modo, yo también soy algo de Matrix, Los Teleñecos, Paseando a Miss Daisy, la 5ª de Beethoven, las bandas sonoras de Walt Disney, los anuncios de Telepizza, la música de los telediarios (tremendamente subliminal), Terminator, El Libro de las Sentencias de Pedro Lombardo (todavía no es película), Dallas, Dinastía, Falcon Crest, varios musicales de infeliz memoria, muchos reportajes sobre cocodrilos, Vacaciones en el Mar, Los Roper, Enredo (altas horas de la noche), Pueblo de Dios (quizá este programa sea el que menos me ha influido de la lista, por su calidad), Blas y Epi, la Hormiga Atómica. Por supuesto también las cosas serias, también las religiosas, me han influido. Pero no despreciéis la influencia que sobre mí ha tenido Moulin Rouge, Titanic o Dart Vader.

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Revolviendo por el trastero familiar

29.12.08 | 23:02. Archivado en Con clave

Uno de los episodios más sentimentales de este viaje, fue el encontrar en un trastero una caja con comics de mi infancia.

Pero mi emoción fue ya suprema cuando bajo un montón de Don Mikis encontré una docena de comics de la colección Dumbo. Y entre ellos estaba, ni más ni menos, que el primero que me compraron en mi vida.

La primera vez que mis padres me compraron un comic fue en 1972. El título era Y Donald tiene una flauta. Era una historia a color en la que el Pato Donald con una flauta encantaba a las serpientes. Finalmente se enfrentaba a una serpiente gigante que tenía un barco lleno de oro en el fondo de un lago en una isla. También encontré el número Andes lo que andes, no andes por los Andes también de la Colección Dumbo. Este número fue para mí un comic mítico, mucho más de lo que nunca pude pedirle a un tebeo en materia de aventuras.

Volver a releer estos comics después de tantos años, produjo en mí una grandísima emoción. Era como Indiana Jones abriendo una pirámide cerrada una eternidad.

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Ha, ha, ha, soy Santa.

28.12.08 | 21:55. Archivado en Con clave

Sueño por la noche que estoy tumbado feliz en medio de la redacción de un periódico. Un periódico en un entorno de lujo, aquello parecía el precioso patio interior de un rascacielos.

El administrador se acerca a mí, yo estaba tumbado, y me dice que le siga. De camino me encarga una columna de opinión sobre los Mc Donalds.

Me encanta la idea de escribir sobre el tema.

Llega el Director, es impresionante el despliegue de honores en cuanto sale del coche y aparece en el hall. Incluso tocaron unas trompetas de plata, para indicar que había llegado.

En la siguiente escena, me veo buscando en la wikipedia que había sobre el tema de la economía de guerra.

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Ho, ho, ho, feliz Navidad.

27.12.08 | 22:15. Archivado en Con clave

Cierto miembro de mi familia más que conectarse a Internet, se dedica a recoger virus. No sé cómo se las arregla, pero recoge todos los virus que hay en el universo mundo.

Su ordenador funcionaba tan lento ya, que lo dejaba encendido toda la noche porque no se atrevía a apagarlo ante el miedo de que ya no se encendiera nunca.

Para que no ardiéramos todos si se incendiaba alguna batería, lo apagué amparado por el hecho de ser el último en acostarme. Y, efectivamente, no se volvió a encender.

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Sobremesas de Navidad

26.12.08 | 21:04. Archivado en Con clave

Luís sigue viendo ese aburridísimo reportaje sobre los Calamares de Humboldt. Magnífica sobremesa para la cena de después de Navidad.Yo me he tenido que tomar la sopa de segundo plato, porque una llamada de un cura ha sido tan larga que mi madre ha tenido que volver a calentar la sopa con el microondas. No sé como el plato al rojo vivo no ha fundido la mesa.

A las 5.00 ha empezado a nevar, venía conduciendo del Pirineo. La nevada ha sido de película. Al final, he tenido que conducir sin salirme de los dos surcos para mis las ruedas. Si hubiera seguido con esa intensidad un cuarto de hora más, la carretera hubiera quedado completamente cubierta a pesar de que los coches íbamos en fila.

Jugaría mi partida de ajedrez de la noche, pero tengo sueño, estoy cansado, he caminado mucho, varias horas, a un solo grado de temperatura. La noche de Nochebuena soñé que era policía. Pero no cualquier policía, sino uno de esos de 1900 en Nueva York. La noche de Navidad, ayer, soñé que le enseñaba a no sé quien unas fotos en las que estaba rodeado de cardenales. Pero también los cardenales iban vestidos como en 1900, con grandes mucetas blancas. A ver si ahora en mis sueños me da por comienzos del siglo XX. Ya podría alguna Navidad tener algún sueño navideño. Pues no.

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No hay nada como la Navidad. Esta frase es todo un derroche de talento.

25.12.08 | 22:38. Archivado en Con clave

Ah, el día Navidad. He ido a Zaragoza a celebrarlo con mi familia. No hay nada como el día de Navidad. Mi madre ya conoce mis gustos en la mesa y este día no hace experimentos. Además, en un día como éste no hay nada mejor que un gran pontifical. Ayer en la Misa del Gallo me fui a concelebrar a El Pilar. Hoy en La Seo. Canónigos, incienso, órgano, coro de niños, vamos de todo.

Por la tarde he hecho mi rato de oración en Santa Engracia. ¡Pero qué bonita esta! Cada año mejoran esta basílica. Además, me he puesto el chándal y me he ido haciendo footing. La ida y la vuelta ha sido un total de una hora de trote a 1º de temperatura. He llegado con la cara roja como una amapola.

Después de la cena he recibido la llamada de un cura. La conversación ha comenzado bien, pero después me ha entrado la duda de si he murmurado un poquito. O incluso más que un poquito. Ya se sabe, se comienza hablando inocentemente y uno acaba muy lejos. Esto del cotilleo clerical es muy feo. Aunque reconozco que también tiene sus alicientes.

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Navidad

24.12.08 | 18:00. Archivado en Con clave

Felicito la Navidad a Bush, cuya capacidad para esquivar zapatos nos ha dejado a todos boquiabiertos.

Felicito la Navidad a Zapatero, que es mi presidente, fue legítimamente elegido por la masa, y me representa (o algo así).

Felicito la Navidad a la doctora que me hizo una colonoscopia y de la que guardo una mala impresión.

Felicito la Navidad a mi oculista, efectivamente estas gafas de pasta no me duelen en la nariz.

Felicito la Navidad a mi peluquero, cuya agenda de productos de cosmética (Skendor) es la que uso todo el año.

Felicito la Navidad a la que me llevaba las cuentas en Anchuelo, tu e-mail me da error cuando te he respondido.

Felicito la Navidad a todos los que no me quieren, a los que me tienen en mal concepto, y hablan mal de mí: que os den por saco.

Felicito a Repsol por ese anuncio que comenzaba: inventamos la rueda, descubrimos la rueda, llegamos a la luna, hicimos el pan y la sal, inventamos los coches.

Felicito a Alex de la Iglesia por su apellido, y por su serie científica sobre Plutón y el espacio.

Felicito la Navidad a los cardenales del mundo, cuya capacidad creativa cada año me sorprende más.

Felicito la Navidad al Santo Padre, aunque me sorprendería que esté leyendo este blog y no escribiendo alguna encíclica.

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Nostalgia prenavideña

23.12.08 | 23:36. Archivado en Con clave

Hoy mientras cenaba he visto El Guateque (The Party), gracias e-mule. Para mí ver esa película ha sido toda una experiencia. La película, que es bastante mala, supuso para mí todo un hito en aquella temprana edad mía.

¡Aquellos tiempos del Sábado Cine! Aquellos tiempos en que toda España estaba ante el televisor, como niños. Santa ingenuidad con la que entonces nos sentábamos en el sillón. Nos conformábamos con tan poco, no reíamos con cualquier cosa. Cuando ahora pienso que Louis de Funes me hacía reír, apenas me lo puedo creer.

Eran los tiempos en los que, en cuestión de comedia, Jerry Lewis era lo más. Eran tiempos en los que Doris Day no era un personaje de la Historia, era lo que estaba en cartel.

Sé que lo he dicho mil veces, sé que me repito, ¡pero no había ni un móvil en todo el mundo! Y cuando uno llegaba a casa, no preguntaba: ¿he tenido alguna llamada?

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El olvido, sí, para ellos el olvido.

22.12.08 | 23:25. Archivado en Con clave

Desde hace varios años creo que he madurado. Uno de los signos en que me doy cuenta de que eso ha sucedido, es que nunca pido a Dios justicia frente a aquellos que se empeñan en hacerme la vida un poco más difícil.

Cuando me hacen el mal, pienso que en el fondo merezco más por mis faltas. Quizá en caliente no. Pero después reflexiono y llego a esta piadosísima conclusión.

Después, con los años, tampoco deseo para nadie el mal. Incluso en el caso del que el sujeto sea un redomado necio, pienso que ojalá Dios le conceda el que nadie se cuenta de ello y acabe sus días con su necedad oculta a buen recaudo.

Después de cuarenta años, puedo decir esto con toda sinceridad. No sólo no deseo que le alcance la Justicia, sino que mejor incluso que el Destino sea piadoso con esa persona. Si en mi mano estuviera la posibilidad no ya de la venganza, sino de dejarle en su sitio, sencillamente me limitaría a volver la espalda y seguir dedicándome a mis cosas.

Quizá en mí exista el deseo de escribir páginas bonitas. Pero no el afán de hacer justicia. La única justicia que espero para mi persona, es la de que me dejen disfrutar de una existencia tranquila. Y ésa es la justicia que concedo a los demás en el interior de mi corazón.

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¡Copistas del mundo, uníos!

21.12.08 | 22:34. Archivado en Con clave

Sólo un calígrafo sabe la maestría que puede haber en un giro inesperado de la pluma, el estrechamiento de un lazo en su centro, el remate en pico del final de un trazo. Como si el trazo de una letra requiriera de un remate, y no sólo el final de la crónica que se cuenta en esas páginas.

La escritura gótica tiene un cierto carácter de bosque bárbaro. Tiene un aire de selva frondosa en el que uno encuentra arroyos y montañas. Allí, en cualquier rincón de la página, uno encuentra lazos celtas, florones germánicos. El bosque está escrito en latín, aunque quizá nos hable del mundo de los profetas hebreos de una tierra soleada.

Esa página es parte de un tímpano gigantesco como el orbe mismo. Un tímpano multicolor, estratificado, armonioso. Un cosmos ordenado que daba tranquilidad a los copistas.


La belleza de la caligrafía

21.12.08 | 01:23. Archivado en Con clave

Pocas actividades tan satisfactorias como la del escriba que dedica su mano a los conceptos hechos letra. Los minutos pasan plácidos. La mente va ordenando los espacios en medio de un bosque de trazos verticales. Unos lazos sobrepasarán los límites de los renglones. Unos márgenes se poblarán de abejas, o de aguas, o de glosas en tinta verde.

De pronto, una letra inicial concebirá en su seno una miniatura. Algunos escritores se quejan de que no pueden explicar lo que han hecho en un día en una página. Un escriba sabe que el cosmos cabe en el hueco superior de una B.

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19.12.08 | 23:40. Archivado en Con clave

Todo el día por el centro de Madrid. Visita por la mañana a un sacerdote jovial que me habla creatividad teológica. La conversación con él ha sido un placer para mi intelecto.

Después comida con un profesor de filosofía de una universidad de Nueva York. Sus experiencias en sus viajes, contadas a la mesa, han sido apasionantes.

Tras la comida, paseo con otro profesor de otra universidad, éste es experto en un tipo de plantas. Un caso personal. Me impresiona su bondad, la sencillez de su alma.

Me dirijo a la casa de una famosa escritora. Casa impresionante, pero impresionante de verdad. Me tomo dos bombones y una Coca-cola.

Quedo en la entrada de una de las Torres de Kio con una periodista para una entrevista. La periodista es descreída y además de esas que le gusta meter el dedo en la llaga.

Voy al Corte Inglés a devolver un regalo y a comprar algo nuevo para la cena. Ya estoy harto de gastar lo habitual de mis blancos armarios de la cocina.

Ceno viendo un reportaje sobre la Batalla de Verdún.

Juego dos partidas de ajedrez con el mismo contrincante. Gano la primera, pierdo la segunda.

Leo dos páginas de Memorias de Adriano. El día está llegando a su fin. En media hora debería estar en la cama.

Justo antes de rezar mis últimas oraciones leo la frase de Borges: El éxito y el fracaso son dos impostores.

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Pensamientos en el final de un dia

18.12.08 | 23:32. Archivado en Con clave

No conocía la música de Hans Leo Hassler (1562-1612): etérea, absoluta, como si los angeles cantaran sobre la misma faz de la tierra.

Mientras escucho semejante derroche de belleza, pienso en la Teologia de la Cruz. Normalmente los apostoles pensamos que nuestros sudores, desvelos y trabajos deben desembocar en el triunfo espiritual, en la cosecha, en la implantación del Reino de los Cielos.

La suma perfeccion es cuando comprendemos que todas nuestras labores no nos dan derecho a nada. Si todos nuestros esfuerzos desembocaran en el mas absoluto fracaso, en el descredito, en el sentimiento de abandono mas absoluto, eso no debería inquietarnos los mas minimo.

Pero tendemos a pensar en la cruz como una mera fase transitoria, siempre acabamos pensando que tenemos derecho a una resurrección dentro de nuestra existencia terrena. La cruz, si. Pero después, todavía sobre la tierra, la resurrección, la aclamacion del Domingo de Ramos, el triunfo del paso del Mar Rojo, la Tierra Prometida ya aquí.

Cuando Nuestro Señor se le aparece a San Juan de la Cruz y le pregunta: ¿Qué quieres que haga por ti?, él le responde: Sufrir y padecer por vos, mi Señor.

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Winston Churchill, el sonriente rostro de la libertad

17.12.08 | 22:36. Archivado en Con clave

Churchill representa la libertad. Es la cara del defensor de la democracia. Su rostro optimista, alegre, algo picaro, rebosaba vitalidad. Su cara no era el rostro de un mero ser humano, era el rostro de una nación que luchaba por los valores de la tradición, del cristianismo, del parlamentarismo, frente a un Nuevo Orden.

Pero aunque todos los documentales de televisión presentan a Chamberlain como a un candido de buenas intenciones y a Churchill como a un realista, creo que eso debe corregirse. Chamberlain sabia perfectamente que era el fascismo, nunca se engaño.

Si Churchill hubiera estado en el poder, hubiera habido una II Guerra Mundial. Pero siempre nos hubiera cabido la duda de si esa guerra se hubiera podido evitar con otra persona como primer ministro.

Chamberlain nunca hubiera aprobado una guerra preventiva contra el Irak de Hussein. Y esta es la gran lección del pasado para nuestra época. Soy muy consciente de los peligros que supone el que ciertos países tengan armas nucleares. Pero no podemos incendiar el mundo para evitar peligros para la paz.

Son muchos los que creen que ante los peligros actuales hay que desenvainar la espada y luchar. Se equivocan totalmente. Ahora mas que nunca hay que proceder segun la doctrina Chamberlain.

Contra grupusculos de fanaticos, contra el invisible enemigo del terrorismo: nervios templados, sangre fria y mantener el rumbo con firmeza. Matando orcos solo se arreglan las cosas en el mundo de El Señor de los Anillos.

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Días de gloria: la gloria del que hace lo que debe hacer

16.12.08 | 23:16. Archivado en Con clave

A veces, después de la cena, cuando el ocio es una virtud, me da por hacer cosas raras. Hoy me ha dado por escuchar dos rarezas, dos emisiones radiofónicas. Una era la declaración de guerra a Polonia por parte de Hitler, la otra la declaración de guerra a Alemania por parte de Sir Neville Chamberlain.

La primera emisión se hizo en directo desde el Reichstag, la segunda desde Downing Street. Hitler habla lleno de orgullo, su discurso es el de la rabia, todos los presentes le aclaman ensordecedoramente a cada párrafo.

Chamberlain habla desde el corazón. Su discurso es sereno, triste, sin ni una sola frase triunfal. En mitad de su discurso hace una prolongada pausa y les dice a sus conciudadanos: ustedes pueden imaginarse qué golpe tan amargo es para mí el que haya fallado mi larga lucha para lograr la paz.

Jamás se imaginaron los alemanes que vitoreaban a Hitler que en ese momento estaban sellando su destino. O mejor dicho, sabían que estaban sellando el destino de una nación. Pero no ese destino, un destino de muerte, derrota, destrucción, sangre, llanto e ignominia.

Chamberlain en esa emisión habló con un tono de voz de impresionante tristeza, no creo que nunca se haya declarado una guerra con tanta tristeza. Él tenía una muy clara idea de lo que iba a suponer esa orgía de destrucción.

Hasta hace pocos años creí que este hombre bueno había sido débil frente al fascismo. Hoy día creo que él hizo lo que se debía hacer: todo lo posible por evitar la guerra. Es como si la Historia quisiera a través de él haber dejado claro una sola cosa: no se pudo hacer más. El tono de derrota personal con que declara la guerra engrandece su persona. Sus palabras, llenas de dignidad, de emoción, son de por sí la coronación de una vida de esfuerzos por la paz.

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Mon Dieu et mon droit

15.12.08 | 20:59. Archivado en Con clave

Ya he vuelto de mi viaje. He conocido el Londres más novelesco, el de la lluvia todo el día, el de la oscuridad a las cuatro de la tarde, el de las bufandas, los guantes y el gorro incluso al mediodía.

Sin embargo, el Londres humano que he conocido ha sido el latino, el de acento peruano, colombiano y ecuatoriano. El acento dulce de seres humanos nacidos bajo el sol y que ahora habitan tierras frías, lejanas, con gentes que hablan un idioma escurridizo traído por lejanos sajones.

También yo traigo recuerdos de un Parlamento junto al agua inmóvil del colosal Támesis, bajo el agua de una lluvia fría azotada por el viento. Recuerdos del cálido metro siempre atestado de todas las razas del mundo. Y sobre todo, ante todo, de la sala de reproducciones del Museo Albert & Victoria. Esa sala requiere de por sí un post. Para mí tiene un valor casi sentimental.

Me hizo gracia el que mis acompañantes me dieron el nombre en clave de Lamponciño. Habría que preguntarles qué extraños mecanismos mentales les llevaron a llamarme así.


Nunca olvido una cara pero con la suya voy a hacer una excepción.

11.12.08 | 23:29. Archivado en Con clave

Mañana parto a Londres donde daré unas conferencias. Ah, Londres, Londres.

Londres no es una ciudad, es un mito. Pasear por ella ha constituido uno de los grandes placeres que he sentido en este mundo. Mis ojos sentían en ese entorno el peso de la Edad Media, sentían de algún modo que el corazón del Imperio todavía palpitaba. Lo neogótico y lo victoriano se fundían en un lugar que sigue dando la sensación de ser el centro del mundo.

Habrá otros imperios, habrá nuevas capitales, pero veo muy dudoso que llegue a ver en muchos siglos una escenario tan aristocrático para ejercer el poder como lo fue esa ciudad de dinastías, casacas, cambios de guardia, callejuelas, clubs, fachas neoclásicas y bruma. Ah, la bruma.

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Margaret Dumont

10.12.08 | 23:07. Archivado en Con clave

Margaret Dumont, vivió 83 años, la eterna secundaria de los Hermanos Marx. Murió de un ataque cardiaco. Siempre, hasta el final, pretendió tener diez años menos. Hoy levanto mi copa por ti, Margaret. Todos somos secundarios y debemos reivindicar a los secundarios. La secundariedad es una de la virtudes que yo más ejercito.

A veces algunos se toman muy en serio a sí mismos. Deberían tomar como patrona a la rolliza Margaret.

De mí, no espero grandes cosas en el futuro, eso me ayuda a proponerme pequeñas metas presentes. No espero mucho del futuro. Dentro de cien años es posible que queden un par de entrevistas. Algunas con dudosas afirmaciones mías entre comillas. No seaís muy duros con vosotros mismos, así como yo no lo soy conmigo. Y recordad que el secreto está en la masa.

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Forty elucubrando un nuevo post

10.12.08 | 23:06. Archivado en Con clave

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Finalmente el post rodeado de comentarios

10.12.08 | 23:04. Archivado en Con clave

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Ese Dios creador del sueño

09.12.08 | 23:58. Archivado en Con clave

Dos veces me he levantado de la cama por la noche, sonámbulo. Pero en medio de la oscuridad de mi habitación no sólo no sabía dónde estaba, sino que tenía serias dudas acerca de internarme en un lugar que me parecía mucho más grande y en el que no sabía si el suelo era plano, o si por el contrarío había escalones como me daba la sensación. Al inclinarme a buscar la mesilla, me golpeé con una esquina (la llave del armario de la ropa) justo debajo del ojo. Afortunadamente no me hice daño. Finalmente me di cuenta de que estaba en mi casa, pero creía que estaba mi madre (ella está en Zaragoza), además situaba su dormitorio en el salón. Desorientado, sin recordar muy bien cómo era mi casa, me fui a la cama de nuevo porque tenía mucho sueño.

En Cancún me enseñaron una casa preciosa a 18 pisos de altura. El piso era impresionante, con paredes que eran ventanales correderos, pero yo no dejaba de pensar preocupado: ésta no es casa para un sonámbulo.

Cuando mi vecina de abajo puso un toldo en la planta baja para cubrir todo su jardín, pensé: qué bien, así caeré blandito.

El Señor que creó el sueño, después se deleitó en idear todas estas particularidades. A Dios le encantan la regularidad y las excepciones.

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El bello oficio de escribir

08.12.08 | 23:56. Archivado en Con clave

Regreso al hogar, a los paisajes habituales. Dejó atrás playas de arenas blancas con mares de color turquesa, filas de gente sonriente con su libro en la mano para ser firmado, grupos que esperan una conferencia, la amabilísima familia con la que me hospedé, estrechones de manos con quien te dice que ha leído tu libro.

Es curioso, uno nace en un punto del planeta y la vida (la lotería de la vida) hace que nos emparentemos con otro lugar del planeta. México es uno de esos sitios al que me unen infinidad de lazos invisibles.

Cuando me encuentro con un lector, tengo la sensación (lo digo muy en serio) de que entre nosotros existe un vínculo. También cuando me encuentro con lectores de este blog. Existen personas en la escalera en la que vivo a las que conozco sólo de cara y sin posibilidad de ir más allá.

Mientras que con otros seres humanos es como si hubiera compartido mi vida, mis recuerdos, mis más profundas inquietudes teológicas. Como si hubiéramos recorrido ya un largo camino juntos.

Me estrechan la mano, son amigos desconocidos. Nos unieron los libros. Hemos conversado: ellos en silencio, escuchándome; yo hablando desde mis páginas, sin oírles. Pero mis libros fueron escritos para ellos. Ellos estaban en mi mente cuando tracé cada palabra, cada descripción, cada concepto.

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08.12.08 | 23:53. Archivado en Con clave


08.12.08 | 23:52. Archivado en Con clave


08.12.08 | 23:51. Archivado en Con clave

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08.12.08 | 23:50. Archivado en Con clave


08.12.08 | 23:48. Archivado en Con clave


08.12.08 | 23:46. Archivado en Con clave


08.12.08 | 23:31. Archivado en Con clave


Padre Fortea guadalarajano

07.12.08 | 03:47. Archivado en Con clave

Hoy he comido en un restaurante japonés. La gastronomía japonesa se quedó estancada en la isla del Sol Naciente porque nunca llegó al grado de evolución que supone la paella valenciana.

Lo más bonito de ese almuerzo ha sido a la hija pequeña de la familia con la que me hospedo, hacerme rollitos de arroz con pescado. ¿Quiere otro, padre?, me preguntaba la niña de doce años con su voz angelical. Y sus manitas me colocaban con esmero el arroz blanco sobre el alga desecada. ¿Qué pescado le pongo? ¿Un poco de pepino?

Es una niña que parece sacada de un libro de niñas perfectas. Es buena, religiosa, alegre, servicial, amorosa, ríe con gracia, lo tiene todo. Cuando habla sus palabras son música. Encima su acento mexicano, sus diminutivos al hablar, todavía la hacen a mis ojos más dulce. Las hijas de esta familia de ocho hijos, son todas pura bondad. Pero la pequeña es grandiosa.

No creáis que pienso lo mismo de todos los niños. Hay niños bastante cafres.

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Hoy estoy en Guadalajara (México).

06.12.08 | 06:40. Archivado en Con clave

Padre Fortea no le gusta el picante.

Padre Fortea no le gusta la comida típica. Sí, desayunaré cereales con leche.

Padre Fortea se ha vuelto a marear en el coche hoy en el trayecto del aeropuerto a Guadalajara. No se ha mareado en el avión, se ha mareado en el coche.

Padre Fortea no acaba de entusiasmarse con Salambó de Flaubert.

Padre Fortea pregunta en el coche: ¿cuál es el tema de conferencia? El que usted quiera. El padre Fortea habla de lo que le sale del corazón. Después de una hora de conferencia, un joven pregunta con respeto y timidez: ¿Pero el tema de esta conferencia no eran Las plagas bíblicas?

Padre Fortea resiste los desmanes del técnico de sonido. Insiste, incluso, en que todos esos errores no deben achacarse a la acción del demonio por su rabia con el tema de la conferencia, sino a la impericia del técnico.

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Mareo teológico, vértigo eclesial

05.12.08 | 05:31. Archivado en Con clave

Hoy me han invitado a un viaje en barco. La mañana se presentaba paradisiaca. Pero no ha sido así. Quince minutos después de emprender la travesía, me ha entrado un mareo muy fuerte. Al principio, pensaba que se me pasaría tras un rato, pero no ha sido así. Me ha acompañado toda la hora, la siguiente hora, y la siguiente. Incluso en tierra firme seguía algo de ese mareo.

Hemos hecho snorkel, pero cómo estaría que he vomitado hasta dentro del agua. Lo lógico era pensar que vomitaría y se me pasaría, pero no, seguía vomitando y vomitando. Era espantoso. Ya en el barco, más mareo de nuevo. El barco era precioso, pero no era tan bonito verme a mí a cuatro patas vomitando en la parte de atrás.

Encima hoy hacía un día tranquilo, sin olas.

Os lo aseguro, si llego a Papá, jamás habrá un barco papal. Es más, después de la experiencia de hoy no me gusta nada la expresión barca de Pedro. No quiero ni imaginarme la imagen de una gran barca en la que todos los tripulantes católicos están inclinados boca abajo en la barandilla. Desde hoy tiendo a imaginarme a la Iglesia más como una torre que como una barca.

Sólo falta que en el futuro desarrolle algún tipo de vértigo.

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Rumbo al oeste, capitán.

03.12.08 | 03:20. Archivado en Con clave

Más de diez horas de viaje en avión me he metido entre pecho y espalda. Mareado más de una hora. Encima Habitación con vistas me ha defraudado totalmente. No entiendo cómo está tan bien considerada esta novela soporífera.

El asiento de al lado estaba vacío, al otro lado el pasillo. Sólo he podido hablar con los ángeles durante esta travesía. Encima nos han cobrado los refrescos. Bueno, a mí no me han cobrado nada. Antes que pagar en un vuelo prefiero beber té durante veinte horas.

La razón de este viaje es la Feria del Libro de Guadalajara el domingo, la FIL. Pero no os oculto que daré unas charlas en Cancún. Si ahora pusiera una foto del lugar donde escribo este post, os daría envidia, pero una envidia de la buena, es decir, grande, profunda.

Mientras vosotros pasáis frío, me daré un buen baño en la playa. Ya lo decía Santa Teresa: cuando ayuno, ayuno, cuando faisán, faisán.

Y creedme, lo hago sin el menor remordimiento de conciencia.

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Cuidaos de los que aparentan más humildad

01.12.08 | 23:11. Archivado en Con clave

La foto es de una lectora del blog que me visitó ayer con su hijita.

Mañana me voy a México. El próximo domingo estaré firmando libros en la FIL, en la Feria Internacional del Libro de Guadalajara. Y el 13 y 14 de diciembre daré unas conferencias en Londres.

En la vida nos encontramos con un cierto número de individuos que parecen pletóricos de un egocentrismo exhibicionista, no os preocupéis, no son peligrosos. Son como pavos reales. Su arrogancia es pura pose.

Los peligrosos, los verdaderamente peligrosos, son esos que externamente parecen encarnar la humildad. Externamente nunca harán nada para destacar, pero por dentro su soberbia va fermentando a ritmo continuo. Se mantienen en un segundo plano, en espera de su momento.

Estos sí que son peligrosos. Te ignoran, no existes para ellos, pero si un día las pisas sin querer son como víboras. Te muerden con todo su veneno reconcentrado.

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A once años de la muerte de la princesa Diana y de la madre Teresa de Calcuta

30.11.08 | 22:51. Archivado en Con clave

Hoy han emitido en la Primera la película La Reina (The Queen). La cena me ha llegado hasta el primer anuncio. Si la película sigue el mismo tenor, es bastante mala.

Pero no puedo dejar de pensar que me parece una increíble coincidencia el que murieran Lady Diana y la madre Teresa de Calcuta con cinco días de diferencia. Me parece que es más que una coincidencia porque creo que es una enseñanza de Dios. Ambas se conocían, ambas habían charlado. La princesa Diana no era mala persona, sólo fue una persona triste

Una fue una persona triste, la otra todo lo feliz que se puede ser en la tierra. No existe mayor felicidad posible sobre este mundo que la que el amor de Teresa experimentó y gozó toda su vida. Eso sí, en la cruz.

Una vivió rodeada de todo el lujo posible, casi inimaginable. La otra vivió rodeada de toda la pobreza posible, casi inimaginable.

Una era bellísima. La otra arrugada, encorvada, envejecida.

Una murió muy pronto. La Muerte la atrapó por sorpresa. La otra murió muy tarde, vivió más del doble. La Muerte no acababa de atraparla, siempre se recuperaba.

Una fue un ejemplo del camino de la virtud. La otra fue un ejemplo de una vida que sin ser muy mala, se deja arrastrar por la tristeza y la falta de sentido.

Una vistió una lista inimaginable de modelos. La otra siempre vistió el mismo sari.

Es como si Dios, el Gran Maestro, nos hubiera puesto ante los ojos de la Humanidad las dos vidas, los dos fines. La conclusión nos la dejó a nosotros.

Cinco días de separación marcaron las dos entradas en la eternidad, la de la una y la de la otra. Nosotros todavía tenemos tiempo.

La una tuvo una ceremonia impresionante en Westminster y fue llorada por todo el mundo. El funeral de la Madre Teresa fue bastante feo y quedó totalmente eclipsado por el de la Princesa. Francamente, a alguien que ha dado su vida entera para los esponsales de la eternidad, para una celebración ante la cual cualquier ceremonia de la tierra palidece, los honores que se le brinden aquí ya no le importan para nada, absolutamente para nada.

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Audiencia con el Santo Padre

29.11.08 | 23:19. Archivado en Con clave

Como ya dije en el blog, la semana pasada estuve en Roma. Allí tuve la posibilidad de asistir a una audiencia general con el Santo Padre.

Aunque el acto comienza a las 13:00, hay que estar dos horas y media antes en la Plaza de San Pedro. El resultado es que sentado en el sector que me correspondió (color amarillo) me aburría esperando. Tanto me aburrí que me dediqué a contar cosas.

Por ejemplo, descubrí que en la fachada de la basílica hay diecinueve ventanas y siete puertas. Desde la plaza son visibles seis pararrayos. En la fachada del Vaticano hay dos águilas y seis metopas bajo los apóstoles. Otras cuatro metopas permanecen vacías bajo la fila de balcones.

Dos hornacinas permanecen vacías. En la fachada se pueden contar tres tiaras. Cuando conté las tiaras, el nivel de mi aburrimiento era tan grande como la fachada que tenía delante de mis ojos.

En esa fachada hay dos relojes. Cada reloj marca una hora distinta. No recuerdo si funcionaban. Pero uno marcaba las 2:42, el de mi derecha, y 9:50 el de mi izquierda. Por lo menos así era en el momento en que me fijé en este detalle.

Sobre esta nimiedad de detalle horario, Dan Brown ya tendría para media novela. En un momento dado, dos bandas visitantes tocaron. Una tocó la banda sonora de la Vida es bella, la otra música tirolesa. El aburrimiento puede llegar a ser una de las fuerzas más poderosas del universo.

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Lectura teológica del nazismo

28.11.08 | 23:42. Archivado en Con clave

En la foto, Elisabeth Gersch y su hija, gaseadas en 1944 en Auschwitz. Ojalá que nunca hubiera existido el nazismo. Pero dado que ha existido, se puede hacer una lectura teológica de los hechos que provocaron su ascenso, consolidación y caída.

Ojalá que nunca hubiera existido, pero con su existencia hemos aprendido hasta qué punto un abismo del mal puede crear otros abismos más profundos y más tenebrosos.

Hemos conocido la mejor, la más perfecta, prefiguración del Anticristo, hemos conocido cómo podría ser la sociedad de la que nos habla el Apocalipsis. Vimos con nuestros ojos la degradación de toda una población de cientos de millones de habitantes en muy pocos años.

Contemplamos cómo puede ser bello el mal. Cómo su belleza puede seducir incluso varias generaciones después. Vimos cómo la irracionalidad se puede erigir en regla suprema de un Estado de Derecho. Contemplamos el suicidio de la democracia.

El III Reich cayó, pero no podía ser de otra manera. El mal cuanto más extremado, más tiende a su propia autodestrucción. La autodestrucción, único final posible de la irracionalidad a la que ya ningún freno sujeta.

La esvástica se convirtió en la marca de la Bestia. El mal en grado supremo movió a muchos seres humanos a resistir y por tanto a hacer el bien en grado heroico. Fue una época de villanos y de héroes. Los héroes fueron pocos, pero estuvieron a la altura de los villanos. Si grandes fueron las tinieblas, más esplendorosa fue la luz con la que brillaron aquellos hombres que supieron decir NO. Su luz todavía brilla a través de la Historia.

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Lecturas de viaje

27.11.08 | 23:32. Archivado en Con clave

Durante mi viaje a Roma seguí leyendo el libro El pecado de los dioses, sobre la alta sociedad y el nazismo. De la lectura de ese magnífico estudio histórico, entresaco estos pensamientos:

En el proyecto ideológico nazi la mujer debía ser modesta y discreta.

Su belleza es tanto más loable si es natural.

Aprender a ocuparse de la casa y aclimatarse a la disciplina y el orden.

Relegadas a las tareas del hogar y a la reproducción.

Este libro de Fabrice d´Almeida está resultando una inagotable fuente de datos. Leo mucho sobre el nazismo, porque para mí el nazismo tiene la posibilidad de una lectura completamente teológica. Me alegro mucho de no haber vivido en esa época. Si hubiera vivido esa tremenda época, quizá hubiera pensado que Hitler era el Anticristo. Y en cierto modo lo fue. Fue una prefiguración del auténtico que vendrá algún día. Hitler, como el Anticristo, predicó el odio, extendió la guerra, persiguió a la Iglesia. Alemania vivió una especie de gran apostasía. Sin embargo, Hitler no era el anunciado. El resto de profecías no se cumplían en él.

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Dia anodino pero frío

26.11.08 | 23:06. Archivado en Con clave

Por la noche:

Hoy soñé que iba a visitar el colegio del parvulario de las Monjas de Paul. Para ello tenía que bajar desde la calle unas escaleras, pasando a través de algo que parecía más una trampilla que una puerta. Pero antes tenía que terminar una conversación en los escolapios. Cuando por fin pude salir, el portero de las paules ya no estaba y la puerta estaba cerrada. Durante la comida:

He visto por segunda vez American Beauty, sus primeros trece minutos. La primera vez que vi la película, la vi pensando que estaba muy lejos de la edad del protagonista. Ahora la veo desde una nueva perspectiva: ya no me importa la trama, lo que importa es verlo todo con los ojos de un cuarentón. Es decir, la gran historia de la película es la entrada en los cuarenta.

Tras la cena:

Mamá, ya me he acabado las frutas de Aragón.

(Frutas de Aragón: fruta escarchada cubierta de chocolate)

Antes de irme a la cama:

Detrás de los cristales de mis ventanas, hace un grado de temperatura. Esta noche hará -3º. Acabo el día leyendo estas citas de Woody Allen: Si los seres humanos tuviésemos dos cerebros, seguro que haríamos el doble de tonterías. Tendía a poner a mi mujer bajo un pedestal No puedo escuchar mucho a Wagner porque enseguida me entran ganas de invadir Polonia.

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Una noche, dos sueños

25.11.08 | 21:59. Archivado en Con clave

Hoy he soñado que conducía a gran velocidad por las curvas de una autopista. Y aunque finalmente no me pasaba nada reconocía el riesgo en el que me había puesto.

Después he soñado que atravesaba una selva y que tenía que cruzar un profundo barranco a través de un tronco caído cuyo extremo ocultaba la espesa vegetación. Al final no me atreví a hacerlo y poco después otro integrante del sueño me mostraba una fotografía en la que se veía todo mejor y me alegraba de no haber pasado por ese lugar tan peligroso.

Lo mejor de caerte en un sueño es que siempre caes en blando. Si fuéramos conscientes, seríamos más audaces en nuestros sueños. Lo triste es no ser valientes ni siquiera en ese mundo onírico.

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Obsérvese el buen color de cara que tengo

24.11.08 | 22:05. Archivado en Con clave

Cena de los compañeros de curso de secundaria, todos con cuarenta años cumplidos en este año.

Hoy lo pensaba por la tarde: aquel pequeño mundo que era el curso al que yo pertenecí, qué lejos quedaba.

Bien claro tenía que ya no existía, pero en aquella noche me di cuenta hasta qué punto había quedado atrás.

Aquel curso era un pequeño mundo, cada uno con sus ilusiones, cada uno con su psicología, cada uno con sus pequeñas virtudes y sus juveniles defectos. Cuántas risas entre nosotros, cuántas bromas, cuántas horas pasadas juntos.

Al día siguiente de la cena me dediqué a pasear de arriba abajo por todo Barbastro. Regresé a los escolapios, otra vez recorrí sus pasillos, entré en sus aulas, en su iglesia, en su salón de actos. Todo parecía más pequeño. De niño todo era más grande. También llamé a la puerta de las Monjas del Amparo, donde pasé los años del parvulario.

Cuanta nostalgia, cuanto ejercicio del recuerdo.

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Qué será, será

23.11.08 | 20:11. Archivado en Con clave

Bueno, ya nos hemos encontrado. Allí estábamos cenando los ciento veinte barbastrenses que este año habíamos cumplido los cuarenta años.

Allí, en la cena, descubrí que dos compañeras mías de la secundaría habían estado conmigo también en el parvulario.

Hace veintidós años los dejé, a mis compañeros, frescos como una rosa. Ahora, al reencontrarnos, pensé que les había caído encima una bomba atómica. Lo mínimo que se podía decir de los chicos es que habían engordado, ellas iban estucadas.

Los dejé para irme a Pamplona, ellos también se dispersaron por toda la geografía. En esa época nos preguntábamos qué iba a ser de nuestra vida, ahora ya no nos preguntamos eso: nuestra vida es lo que somos.

El futuro imaginado, ansiado, anhelado, ahora es nuestro presente. Hace veintidos años nos alejamos cada uno en dirección a nuestro futuro. ¿Qué iba a ser de nuestra vida? Toda la vida por delante. Todo era posible.

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Regreso al futuro

22.11.08 | 10:03. Archivado en Con clave

Hoy pongo rumbo a Barbastro. A las ocho de la noche nos encontraremos todos los barbastrenses que nacimos en el 68. Es decir, unas ciento veinte personas que justamente en el 2008 hemos cumplido cuarenta años.

Hoy no pongo rumbo a Barbastro, sino a un tiempo pretérito. Tantos compañeros de pupitre cuyos rostros se refrescarán en lo más profundo de mis recuerdos provocando una sonrisa de alegría.

La última vez que nos vimos nos preguntamos qué sería de nuestra vida. Hoy comprobaremos qué ha sido de ella. De lugares muy diversos vendrán a ese punto norteño aquellos con los que jugamos.

El niño con el que jugábamos al pilla-pilla o al caballito o a la cadeneta o a la sueleta, ahora es un gordo abogado, una coqueta catedrática o un camionero. El niño con el que cambiaba cromos puede que llegara a ser un bróker de la bolsa. El niño que jugaba a abrir ranas en canal puede que sea un cardiólogo.

Allá voy, primero en el AVE, después en coche, hacia un futuro que imaginamos y que es ya hoy presente. Nunca me imaginé que llegar a cuarentón me transformara en un ser tan sentimental.

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El poder de las palabras salidas de la boca de Dios

20.11.08 | 22:35. Archivado en Con clave

Llega el final del día. Me queda media hora antes de acostarme. En unos momentos, me sentaré a leer la Biblia. Acabar el día leyendo la Sagrada Escritura es acabar el día escuchando a Dios.

La lectura orante de la Biblia, leer para escuchar. No se me ocurre mejor forma para un clérigo de acabar la jornada.

Tomar algún versículo de la lectura y repetirlo durante el día que mañana el Señor me dará. De forma que la lectura de hoy continuará de algún modo mañana prolongándose a través de las horas.

Beber de las aguas puras y cristalinas de la Revelación de Dios. Alimentarme de su Palabra.

Me gustaría poder decir que vivo de la Sagrada Escritura, pero todavía no lo he logrado.

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Roma y Sewell

19.11.08 | 21:30. Archivado en Con clave

Para mí, Italia estará siempre empapada de los comentarios irónicos, sarcásticos, maliciosos de Brian Sewell. Tres veces he visto entera la serie antológica de reportajes que hizo la BBC.

Sewell tiene el don de la inteligencia. Su serie de documentales sobre el Gran Tour de los jóvenes británicos en el siglo XIX por Italia, era todo un despliegue de erudición, de maestría. Realmente más que caminar por las ciudades italianas lo que hacíamos era recorrer la mente de Sewell.

Sin duda, nadie como los ingleses han sabido mirar Italia. Ellos la han apreciado como ningún otro sus ciudades y campiñas, sus iglesias y pinturas. Nadie como ellos la han mirado por encima del hombro, pero lo han hecho con clase.

Italia y los ingleses victorianos y postvictorianos, dos elementos que combinados forman una mezcla sumamente agradable. Mientras que la mezcla germano-italiana puede resultar sencillamente explosiva.

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Esas calles, tan romanas

18.11.08 | 21:50. Archivado en Con clave

De Roma lo que más me gustan no son sus grandes basílicas, ni sus cuatro columnas viejas a las que llaman foros, ni sus artificiosas fuentes que me recuerdan a las fallas de Valencia. No, no, nada de todo eso. A mí lo que me gusta de verdad de Roma son sus callejuelas. Callejuelas estrechas, sucias, marcadas con las mil cicatrices del tiempo, encantadoras, evocadoras. Callejuelas que se retuercen, que suben, que se bifurcan, que nos sorprenden en sus paredes desconchadas, en sus piedras milenarias mal encajadas entre el yeso pintado de amarillo de una tienda pequeña de moda. Eso es lo que las hace únicas a esas calles, su caos, su desidia, una magistral desorganización estética que las hace formidablemente espontáneas.

En las viejas iglesias del centro, ese monumental talento para la desorganización es lo que hace que me gusten también. Uno entra en esos templos oscuros, barrocos, viejos, y descubres el encanto de la no racionalización, el encanto de dejar que se acumulen las cosas durante siglos, unas cosas encima de las otras, así hasta que se cubren todas las paredes. Nada más entrar en cualquiera de esos espacios, te das de bruces con un cosmos que no es nada germánico, nada anglosajón, sino la expresión del más puro carácter romano.


Ya está hecha la maleta, mañana Roma.

18.11.08 | 00:53. Archivado en Con clave

Roma, la Nueva Jerusalén. Parece que la ciudad también tuvo algo de historia antes de la llegada de Pablo y Pedro al lugar. Tuviera la historia que tuviera, tampoco fue tanta como para no caber en unas cuantas salas de los Museos Vaticanos.

Ciudad de espantoso trazado de avenidas, casi nulas por otra parte. Y es que a la masonería lo que se le da bien es el negocio de la expropiación. Después cuando llega la hora de trazar grandes vías, les pilla cansados.

Roma es una ciudad muy expropiada. Si hubiera seguido siendo una teocracia hubiera sido un emporio. Pero Verdi y Garibaldi tenían otros proyectos, proyectos de gran ópera nacional, con lo bonitos que son los estados pequeños.

Bueno, yo ya he hecho la maleta. Con la práctica de años, la hago en un santiamén. Equipaje de mano, un buen libro para el avión y un amigo del bachillerato a mi lado. El viaje se debe a razones editoriales, se acaba de publicar la versión italiana de Summa Daemoniaca.

Hubiera sido bonito llegar a un aeropuerto en que la maleta, en la aduana, te la revisara un guardia suizo. La idea de una Italia formada por pequeños cantones, por encantadoras suizas, hubiera sido mucho más poética. Probablemente hasta económicamente les hubiera sido más ventajoso. Hubiera sido uno de los rincones más deliciosamente irregulares del Viejo Continente. Lo grande no es mejor por ser grande.

Una península formada por una constelación de andorras no hubiera sido el Gran Estado Mussoliniano que tenía en la mente ese mediocre actor que fue Benito. Pero por otra parte las fronteras las ponemos los humanos, no existen en el campo. Resulta preferible estar unidos que separados. Así que mejor las cosas mejor como están. Sé que esto puede parecer contradictorio con el texto del post, pero no renuncio a ser contradictorio.

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Lista de cosas para hacer mañana

16.11.08 | 22:49. Archivado en Con clave

Tengo que llamar a Alastuey para decirle que nos vamos a reunir todos los barbastrenses que nacimos en el 68 y que cumplimos cuarenta años. Menuda colección de barrigas, calvas y patas de gallo. Soy de lo que mejor se conserva de esa quinta. Pero aparentaré humildad.

Quién me iba a decir que la chica del pupitre de atrás, tan comedida, iba a acabar de catedrática de criminalista.

Tengo que llamar a L.P., profesor en Roma, para pedirle un favor. También tengo que llamar a un obispo auxiliar de Estados Unidos para pedirle otro favor. O mejor dicho, el mismo favor pero intentado por otro camino.

Tengo que ir a pagar el hotel de Roma en mi agencia de viajes. El martes y el miércoles iré a Roma por asuntos literarios. Se ha traducido mi Summa Daemoniaca al italiano. Horrible portada, buena traducción.

Dedicaré parte de la mañana a poner orden en los armarios de mi habitación. Me gustaba pensar que eran un caos controlado, pero últimamente han descendido al escalón inferior.

Como le comentaba a cierta persona, hace dos días tuve una prueba más de lo mala que es la envidia, de lo mala que es la ingratitud y de la poca valía de una persona con la que no hablaba desde hacía meses. No importa: el libro que estoy leyendo estos días es fantástico, la cena de hoy ha sido exquisita, la correspondencia de mis lectores muy animadora.

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Consejos para predicadores de un domingo típico

15.11.08 | 23:43. Archivado en Con clave

Ya que este blog es leído por no pocos sacerdotes, me gustaría dar algunos consejos para la predicación, para ese gran trabajo que es la predicación:

Lo primero de todo, a la predicación hay que considerarla un trabajo. Es decir, el sacerdote no debe pensar al ir a decir la homilía: voy a decirles unas palabras. ¡No!, unas palabras cualquiera las pueden escuchar de cualquiera. El ministro de Dios debe ejercer el ministerio de la predicación, es un oficio sagrado. Eso supone preparar lo que se va a decir.

Los fieles deberían sentir al escuchar la homilía que están escuchando a Jesús, o a Pedro o a San Pablo o a un Isaías.

No se trata por tanto de ser gracioso, no se trata de dar un sermón entretenido, no se trata de sorprender por sorprender: se trata de que escuchen a Dios a través del hombre, de que Dios les hable a través de su enviado. Todo sacerdote debería recordar que es un enviado de Jesús. Jesús le llamó y él ha aceptado la misión de ir a predicar.

Después no hay que olvidar que es tan bonito predicar de lo positivo. Somos predicadores del bien. Ciertamente a veces tendremos que advertir acerca del mal. Pero esencialmente debemos hablar de aquello que llena nuestro corazón.Yo reconozco que tengo un defecto que no he logrado vencer. Siempre predico diez minutos, y cuando noto (no llevo reloj) que he alcanzado ese tiempo, corto la predicación como quien agarra una cimitarra y corta algo de un modo abrupto, sin previo aviso.

Pero, claro, siempre mejor eso que los sermones que son como aviones que cuando parece que van a aterrizar, remontan el vuelo. He conocido predicaciones que han estado a punto de tomar suelo tres o cuatro veces, pero que en el último momento el cura retomaba el hilo de otro asunto, se entusiasmaba, y el sermón se volvía a alejar de su final.

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La noche de antes no era como la de ahora

13.11.08 | 22:24. Archivado en Con clave

En una sociedad en la que hay luces por todas partes, a los jóvenes les resultará difícil imaginarse lo que era la llegada de la noche en invierno en mi niñez.

Incluso en Barbastro la inmensa mayoría de las calles estaban iluminadas por algún que otro farol clavado a la pared. Eran faroles dentro de una cajita de cristal con tejado, daban bastante menos luz que una farola. Me acuerdo, yo que vivía a las afueras, que había calles fuera del centro sin ni un solo farol.

La noche llegaba cada día con todo su peso, sobre todo en invierno en que no llegaba ni la débil, pálida, luz de las estrellas.

Y en el campo, teníamos una finca a dos kilómetros de Barbastro, no había luz eléctrica. La noche no ofrecía tregua alguna miraras a donde miraras, sólo oscuridad. Entonces nos parecía normal, siempre había sido así.

Durante años, sólo las azules bombonas del camping gas suponían un ligero oasis de luz en medio de aquella naturaleza con ruiditos y seres pequeños que se movían. De vez en cuando oíamos a alguien contar como una raposa había matado a todas las gallinas. Los canarios debían ser cubiertos con un trapo, sino incluso dentro de las jaulas eran atacados por las lechuzas. En medio de esta oscuridad, una liebre saltando a la vera del camino, era para darte un infarto.

Sí, hoy día los jóvenes no se hacen una idea de lo que era la oscuridad total de la noche en el campo. La gente de campo no es miedosa. Las colinas, senderos y olivares son parte de su casa. Pero ir a pie solo por mitad del campo en una noche cerrada, era algo que se evitaba. La noche, la oscuridad, como región de todos nuestros miedos ancestrales, como la morada de temores instintivos.

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Luna llena

12.11.08 | 23:18. Archivado en Con clave

Hoy había luna llena. Una luna rotunda, grande como un misterio. Si hay algo lleno de poesía son los rayos de luna. En las ciudades la gente se muere sin conocer qué sea eso. Pero en el campo la luna brilla con todo su poder. Yo soy de Barbastro y, en cierto modo, puedo decir que soy campestre.

La luna pinta todo con unos tonos irreales. Me acuerdo de aquellas noches en el campo en las que se oía el ulular del mochuelo. No es de extrañar que fuera considerada un ave de mal agüero. Su canto era lúgubre, muy lúgubre. Nunca faltaba. No sólo esas aves rapaces, en la noche había más ruidos: aleteos en el aire, cosas que se movían entre la hierba, los sustos de muerte que daban las raposas. Entre los árboles, se oían luchas nocturnas, animalitos que se cazaban unos a otros. Y todo ello con el coro interminable de los incansables grillos. Alguna luciérnaga iluminaba la oscuridad por un momento.

Es posible caminar sin ninguna luz por el campo en una noche sin luna y con nubes. No me preguntéis de donde sale la luz, pero se ve. Aunque hay noches y noches. Hay noches cerradas como la boca de un lobo. Son pocas, pero las hay. Noches en las que no se ve absolutamente nada.

Ir a pie por el campo en una noche completamente cerrada es algo que pocos hacían aunque conocieran aquellos andurriales como la palma de la mano. ¿Por qué? Por el miedo. Incluso los labriegos tienen sus miedos. En los pueblos había sus mitos, sus leyendas, su folclore de los seres de la oscuridad.

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Amanece que no es poco

11.11.08 | 22:53. Archivado en Con clave

Al amanecer

Siempre me levanto al amanecer, todos los días, haga frío o calor, sea día de diario o de fiesta. No hay nada como levantarse pronto. Eso sí, después que he hecho lo que tengo que hacer en el aseo, regreso a la cama.

Por la mañana

Hoy he ido a la presentación de mi último libro al programa de Ana Rosa en Tele5. Durante el intermedio, cuando todos se han ido a estirar las piernas, me dice el Conde Lequio: venga, venga, aquí. Me acerco. Me lleva hacia un lugar apartado de la vista del público ¿y a quién me presenta? ¡A Javier Sardá!

Hemos hablado afectuosamente. Poco tiempo, muy poco porque me han venido a buscar en seguida, el intermedio acababa y había que sentarse. Pero me ha hecho ilusión, mucha, conocerle.

Por la tarde

Durante la comida he acabado de ver Apocalipto.

Por la noche

Me llama una violinista para invitarme a ir a un concierto. No voy nunca a conciertos. Ella ya sabe esta postura mía. Me ofrece el Concierto para violín de Brahms (Opus 77), una de mis debilidades. Pero rehuso: la música clásica donde se escucha bien es en el salón de casa.

De hecho otra particularidad mía es que cuando voy a ciudades del extranjero y me preguntan qué quiero ver, suelo decir: cualquier cosa menos museos.

Más allá de la noche

Dormir, tal vez soñar.

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No hay que ser muy inteligentes

10.11.08 | 22:56. Archivado en Con clave

No hay que ser muy inteligentes, ni hay que haber estudiado en Harvard o en Cambridge, para darse cuenta de que caudalosos ríos de oro siguen llegando año tras año, mes tras mes, día tras día, a las arcas de regímenes totalitarios uno de los cuales es un verdadero fascismo religioso que ha apoyado a todos los terroristas del mundo, y el otro es un régimen mussoliniano de playas caribeñas.

Urge que los grandes estadistas busquen cómo reducir la dependencia del petróleo cuanto antes. Aunque eso tendrían que haberlo hecho hace veinte años. Ésta tendría que haber sido una gran decisión estratégica, una política a largo plazo a la que habría que haber dedicado recursos y mentes. Ahora sólo nos queda resignarnos y ver cómo el populismo se extiende apagando libertades en regiones enteras de Latinoamérica, o esperar algún bombazo talibán en alguna gran ciudad de las que he dicho. Las seis ciudades que he dicho no desaparecerán, pero ya veréis como al menos una ciudad de la lista sí que cae.

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Al menos una de la lista sí que cae.

09.11.08 | 22:15. Archivado en Con clave

Continuación del post anterior titulado Un post hipotético.

El post de ayer mostraba como todo nuestro mundo puede ser puesto boca arriba en un solo día. La sociedad occidental, tal como lo conocemos, puede entrar en una nueva era de forma abrupta. Nos podemos levantar de la cama una mañana para ir al trabajo, y descubrir que ese mundo ya ha cambiado en una noche.

Estoy firmemente en contra de toda guerra preventiva. El concepto de guerra preventiva es ilegal, inmoral, detestable e injustificable. El día que admitamos una sola guerra preventiva, podremos admitir cien. Si admitiéramos la guerra preventiva, deberíamos admitir la prisión preventiva, el asesinato preventivo y otras muchas irracionalidades con la excusa de la prevención. Esto de la prevención da mucho de sí. Estoy seguro de que en el asesinato de Abel, Caín consideró seriamente algún aspecto preventivo.

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Un post hipotético

08.11.08 | 22:25. Archivado en Con clave

Si yo fuera el Presidente de Irán y quisiera destruir Israel, tendría muy claro que no puedo bombardearlo sin esperar una respuesta de Estados Unidos, una respuesta arrasadora.

Así que antes de atacar a Israel, haría explotar a la misma hora el mismo día varias bombas atómicas en las principales ciudades de Occidente. Haría las cosas de forma que un buen día, al levantarse los europeos pusieran la radio y se enteraran de que ya no existen Berlín, París, Londres, Nueva York, Washington y Los Ángeles.

Las bombas podrían ser enviadas por aviones de líneas regulares iraníes el mismo día a la misma hora. Ni los pasajeros, ni los pilotos, tendrían por qué enterarse de qué es lo que hay en la bodega.

La destrucción de esas seis ciudades sólo le costarían al estado iraní el precio de producir seis bombas, pero la economía a nivel planetario se desplomaría de forma que la Gran Depresión parecería un juego de niños.

En una situación de hambruna inminente a dos meses vista, los Estados no podrían lanzarse a una cruzada contra nadie. La única prioridad sería dar de comer a sus propios ciudadanos. La destrucción simultánea de esas seis ciudades supondría la desaparición de los documentos y archivos que prueban a quien pertenecen millones de euros o terrenos o cualquier cosa. Sería el total y perfecto colapso de la economía mundial.

Si yo quisiera borrar al Estado de Israel del mapa, tendría muy claro que primero hay que golpear a Occidente. Y que sólo podría dar un solo golpe, pues no habría una segunda oportunidad.

Pero todo este post es una mera divagación acerca de hipótesis imposibles e infundadas. Porque todos sabemos que ese benefactor de la Humanidad llamado Ahmadineyad sólo busca con su programa nuclear no contribuir al calentamiento global porque se le estaban muriendo las plantas en el desierto.

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Lo que queda del día, y el día de mañana

07.11.08 | 23:45. Archivado en Con clave

Aunque sé que todos estabais esperando la segunda parte de Historia de una calvicie, hoy debo hablaros de otra cosa, algo que ya es oficial: me voy a hacer el doctorado.

Probablemente muchos de vosotros os preguntaríais que adonde me iban a destinar. Yo lo sabía por conversaciones previas con mi obispo, pero como es lógico no he querido decir nada hasta que ya fuera segura la decisión.

Cuando lo sepa os diré adonde voy.

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Historia de una calvicie

06.11.08 | 22:15. Archivado en Con clave

Cuando era un adolescente me imaginaba mi vejez coronada por una cabellera blanca de venerable senador romano.

La primera vez que observé signos de alarma, fue alrededor de los quince años. Las entradas de la frente eran muy profundas. Completamente ocultas por el flequillo, pero ya entonces me di cuenta de que algo no iba bien.

Cuando fui párroco de mi primera parroquia, la densidad del pelo había decrecido tanto que opté por no seguir peinándome con raya a la izquierda. Me peiné hacia delante. Aun entonces seguí pensando que mi vejez seguiría estando coronada por una venerable mata de pelo cano.

Un día en una ferretería, tenía 28 años, me vi en la pantalla de una cámara de seguridad. Le pregunté a Saturnino: ¿esa calva de la coronilla es mía? Asintió muy serio, aunque trató de sonreír. Nunca me había visto a mí mismo por detrás y menos desde ese ángulo. Entonces comprendí que la calvicie no era una posibilidad, era my future.

En mi segunda parroquia, estuve siete años. Siete años en los que vi como mi escaso flequillo se convirtió en un desierto.

Bueno, estoy cansado, mañana seguiré contando la triste historia de mi pelo, la segunda parte con su inevitable conclusión. Ay, qué verde era mi valle.

Post Data: hay nuevos dibujos en mi blog de caligrafía artística

http://scriptoriumfortenianum.blogspot.com/

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Enhorabuena McBama

06.11.08 | 00:27. Archivado en Con clave

Me siento muy feliz de que los afroamericanos estadounidenses por fin tengan un presidente de color. Pienso que sólo ellos pueden sentir el orgullo del que ayer disfrutaron. Los demás nos lo podemos imaginar, pero sólo ellos pueden gozar íntimamente de esa justificada sensación de orgullo, de esa sensación de satisfacción frente a tantas situaciones amargas de desprecio. Su victoria fue, en cierto modo, un momento de justicia. Se lo merecían, se lo debían y, por fin, lo tienen.

Deseo que lo haga muy bien Obama para que todos los afroamericanos se sigan sintiendo orgullosos. Si bien no puedo dejar de advertir que en su mirada noto una ambición sin límites. Es una mirada dura, oscura, que no me gusta nada. Pero nada de nada.

Eso sí, el contrincante tenía la mirada del palurdo perfecto. Al lado de McCain, Bush parecía un catedrático de la Sorbona. Si hubiera ganado el republicano McCain, no descarto que su vicepresidenta le hubiera agarrado alguna vez por el cuello como a un pollo y él hubiera movido aterrado sus piececitos en el aire. Pero bueno, ahora el espectáculo ha acabado y nos dejarán en paz durante unos meses. El negocio de la política como tantos otros negocios va por temporadas. Todos tenemos la nada equivocada impresión de que los partidos nos han secuestrado la democracia. De que el Poder del Pueblo, en casi todos los países, está bajo las férreas garras de un águila bicéfala bipartidista. Casi nadie se siente representado, pero el sistema no permite en la práctica más que la continuación de esta alternancia.

Pero yo no me quejo, pago mis impuestos, escribo un post de vez en cuando y me callo.

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El padre Fortea de pequeño saliendo de paseo con sus amigos

04.11.08 | 23:35. Archivado en Con clave

Ya he vuelto de Jaén. Una conferencia en el Foro de Opinión y Debate. El título era La Evolución de la Iglesia en el último siglo. Por la mañana he salido del hotel y he paseado por el casco histórico. Ya la tarde en la que llegué me dio tiempo a hacer footing durante una hora por sus calles.

Lo más bonito ha sido la vista de la ciudad y sus fotográficos campos de olivares, desde los riscos del Castillo de Santa Catalina. La ciudad tan blanca, con las moles de la catedral y El Corte Inglés surgiendo en medio de ese laberinto de callejuelas. Los campos le hubieran encantado a Orson Welles. Todo bajo un cielo encapotado y un viento frío que para nada encajaba con la idea que tenemos de Andalucía.

Después autovía y autovía, kilómetros y kilómetros. Menos mal que me he llevado para escucharla a Hildegarda Von Bingen y a William Bird. Para la noche en el hotel me traje El pecado de los dioses, un documentadísimo libro sobre la alta sociedad y el nazismo.

Después de regresar de la iglesia, ya en Alcalá, el paseo de los martes de después de la cena. Qué frío hacía. Guantes, gorra, anorak grueso, vaho saliendo de la boca.


El cura que acabó de peluquero.

02.11.08 | 23:00. Archivado en Con clave

Leía yo hace poco en el Blog de la Cigüeña el siguiente comentario de su autor respecto a don Marino Ayerra:

Un sacerdote que terminó sus días de peluquero, casado y con dos hijas sólo es símbolo de un cura que no comulgó con su sacerdocio.

Me gustaría hacer algunas reflexiones acerca del tema.

Nunca me ha sorprendido el que un sacerdote se secularizara, lo que siempre me admira es que perseveren. El que alguien por amor del Reino de los Cielos sacrifique algo tan profundo, personal e trascendental como el amor a una mujer o incluso el ejercicio de la mera sexualidad sin amor, eso sí que me parece admirable y sobrehumano.

Por eso nunca, ni una sola vez en todos estos años, he hecho ni el más mínimo juicio interno negativo respecto a los compañeros míos que se han secularizado. No hace falta decir que no han sido los peores los que se han secularizado. Tampoco es necesario recordar que a veces los peores no se secularizan.

Pero hay una cosa que siempre me ha parecido un drama, y es que alguien que ha entregado su vida durante veinte años, por ejemplo, se encuentre un día en la calle sin nada más que con lo puesto. Que alguien que ha trabajado en cuerpo y alma durante diez, quince o veinte años, un bien día se encuentre con una maleta, sin carrera (la teología no le servirá para nada), sin un simple piso, sin ahorros, solo. Eso sí que me parece estremecedor. La sensación de tristeza, de abandono, tiene que ser terrible.

Si yo fuera obispo, hablaría con empresarios amigos (todos los obispos tienen estos amigos) para buscar y ofrecerles un puesto de acuerdo a sus talentos. Esto sería lógico, porque también estos son hijos.

No hace falta pedir comprensión para los ministros de Dios que han pasado por este trance. Negar comprensión, apoyo, calidez humana para una situación así sólo se le ocurriría a un desalmado. Aunque sí, he conocido a algunos que por Dios son capaces de machacar a los seres humanos concretos todo lo que haga falta.

Pero al final si la religión no nos hace más humanos, más buenos, ¿para qué está la religión? ¿Para el triunfo del rito? ¿Para el triunfo de los pontificales? ¿Para el triunfo del dogma? Sí, en mi vida ciertamente he conocido a algunos que se han preocupado de mimar la ortodoxia mientras daban bastante mala vida a los de alrededor.

Decía la periodista respecto a este sacerdote que sus memorias rezuman dramatismo, desconcierto, soledad, desesperanza. Haréis muy mal en leerlas. Debéis leer, por el contrario, memorias que rezumen autosatisfacción, convicción en que uno es lo que es gracias a su esfuerzo y que se lo merece. Las autobiografías creadas para loor del propio ego me han hecho comprender qué vastos, qué inacabables son los páramos del propio YO.

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Las tres partes de un sábado entre los sábados

02.11.08 | 00:24. Archivado en Con clave

El día se ha dividido como tantas veces en tres partes.

La primera dedicada a los libros. Es curioso lo mucho que mi vida, mis horas, giran alrededor de este elemento del universo, alrededor de una imaginaria biblioteca universal, cuyas obras repartidas acaban cayendo en mis manos por razones azarosas, porque las busco, porque me las dan, por que sí. Hoy le ha tocado el turno al final de una obra de García Márquez y a un extenso estudio sobre El Bosco. También he hojeado un poco a Moix, el gran Terenci. Como sigo lamentando su muerte.

La segunda parte dedicada al espíritu. Si la primera parte ocupaba hasta la mitad del día, la segunda parte ha ocupado hasta la cena. La misa privada, recordad que no tengo parroquia, estoy a la espera de destino. La misa ha sido larga, sentida, un íntimo contacto con la intimidad. Dicha/celebrada/orada en un convento, en un templo vacío. Después he hecho mi oración personal en otra iglesia con un grupo de gente, ante la custodia. Tras ello he atendido los casos que me han venido a ver. Como siempre he salido de la iglesia lleno, con ganas de vivir, pletórico de alegría.

La tercera parte dedicada al ocio. Con ese grupo de gente con el que he orado, hemos cenado juntos. Hemos ido a encargar kebabs para todos y nos hemos ido a mi piso. Como éramos diez, nos hemos tenido que sentar sobre el cálido parqué de mi casa. Bromas, preguntas teológicas, magdalenas, risas. La cena como conclusión natural de un día. La comida entre amigos como colofón natural de la oración. En esta parte debería incluir dos partidas de ajedrez, un paseo con un lector que ha venido desde Pozuelo, un reportaje sobre el destino de los restos carbonizados de Hitler en manos de los rusos y un rato escuchando la nostálgica banda sonora de la nueva versión de Galáctica.

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Apuntes para una reforma de la Iglesia

31.10.08 | 23:46. Archivado en Con clave

Algunas breves y sencillas consideraciones. Y digo que son sencillas porque realmente no voy a descubrirle a nadie el Mediterráneo.

Debemos volver siempre a Cristo. Debemos volver a preguntarle qué Iglesia es la que quería Él.

Debemos preguntarnos, de vez en cuando, el para qué de la Iglesia.

Los predicadores debemos recordar que no nos hemos hecho mensajeros de ese Dios invisible para estar siempre hablando de lo que es pecado.

Debemos recordar que en nuestra lucha contra el Mal, no debemos estar siempre predicando contra el Mal. Nuestro mensaje es el Bien.

Los sacerdotes debemos preguntarnos de vez en cuando: ¿para qué me hice sacerdote?, ¿para qué entregué mi vida?

Aquí no se trata de mantener nada, se trata de revivir la experiencia arrolladora de unos hombres que cambiaron el mundo sin tener nada, o más bien teniéndolo todo en contra.

Todas las cuestiones intraeclesiales son muy bonitas, para una novela resultan preciosas. Pero lo que importa es la verdadera esencia, el núcleo, de todo eso que es externo.

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Una humilde propuesta de reforma del Colegio Cardenalicio.

30.10.08 | 22:42. Archivado en Con clave

Escribo estas líneas sabiendo que me puedo equivocar. Pero las escribo pensando que todos los miembros de la Iglesia podemos aportar a veces ideas nuevas. Y ofrezco estas ideas con ánimo constructivo, no desde la crítica.

El Colegio de Cardenales que tenemos en la actualidad me parece bueno tanto por las personas que lo integran como por el modo eficiente en que trabaja. No obstante, me gustaría aportar algunas ideas personales de cómo reformaría esta venerable institución.

El Colegio Cardenalicio actualmente está integrado por una selección de los arzobispos del mundo que ocupan las más importantes sedes del mundo católico. Se intenta que en ese Colegio estén representadas todas las iglesias del orbe católico.

Este criterio me parece bueno, razonable y, como he dicho, funciona bien. Pero me parece que el Sacro Colegio ganaría mucho si en vez de ser representativo de las principales sedes episcopales, estuviera integrado por los mejores hombres de la Iglesia. Es decir, que en vez del criterio de la representatividad, el criterio fuera escoger a las personas más cercanas a Dios, a los más santos, a aquellos que mejor manifiestan el mundo del espíritu.

En ese Colegio unos procederían del mundo de la Teología, otros del mundo de la caridad, otros del ámbito de la contemplación, entre ellos también algunos (unos pocos) provendrían del mundo de la gran jerarquía eclesiástica, curial o no. Pero las eminentes funciones eclesiales de este cuerpo estarían ejercidas por grandes hombres, hombres indiscutibles, hombres que mostraran en su faz el rostro de Cristo.

La santidad frente a cualquier otro criterio, eso sería lo definitorio de este nuevo Colegio. De este modo estos hombres que no rigen ninguna sede concreta, serían la conciencia de la Iglesia, lo mejor de la Iglesia, su parte más noble. No la parte más alta simplemente, sino también la más noble.

¿Qué pensaríamos de un Sacro Colegio en el que simultáneamente reuniéramos a hombres de la talla de un San Juan de la Cruz, de un padre Pío de Pietralcina, de un Emiliano Tardiff, de un José María de la Higuera, de un Cardenal O´Connor, de un cardenal Van Thuan, por citar sólo algunos nombres de una lista en la que encontraríamos miles?

Un Colegio así sería respetable y respetado, una voz dentro de la Iglesia, una voz que resonaría como el coro de su conciencia.

No tendría que ser muy numeroso, no debería serlo. Así se podrían conocer entre sí, se podría deliberar con facilidad familiar. Estos hombres sencillos no tendrían por qué tener tareas curiales o de gobierno de sedes concretas, quizá algunos pocos de entre ellos sí. Pero el resto podrían dedicarse a aquello que les llevó a estar donde están, cada uno en su ámbito.

Sería un Colegio sin poder eclesial, pero cargado de autoridad. Un verdadero oráculo para la Iglesia formado por cardenales algunos de los cuales no serían obispos, algunos de ellos diáconos permanentes. Sacerdotes que de trabajar en las favelas de Sao Paulo pasarían directamente al Sacro Colegio. Monjes contemplativos, profesores eruditos, misioneros a los que un buen día se les comunicaría que forman parte del senado de la Iglesia. Roma tendría que encontrar estas perlas. En su mar de mil millones de almas existen, sólo hay que buscarlas. Hay que sacarlas del fondo, para ponerlas en un lugar donde con su luz iluminen al resto de la Iglesia.

Quizá entre doce y veinticuatro cardenales sería un buen número. Hombres buenos, sencillos, sabios, místicos, caritativos. ¿Es que no lo son los obispos que ahora integran ese cuerpo? No, no he dicho eso. Sólo que con este nuevo sistema, el único criterio sería éste. Ninguna otra consideración sería tenida en cuenta.

Un obispo curial, un cardenal, puede tener esperanzas de ascender. En este nuevo sistema, los cardenales se dedicarían a ser cardenales. Esa sería su función y su trabajo. No serían hombres de agendas ocupadísimas. No serían arzobispos que continuamente tuvieran que dividir su tiempo entre muchas funciones.

Insisto, creo que el sistema tal como está ahora funciona bien. Pero creo que el mismo sistema con nuevos criterios, supondría un giro copernicano no sólo para esa institución, sino para toda la Iglesia. Doce o veinticuatro hombres buenos pululando alrededor del Gobierno Central de la Iglesia. Si la Curia es el corazón de la Iglesia, los cardenales serían el alma espiritual de la Curia.

En fin, es sólo una propuesta desde un rinconcito de la Iglesia. Pero que la hago más animado desde que he observado que todos los días entran a este humilde blog varias personas desde Roma. Seguro que no son eclesiásticos. Deben ser gondolieros o pizzeros. Aun así me hago la infantil ilusión de que quizá algún poderoso pero noble cardenal en sus ratos de bien merecido ocio se divierta leyendo mis inútiles palabras.

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Muy bien hecho, señor cardenal.

29.10.08 | 23:55. Archivado en Con clave

Hoy me he encontrado esta foto en mi correo electrónico. Me la ha enviado un viejo admirador francoparlante y me ha hecho mucha gracia.

Dada la foto, iba a explicar hoy cómo reformaría el Colegio Cardenalicio, pero no me puedo aguantar y os voy a contar mi entrevista con Cristina Tárrega en Territorio Comanche de Telemadrid.

Lo primero de todo es que casi tengo que llamar para anular la entrevista, porque comí una cosa en mal estado en el almuerzo (de hecho ya dudé en el momento) y desde las cinco de la tarde me he sentido rematadamente mal.

Y así, sin cenar, con nauseas y con fuerte dolor de cabeza me he montado en el coche que me ha enviado la cadena. Sea dicho de paso, los mejores coches siempre son los de Telemadrid. Me ha hecho mucha ilusión encontrarme en la salita de los canapés (esa salita tan entrañable) con Marujita Díaz.

Lo primero que ha hecho al verme ha sido decir con una firmeza que no admitía ni duda ni contestación que era católica. Después hemos tenido una agradabilísima conversación. De su fe y de su bondad no dudo. Bondad con ciertas ligerezas, pero bondad al fin y al cabo.

Los canapés de Telemadrid son los mejores de todas las cadenas. Yo sin cenar, pero con nauseas. No he hecho gasto.

Después me he encontrado con Peñafiel. Al darnos la mano hemos hecho una bonita estampa: el altar y el trono.

Cuando ha empezado la entrevista no las tenía yo todas conmigo. Albergaba mis temores. Cristina Tárrega tiene pinta de devoradora de entrevistados. Pero no, todo lo contrario. Me he sentido cómodo, he podido sermonear, me ha respetado, he disfrutado.

Hasta me ha dado tiempo para atacar un poco al Gran Wyoming. Sí, querida Cristina, he dicho, porque yo antes de venir a aquí he visto un programa en el que se atacaba a la Iglesia. Y me he despachado a gusto. Y eso que el Gran Wyoming me parece el más inteligente de los presentadores. Me hace gracia de verdad y hasta le admiro. Pero le he atacado sin piedad, porque se lo merecía. Mira que hoy reírse del padre Loring en su programa.

La verdad es que el padre Loring también se ha pasado un poco en el vídeo que han puesto. Pero bueno, no importa. El padre Loring es el bueno del padre Loring, mientras que el Gran Wyoming es un filisteo deleznable.

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Perdón, cardenal Martini

28.10.08 | 23:27. Archivado en Con clave

Reconozco que me ha traicionado el subconsciente. Olvidé al hacer mi crítica del libro martiniano, que no por ser cardenal debía yo haber esperado más de su libro. He caído en el viejo error. Cargos y seres humanos.

¿Hace la birreta más notable, más luminosa, la cabeza sobre la que se apoya? ¿Hace el palio más fuertes los hombros sobre los que cuelga? ¿Son más amplias las espaldas sobre las que caen las ínfulas?

Había olvidado que yo está tarde oré con estas palabras: hijos de Noé, cubrid mi desnudez.

No debo olvidar que debo admitir a cada ser humano con su historia. Hacer una crítica es fácil. Aceptar y acoger es más difícil. La tela roja me obligó a ser más duro. La tela roja me confundió. ¿Por qué tenía que esperar un gran libro? ¿Por qué el cardenal tenía que ser un león? Olvidé al ser humano.

Aun así, que conste, que su Diálogos nocturnos en Jerusalén no es para tirar cohetes. A menos que siguiendo la táctica del autor de ese libro, acabemos afirmando que lo que parece un cohete y se mueve como un cohete, quizá no sea un cohete.

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El último libro del cardenal Martini: una recensión, una crítica.

27.10.08 | 22:54. Archivado en Con clave

Mirada de águila, mirada maliciosa, la mirada del cardenal.

El último libro del cardenal Martini: una recensión, una crítica.

Comencemos por lo bueno. El libro Coloquios nocturnos en Jerusalén tiene la sencillez de la conversación de un párroco que habla a la gente de un modo que le entiendan. Se ve un hombre bueno que habla desde la fe. Por eso a mucha gente le ayudará.

Sobre lo bueno del libro me podría alargar cuatro páginas más. Pero como éste no es el blog de Sor Patrocinio, me permitiréis que sea un poco volteriano. Además, os gusta, sé que os gusta que reparta, digamos, leña.

Comenzaré por dejar claro que cuando abrí hoy mi buzón (me lo enviaron por correo) y me senté a leerlo, deseaba con toda mi alma que me gustara. No había leído nada de este cardenal, pero el cuerpo me pedía decir que me había encantado su obra. Sabía que a los neoconservadores (llamémoslos así) no les gustaba nada este purpurado (aunque se mordieran la lengua) y que a la gente de mente abierta (llamémoslos así) les gustaba siempre mucho. Y a mí hoy me apetecía darme un poco de barniz progresista.

Pero el libro es lo que es, y eso nadie lo puede evitar. Un libro es sólo lo que está escrito, no lo que deseamos leer en él. Y yo esperaba, deseaba encontrar, un gran testamento espiritual de un hombre que pudo reinar. Yo anhelé hallar en sus páginas las insondables profundidades teológicas del que fue elevado a tan altos cargos académicos. Pero no. Nada de eso hallé. Simples respuestas a simples preguntas.

Así se las ponían a Fernando VII, es lo menos que se puede decir de algunas preguntas de su escudero-interrogador.

Las respuestas del cardenal Martini se quedan demasiado cortas para los que buscan una sincera y profunda reforma eclesial, se pasan demasiado para los que buscan mantener una visión conservadora de la Iglesia. Pero, en realidad, Martini no se pasa nunca, todas las respuestas que hubieran podido ser conflictivas se quedan en un quiero pero no puedo. En todas las preguntas donde podía haber dado el do de pecho, pasa rasante en su vuelo progresista para remontar hacia las alturas conservadoras.

Para los que leen poco y malo, este libro hará sus delicias. Pero cualquiera que haya leído por citar un sólo ejemplo El don de la Paz del cardenal Bernardin, arzobispo de Chicago, comprenderán que este segundo libro que pasó totalmente desapercibido es mucho mejor, muchísimo mejor, y éste sí que es un testamento. El libro de un cardenal enfermo de cáncer, desahuciado ya, y que por fin decide hablar con total sinceridad desde el corazón. Nada de eso hallamos en este cardenal de mirada de águila que es Martini. Su aspecto es imponente, su fama colosal, las esperanzas que suscitó alrededor de su persona grandiosas, pero su libro lamentablemente es muy pobre.

Sí, lo confieso, por vanidad, me apetecía darme una capa de barniz progresista. Pero no hundiré mi pincel en el bote martiniano.

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El Bosco: pasión de los Austrias

26.10.08 | 22:41. Archivado en Con clave

Ayer, extrañamente, me desperté a las cinco de la mañana y me desvelé. Quizá demasiado calor con el edredón en medio de este clima cambiante de noches más frías y menos frías.

Lo cierto es que me puse a leer el grueso tomo de simbolismo sobre El Bosco. Poblé mi noche en mi camastro de imágenes más oníricas que las que pueblan mis sueños.

El sueño no vino. Me levanté y pinté un poco. Para cuando los párpados se me cerraron, la noche ya estaba herida.

Pero ahora pienso que el mundo de imágenes de aquel hombre gótico que era El Bosco, suscitó otro mundo no menos enmarañado y gótico de explicaciones a su obra. La mente humana es capaz de crear bosques intelectuales. El Bosco hace más bello nuestro mundo, haciéndolo más variado. Creando oscuridad, paisajes de ríos helados y de grupos de seres inmundos que tratan de hundir y desarbolar a las almas-barco. Poco sabemos de tu vida, Hyeronimus, pero viendo tus cuadros seguro que fue apasionante.


Siempre nos queda París

25.10.08 | 23:31. Archivado en Con clave

La fe de la gente sencilla: ése es el gran tesoro de la Iglesia, su fortaleza, sus pilares y la razón por la que trabajamos sus operarios.

Hoy me he despedido de la parroquia y hemos recibido al nuevo párroco.

Cuando en la ceremonia, en las calles, en el gran salón donde hemos tenido un ágape veía a los varios cientos allí congregados, lo que se veía era el espectáculo de la fe de la gente sencilla. Espectáculo siempre agradable, siempre reconciliador con la vida.

Desde los monaguillos pequeñitos, uno de ellos ortodoxo y vivaz, la otra pelirroja y dulce, hasta mis queridas gemelas de pelo canoso, la encantadora fe de un pueblo era una razón para haber trabajado todos los días de casa uno de esos breves tres años.

Del nuevo párroco sólo puedo decir una cosa: han venido dos autobuses enteros a acompañarle. Eso lo dice todo. El templo estaba a reventar, el sobrecoro al límite de su peso, la gente de pie, los pasillos repletos. Sí, la parroquia queda en buenas manos. El rebaño tendrá un buen pastor.

Después he recogido mis cosas de la sacristía. La nocturnidad de la hora teñía de una cierta tristeza la escena. He pasado grandes momentos entre los muros de esa iglesia del siglo XVII: alegrías, muchas alegrías.

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Los periodistas de religión y los periodistas en general.

25.10.08 | 00:02. Archivado en Con clave

Hoy he pasado toda la mañana en la presentación de mi nuevo libro en la sede del Grupo Planeta. Durante esas horas así como en los días anteriores, han desfilado ante mí muchos periodistas de los dos tipos que hay.

Hay un tipo de periodista joven, becario, sin muchas ganas, sin entusiasmo, que llega sin los deberes hechos. Cosa lógica, porque ni le pagan apenas, ni le incentivan, yo haría lo mismo. El pobre jovenzuelo va a tener que hablar en su periódico de un libro que no ha leído, sobre un tema que no le interesa. No sabe nada sobre esa obra publicada, nada sobre el autor, es tan joven el interrogador que ni siquiera sabe qué es la vida, ni sabe quién es él mismo. A veces no sabe ni donde está. Mientras va desgranando preguntas desganadas, su mente está en la noche, porque es viernes y esa noche toca salir. Físicamente está allí haciendo preguntas, pero su corazón ya está en alguna discoteca al ritmo del bakalao. Cuando acaba su cuestionario desanimado, me dan ganas de preguntar: ¿algún lugar común más?

Hay otro tipo de periodista que es el que ha hecho de su profesión una pasión, que lleva toda una vida en eso, que trabaja sus noticias. Hay entrevistas que son obras de arte. Entrevistas en las que el periodista penetra en el alma del entrevistado. El periodista va mucho más allá de las respuestas porque capta la esencia del sujeto que tiene delante. No puedo dejar de citar a J.M. Vidal y a J.Martínez de Velasco. En esos casos cuando me han entrevistado no he tenido que medir milimétricamente mis palabras para no pasarme ni por un lado, ni por otro. Sólo he tenido que abrir las puertas de mi mente, dejar que cogieran lo que quisieran y que después ellos de esa amalgama, hicieran la síntesis que consideraran mejor.

Los periodistas magnos, los dos que he citado por ejemplo, no son meros escribas, no son meros transcriptores de lo que diga la grabadora (llamada en otros tiempos magnetófono). Sino que van más allá de las respuestas, trascienden la materialidad de las respuestas, penetrando en el alma de la persona, haciendo de su profesión un arte de análisis.

Siempre han existido estos dos tipos de periodistas. Los periodistas del primer tipo, los jóvenes mal pagados, siempre han sido dóciles, manejables como un coche pequeño. Los periodistas del segundo tipo, las vacas sagradas, siempre han sido incontrolables, incómodos para todos. Desgraciadamente los periódicos prefieren utilitarios manejables, de bajo consumo. Y así nos llegan. Vienen a interrogarnos, otro día más, esos jóvenes con pinta de haber dormido poco, pálidos, esqueléticos, con mala cara. Y nosotros los recibimos con caridad, porque les tenemos cariño.

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El cuadro se titula La Dieta.

23.10.08 | 23:30. Archivado en Con clave

La devolución del importe de un trayecto en avión que finalmente no hice, el pago de unos impuestos municipales sobre mi piso al ayuntamiento, el ingreso de un cheque estadounidense de poca cuantía por unos derechos de autor: la mañana se me ha ido en gestiones de este tipo.

La tarde, como siempre, dedicada a cosas espirituales. La oración profunda, inclinado ante la custodia, el tiempo ha pasado sin sentirlo. Después ha venido el complemento: la atención a aquellas personas que me han venido a ver, solicitando ayuda.

La noche se me ha ido en tratar de convencer a un autor canadiense de mi postura en la conclusión del libro que estamos co-escribiendo. Él sostiene una posición distinta de la mía. Ya hemos tenido inacabables conversaciones sobre el tema, horas de conversación telefónica. Al menos, mientras cenaba he visto un reportaje sobre Plutón. Tres cuartos de hora escuchando cosas sobre ese planeta venido a menos. ¿Sabíais que tiene el diámetro de la mitad de la anchura de Estados Unidos? ¿Sabíais que hay lunas más pequeñas que el Vaticano? Además en el Vaticano hay vida. ¿Sabíais que un cuerpo que en una diócesis normal puede pensar cinco kilos, en el Vaticano puede llegar a pesar veinte? Otro día quizá os hable de sus órbitas excéntricas y de sus satélites y de sus movimientos internos y de su atmósfera.

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40 años y unos días

22.10.08 | 22:40. Archivado en Con clave

Ningún placer es comparable a la rutina. Bendita rutina que haces de los días una geografía conocida. Mi vida está salpicada de viajes, de eventos, de encuentros con personajes verdaderamente atípicos, pero todo lo resisto porque sé que después me espera la regularidad de una rutina paradisíaca, cuadriculada.

Después de los cuarenta, esperamos más de mañana que del futuro. Sobre todo yo comienzo a tener debilidad por los finales del día. Ningún momento es comparable a ése en el que sabes que ya has hecho todo lo que tenías que hacer, que ya no queda nada en lo que te tengas que ocupar más que en acabar el día.

Ése momento en el que te das cuenta de que te queda una hora y media antes de sumergirte en las oscuras aguas del sueño.

Ah, al final ayer se me olvidó poner el link prometido. Un link que bastará para alegraros el día entero. La música es un preludio de El Clave Bien Temperado.

http://www.youtube.com/watch?v=QKItJK2Y2tM&eurl=http://lamoscagao.wordpress.com/2008/05/24/inventemos-el-futuro/

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La teología que subyace bajo Bach

21.10.08 | 22:05. Archivado en Con clave

La música de Bach no habla de la alegría de vivir, la da por supuesto desde la primera nota hasta la última. La música de Joham Sebastian habla de un mundo que es armonía, de un mundo en el que el hombre está salvado y eso es lo esencial.

Un hombre triste jamás hubiera podido componer esa música. Su música es expresión de la alegría de su corazón y de toda una cosmovisión del mundo.

Sus pentagramas, sus contrapuntos, sus cantatas, son la expresión de la armonía que percibía en la existencia de su mundo, de su ciudad y de su familia de nueve hijos. Nueve sobrevivieron de los veinte que engendró. Su fertilidad en modo alguno era sólo musical.

La música de Bach no es optimista porque tenga que serlo, sus adagios respiran una tristeza y una amargura casi abismal. Pero el autor se sobrepone siempre. No es que tenga que hacerlo por requerimiento de la partitura, no lo hace porque lo pida ningún guión. Se sobrepone sinceramente y su música en conjunto es la prueba de su visión de las cosas.

Acabo este post ofreciéndoos un poco de su música en el link de abajo. Pero encima os la doy con un texto y unas imágenes que bastarán para alegraros el día entero. La música es un preludio del Clave Bien Temperado.

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Un día de mi vida. Algunas cosas.

20.10.08 | 23:14. Archivado en Con clave

Pongo orden en mi mesa de escritorio. La mesa parece generar el desorden sobre ella. Es como si ella generara una atracción a las cosas para que fueran apoyadas en ella, para abandonarlas, para dejarlas en busca de un después, para apilarlas según un cierto orden de cosas pequeñas, de objetos grandes, de libros que deben ser amontonados formando pequeñas pirámides escalonadas. Escalonadas según su interés, según su urgencia, según la desidia del momento.

También hubo que recoger pequeños microcosmos de desorden que se habían generado sobre la mesilla donde tengo los mandos a distancia, sobre el puf de la izquierda y sobre un sillón que no uso nunca para su función natural.

Mientras escuché un rato a Eric Satie, me sobraron ganas para hacer otro tanto en la cocina y en mi dormitorio.

A propósito, hoy he soñado que iba con más personas por un sitio amplio, extraño, amplio como una fábrica, y que en un momento dado me tumbaba en el suelo y decidía echar una cabezada. El suelo era como una cama, me arrebujé en las mantas y dejé que la expedición por aquel lugar siguiera su curso. Era muy curioso el sueño. Porque soñé, por tanto, que me desentendía del sueño y que me echaba a dormir un rato. Allí acabó el sueño, la expedición onírica y dio comienzo un dormir dentro del sueño en el que todo se interrumpió con la dulzura con la que uno pierde la consciencia al meterse en la cama. Le doy muchas gracias a Dios por mis sueños. Porque son como una segunda vida en la que siempre estoy haciendo excursiones, visitando lugares. Además, si mi vida real es deliciosamente predecible, la nocturna siempre me ofrece variadas sorpresas.

Los sueños son un don de Dios. Un don dado a los hombres y muy poco valorado. Los sueños son un don de Dios. Un don dado a los hombres y muy poco valorado. Además, los hombres buenos como yo tenemos sueños muy agradables y bucólicos. No como esos de Izquierda Unida que pasan unas noches de órdago.

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Algún pensamiento por ahí y por aquí

19.10.08 | 23:43. Archivado en Con clave

Llamazares.

Gaspar Llamazares (sí, Izquierda Unida todavía existe) ha lamentado que la Iglesia rechace la selección embrionaria y ponga un espermatozoide por encima de la vida de un niño.

Señor Llamazares, de verdad que yo sí que creo que usted piensa con uno de ellos.

Llamazares ha añadido: pensaba que quedaba algo de humanidad y de caridad en la jerarquía eclesiástica.

Señor Llamazares lo que le fastidia es que quede algún cura vivo después de la limpieza que hicieron esos a los que usted tanto admira. 4000 curas, religiosos y monjas mataron sus camaradas. Usted es la boca del fanatismo, es como un imán chihita de la vieja escuela, como un fascista de la solidaridad. Usted no representa ni de broma a los pobres. A los pobres los ayuda la Iglesia. Usted sólo da discursos.

Gallardón.

Casualidades de la vida, me encontré con Gallardón casi de frente en un largo pasillo del aeropuerto de México DF. Le saludé con una sonrisa sincera y amable. Él me devolvió una sonrisa fría, altanera. Es verdad, ya lo he comprobado dos veces al natural, que si no hay una cámara delante este hombre puede ser gélido como una serpiente.

Garzón.

Yo le pregunto:

¿No hay otro modo de hacerse propaganda para lograr el Nobel que levantando a los muertos?

¿No hay otro modo de aliviar el impresionante e inaceptable atasco de la Justicia que dedicarse a levantar fosas de la época en que todavía Lenin acariciaba su gato?

¿Después ordenará exhumar a los faraones de sus pirámides?

¿Ordenará investigar de qué murieron los Reyes Godos?

¿No era usted el que hizo campaña por el Felipismo (a cambio de un cargo) en la época en que ese partido puso en peligro la misma pervivencia de la democracia en este país?

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Elizabeth, la edad dorada

18.10.08 | 23:23. Archivado en Con clave

Entre una cena, un rato de bicicleta estática, un desayuno y un almuerzo me he visto Elizabeth, la edad dorada. Yo pensaba que este tipo de películas ya no se hacían. Es decir, pensaba que este tipo de guiones en los que los españoles son peores que Hitler y los ingleses son la Madre Teresa de Calcuta, ya no se filmaban desde la época de El Guateque. Más que nada por decoro.

Pero me equivoqué. Aunque he de reconocer que las partes más graciosas de la película eran las protagonizadas por Felipe II. Lo menos malo que se puede decir de él viendo la película es que era un maniaco sediento de sangre. Insisto, ésa era la parte más positiva del monarca en la película. Su hija pequeña me recordaba a Chucky, el muñeco diabólico.

Pero si os digo la verdad, lo que realmente me ha impresionado, no eran las matanzas (bastante malas por cierto) de las escenas de batalla de la Armada Invencible. No, lo que me ha dejado con el tenedor con un pedazo de filete de pescado a la plancha en el aire, han sido las arrugas y deterioro de Cate Blanchett. (El filete de pescado (rosada concretamente) iba acompañado de trocitos pequeños de calamar bien cocinado con calabacín, tomate deshidratado, romero, laurel y un poco de pasta sofrita en estos elementos.)

Como decía, había visto a Cate Blanchett en Elizabeth I (la primera parte, igual de mala que la segunda) y me pareció la más bella de las mujeres. Su rostro no tenía igual. Pero al ver esta segunda parte, me di cuenta de pronto de que habían pasado diez años casi. Y el tiempo había sido muy duro con esa cara grandiosa. Es como si hubiera visto hace diez años una obra de arte y ahora me diera cuenta de que esa obra se está desmoronando sin remedio, sin restauración posible, sin esperanza. Cuando vi la primera parte yo era un jovencito. Ahora veo en su rostro el tiempo que ha transcurrido en mí.

Observar y meditar este pequeño aspecto no pretendido por el director, ha sido para mí el verdadero tema de la película, una película sobre lo inexorable del paso del tiempo. Entre la niña que ríe dando sus primeros pasitos y la anciana que está en el féretro, están esas arrugas que hoy he descubierto en su rostro. Esas marcas en la piel marcan la mitad del reloj.

No creo que haya en el mundo un blog que os advierta más del paso del tiempo que éste. Ay, mañana os hablaré de Garzón y Llamazares como os dije.

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Hoy el Dow Jones cae un 1.41%. A este paso no nos van a quedar ni las vacas flacas.

17.10.08 | 22:24. Archivado en Con clave

Tercera y última entrega de post económicos o la historia de ¿quién me mandaría meterme en estos asuntos?

En mi modesta opinión, si vale de algo, la crisis tocará fondo en un año. Después, lentamente los indicadores irán mejorando. Seguiremos con varios años de crisis, pero con los marcadores en alza poco a poco. Si bien lo peor está todavía por llegar en los próximos meses.

¿Por qué creo que en un año tocaremos fondo? Por varias razones, pero especialmente por China. Ese inmenso motor generará tal demanda de productos que pondrá en marcha a los demás países industrializados. Y la demanda se generará porque el gigantesco río de divisas que incluso ahora le sigue llegando a China, tendrá que ser recolocado en forma de compras antes o después.

Lo que no me parece una buena medida es inyectar dinero al sistema financiero. Pienso que préstamos puntuales pueden ser beneficiosos para que el aterrizaje del pánico sea más suave. Pero evidentemente ya nada puede evitar ese aterrizaje.

Soy más favorable a que ese dinero se emplee, como hizo Roosevelt, en grandes obras públicas. Ése es el modo más inteligente de gastar el presupuesto en tiempo de crisis: genera empleo, mantiene vivas las empresas, crea riqueza real. Pero en la situación en la que estamos inyectemos el capital que inyectemos en el sistema, lo va a devorar todo.

La moral influye en todo. Los Grandes bien pudieron haber hecho algo cuando se veía que el ciclo se acababa. Pero no hicieron nada. En una visión cristiana de la economía los Jefes de Estado deberían haber comenzado a ponerse manos a la obra hace dos años. José no le dijo al Faraón: en cuanto comience el hambre me dedicaré en cuerpo y alma a elaborar un buen plan, o al menos un plan que sea popular.

PD. Mañana hablaré de Garzón y Gaspar Llamazares que en el fondo es de lo que os gusta que hable.


Siete vacas flacas subieron del Nilo y el IBEX ha caido un 4%

16.10.08 | 23:24. Archivado en Con clave

Lo que voy a decir puede sonar extraño, pero lo digo totalmente en serio: Dios no ha creado las leyes económicas.

Esas leyes económicas siguen las leyes de la Lógica. La Lógica no la ha creado nadie, simplemente existe. En el mundo existe la lógica. De ahí que las leyes económicas son increadas, como el álgebra o la trigonometría. Dios no creó el triángulo equilátero, ni el octógono regular.

Los hombres pueden conocer esas leyes económicas y crear reglas que se ajusten a las leyes. Los seres humanos creamos los marcos que sean más adecuados para que esas leyes económicas sigan actuando sin dañar a los seres humanos.

Las grandes masas monetarias se comportan a veces como los fluidos, a veces como las mareas, a veces como una mera fórmula matemática de carácter exponencial cargada de irregularidades.

De ahí que cuando las cosas van mal y hay crisis, no podemos encogernos de hombros y decir que la economía es así. Pues los hombres podemos encauzar la economía como encauzamos los ríos. Pero la gente suele olvidar que tanto el agua como el dinero siguen unas leyes que no las hemos puesto los hombres, y eso es así lo queramos aceptar o no.


La crisis económica o las vacas flacas del sueño de José

16.10.08 | 00:34. Archivado en Con clave

Este blog no suele prestar mucha atención al mundo exterior. De hecho muchos me echan en cara todavía que cuando el 1 de septiembre del 39 Alemania invadió Polonia, y me dediqué a escribir un precioso post sobre las burbujas de aire que subían en la cazuela de agua hirviendo.

Dejando de lado aquel post titulado Ese aire que sube y sube, y mirando un poco alrededor me doy cuenta de que una y otra vez se comenta en los medios de comunicación cuál es la causa de la crisis.

Todos los españoles que como yo tenemos cuarenta años, pudimos ver en nuestra adolescencia durante unos cuantos meses, una estupenda serie de reportajes sobre economía a hora de máxima audiencia. Eran unos documentales de una excepcional calidad. Sea dicho de paso, durante años me consideré a mí mismo un liberal gracias a Libertad de elegir de Milton Friedman. El primero de toda aquella serie de reportajes fue El dinero de John Kenneth Galbraith. Y allí se explicaba de un modo extenso y en profundidad la teoría austriaca del ciclo económico.

Aunque esa teoría ha sido completada y mejorada, siempre di como evidente la existencia de esos ciclos. Si la economía siguiera creciendo ininterrumpidamente durante treinta años la ganancia media anual por ejemplo en bolsa sería como mínimo del 30% o el 40%. Y si prosiguiera ese ciclo hasta cuarenta o cincuenta años, las ganancias medias bursátiles rozarían el 100%.

Eso está muy bien, pero el problema es que cuando el sistema tiene una fractura, el efecto dominó no hay quien lo pare. Y es peor cuanto más se haya alejado el valor real de una inversión, respecto a su valor especulativo.

El mercado tendría que devolver los precios especulativos a sus valores reales. Eso es evidente, eso ya lo descubrió hasta Marx, que sea dicho de paso era muy buen economista. Dicho de otro modo, cuanto más tarde en llegar un reajuste, es decir, una crisis, este reajuste será más duro. Si no fuera así, el dinero en circulación se multiplicaría sin límite alguno en relación a la masa monetaria, y especulando en inversiones cada vez menos realistas.

Después, como en toda crisis, le echaremos la culpa a la causa que desencadenó el dominó del pánico, en este caso las hipotecas subprime. Pero eso es lo de menos. Al final siempre hay una causa. Pero el comienzo de este ciclo era inevitable. Yo se lo dije a un amigo mío hace dos años: estoy seguro de que ya estamos al borde del ciclo de auge. Y de hecho ya les dije a parientes y amistades que vendieran sus acciones antes de que todo el mundo se pusiera a vender. No hay que empezar a vender cuando se anuncie que hay crisis, hay que hacerlo cuando las cosas están bien y se ve claramente que comienzan los signos de que el ciclo va a cambiar.

La conclusión de este post es clara: qué felices aquellos años en que crecimos escuchando a premios Nobel de economía después de la cena en vez de ver Gran Hermano.

En este caso, la culpa no es de nadie. La culpa es del dinero. El dinero es así.

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Regreso a España

14.10.08 | 22:47. Archivado en Con clave

Mi avión atravesaba las oscuras aguas nocturnas del Atlántico, mientras yo me lo pasaba muy bien viendo mientras cenaba La gata sobre el tejado de zinc.

Me lo había pasado muy bien aquella mañana atravesando en un estupendo 4x4 las laderas empinadas y embarradas de un volcán cerca de Cartago. Grande fue la emoción de preguntarle asustado al conductor si aquel vehículo podía bajar aquella cuesta en concreto, grande fue el miedo de agarrarme fuertemente al asidero de mi costado pensando que el 4x4 iba a resbalar hasta el fondo del río, pero más grande fue la impresión estética de esta obra de Tenesee Williams.

Había visto esta película alrededor de los diez años en aquel mítico Sábado Cine, no entendí nada. Un niño no puede captar la inmensidad de la historia, de las emociones, la grandiosidad de los caracteres que se relacionan en esa historia. No podemos decir que esa película haya trama alguna, sólo historia.

La obra sugiere tanto, mucho más de lo que se dice en la película. La idea de que el primogénito en realidad no fuera hijo del magnate, flota pesada sobre el ambiente como un yunque. Es una certeza que no llega nunca a explotar, pero que golpea una y otra vez los diálogos. Como ésta, tantos y tantos flecos de la historia que no llegan nunca a ser estirados del todo.

La película para mí fue grandiosa como la selva que veíamos desde la fábrica de envasado de plantas medicinales que visité esa mañana. Durante ese viaje nocturno, ni toqué mi Archipiélago Gulag. Después vino la grandiosidad de la T4, el taxi que me llevó a los estudios de 4º Milenio, la nevera vacía y el retorno al territorio de mis rutinas.

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Primer día tras el meridiano

13.10.08 | 05:06. Archivado en Con clave

La cena se tornó tan borrascosa como esta lluvia que ni para ni cesa. Aquí no deja de llover ni a tiros. Empezó a eso de las cinco a llover y a las 11 de la noche sigue y sigue. El problema es que todos los días es así. Esto es como Galicia pero sin compasión.

Pero volvamos a la cena. Tras los postres se puso sobre la mesa si en el Cielo había grados. Y ese tema toca mis más profundas fibras. Esta cuestión teológica para mi vida resulta esencial. De su resultado dependen los más pequeños detalles de mi día a día.

En fin, ellos que digan lo que quieran. Yo estoy convencido de que cada cosita que haga recibirá su premio concreto. Ay, esta dichosa lluvia tan fuerte. Os aseguro que llevan callendo chuzos de punta desde hace horas y horas. Al menos, desde mi cama será agradable. Qué malos son esos comensales, sobre todo uno, mira que querer quitarme el grado de gloria.

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40 años y tal

12.10.08 | 05:12. Archivado en Con clave

5.35 de la mañana, me despierta un coro de nueve personas cantándome Las Mañanitas del Rey David.

Más tarde un viaje de cuarenta minutos por unas carreteras que son una eterna curva, en medio de montañas y colinas verdes, sembradas de palmeras, vacas y un volcán en la lejanía que la sempiterna niebla, densísima, no deja ver.

LLegamos tarde, pero no importa, ellos querrían que les predicase cuatro horas seguidas. Al final sólo predico una hora por la mañana, una hora de preguntas y respuestas por la tarde, y la homilía de la misa. Homilía recortada por una lluvia gigantesca, atronadora, que se prolonga durante quince minutos.

Después viene el pastel de cumpleaños, no me lo esperaba. Sorpresa mía ante las dosmil personas que me aplauden sinceramente y me cantan el Cumpleaños Feliz.

Bendigo a la primera fila de enfermos: sillas de ruedas, cojos, personas con deficiencias. Aquí es donde más incómodo me siento, no quiero crear en ellos falsas esperanzas. Me da pena que crean que puedo darles lo que no está en mi mano.

Después oró por el resto de la gente. Aquí me siento más feliz, porque oro porque reciban algo más amplio, algo más indefinible, algo que ni siquiera sé yo qué es: la gracia. El misterio que reciben los sencillos, los humildes. Otros teorizarán sobre lo que es la gracia. Los pobres de espíritu la experimentan, la tienen, la sienten. No necesitan un tratado, la gozan con la simplicidad de los pastores hebreos de la época de Joel o Jeremías.

Noche. Vuelta a San José. Gran discusión teológica entre todos los pasajeros del 4x4 acerca del Misterio del Mal. La sencillez de Natanael vive en el señor del asiento de atrás. Al volante el banquero que como Mateo ha decidio seguir a Jesús. Detrás una mujer salvada del cáncer por el padre Emiliano Tardiff. Gran discusión, largo viaje en las entrañas de una noche oscura, lluviosa y por fin sin niebla.

Cenamos una pizza y una chocolatina con un chico joven, optometrista, gran colofón para el día. Este chico es un contemplativo, un santo y, encima, con poca hambre, menos mal, porque yo sí que tenía un apetito que me hubiera comido hasta la caja de cartón de Pizza Hut.

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Costa Rica y el pollo cervecero

11.10.08 | 03:32. Archivado en Con clave

No tengo ni idea de lo que es el pollo cervecero, pero es lo que leo continuamente en los carteles de los restaurantes al lado de la carretera, y la verdad sea lo que sea me hace gracia.

Tengo un sueño terrible, el cambio horario por un lado y el no mucho descanso hace que se me caen los párpados mientras voy en coche por la noche, aunque sé que tras la cena me esperan un par de horas de viaje hasta San Ramón, católico nombre de una ciudad.

Hoy ha llovido casi todo el día, pero justo en una rueda de prensa ha caído una tormenta que parecía un bombardeo de los alemanes sobre Londres. En un momento dado he pensado que si nos alcanzaba un rayo sí que íbamos a ser noticia.

Hoy es el quinto día fuera de mi hogar. Me han tratado maravillosamente, pero hoy es el primer día en que por fin me he sentido cansado. Ya siento morriña de mi casa. Mañana es mi cumpleaños, lo celebraré en San Ramón (que es el patrono de Barbastro). 40 años. Mañana traspaso el meridiano. Adiós, primera parte de mi vida.

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Adios, Mexico lindo

09.10.08 | 15:41. Archivado en Con clave

Hoy por la noche llegare a Costa Rica, Dios mediante. Y esta mencion de Dios no la hago inconscientemente, porque el trafico de esta urbe es denso. Aunque se trata de un trafico denso, amable, no crispado. Los coches, como los globulos de un torrente sanguineo evitan la linea recta.

Los guardias de trafico van vestidos como generales, pero son apodados los pitufos.

Antes de ayer vi por tercera vez el Museo Antropologico. La impresion al entrar a la gran sala central, la del famoso calendario azteca, es increible. Siempre me impresiona mas que entar en la Capilla Sixtina. Esa sala para mi es uno de los lugares que visitaria año tras año. Aunque el entero museo es increible. La acumulacion de reconstrucciones de tumbas, mascaras, guerreros de arcilla, codices colombinos, viboras, maquetas formidables. Es la tercera vez que veo el museo y espero seguir disfrutandolo mas veces a lo largo de mi vida.

Adios Mexico, de verdad que te quiero.

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En la tierra del águila que devora a la víbora

08.10.08 | 15:26. Archivado en Con clave

Ayer por la mañana di mi conferencia en la Parroquia de Chestokova, por la tarde di otra conferencia en una inmensa sala de cine de Kinépolis. Habían previsto que fuera otro el lugar, pero al no poder ser, buscaron este auditorio para alojar a tanta gente.

En la tarde, a causa del cambio horario, tenía tanto sueño que mi único esfuerzo durante toda la hora y cuarto, fue no dormirme. Dicen que hablé bien, pero yo no me acuerdo de nada, sólo del esfuerzo en que no se me cerraran los ojos, del esfuerzo para no dormirme en mitad de la conferencia. Os aseguro que hubiera sido una situación muy embarazosa. Despertarme y encontrarme con más de trescientas personas mirándome fijamente.

Al mediodía, comimos en el restaurante El Cardenal (no es broma) con el padre Daniel Gagnon, un santo varón. Nos contó como tuvo una visión en un momento de su vida sacerdotal en que se vio como un río seco, y cómo a partir de entonces su vida cambió. Yo le escuchaba con devoción, con veneración. Diciendo en mi interior: cuando crezca quiero ser como él.

Por lo demás, el día se me va repartiendo bendiciones. Me encanta bendecir a la gente. Pongo la mano sobre la cabeza y oro en silencio al Señor. En seguida una masa de cien o doscientas personas se arremolinan alrededor mío. Os aseguro que bendecir a esta gente llena de fe, de humildad y de sencillez es una de las cosas que más me gustan.

El carácter mexicano es quizá el mejor carácter del mundo. Es cierto que hay delincuencia e inseguridad. Pero eso es fruto de unos pocos, de una minoría. El resto de la población es religiosa, amable, llena de bondad, con un corazón ardientemente religioso. Como siempre, unos pocos afean la imagen de toda una nación. Pero el trato humano aquí es sustancialmente más agradable que en cualquier otro lado del mundo que es más seco, más frío, menos cordial.

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En la gran tierra Mexicana

07.10.08 | 00:03. Archivado en Con clave

Escribo sentado en una sala de estar de una casa de religiosos en esta impresionante ciudad de 20 millones habitantes: Mexico DF. Fuera llueve y llueve. No hace calor.

He hablado hace unos momentos ante algo mas de un centenar de chicos de catorce agnos (disculpad que en este ordenador no encuentre ni la egne, ni las tildes, ni otros signos ortograficos).

Dentro de poco rato dare una conferencia en un colegio ante algunos centenares de padres. Dar conferencias, la capacidad de influir sobre tantas almas a la vez.

Por la magnana encuentro con los trabajadores en pleno de la editorial que publica mis libros en Mexico. Firma de libros, comentarios sobre las obras. Aqui hay trabajadores que conocen mi obra mejor que yo. Profesionales del mundo editorial que recuerdan detalles, recovecos, que yo hace mucho que olvide.

De nuevo el transito en coche por una urbe que es un mar de casas. El Angel de la Independencia, el Zocalo, la Catedral barroquisima, las misas donde la gente acude con una devocion sencilla, los picantes en el guacamole, los hongos negros del maiz que siempre pruebo. 

Se que puedo parecer adulador, pero lo que mas me gusta de Mexico siempre es su gente. Su bondad, su sencillez, su amabilidad, su falta de agresividad. Bueno, dejo este post para hacer mi oracion de la tarde antes de la conferencia de las ocho.

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Al lado de la fuente (de la vida)

04.10.08 | 23:30. Archivado en Con clave

Hoy he oficiado una de esas bodas que te dejan un maravilloso sabor de boca. Dos colombianos jovencitos que se amaban arrebatadoramente. Los dos con el más dulce de los caracteres. Eran muy jóvenes, sí. Pocas veces he estado en una boda en la que tuviera yo tan gran seguridad de que ese matrimonio iba a ser un éxito rotundo del amor.

Después una cena con varios de los más íntimos de mi parroquia: bromas, buen humor, una comida fantástica, una delicia de tiempo compartido.

La vida parroquial está llena de pequeños momentos deliciosos, de grandes momentos litúrgicos, de grandes celebraciones y de pequeñas cenas, de momentos de una seriedad tal en que parece que se palpa el Misterio, y de risas de la sacristana y de su nieto de ricitos dorados, bajo la complaciente mirada de su madre irlandesa. La parroquia es un microcosmos, un hogar, una casa, una cena, una Cena, niños que corren, la niña vestidita de blanco con guirnalda que me ha tirado su puñito bien lleno de confeti, todavía tengo algo de confeti entre mis canas.

Mañana México. Estaré en ese soleado y amplio país dando conferencias durante tres días. Dar conferencias me encanta, disfruto, siempre improviso, nunca las preparo. Vivo cada momento de la conferencia como un momento de inspiración o de falta de inspiración. Pero salga mejor o peor, jamás pienso presentarme ante el público a leer. Eso no sería una conferencia, sería un acto de dictado con momentos de interpretación. Sí, una de las cosas que más me gusta de la vida es dar conferencias. Lamento que la mayor parte de la Humanidad no haya dado nunca ninguna conferencia, es un gran placer.

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Limitaciones gnoseológicas

04.10.08 | 00:32. Archivado en Con clave

El que tiene una bella cabellera rubia que le llega hasta la espalda, se enorgullece de sus rizos. El que es listo, se vanagloria de su inteligencia, pensando que tenerla es su mérito. Hasta el que ha llegado a centenario suele achacarlo a alguna virtud o costumbre. Recuerdo, y no es broma, a un centenario que dijo que había vivido tantos años por una razón, que desayunaba mucho. He vivido tantos años, porque siempre he desayunado mucho, dijo.

Todos creemos entender el por qué de las cosas, como ese centenario. Todos, como el protagonista de El Nombre de la Rosa, creemos tener la razón del por qué de las cosas. Fray Guillermo de Basquerville en el último capítulo descubre inteligentemente que no sabe nada. Yo en esto he llegado a una cierta humildad. Acepto el poco conocimiento que tenemos y que podemos tener del otro. Creo que fue hace años cuando me enfadé por última vez por defender tercamente algo en una conversación de amigos.

Pero soy benigno con los tercos. Hace tiempo que aprendí el arte de la comprensión con aquellos que todavía se creen poseedores de una alta consideración de sí mismos.

En otro orden de cosas, hemos despedido quince personas a Amelia que se a Lerma para ser una buena clarisa. Jamás entenderé por qué ha elegido un Mc Donalds para esta despedida. Esas dos hamburguesas que me he comido eran malas como unas Krusty Burgers.

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Rien ne va plus

02.10.08 | 22:49. Archivado en Con clave

Los que nos dedicamos a las cosas de Dios muchas veces nos hacemos la reflexión de dónde acaba el Azar y dónde comienza Dios. O dicho de otro modo, dónde acaba el Azar y dónde comienza el No-Azar. ¿Qué Voluntad maliciosa o bienhechora hay detrás de la secuencia de números, de par e impar, de rojos y negros en los que cae la bola?

¿Por qué él es Becham y tú Rodríguez? ¿Por qué él es Pitt y tú el repartidor de pizzas? ¿Por qué él tiene los ojos azules bajo esos rizos rubios, y tú tienes diabetes? ¿Por qué yo soy el inquisidor y tú el interrogado? ¿Por qué yo mando y tú eres el subordinado?

En medio de este mundo, de esta inmensa ruleta cósmica, de esta tómbola planetaria, un comentarista, JB, hizo una interpretación a mi sueño en el que bajaba de un ascensor que ha dado en la diana. Lo que pasa es que no conté todas las cosas en el post, y no sabe hasta qué punto ha dado en la diana con su interpretación que no me tomé en serio en su día.

¿Casualidad, azar, un don? No es sencillo interpretar el mundo. No es sencillo interpretar hasta qué punto hay una voluntad o no detrás de la tómbola. Y, sin embargo, esa Omnisciencia que interviene, existe en el mundo. Dos veces (una en 1995 y en 2001) me han profetizado algo muy concreto y se ha cumplido. Lo impensable se hizo realidad con todo detalle para mi asombro, para reforzar mi fe en que somos algo más que huesos y carne. Sí, existe esa Voluntad.

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El tiempo entre dos tiempos

01.10.08 | 23:23. Archivado en Con clave

El tiempo que transcurre entre que comunicas que vas a dejar una parroquia y toma posesión el nuevo párroco, es el más plácido de los tiempos.

Es un tiempo en el que ya no tienes que demostrar nada, ya llevas varios años. Ya no tienes que hacerte amable con nadie, ya no tienes que ganarte a nadie. Dejas de pensar en nuevas reformas o en la posibilidad de nuevas adquisiciones. De pronto es como si cayeras en un tiempo entre dos periodos. Es como si fueras consciente de que vives un par de meses de no-destino entre dos destinos.

Cuando te nombran para una nueva parroquia, vives el cambio con gran ilusión. Después siempre sobreviene con los años una cierta rutina, es algo humano. Saber que te quedan dos meses antes de abandonar tu parroquia, es como una suspensión de la rutina, para entrar en una continua despedida; de las personas, de las cosas, de los entornos, de las costumbres.

Esa despedida prolongada se presta a una continua meditación sobre la fugacidad de todo, también de las ilusiones.

Entre los feligreses, un cambio de pastor supone para algunos una novedad. Para otros, supone una tristeza. Para los párrocos, cada parroquia es una parte de su vida e ilusiones. Sí, para nosotros siempre es mucho más que para los parroquianos.

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Qué verde era mi valle

30.09.08 | 23:59. Archivado en Con clave

En la foto de al lado aparece la parroquia de la que soy párroco.

Bueno, no lo había dicho hasta ahora pero me cambian de destino. Un nuevo párroco será enviado a Anchuelo a finales de octubre. De los muchos aspectos en que podría enfocar este cambio, me gustaría hacerlo hablando del párroco que me va a sustituir.

No conocía mucho a mi sucesor en el cargo, Luis Moreno, párroco de San Isidro. Le conocía de cara, habíamos charlado algo, poco, en las reuniones. No tenía una idea definida acerca de él.

Ahora hemos tenido que hablar largo y tendido de la parroquia de la que se va a hacer cargo. Y con cada conversación que hemos tenido me he ido dando cuenta de que es un hombre de juicio sereno, de opinión prudente, con muchos años de pastoreo a sus espaldas. Nada que ver con el recién ordenado lleno de entusiasmo, sí, pero sin idea de lo que es una parroquia.

Francamente, hubiera deseado que me sustituyera alguien menos adecuado. Así me hubieran recordado con más devoción. Pero mucho me temo que él va a encajar como anillo al dedo en el pueblo. Con un buen párroco se olvidarán de mí en un par de años.

Siempre he pensado que buena parte del mérito de que uno siga siendo recordado con afecto, consiste en que te sustituya alguien que lo haga peor que tú. Si lo hace bastante peor, te recordarán con mucha más nostalgia.

Lo cierto, a pesar de todo, es que me alegra de que sea él mi sucesor. Tengo la seguridad de que será un magnífico párroco.

Tras tres años de plácida y agradable permanencia en mi pequeño paraíso parroquial, otro se sentará en la preciosa sede de manera que hay en el centro de la base del retablo barroco del siglo XVIII, otro les aconsejará, otro les consolará. Me alegro de que sea él el que venga tras de mí, el pueblo algún día le querrá mucho. Eso me consuela.

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La gripe

29.09.08 | 21:34. Archivado en Con clave

El sábado por la mañana tuve los primeros síntomas de la gripe. Por la tarde en la misa, me sentía con fiebre pero cumplí con mis deberes parroquiales sin mayor novedad. Por la noche, sin embargo, no me podía dormir de malestar. El malestar me impedía centrarme en la lectura, remedio para toda noche de insomnio. Me pasé las horas muertas deambulando por la librería en busca de cosas raras. Encontré mi colección de sellos, los miré uno a uno. Encontré unos comics de Superlópez, también los hojeé sin muchas ganas. Hallé un atlas bíblico que no sabía donde estaba, tres libros ilustrados sobre los ejércitos de la Antigüedad, y hasta el catecismo de mi primera comunión. Me dormí a las seis de la mañana.

En la misa del domingo por la mañana tuve que excusarme por la voz muy tomada y por las toses que jalonaron mis palabras. La tarde no la pude aprovechar en nada, no me sentía con ánimos para ninguna labor intelectual o espiritual.

Pero hoy por la mañana ha sido horrible al levantarme. Me he sentido muy mal. Además me dolía una parte de la cabeza, hasta tal punto que me provocaba nauseas. Eso sin contar con la tos seca, que siempre es muy desagradable.

Me he sentido tan mal, que tras anular una cita, me he metido de nuevo en la cama y me he dormido hasta las 14.30. A esa hora me he levantado, sin apetito, con nauseas, sin ganas ni fuerzas ni para hojear algún libro, ni siquiera para sentarme delante del televisor y ver algún reportaje.

A eso de las 18.00 ya he sentido una cierta mejoría. Y a las 21.00 ya estaba totalmente bien.

En estas últimas sesenta horas, los virus malignos y las defensas benignas han luchado en el campo de batalla de mi cuerpo. Y el Bien ha vencido

Hay gente que cuando estás enfermo te preguntan si quieres que vayan a hacerte compañía. Yo, cuando estoy enfermo, no quiero visitas. Quiero que me dejen tranquilo. Siempre que estoy en cama con gripe, pienso: menos mal que estoy solo. Esta vez no, pero normalmente la fiebre me produce una sensación de placidez muy agradable.

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10 consejos sobre la vestimenta de los obispos

28.09.08 | 21:22. Archivado en Con clave

Siempre me he preocupado por el bien de la Iglesia, y con ese espíritu constructivo me gustaría dar algunos consejos a los obispos acerca del modo de vestir.

Hay que partir del hecho de que los obispos visten bien. Así como el cura siempre viste mal, salvo que éste sea del Opus Dei o Legionario de Cristo, los obispos podrán tener muchos defectos, pero no éste. Los obispos visten de forma adecuada, sin estridencias, ni excesos por un lado o por otro.

No voy a seguir analizando este hecho episcopal, ni este defecto presbiteral, sino que pasaré directamente a la pequeña lista de diez sencillos consejos sobre la vestimenta episcopal.

1. La cruz pectoral nunca se coloca en el bolsillo del clériman. Después uno se acostumbra y se dan hasta las entrevistas por televisión con la cruz de ese extraño modo colocada.

2. Los grises combinan muy mal con los negros. Mezclar en el clériman una variedad de jerseys grises con pantalones negros, americanas negras con camisas grises, es algo que siempre resulta mal. Claro que el cura normal no percibe esa disfunción ya que él mismo va mil veces peor.

3. De cada cien encuestados, 99 afirman que el cuello romano siempre es más elegante que la tirilla. Y hay que advertir que esta encuesta tiene un margen de error del 1%.

4. Si a pesar de todo uno desea llevar tirilla por razones sentimentales, por favor, nunca, jamás, se debe llevar mal colocada. Resulta horrible llevarla colgando o medio metida en la tela. Además, eso acaba creando costumbre y el sujeto la lleva así sin darse cuenta. Si uno decide que tiene que abrirse el botón del cuello, se extrae la tirilla y se guarda en un bolsillo.

5. La cruz pectoral nunca se lleva sobre la casulla, sino sobre el alba. Y cuando se usa casulla, ésta cubre la cruz. La razón es que uno se recubre entero con esa prenda, incluidos otros ornamentos como la estola. Por otra parte no tiene sentido multiplicar las cruces, cuando en la misa la cruz central y única pasa a ser la del altar.

6. La cruz pectoral debe ser reconocible de lejos como lo que es: una cruz. Evítese el uso de cruces abstractas.

7. La mitra de telas estampadas queda bien. Pero la mitra realizada con muy buena voluntad por la monja bordadora siempre queda mal. La mitra no es el mejor lugar para poner la palabra María, florecitas y demás diseños tan al gusto de las poéticas manos monjiles. Insisto, telas estampadas, bien. La monja bordadora, mal.

8. El uso de pins sobre la americana del clériman no es de buen gusto. Sobre el clériman no queda bien ni siquiera una crucecita en pequeño. Un clériman despejado, limpio y bien negro es el signo por excelencia, no hace falta nada más. Es elegante y correcto.

9. Evítese que en el jersey negro del clériman aparezca una marca aunque sea el cococrilo de Lacoste.

10. No sería lógico que un prelado disponiendo de magníficos báculos de plata repujada del siglo XVII bien guardados en el museo diocesano, se empeñara en seguir usando novedosos báculos ultramodernos de dudosa estética.

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Picoteando por aquí y por ahí

27.09.08 | 22:52. Archivado en Con clave

Ian Gibson: Pondría una bomba en la cruz del Valle de los Caídos, me ofende como cristiano.

Comentario forteniano: Vosotros todo lo arregláis a bombazo limpio. Estas ganas de arreglar la Historia a base de dinamita siempre ha sido muy de izquierdas.

La secretaria de Relaciones Institucionales del PSOE:

Un niño puede llevar en la mochila el catecismo y la Constitución.

Comentario forteniano: Lo mejor es llevar el catecismo, la Constitución, dos tarros de mermelada y un blandiblup. Ya nadie se acuerda del Blandi Bloop, pero yo sí.

Stephen Hawking: La ciencia no deja mucho espacio ni parea los milagros, ni para Dios. Comentario forteniano: Ya sabía yo que el padre Pío de Pietralcina era fruto de mi subconsciente. Mírame a los ojos y repite: este blog es fruto de mi subconsciente, este blog es fruto de mis traumas reprimidos.

Qué triste panorama, qué yermo intelectual (frase hecha, pero que queda bien), para animarme mañana escribiré algunas normas de buen vestir para los obispos.

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La misa tridentina y la misa del Vaticano II

26.09.08 | 23:30. Archivado en Con clave

En los últimos años ha ido ganando terreno, sobre todo entre la gente joven, la idea de que el Misal del Vaticano II supone un gran atentado contra la tradición litúrgica.

Para todos aquellos a los que se les ha inculcado una cierta manía contra la misa no tridentina, me gustaría decirles que la Misa del Vaticano II fue el resultado de los estudios realizados por los mejores liturgistas del tiempo preconciliar.

Un conocimiento meticuloso de la evolución de la misa desde los tiempos apostólicos, llevó a la creación de un misal que nos retrotrajera al espíritu litúrgico de los primeros siglos. Se eliminaron repeticiones acumuladas por la Historia, se enriqueció la liturgia de la Palabra, se buscaron las más antiguas liturgias de las que hay constancia para ver qué nos podían aportar a nuestras celebraciones. Y todo esto se hizo con la clara voluntad de tratar de preservar cuanto de bello y positivo habían decantado los siglos en el misal tridentino.

Honestamente, todos los que critican nuestro actual misal no sé cuál es su nivel de conocimiento de los cánones sirios, o de las diversas tradiciones occidentales como la ambrosiana o la visigótica. Cualquiera que conozca de verdad el conjunto de la liturgia, reconocerá que lo que tenemos ahora es un verdadero monumento litúrgico que conjuga a la perfección lo antiguo, la tradición y la sencillez en una magnífica evolución que nos ha llevado a lo que tenemos.

El Misal de Pablo VI es un tipo de misa que encaja perfectamente tanto para un gran pontifical como para una misa en el campo. Pero sobre todo nos aporta algo que se había ido perdiendo con el pasar de los siglos: la misa como banquete, la misa como cena, la misa como participación de la comunidad de una misma mesa. Esos aspectos quedan mucho mejor expresados en la nueva misa, sin quitar ni un ápice de solemnidad.

Para mí la grandeza de la nueva misa es conjugar magistralmente el aspecto sacrificial con el recuerdo de que es la Última Cena. La misa actual ordinaria está mucho más cerca de las liturgias primitivas que la misa del siglo XVII.

Por supuesto que este escrito mío no pretende desmerecer para nada a la misa tridentina. Mi única intención es remarcar los aciertos que supuso la introducción del nuevo misal y recordar que éste no puede ser tan incorrecto, tan inadecuado, como quieren hacernos creer algunos, puesto que Jesús quiso celebrar la Última Cena como la celebró. Es decir, hubiera podido en esa Cena instaurar una Pascua cuyos ritos recalcaran más los aspectos mistéricos, los aspectos cultuales del Templo. Y, sin embargo, quiso primar la aproximación, la cercanía. La instauración de la Eucaristía es un Misterio que tiene más de aproximación que de segregación.

No sólo eso. Sino que el mismo Redentor quiso romper en ese acto con el culto del Templo, iniciando una Nueva Alianza. Se instaura una nueva liturgia. El culto del Nuevo Pueblo de Dios no es una reforma del antiguo culto levítico, sino que es una ruptura. Por eso me parece muy bien todo lo que en la actualidad se haga para dejar claro la solemnidad de nuestros misterios, pero hay que recordar que son misterios del acercamiento de Dios a los hombres. Éste es el espíritu que movió a los sucesores de los Apóstoles autores de la constitución Sacrosanctum Concilium. De ningún modo digo que los predecesores tridentinos hubieran traicionado esta verdad. Pero ciertamente los Padres Conciliares del Vaticano II quisieron resaltar estos aspectos, que con el pasar de los siglos habían quedado menos claros al Pueblo de Dios.

Por eso le deseo toda la suerte del mundo a la misa tridentina actualmente resucitada. Pero afirmar que el actual rito ordinario de la misa es menos espiritual, menos bello y menos acorde a la tradición, es no conocer la historia de la liturgia.

Sin duda los integristas se preguntan una y otra vez porque Nuestro Señor no hizo una Última Cena más tradicional.

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Apologia pro Vaticano II

25.09.08 | 22:08. Archivado en Con clave

En mi opinión el más grande, revolucionario y renovador concilio que ha tenido la Iglesia Católica desde su fundación ha sido el Concilio Vaticano II. Y digo esto no tanto por sus documentos, sino por el espíritu que logró imbuir en la Iglesia. Otros concilios definieron mejor aspectos concretos de la fe, pero éste supo infundir un nuevo espíritu.

Y por supuesto ningún mérito más grande que la gran y formidable reforma litúrgica. Los que denuestan a ese gran concilio lo hacen por los excesos que después muchos curas cometieron en su nombre.

Y ciertamente los excesos fueron muchos y terribles, porque no se puede hacer daño a la gente sencilla en algo tan sagrado como la fe o la liturgia. Hirieron a muchas almas sin ninguna piedad. El ánimo de no pocos sacerdotes recién ordenados no fue el de hacer las cosas con tacto, sino el de escandalizar lo máximo posible. Podría contar infinitas anécdotas e historias de esos años sólo de las parroquias por las que he pasado. Ahí está el verdadero origen de la reacción conservadora posterior que ha estado latente durante varios decenios y que ahora parece que echa sus tallos ya fuera de la tierra.

Pero quiero recordar a esos nostálgicos de tiempos pasados, que la imagen mejorada que tienen de esa época, pasa por encima infinidad de detalles que fueron los que hicieron necesario ese concilio.

Para empezar la Iglesia no está ligada a ninguna estética, ni en sus templos, ni en sus vestimentas, ni en su liturgia. Me admira este afán por lo barroco que algunos jóvenes muestran. El barroquismo y la ampulosidad es sólo una pequeña etapa temporal de esa sucesión secular que es la liturgia.

Por otra parte, es indudable que el Vaticano II introdujo una frescura en las relaciones internas de la Iglesia. Antes, los aspectos formales habían ido creciendo hasta resultar cada vez más asfixiantes. Esas imágenes de grandes capas de varios metros, mucetas de armiño y toda esa parafernalia eran expresión de un espíritu, de un modo de ver y entender la Iglesia que, sin duda, nos acercaba más a los fariseos que a los pobres pescadores fundadores de nuestra Iglesia. Baste ver algunos libros de moral y manuales de confesores para darse cuenta de que habíamos errado el curso notablemente en algunos puntos. La moral adquirió tintes rígidos y rigoristas. El tono amoroso de Jesús de Nazareth quedaba muy oculto bajo algunos esquemas morales expresión de una época no solo moral, sino también puritana.

La nueva liturgia fue expresión de un nuevo espíritu.

Todos saben que me gusta el fasto en la liturgia, la grandiosidad de los pontificales, pero ese gusto no está reñido ni con la sencillez, ni con la simplicidad. Cuando hacemos de los aspectos accidentales de la liturgia motivo de agrio enfrentamiento, nos estamos desviando. La liturgia cuanto más bella mejor, pero no olvidemos que es un servicio, un modo de servir a los hombres a través del culto a Dios. Por lo tanto no ha de convertirse en un motivo de lucha e insatisfacción.

Quiero acabar con una conclusión. La Iglesia puede evolucionar de muchas maneras, todos los caminos están abiertos. Pero de lo que estoy seguro es que el futuro no está ni en el tradicionalismo ni en la iglesia roja de Vallecas. El futuro no está ni en machacar una sacrosanta tradición por el afán de ser modernos, ni en idolatrar la tradición. La Iglesia no sólo avanza, sino que también evoluciona. Evoluciona sin cambiar el mensaje de Jesús, evoluciona fiel a sus orígenes. Y los orígenes pueden ser mucho más revolucionarios de lo que algunos amantes de lo barroco se imaginan.

Petrificar es un bello infinitivo que también tuvo un pretérito imperfecto. Mañana si Dios me da salud, haré una apólogía de la Misa del Vaticano II frente a los que la atacan.

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Viaje a México en octubre

25.09.08 | 21:32. Archivado en Con clave

En octubre voy a dar unas conferencias en Costa Rica y México. Por si a alguno le interesa, os paso mi programa en México.

MARTES 7 de octubre:

11 hrs. Nuestra Madre de Dios de Czestochowa

Fuente de las Cibeles no. 38 esq Fuente de Trevi Lomas de Tecamachalco.

Tel. 5589-25-61

20 hrs. Cinepolis Arcos Bosques. (Sala mayor)

MIÉRCOLES 8 de octubre:

13 hrs. Universidad Anáhuac del Sur.

Av de las Torres No.131 Col. Olivar de los Condes.

(auditorio principal).

19:30 hrs. Iglesia de Nuestra Señora de la Esperanza

Periférico Sur esq Zacatepetl. Tlalpan. (auditorio)

Frente al Centro Comercial Perisur.

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La complejidad e indeterminación del ser humano

24.09.08 | 23:34. Archivado en Con clave

Cierto amigo mío me dijo hace pocos días: ¿verdad que a veces estamos tan tranquilos sin saber lo que nos espera?

Es cierto, le dije. Tan felices y tan tranquilos, sin saber que cinco minutos más tarde se va a desencadenar una tormenta contra nosotros. Tan felices sin saber que por debajo ya se están moviendo piezas contra nosotros.

En el caso de hoy ha sido una mujer que ha hecho una tragedia de un comentario que le he hecho. Un comentario muy meditado, hecho desde la tranquilidad y el deseo de ayudarle.

Resultado: una bomba. Hasta yo mismo me he asustado ante la explosión provocada.

Años de trato, infinidad de horas compartidas, tantos amables detalles de cortesía por ambas partes, arrasados ante una reacción que como una ola atómica lo ha barrido todo.

Creo que todos hemos conocido situaciones como ésta. Me he encogido de hombros y he tratado mirar más alto, más allá, por encima de la impredecible, caprichosa e injusta conducta humana.

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El padre Fortea ya entonces haciendo apostolado

24.09.08 | 00:14. Archivado en Con clave

Todo blog, como una buena orquesta, contiene ciertos elementos indispensables. La partitura la pone el autor del blog, pero después vienen los comentaristas que la tocan a su manera. Entre ellos no puede faltar nunca un buen comisario ideológico. Este comentarista-comisario nombrado por sí mismo actúa bajo su propia autoridad y él mismo es fuente de la verdad, de la ortodoxia y a ratos libres traza, incluso, la raya de lo que es conveniente o no. Normalmente este tipo de comisarios actúan de comisarios todo el día, no sólo en el blog.

Después está la mística que va a su bola. No importa de qué trate el post del día, ella vive en el mundo de los blogs idílicos y todo en su arpa es música celestial. Como bien se sabe es imposible hacer una sinfonía sólo con arpas, por eso, para bien del blog, se hace necesaria la intervención de otro comentarista: el Polemista Loco.

Éste tipo de polemista se distingue de la mística claramente. Ella usa más bien la poesía para convencernos, éste los puños verbales. El polemista a veces asegura que el autor del post es el que escribe varios de los comentarios de ese día. Candorosa ingenuidad del polemista.

Como semejante variedad podría resultar muy mala para las mentes y las buenas costumbres, siempre aparece el Repapista. Normalmente es un laico de menos de veintitrés años que te enseña cómo hacer apostolado, cómo deberías ser tú, cómo deberías escribir tu blog, cómo debería ser tu vida. Y como no se cansa y tiene pila para rato, te sigue haciendo siempre nuevas e insulsas indicaciones absolutamente convencido de que él es tu luz y tu guía. En las parroquias siempre hay alguien así. A uno le pregunté una vez: oye, ¿no has pensado alguna vez en hacerte testigo de Jehová?

También siempre hay alguna aparición estelar de un cometa autopublicitario, que es un comentarista que aparece unos pocos días con el único interés de repetirnos que acaba de abrir un blog muy interesante. Siempre acaba sus comentarios con esta frase: bueno, ya sabéis que si queréis podéis entrar en mi blog.

Después, por supuesto, están los que no están en sus cabales. Siempre hay trolls que deben levantarse de la cama preguntándose: ¿qué puedo hacer hoy para fastidiar al autor del blog? Su perseverancia es sólo comparable a lo aflojado que tienen algún tornillo.

Después están los comentaristas normales. Algunos desde hace años visitan mi pequeño diario. Ellos me han proporcionado fantásticos momentos. Me he encontrado con muchos. Unos me han venido a ver a Alcalá, otros a la parroquia, con unos he cenado, con algunos hemos quedado en grupo y hemos ido al cine, a unos pocos me los he encontrado en mis viajes.

A esos comentaristas normales, a vosotros, seres humanos con los que he compartido mis penas, mis alegrías, mis miedos, mis pensamientos, mis recetas, mis opiniones, mis sueños y mis más piadosas meditaciones, a todos vosotros, os quiero decir que me alegro de haberos conocido y que es un placer diario el poderme comunicar con vosotros. La pena es no poder escuchar vuestra voz y atender a mi vez a vuestras consideraciones.

Pero, y lo digo totalmente en serio, mi blog ha sido una entrañable fuente de alegrías. Nunca pensé que me lo iba a pasar tan bien cuando lo empecé hace años. No se me ha pasado por la cabeza el dejar de escribir aquí. Hasta mañana a la misma hora. Os quiero a todos.

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Los Otros, es decir, los que no son de los nuestros.

23.09.08 | 13:28. Archivado en Con clave

A Dios le gusta la verdad, no se complace en el error. Es lógico que un único Dios funde una única religión. Es razonable que la Verdad Suprema disponga que sobre la tierra exista una única fuente de la verdad plena.
Sin embargo, también Dios es loado por los otros. Es decir, por los que no son de este rebaño, de esta familia espiritual, de este Arca de la Nueva Alianza.

Y así la expresión de Dios mismo no ha quedado reducida a su Santa Iglesia. En cierto modo, cada religión, cada confesión cristiana, nos expresa el concepto de Dios bajo una espiritualidad distinta, a través de una estética diversa, con una óptica que aporta algo a todos.

Y así me gustan las pequeñas iglesias protestantes de paredes blancas de madera, en medio de una pradera.

Me gusta la sencillez de los cuáqueros y los amish reunidos para cantar y orar, rodeados de madera y simplicidad, con sus sombreros de paja colgados de las hileras de perchas de la pared.

Me gusta la suavidad y hospitalidad que desprenden las palabras salidas de la boca de los sufíes.

Me gusta ver como todo un cosmos musulmán gira alrededor de la Piedra Negra en la Meca, con un giro que sin duda honra al Padre de todos los hombres.

Me entusiasman los monasterios zen: su orden, su limpieza, su pulcritud, su búsqueda de la Verdad.

Me fascina el intrincado mundo espiritual que se construyó en el Tibet: enredado, complicado, pero sublime.

Me gustan las grandes ceremonias anglicanas con toda su ceremonia y su pompa anglosajona.

Me resultaría tan fácil orar en una pequeña iglesia ortodoxa iluminada sólo por las velas.

Disfruto viendo a los hasidim danzando con sus rarísimos trajes cuya simbología desconozco.

Se eleva mi espíritu ante la fotografía de un anciano rabino de venerable barba leyendo y reflexionando la Palabra de Dios en la que no osa mentar el nombre de su Autor.

Sin embargo, detesto los falsos ídolos hindúes, las ceremonias animistas africanas o las horribles ceremonias indias aztecas o mayas honrando unos dioses horribles, falsos y feos. La corrupción de la religión es aborrecible. Muchas de sus ceremonias no sólo no tienen nada de bello, sino que resultan repugnantes. Me gusta el culto a Dios en cualquiera de sus variantes, pero abomino la acumulación de supersticiones.
Conclusión: Bueno, la conclusión la ha dejado Él en nuestras manos.


Los Otros, es decir, los que no son de los nuestros.

22.09.08 | 23:24. Archivado en Con clave

A Dios le gusta la verdad, no se complace en el error. Es lógico que un único Dios funde una única religión. Es razonable que la Verdad Suprema disponga que sobre la tierra exista una única fuente de la verdad plena. Sin embargo, también Dios es loado por los otros. Es decir, por los que no son de este rebaño, de esta familia espiritual, de este Arca de la Nueva Alianza.

Y así la expresión de Dios mismo no ha quedado reducida a su Santa Iglesia. En cierto modo, cada religión, cada confesión cristiana, nos expresa el concepto de Dios bajo una espiritualidad distinta, a través de una estética diversa, con una óptica que aporta algo a todos.

Y así me gustan las pequeñas iglesias protestantes de paredes blancas de madera, en medio de una pradera.

Me gusta la sencillez de los cuáqueros y los amish reunidos para cantar y orar, rodeados de madera y simplicidad, con sus sombreros de paja colgados de las hileras de perchas de la pared.

Me gusta la suavidad y hospitalidad que desprenden las palabras salidas de la boca de los sufíes.

Me gusta ver como todo un cosmos musulmán gira alrededor de la Piedra Negra en la Meca, con un giro que sin duda honra al Padre de todos los hombres.

Me entusiasman los monasterios zen: su orden, su limpieza, su pulcritud, su búsqueda de la Verdad.

Me fascina el intrincado mundo espiritual que se construyó en el Tibet: enredado, complicado, pero sublime.

Me gustan las grandes ceremonias anglicanas con toda su ceremonia y su pompa anglosajona.

Me resultaría tan fácil orar en una pequeña iglesia ortodoxa iluminada sólo por las velas.

Disfruto viendo a los hasidim danzando con sus rarísimos trajes cuya simbología desconozco.

Se eleva mi espíritu ante la fotografía de un anciano rabino de venerable barba leyendo y reflexionando la Palabra de Dios en la que no osa mentar el nombre de su Autor.

Sin embargo, detesto los falsos ídolos hindúes, las ceremonias animistas africanas o las horribles ceremonias indias aztecas o mayas honrando unos dioses horribles, falsos y feos. La corrupción de la religión es aborrecible. Muchas de sus ceremonias no sólo no tienen nada de bello, sino que resultan repugnantes. Me gusta el culto a Dios en cualquiera de sus variantes, pero abomino la acumulación de supersticiones. Conclusión: Bueno, la conclusión la ha dejado Él en nuestras manos.

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A mi edad he llegado a una visión bondadosa y flemática de la realidad eclesial que me rodea

22.09.08 | 00:07. Archivado en Con clave

A Dios le gusta la verdad. Y creo en un Ser Infinito que ha fundado una religión. Resultaría más moderno decir que la Iglesia la han fundado los hombres, pero, qué caramba, creo que Él ha fundado una Iglesia. A Dios le gusta hacer cosas de ese tipo. Fundar una religión y sólo una va mucho con el estilo de Él.

Puede resultar un poco raro que un Ser Puro Supremo haga surgir una religión de canónigos beneficiados, abadesas de jurisdicción exenta, botafumeiros y bendiciones apostólicas enviadas vía nunciatura. Pero si éste es un Dios que se permite pagar a los de la hora undécima lo mismo que a los viñadores de la primera hora, bien podemos admitir un cierto nivel de originalidad en su creación eclesiástica. Ya hemos observado que en el mundo zoológico Él se ha permitido algunas cosas un poco raritas.

¿Por qué no puede ser Dios original? ¿Por qué tendría que crear una religión con escuadra y cartabón? Recuerdo que tuve una vez un debate con el catedrático de la Academia de la Lengua don José Luís San Pedro por la radio. Sampedro dijo, aunque no en ese debate: Puedo llegar a creer que exista un Dios, pero desde luego no puedo creer en el Dios del Vaticano.

Querido Sampedro, qué ganas de limitar la libertad de Dios. Pero qué santas ganas de decirle a Él cómo tiene que hacer las cosas. Pero qué celo de la Casa de Dios en un no creyente. Además, sea dicho de paso, horrible apellido para un agnóstico. Se presta a muchos juegos de palabras: Sampedro poniendo límites a Dios a la hora de fundar. Pues que funde lo que quiera. Ya estoy harto de gente que venga a decirle a Dios cómo tiene que hacer las cosas.

Yo de la Iglesia lo acepto todo: sus gárgolas, sus dogmas, la Patrología Latina, los mártires de Japón, el bendito de don Ramón (eterno coadjutor de mi parroquia en Barbastro), el Libro de Kells, el canon 345 del Derecho Canónico, el niño y la niña que he bautizado hoy, la Hermandad del Santísimo Sacramento de Anchuelo que me ha invitado a comer, el padre Arrupe y el antipadre Arrupe.

Aceptar todo, no significa que me dé lo mismo todo. No significa que todo es bueno. No significa que todo estuviera en el plan primigenio de lo que debería haber sido una Iglesia óptima. Pero creo que tenemos que trascender un poco y darnos cuenta de que el Misterio de una comunidad de creyentes que atraviesa los siglos y la Historia admite un cierto nivel de fracaso.

Además, y no es por criticar, las cosas están mucho peor en el zoroastrismo o en el rastafarianismo. Y en la religión unitario-universalista ya ni os cuento.

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Aquel triste 11 de septiembre de un día negro de infamia

20.09.08 | 22:02. Archivado en Con clave

Fue pura casualidad de la agenda, coincidencia de números y meses, de lugares y tiempos, el que yo estuviera en Nueva York el pasado 11 de septiembre.

Recuerdo como aquel día del año 2001 llegué a mi casa a eso de las cuatro de la tarde y sin saber nada encendí la televisión. Me gustaban mucho los reportajes de la 2 a esas horas. Al encenderla apareció la imagen de una de las Torres herida. Pensé que alguna avioneta pequeña había chocado por accidente. Tarde un par de minutos y una llamada telefónica en darme cuenta de que no se trataba de eso. Mi amigo me repetía que una torre ya estaba en el suelo, mientras escéptico seguía viendo imágenes en diferido.

Aquel acto cainita me sumió en la más absoluta sensación de no poder creer lo que estaba viendo en las noticias. Es la única vez en mi vida en que me senté en el sillón delante del televisor con la boca abierta. Aquellas imágenes eran la evidencia de que entrábamos en una nueva época. Las viejas certidumbres, las antiguas seguridades de la época de la Guerra Fría, caían con esas torres. Los pilares de nuestra civilización eran tan colosales como derribables. Occidente vio como un puñado de personas podían evaporar miles de millones de euros en un segundo. La economía de nuestro planeta se tambaleó al caer esas torres. Un puñado de hombres podía detener la circulación sanguínea de la ciudad más imperial de la tierra, hacer que sus calles se quedaran desiertas, que todos regresaran de sus trabajos, que el miedo reinara donde antes estuvo la seguridad.

La civilización frente al terror. La seguridad de la civilización y el orden, frente al Miedo y la Oscuridad. El deseo de unos pocos de crear el infierno sobre la tierra, para ellos ir al Cielo. ¿Qué clase de dios era el dios de esos asesinos? ¿Qué clase de divinidad aberrante y torcida podía complacerse en el asesinato de seres hechos a su imagen y semejanza? ¿Servían esos fundamentalistas a un dios asesino? ¿Qué tipo de Cielo sería adecuado como Cielo de los Asesinos? ¿Qué Dios Constructor podría galardonar adecuadamente a sus criaturas destructoras?

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Diario de sueños

20.09.08 | 10:39. Archivado en Con clave

En Estados Unidos, durante las conferencias, una noche soñé que esperaba cierta persona en su domicilio. Esperaba y daba vueltas aburrido. Entré un momento por la puerta abierta de su despacho y miré la disposición de las cosas, sin tocar nada, casi desde el umbral.

Oigo que entra la persona en cuestión, voy hacia él. Veo que ha dejado su americana sobre una mesa. La americana negra estaba extendida, mientras él se había metido en otra habitación.

Entonces pienso que qué va a pensar del hecho de que le haya esperado dentro de su domicilio. Y aunque no tengo ni idea de cómo he aparecido allí, el sueño comenzó conmigo en ese sitio, me doy cuenta de que se puede enfadar. A la gente no se le suele esperar en su propia casa sin nadie dentro.

Así que decido salir cautelosamente, sin ser notado y esperarle en la catedral, donde él tenía que ir. De camino me encuentro con dos personas paseando dos galgos. Los acaricio. Me gustan los galgos.

Entro en la catedral y allí se desvanece la historia. ¿Quién sabe qué historias continuaban en ese entorno catedralicio?

Ése era el sueño de hace una semana, hoy he soñado que estaba en una reserva de moluscos marinos con concha. Un cuidador desde la orilla me enseñaba unas conchas piramidales que había que dejar sobre el fondo de forma verticalmente clavándolos un poco en la arena. Después de enseñarme varios, le mostré mi preciosa concha. Era grande y con algunos colores en su superficie. Dentro tenía otra concha más pequeña que se sacaba con una cierta dificultad.

Nos metimos al agua y entonces se dirigió hacia nosotros un enorme pez en forma de palo con patas. Era un pez bastante irreal. Muy alargado y dividido en segmentos. Parecía más bien hecho de cartón. Pero salió fuera del agua y anduvo como un cococrilo. Al final, di unas zancadas y en tres metros me zafé de él.

Allí acabó el sueño, sin moraleja, sin simbolismo, sin mensajes ocultos. Algunos tienen un subconsciente que es una cordillera. El mío es una planicie aburrida, sin árboles, sin barrancos, llano y con un fino y agradable césped.

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El escritor de la trama

19.09.08 | 00:37. Archivado en Con clave

A veces la vida da giros inesperados. Pero a veces es que los da de un modo novelesco. Hoy es uno de esos días en que compruebo que mi vida nada tiene que envidiar a un buen guión. Lamentablemente no os puedo contar nada hasta que todo esté consumado. Tampoco podré hacerlo hasta que el poso del tiempo haya colocado una buena pátina sobre todo el óleo del presente.

Pero a pesar de mi silencio, creedme, la vida me ha sorprendido. Hace unos días la vida me ha sorprendido con una posibilidad tan formidable, tan agradable, que no se me había pasado por la cabeza. Y hace unas horas la realidad me ha vuelto a sorprender con una posibilidad tan triste (en otro campo totalmente distinto) que tampoco se me había pasado por la imaginación.

Sea lo que sea lo que el futuro depare a los capítulos de mi vida, trataremos de atravesarla con dignidad, con un cierto grado de dignidad, con una cierta dosis de alegría moderada y tratando de que nada amargue el placer que siento en escuchar el rondó de Purcell que ahora escucho.

Lo importante es el decoro, atravesar las ciénagas con una cierta decencia. Pero si eso no es posible, Purcell tampoco está nada mal.

A todos aquellos que os sintáis solidarios conmigo, a todos aquellos que sintáis los mismos sentimientos que yo dado lo que os rodea, recordadlo: tomáoslo con tranquilidad, porque sí que hay mal que cien años dure.

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Diario de sueños

19.09.08 | 00:37. Archivado en Con clave

En Estados Unidos, durante las conferencias, una noche soñé que esperaba cierta persona en su domicilio. Esperaba y daba vueltas aburrido. Entré un momento por la puerta abierta de su despacho y miré la disposición de las cosas, sin tocar nada, casi desde el umbral.

Oigo que entra la persona en cuestión, voy hacia él. Veo que ha dejado su americana sobre una mesa. La americana negra estaba extendida, mientras él se había metido en otra habitación.

Entonces pienso que qué va a pensar del hecho de que le haya esperado dentro de su domicilio. Y aunque no tengo ni idea de cómo he aparecido allí, el sueño comenzó conmigo en ese sitio, me doy cuenta de que se puede enfadar. A la gente no se le suele esperar en su propia casa sin nadie dentro.

Así que decido salir cautelosamente, sin ser notado y esperarle en la catedral, donde él tenía que ir. De camino me encuentro con dos personas paseando dos galgos. Los acaricio. Me gustan los galgos.

Entro en la catedral y allí se desvanece la historia. ¿Quién sabe qué historias continuaban en ese entorno catedralicio?

Ése era el sueño de hace una semana, hoy he soñado que estaba en una reserva de moluscos marinos con concha. Un cuidador desde la orilla me enseñaba unas conchas piramidales que había que dejar sobre el fondo de forma verticalmente clavándolos un poco en la arena. Después de enseñarme varios, le mostré mi preciosa concha. Era grande y con algunos colores en su superficie. Dentro tenía otra concha más pequeña que se sacaba con una cierta dificultad.

Nos metimos al agua y entonces se dirigió hacia nosotros un enorme pez en forma de palo con patas. Era un pez bastante irreal. Muy alargado y dividido en segmentos. Parecía más bien hecho de cartón. Pero salió fuera del agua y anduvo como un cococrilo. Al final, di unas zancadas y en tres metros me zafé de él.

Allí acabó el sueño, sin moraleja, sin simbolismo, sin mensajes ocultos. Algunos tienen un subconsciente que es una cordillera. El mío es una planicie aburrida, sin árboles, sin barrancos, llano y con un fino y agradable césped.


Cosas de la vida

18.09.08 | 00:32. Archivado en Con clave

Me gusta

El comienzo de la primavera

Escuchar un concierto de oboe de Telemann al comienzo de un largo y relajado viaje en coche.

Acariciar a un gato que se va durmiendo en mi regazo, mientras reclino mi cabeza en el respaldo del sillón.

Una película en la que lloro mucho, a solas, y nadie me ve y puedo seguir llorando.

Ver una película mientras me tomo una pizza con unos amigos y reírnos tanto que los pelmazos de los vecinos vengan a quejarse.

Ir a un país lejano y descubrir un lector que te habla entusiasmado de un trozo de un texto que olvidaste hace tiempo.

No me gusta

Las patatas hervidas. Con acelgas son todavía peores.

Mi cuerpo sudado en un horrible día de cuarenta grados en agosto.

Percibir desde lejos un comentario de desprecio cuando te acercas a un conocido que está en un grupo de personas.

Que me hagan una pregunta cuya respuesta desgraciadamente bien conoce el que me la hace.

Descubrir que detrás de una sonrisa se escondía todo un mundo reproches.

Tener que llamar a la grúa tirado en cualquier carretera.

Que se me haga algo después de lo cual una amistad ya nunca podrá ser igual.

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Adiós, Nueva York, adiós.

16.09.08 | 21:34. Archivado en Con clave

Pasear por Nueva York. La ciudad que ha sido contada mil veces. Narrada desde todos los puntos de vista, descrita desde todos sus ángulos. Ciudad de calles míticas, de enormes policías vestidos de negro y carritos de salchichas, falaffel y pretzels.

Población vertical de piedra y gárgolas, de inscripciones rotundas y pináculos pétreos. Ciudad de desfiladeros donde el vapor surge del asfalto.

La población no sólo de los rascacielos sino también de las pequeñas casas del East Village, de los hassidim de Brooklin, de los pequeños barrios con clase del Middle Town. La ciudad también es Bronx y Yonkers. La ciudad también es sus puentes metálicos, su metro infernal y sus pequeños parques llenos de vida.

Tu reinado ya no es indisputado, tu corona ya sienta bien en las sienes de las ciudades del Oriente. Pero para nosotros, los que nacimos y vivimos en el siglo pasado, tú eres un mito. Con cierta nostalgia, no dejamos de darnos cuenta de que la marea de la Historia ahora empuja hacia costas más lejanas.

En tu ocaso, reconocemos nuestro propio crepúsculo. Apenas ya se construyen más torres en la ciudad de las torres. Y las que emergen no pueden competir con la grandeza de las del pasado. La ciudad ya está consumada. Ahora viene la vejez.

Creímos que el tiempo pasaba sólo para las personas, pero ahora vemos que también para las ciudades imperiales. Ahora vemos la fuerza arrolladora del tiempo y la nostalgia que deja en nosotros este ocaso de Occidente.

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Suena la campana de la parroquia mientras escribo este post neoyorkino

15.09.08 | 10:59. Archivado en Con clave

Ciudad de águilas, bosque de pináculos góticos, cordillera de rascacielos, ciudad de las alturas, puerto donde han fondeado todas las razas del mundo. Pináculos de oro tocando las nubes en los días de niebla. Columnas y más columnas, millares, que sostuvieron el poder económica de una urbe imperial. Todos los ciudadanos del final del siglo XX somos, un poco, ciudadanos tuyos. Sabemos que la marea de la Historia impulsa ya los barcos de la prosperidad hacia otros mares. Sabemos que en otras costas otras ciudades emergen con la fuerza y el orgullo con que tú lo hiciste. Pero para nosotros tú siempre serás nuestra Roma.

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Fortea brookliniano

15.09.08 | 03:45. Archivado en Con clave

Estoy hospedado en una rectoría de Brooklin, redactando un minipost porque me tengo que ir a dormir. El viaje desde Catskill hasta Nueva York ha sido idílico: bosques verdísimos, colinas suaves, autopistas inmensas, hierba por todas partes, muy de vez en cuando la típica casa blanca de madera.

Tras tanto campo, la aparición de Nueva York ha sido casi abrupta. Increíble que una Urbe como ésta tenga una verdadera Selva Negra casi deshabitada a media hora de distancia. La gran ciudad por la noche estaba esplendorosa. Me han dado un envidiable paseo en el coche por Park Avenue, la Quinta y Broadway después de la cena.

Ahora estoy a las afueras, en una zona con muchos hasidim, cerca de la sede central de los Testigos de Jehová. Bueno, me voy a dormir.

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En la tierra de Bienvenido Mr. Marshall

14.09.08 | 02:33. Archivado en Con clave

El amanecer de esta mañana en Catskill ha sido neblinoso, gris, sombrío como el de una escena de Sleepy Hollow. Esta ciudad se halla en el estado de Nueva York, pero es otro mundo respecto a la ciudad. Campos y más campos, verdes, húmedos, repleto s de bosques. Entorno perfecto para un cuento de Irving.

A la noche nos han invitado a los sacerdotes que participamos a un restaurante italiano. A dos de los presentes que habían pedido un plato compartido, les han sacado una fuente monumental con mejillones y patas de cangrejo King size. También les han provisto de cascanueces para quebrar esas patas y de dos baberos con una langosta dibujada encima.

El precio de este plato compartido era moderado, pero ya se ve que el restaurante gusta de la espectacularidad, que el cliente exclame regocijado: ¡quién iba a pensarlo! A nuestro lado había un sacerdote episcopaliano acompañado por su mujer que nos ha saludado amabilísimamente y se ha quedado un rato hablando con nosotros.

Mañana regreso a Nueva York. Dormiré en una rectoría de Brooklin donde tengo un amigo. Hoy he soñado que estaba todo el rato cribando piedras en una excavación arquelógica.

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Josephus Antonius Neoyorkinus

13.09.08 | 01:18. Archivado en Con clave

Os escribo desde el Best Western Hotel de una pequegna poblacion del estado de Nueva York. El dia de hoy ha sido muy bello, caminando por esas mismas aceras que Hepurn en Desayuno con diamantes, durmiendo en la rectoria de la catedral de San Patricio, cenando con una de las lectoras neoyorkinas de este blog y probando un brownie de cacahuetes fabuloso.

Este paseo matinal de tres horas y media por la Quinta Avenida hasta el Washington Square Garden ha sido un paseo maduro, reflexivo, relajado. Ya he visitado los grandes monumentos, ya he paseado muchas veces por esa ciudad. Esta vez ya solo quedaba la reflexion y placer de fijarme cada vez mas en los pequegnos detalles.

Dormir en la rectoria de la catedral no ha sido un placer menor. Despertarte y ver los florones goticos desde dentro es algo que jamas pude imaginarme la primera vez que visite esta ciudad.

Y debo semejante distincion a una lectora de este blog. Despues ha sido pura casualidad que haya podido saludar y charlar un poco con el cardenal. Bueno, me voy a la cama que hay seis horas de diferencia. Os quiero a todos.

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Feliz comienzo del día, feliz conclusión del día.

11.09.08 | 01:03. Archivado en Con clave

La mañana ya comenzó de un modo apasionante: gracias a mi primo, me enseñaron uno de los cuatro rascacielos que se están construyendo en el final de la Castellana. Y ni más ni menos que nos lo enseñó, a los cuatro que íbamos, el jefe de obras. Lo vimos desde la azotea hasta el sótano, durante dos formidables horas.

Pudimos ver las entrañas de un monstruo de más de doscientos metros de altura: el sistema de aire acondicionado, las plantas técnicas, los cuatro restaurantes, la piscina y sus saunas, el hotel, la suite presidencial, los vestíbulos, la sala de convenciones, las desiertas salas vips, los grandes pilares de hormigón, todo. Dos horas dan para mucho.

Después, la culminación de la noche fue la teológica discusión con varios seminaristas acerca de la inerrancia de la Biblia en sus detalles históricos. Cuatro horas de interesantísima discusión en la que me emocioné más de lo que quisiera. La vehemencia me pudo. Mañana Nueva York.

PD: Algunas personas me han pedido información sobre la conferencia en Catskill (Nueva York), pero en realidad se trata de un curso de conferencias en un lugar cuyo aforo ya está lleno desde hace un mes. Aun así, pueden ponerse en contacto conmigo a través de fortea@gmail.com

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Me gusta la Iglesia, sí, la Católica

09.09.08 | 23:43. Archivado en Con clave

Siempre me he sentido feliz con la Iglesia y en mi Iglesia. Quizá porque le he pedido muy poco. Quizá porque siempre la he aceptado como es. Tal vez esa felicidad se funda en el hecho de que en ella he encontrado siempre lo que he buscado, porque en ella hay de todo.

La Iglesia es tradición, pero no es sólo tradición. La Iglesia es Historia, pero también Futuro. La Iglesia es racionalidad y misterio. Es Jerusalén y Cuenca, Bucaramanga y Catskill.

Hoy descubro al sucesor de Bernabé y Bartolomé en un párroco descamisado de una barriada. Un cura un poco desorganizado, e incluso un poco desastre, pero cuya labor, cuyas ilusiones, son las de esos apóstoles primeros.

Sí, a esta altura de mi vida, escucho mejor que nunca el mensaje de los Primeros en boca de un imperfecto cura de pueblo.

Veo el misterio eclesial vivo, presente. Ahora, cerca de los cuarenta años de vida, he aprendido a ver más allá de las hojas, más allá de las ramas.

Pido poco a la Iglesia. Y la verdad es que encuentro mucho. La Iglesia, como realidad entera y verdadera, nunca me ha defraudado. Jamás de los jamases se me ha pasado por la cabeza el abandonarla. Ella es la seguridad, la esperanza, de que Jesús además de dejarnos un buen ejemplo, nos dejó un mensaje perdurable.

Cada año que pasa me vuelvo más comprensivo, más transigente, más flexible. Todo dentro del dogma, todo dentro del Magisterio. Pero cada vez más tolerante. PD: El jueves viajo a Nueva York a dar conferencias. También iré a Catskill. Sí, efectivamente, ese lugar que he mencionado antes.

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El prójimo, ese bello pedestal.

08.09.08 | 22:42. Archivado en Con clave

Ayer escribí unas líneas sobre el deseo de dominio sobre otros semejantes. Ese dominio no tiene por qué ser de poder puro y duro. Puede ser un deseo de dominio intelectual. Puede ser una variante que se conforme con la admiración, o con la veneración espiritual. Nunca he leído el Tratado de los tipos y subtipos del deseo de dominio sobre el prójimo, alguien debería escribirlo.

Os aseguro que no poseo tal defecto, el del deseo de dominar a mis semejantes de cualquier manera. Quizá porque varios decenios me han probado fehacientemente que no poseo ese dominio ni siquiera sobre mi propio yo. Mi propio yo es un reino con sus propias disidencias, sediciones, y feudos con una autoridad real disminuida.

Ante la contemplación de esta realidad bien probada (y ya bastante asumida) no es mi intención embarcarme campañas de conquista de yoes vecinos.

Incluso soy totalmente comprensivo con el exceso de benevolencia de Dios. Sí, ya no me incomoda su excesiva paciencia. Claro que, de vez en cuando, me encuentro con un talibán. Sí, uno de esos talibanes que militan en bando propio. Y me doy cuenta de que aun rezando el mismo credo, a veces él lo reza bajo un sentido completamente veterotestamentario. Y no sólo eso, sino que lee el Nuevo Testamento según el Antiguo. Cuando hay que leer el Antiguo, según el Nuevo.

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La única cosa que debemos temer es al mismo miedo

07.09.08 | 23:18. Archivado en Con clave

En el final del día he escuchado, hacía tiempo que no lo hacía, la Pavana para una infanta difunta y la Música para el funeral de la Reina María. Dos músicas perfectas para pensar en temas como los de los días anteriores.

Hay una frase en las líneas precedentes que quizá resuena en mí con una fuerza especial: lo hago por tu propio bien.

Todos hemos escuchado en esa frase alguna vez en la vida. Ahora, con el pasar de los años, podemos realmente enjuiciarla en toda su verdad. No hace falta que diga nada yo, no es necesario que ofrezca ningún juicio, ningún comentario, tan sólo preguntarme ¿qué hace que un yo se ponga por encima de otro yo?

¿Qué hace que una voluntad imponga su criterio, su verdad, su dominio, sobre otra voluntad libre? ¿Por qué algunos yoes sienten ese hambre?

Ésa es una sed que sólo se puede intentar saciar en otra voluntad libre. Aunque se trata de una sed insaciable, siempre se puede conseguir un dominio más perfecto.

Post Data: He colocado algunos dibujos míos nuevos en este link

http://scriptoriumfortenianum.blogspot.com/

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En el congelador, en el congelador, grita esta mujer.

06.09.08 | 22:15. Archivado en Con clave

Yo he visto cosas que vosotros no creeríais: atacar naves en llamas más allá de Orión, he visto rayos C brillar en la oscuridad cerca de la puerta de Tanhauser... todos esos momentos se perderán en el tiempo, como lágrimas en la lluvia.

También yo he visto cosas que nunca hubiera creído: personas con un heroísmo tal en su día a día que era sobrehumano, conocidos caer en la sima de los vicios hasta hundirse completamente, la traición en aquél que jamás lo hubiera podido pensar.

Creo que de las muchas cosas que he visto en la vida, una de las que más me impresiona es esta última: la traición. ¿Por qué un ser humano al que uno consideraba un amigo, de pronto usa de la murmuración, de la mentira, del odio, del refinamiento en causar daño?

Creo que casi todos hemos conocido en la vida a alguien así. Sin duda me considero cargado de muchos defectos, pero hay una cosa que en toda mi vida me ha tranquilizado bastante: siempre he tenido sumo cuidado en no hacer daño a nadie.

Por el contrario sí que he conocido a gente que por unos ideales, por el bien de la Iglesia, por sentido del deber, o bajo la excusa de lo hago por su propio bien, sí que han hecho daño al prójimo.

El prójimo, imagen de Dios.

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Si nos pinchan, ¿no sangramos? Si nos golpean, ¿no nos amoratamos? Si nos envenenan, ¿no morimos?

05.09.08 | 22:10. Archivado en Con clave

En la augusta soledad de mi casa, he escuchado varios adagios de Bach: elegantes, siempre serenos, poderosos en la economía de instrumentos que usa.

Y pensaba en los adagios de la vida, en los momentos en que la alegría no puede obviar que el cielo ya no está azul, que hace frío y que ha anochecido.

Como ya descubrieron los músicos barrocos, el concierto de la vida es una sucesión de allegros y adagios.

Hay que tener cuidado de que la existencia no se vuelva un adagio constante, perpetuo. Yo nunca he sentido tal tendencia, por pura gracia divina. Pero por más explosivo, violento y entusiasmante que sea el allegro precedente, siempre hay un movimiento triste, un momento en que las notas no hablan de alegría sino de tristeza.

Normalmente, nuestra mayor causa de tristeza es el ser humano. El ser humano puede revelar una grandiosa capacidad para hacer sufrir a otros semejantes.

En momentos así, considero que los grandes hombres son los que saben sobreponerse a las pequeñeces y mirar hacia la fuente de aflicción con una magnanimidad tal que la tristeza se convierte en una ocasión para acrecentar esa elevación de espíritu.

Es muy difícil hacer sufrir a una de estas personas de espíritu colosal. Algunos consideran que imposible. Muchos han intentado la producción de ese sufrimiento con un celo admirable. Ante los más grandes, siempre en vano. Porque siempre la causa de la aflicción se mueve a un nivel inferior. Hasta puede ser contemplada esa causa con una cierta curiosidad, con comprensión, como un objeto de reflexión que ofrece el variado libro de la vida.

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Qué bello es este viernes que comienza. Soleado, fresco, sin nubes, veraniego.

04.09.08 | 22:23. Archivado en Con clave

Ahora que vuelvo a estar feliz, ahora que soy yo, antes era yo pero con mucho miedo, pienso en las cosas que me gustaría hacer en la vida.

-Tirarme en paracaídas. Pero me da mucha pereza todo el cursillo previo. Cuando me saqué el carnet de conducir, decidí que ése era el último cursillo previo de mi vida. Además he oído que mucha gente se ha roto huesos por saborear este placer. Y un hueso roto son muchos meses de rehabilitación y escayola.

-Hacer surf. Pero olas de esas sólo hay en Hawaii. Por lo menos en la Manga del Mar Menor no las he visto.

-Hacer submarinismo. Esto sí que veo que es más factible que algún día lo haga. Pero como haya varios días de cursillo previo, creo que lo dejaré.

-Comerme una langosta: objetivo cumplido.

-Ver Hong-Kong. A ver si me invitan a dar una conferencia allí.

-Visitar Moscú en invierno con mucho frío, bajo intensas nevadas. Ésta es bastante factible, tengo un amigo allí. Pero me da una pereza ir. Todos los años le digo que sí, que éste iré.

Ahora releo esta lista y me parece un poco patética. Además, tampoco es que me apetezca mucho hacer esas cosas. Creo que soy una persona de pequeños placeres. Tú también, lector. ¿A nosotros verdad que lo que nos va es una cena tranquila comentando la magnífica película que hemos visto, un paseo relajado, despedirnos amablemente quedando para la próxima semana, rezar las últimas oraciones, e ir a la cama? Claro que sí.

Tú y yo somos personas de placeres pequeños, factibles, que no alteran el pulso. Lo espectacular lo dejamos para los anuncios de la tele, se ganan el dinero con ello. Creo que voy a borrar varias cosas de la lista.

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Sigo en una nube

03.09.08 | 23:31. Archivado en Con clave

Estoy alegre. El sol del contento brilla en mi existencia. Me he quitado un gran peso de encima. La vida ha vuelto a emerger de nuevo. He regresado a la comida normal después de dos días de dieta draconiana, coronada por un día más de ayuno, en el que por si fuera poco tuve que tomarme durante cuatro horas cuatro litros de agua con unos polvos malignos disueltos. La consumación de todo aquella antesala del infierno, fue aquella prueba mefistofélica creada para atormentar a la pobre gente feliz como yo.

Pero ahora ando y salto feliz. La vida ha germinado de nuevo con sus rutinas, su inercia, sus horarios habituales y con todo aquello que llamamos un día normal. Escribo esto mientras escucho a Haendel. Ah, el viejo George Friedrich, ¡qué alegría vital desprenden sus partituras!

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¡Aleluya!

02.09.08 | 19:52. Archivado en Con clave

¿Qué puedo decir? Estoy embargado de alegría. No me ha dolido casi nada. Ha sido más una molestia que otra cosa. Yo esperaba retorcerme de dolor, apretar con todas mis fuerzas mis puños, resistiendo hasta el límite de mis fuerzas, pero no, nada de eso.

Hasta estoy considerando hacerme una cada año en cuaresma como penitencia.

El examen sido hasta rápido, un cuarto de hora. Resultado: unas hemorroides internas. Pero tan pequeñas que ni me han dado medicamento alguno, ni régimen alguno, ni han tenido que enviar a analizar nada. Estoy feliz.

Atrás quedaron los momentos, en que esperando en el pasillo, examinaba la cara de los que iban saliendo para ver en su rostro los gestos involuntarios del que ha sufrido mucho. Jo, lo he pasado fatal estos días, pero ahora vuelvo a respirar, estoy eufórico y la vida me parece bella, muy bella. Si viera a mi vicario general, le daría dos besos en las mejillas de feliz que estoy.

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Bueno, en seguida salgo ya de casa

02.09.08 | 14:27. Archivado en Con clave

Gracias a todos por vuestros e-mails, por vuestras llamadas, por vuestro cariño.

Pensé en ir tecleando mis sensaciones en mi ordenador portátil, mientras me la hagan, para distraerme. Finalmente, he optado por afrontar la batalla en la intimidad. Un par de enfermeras como mucho, el doctor, un escribano que levante acta.


En dos horitas

02.09.08 | 13:17. Archivado en Con clave

Estoy relajado. Aunque parezca una broma, me anima saber que hay tanta gente que ha rezado por mí. Mi tranquilidad la achaco a eso. Ésta ha sido la colonoscopia presbiteral más conocida de todos los tiempos. Seguro que hubiera podido haber colonoscopias episcopales más famosas, pero ellos decidieron el sufrimiento y el silencio.

Ésta mía la conocen hasta en Tirgijistán. Hasta en los despachos de la Congregación del Clero no se hablaba de otra cosa a la hora del café.


Faltan 3 horas para la Hora C del Día C

02.09.08 | 12:26. Archivado en Con clave

Ya sólo faltan tres horas. Estoy tranquilo. Respiro hondo. En realidad, ya no necesito ni respirar hondo. Mucha gente rezando por mí. Madera de héroe. Adelante. Tú puedes. No pasa nada.


Fortanatomy

01.09.08 | 23:04. Archivado en Con clave

Mañana, como Frodo, alcanzaré la Montaña del Destino con gallardía y arrojo.

He leído todo lo que he podido sobre el tema, he visto una docena de colonoscopias en youtube, conozco los distintos tipos de pólipos, me he aprendido de memoria la oscura geografía de esta sinuosa parte de mi cuerpo.

Esperaba más de la medicina y de sus premios Nobel en este campo de las colonoscopias.

Tampoco es que pretendiese que el equipo de médicos se metiera en una cápsula, como en Viaje Alucinante. Y que yo estuviera leyendo Cien años de Soledad, mientras dentro de mí el Insalus y sus alegres enfermeras hacían su trabajo primero y luchaban después por salvar su vida contra una legión glóbulos blancos. Nunca pretendí tanto.

Pero nunca he sacado nada de que fueran a la luna, ni de que emplearan tantos recursos en la factorización de los números enteros o en la búsqueda de la lista de los números que tienen dos factores primos, para que después llegue el momento y me metan un tubo por el culo. Para una vez que esperaba algo de la ciencia, me espera la enfermera con una sonrisa y un tubo en la mano.

Encima, después de mi angustiosa petición, un comentarista me ha escrito referente al título del post de hace dos días:

Estimado Sr. Fortea:Me parece muy triste que un cristiano pida, porque su pregunta está plantada como una petición, que un tratamiento médico se le aplique a alguien por tener una ideología política concreta. Y digo triste pero a la vez lamentable.

Avergonzado le contesté al tal Gonzalo:

Estimado señor. Cuánto me alegro de sus palabras. Sus razonamientos han cambiado mi vida. Cuán ciego estaba. Voy a cambiar, voy a cambiar, sí. Pero de momento le aconsejo que visite, lea y disfrute otros blogs más píos y de mayor edificación. El Blog de las madres ursulinas hará sus delicias. ¿Qué le voy a contar que no sepa acerca de las excelencias de la benemérita bitácora conocida como Pequeños murmullos del claustro? Aunque este último se está volviendo más pícaro de día en día.

Le escribí esta carta, pero en un primer momento me dieron ganas de decirle: Señor mío, lamento comunicarle que la poca inteligencia no se arregla con una colonoscopia.

En fin, agradezco todas las muestras de cariño que he recibido del Presidente del Tribunal Supremo, así como la solidaridad que ha mostrado conmigo el embajador de Italia. Inapreciable ha sido el ánimo que ha mostrado conmigo el Presidente de la Conferencia Episcopal y la Asociación de Pescadores del Norte.

Hoy estoy mucho más tranquilo. Sobre todo la llamada de dos personas me ha serenado casi totalmente. Además, Putin ha salvado la vida de un equipo de televisión. Qué bueno es este Vladimir. Me imagino a ese presidente preguntando a Groucho Marx

-¿Qué puedo hacer para mejorar mi imagen de mafioso?

-Pues no sé. Salve a un equipo de televisión de morir en las garras de un tigre siberiano.

-¿Cuál es la otra opción?

-Salvar a una viejecita de las fauces de un calamar gigante con un arpón.

-Prefiero la opción A.

Dada esta situación cualquier día podemos ver a Chávez, pistola en mano, salvando personalmente al presidente de la Conferencia Episcopal de Venezuela de un grupo de malvados terroristas.Mañana a las 18.00: Sólo ante el peligro.

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Alien en versión Insalus

31.08.08 | 21:53. Archivado en Con clave

Mentiría si dijera que durante todo el día he pensado en otra cosa que no sea en la gran tribulación por la que pasaré el próximo martes. Ay, ¿qué habre hecho para merecer una colonoscopia?

En una película ambientada en el siglo XIX, escuché como cierto vividor le decía a su compañero de juergas: la espera es la antesala del placer.

Pues sí, en mi caso, si hoy he estado así, no quiero ni pensar lo que será mañana en un día en el que no puedo comer nada, na-da. ¿Y qué será de mí el día del auto de fe? El día en que la ciencia comprobará con arrogancia su total dominio sobre este pequeño peón del tablero.

Señores, hay un diferencia muy grande entre que te lleven a la fuerza los soldados del duque enviados por el inquisidor, a que tú mismo seas el que por tu propio pie vayas a la cámara subterránea, esperes en la antecámara oyendo los gritos, y finalmente tú mismo te tumbes sobre el potro cual mansa víctima. Esto segundo es una tortura de un refinamiento tal, que ni el mismo Bernardo Gui hubiera podido imaginarlo en sus más retorcidas imaginaciones.

De verdad, nunca me imaginé que en pleno siglo XXI tendría que ver escenas como de las que voy a ser testigo el próximo martes. En las películas de ciencia-ficción que veía de niño, te pasaban un aparato con unas lucecitas intermitentes por encima de la zona afectada, y el médico muy serio le decía al protagonista que todo había salido bien, pero que tendría que estar en cama todavía un par de días más.

Lamento decir que nuestra civilización ha volcado todos sus esfuerzos, de capitales, de mentes privilegiadas en desarrollar Internet, efectos en 3D para películas, juegos virtuales, y mandangas por el estilo, habiendonos dejado a las pobres víctimas en manos de crueles colonoscrófagos.

En serio, orad por mí. Firmado: Un alma todavía más acongojada que ayer.

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¿Por qué a mí, y no a alguno de Ezquerra Republicana?

30.08.08 | 22:05. Archivado en Con clave

Queridos, tengo una mala noticia que daros. Algo que pensé que no os tendría que decir en toda mi vida. El martes me van a hacer una colonoscopia. Sí, sí, como habéis oído.

Dudé si decirlo o guardármelo en mi augusto pecho. Pero finalmente he decidido que si algún alma bondadosa quiere rezar por mí, se lo agradecería.

El síntoma mínimo que me va a llevar a este mal trago es una ligerísima y extraña sensación que noto en un punto concreto de mi intestino. Algo que no llega a dolor, pero que se mantiene a pesar de que ya han pasado varios meses. La doctora dijo: cómo va a llegar a los cuarenta es mejor que se la haga, por precaución.

Así que celebraré el ya próximo meridiano de mi vida comprobando los adelantos médicos en carne propia. Martes por la tarde.

Me siento fatal. Muy mal, muy mal. Hoy en el pueblo he comenzado la novena de la Virgen de la Oliva con la iglesia llena. Pero sólo pensaba en una cosa. Y todavía quedan dos días y medio.

Pueden llevar batas blancas y hacerlo con aparatos muy técnicos, pero todo eso me suena a tortura medieval. Todo muy científico, pero las voy a pasar como un interrogado por la Inquisición de Lucio III. Y aquí no vale decir: No puedo más. Hablaré. No, aquí el arrepentimiento no sirve de nada. No les importa. Seguirán y seguirán profundizando en la cuestión hasta que sus instintos más primarios se vean saciados.

En serio, orad por mí. Firmado, un alma atribulada.

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Los viejos buenos tiempos y el dulce momento presente

30.08.08 | 00:06. Archivado en Con clave

Hoy he comido con un antiguo formador del seminario de Pamplona, de la época en que yo era seminarista. Aceptar esta invitación que provenía de un compañero de curso no ha sido fácil, porque yo tenía la impresión de que este antiguo formador me tenía un poco de manía. O mejor dicho, que me tenía una especial manía. Ocultaré la identidad del compañero de curso. Sólo diré que se apellida Antúnez, no daré más datos.

Lo cierto es que a mí me apetecía ver a este formador, porque siempre me gusta encontrarme con las personas con la que he convivido hace años. En este sentido siempre he mantenido relación con la gente de los lugares, parroquias y profesores por donde he pasado.

Pero en este caso sospechaba que él me pudiera recibir con una gélida mirada y una sonrisa de comprensión compasiva. Por eso cuando nuestro encuentro se ha producido en una escalera de la parroquia, nos hemos olido como se huelen dos perros que se topan por la calle atados con la correa de sus amos: atentos a cualquier señal, examinando cualquier signo que ofreciera el saludo, observando cada gesto de la cara del otro.

En seguida, me he relajado. Las señales olfativas eran excelentes. Claramente he visto que él no me consideraba un iluminado, menos un iluminado peligroso. Tres minutos después, la distensión me llegaba paulatinamente, sentados los dos en el despacho del párroco, hablando de mis libros.

El lugar del encuentro no diré cuál ha sido. Aunque podría haber sido la Parroquia de Caná.

No penséis que me he vuelto hipersensible. Pero es que ya he tenido varias experiencias non gratas con antiguos profesores y compañeros. Ir a saludarles con toda mi efusividad y sincera alegría, y recibir un jarro de agua fría. En este caso, la comida fue agradable, un continuo recordar a los compañeros: unos en activo, otros caídos en las dunas de la vida. Uno cayó en una versión lefevriana del mensaje de Jesús, otro en una versión veterocatólica, otro tuvo problemas mentales, dos de mi curso ya han muerto, la mayoría siguen sirviendo al Reino de Dios. Los vivos nos reunimos a comer unos fetuccini hablando de los viejos tiempos.

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Prefiero el 7º arte a las Pirámides

29.08.08 | 00:51. Archivado en Con clave

Me gustaría hacer referencia a algunas cosas de algunas películas:De Metrópolis, que nunca me había imaginado un futuro tan gótico, tan catedralicio.

De El Padrino, su elegancia, el tempo de la historia, el buen hacer de un director, la sobriedad y la grandeza. Cuando se tiene una buena historia, sólo tienes que contarla.

De Schreck que no me paré de reír durante toda la película. Los vecinos vinieron a quejarse.

De Lo que el Viento se llevó que no acababa nunca y que me aburría muchísimo. Ya no me importaba la historia, sólo que acabara algún día.

De Becket, en la parte de la ordenación estaba con la boca abierta. Y las escenas de la excomunión, estaba extasiado, no creyéndome que una historia pudiera ser tan apasionante.

De Matar a un ruiseñor, que nunca he visto unos créditos tan maravillosos.

De Amadeus, el final con Mozart tareando mientras suena de fondo el Requiem, en una alternancia impresionante, en la que se mezcla finalmente la música con la muerte.

De Elizabeth, lo que más me impresiona es como se puede hacer de una historia tan buena, contando con tanto dinero, una película tan mala.Lo siento que hoy no hable de los grandes temas de la vida. ¿Pero qué haríamos nosotros sin el cine? ¿Cómo nos consolaríamos de las desgracias e infortunios de la vida? Sin cine, hubiera tenido que gastar algo de mi mensualidad en un psiquiatra. Pero después de una buena película, digo: Qué caramba, mientras me pueda ver una buena película que me den todos los palos del mundo. Salgo como nuevo después de haber llorado, de haber reído, de haber pasado miedo, de haber experimentado el amor durante unos minutos. aunque sabía que ese amor era imposible.

No sólo era imposible ese amor por ser yo sacerdote, sino también porque quince filas de butacas nos separaban.


¿Qué sería de los teólogos sin Dios?

27.08.08 | 23:43. Archivado en Con clave

La Teología me parece una ciencia tan lógica, tan bien construida, que sería posible desarrollarla aun sin Dios. Y aun si Él, sería apasionante. Aquellos que se ríen de la Teología, se ríen de la inteligencia. Pobre Peces Barba. Pero no nos metamos con él, dejémoslo tranquilo en un rinconcito de su ignorancia. Espero que se meta en un hoyo, en una madriguera, y no vuelva a abrir la boca en un par de años.

La Teología, por el contrario, siempre ha pesado en sus cuidadosas balanzas la filosofía de sus adversarios. Los argumentos lógicos de los que se nos han opuesto en el campo racional, muchas veces, han encontrado sus más perfectos lectores, sus más agudos comentaristas, en nosotros, los cultivadores de esa ciencia racional.

Hasta tal punto, que algunos de ellos hoy son recordados no por sus ideas, sino por la grandeza de los que los rebatieron.

El catolicismo es la religión de la racionalidad. Ni nuestros hermanos protestantes, ni antes, ni después, una fe se ha esforzado tanto en entender, en buscar la razón, en replicarse a sí misma, en contrarreplicarse, en retorcer cada camino lógico hasta la saciedad, hasta el infinito, y más allá.

El catolicismo es una religión de la que sentirse orgulloso. Yo lo siento por Zapatero, viviendo en un país tan católico, rodeado de un ambiente tan intelectualmente cristiano, y que no haya comprendido nada, que siga todavía, aún, con sus mitologías guerracivilistas.

Todos los altos espíritus, aunque fueran ateos, siempre han entendido la grandeza intelectual de la Iglesia. Y la convivencia ha sido fácil. Cómo tiene que ser. Cómo es lógico. Y más con unos obispos como estos, que no son Torquemada, que no son Richelieu, que no son unos Borgia. No son perfectos, claro. Pero es que tampoco podemos ser el colmo de la exigencia. Hay que conformarse con lo que hay y hacer como yo, que tranquilo y feliz, vio una existencia sin acidez de estómago, comiendo un poco de chocolate todos los días y disfrutando de los pequeños placeres terrenales y espirituales que el buen Dios ha puesto sobre la tierra.

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Teólogos

27.08.08 | 00:10. Archivado en Con clave

En mi mundo de lecturas, el segundo gran campo que suelo transitar es el de la Teología. A los que escribimos, nos regalan ingentes cantidades de libros. Mi capacidad para despacharlos con rapidez es una habilidad lograda tras muchos años. Basta hojear durante dos minutos una obra de un autor al que no conoces de nada, para saber si tiene fuste. Los libros huecos son descubiertos inmisericordemente con rapidez. Yo ni los guardo.

La mayor parte de los libros de Teología no aportan nada nuevo para cualquiera que haya cultivado esta ciencia durante años. Insisto, nada de nada. Repiten conceptos y razonamientos archiconocidos. No exagero si digo que una misma sucesión de ideas sobre un tema, a veces, ha sido repetida centenares de veces por distintos autores que no se conocían entre sí y que viven en distintas esquinas del mundo.

Por el contrario, hay libros en que durante la hojeada inicial das un frenazo: aquí hay material nuevo. El autor no está repitiendo, está creando, está reorganizando las ideas de un modo distinto, está reflexionando de un modo más profundo sobre algo ya conocido. Esos libros hay que leerlos con calma. Normalmente, no enteros. Por bueno que sea un autor, casi siempre, el 90% del libro es pura repetición de otros libros. Sólo un 10%, un 5%, es verdadera creación.

Después, hay un tercer tipo de libros: las cumbres. Son esos libros en los que tienes que leer línea a línea con lupa, porque todo en ellos es genial. Son esos libros en que no hay paja, en los que cualquier párrafo vale más que gruesos volúmenes de otros teólogos. Cumbres hay pocas, también es verdad. Los hay de autores contemporáneos como El Regreso del Hijo Pródigo de Henri Nouwen, y antiguos como las Sententiae Patrum.

También hay autores favorecidos por la fama, la moda y la apariencia de peso. Entre ellos siempre he detestado la obra de Von Balthasar.

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Elogio de los lectores, y aun de los comentaristas

25.08.08 | 22:07. Archivado en Con clave

Mientras comía, he visto un reportaje sobre el colapso de la URSS. Estaba contemplando como los moscovitas en masa se echaron a la calle, cuando se dio el golpe de estado contra Gorvachov. Y entonces he pensado: ¿cómo fue posible que después de tantos esfuerzos, de tantos sacrificios, a esta gente le robaran la democracia. Dicho de otro modo: ¿cómo un grupito de gente ha logrado que actualmente les hayan robado la democracia a 300 millones de hermanos míos?

El golpe de estado enseñó una cosa a todos: lo imparable que puede ser el hambre de libertad de las multitudes. Un río de seres humanos afluyó a la calle anegándolo todo, inundando cordones policiales, tanques, todo. El golpe fracasó cuando cada mando se dio cuenta de que por debajo de él no obedecía nadie.

Y entonces apareció el oportunista Yelsin. El hombre del Partido, el integrante de la minoría opresora, sacando tajada, jugando ?como siempre lo había hecho- a su favor.

El resultado: la democracia fue neutralizada desde arriba. Qué distinto hubiera sido el futuro si un Sajarov, si un Solschenitzin, hubieran sido los encargados de construir la Libertad desde cero.

Robar la libertad de cientos de millones de personas. Frente a eso cualquier pecado de lujuria, de debilidad, me parece un juego de niños. Tampoco estoy diciendo con esto que os paséis. Pero desde luego, todos vosotros, al lado de Putin, Chávez y el enanito de Corea del Norte sois canonizables, sois unas hermanitas de la caridad. Confío en vuestra misericordia y hasta en vuestra generosidad. Aunque, pensándolo bien, tampoco demasiado.

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¿A qué huelen los sueños?

24.08.08 | 23:50. Archivado en Con clave

Curiosamente en mi mundo onírico nunca ha aparecido un ordenador, ni este blog, ni el ajedrez, ni un solo libro (increíble), ni una misa, ni mi parroquia, raramente un familiar. ¿Por qué nunca he soñado con libros? Es algo que no puedo entender. Tampoco la religión aparece mucho que digamos. Sólo algún párroco y algún obispo anglicano. Mis sueños tratan de actuaciones ordinarias, normalmente son acciones serias.

En la cartografía que llevo realizando de mis sueños desde hace años, sigo sin orientarme. El norte, el sur, el centro de este mapa sigue sin aparecer. Estoy seguro de hasta las cosas más aparentemente caóticas suelen estar regidas por leyes. Sigo buscando qué tipo de leyes pueden regir la aparición de temas en mi mundo onírico, o qué lógica suelen seguir mis operaciones en ese mundo. Pero nada. De momento, los retazos no conforman puzle alguno.

Pesadillas no tengo nunca, ni siquiera una al año, pero sueños muy graciosos sí que alegran a veces mis noches.

Si los androides sueñan con ovejas eléctricas, ¿los curas soñamos con ovejas anglicanas?

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Deambulando por parajes que no están lejos, porque en realidad no me muevo.

23.08.08 | 21:11. Archivado en Con clave

Hoy he soñado que iba al colegio de los escolapios de Barbastro. Ya cerca me encuentro al párroco de Torres de la Alameda que me saluda alegre y bromista, como es él.Me pregunto por qué este párroco le ha dado por aparecer tantas veces en mis sueños. La vez anterior que apareció lo hizo dándome un masaje en los pies. Me prohibió terminantemente que contara a nadie mi sueño. Me lo pidió con tanta seriedad que a partir de ahora pienso no decírselo a nadie.

Prosigo con el sueño. Iba a los escolapios, entro en el vestíbulo, llamo a una sala donde junto a otros religiosos está el director con un hábito blanco, hábito completamente extraño a los escolapios. (Aunque en los últimos treinta años cualquier tipo de hábito ha sido extraño a los escolapios.) y el director me comunica que no tengo que hacer la tesis. La noticia me pone contento y marcho.

Aquí acaba el sueño. Aunque no toda la historia, ya que mañana probablemente me llamará Fernando, el cura de Torres, para ofrecerme su airada opinión sobre este post. Ya veis, sueño y realidad a veces se influyen en varios sentidos. La realidad influye en mis sueños, y mis sueños influyen en la realidad, dado que no me los guardo, sino que suelo contarlos como quien cuenta una excursión. Me gustaría pensar que este blog es todo él una excursión por mis pensamientos, por mis sueños y anhelos. Sed comprensivos. Acompañadme si queréis. Dadme la mano y prosigamos juntos este sendero.

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Homo legens

22.08.08 | 22:37. Archivado en Con clave

Mi hambre literaria se apacienta fundamentalmente en los prados de las bibliotecas públicas. A intervalos mensuales, me paseo por los largos pasillos de la Biblioteca Municipal Cisneros, la mejor de la ciudad, en busca de esos dos libros que me hagan sentir la emoción de leer. Dos libros, porque sólo puedo sacar dos.

Mi paseo es cuidadoso. Decidir los senderos de qué libro intentaré penetrar en mi sillón, en el salón de mi casa, resulta toda una ciencia. El ingenio contenido en el título, tratar de dilucidar qué me sugiere la portada, sopesar la biografía del autor desconocido, valorar la suavidad de la encuadernación, leer varias veces la sinopsis deduciendo si de esas breves líneas se infieren grandes placeres futuros. No es fácil tomar una decisión.

Pero el error no me preocupa. Cada libro tiene un margen de cinco minutos para hacerme gustarme. Si en esos minutos su lectura no me ha satisfecho, el libro será cerrado para siempre. Aquí no hay segundas oportunidades.

Lo mejor de un libro siempre está en sus primeras páginas. Es su obertura, su fanfarria inicial, la parte más cuidada, donde el artesano echa el resto para seducir a la presa que ha caído en sus hojas. Si el comienzo de un libro no me resulta satisfactorio, paso al segundo título sin ninguna pena, sin ningún lamento. El primero era una cata, un tanteo, no he perdido nada, me queda un libro entero por leer.

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El perro se llama Fru-frú.

21.08.08 | 22:41. Archivado en Con clave

Esta foto se la hice con mi móvil a mi monaguilla un día que iba ella a desayunar en la cama como es su costumbre.

Laurita y Amelie, las dos monaguillas, hacen de mí lo que quieren, soy arcilla en sus manos: al final he ido a ver Wall-e. He recibido la llamada media hora antes de que comenzara la sesión y allí estaba, entrando corriendo en el gran centro comercial a la hora.

Parte de culpa, gran parte de culpa, la tiene un comentarista del post que dijo Padre, no sufra, Wall-E es un peliculón, etc. La verdad es que tenía razón, es una buena película. No tan buena como La Increible historia de Caperucita Roja, pero no me he aburrido y me lo he pasado bien.

Y es que los comentaristas tienen gran influencia en mi vida, cuando les leo. Como aquel anónimo entrañable que a mi contestación a Peces Barba escribió:

Padre, con este post le hacen obispo. A ver si es de la Seu y así de paso le convierten en mi príncipe.

Pues estuve todo el día esperando la llamada de nunciatura y al final, al acabar el día, me dije: voy a salir un rato a que al menos me de un poco el aire. Al día siguiente pensé: quizá es que estén de vacaciones.

Los comentaristas tienen, como veis, mucha influencia en mi vida. Otro comentarista me dijo que venga, que me animara. Yo le contesté: no, que está muy alto. Al final le hice caso, pero ésa es otra historia. Como la del perro Fru-frú.

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El gigante de al lado es un ruso amigo mío, amigo desde hace más de un decenio

21.08.08 | 00:37. Archivado en Con clave

Hoy han venido a mi parroquia mis dos antiguas monaguillas de mi anterior parroquia. Las conocí por primera vez siendo unos capullitos, unos gusanitos, unos polluelos. Ahora ya son dos mozas a punto de entrar en la universidad.

Tras dos pizzas y un poco de chocolate nos hemos sentado, yo en mi sillón, ellas en sillas a cada lado mío, y nos hemos puesto a revisar una caja de fotografías. Ellas salían en media docena.

Unas fotos eran despachadas con celeridad, otras comentadas hasta en sus más pequeños detalles. La operación sentimental y revisora nos ha llevado una hora.

Componíamos un cuadro de lo más grato a la vista: el párroco y sus dos monaguillas comentando la mitad de una vida.

Cuando estas escenas tan bellas suceden, tan patriarcales, es que hemos dejado atrás la juventud. También lo he sabido cuando me han invitado a ir mañana a ver Wall-e y he sentido que hubiera preferido que me invitaran a ver una obra de la Nouvelle Vague o del Neorrealismo italiano. También he sabido que la juventud quedaba atrás, cuando me comía las pizzas pero pensaba que me sentiría menos culpable con una ensalada. Esos pensamientos son claramente post-meridiem.

Todo este blog está resultando un canto post meridiano al hecho de atravesar esa marca invisible que divide en dos nuestra vida.

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Padre Fortea en verano

20.08.08 | 00:10. Archivado en Con clave

Es tarde y estoy cansado, así que sólo os ofreceré algunas notas sueltas.

Ayer no puse un post nuevo. ¿La razón? Consideré que el post anterior era tan bueno, que me dije: que lo lean dos veces.

Bueno, hoy ha sido un día muy fructífero en mi labor escritora. Mi novela ya está recibiendo los toques finales. Después de tanto tiempo, creo que un par de años, ya estoy retocando los últimos capiteles y encerando los suelos.

Creo que esta novela sí que marcará definitivamente un antes y un después en mi vida como escritor. Aunque desde que se firma un contrato con una gran editorial suelen pasar dos años hasta que se publica.

Ayer acabé de leer la autobiografía de Ian Gibson. Me ha gustado, me haría ilusión conocerle. Cuatro citas de Borges: Hay comunistas que sostienen que ser anticomunista es ser fascista. Esto es tan incomprensible como decir que no ser católico es ser mormón.

Hay que tener cuidado al elegir a los enemigos porque uno termina pareciéndose a ellos.

He cometido el peor de los pecados que un hombre puede cometer... No he sido feliz.

He sospechado alguna vez que la única cosa sin misterio es la felicidad, porque se justifica por sí sola.


Versión eclesiástica del non possumus

17.08.08 | 21:24. Archivado en Con clave

Gregorio Peces Barba regresa al ataque, haciendo girar amenazadoramente en el aire la maza de la tolerancia. Y así, animoso él, nos vuelve a dar un sermón laico acerca de lo que la Iglesia puede hacer en democracia y de lo que no puede hacer. Yo ya notaba la falta de algún tipo de oráculo que nos pontificara como un Papa de la Constitucionalidad.

Para ello comienza de un modo muy original: echándonos en cara las muchas cosas malas que ha hecho la Iglesia, que es muy pero que muy mala.

Esto me encanta, para dejar claro qué es lo que la Conferencia Episcopal puede decir o no puede decir en un régimen aconfesional, lo mejor es lanzarle al rostro venerable o no de los obispos todo lo encontrado en los contenedores de la Historia, desde la muerte de Abel, pasando por los primogénitos de Egipto, las muertes en la toma de Jericó, las ranas del Nilo y así. Este hombre es la monda.

Después vuelve al presente deslumbrándonos con pensamientos como éste: La Iglesia reclama un derecho de veto frente al contrato social, a los acuerdos de las mayorías, y la idea de soberanía popular.

Honestamente, ni la Iglesia reclama un derecho de veto, ni ha negado que la sociedad se organice en base al acuerdo de la mayoría, ni niega la soberanía popular. Peces, Peces, Barba, ¡que no te enteras! ¡Qué llevas monologando mucho decenio ante imberbes! Que lo único que defendemos es nuestra libertad de expresión, el poder decir lo que nos venga en gana y hacer alguna que otra manifestación si nos dejan. Después la sociedad civil hará lo que quiera.

Si partimos del principio de que todas las leyes de los marxistas reformados son la libertad, y que cualquier disenso es la imposición de las mitras, pues claro, somos más malos que la quina y lo que habría que hacer es darnos un palo, que es lo que nos merecemos.

Que no, que nosotros somos tan demócratas como usted. Lo que pasa es que usted, don Gregorio, tiene la cabeza tan llena de NO-DOs, que para un cura joven del siglo XXI como yo su discurso resulta de otra época.

Pero ese anciano hijo de Robespierre ni corto ni perezoso continúa diciendo: Son los signos más evidentes del carácter antimoderno de la Iglesia católica que quisiera para sí lo que está institucionalizado en países como Irán, donde un poder religioso está por encima del poder de un presidente de la República elegido por sufragio.

Peces, a lo mejor eso es lo que querías que nosotros hubiéramos dicho, pero nunca lo hemos dicho. Con lo cual tus palabras no van con nosotros. Ni pedimos estar por encima del presidente del Estado, ni hemos matado a Kennedy, ni Rouco ha quemado a ningún albigense. Así que ahórrate ese tipo de soflamas, que no vamos a pedir perdón por haber dicho lo que no hemos dicho.

Aunque yo insistiría más en el tema de los albigenses. A los jóvenes con tanto Gran Hermano y ocho horas diarias de música en el i-pod ya les bailan las fechas y los conceptos. Así que si promueves una Ley de Memoria Histórica que llegue hasta el siglo XIII, es posible que aun veamos a Cañizares en chirona.

Pero como sabe que para lograr eso se requieren todavía muchos años de Informe Semanal y tres mil episodios de Cuéntame, el hombre se desfoga en El País que siempre cae a manos para aliviarse los ardores anticlericales. Y así este ancianito de otro tiempo nos dice iracundo: No sólo el Vaticano ni el Papa, también la Iglesia institucional española ha repetido en innumerables ocasiones que es depositaria de verdades que están por encima de las coyunturales mayorías y de la soberanía popular.

Esta frase del catedrático gruñón la firmaría ahora mismo. De hecho no sé si es un ataque o la ha copiado de mi último sermón dominical. Y mucho me temo que cualquier persona dotada de raciocinio, puede entender que si uno es un creyente, es lógico que piense así, de la forma que él critica. Hasta un ateo puede llegar a la conclusión de que su abuela tenía más razón y más sentido común que una conyuntural mayoría. Y la Constitución protege el derecho a que ese ciudadano piense eso de su abuela, del Dalai Lama, del Libro de la Sabiduría Taoista, o de El Capital. Eso, señor Peces, se llama libertad, respeto a las ideas ajenas y tolerancia. Lo suyo, señor, es muy rancio, muy poco intelectual, pero no le evitará que rece un misterio del rosario por la salvación de su alma.

Pero frente a mis buenos sentimientos por él, Peces está embalado, no hay quien lo pare. Y embriagado prosigue: Desde esas coordenadas intelectuales antimodernas que desconfían del impulso social y político desde la idea un hombre un voto, se puede afirmar la difícil coexistencia y la más difícil lealtad de la Iglesia con la democracia.

Considero que sus palabras hablan por sí mismas. Para él, pensar distinto es ser antimoderno, no ser leal y nos advierte que va a ser muy difícil coexistir con nosotros. Qué raro, y yo que creía que si respetábamos las reglas del juego democrático todos podríamos coexistir en paz. Pues no, no padre, no señor. Aquí no hay lugar para el disenso religioso.

El catedrático continúa sacando su bilis, su mal humor, su intolerancia, cuando nos amenaza: Por eso está justificado desde el lado de la democracia, en la cultura jurídica y política moderna, poner límites a la soberbia pretensión de la Iglesia de tener la última palabra en el ámbito público y señalar las incompatibilidades radicales de su visión premoderna del mundo y de la vida, desde un non possumus laico y secularizado frente a los abusos eclesiásticos.

Ya no vale la pena añadir comentarios, quizá tan sólo el divertimento de incluir más perlas de Peces el Magnánimo: Frente a toda esa cultura institucional católica que niega la modernidad, es necesario ese non possumus, para señalar lo que desde la cultura democrática no se puede aceptar de las posturas de la Iglesia. Son todos aquellos comportamientos los que llevan a la conclusión de la incompatibilidad de la Iglesia con la democracia.

Ya me estaba empezando a barruntar que ésta y no otra iba a ser la conclusión. A ver si acabo fuera de la Ley, a ver si me acaban quitando el pasaporte. Peces, de momento, no me quita el pasaporte, pero acaba por advertirnos: Ante ese panorama no podemos asumir la idea de que la Iglesia es poseedora de un patrimonio de verdades últimas sobre el ser humano que condicionan la democracia.

Este señor dice no podemos asumir, pero de ahí hay un paso a no podemos permitir.

De hecho, a partir de ese momento, en su escrito ya no se reprime y afirma todo el rato: no podemos aceptar, no podemos permitir, no podemos facilitar, no podemos equiparar.

Podría haber hecho yo un análisis más en detalle del texto de Peces Barba desde el Derecho Constitucional, desde la Filosofía del Derecho. Pero no se lo merece. Sus palabras carecen de peso intelectual. Peces es un intolerante, es el pasado que nos ha traído redivivo el Gran Timonel Zapaterista con su cohorte de división, reavivación de odios y destrucción de consensos. Creímos que en la democracia había lugar para todos. Ahora ya sólo nos queda esperar la multiplicación de los Peces.

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Los iconos del Mal

16.08.08 | 23:10. Archivado en Con clave

Iba hoy a contestarle a Peces Barba, pero lo haré mañana. Esta noche estoy inmerso en la contemplación del gran combate entre el Bien y el Mal: Darth Vader, espada en mano, contra el pobre y bueno de Luke Skywalker. Antena3 está emitiendo El retorno del Jedi. ¿Y quién puede perderse esta gesta épica?

¡Qué malo es el Emperador! ¡Qué oscuro Darth Vader! Infeliz, sólo ahora, al final, es cuando lo entiendes, le dice a Luke el malvado Emperador con ese tono sádico, con esa serena flema del que está habituado a hacer el mal.

El zumbido de las espadas, la música de John Williams de fondo, ah que bien me lo pasé la primera vez que vi esta película. Recuerdo que yo tenía pelo encima de mi cabeza, acné en la cara, me afeitaba por primera vez el bozo, leía Superlópez y Los Pitufos, y escuchaba la Trenka.

Para mí, nada simboliza mejor el mal que Darth Vader. Peces Barba a su lado parece un aprendiz. Chavez hace méritos, pero la boina roja me desconcentra, me rompe el ambiente. Y si empieza a cantar, peor. ¿Pero es que alguien se imagina a Vader cantando? Alguien debería decirle a Hugo que si quiere seguir el camino del reverso tenebroso, debería hacerlo pero con un poco de clase, con un poco de estilo. Esa versión tropical del villano está más en la linea de Joker o del Señor Pinguino.

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Qué bonito es el ajedrez, el ajedrez diocesano.

15.08.08 | 23:40. Archivado en Con clave

En el ajedrez hay seis tipos de fichas: peones, torres, caballos, alfiles, reina y rey.

No sé, en esta hora nocturna, antes de sumergirme en mi nada bien merecido descanso en esta noche fresca de agosto, me ha dado por preguntarme cuantos tipos de fichas eclesiásticas hay sobre el tablero de la diócesis.

El tema es profundo para dedicarle cinco minutos, que es el tiempo del que dispongo ahora, salvo que quisiera sacrificar Completas, cosa que no haré. O sacrificar algo de tiempo de mi sueño, cosa que no se me ocurre hacer.

Seis tipos de fichas. Desde luego hay curas-peones, de eso nadie duda. La primera fila de las fichas las forman los coadjutores y párrocos de pueblo. En mi diócesis, el cura de Nuevo Baztan o Corpa entrarían en esta clasificación. Ni siquiera se ofenderían por esta consideración.

Haciendo un cierto esfuerzo de imaginación me doy cuenta de los alfiles, que son dos, corresponden a nuestros dos vicarios episcopales: don Javier y don Pedro Luís. Hay una reina, don Florentino, ese sería el poder del vicario episcopal. Dado su sentido del humor y del deber, tampoco se ofenderá de que le coloque en esa posición.

Hay dos caballos que corresponderían al ecónomo y al canciller: don Pascual y don Ignacio. Las torres que defienden el tablero diocesano son esos párrocos que tienen más peso específico que los curas-peón, pero que no llegan a adentrarse hacia el centro curial del tablero. Estos serían don Pablo Pérez o Francisco Rupérez.

Me imagino que este pensamiento de antes de irme a la cama puede tener bastante éxito dentro de mi diócesis, y correr de boca en boca durante varias semanas. Bueno, ha nadie he ofendido. Puedo irme a dormir tranquilo. Otra cosa sería analizar las jugadas que se han dado en este tablero en los últimos tres años. Pero eso no será labor para esta noche. No, señor. Aunque reconozco que sería interesante. Pero no, no caeré en la tentación.

Bueno, si caigo en la tentación, sólo analizaré las jugadas más inocentes.

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Hágase el infierno sobre la tierra

14.08.08 | 22:54. Archivado en Con clave

Hoy después de la comida he acabado de leer un libro que me ha tenido absorbido. Durante tres días he estado deseando que llegaran los momentos de descanso para volver a él. Se trata de una novela (ya agotada) de Kessel, Manos Milagrosas, sobre el médico de Himmler. Yo ya conocía la existencia de este médico por una biografía que leí del jefe de las SS, pero nunca me imaginé que la vida de este finlandés que siempre rechazó el nazismo hubiera sido tan emocionante.

La vida de un médico que sabiendo que no podía salvar a todos, decidió permanecer en su puesto para salvar a algunos.

El libro ha sido la historia de alguien que sabía que podía hacer poco bien, pero que decide aceptar con humildad sus limitaciones y se mantiene en su puesto.

Otra cosa que el libro deja claro de un modo magistral, es la gran variedad de matices que había en un cuerpo tan maligno como el de las SS. El militar de cincuenta años que se considera a sí mismo ante todo un militar, y se siente deshonrado en su honor por las órdenes que sus subordinados están llevando a cabo. El amable secretario que realmente lo único en lo que está interesado es en las cosas de su despacho. El joven oficial ambicioso que está dispuesto a todo por seguir subiendo. El coronel que se siente herido en su orgullo porque un médico desafecto esté tan cerca del Reichsführer, mientras que él dejándose el alma no haya logrado ni la mitad de confianza de un jefe cuyo despacho sigue siendo inalcanzable ni siquiera para ser recibido.

En los círculos concéntricos que rodeaban a Himmler pululaban hombres carcomidos por la codicia del poder, hombres más instruidos que despreciaban esa ideología pero que miserablemente colaboraban, intrigas, delaciones, sospechas.

Una vez más compruebo cuantos matices, cuantos claroscuros, hubo en el infierno. Qué combinación de historias personales se dieron bajo las bóvedas del Abismo.

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Castro (dictador) y Stone (director de cine)

13.08.08 | 23:51. Archivado en Con clave

Bueno, acabo diciendo que he visto a través de dos cenas y una comida el reportaje Comandante de Oliver Stone, un documental de hora y media sobre Fidel Castro. El Nixon de Stone es una de mis películas favoritas de toda la historia del cine.

El director acompañó durante tres días al dictador y le preguntó sobre todos los temas. Lamentable encontrar un personaje tan plano, sus respuestas denotaban poca inteligencia, muchas veces ni siquiera comprendía la profundidad de las preguntas de Stone. Ni por un momento Fidel manifestó el más mínimo arrepentimiento, la más mínima duda en cualquiera de sus posiciones. Ni siquiera mostró una mínima psicología interesante.

Sus respuestas eran de mitin, negar todo lo malo, negar hasta lo obvio, negar, negar, negar. Y dar unas respuestas de adolescente y sorprenderse de haber sido tan agudo. Lo que más le costaba a Fidel todo el rato era ocultar su propia autosatisfacción ante el despliegue de respuestas que estaba dando.

La parte que más memorable es cuando Fidel dice completamente en serio: sabe, lo que me pasa es que soy exagerado en la autocrítica.

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Estamos con Georgia

12.08.08 | 22:44. Archivado en Con clave

La muerte en Londres de Litvinienko, el asesinato de periodistas rusos, la apropiación de Gazprom, la persecución judicial de varios opositores? por supuesto Putin no tiene nada que ver en eso, sus manos están limpias, Putin es un hombre honrado.

Putin es el típico hombre honrado al que se le mueren los opositores. Es un hombre con suerte, rodeado de adversarios con mala suerte. Los opositores de Putin son hombres malos, por eso acaban en la cárcel. La muerte y la cárcel como círculos concéntricos rodean a este hombre honrado putinesco.

Hoy se ha presentado en su despacho con las manos manchadas con la sangre de sus hermanos, la sangre de los hijos de Adán, la sangre de los hijos de Dios. La guerra, la última proeza de este hombre con cara de canalla. Invadir un país independiente. Mutilados, muertos, llanto, destrucción. Todo por orgullo. Mi ego por encima de la vida de los demás.

Las manos de los asesinos masivos deberían chorrear sangre todos los días. Para que cada jornada se las tuvieran que lavar a sabiendas que al día siguiente, delante de todos, a lo largo de las horas, volverán a trasudar ese líquido precioso donde está el alma del hombre. Deberían tener que limpiarlas una y otra vez a sabiendas de que volverán a trasudar ese líquido manchando ropas, manteles, camas. Personas como él, tendrían que ir todo el día con un pañuelo en la mano, limpiándose cada cuarto de hora, cada media hora.

Miles de georgianos se han reunido hoy en la capital, orgullosos de su independencia, de su país. ¡Estamos con vosotros! No nos es diferente vuestro sufrimiento.

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Fortea y la memoria histórica

11.08.08 | 23:04. Archivado en Con clave

El pasado viernes llamé al obispado y le dije al arquitecto de la diócesis: ¿nos vamos al Palacio de El Pardo? Ni él ni yo somos franquistas, tampoco antifranquistas, somos demócratas al servicio de la Iglesia Católica.

Así que ni cortos ni perezosos cogimos el coche y nos dirigimos hacia lo que muchos luchadores por la democracia consideraron durante años la Estrella de la Muerte.

La visita turística no defraudó, nos enseñaron todo, desde el despacho al baño. Me daba la sensación de estar viviendo el NO-DO en color y tres dimensiones.

La fachada de El Pardo no entusiasma. La miras, la vuelves a mirar, y dices: no sé, algo no funciona.

Una vez que entramos dentro, me esperaba encontrar fríos pasillos de colores grises, salas ramplonas decoradas al estilo de los años 60. Nada más lejos de la realidad.

El palacio tiene integra toda la decoración de los monarcas del XVII y XVIII. Sus coloridos interiores son el prado más multicolor que he visto nunca. Visualmente ese horror vacui, ese estilo borbónico, esas formas redondeadas, tapizadas, era agobiante. Vivir allí me hubiera resultado opresivo. Nunca he visto tanto marco dorado como allí. Los borbones han hecho mucho daño a España, también en lo estético.

Pero el viaje casi me cuesta la vida. Durante el viaje el arquitecto tuvo reparos en una pequeña inocente maniobra de marcha atrás que le sugerí, y casi me mata en la maniobra más peligrosa de toda mi vida. Pensé ecclesiam construís et ecclesiasticum destruís?, pero no dije nada, me bastaba haber salvado la vida.

Morir camino de El Pardo hubiera sido un extraño epílogo que hubiera dado a muchas conjeturas descabelladas, aunque no exentas de una cierta belleza literaria.

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Old Fort.

10.08.08 | 22:14. Archivado en Con clave

Esta foto es de mi viaje a Roma este verano. A mi izquierda, un sacerdote anglicano de York. A mi derecha, un sacerdote ortodoxo de Rusia. El de enmedio soy yo. Bueno, me gustaría decir añadir algo más al post de ayer, que fue un post muy sentido. Me gustaría decir algo más sobre mi vejez, lo que espero que sea mi vejez, o cómo veo la etapa final de mi vida. Pienso disfrutar de mi propio quebrantamiento físico, día a día, síntoma a síntoma. Contemplar mi propio desmoronamiento con la flema del observador ajeno que observa la gran obra de arte de la deconstrucción. Paladeando el proceso. Porque siempre me ha parecido que ese hundimiento lento, pausado, está lleno de poesía. Es la última gran lección de la vida, la última sinfonía que oímos, con sus propios tempos, con su propia armonía, un adagio grandioso.

Espero entrar en la muerte consciente. Si es posible, le pediré a mi médico no estar completamente abotargado por la anestesia, aunque ello suponga tener que sufrir dolores agudos en esos últimos momentos.

Sé que pensáis que no tengo ni idea de lo que estoy hablando. Pero he sido capellán de un inmenso hospital durante un año. He visto morir a muchas personas, he sido testigo de muchos tipos de agonías, de muchos tipos de sufrimientos. Y digo lo que digo desde la más perfecta consciencia.

Quiero reflexionar, meditar, amar y sufrir hasta el último instante en que sienta mi alma desprenderse de ese cuerpo atravesado por sondas, catéteres, llagas y dolor. Será un momento que habrá valido una vida. Quiero vivir el último segundo antes de la eternidad.

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Sobre la vejez

09.08.08 | 22:17. Archivado en Con clave

No sé hablar italiano, absolutamente nada fuera de cuatro frases hechas:

-ah, la pizza

-Mamma mía, questo e il bambino!

-Arrivederci e buona sera.

-Le voi a fazer una proposizione que no vai a poder rechazare.

Por eso digo con toda precaución que me ha parecido entender en un reportaje sobre Pablo VI, que allí se decía que él le pedía al Señor que el día que se lo llevara, lo hiciera sin que se diera cuenta.

No seré yo quien critique los gustos pontificios, pero yo de siempre le pido justo lo contrario: me gustaría darme mucha cuenta, estar apercibido desde meses antes.

Escucharía más a Bach, leería más la Biblia, haría penitencia, dedicaría largas horas de oración ante el Santísimo Sacramento, arreglaría mis asuntos terrenos.

No perdería mucho tiempo en despedidas, o mejor dicho ninguno. Ya se enterarán.

No perdería, creo, mucho tiempo en acabar los libros que haya dejado a medias. Para mí la literatura siempre ha sido un ingrediente de mi vida, no un monumento funerario.

Y saborearía cada día como si fuera el último: el último paseo, el último helado, la última paella, la última vez que veo La Misión, la última vez que veo Blade Runner, las últimas páginas que escribo antes de despedirme de este mundo. Sin duda pensaré mucho qué es lo último que escribo. Aunque ahora me muriera, mi disco duro tiene obras mías para parar un tren. Las editoriales podrán seguir publicando años y años después de mi entierro.

Pero os aseguro que si me es posible -lo digo ya ahora, tantos años antes-, me gustaría irme despidiendo de la vida a través de este blog, post a post. Pienso disfrutar de mi propio quebrantamiento físico, día a día, síntoma a síntoma. Contemplar mi propio desmoronamiento con la flema del observador ajeno que observa la gran obra de arte de la deconstrucción. Paladeando el proceso. Porque siempre me ha parecido que ese hundimiento lento, pausado, está lleno de poesía. Es la última gran lección de la vida, la última sinfonía que oímos, con sus propios tempos, con su propia armonía, un adagio grandioso.

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De senectute, Marco Tulio Fortea

08.08.08 | 23:27. Archivado en Con clave

La quintaesencia del placer de escribir libros está en recibir comentarios de los lectores. Hoy una joven lectora universitaria de Paraguay me ha escrito un e-mail en el que me hacía partícipe de sus temores a envejecer:

no me gustaría estar enferma, tener dolores, depender de los demás para poder realizar algunas tareas, mucho menos el estar en cama,

Querida, digamos, Deborah:

No sé si moriré joven como un héroe romántico. Pero si llego a la ancianidad, me encantaría llegar a una vejez como la de esos que rompen records. Esos ancianos que se mueven a pasitos de cinco centímetros y miran con una mirada que parece que trasciende ya este mundo.

Pero antes de esa fase me gustaría pasar por la etapa de una especie de Sean Connery/Guillermo de Basquerville/Dr.Jones retirado.

Lo que sí que puedo decirte, estimada Deborah, es que no me importa llegar a ser un viejo enfermo, dolorido, que pasa mucho tiempo en su cama. Pienso disfrutar todo lo que pueda de recibir a la gente ligeramente incorporado en los almohadones de mi cama, quejarme de que me duele el lumbago, y en general todos los huesos. ¡Cierre la ventana!, ¿quiere matarme de un resfriado? Y contar batallitas al que venga a verme, contadas a un ritmo lento, mientras me vuelvo a poner el edredón hasta la parte superior del cuello y toco una campanilla para que me traigan un vaso de agua, que beberé con suma concentración. Pero no seré un viejo cascarrabias, sino un anciano agradable, sonriente y agradecido a todos.

Me gustaría pensar que mis mejores libros los escribiré en esa cama. Que mis páginas más inspiradas, las más luminosas, las más conmovedoras, saldrán de un cuerpo dolorido y frágil. Pero sé que en esa época me dedicaré todo el tiempo a leer, a rezar, o a ver la tele. Y entonces diré cerrando lentamente los ojos: ay que ver cómo está la tele.

Y después de la merienda, diré: voy a ver qué escribo en el post de hoy. Las ciruelas han hecho su efecto, duermo catorce horas al día, mi médico es un estirado poco amable.

Espero que vuestros nietos me lean con la misma compasión que vosotros. Claro que siempre habrá comentaristas no del todo favorables, no del todo cordiales.

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Algunas consideraciones sobre la parroquia de Entrevías

08.08.08 | 00:44. Archivado en Con clave

Dado que el conflicto con la parroquia de Entrevías ha desaparecido de los medios de comunicación, y las cosas ya se ven con distancia y serenidad, me gustaría hacer algunas consideraciones más profundas sobre el tema.

La lucha entre los dos curas rebeldes y la curia, no fue tal lucha. Sino que fue el intento de entendimiento de la jerarquía con unos curas que no tenían nada que dialogar y que sólo ofrecían una postura: o lo toman o lo dejan.

El Arzobispado de Madrid intentó por todos los medios llegar a un acuerdo, a algún tipo de entendimiento. Pero los curas rebeldes sólo ofrecieron este trato: o nos dejan hacer en su parroquia (la de la Iglesia Católica) lo que nos de la gana o les vamos a hacer todo el daño que podamos.

Esta supuesta opresión se presentó como la lucha entre el progresismo y el tradicionalismo. Pero no era así.

Ellos rompieron algo sacrosanto desde el mismo comienzo de los primeros cristianos: la comunión.

Ellos impusieron su fe, su liturgia y su moral, frente a la fe, la liturgia y la moral de la Iglesia.

Pudieron haber luchado por un sano progresismo dentro de la Iglesia, pero optaron por defender un radicalismo experimental de los años 70. La Iglesia entera ya está de vuelta de ese experimento desde hace decenios.

Presentaron su lucha como la lucha por los pobres. La Iglesia nunca les llamó al orden por ayudar a los pobres.

Es oficio del obispo mantener el orden eclesial. Y eso vale para los lefevrianos, los iluminados, los exaltados, los visionarios y las visiones más inaceptables acerca del mensaje de Cristo.

La Madre Teresa de Calcuta hubiera repudiado sin vacilaciones a estos defensores de los pobres. El mismo Primado Anglicano (nada conservador) hubiera rechazado algo así. Ésta no era la guerra de Jesús, sino la suya propia.

El gran error de esos dos curas fue decir: progresismo sí, pero Tradición no. Era la visión de un cristianismo excluyente. En la Iglesia no es que tenga que haber lugar para mucha libertad, sino que debe haber lugar para toda la libertad posible. Pero ellos eran dictadores en miniatura. Ellos personificaban la disolución del mensaje de Cristo en pro de una mera acción social. Ellos rasgaron el Evangelio de Jesús para quedarse únicamente con las partes que les gustaban.Esos dos curas no son el futuro, sino el pasado.

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Dichoso blog que tantas alegrías me has traido

06.08.08 | 22:48. Archivado en Con clave

El lunes me ocurrió una de esas cosas que te llegan al corazón. Una llamada que me dejó boquiabierto. El día anterior en mi post titulado La Iglesia en la que creo yo

había escrito en un párrafo lo siguiente:

Creo en la Iglesia que habla latín, en la que habló siriaco y la de un loco esquizofrénico al que no se le entiende, pero que también es parte de la Iglesia. La Iglesia también es ese loco.

Reconozco que ese post estuvo inspirado. Que es uno de los que más satisfecho me siento, de todos los que he escrito nunca. Pues bien, desde Barcelona me llamó un joven de mi edad al que le había gustado mucho ese post. Y añadió: soy esquizofrénico y me ha encantado, siento que la Iglesia también es mía.

No hace falta decir que en ese momento y en la conversación que siguió, sentí verdadera emoción. El blog sólo me ha producido que alegrías desde que lo empecé. Gracias a él, esta semana he concelebrado con un sacerdote lector del blog que vino a mi parroquia, gracias a él he comido con lectores asiduos, he ido al cine con ellos, he paseado por Madrid.

También uno se sorprende de la cantidad de odio que tienen algunos comentaristas como para sentirse en la obligación de manifestarte su enemistad de forma diaria. ¿Cómo puede ser eso? Un verdadero misterio de la psicología humana. Es como si el mundo del blog tuviera sus propios infiernos.

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El mundo antes de Internet II

05.08.08 | 23:35. Archivado en Con clave

Si Matrix se hubiera estrenado en 1980 casi todas sus referencias hubieran resultado incomprensibles. Pero los jóvenes de ahora tampoco captan que muchas obras literarias e intelectuales de entonces se escribieron para un mundo en el que no hacía falta explicar aquello que todo el mundo ilustrado sabía, pero que ahora ya no puede darse por supuesto.

Los que estudiábamos el bachillerato sabíamos a la perfección la historia de Grecia y Roma, conocíamos todas las magistraturas romanas, todas las guerras de Esparta, me sabía de memoria el comienzo del famoso discurso Quousque tándem abutere Catilina patientia nostra. Ese mundo para mí era familiar, recorrido infinidad de veces. Y, sin embargo, del siglo XIX de la historia de España sabía muy poco. Y si entrábamos en el XX, sobre todo a partir del 36, entonces sí que no sabía nada de nada. Todo era niebla y oscuridad. En realidad ni siquiera era niebla y oscuridad, porque como nunca se hablaba de ello, nunca me pregunté qué pasó en esos años. Esos años no me planteaban ninguna pregunta, porque no tenía noticia alguna de que hubieran existido.

Curiosa paradoja. El mundo de la luz clásica era para nosotros un mundo real, cercano, una continua referencia. Mientras que la historia reciente era un agujero, algo de lo que no se hablaba.

Es una de las curiosas paradojas, hay más que poblaban nuestro mundo tranquilo. Un mundo en el que encendías la televisión y jamás esperabas que sucediera algo así como el 11S o la Guerra de Irak. Es cierto que en esa época también había guerras y atentados, pero todo era tan lejano. Se tenía la sensación de que todos aquellos desastres jamás podrían ocurrir en La Comarca de los hobbits. Los desastres como el de El Coloso en llamas o El Desastre del Poseidón, eran cosas que pasaban en mundo paralelos, no el mundo real que en su 90% era La Comarca.

No miro esos años con ninguna nostalgia, prefiero vivir en el presente, o mejor en el futuro. Me limito solamente a constatar que hubo una época en que los tomates olían a tomate y sabían a tomate, en que los melocotones eran otra cosa, y en que entrar en una frutería era entrar en una sinfonía de fragancias. Como no había Play Station, de verdad que éramos felices en verano jugando con la botella de Mistol rellena de agua, porque para mí era un rayo láser recargable con el que hacía caer a hordas enteras de soldados del futuro (época de Flash Gordon) y con el que ocasionalmente mojaba a mis primas.

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El mundo antes de Internet

04.08.08 | 23:58. Archivado en Con clave

Hoy me ha dado por recordar cómo era mi Barbastro natal. Estas cosas suceden mucho en las inmediaciones de los cuarenta. Los jóvenes de dieciocho años no se imaginan hasta qué punto era diferente el mundo antes de Internet y antes del teléfono móvil. Fue hace tan poco y parece que fue hace tanto. Nacimos en un mundo que no estaba ni digitalizado, ni globalizado.

Los jóvenes de ahora no se hacen una idea de hasta qué punto la educación de un adolescente de aquella época en una pequeña ciudad de provincias, estaba basada en la cultura clásica y en los valores tradicionales.

Hay una vieja enciclopedia que varias veces he pensado en donar porque me ocupa mucho espacio, es mi vieja enciclopedia Larousse. Diez tomos gruesos, pesados, alfabéticos. Una gran enciclopedia de su época. Fue mi Internet de mi infancia. Cuando me aburría navegaba por ella. Me conocía todos sus innumerables dibujos, efigies y fotos. Unas veces leía sobre los mitos germanos, otras sobre Metrópolis de Lang, otras veía pinturas rusas, otras la evolución del sillón a través de la historia. Hoy día resulta inútil, como un gran fósil. Pero le tengo cariño, me recuerda mi pasado.

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¿En qué Iglesia creo yo?

03.08.08 | 23:23. Archivado en Con clave

Creo en la Iglesia que es una santa, católica y apostólica. Creo en la Iglesia de las viejecitas enlutadas que rezan el rosario en una esquina de la iglesia, y creo en la Iglesia de las comunidades africanas que danzan y danzan y cantan a pleno pulmón y dan palmadas y mueven los brazos levantados.

Creo en la Iglesia del órgano y el incienso, y en la Iglesia de la guitarra y del predicador un poco exaltado. Creo en la Iglesia de la que forma parte el cura de pelo largo, pero de la que también forma parte el monje tonsurado.

Creo en la Iglesia de la Congregación para la Doctrina de la Fe, creo en la Iglesia de Rouco Varela, en la del padre Emiliano Tardiff, en la de los obispos corruptos de la Edad Media, en la de los patriarcas venerables del siglo III y en la de los Padres del Desierto.

Creo en la Iglesia que condenó a Galileo y en la de las catacumbas. Creo en la Iglesia triunfante medieval y en la Iglesia perseguida en China.

Creo en la Iglesia que habla latín, en la que habló siriaco y la de un loco esquizofrénico al que no se le entiende, pero que también es parte de la Iglesia. La Iglesia también es ese loco. Beda el Venerable y el pobre paranoico que cree que le persiguen son parte de esa misma barca. La Iglesia también es una Iglesia de deficientes mentales y de madres solteras. La Barca de Cristo no pertenece más a los intelectuales que a ellos. Todos son parte y no pertenece a nadie, salvo a Aquél que dictó las reglas. Sólo Él dice mi Iglesia en un sentido distinto del que yo digo mi Iglesia.

Creo en una Iglesia que me pide que no coma carne los viernes, y en una Iglesia con un Papa tan poco fotogénico como el actual.

Creo en la Iglesia de los monseñores con fajín que piensan en ascender y en la de la viuda de la India que pone un billete para el óbolo de San Pedro.

También creo en la misma Iglesia en la que cree una viuda católica india que es muy mala y lenguaraz, y en la que cree el joven monseñor que sirve al Creador con puro corazón, enamorado de Dios.

Creo en la Iglesia de los archiveros e historiadores, y en la de las niñas vestidas de blanco de la primera comunión.

Creo en la Iglesia del Vaticano y en la de mi abuelo marchante de mulas, porque ambas son la misma Iglesia.

Creo en la Iglesia de La Misión y en la de Un hombre para la eternidad.

Creo en una Iglesia que me predica una verdad absoluta, creo en la Iglesia del Denzinger, y en una Iglesia cuyo Papa abraza al patriarca ortodoxo y ora con el primado anglicano y reconoce que al Cielo puede ir gente muy rara.

No creo en la Inquisición, no creo en los curas pederastas, no creo en hombres ambiciosos y mundanos que ocupan puestos en la Iglesia que deberían ser para los discípulos de Jesús. No creo en los hombres que se creen iluminados. No creo en los que tienen una idea torcida de lo que es la posesión de la verdad. No creo en seres humanos que se creen semidioses. No creo en hombres que creen estar por encima de otros hombres por el hecho de saber mucha teología o de tener cargos. No creo en hacer sufrir bajo el pretexto de que hay una buena razón para ello. No creo en no hacer el bien so capa de una visión de conjunto superior. No creo en una Iglesia que predica que todo da lo mismo. No creo en una Iglesia que predica un mensaje vago y etéreo, y no una verdad concreta. Creo en la Iglesia pero no gracias a los horribles carteles parroquiales de las Obras Misionales Pontificias, ni gracias a los fríos sermones filosóficos con que algunos nos castigan. No creo en la Iglesia por el gran esfuerzo que han hecho algunos en parecer modernos y tolerantes. Tampoco creo en el tradicionalismo que me parece una nueva forma de fariseísmo cristiano. Pero tampoco creo en una Iglesia de los pobres, porque la Iglesia no es de nadie: ni de los pobres, ni de los tradicionalistas, ni de los canonistas. La Iglesia es de Dios.

Yo creo en la Iglesia real formada por pecadores y justos. No creo en un ideal, sino en un rebaño concreto vivificado por el mensaje y la sangre de Jesús hijo de María.

Creo y obedezco, cuando me gusta y cuando no me gusta. Creo e inclino mi cabeza, incluso cuando no lo entiendo y digo: Señor, no lo comprendo, pero me someto, someto mi voluntad.

Creo que los Apóstoles dejaron unos sucesores, a los cuales me someto. Creo que la Iglesia tiene una cabeza en la Sede de Pedro, a la que me someto. Aunque me parezca, insisto, la cabeza menos fotogénica en muchos decenios.

Amén, amén, amén.

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Y Dios creó a Gandhi para darnos pequeña lección a los católicos

02.08.08 | 21:57. Archivado en Con clave

Me puedo imaginar a Bach preguntándose por qué otros eran los que en su época recibían el aplauso, la fama y el dinero, mientras él era considerado pasado de moda. También me imagino a él encontrando la inevitable respuesta: su obra, su música era el galardón de Dios, dado por Él mismo. Los otros premios eran irrelevantes.

Otros recibían el aplauso de su generación, él recibía el aplauso de Dios. Cualquier otro aplauso menor hubiera resultado una especie de eco, algo así como una percusión disonante junto la ovación incontestable. Bach tenía que escuchar en toda su pureza ese aplauso único.

Otros compositores tratarían de escribir su música a la mayor gloria de Dios. Buena intención, buena voluntad, a veces sólo eso. Mientras que el Creador había hecho a Bach para su propia mayor gloria.

Otros harían música para Dios. Dios había hecho a Bach para sí.

Eso es lo incontestable de Bach, que Dios hizo brotar una música ante la cual todas las demás callaron. Óperas, obras bufas, partituras graciosas, movimientos con grandes orquestaciones, estrofas efectistas? todas las músicas se arrodillaron, conscientes de que estaban escuchando la gloria de Dios hecha música. De que aquellas armonías salidas de la mano de un pobre músico provinciano pluriempleado eran algo cualitativamente superior a lo que habían escuchado los siglos.

Emile Cioran es sus Conversaciones dijo: Bach es la única cosa que te da la impresión de que el universo no es un fracaso. Todo en él es profundo, real, sin teatro. Después de Bach, Liszt resulta insoportable. Bach da un sentido a la religión. Bach compromete la idea de la nada en el otro mundo. Sin Bach, yo sería un nihilista absoluto.

Y lo mismo que sucede con el arte, sucede con la política. Gandhi es el Bach de la política. Un ejemplo de cómo el Poder puede ser guiado por el espíritu. De cómo un solo hombre puede evitar dos guerras: la de independencia y la de Pakistán. De cómo un hindú enseñó a toda la humanidad otro modo de hacer política.

Gandhi podría ser nombrado el patrono de los políticos católicos. Fue un ejemplo de cómo lograr el poder a base de honestidad y bondad. Él no necesitaba estudiar qué iba a decir, ni qué imagen dar, ni contentar a las estadísticas. A ninguno de sus oponentes políticos se les pasó por la cabeza que de su boca no saliera otra cosa que la verdad. A ninguno de sus oponentes se les pasaba por alto que estaban frente a un gran hombre. Era muy difícil enfrentarse a él, porque era el bien puro: en él no había ambición, ni corrupción, ni intenciones torcidas, ni falsedad.

Si yo fuera Papa sería el primer sucesor de Pedro en canonizar a un hindú y a un protestante. Pero no tengo la menor duda de que las estatuas de Gandhi y de Bach honrarían el Vaticano. Sin duda también la estatua de Borges no sólo no desdeciría del lugar, sino que sería un ornato de él. Porque Dios es Dios de los agnósticos.

¿Será demasiado afirmar que Yahveh es Dios, y Borges su profeta?¿Sería demasiado imaginar una ceremonia de canonización de Gandhi con Bach dirigiendo al coro, y Borges vivo leyendo un texto compuesto para la ocasión?

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Y Dios entregó su arte un agnóstico a su mayor gloria

02.08.08 | 00:23. Archivado en Con clave

Hoy he escuchado una conferencia grabada de Borges. Su grandeza era casi tan grande como su humildad. El gran escritor tenía una humildad desbordante, incontestable. Nunca se las dio de humilde, sencillamente era imposible verle y no darse cuenta de la sencilla consideración que tenía de sí mismo.

No he podido evitar el recordar que no le dieron el Nobel. Creyeron que así le castigaban por algunas de sus ideas políticas, en realidad se castigaron a sí mismos, castigaron al premio. No darle el Nobel era dañar el nombre del premio.

Qué impresionante llegar a esa altura, en la que ningún premio te puede añadir nada. Esa altura tal a la que si no se le da el premio, es el galardón el que queda dañado. Eso lo logran muy pocos. Hace falta un arte tan sincero, un trabajo tan ajeno al sentir de los otros, una grandeza de ánimo tal, que muy pocos han llegado a esas cumbres: Borges? Bach?

Escucho ahora la quinta versión de la suite nº 1 de cello? lo tremendo es saber que Juan Sebastián era consciente de la música que estaba brotando de sus dedos al escribirla. Y aun así se levantó para dar clase a niños, para ensayar con una pequeña orquesta, para perder su tiempo en mil ocupaciones necesarias para seguir viviendo. (...)

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Bajo el cielo azul de un atardecer de julio

01.08.08 | 00:28. Archivado en Con clave

Una de las cosas que menos uso de mis parroquias es el despacho. En realidad, sólo lo uso los días de lluvia. Siempre que alguien viene para hablar conmigo, le digo: ¿damos un paseo?

Es tan agradable hablar paseando bien por la avenida arbolada de mi anterior parroquia, bien por la colina que sube a la montaña de mi actual parroquia.

La conversación adquiere un tono completamente distinto en la naturaleza, bajo el techo del cielo, que dentro de una habitación con una mesa por medio.

En mi actual parroquia, una iglesia del siglo XVII, me alegra el no tener despacho en absoluto. Cuando me enseñaron la iglesia por primera vez, pensé en mi interior: qué bien, no tiene despacho. La estrecha sacristía parece una mazmorra de la Torre de Londres. Es más, parece una mazmorra tétrica.

Hoy han venido dos parejas a hacer el expediente matrimonial. Casualmente me había venido a visitar un cura andaluz lector del blog. Le he dicho: vamos a los bancos del parque y hagamos los expedientes.

El parque con los novios y el cura, y el perro jugando con un bebé de uno de los testigos, ofrecía una estampa idílica.

Es curioso, alguien como yo que hago toda la vida que puedo al aire libre, que me encanta vivir bajo el techo del claro cielo castellano, cuando entro en una iglesia lo que menos me gusta es un exceso de luz. Cuando entro en un templo, me gusta encontrarme con un ambiente de recogida penumbra, con un ámbito mistérico, recogido, a la luz de las velas.

Aunque, incluso en verano, enciendo las luces de la parte de atrás, las inferiores del sobrecoro. Porque no importa lo iluminada y clara que esté la iglesia, siempre hay tres o cuatro viejecitas con bastón que con su paso cortito y vacilante se van por la parte más oscura, la más peligrosa, la de menos visibilidad, esa que ofrece una docena de trampas para sus pies ancianos.

La luz siempre tiene que estar encendida en ese apartado rincón, si no diera la luz y algún día se cayera alguna, la culpa la tendría el cura.

Y eso que nada más entrar en la iglesia, hay una trampa mortal para los que vienen de fuera. Un desnivel de la tarima muy difícil de ver tras el portón. Pero los del pueblo ya se lo saben y nadie tropieza, absolutamente nadie. Y menos esas viejecitas encorvadas de gruesas gafas. Los de fuera caen todos. Se sabe quien no es del pueblo, viendo quien tropieza y quien no.

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Carta a una amiga

30.07.08 | 22:22. Archivado en Con clave

Estimada, digamos, Olga:

A la altura que estamos de la vida, ya no tenemos que demostrar nada, ya no nos tenemos que ganar nada. Estamos para disfrutar de lo alcanzado y que nos hagan un poco la pelota. Te ha costado una vida llegar adonde estás. Donde llegues tendrás que demostrar tu valía, te tendrás que ganar el respeto. Los cuarenta no es la etapa para iniciar nuevas batallas, sino para ganar una vieja: aprender a vivir.

En la juventud nos dimos al trabajo, nos entregamos a él, nuestra vida era el trabajo, porque después de la tempestad vendría la calma, la isla con palmera y una hamaca. En mi caso mi isla podía haber sido una bella universidad en Nueva Inglaterra o algún tipo de cargo que me hiciera mirarme por la mañana al espejo con una cierta autosatisfacción. Pero en los cuarenta nos damos cuenta de que la vida no espera.

Sigue trabajando, pero vive cada día como una obra de arte, el arte de vivir. Sigue trabajando, pero si no estás en la isla, viaja a ella hoy mismo. Es un viaje interior que no resulta fácil, siempre pensamos que el descanso viene tras ganar las batallas. A los cuarenta nos tenemos que percatar de que detrás de una batalla siempre hay otra. Llega un momento en el que tenemos que decirnos: la batalla ahora me va a esperar a mí.

La gente piensa que es en la jubilación es cuando se disfruta de los frutos de una existencia. Pero la vejez pocas veces es espléndida. Es entre los 40 y los 60 cuando estamos en nuestra fase imperial. Hemos dejado atrás la juventud de la república y los bárbaros de la enfermedad todavía están lejos. Disfruta de Roma en su esplendor.

PD: Sobre la conversación que tuvimos pour le matin: Para ser un malo que hace del mal un arte, hay que entrenarse. No se puede ser malo a ratos. Un malo que dice ahora voy a ser malo, produce resultados deficientes. Normalmente produce incomodo, no maldad en estado puro.

Eso sin contar que para hacer bien el mal, se requiere una cierta predisposición natural. En este sentido casi podríamos decir que no es malo el que quiere. Aun así quedo a la expectativa. Si bien, en este campo de la maldad, podrías darnos magistrales lecciones. PS: El mundo puede resultar ingrato (más que nada por la gente) pero nada impide que te crees tu pequeño universo particular.

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Bajo el oscuro, tranquilo y cálido cielo de una noche de julio.

29.07.08 | 23:41. Archivado en Con clave

Llega el final del día y leo las noticias antes de prepararme la cena y poner mis pies sobre el puf.

Leo que Losantos ha sido condenado otra vez por la Justicia. ¿Qué tendrá que hacer para que lo echen? ¿Quemar el edificio de la Conferencia Episcopal? ¿Agredir físicamente a algún obispo con un bate de beisbol como en Los Intocables? Leo que la cúpula de Lumen Dei ha sido suspendida. Que te nombren Comisario Pontificio con funciones de Presidente de una congregación, la verdad es que mola.

Después de leer las noticias me hago un rollito de ensalada exótica y me dispongo a ver el final de Hannibal. Es una película fascinante por sus análisis psicológicos, y sublime por sus entornos florentinos. En la película, la casa de Werger en la Costa Este me parece más impresionante que Florencia. El final es demasiado sádico, más allá de lo que cualquier humano puede soportar. La visión del sadismo en ese extremo me parece más inmoral que una escena pornográfica.

Pero la cena acaba, por cierto con un helado de tarta de queso que se deshace mientras miro durante casi media hora las maravillosas pinturas decimonónicas de Alma-Tadema. No es primera media hora que le dedico. Qué amor al detalle, a la delicadeza, a la verdad histórica y a la belleza en general.

Después quemo una varilla de mirra. Me regalaron un paquete entero cuando fui a bendecir un spa. Escucho un poco de música mientras juego mi partida de ajedrez. John Williams, demasiadas veces escuchado, pero conocedor de su oficio. El contrincante de hoy o es un principiante o es un poco tonto. Este tipo de partidas son muy relajantes. Me encanta mover las fichas de forma que, de pronto, el otro se de cuenta de que le has ganado. Así, repentinamente.

Me voy a acostar. Como cada noche soñaré. Pero no buscaré su sentido simbólico. O si lo encuentro, no lo creeré. Los sueños, como las estrellas, pueden ser unidos formando todo tipo de líneas. Si no creo a la prensa (sólo la hojeo), menos a los sueños (aunque me gusta hojearlos también). Últimamente no creo mucho ni siquiera a la realidad.

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Era otro mundo, en verdad era otro mundo.

28.07.08 | 23:07. Archivado en Con clave

Desde hace algún tiempo, no mucho, unos meses, descubrí el entretenimiento de buscar recuerdos en la memoria de mi vida. Imágenes, escenas, episodios que no hayan sido recordados por mí desde hace años.

En los últimos meses he revisado al azar muchas páginas olvidadas. Pero lo que más me llama la atención, ahora, es que aquel mundo de mi infancia, ese Barbastro natal, ya no existe para nada. ¿Tanto ha cambiado el mundo en veinte años? Sí.

Aquella ciudad de viejecitas enlutadas de arriba abajo, viejecitas pequeñas, vestidas con trajes cosidos por ellas mismas, cubiertas siempre con un velo, ya no existe. Mi mismo instituto, sin ordenadores, sin móviles, tal como lo recuerdo es parecido al instituto de Regreso al Futuro. Me he acordado hoy cómo examinaba una a una las fotos que ponían en la cartelera de la calle en el Cine Cortés. A veces me desviaba hasta el Cine Argensola a ver qué ponían esa semana. Allí asistí al memorable estreno de La Guerra de las Galaxias. Me acuerdo cuando vi En busca del arca perdida. Qué misteriosa era Rusia en esa época. En mi infancia, jamás me imaginé que saldría de los confines de Barbastro y su comarca. El mundo era eso, el resto era el mundo exterior, un mundo que no era el mío, desconocido, hostil, peligroso, muy grande, demasiado grande para internarnos. Muchos de los ancianos de mi infancia nunca habían salido de la comarca más que para hacer el gran viaje, que era ir a Zaragoza. Volvían horrorizados de lo grande que era. Todos regresaban diciendo: eso no es para mí.Era una época ingenua, sencilla, carente de toda complicación, en la que jugábamos al Monopoly y nos tomábamos un helado cada tarde del verano sentados en un banco junto al río Vero, hablando de lo que seríamos cuando fuéramos mayores.

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El sueño de un cura

27.07.08 | 21:34. Archivado en Con clave

Esta noche he soñado algo curioso. La primera y segunda parte del sueño ha sido anodina: una conferencia que me aburre, el conferenciante es un conocido mío, me pierdo entre el primer piso y el segundo del edificio (este episodio es real, aquel laberíntico edificio para convivencias de las afueras de Roma) y una serie de detalles nimios. Pero la tercera parte ha sido más interesante.

No sé por qué, pero hay noches en los que el sueño es unitario, y en otras noches el sueño es muy largo y está como divido en partes, como si en medio hubiera retazos de tiempo de los que recuerdos partes aburridas. Otras veces recuerdo sueños completamente diferentes y divididos.

En la tercera parte del sueño de esta noche, me metía en un espacioso ascensor para ir a dar una conferencia. Debíamos bajar. Curiosamente debíamos bajar mucho y eso que estaba a nivel de tierra cuando tomé el ascensor. En el ascensor había alguna persona más, pero sin nada especial.

De pronto, se hace evidente que el ascensor está cayendo libremente. La velocidad llega a ser tal que veo que no hay posibilidad de sobrevivir al impacto. Entonces hago un acto de contrición intensísimo.

Por alguna razón, el problema se arregla, el ascensor aminora, llega a su destino, se abre la puerta normalmente, y salimos como si no hubiera pasado nada.

Lo curioso del sueño han sido dos cosas. La primera ha sido la intensidad del acto de contrición. Tan auténtico, tan intenso, que me da la sensación de haberlo hecho con advertencia y consentimiento. Es decir, tengo la sensación de que en ese acto era yo, mi yo, mi voluntad, aunque la circunstancia fuera onírica. La segunda cosa curiosa, es que a pesar de que estaba convencido de que iba a morir (y de verdad que he sentido esa sensación de un modo perfecto, muy nítido), a pesar de eso, no ha sido una pesadilla, no he sentido un terror que se me fuera de las manos. Es curioso, es como si en el sueño siguiera manteniendo el control de mí mismo y no me hubiera dejado invadir por el sentimiento del miedo, sino sólo por el acto de contrición.

De hecho, no me he despertado. Ha sido por la mañana cuando me he despertado, cuando he sentido la feliz y agradable sensación de haber hecho un acto de arrepentimiento tan hondo. Era como si el efecto espiritual hubiera trascendido el sueño.

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Senectud y liturgia

26.07.08 | 23:32. Archivado en Con clave

Estoy yo en el ofertorio de la misa, misa del jueves, completamente concentrado en la presencia de Dios, en mis oraciones, en el disponer las cosas sobre el corporal con mucho orden y devoción.

De pronto noto que una anciana con su bastón se está acercando hacia el altar. Trato de seguir con la liturgia. La señora, me imagino, se desviará hacia la nave lateral izquierda, o irá a coger algo de un banco, o tendrá una razón para hacer eso. Pero no, es evidente que se dirige hacia el altar. Por un momento pensé que aquella mujer había sufrido un ataque de demencia y que iba a subir los escalones e iba a tirar los candelabros de bronce. Por eso, cuando ya estuvo a la mínima distancia, levanté los ojos del misal y la miré con los ojos muy abiertos, con unos ojos que mostraban mi desconcierto, mi espera de nuevos acontecimientos.

Entonces la señora de ojos entornados levanta su mano y me ofrece un billete de diez euros diciéndome: mente a Leoncio y ofrezca la misa en honor de la Virgen del Carmen.

Suspiré de alivio al percatarme de que todo se iba a resolver de forma tan fácil. Entonces, desde varios bancos de la iglesia se oyen a varias mujeres molestas que le gritan: ¡ya lo ha mentado, lo que pasa es que no has llegado al comienzo de la misa!

Con una sincera sonrisa por mi parte, abandono el altar y bajo las escaleras del presbiterio. Recojo el estipendio y le digo que no se preocupe, que he mentado a Leoncio y que he dicho que era en honor de la Virgen del Carmen.

La anciana señora conforme regresa a su sitio en la iglesia. Esta mujer de toda la vida siempre ha ocupado un mismo asiento desde donde puede ver al patrón y al altar.

Francamente todo este episodio me hizo gracia. Por supuesto que no le di la mayor importancia. Después me pidió perdón, pero es que para ella era tan importante. Lo comprendí y lo excusé.

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Chávez un clásico. Esta vez un clásico del que deberíamos aprender.

26.07.08 | 00:44. Archivado en Con clave

Chávez ha llegado haciendo el tonto, pero ahí estaba el rey al pie de la escalera.

Chávez había amenazado, había dejado claro que los acuerdos no valían nada frente a su enojo.

Miles de millones de euros en inversiones se podían evaporar en un enfado, así lo recordó en directo ante las cámaras.

Pero el presidente español, el rey, los ministros, todos, allí estaban sonriendo, felices, riéndole las gracias. De todo esto la Iglesia debe aprender una lección, una gran lección: sólo seremos respetados si nos hacemos respetar.

Nunca el presidente de la Conferencia Episcopal ha sido recibido con esas sonrisas, con esas deferencias, por ninguno de estos protagonistas. Y lo paradójico es que la Iglesia potencialmente tiene un poder frente a nuestro gobierno mucho mayor que el del mandatario venezolano.

Pero el poder es para el que se lo gana. El PSOE goza del poder porque se lo ha ganado, nadie se lo ha regalado. Los sindicatos son respetados porque han trabajado por lograr ese poder. Así podríamos seguir repasando la lista de pequeñas instituciones que a pesar de su poco apoyo social, tienen una influencia impresionante y a cuyos representantes sí que los reciben con sonrisas, a pie de escalera.

No digo que la Iglesia deba lanzarse a la conquista del poder, no. Pero hay una diferencia entre eso y que se la tome por el pito del sereno. Chávez nos ha dado hoy una gran lección, lo digo en serio: sólo seremos respetados si nos hacemos respetar.

La Iglesia en Venezuela se ha hecho respetar, en Estados Unidos también, en Italia también. Mientras que, por citar un ejemplo, la Iglesia Ortodoxa rusa es una iglesia que no puede aspirar más que a cantar y encender velas. Pero de ningún modo puede ponerse en pie y decirle a nadie de los que mandan: no te es lícito, o deberías hacer esto, o tal cosa está mal.

En fin, le agradezco a Chávez, y lo digo completamente en serio, el que nos haya recordado cómo funciona el mundo real.

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Seguro

24.07.08 | 22:44. Archivado en Con clave

Siempre ha sido algo mágico, giro la llave y el motor del coche comienza a hacer run run, rurrnnnnnr, giro el volante, aprieto el pedal, me lleva adonde quiero. Pero hoy no. He girado la llave y, de pronto, no ha pasado nada. Lo he vuelto a hacer. Nada de nada.

He tenido que entrar en el ayuntamiento de mi antigua parroquia y llamar al seguro. He tenido una hora y veinte minutos para rezar el breviario, hacer oración, pasear y preguntarme una y otra vez por qué tuve que contratar un seguro tan barato.

Llega la grua, me conecta la batería y el coche funciona. Yo no me fio. Algo me dice que eso no va a bastar. Pero el poco amable conductor de la grua no estaba por esperar. Me monto en el coche y el coche se para tres metros más lejos del aparcamiento. Lo sabía, lo sabía.

Vuelvo a llamar. Me dicen que el conductor de la grua dice que está ya muy lejos. ¡Pero si le he llamado un minuto después!

Me dicen que tengo que esperar un nuevo servicio que tardará media hora. ¡Lo que me habían dicho la primera vez! Fue entonces cuando me enfado. Cuando me enfado me enfado de verdad, con enfados reprimidos durante meses. No sé qué dije, me daban ganas de hacer como ciudadano Kane en la famosa escena de la habitación. Después pedí el teléfono de quejas. Quizá esto último hizo efecto, porque vino el primer conductor de la grua. No debía estar tan lejos, llegó enseguida.

No quería llevarme el coche a un taller. Decía que con cargar la batería de nuevo bastaba. Le dije que no, que me llevara a un taller. Mire, yo entiendo de mecánica, me dijo. Y yo le digo que quiero que me lleve a un taller. Esta última frase la dije con un tono y una mirada como la de la enfermera de Alguien voló sobre el nido del cuco. El conductor se asustó. Alguien que decía esa frase con esa mirada no estaba para negociaciones.

El de la grua tiene prisa, además tiene cara de psicópata, pero no discute. ¿Y a un taller de Alcalá quiere que lo lleve?, se queja, quiere irse a comer. Un escueto sí, sin molestarme a mirarle, le indica de nuevo que no tiene sentido insistir en que yo acepte el taller que me propone.

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La estética vaticana V

23.07.08 | 23:07. Archivado en Con clave

Mucha gente se pregunta si Jesús hubiera aceptado celebrar la Última Cena con un cáliz de oro, dado que se da por supuesto que lo que usó fue un vaso de barro o algo semejante.

La cuestión sobre el Vaticano, como acumulación de belleza, y la legitimidad de su existencia se responde según contestemos a la pregunta anterior.

Lo primero que hay que tener en cuenta es que la Última Cena fue una cena que fue una celebración ritual, no una mera cena. Los que quieren hacer de la misa una simple comida de fraternidad y se molestan de los aspectos rituales, desconocen la naturaleza de la Pascua judía tal como se celebró desde las primeras generaciones que entraron en la Tierra Prometida.

Lo segundo que hay que tener en cuenta respecto al cáliz, es que los judíos de esa época, la de Jesús, como los de todas las épocas, usaron para sus actos rituales familiares del kidush los elementos más bellos, ricos y más finamente trabajados que pudieron permitirse.

Afirmar que un carpintero no hubiera usado más que un vaso de barro, es desconocer que incluso en las familias de los carpinteros usaban para la cena del Sabbath la mejor copa, o el mejor velo para cubrir los panes.

Así que cuando dicen eso del vaso de barro de un carpintero en la cena de Pascua, hablan del judío imaginado, sin conocer la inagotable variedad de bellísimos vasos rituales que nos han quedado desde hace siglos.

Los judíos de todas las épocas, por pobres que fueran, se esforzaron por ofrecer lo mejor en honor del Elohim que mandó construir un templo que era lo mejor que técnicamente pudo erigir el Pueblo Elegido en ese tiempo.

Una vez respondida la pregunta acerca de este asunto, cáliz de oro o vaso de barro, que puede parecer sin importancia, queda respondida la pregunta acerca de si la belleza del Vaticano es una traición o no a la Revelación de ese Dios misterioso del desierto.

Frente a la retórica contemporánea, hay que decir de forma bien clara que esa romana acumulación no de riqueza, sino de belleza, se justifica de forma bien fácil. En el campo de la retórica son muchos los que atacan al Vaticano contraponiéndolo a los pobres. Como si desde el siglo XVI la obra de arte siguiera apretando su bota sobre el cuello del pobre. Pura retórica, puras palabras. Cuando la verdad es que al Vaticano hay que defenderlo en el campo de las ideas y al pobre en el mundo real.

No hace falta que defendáis al pobre con discursos. Si todo el mundo está de acuerdo en eso. No, no perdáis el tiempo. Al pobre hay que defenderlo en el mundo real. Mientras que al Vaticano de galerías de mármol y fuentes renacentistas hay que defenderlo en el mundo de la teoría, porque en el mundo real ya se defiende muy bien a sí mismo.

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La estética vaticana IV

22.07.08 | 21:16. Archivado en Con clave

La gloria a ese Ser Infinito ha producido una eclosión de belleza como nunca se había visto: el Vaticano, la mayor concentración de belleza que hayan visto los siglos. Algunos iconoclastas, algunos simples, quieren destruir esta obra magnificente en honor de Él, quieren vender/alquilar/arrasar una obra que curiosamente no es un templo, sino un microcosmos. ¿Creen ellos que con esa desmembración, que con ese homicidio a la hermosura se arreglarían las cosas? Por supuesto que no.

¿Recobraríamos nuestro buen nombre eclesiástico por vender el Lapidario Hebreo o la colección de tapices del siglo XV, o la menos conocida colección de carrozas y coches papales? ¿No sería eso una especie de compraventa? ¿Vendo estas piezas para recuperar mi buen nombre?

Desde luego hay en ciertas salas no abiertas al público, tal acumulación de piezas mediocres (regalos de Estado, autores menores, etc) que desde luego yo las sacaría a subasta a favor de los pobres. Pero una cosa es eso y otra lo que claman los jóvenes anarquistas. Sin duda, considero que es un bien superior mantener el conjunto como quien conserva una reserva natural.

El conjunto no es sagrado, resulta divisible y vendible. Pero por el bien de los miles de años que pueden quedar de historia de la Iglesia, por el bien de la misma Humanidad que disfrutará de la existencia de ese conjunto, se ha hecho bien en preservarlo.

Pero la iconoclastia, la revolución, la reforma fanática siempre ha sido cuestión de ideales. Ideales? radicalismos frente a bon vivants. Sin Papas pecadores nunca hubiéramos tenido esa obra de arte llamada Vaticano.

El fanatismo puritano iconoclasta frente a la alegría de vivir renacentista. Por mi parte, que siga ese rozar de telas bordadas con hilos de oro, que continúe esa danza de mitras.

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La estética vaticana III

21.07.08 | 22:41. Archivado en Con clave

Lo que hace del Vaticano un lugar único, inigualable y supremo no es ninguno de sus elementos en particular, sino el conjunto. En ningún lugar del mundo, en ningún momento de la historia, podremos hallar semejante agrupación de criptas que se superponen unas a otras, de semejante constelación de salas y capillas, de bibliotecas que guardan pesados armarios cargados de documentos de letra paciente, de sellos de lacre presionados por cancilleres de reinos que dejaron existir más allá de la memoria de los que ahora habitan esas tierras. Pasillos en los que al doblar cualquier esquina te encuentras con obras maestras de escultores y pintores que fueron los mejores de su tiempo. Y todo este universo alrededor de un solo templo, el templo por antonomasia de nuestra era.

El obelisco del atrio es mostrado con orgullo: toda la Historia confluye en nosotros. Los rostros severos de los bustos romanos, la música de Palestrina en Semana Santa, las momias que se guardan en sus salas, las tiaras guardadas cerca de salas con frescos mitológicos: grandioso laberinto eclesiástico en honor del Dios Misterioso.

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La estética vaticana II

20.07.08 | 22:54. Archivado en Con clave

Cubriré con mi caridad mi opinión sobre todas las pinturas que adornan los siete altares que rodean la cabecera y brazos laterales. El mosaico del San José del altar donde está el Santísimo Sacramento debe ser cubierto de mucha más caridad. En la cabecera de la basílica, Bernini en su exaltación broncínea de la Sede de Pedro hizo un conjunto tan desafortunado que sencillamente prefiero no decir ni una palabra sobre el tema, se me ocurren mil cosas, pero no diré ni una.

¿Y la cripta del Vaticano? ¿Comentaré algo sobre la cripta del Vaticano? Soy un entusiasta de las criptas. Si hay un lugar cargado de poesía en un templo son esas cámaras subterráneas. Pero las de San Pedro siempre me han parecido falsas. Cómo quitar el encanto a un lugar tan impresionante, debió resultar una tarea difícil, pero lo lograron. Quizá si bajaran la intensidad de la luz no veríamos esos horribles arcos.

Qué bonito hubiera sido el Vaticano si se hubiera preservado la basílica original constantiniana con todas sus esculturas, con todas sus pinturas, con todos sus sepulcros. Pequeña, imperfecta, ennegrecida por el humo de siglos de velas. Hubiera podido dejarse en el interior de la posterior basílica como un sancta sanctorum. Hubiera podido dejarse como su ábside, como su cripta incluso; arquitectónicamente era factible. Pero cuando a Julio II se le metía una idea en la cabeza no había nada que hacer.

Es irónico, siempre me ha ayudado tanto a la fe la estética. Y que ese lugar, precisamente ése, siempre me haya dejado frío. Pero os confesaré algo, lo que me gusta del Vaticano? son las ceremonias. Esa construcción etérea que es la liturgia.

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La estética vaticana I

19.07.08 | 23:19. Archivado en Con clave

Lo que voy a decir suena a herejía, pero estéticamente nunca me ha entusiasmado la basílica de San Pedro del Vaticano. Arquitectónicamente me parece una obra correcta, pero carente de genio.

Cuántas veces me he sentado delante de ella y me he repetido una y otra vez: busca, busca su grandeza estética. Tantas cuantas veces he penetrado por sus portones y he caminado sobre los mármoles de su gran nave, me he obligado a hallar su esplendor único, sin encontrarlo.

Para mí, esa basílica no tiene otra grandeza que su magnitud. Insisto, hablo de su belleza arquitectónica. Pero desde luego se me ocurren bastantes templos que son incomparables frente a él. Por supuesto hubiera preferido un templo allí como el de Santa Sofía. La misma catedral de Colonia está cargada de mucho más misterio. Y si hablamos de sus interiores, lo mismo: el de la Catedral de Westminster o el National Shrine de Washington me parecen mucho más evocadores. ¿Qué decir de la inefable Catedral de Canterbury?

Insisto, las proporciones por sí mismas no hacen de un edificio una obra maestra. El impacto que a veces sentimos ante las medidas supremas de una pequeña iglesia románica, nunca lo he sentido en San Pedro.

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Adios, Roma, adiós.

18.07.08 | 22:45. Archivado en Con clave

Ya he vuelto de Roma. De este viaje me queda el recuerdo de noches de humedad y calor en las que el sueño huye. Recuerdos de las camas estrechas de un seminario moderno y una casa de convivencias de los años 70. Estoy acostumbrado a la vieja cama ancha de madera de nogal, la vieja cama de Barbastro, que cruje, pero que es la mía desde hace tantos años que ya es como una vieja amiga.

Por eso las pequeñas camas estrechas en las que mis pies tocan el frío cabecero de metal me resultan desagradables. Además me muevo mucho por las noches.

En mis traslados de un lado a otro, he leído a Pamuk en su formidable libro Estambul. Qué libro tan insuperable.

La comida italiana debe ser muy buena, yo sólo conozco la de la casa de convivencias donde estuve, que era muy mala. Sólo diré dos datos: pasta todos los días, he perdido dos kilos.

Por si fuera poco, durante cinco días no he podido tomar un vaso de agua con hielo a pesar del calor.

Hoy he ido andando desde la Estación Términi hasta el Vaticano, y he vuelto andando desde allí de nuevo hasta Términi. Eso, para los que no lo sepan, es mucho. Pero leer las páginas arquitectónicas de esa urbe es algo que hay que hacer a pie, paso a paso. Iba yo por la calle comiendo mi panini de queso, tomate y jamón, mirando cada detalle de esa ciudad que es un universo.

Detalles de fascismo en piedra blanca, de piedra oscurecida que nos habla del lujo renacentista, de piedra carcomida que nos habla de un imperio lejano y cercano.

Un placer caminar por el casco antiguo de calles estrechas, sucias y deterioradas. Ése dédalo olvidado de los turistas sigue ofreciendo verdaderos descubrimientos visuales.

También me he encontrado con un grupo de jóvenes que me han reconocido. Fortea, he oído a mis espaldas. Me hubiera acercado a ellos para revolcarme crápulamente en sus sonrisas, en sus apretones de manos, en ese cosquilleo interno que produce la admiración ajena. Pero montado en el coche que me llevaba a un seminario, me he tenido que limitar a saludarles con la mano detrás del cristal.

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Ricos del mundo, ¡uníos!

12.07.08 | 22:34. Archivado en Con clave

Quiero tranquilizar a la feligresía y al personal dejando claro que cuando decía que se acerca el momento en que ya no habrá más posts, ni blog, ni autor, no me refería a que vaya a cerrar el blog (¿cómo podría dejaros en la estacada después de tanto tiempo?), tampoco me refería a que me vaya a morir.

Esa frase mía hay que entenderla al modo de que todos esos momentos se perderán cómo lágrimas en la lluvia y demás cosas poéticas que lanza Nexus 6 en un momento de inspiración replicante. Sin embargo, yo, a diferencia de él, no he visto atacar naves en llamas más allá de Orión. Tampoco he visto rayos D brillar en la oscuridad cerca de la Puerta de Tanhaussen. Pero como él, sí que podría afirmar que he visto cosas que vosotros no creeríais. Aunque no tan increíbles como las que vosotros creéis. Pero aun así, a pesar de su modestia, bastante poco creíbles.

En otro orden de cosas, me marcho a Roma mañana, estaré fuera cuatro días. Si puedo escribiré un post. Sé, par experience, que os gustan los posts romanos. A mi público selecto les gustan los post romanos y vieneses. No sé cómo no os cobro a pesar de tanta calidad. Haré lo posible por escribiros, familia, porque, lo sabéis, os quiero.

No sé qué haría después de la cena sin vosotros. (Quizá algo de provecho.)

Pero recordad, no os dejaré. Mientras Federico Les Santes ande suelto, este blog seguirá en pie. Mientras haya una señora de la limpieza trabajando en su puesto de la COPE, seguiré ideando posts. Mientras Irán continúe gobernado por alguien tan risueño y simpático como Ahmadineyad el Blog del Padre Fortea seguirá como un centinela en la noche iluminando con su luz a los pobres navegantes de la Red.

Dadme vuestros lectores pobres y cansados. Vuestras masas hacinadas anhelando respirar en libertad.El desamparado desecho de vuestras rebosantes playas.Enviadme a estos, a los desamparados, sacudidos por las tempestades. Enviadlos hacia mi blog donde yo levanto mi faro junto a la Puerta Dorada.

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Nada hay más bello que el Tiempo

11.07.08 | 22:47. Archivado en Con clave

Hoy he visto una vez más el comienzo de Blade Runner. Comienzo monumental, en su sobriedad y elegancia se barrunta ya la historia épica que se nos va desplegar. La música de los créditos de una increíble melancolía, las llamaradas de fuego que suben en el cielo oscuro de Los Ángeles, la coreografía (creo ya que insuperable) de los spinners que recorren esa atmósfera plomiza. Un Los Ángeles que visitaría yo un decenio antes de la fecha que aparecía en la pantalla. Un Los Ángeles que visitaría por motivos que darían para otra película de ángeles, demonios, santos y obispos. Esos Los Ángeles de ese 2019 de la Tirell Co. sólo existe en la pantalla.

Ahora, veintitrés años después de ver esa película, me doy cuenta de que lo que me impactó en mi sillón del seminario no fue sólo la película. Lo que hizo de esos 117 minutos uno de los hitos de mi vida, uno de los momentos estéticos más sublimes de toda mi existencia, fue la obra, el ambiente donde la vi, las personas que estaban a mi alrededor, la concreta etapa de mi vida en la que estaba.

Ahora descubro sus errores, sus deficiencias, entonces no los vi, no los podía ver. Pero también ahora comprendo mejor que entonces sus genialidades. Sus pequeñas deficiencias, su formidable grandeza.

Ahora, en la juventud del protagonista, descubro mi propia madurez. La distancia con el futuro se acorta. Qué lejano me parecía el año de ese futuro. Me aproximo a ese punto en el que no habrá separación entre el futuro que vi y el presente que vea.

En este momento de ocio después de la cena, después de la partida de ajedrez, he buscado los rostros, antes perfectos, de varias de las protagonistas. Sencillamente eran irreconocibles. Esos rostros, más que la arena de mis relojes, es la prueba ineludible de que el paso del tiempo no es una ilusión, un recuerdo relativo.

También me acerco al momento en que ya no habrá más post, ni blog, ni autor. Y otros comentarán otras cosas, y habrá otros blogs. Pero ya no el mío.

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¿y si probamos la vía matrimonial?

10.07.08 | 22:52. Archivado en Con clave

La noche ha sido una cierta mezcla de varias cosas, ninguna de ellas para tirar cohetes. Un tiempo de reflexión sobre algo que había escuchado en cierta radio. Sí, lo confieso, ya sabéis cual. La he puesto, la radio, con la idea de buscar algún lugar donde poner el dedo en la llaga. Pero hay tantos lugares donde hacerlo, que ya no tiene gracia. Es como practicar el tiro en una cristalería.

He escuchado una crítica de la locutora contra una sentencia que no permitía la apología del terrorismo, pero que sí que permitía hacer apología de la apología del terrorismo.

Sin entrar en el caso sentenciado, que no conozco, la cuestión me parece interesante desde la teoría. Lo que ha dicho la locutora no tenía ningún interés. Pero me ha parecido lógico que la ley, dentro de ciertos términos, permita hacer apología de la apología del terrorismo. Pues de lo contrario sería como que la Inquisición dijera que la defensa jurídica de un hereje es ya de por sí una herejía en el fondo.

Siempre me pareció mal que el Tribunal Supremo no permitiera que los diputados del Herri Batasuna no pudieran no jurar la Constitución. Yo defiendo la Constitución, pero defiendo que alguien esté en total desacuerdo con ella. Mientras cumpla la Ley, me parece bien que alguien se niegue a jurarla. No sólo eso, me parece un derecho el que alguien no se vea obligado a jurarla si así lo desea.

Después de estos interesantes temas he visto en youtube el video Niño llorando después de matar una mosca, y también Tortuga de jardín atacando gato. Ay, no sé qué haría sin youtube. Si me aburro, sólo tengo que poner vídeos de gatos y cachorritos y me pongo a reír.También he pensado: Si se casaran los obispos de la Iglesia Bolivariana con las obispas anglicanas, ¿su hijos serían prelados anglicobolivarianos? Los popes rusos también se casan, los griegos también. Quizá a nadie se le ha ocurrido probar a restaurar la unidad de las iglesias por vía matrimonial.

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OBISPOS & POLÍTICA (6 parte): nuestra religión no es una religión meramente espiritual

09.07.08 | 22:40. Archivado en Con clave

Mis anteriores post sobre Obispos&Política habrán podido parecer despreciables, e incluso repugnantes. Pero a lo que no hay derecho es que una Iglesia en la que unos 10 millones de españoles van a misa todos los domingos, tenga menos peso en las decisiones del Gobierno que cualquier asociación cultural o casi que un sindicato de electricistas. Eso para mí es inaceptable. Dada la confianza que en nosotros han puesto millones de personas para que defendamos el honor de Dios, y al ser humano, es sencillamente inaceptable esta situación de desprecio y burla que vive nuestra institución.

La tesis que hasta ahora se venía aplicando era que si éramos buenos y no pedíamos nada y nos quedábamos quietos, muy quietos, los demás (es decir los partidos políticos) se darían cuenta de lo buenos que éramos y nos ayudarían y defenderían.

Esa tesis de manos limpias no ha sido así nunca, ni siquiera en el siglo XVIII, ni en la Edad Media, ni con Felipe II. Leed a Eusebio de Cesarea y veréis que ni al principio.

Cuando leí la biografía de San Alfonso María de Ligorio lo que más me sorprendió no fue la santidad del santo, sino ver todas las extralimitaciones que el poder del estado monárquico tenía sobre la Iglesia. Hasta en la época de Carlos V, en cuanto nos descuidábamos el emperador quería meterse en nuestra casa y organizarnos el mobiliario.

Si miramos siglo por siglo, veremos que la Iglesia siempre se ha defendido a sí misma. Pero no sólo con prédicas y romerías, sino con los medios de poder que tenía a su alcance.

Lo primero que hay que decidir es si queremos una Iglesia sólo orante, o una Iglesia que intente transformar la sociedad. Desde esta perspectiva, sería completamente lógico el que los cristianos creáramos un minipartido de muy pocos escaños, los mínimos, cuyo único fin fuera ayudar a los más desfavorecidos: los que comen en comedores públicos, los sin techo, los ancianos abandonados, etc.

En nuestra ingenuidad creemos que de ellos se ocupa el partido en el poder, el que sea, o Izquierda Unida (que nunca se ha preocupado por los pobres). Los pobres ya serían razón suficiente para crear un grupito que los defendiera desde el Parlamento, el lugar donde se reparten cantidades mareantes de millones de euros procedentes de los presupuestos.

Pero siempre nos encontraremos con alguien que dirá que la Iglesia no debe meterse en política.

La defensa de los más desfavorecidos (esos que no votan), la defensa de la institución de la Iglesia, la promoción de los valores e ideales cristianos, el estorbo de toda medida legislativa inmoral, son motivos más que lícitos para crear esa minoría parlamentaria.

Pues, además, si algún día otros partidos necesitaran esos dos o tres votos para lograr formar gobierno, se pondrían de rodillas y podríamos conseguir, entre otras cosas, hasta un programa en la televisión pública, por lo menos un par de meses. Yo me conformaba con eso.

Sé que esto de lograr una minoría parlamentaria que sea como un comando, suena a indecente. Pero es el tipo de proposición indecente que me gusta. Además, cada semana lograríamos unos segundos de telediario. Pero algunos cristianos que nunca han hecho nada ni por la comunidad de fieles, ni por los pobres, te dicen sentados en el sillón de su casa que eso es una indecencia.

Pero mayor vergüenza me parece la de aquellos clérigos que teniendo un gran poder, mucho más de lo que imaginan, en vez de usarlo para cambiar el mundo, lo entierran en un paño para que así llegue el administrador y les encuentre con las manos limpias. Es que nosotros no podemos estar a favor de nadie, dicen.

Pues hagan algo, caramba, hagan algo. Lo que sea pero hagan algo.

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Liturgia con ángeles y sin hombres

08.07.08 | 23:09. Archivado en Con clave

(Es continuación del post anterior.)

Recitando a ratos, musitando otros, cantando en gregoriano, haciendo largas genuflexiones. Poniendo mis manos sobre el corporal, tratando de hacerme consciente de lo que iba a tocar. Juntando mis manos sobre el pecho, lavándolas, haciendo la señal de la cruz.

He celebrado la misa votiva de la Virgen María, pero toda ella impregnada con un sentido marcadamente penitencial. A lo largo de todas sus plegarias pensaba en Pedro insistiendo a Jesús tres veces que le amaba.

La cruz del altar era de más de medio metro de alta, muy realista. Se prestaba a la conversación. El mismo altar con su mantel blanco me recordaba al lugar donde colocaron a Jesús tras la crucifixión, cubierto con la Síndone.

Nada más las dos especies eucarísticas nada me distrae. Me siento en la sede y me puedo concentrar en el acto de haber recibido la comunión. Cuando hora y media después retorno a la sacristía, puedo asegurar que vuelvo transformado y me aplico a la tarea de recoger todo en ese ambiente de silencio absoluto, soledad y oscuridad en la que está la atmósfera de la iglesia.

Como este blog es bastante anárquico, hoy pongo este link

http://youtube.com/watch?v=N9zjR_Hm1Z0&feature=related

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El poder divino dado a los hombres

08.07.08 | 00:08. Archivado en Con clave

Hoy he hecho una de las cosas que, de vez en cuando, hago: decir misa privada.

La he dicho totalmente solo. El templo, del siglo XVII, estaba con el portón cerrado con llave, nadie la podía interrumpir. La luz del crepúsculo se ha ido atenuando hasta que la única luz era la de los seis candelabros de bronce y el grueso cirio que iluminaba mi gran misal latino. Ese paso de la luz del día a la oscuridad, vivido desde el interior de una iglesia, es un espectáculo que difícilmente se puede expresar con palabras. Es toda una sinfonía de haces de luz que entran por los ventanales, haces que se mueven, claroscuros cambiantes y penumbras que avanzan. Y ocurre cada día.

He celebrado el rito de Pablo II con todas las reminiscencias medievales que mi imaginación me ha sugerido. Nunca he celebrado el anterior rito tridentino, me gusta más el del Vaticano II. Pero la misma patena y el cáliz parecían sacados de una misa merovingia. La antigüedad de la misma iglesia me retrotraía a siglos anteriores.

Vivir la misa con tanta lentitud, con tanta morosidad, que sirva de oración de la tarde, la misa como oración mental, deteniéndome a voluntad en cada línea que deseaba meditar. Haciendo una pausa antes de entrar en cada nueva cámara de la liturgia. Porque la misa es como un templo en el que vas penetrando, desde sus partes más exteriores hacia su sancta sanctorum. Desde fuera, cada vez más hacia dentro.

(Continuará mañana)

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La cabeza jerárquica de la Iglesia Bolivariana

06.07.08 | 21:58. Archivado en Con clave

La aparición de la Iglesia Reformada Bolivariana nos ha sorprendido, alegrado y llenado de esperanza.

Nos ha sorprendido porque pensábamos que ya lo habíamos visto todo en este año 2008 y que el resto de meses no traerían nada fuera de un cierto aburrimiento estival.

Nos ha alegrado, porque hacer reír al personal es algo siempre bueno. La risa es una medicina para la mente y aun muchas veces para el cuerpo.

Y nos ha llenado de esperanza, porque siempre deseé ver a Chávez coronado con una tiara y proclamado Sumo Pontífice Bolivariano.

El pueblo venezolano tiene muchos problemas, pero todos se solucionarían con un Acta de Supremacía. La pobreza, la delincuencia, la corrupción, todo, entraría en vereda si por fin la nación reconociera a Chávez como Cabeza Suprema de la Iglesia. Esto no sólo sería la lógica deriva ideológica del socialismo, sino un ejemplo a seguir por tantos gobernantes que se preguntan qué hacer con la Iglesia. ¿Por qué no hacerse cabeza de ella?, respondo. Si no puedes vencerla, hazte cabeza de ella.

Pero ten cuidado, Chávez, porque el mayor peligro que veo a esta bella y noble congregación es que pronto aparecerá la división entre la Iglesia Reformada Bolivariana del Camino Estrecho y la Iglesia Reformada Bolivariana de la Eterna Tradición y los Sagrados Votos. Además notó en el seno latente de ambas escisiones semillas de la Escuela de Evo de Tours cada vez más hostiles a las doctrinas más antiguas de la Escuela de Castro de Constantinopla.

Debes tener mucho cuidado con estas semillas de división, como ya le dije al más noble de tus obispos, el obispo de la Archiglesia Electrónica del Programador Feliz. Y ten cuidado con el Ministro de Turismo. Cualquier día se levanta de la cama y te dice que ha soñado que se le ha aparecido un ángel y le ha dicho que tenías que cortar la cabeza de todos los obispos del país e implantar en la nación la Fe Luterano-anglopresbiteriana del Séptimo Día en su tradición Amish. Una última cosa, ¿tiene canónigos esta nueva fe? , porque los canónigos son muy importantes.

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OBISPOS & POLÍTICA (4 parte): predicando pero con el mazo dando

05.07.08 | 21:54. Archivado en Con clave

Cuando en anteriores posts hablaba de cuál creo que debe ser la estrategia a largo plazo en esta relación entre Poder Político e Iglesia Católica, parto de mi particular visión de lo que será la Europa laicista de dentro de treinta o cuarenta años.

El problema no es que quiten a todos los capellanes castrenses, de los hospitales y otros ámbitos.

El problema no es que quiten los crucifijos cuando un ministro jure el cargo.

El problema no es que quiten la clase de religión y la misa de la televisión pública.

No, eso no me preocupa demasiado. Lo doy por perdido. Lo que me preocupa es cuando digan vamos a llevar al Tribunal Supremo si tal o cual aspecto de la Iglesia es constitucional.

El Estado antes de veinte años nos puede obligar a aceptar por decreto el sacerdocio de la mujer, a cerrar monasterios o reformarlos según los criterios que nos den desde un Ministerio de la Igualdad, a aceptar una ley por la que los templos antiguos tengan un cierto uso público, o a emitir una ley por la que las asociaciones religiosas tengan que admitir en su cúpula una cierta forma de democracia, etc.

Tal como está entendida la Justicia en la Comunidad Europea, los tribunales dictaminarán según la Ley, diga lo que diga ésta. Ningún Tribunal Constitucional de ningún país europeo enmendará la plana a un parlamento avalado por el 80% de la población.

O empezamos a construir un alcázar político irreductible en los próximos años, o si no nuestras trincheras jurídicas retrocederán hasta nuestros propios conventos o el interior de las decisiones de la Conferencia Episcopal. Si queremos que la Ley nos defienda, debemos entender que es imprescindible que tengamos una cabeza de puente en el mismo centro de las decisiones del Poder.

Hablo muy a largo plazo, sí. Pero debemos empezar a entender que le futuro nos va a hacer lidiar con adversarios mucho más poderosos y hostiles que todo lo que conocemos ahora. Y justamente ahora la Iglesia todavía tiene un peso en la sociedad suficiente para no ser un mero espectador de lo que pasa, sino para intentar influir en lo que sucede.

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OBISPOS & POLÍTICA (3 parte): Jerusalén celeste y terrestre

04.07.08 | 21:42. Archivado en Con clave

¿Qué hacer entonces claman los lectores de este blog?

Mi opinión es que llegados a este punto, después de una larga reflexión, espiritual pero no cándida, creo que la Iglesia debe desligarse de todo partido. Debe dejar bien claro que ya no está con nadie, ni con nadie, ni contra nadie. Y al mismo tiempo, debe crear un partido político minúsculo que sea su voz en el ámbito político, público y mediático. Un partido muy pequeño que desde el principio sabrá que no va a gobernar, que puede tener uno, dos, cuatro escaños. Pero cuya misión será la defender de una forma clara, dialogante, abierta, sin complejos, el Evangelio y la Iglesia que depende de ese Evangelio.

Es decir, se trataría de reconocer que hemos fracasado en la idea de que hacer fermentar con nuestra levadura un partido, y que ese partido a su vez transmita esos valores a la sociedad entera. Ahora de lo que se trata es de ser pragmáticos y crear un instrumento, un partido cristiano, de personas de absoluta confianza, sin ambiciones, insobornables y cuya calidad personal, intelectual y moral sea impresionante. No se trata de formar un partidito de gente que siempre aparezca en las entrevistas quejándose y que nos diga lo mal que está todo, no. Se trata de crear un grupo modélico, algo que roce lo ideal. Un grupo que enseñara a toda una nación lo que es la Política con mayúsculas, que nos enseñara con obras lo que desde el principio debería haber sido la política.

Un grupo pequeño, como un comando de élite, que sea nuestra voz en los medios, en la cámara alta y baja, y que defienda el Evangelio con la cara muy alta. Los valores evangélicos en economía, en política, en la legislación, en todo. Por supuesto, este partido de vez en cuando (sería una lotería) podría ser un partido bisagra.

Podemos conseguir mil veces más con dos o tres diputados de esta pequeña formación, que con millones de votantes católicos diluidos en un partido que, al final, sólo habla de lo políticamente correcto.

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OBISPOS & POLÍTICA (2 parte):

03.07.08 | 22:29. Archivado en Con clave

¿Qué hacer en una situación así? Mi opinión es que no hay que ser profeta para darse cuenta de dos cosas. Primero, los ataques van a ir arreciando. Segundo, si no nos defendemos nosotros, nadie nos va a defender.

Algunos cristianos, creen que la Iglesia tiene problemas con el Poder porque es muy tradicional, si se abriera todo estaría solucionado. Ésta es otra idea cándida, tan cándida como falsa. No voy a hacer una enumeración de los países donde hay una iglesia modélica, pobre, sin poder, que ayuda a los pobres, y contra la cual, un buen día, al gobernante de turno le da por arremeter contra ella. La idea de que no nos entendemos porque somos malos y no somos modernos y no hemos entendido las reglas de la democracia, no sé por qué, pero nunca me ha convencido.

La Conferencia Episcopal lo único que hace es defender a la institución eclesial en todos sus ámbitos. Sin esa defensa global, retrocederíamos en cada campo que ocupamos fuera de las parroquias. Es decir, se acabaría la presencia de la Iglesia en el ámbito público. Todo quedaría relegado al interior de los templos, las procesiones, y el apostolado de cada cual y cosas similares. No tendríamos una voz, no tendríamos capellanes en millares de lugares donde hacen una magnífica labor, las iglesias que no se usasen serían expropiadas, el Estado ni se molestaría en consultar a la hora de decidir qué es constitucional y qué no en materia religiosa, si decidieran no darnos canales de radio por sistema porque así lo quieren, tendríamos que aguantarnos, etc, etc. Soy párroco, sé muy bien que cada diócesis tiene muchas organizaciones diocesanas y que hay órdenes religiosas extendidas a nivel nacional, y apostolados que están muy extendidos con gran infraestructura. Pero también sé muy bien hasta qué punto esas organizaciones no pueden funcionar si unos alcaldes, o unos consejeros de una comunidad, se empeñan en que abandonemos un determinado campo. Podría poner ejemplos concretos de cómo determinadas actividades caritativas tuvieron que ser dejadas de lado, porque desde el ayuntamiento se dijo que no sólo no nos iban a ayudar, sino que iban a poner todos los obstáculos posibles.

Estos análisis los escribo no desde la teoría, sino desde la observación de que en cuestiones Iglesia-Estado hay siempre una interrelación, nos guste o no. La Iglesia, además de amor, es una institución. Y como tal puede y debe ser defendida.

(Continuará mañana)

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OBISPOS & POLÍTICA (1 parte): qué verde era mi valle

02.07.08 | 22:09. Archivado en Con clave

Babel, la Torre, la imagen del Poder.

En este análisis me veré obligado a ser telegráfico. Si esto fuera una conferencia me extendería en cada punto, pero para gente inteligente que ya conoce los hechos y sólo busca el análisis, se puede escribir lacónicamente.

Como hay muchos lectores de diferentes países, debo dejar claro que voy a hablar de la situación española. Aunque bien harían los obispos de latinoamérica en analizar muy bien lo que ha pasado aquí, pues probablemente será lo que pasé ahí dentro de unos años.

Primera etapa

Pienso que durante la Transición la relación de la Conferencia Episcopal Española con los partidos políticos fue modélica. No sólo modélica, sino además inteligente y evangélica. No se pudo pedir más a los obispos. Hablo en términos generales, pues después sí que podríamos entrar en algunas cuestiones particulares, pero esos puntos concretos no niegan la afirmación general anterior.

Segunda etapa

Es evidente que la Conferencia Episcopal se vio forzada a emprender una postura de defensa de sus derechos, frente a partidos (digamos mejor un partido) que comenzó a expulsar la religión de todos los ámbitos de la vida pública. No sólo eso, el Poder con los medios de comunicación a su alcance comenzó a atacar a la Iglesia. Los obispos se vieron obligados a emprender una nueva política: la de la defensa. Finalmente se dieron cuenta de que no hay mejor defensa que responder con un buen ataque. Los obispos entendieron, con toda razón, que el adversario sólo te respeta si se da cuenta de que su acción provoca una reacción.

Tercera Etapa

Desde este año 2008 podemos afirmar ya con seguridad que hemos agotado un ciclo. Es evidente que ni el respeto a los partidos, ni la defensa propia, están produciendo los resultados esperados. La sociedad no sólo se está secularizando, sino que se está volviendo cada vez más anticlerical. Se observa que hay que hacer algo, ¿pero el qué?

Al principio de la primera etapa la Iglesia consideró, acertadísimamente, que ningún partido debía ostentar el título de cristiano. Ninguno debía hablar en nombre de la Iglesia. Fue una sabia decisión. Los cristianos debían ser levadura en todas las formaciones políticas.

A lo largo de la segunda etapa, de la prolongada segunda etapa, la Iglesia (tanto pastores como fieles) pusieron su esperanza en un partido, en un solo partido. Los cristianos debían hacerse con el control de ese partido y ese partido ser la defensa de esos valores, de esos derechos eclesiales.

En la tercera etapa observamos que el PSOE ha emprendido una política de ataque abierta, descarada. Y que el PP cada vez va a hacer más por desvincularse de la Iglesia, se trata de una mera cuestión de imagen.

No voy a concluir diciendo con ingenuidad que la Conferencia Episcopal ha quemado sus naves a favor de un solo partido, y ahora ese partido le abandona. Como frase queda muy bien, pero no es así. La Iglesia siempre ha tenido su mano tendida a todos, no ha quemado ninguna nave, se ha defendido de quien la ha atacado, y sólo ha usado una mínima parte del inmenso poder social que le queda; inmenso capital, aunque cada día retrocediendo.

(Mañana la continuación)

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Inventario aleatorio del día

01.07.08 | 23:41. Archivado en Con clave

Esta foto no es la de mi sacristana mostrándome sorprendida qué ha encontrado en el fondo de la cajonera de la sacristía. Mi sacristana no viste así.

El sueño de esta noche

Esta noche he soñado que dos camiones chocaban frontalmente en uno de los tres carriles de una autopista. Este sueño, como todos los que tengo, no son vagos y generales, sino cargados de detalles y aspectos. La descripción precisa de la escena requeriría de más párrafos. Pero al final todo se reduce a eso: dos camiones grandes que chocan. El sueño no me explicaba el sentido de aquello, ni sus causas, se limitaba a ofrecerme infinidad de pormenores sin historia. Todo sólo para una escena de unos cuatro segundos. Es curioso, siempre que ocurren desastres en mis sueños, los observo como espectador, sin involucrarme, sin angustia.

Un e-mail de mi monaguilla, la de las sonrosadas mejillas:

Forty... escribe un post divertido... ahora me aburro.

Le contesto escuetamente: Voy a escribir un post brutal, salvaje... ¿quieres que hable de Federico?

Más cosas

Mañana, escribiré un post profundo acerca de lo que pienso que debería ser la nueva relación entre la Conferencia Episcopal y el PSOE y el PP. Propondré una revisión de la estrategia, un giro copernicano en la nueva situación que se ha planteado. Lo hago más que nada porque me gusta alternar un post un poco ganso con otro de carácter ensayístico.

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PAX FEDERIQUIANA

30.06.08 | 21:43. Archivado en Con clave

Por primera vez en mi vida he leído horrorizado los comentarios a mi post. No suelo leerlos, salvo en diagonal y con prisa, pero esta vez lo he hecho atónito. No me lo podía creer.

En serio, si hubiera sabido que los seguidores de Fede estaban tan poco duchos en el arte de la ironía, probablemente no sólo no hubiera escrito el post anterior, sino que quizá ni hubiera empezado el blog entero.

Pero vamos a ver, ¿a qué mente en su sano juicio se le ocurre poner patas arriba todo para invitar a alguien a cenar. Mis posts han sido leídos por varios obispos aquí en España y por algunos monseñores en Roma, dadlo por cierto. Mi persona puede ser humilde y hasta con un cierto aspecto de sabio loco, pero me han leído, creedlo. ¿Pensáis en serio que, al final, todo era para invitarlo a cenar?

Si lo hubiera invitado a la ópera, ¿hubiera tenido que quemar el edificio de la emisora? Para invitar a César, a Federico y a Hesliftin a una excursión qué se supone que hubiera tenido que hacer, ¿volar el centro de Madrid?

¡Mamma mia, qué lectores! ¿Pero qué hago yo con estas mimbres? ¿Con estos bueyes qué puedo arar? Sabía que los fans de Fede no eran lectores habituales del New England Journal, pero en el fondo soy yo el culpable por no leer los comentarios.

Unos atribuían mi último post a un milagro.

Sí, claro, el milagro de P.Tinto.

Otros a mi cansancio, o al estrés.

Sí, sobre todo ahora que escribo mi post en un balneario pirenaico.

Otros a una llamada de arriba.

¿Y por qué no una llamada de abajo? Otros a una corrección jerárquica.Aunque no imposible, es difícil una corrección para no sostener una opinión sobre un tema opinable. Y más cuando mi opinión coincide con la de muchos obispos y la de algunos trabajadores de la Via de la Conziliazione.

Otros sostenían que mi cambio de actitud se debía a razones misteriosas.

Al ignorante todo le parece misterioso.

Que conste que incluso las señoras de la limpieza de la gran emisora captaron la ironía. Y eso que ellas son las peores. Hace tiempo que sé que ellas son las que de verdad mueven los hilos de toda la casa.

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Y al fin, todo se aclaró con Federico

29.06.08 | 22:09. Archivado en Con clave

Dada la cantidad de llamadas que he recibido, después de haber reflexionado, reconozco que quizá no se me ha entendido bien lo que quería decir de la COPE, tal vez incluso se me ha malinterpretado. Pero ahora hay que dejarlo claro: yo con todos estos posts únicamente pretendía invitar a cenar a Federico.

De verdad, todos estos comentarios míos de los últimos días lo único que pretendían era invitarle a cenar y pasar un rato juntos y echar unas risas y ver cómo van las cosas y tal.

Quizá, lo reconozco, hayan constituido mis comentarios un modo original de decirle: venga, Federico, cuándo quedamos. Pero sé que a él le gustan este tipo de cosas originales y seguro que le han hecho gracia. A César no tanto, porque tiene un humor más averiado, más agrio.

Pero con todo lo que he escrito sólo pretendía, en todo caso, que quizá alguien de arriba, del Consejo de Dirección de la COPE, le acariciara el pelo a Federico como se les acaricia a los niños de pelo rubito rizado, mientras ese jefe le decía: Federico, Federico, pero qué malo eres.

Sólo pretendía eso. Mi intención ha sido pura. Quizá mi intención pura, benigna, sin malicia, se haya visto algo enturbiada por algunos de mis comentarios que no tenían otro objetivo que el que fuéramos a cenar juntos. Lo siento.

Si llego a saber todo lo que se iba a montar te hubiera hecho llegar la invitación de otro modo menos original.

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No son los años los que pesan

28.06.08 | 22:44. Archivado en Con clave

Sé que suena a extraño, pero un primo mío, un primo carnal, el hijo de la hermana de mi madre, está yendo en bicicleta desde Zaragoza hasta Pekín.

Él es un deportista nato. Yo también, sólo que yo no practico. Deportista, pero no practicante.

El caso es que he decidido hacer la misma gesta de mi primo. Voy a hacer los mismos kilómetros. Pero los haré en la bicicleta estática de mi casa, un rato antes de irme a la cama. No sé cuanto tardaré a base de 300 calorías al día. No cuento los kilómetros, sino las calorías. ¿Cuánto se tardaría en llegar a Pekín a base de 300 calorías diarias?

En realidad, la razón de todo esto son cinco kilos que me sobran. Cinco kilos que parece que se han hecho fuertes en el alcázar de mi cuerpo. Lanzo ataques, pero todos son repelidos. Da la sensación de que saben todas las estratagemas, todas las argucias. Comienzo a tener la sensación (también la sospecha) de que pueden resistir sin alimento ni agua durante años. Son inasequibles al desaliento, perseverantes en circunstancias desfavorables. Sólo son cinco, pero están muy unidos, bien pegados entre sí, han hecho causa común. Les gusta estar donde están.

Pero tengo un arma secreta, je, je, algo que no se esperan: he descubierto el chocolate sin azúcar. El que ríe último ríe mejor. Además, con la tele he aprendido a hacer un nuevo tipo de ensalada. Las que hacía hasta ahora eran insulsas y bastante deficientes, en sabor. Pero esta nueva receta lo va a cambiar todo. Es tan buena que me voy a volver un adicto a la ensalada.

Además, el tema de Federico probablemente me va a hacer perder peso, sí. Pero bueno, eso el lunes. Hoy no toca.

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Es mi costumbre no criticar a la COPE en sábado

27.06.08 | 22:37. Archivado en Con clave

En la foto de al lado, las nuevas estrellas que sustituirán a Los Santos y César en la próxima temporada.

Al octavo día? dejé mi Federico sobre mi mesilla. Cargado, sí, pero sobre la mesilla. Hoy no haré prácticas de tiro.

¿Por qué? Pues porque tengo que coger fuerzas para el lunes. El silencio también forma parte de la música. La nueva obertura federiquiana requiere de una pausa. Lo hago por cuestiones meramente musicales.

En principio creo que la regularidad del compas de mi César de los copelungos requiere de una pausa de dos días por cada ciclo de cinco tiempos, también he pensado en un compás de tres por cuatro, tres días a la semana. Según mi estado de ánimo, ganas y humor, ya veré.

Por eso, pasaré a hablar de las tonterías de cada día, de cada jornada mía. Las cuales hasta que me dio por otro lado, fueron el fundamento de este blog.

Hoy estoy muy perezoso, así que me limitaré a decir que fui a Toledo a dar una conferencia al Colegio de Médicos. Los de Alternativa Laica tronaron en los periódicos varios días antes. Los periodistas me preguntaron por el tema antes de la conferencia. ¿Qué le parece, padre Fortea?

Pues a mí todo esto de Alternativa Laica me parece muy pueblerino -les contesté-. En Nueva York estas cosas no pasan.

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LA COPE VII: ¿ovejas eléctricas?

26.06.08 | 23:15. Archivado en Con clave

Señores, se lo hemos puesto en bandeja. Esta vez no hemos caído en un foso: nosotros mismos lo hemos cavado, hemos retirado las escalerillas y nos hemos lanzado de cabeza con fuerza, con ganas, con premeditación, con entusiasmo. Después, claro, ay, claro, ay, evidentemente ay.

Hemos puesto a una persona no creyente, sin compasión, cruel, con los dientes más afilados de todo el país, en un puesto del que cuando salga podrá ir desgranando página a página como se fue quedando solo.

Como hojas del gran árbol de la traición, obispo a obispo irán cayendo todos a través de sus capítulos llenos de trama y nosotros lloraremos. Allí nos dirá con gracia y entusiasmo quienes le apoyaron, quienes no. Lo que le dijeron, las conversaciones más secretas, los consejos que le dieron, las consignas. Si va a haber una historia con episodios pletóricos es ésta que se está gestando ahora. Y todavía hay eclesiásticos que dicen: no, lo malo es sólo el tono. Ya leeréis el libro ya.

Los clérigos que más le habéis apoyado, sois los que más vais a nutrir esos capítulos de ignominia. De los que dirá: jamás me pensé que fulano, justamente fulano, me hiciera estoy.

Si pensáis que un día lo echáis de la cadena y que simplemente se despedirá de los radioyentes, diciendo que ha sido muy bonito, que recoge los libros de la taquilla, que se va caminando y silbando hacia el crepúsculo, con los créditos del final de la película sobreimpresionados y que ya está, estáis muy equivocados.

Como buen zoólogo he examinado sus dientes y es un perfecto carnívoro. Es un episcopofagocitator de pura raza que lleva a dieta varios años y que arrastra un hambre contenida de dimensiones hispánico-monumentales.

Entonces, cuando salga el libro de sus memorias, sólo me quedará deciros: os lo dije, os lo dije. Entonces ya no diréis que si el tono, que si la defensa de no sé qué, que la liberté. Entonces sólo oiré: ¿quién se lo podía haber imaginado?

En esto sí que es sentarse y esperar a ver a mis colegas eclesiásticos verlos pasar a uno sin brazo, a otro sin pierna, a otro sin costillas. En este blog os espero, sentado en mi sillón, después de cenar, con un refresco light en mi mano.

Claro que si las cosas pintan negras siempre nos queda el consuelo de César Vidal, que es a Federico lo que Mussolini era a Hitler. Le falta carisma a César, todos lo reconocemos. Pero sus sentimientos respecto a los obispos son los mismos. Jamás, ¡jamás!, hará la más ligera, la más leve, declaración a favor de la jerarquía eclesiástica con la que algún día se pueda atrapar los dedos cuando los ponga a? caer de un burro. Mucho me temo que no serán pocas las manos que le ayuden a escribir esos infaustos capítulos.

Es decir, la Conferencia Episcopal habrá elevado a la altura de la fama, con todos los medios de la Iglesia, a dos personas que van a ensañarse con ella a gusto, con delectación, en un libro cuyo contrato en concepto de anticipo editorial puede valer tranquilamente por encima de un millón de euros. Y no digo esto al buen tuntún, he hecho mis cálculos basándome en el número de ventas de otros libros que no tenían ni la mitad de pólvora.

En serio, ¿no os da miedo el tema? ¿Dormís tranquilos mientras se está gestando el que puede ser el escándalo eclesial del siglo? Pues si dormís tranquilos, dichosos vosotros.

¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas? ¿Sueñan los directivos de la COPE con que Los Santos y César ingresen en un monasterio y allí acaben sus días en paz y recogimiento?

Mientras tanto, quiero daros un link que es una maravilla. Ésta es la Iglesia en la que creo, el vídeo habla por mí:

http://youtube.com/watch?v=cmuPJvr89Jw

otro link que viene a decir lo mismo sobre lo que siento:

http://youtube.com/watch?v=IPQKFA3LA8I&feature=related

un tercer link supremo