Blog del Padre Fortea

Protocolo a la muerte de un Papa

24.05.16 | 00:15. Archivado en Con clave

Tres días atrás, hice una pequeña añadidura a la más loca de mis obras, la más excesiva: Neovaticano. Era el protocolo, dividido en diez pasos, que se seguía en ese libro cuando moría un sumo pontífice en el Celio. Os participo esos diez pasos. Tomaos esta orgía ritualística con cierta indulgencia, a partir de los 45 años mis neuronas comenzaron a ejercer sus funciones de un modo progresivamente más caprichoso.
Levantamiento del acta: En cuanto el médico advierte que el Romano Pontífice ha fallecido, se llama a un protonotario apostólico para que levante acta oficial de la muerte. El protonotario con dos testigos le golpeará con un martillito la frente llamándole tres veces por su nombre de pila. Si no contesta a la tercera vez, se levantará acta en el mismo dormitorio.
Toque de las campanas: Sólo una vez que el acta esté firmada por los tres y sellada, el protonotario dará orden para que las campanas del basilicarión tañan con el toque fúnebre. Éste será el modo de anunciar al mundo la muerte del obispo de Roma. Todas las campanas del Celio se le irán uniendo paulatinamente. Desde ese momento, la Guardia Romana irá cambiando sus uniformes por los de luto.
Traslado de los símbolos: Dada la orden de tocar las campanas, el protonotario recoge tres objetos que siempre deben hallarse en el apartamento papal: el Anillo del Pescador, las Llaves Petrinas y los sellos pontificios. El protonotario, escoltado por treinta soldados de la Guardia Romana, se dirigirá al archivo del Claustro Central con esos objetos.
Primer responso: Mientras tanto, se reza el primer responso en el dormitorio papal. Responso solemne en el que participan unos quince clérigos, y cuyas ceremonias y plegarias está especificadas en todos sus detalles en un bello ritual de grandes páginas. Ese primer responso queda a cargo de los sacerdotes más íntimos y los que están presentes en el palacio en ese momento.
Despliegue de los pendones negros: Acabado el primer responso, mientras suena el tañido fúnebre de las campanas, el Prefecto de la Casa Pontificia da orden de que se cuelguen los largos pendones negros de las ventanas del palacio. Acto seguido se hará lo mismo en las ventanas del edificio de la Curia y en los dos grandes arcos de la fachada del Basilicarión.
Anuncio desde el balcón: Tras extender los pendones, el Prefecto de la Casa Pontificia saldrá al balcón de la Archibasílica a dar la noticia al mundo de viva voz. La plaza del Basilicarión se ideó para dar avisos al orbe, por eso se da la noticia desde allí, comenzando el anuncio con las palabras latinas: Vere Papa mortuus est.
Destrucción de los sellos: En una sala del edificio de la Curia, ante testigos, el protonotario levantará acta de la destrucción de los sellos. Sobre el acta se sellará por última vez con el sello de tinta y con el sello seco, para que el acta muestre en el futuro que eran los sellos auténticos. Acto seguido, a la vista de todos, se destruirán allí mismo con el martillo ritual que se emplea para llamar a la puerta del Basilicarión.Tras eso, en una cámara acorazada, se guardarán el anillo y las llaves petrinas. El anillo no se destruye, pues no sirve para sellar. El día previo al inicio del cónclave, tanto las llaves como el anillo se llevarán al Claustro Cardenalicio.Acabado el primer responso, saldrán todos. Se quedarán las personas encargadas de limpiar el cuerpo del difunto y revestirlo con amito, alba y cíngulo.
Segundo responso: Cuando esté revestido con esa vestidura que simboliza su bautismo, interrumpirán la vestición para que entre el segundo grupo de clérigos que rezará el segundo responso. De este segundo responso se encarga la comunidad de frailes benedictinos del Claustro Central. Tras ello le revestirán con el resto de ornamentos pontificales.
Tercer responso: Al acabar la vestición, entra el tercer grupo de frailes que reza el tercer responso. De este responso se encargan los frailes cistercienses del Claustro Central. Finalizadas esas oraciones, se traslada el cuerpo al vestíbulo del Palacio.
Sellado de los apartamentos papales: En ese momento se sacan los elementos médicos del dormitorio así como las sábanas. Y sin más dilación, un protonotario sella las dos entradas a los apartamentos papales. Las dependencias papales de los tres palacios apostólicos del Celio sólo tienen cada uno de ellos dos puertas de entrada a las dependencias papales. Esas puertas son cerradas con llave, después se corre una cinta por los pomos de bronce y sus extremos se sellan con un sello metálico. Las llaves las custodiará un protonotario hasta que haga entrega de ellas al Camarlengo.Acabados estos diez pasos, se considera finalizado el protocolo inmediato a la muerte de un pontífice y ya comienza el luto de los novemdiales.         Este protocolo tiene una particularidad, si el sumo pontífice muere entre las 00:00 y las 8:00, el anuncio del fallecimiento no tendrá lugar hasta las ocho de la mañana. La razón es que no tiene ningún sentido despertar a todos los habitantes del Celio con las campanas, ni tampoco privar del sueño a las numerosas personas necesarias para poner en marcha todo el protocolo explicado. Con el, así llamado, respeto del silencio de la noche se evita también que muchos periodistas tengan que estar haciendo guardia toda la noche para dar la noticia. Sin contar con que siempre hay personas en sus casas que sin duda irían retrasando un poco más el irse a la cama, por la curiosidad de esperar a ver si dan la noticia.
Para evitar todas estas cosas, si el Papa muere en ese intervalo de tiempo, los presentes rezarán un responso y se irán a dormir. A la mañana siguiente, el Prefecto de la Casa Pontificia avisará al protonotario apostólico para que levante acta de manera que el anuncio se pueda dar exactamente a las 8:00 en punto con el tañido de campanas. Ni siquiera hay razón para que el protonotario tenga que levantarse en mitad de la noche. No pasa nada por el hecho de que corran rumores por el Celio o el mundo antes de esa hora. Estos sólo se confirmarán o no a la hora determinada con el toque fúnebre de las campanas, seguido del despliegue de los pendones negros de las ventanas del Palacio.


Esos prejuicios posconciliares, cuando nos libraremos de ellos

22.05.16 | 23:06. Archivado en Con clave




Ayer hablaba de un modo jocoso de algo serio, los símbolos. Si me lee alguien del Vaticano, le pediría que reparara en un pequeño detalle: las fotos de las ceremonias papales en San Pedro del Vaticano nunca salen con el color, textura y definición con que aparecen las fotos, por ejemplo, de la ceremonia de apertura del parlamento británico.

Cualquier experto en fotografía podrá explicar la diferencia de calidad entre unas fotos y las otras. Desde hace años no deja de sorprenderme la dureza y frialdad de las fotos vaticanas, sin que vea que eso tenga visos de arreglarse. Sin contar con el carácter artístico de las fotos inglesas citadas como ejemplo no tiene nada que ver con el tono anodino de las fotos de las ceremonias papales.
Dejando aparte el tema de las fotos, después está el mismo uso de los símbolos. El uso de estos en el parlamento británico es magistral. En Roma, son muchos los fallos que he mencionado en este blog (y los que no he mencionado) que no resistirían una comparación.

Pero hay dos diferencias radicales entre la monarquía inglesa y los encargados de determinados asuntos pontificios. Una diferencia me la guardo en mi augusto pecho, la otra es que en Roma se tiene todavía la sensación de que como hay muchos pobres en el mundo, tampoco hay que pasarse en esto de la belleza, aunque eso suponga simplemente cambiar las texturas de las fotos.


Tarde feliz

21.05.16 | 21:16. Archivado en Con clave


Ah, que tarde tan agradable almorzando con una familia de amigos. La deliciosa tarta de calabacín con piñones recién sacada del horno, la tierna merluza con guarnición de almejas y la mejor tarta de manzana que he tomado en mi corta vida no son nada al lado de las placenteras horas que he pasado con ellos charlando y bromeando. Horas felices con su hija mediana de diez añitos (creo) sentada junto a mí en el sofá y reposando, de tanto en tanto, su cabecita sobre mi pecho mientras hablaba con sus padres. Sólo he echado de menos un gato ronroneante que acariciar mientras estábamos de sobremesa en ese sofá.
En un momento dado me han preguntado qué libro mío aconsejaría para una niña de esa edad: ¡Summa Daemoniaca!, he respondido sin dudar.
Como a mí no me gusta el vino, hasta han tenido el detalle de comprar una botella de Agua de Vichí que es el agua más rica de toda la península. Creo que como agradecimiento debería escribir alguna obrita corta para niños. No sé, una historia de cardenales o algo así. A los niños les encantan las personas vestidas con trajes raros. Los cardenales pueden servir.
Precisamente por eso he llevado mi sombrero, para que la niña jugara con él. A los infantes les gustan mucho los sombreros. A veces pienso que mi sombrero clerical lo he comprado más bien para solaz de los niños. Lo que les gusta.
Todos somos un poco niños. Por eso creo que el Papa Francisco se debería dejar de escrúpulos y ponerse todos los complementos papales. Como el Kent (de Barbie), todos los complementos. Debería hacerlo pensarlo en todos los niños del mundo que somos nosotros.
También es verdad que no le pega. Parecería puro teatro, un postizo. Hay personas a las que les pega una tiara y otras no. Como decía mi abuela: A fulano le pega eso como a un santo dos pistolas. No, ciertamente al Papa actual no le pega.

Post Data: ¿Se puede no querer a un cura con una cara tan tierna como el de la foto? Hasta Podemos se va a replantear su relación con la Iglesia tras ver la foto.


Heredarás el viento

20.05.16 | 21:37. Archivado en Con clave


Me alegro mucho, muchísimo, de que un juez haya permitido asistir al partido de mañana con la bandera independentista, la estelada. La Justicia no está para obligar a los demás a hacer lo que piensa la mayoría, sino para obligar a todos al imperio de la racionalidad. La Justicia sólo se debe a la razón, no al número de votos ni a la estadística ni a la defensa de los valores más ampliamente aceptados.
Estoy tan convencido de eso, que no tengo la menor duda de que nosotros los sacerdotes debemos ser los primeros en reconocer que gustosamente estamos sometidos a los tribunales. ¿Qué otra cosa podemos desear más que que se haga justicia, aunque sea condenándonos? Nadie está excluido de ello, ni los obispos ni los arzobispos ni los cardenales. El Papa sí porque vive en un país independiente. Así que a él, como excepción, desde un punto de vista meramente jurídico, sólo le juzgará una justicia que no es la de este mundo.
Pero el resto debemos enorgullecernos del sometimiento al Estado de Derecho. Y por eso sufro al ver cuando se hiere a la Justicia. Cosa que sucede en todos los países del mundo, en todas las épocas, porque la Justicia siempre ha estado y está amenazada.
El ciudadano medio de todas las naciones no suele amar la justicia de su país. Porque el ciudadano común piensa que los tribunales están ahí para darle la razón. Y si la propaganda les azuza sabiamente, si se les toca los resortes adecuados, a los ciudadanos lo que les gusta es la turbamulta, el linchamiento, ¡la mano dura!

El Pueblo ejerciendo como juez siempre ha sido una de las expresiones más deleznables del fascismo de izquierdas. Los dictadores siempre han estado encantados de esos tribunales populares. Nunca les han fallado. 
Sinceramente, me hubiera gustado ser juez. Nunca he deseado ser ni astronauta ni marino ni policía ni actor ni músico ni cantante ni buzo. Pero sí que hubiera disfrutado siendo juez. Sea dicho de paso, tengo una novela titulada El juicio que puede ser leída en Biblioteca Forteniana. Una novela muy bonita por cierto.


Qué bonito es cuando los curas nos reunimos todos juntos

19.05.16 | 23:44. Archivado en Con clave


Hoy hemos tenido una comida todos los sacerdotes de la diócesis por ser la fiesta de Jesucristo, sumo y eterno sacerdote. ¿Qué conclusión eclesiológica he sacado de este día? Pues la de que al clero nos persigue la tarta barata de bizcocho y nata vayamos al restaurante adonde vayamos. No importa en qué local de restauración nos refugiemos, allí nos estará esperando esa masa compacta de harina rellena de colesterol color blanco.
Pero ésa ha sido la única nube gris en medio del cielo azul primavera de este día. Primero de todo, celebro muchísimo el lugar donde nos hemos reunido: ha sido un acierto total. El clero se ha hecho lenguas de lo atinado de la elección. Son pocas las veces que nos reunimos para celebrar algo. Hacerlo donde lo hemos hecho, un lugar moderno y bonito, ha sido una magnífica elección llena de gusto. Un local sin lujos, pero agradabilísimo.
Además, nos hemos reunido bajo una carpa. La idea de tienda tenía para todos nosotros evidentes reminiscencias bíblicas. La comida, ¡otro acierto! Nada caro, nada que nos averguence ante nuestros feligreses. Pero sin ser caro el sitio ha suscitado la unánime aprobación de coadjutores y capellanes, de vicarios episcopales y canónigos, de los del Opus y de los del Camino. La dieta no era la del rey Baltasar: salmorejo de primero, y carne guisada de segundo. Todo presentado muy bien.
Ni un palabra puedo decir de lo que haya precedido a la comida, yo tenía guardia en el hospital. Pero al clero sencillo, noble, hecho a estrecheces, hoy, gracias a la comida, se le veía contento, se le veía reír y contar chistes. Desde este humilde post felicito a los que han tomado la decisión gastronómica. Pero el postre, ese postre, ¿qué hay que hacer desde este blog para que no vuelva a aparecer en el menú?
Hace cuatro días tomé un flan delicioso. No era un flan normal, era la Gioconda del mundo del flan. Otra posibilidad, humilde pero honrada, es el arroz con leche. Hasta preferiría una simple taza de chocolate marca Ram antes que esa tarta masónica de todos los años.


Tratar de ganar tiempo cuando el Destino ya viene a por ti

18.05.16 | 22:34. Archivado en Con clave

Hoy estamos en Venezuela. Este blog no podía no acompañar a todos esos millones de personas que están haciendo Historia. 
Debe ser una sensación muy intensa la de que las tablas del suelo se te están hundiendo bajo los pies. Que te mueves y mueves, pero todo se está viniendo abajo. Ese momento en que sabes que no hay ningún punto firme en el que te puedas apoyar, ninguno sobre el que te puedas mantener de pie.
Siempre puedo negociar, siempre puedo ceder en algo. Hasta que llega ese impresionante momento en que no hay nada que negociar, en que ya nadie pretende que cedas nada.
Esa hora del reloj en que ya no tienen demasiada importancia las órdenes que des, porque ya nadie obedece tus órdenes. Ese día en que te quedan pocos leales y esos pocos leales se han convertido en traidores. Vivir en un país en el que todos son traidores. Esa angustiosa sensación, nunca antes experimentada, de vivir en un país que se ha convertido en un gigantesco coto de caza con una sola presa.
Haber estado convencido de que siempre te quedan muchas puertas por las que escapar dignamente a otros lugares lejanos, y descubrir que esas puertas están cerradas por dentro. Todas las puertas de salida están cerradas porque vivo en un mundo de cobardes. Vivir en un mundo de cobardes sin poder salir de un país de traidores.
La experiencia de tantos bastiones inexpugnables caídos nos recuerda que las agonías de los regímenes nunca son largas. No importa las locuras que esté dispuesto a hacer un monstruo, no importa el baño que se quiera dar, la Historia señala lo fugaces que son los últimos momentos, como todo se precipita, como todo estaba más a la vuelta de la esquina de lo que parecía.
Siempre recordaré, hasta el menor de los detalles, a Ceausescu moviendo los dos brazos en su último discurso, tratando de hacer callar a la multitud. Sus gestos de impotencia, sus ojos que veían lo que jamás pensó que vería. Desde ese balcón fue directamente a un helicóptero. Pero ya era tarde. Después de tantos años era tarde. Pudo haber cambiado las cosas durante años, pero no en el último día.
Este tipo de gente siempre se refugia en un cuartel militar. Sin darse cuenta de que ya es demasiado tarde. 


Historia del galero cardenalicio

17.05.16 | 23:24. Archivado en Con clave


Durante años he tratado de resolver una duda cuya respuesta no encontraba en ningún libro: ¿en qué posición iban las borlas cuando los cardenales portaban el galero? Año tras año he mirado pintura tras pintura de todas las épocas para resolver esta cuestión: ¿las cinco filas de borlas iban colgando en la espalda o sobre el pecho?
En los últimos años la respuesta a esta pregunta me iba quedando clara. Pero los cuadros y grabados no acababan de darme una prueba definitiva, pues los que mostraban con claridad donde iban las borlas eran demasiado tardíos. Mientras que las tablas e iluminaciones más antiguas mostraban bien el galero, pero no las borlas.
Pero, por fin, tras ver la tabla del siglo XV, atribuida a Diego de la Cruz, titulada Virgen de la Misericordia con los Reyes Católicos y su familia ya todo está claro. Esa tabla es la prueba definitiva. Así que paso a dar las conclusiones.
Primero se llevó el galero sin borlas como símbolo del cardenalato. Pero un sombrero con ala tan amplia tiene el inconveniente de que el viento lo echa a volar con facilidad. Eso sucede con incómoda frecuencia incluso con el saturno clerical que es mucho menos ancho. A poco viento que haga, los sacerdotes llevaban y llevan el saturno sobre la cabeza pero ligeramente sujeto con una mano.
Así que pronto el galero llevó un cordón en la parte delantera. No un cordón ceñido a la barbilla, lo cual es incómodo. Sino un cordón que colgaba del pecho. Con eso el sombrero quedaba sujeto si había un golpe de viento y nunca caía al suelo. A menos que la dirección del viento fuera exactamente desde las espaldas hacia delante. Pero si se desviaba un poco de esta dirección, la barbilla detenía el cordón, y el sombrero caía de nuevo sobre las espaldas.
Con el paso del tiempo, el cordón se embelleció con una borla. Sin duda, al principio, fue sólo una y grande. Era una mera cuestión ornamental. Después se añadieron algunas borlas más, sin establecerse un número fijo. La razón de que tuviera más borlas el galero se debía a que, al ser un sombrero grande, era preferible llevar algo que hiciera de contrapeso al galero si éste se echaba a la espalda. Ya que, de lo contrario, el sombrero se iba hacia abajo y el cordón quedaba incómodamente pegado a la barbilla y haciendo presión sobre ésta.
Pero si el número de borlas superaba al peso del galero, entonces el galero quedaba pegado al cogote de un modo estético,  un modo tantas veces reflejado en las pinturas. Pero el numero de franjas de borlas nunca debió superar las tres filas. ¿Por qué? Pues porque más allá de tres filas, las borlas ya no son distinguibles formando una melena única por mero efecto de la gravedad.
Además, el problema no es que las filas ya no sean distinguibles, sino que, además, esa melena de borlas acaba siendo demasiado larga. Por muy pequeñas que sean las borlas, esa ristra llegaría hasta las rodillas. El resultado es incómodo y nada estético. Sin contar con que una melena así acaba arrastrándose a menudo, sea porque el cardenal se arrodilla, sea al poner y quitar el galero de su cabeza.
Por eso, mientras el galero fue una prenda usada, los cardenales o llevaban un cordón acabado en una única borla o tres filas con seis borlas en total.
Pero alguien tuvo la idea de establecer una correlación heráldica entre las franjas de borlas y el rango eclesiástico. El simbolismo era ingenioso y bello, tuvo universal aceptación.
La solución más equilibrada para crear ese símbolo heráldico fue la de colocar las borlas alrededor del escudo en dos ristras. No hubiera sido lo mismo colocar una sola ristra a un lado. El resultado hubiera sido desequilibrado estéticamente hablando.
En el siglo XV, cuando el origen de todo esto ya estaba muy olvidado, fue cuando comenzaron a aparecer galeros que llevaban dos ristras de borlas. La realidad imitó a la heráldica. Pero si observamos los cuadros del siglo XV y posteriores, queda probado que cuando un cardenal llevaba puesto un galero éste tenía sólo un cordón sin borla, o con una borla o con tres filas como máximo. Las tablas en las que aparecen galeros con las cinco filas, son tablas que muestran el galero colgado de una pared o en otro lugar que no es la cabeza del purpurado.
Y es que el galero con dos ristras de borlas era inmanejable. Sencillamente se trataba de un objeto carente de equilibrio. Además, si las borlas hubieran caído por la espalda, las ristras hubieran ido arrastrando por el suelo. Si se ponían sobre el pecho, su peso inclinaría el galero hacia delante. El asunto, se mire como se mire, no tiene solución.
El galero en el siglo XX se había convertido en un símbolo usado únicamente en la imposición de ésta insignia al neocardenal. Pero en esa época ya no se usaba fuera de esa ceremonia. De hecho, la parte del capelo en la que se metía la cabeza era tan pequeña que sólo estando completamente quieto se mantenía ese sombrero en su sitio.

Otro aspecto curioso de todo este asunto es que la vida imitó de nuevo a la heráldica, y algún obispo italiano usó su galero episcopal. Debió pensar: si aparece en los escudos es que alguna vez se usó. Cuando, en realidad, los obispos y los arzobispos nunca habían usado un sombrero tan amplio como el capelo. El cual por su forma era una insignia cardenalicia, con o sin borlas. 
Pero no sólo eso, sino que los contados obispos que se animaron a usar alguna vez galero lo usaron con dos ristras de borlas. Afortunadamente, esta imitación de la heráldica totalmente inaudita en la Historia no tuvo apenas seguidores.



He vuelto de Silos

16.05.16 | 22:09. Archivado en Con clave


He venido ayer de dar dos charlas en la abadía de Santo Domingo de Silos. Algunos leen El nombre de la rosa, a mi me toca, de tanto en tanto, recorrer esa novela en la realidad. Capítulos de edificios reales con monjes reales.
Una charla la di a los oblatos, la otra a los monjes de la comunidad. No es éste ni el lugar ni el momento de explicar que es un oblato.
Ha sido una estancia agradabilísima en medio de una comunidad de más de treinta monjes. Es curioso, en los rostros de algunos monjes se notaba de modo especial como brillaba la luz de la bondad y el recogimiento en Dios.  Una comunidad de almas moviéndose alrededor de un claustro que es una obra de arte perfecta. Un exponente de belleza tan admirable que me extraña que no haya sido derribada. Siempre hay algún progresista para el que el claustro se interpone entre él y sus sueños.
Pero si el claustro era una gran obra de arte, había algo más interesante que el claustro. Como le decía hoy a un amigo profesor de universidad: Lo más interesante de un monasterio es su comunidad. Cada comunidad de monjes es un microcosmos completamente único e irrepetible. 
También conocí a la gata de la comunidad. Encontrada por los montes cuando era una cachorra y recogida caritativamente. Ella se encarga, sobre todo, de patrullar la huerta.


Ayer repartimos cinco jamones en premios. Eso sí, en un universo paralelo.

15.05.16 | 12:23. Archivado en Con clave


La foto de hoy es para mi dentista. Siguiendo con el tema de ayer, lo que no me imaginé al escribir el artículo de La catedral de San Agustín era que, sin yo pretenderlo, ofrezco una bella visión de lo que eran las funciones de los diáconos en el siglo V.
Una de las razones por las que no me importó dedicar tanto tiempo a informarme de cómo era la vida eclesial del final del Imperio Romano, era que eso beneficiaba a la novela sobre San Pablo que sigo escribiendo. Reconozco que, al final, no ha sido tan útil. El siglo V está demasiado lejos de la generación apostólica.
Año tras año voy llenando huecos en mi deseo de saber cómo fueron esas primeras generaciones del cristianismo. Lo que ahora sé no tiene nada que ver con lo que sabía cuando tenía veinticinco años de edad. El único problema es que ahora veo con claridad que cuando por fin haya llenado sustancialmente los huecos más importantes, ya será el momento de morir. Cuántas veces ha pasado esto en la Historia. Por eso ahora valoro tanto la ciencia de los especialistas ancianos que han dedicado toda su vida a conocer algo. Y eso que en algunos ocurre una carrera en sentido inverso, una carrera con dos corredores: uno corre en el sentido de seguir aprendiendo, y otro corre en el sentido de ir olvidando.

Hay ancianos que llegan hasta el final con la vista de su intelecto claro. Otros, sin embargo, se hayan inmersos serenamente en esa doble carrera que siempre gana el segundo. También esto es una enseñanza acerca de la vanidad de las cosas, de la fugacidad de todo. Yo lo acepto. Es el orden de las cosas. Y en ese orden está Dios. La alternativa a la existencia de un orden divino es la selva, el caos como única regla, el azar como único timonel, el sufrimiento sin consuelo, sin esperanza.


Hoy hay un premio al que encuentre algo en la foto

14.05.16 | 12:18. Archivado en Con clave


La foto es de una concelebración en la catedral de Toledo. Hay un juego muy divertido que es encontrar a Wally. Podéis jugar a encontrarme en la foto. En un universo paralelo, regalo un jamón a cada uno que me encuentra. Lastima que yo no crea en universos paralelos. 
Hace más de un mes os dije que iba a escribir un post acerca de cómo era la catedral de San Agustín, el santo obispo del siglo V. Lo que en un primer momento no iba a pasar de tres o cuatro posts se ha transformado en un extenso artículo de 70 páginas que va a ser publicado en la Revista Augustiniana. Reconozco que llegó un momento que el interés que tenía por el asunto se transformó en fascinación: conocer la Iglesia en un lugar concreto y un momento determinado, ¡el norte de África en el siglo V!
Podéis descargaros como siempre el artículo en la Biblioteca Forteniana:
http://bibliotecaforteniana.blogspot.com

Debo insistir en que cualquier reclamación de un jamón como premio debe ser remitida a un universo paralelo.


Vicarius Christi

13.05.16 | 22:44. Archivado en Con clave


No sé si tengo algún lector en Burgos. Pero este domingo, Dios mediante, me daré un buen paseo por la ciudad. Si alguno quiere contactar conmigo, puede llamarme al 630 52 31 51.
Por lo demás, hoy he leído varios artículos más sobre Amoris laetitia. La moda de este mes de mayo, seas panadero o fontanero, es escribir un comentario a la exhortación papal. En semanas pasadas he leído articulos valiosos de tipo técnico de gran peso teológico. Que precisamente por su tecnicidad no han tenido ninguna difusión. Pero no me resulta de igual interés escuchar a una legión cristianos molientes dando un sermón al Papa. 
Cuando un gran teólogo escribe, los años de conocimiento de la ciencia teológica se notan. Cuando la formación de un bloguero se reduce al Pan de San Antonio, todo se queda en un sermón. Nunca me imaginé que hubiera tantos jonases recorriendo la Nínive vaticana. Si todos esos hornos de celo se dedicasen a la misión ad gentes, evangelizariamos todas las islas de la Polinesia en un mes.
Pero no. Estos son misioneros de cardenales y curas, reconvertidos este mes a una nueva faceta de predicadores papales. Ahora el mundo que hay evangelizar es el Santo Padre. Menos mal que no leen con el mismo criterio el Evangelio, sino las consecuencias serían torquemadianas.
A ver, capullitos de alelí, cada vez que hay una frase que admite dos interpretaciones, ¿qué interpretación pensáis que le ha querido dar el Papa: la católica o la menonito-luterana? Espero que no hagáis lo mismo al leer a San Pablo.

Recordad que somos una familia, que tenemos que estar unidos, que el malrrollismo está condenado desde el Levítico a la Carta a Filemón.


¿De qué sirven vuestra ortodoxia y vuestros ritos si vuestro corazón respira agresividad?

12.05.16 | 14:11. Archivado en Con clave

Cuando hace dos días escribí mi post acerca de ciertas declaraciones acerca del Camino Neocatecumenal, un comentarista (contrario a mi post) me dijo: Padre Fortea, trátese de elevarse más allá de lo eclesiásticamente correcto.
No, querido AC, no. El camino siempre es la Iglesia. No juzguéis y no seréis juzgados. Yo mismo, no pocas veces, he sido juzgado públicamente por comentaristas, por algún blog y hasta por algún sacerdote. Afortunadamente, mi vida no será juzgada por un comentarista de blogs, tampoco por ningún sacerdote.
Ay de mí si juzgara al más sencillo y humilde de los laicos. Incluso aunque lo hiciera dentro de las paredes de mi corazón sin que nada saliera por mi boca. Mucho peor si vierto sobre su persona juicios públicamente. Tendría que dar cuentas de ello algún día.
Yo no me preocupo de los que se erigen en jueces míos, tengo quien me defienda. 


Martes, 24 de mayo

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