Blog del Padre Fortea

Qué gracia de foto

20.05.13 | 21:54. Archivado en Con clave

Sigo leyendo El Gran Gatsby. Lo comencé porque en varias listas de las mejores novelas del siglo XX aparecía esta obra. Pero nada, ya he acabado los dos primeros capítulos y sigo en ayunas. Hay autores españoles mil veces mejores, y por el hecho de no ser norteamericanos, ingleses, franceses o alemanes no son conocidos. Hay que reconocer que esto de la cultura no es nada objetivo.
Reconozco que con la edad uno se vuelve cada vez más escéptico respecto a cualquier aclamación social. Yo siempre que veo que alguien gana un premio literario, pienso: otro mentecato.
Después reconozco que es una tentación. Estadísticamente hay casos, muchas veces por error, en los que algún premio es merecido. 


No te preocupes, papá, nosotros te arreglamos la cinta

19.05.13 | 20:55. Archivado en Con clave

Resulta patente cada vez para más personas, que desde el 2008 la economía se ha convertido en un monstruo devorador de la vida de millones de seres humanos. La economía con sus necesidades, con sus imperativos, con sus exigencias, se ha tornado una bestia cruel que sojuzga a millones de trabajadores en países del Este, que devora el futuro de toda una generación de jóvenes, que forja cadenas, arroja de los hogares, quita la salud y roba la esperanza de entera naciones.
Algunos, inconscientes, indignados, se lanzan a las plazas gritando que se haga caso omiso de la Bestia, que se siga con la vida normal, como si no existiera. Ojalá todo fuera tan fácil, pero no es así. Las leyes de la Bestia son férreas. Si decides saltarte sus leyes, llega un día en que no salen billetes del cajero automático, llega un día en que el supermercado está vacío.
La Bestia es objetiva, real, tiene poder, no podemos hacer como si no estuviera allí, porque está allí.
El único modo de escapar de ella es que los príncipes de los pueblos, al menos de Occidente, se reúnan y se pregunten cómo se creó esa maquinaria infernal trituradora de pueblos. Necesitarán ayuda de expertos para entender cuál fue su génesis, cuáles fueron los pecados que la engendraron: la codicia, el egoísmo, la falta de caridad, la irresponsabilidad.
Y una vez que entiendan mejor a la Bestia, esos Grandes deberían ponerse de acuerdo para enfrentarse a ella, todos juntos. No se trata de que se pongan de acuerdo acerca de cuál será el índice de inflación de este año, o el nivel de endeudamiento permitido, o sobre tal cual o cual política determinada. No, no es ésa la cuestión.
Esta vez deben sentarse para discutir acerca de muchos años por delante, acerca de una guerra contra la Bestia que si se empezara ahora sería larga, costosa y llena de lágrimas. Pero ha llegado el momento en que los Grandes, los Príncipes de los Pueblos, aquellos que tienen en sus manos los timones de las naciones, se den cuenta de que están ante una maquinaria implacable, ciega, que no se detiene ante nada. Es el capitalismo puro y duro que entrevieron los Pontífices en el siglo XIX. Ellos dijeron que no se podía caminar hacia ese abismo. Pero la fascinación de las riquezas nos hizo desoír sus voces.
O levantamos las banderas frente a ese puño de hierro colosal, o si no no queda otro remedio que ir pagando año tras año, mes tras mes, los rescates que nos sean exigidos en un chantaje que no tiene fin. ¡No! Es el sistema entero el que debe ser rediseñado con una medida humana. Es el sistema el que debe servir al ser humano. Cuántos suicidios de desahuciados, cuántas factorías en las que viven los obreros hacinados, se hubieran evitado si se hubiera escuchado la voz que Cristo puso sobre la tierra. Sí, Jesucristo tiene su Vicario sobre este mundo, pero no se le escuchó. Ahora pagamos el precio en oro y en sangre, ese goteo de suicidas que no pueden aguantar más.


Ja, ja, niños.

18.05.13 | 15:13. Archivado en Con clave

El lujo sin mesura es algo profundamente inmoral. La sociedad debería no exponerlo en televisión como la cosa más normal del mundo, sino detestarlo como una aberración. A los jóvenes se les ponen los dientes largos, en su corazón pueden codiciar ser como ellos. Pero tienen que entender que hay modos de vida que son antinaturales.
Una cosa es vivir bien y otra el lujo sin mesura. Vivir bien está bien. ¿Qué es vivir bien? Poder reunir a la familia entorno a una mesa, poder disfrutar con tu esposa de un aniversario de boda en un buen restaurante, marcharte unos días al campo, comprarte un día especial un bogavante, poder ir al cine y cenar después con los amigos, cosas así.
Pero el reportaje que vi en la televisión hace dos días, sigue clavado en mi memoria. Es lógico que si alguien se aloja de forma habitual en una habitación de hotel a 2000 euros la noche, acabe pensando que él es distinto del resto de los mortales. Y eso sin contar las comidas, los guardaespaldas, los viajes y los divertimentos suplementarios.
¿Pero cuánto tiene que ganar una persona para gastar sin problema 70.000 euros en una semana? ¿Es posible ganar tanto al año sin que te consideres que eres radicalmente distinto de los demás seres humanos? ¿Es posible ganar y gastar tanto sin que se te rompa algún engranaje del cerebro?
El lujo exacerbado acaba siendo totalmente inmoral. Una sociedad de hombres iguales y libres debería sentir repugnancia ante ese tipo de perversiones? Ese tipo de vida acaba creando monstruos.
Y hablo de lujo, no de riqueza, porque puede haber alguien muy rico que use sus muchos beneficios sólo para ayudar a los demás. Hay gente así. Los ingentes beneficios permiten hacer mucho más bien, más a largo plazo. Sé que existen algunos millonarios cuyo único afán es ayudar al máximo número de personas. Este tipo de personas son como oasis donde van a beber los más necesitados.
Pero normalmente la riqueza ingente suele endurecer el corazón y volver soberbio a su dueño. Los hijos salen tontos o memos. El rico y sus hijos se vuelven crueles con el sufrimiento ajeno. Cada uno de ellos se considera como un astro alrededor del cual todo debe gravitar. Y así en la tercera generación sólo suelen quedar las ruinas de la fortuna del abuelo.


Maldición oriental: Ojalá vivas tiempos interesantes.

17.05.13 | 22:44. Archivado en Con clave

Si hay algo que pesa sobre mi corazón sobre una losa, es la sensación de derrota en tantos millones de españoles a causa de la crisis. Os aseguro que ésa es la razón  por la que he escrito tantos post sobre economía.
No puedo cambiar las cosas. Pero al menos puedo advertir a miles de personas que me leen de que la situación que estamos viviendo es completamente diversa a las crisis económicas que hemos vivido en el pasado.
Debe ser terrible haber acabado los estudios, haber comenzado la vida con ilusión, querer formar una familia, y encontrarse diez años después que uno está en el paro y que va a seguir en el paro, y que uno se acerca a los cuarenta sin ninguna perspectiva de cambio.
Debe ser tan frustrante para un joven ver como los jóvenes que caminan por la acera, al lado, tienen todo el dinero que quieren, preciosas casas, grandes sueldos, perspectivas de futuro, y uno no tiene nada, ni dinero, ni futuro, ni posibilidad de formar una familia, ni casa propia, por supuesto.
Y al llegar a casa, ver una y otra vez la vida de los más afortunados, una vida que parece de ensueño, una vida en la que sin esfuerzo uno puede gozar de todo. Ya no digo nada si uno es padre de familia y tiene hijos. Y uno sabe que el sueldo que uno tiene es el único que entra en la familia y que no hay nada más si uno pierde ese trabajo. Que no habrá más puestos de trabajo. ¿De qué vivirá mi familia? ¿Adónde marcharemos si nos desahucian? Son preguntas para perder el sueño.
La sensación de impotencia, de callejón sin salida, es tremenda. Esto ya es una tragedia en una persona. Pero multiplicado por millones es una catástrofe. Yo vivo tranquilo porque vivo solo, mis gastos son mínimos. No necesito mucho más allá de mi sillón, poder ver alguna película en la televisión, poder ir a la biblioteca municipal en busca de otro libro, jugar una partida de ajedrez de vez en cuando, y comprar un poco de chocolate. Pero la cosa cambia si tienes familia, si tienes hijos.
Pero la pobreza se hace más triste si miras al que camina al lado tuyo en la acera, y ves en él todo lo que no eres. Te sientas en el sofá de casa y en la televisión ves una riqueza digna de los emperadores romanos y los reyes persas. ¿Por qué él sí y yo no?
Ayer vi un programa sobre los mejores hoteles del mundo. No nos damos cuenta, pero la riqueza en este planeta ha alcanzado unos niveles de lujo completamente surrealistas. El lujo ha llegado a unos niveles tan antinaturales que sólo me recuerda a un barril de pólvora con una mecha encendida.
Los patricios que hoy deambulan por los vestíbulos de hoteles cuyos muros son de cristal, algún día van a comprobar cuán invisibles e inmateriales son esos muros para contener una nueva Revolución Rusa. Hemos fracasado en nuestro ideal de crear una república de hombres libres e iguales, una sociedad constituida por una gran clase media. Nos faltan las fotos de las largas filas ante los comedores sociales. Nos parece que nuestra pobreza no es tanta con un móvil de última generación e Internet. Pero la orgullosa Bastilla sabe que las nubes son más negras cada día.
Cuando esta civilización caiga, las cosas volverán a empezar. Han vuelto a empezar tantas veces desde los tiempos de los hititas y los fenicios. Volverá a haber un nuevo amanecer. Pero esta sociedad con sus enfermedades, verá desaparecer a sus patricios, a sus nobles, a sus aristócratas, a sus grandes. Antes nos quedan años de cielos oscuros, años de capitalismo brutal, antes de que aparezcan los nuevos Chávez, años convulsos, épocas interesantes, tiempo para el heroísmo. Pero vendrá un nuevo amanecer y vuestros hijos tendrán una vida nueva cuando esta sociedad enferma haya desaparecido.
El tamaño de la catástrofe nos dará la medida de nuestro quebrantamiento de la Ley de Dios. Después, un futuro lleno de esperanza.


Economía titánica

16.05.13 | 22:22. Archivado en Con clave

Nuestro Papa ha hablado hoy de economía, un sermón con el que coincido plenamente. Voy a permitirme algunos apuntes que no van a ser una repetición de lo ya dicho en otros posts, sino una continuación de estos.
El mercado occidental (Europa y Estados Unidos) está perdiendo capital. Es como un circuito cerrado de calefacción y radiadores que tiene una fuga continua e inevitable, se tomen las medidas que se tomen. El crecimiento del 2.5 del último trimestre en Estados Unidos es puramente circunstancial. Macroeconómicamente, Estados Unidos y Japón están tan condenados como Europa a largo plazo.
La solución no es que los occidentales se sometan a un régimen laboral de esclavitud para ser competitivos. Luego la única medida posible es cerrar las fronteras a los productos de países que no cumplan una serie de requisitos mínimos. Esta medida proteccionista tiene muchos efectos secundarios adversos, pero de lo que se trata es de cerrar una hemorragia que es mortal a medio plazo.
Estados Unidos, Europa, Japón, Australia y otros países deberían unirse a este mercado justo, como una mera cuestión de supervivencia social. Vamos a ser más pobres, pero podemos con un New Deal mantener un nivel aceptable de derechos y paz social. Todavía tenemos algo de margen para escoger o una burbuja mercantil con masivas políticas keynesianas de reactivación económica, o el abismo de un liberalismo sin piedad.
Europa ha seguido una política económica de recapitalización a través de la contención del gasto, y no ha dado ningún resultado. Estados Unidos y Japón han seguido una postura muy diversa, buscando ante todo la reactivación del consumo, y han tenido mejores resultados. Resultados muy provisionales, pero mejores. Lo cual nos demuestra que la idea de crear un área protegida puede tener éxito.
En este momento, o miramos un poco más allá de las necesidades inmediatas, o pensamos en el futuro a un plazo más largo, o si no literalmente toda Europa va a ser vendida a precio de saldo a los especuladores.
¿Cómo comprar toda Europa? Crea un pánico artificial, compra los sectores esenciales (en realidad basta con comprar sólo los principales bancos) a precios mucho más baratos, vete apoderando de los sectores accidentales en los años sucesivos. Insisto, ni siquiera tienes que pagarlo a precio real, puedes pagarlo precio de ganga si tienes capacidad para crear el pánico.
Todas estas cosas parecerían un juego de matemáticos ociosos, si no fuera por el sufrimiento que conlleva a cientos de millones de seres humanos.


Otros cristianismos hubieran sido posibles III

15.05.13 | 20:46. Archivado en Con clave

Es cierto que Dios podría haber creado una versión uniforme del cristianismo. Pero era más concorde con su forma de actuar que crease un cristianismo multiforme, como de hecho ha sido. Los creyentes en Cristo que moramos en un mundo cosmopolita, debemos entender que la Iglesia tiende a la multiformidad por la propia vida ínsita en ella.
Y no sólo eso. Dios quiere una sola fe. Pero también quiere permitir que existan comunidades con versiones parciales de esa fe. Las dos cosas son queridas por el Creador. La unidad de la fe y la permisión divina se relacionan en un mismo designio divino. Valorar lo positivo de esas comunidades no ortodoxas, supone entender otra dimensión del querer del Altísimo.
Y de esta manera, los que tienen un espíritu inquisitorial podrían entender el por qué de que Dios no barra de la faz de la tierra las abundantes constelaciones de grupos protestantes. No las barre de la faz de la tierra, no porque tenga que hacer un continuo ejercicio de paciencia, sino porque esas comunidades son versiones del cristianismo, versiones llenas de vida, comunidades en las que actúa el Espíritu, en las que está Jesús.
Jesús fundó una Iglesia y quería que existiese una sola Iglesia. Pero su designio incluía esta periferia de la Iglesia. Sin ceder ni un milímetro del concepto de ortodoxia, comprender lo positivo de este designio, nos lleva tener una visión más positiva de la realidad. Y a entender que esa periferia está aquí para quedarse.


Otros cristianismos hubieran sido posibles II

14.05.13 | 14:20. Archivado en Con clave

La foto es del Viernes Santo. El post sigue de ayer.
Por eso, los teólogos siempre tienen que hacer un sano ejercicio de flexibilidad. La gente quizá no, pero los teólogos sí. Y darnos cuenta de que en el futuro pueden aparecer versiones muy distintas acerca de cómo vivir la misma fe. De hecho, no quiero desplegar aquí esas posibilidades porque podría yo ofrecer una falsa impresión de relativismo.
En algunos ambientes, se piensa que la fe sólo se puede materializar de un modo uniforme y uniformizante. Pienso, por ejemplo, en los lefevrianos. Realmente es muy de admirar ese esfuerzo titánico por limitar las posibilidades divinas. Es un esfuerzo teológico tan admirable por su tenacidad, como abocado al fracaso.
Un Dios que ha desplegado el ser en la naturaleza de un modo tan increíblemente variado, un Dios que ha desplegado el ser como un continuo acto de experimentación dentro de la experimentación, convenía que hiciera lo mismo en esa nueva creación que es la vida cristiana sobre la tierra.
El lefevrianismo (y éste es sólo un ejemplo) supone un esfuerzo férreo, colosal, por intentar poner un corsé a esa voluntad divina de multiplicidad. Con orgullo y felicidad, podemos afirmar que hoy día tenemos una Congregación para la Doctrina de la Fe plenamente consciente de esta realidad. En algunos temas, ha habido quien ha podido acusar a esa Congregación de inactividad y falta de visión. Pero la actuación de esos monseñores es fruto, precisamente, de una gran consciencia.


Otros cristianismos hubieran sido posibles

13.05.13 | 20:33. Archivado en Con clave

Los coptos de Etiopía son la versión más judaica del cristianismo. Sus días santos son el sábado y el domingo, los varones se circuncidan, etc. Pero no debemos llamarnos a engaño por ciertas prácticas, son indubitablemente cristianos. Este hecho nos debe hacer reflexionar que dentro de la misma construcción de la fe, hubieran cabido distintas maneras de vivir el Evangelio, formas muy diversas. Por ejemplo, nos podemos plantear la hipótesis de comunidades cristianas aisladas durante siglos en el centro de Asia, que hubieran vivido un cristianismo marcadamente budista. Es decir, un seguimiento del Evangelio que hubiera adoptado la filosofía budista hasta el límite mismo donde empezara la heterodoxia. No estoy hablando de una mera inculturación, sino de llegar al límite mismo de lo que el recipiente cristiano puede admitir de prácticas y filosofías budistas.
Esta posibilidad del cristianismo budista (hecho hipotético), como la posibilidad del cristianismo judaico (hecho real en Etiopía), nos muestra que en la Historia pudieron darse otros cristianismos dentro de una misma ortodoxia y una misma comunión.
De hecho, hoy día tenemos cristianismos tan distintos como el de toda la constelación de denominaciones protestantes basadas únicamente en la Palabra. Ellos han ido más allá de la ortodoxia, pero no por ello dejan de mostrarnos variaciones experimentales del cristianismo que están dotadas de fuerza, de belleza y que suponen un seguimiento de Cristo. Esa constelación tiene variantes desviadas, pero muchas otras variantes son variantes vivificadas por Cristo mismo. Sería teológicamente simplista descalificar todo el devenir protestante como una mera pérdida de tiempo. 
(Seguiré mañana con este tema)


La película favorita del Papa

12.05.13 | 09:07. Archivado en Con clave

Ayer me vi la mitad de El Festín de Babette. Como es la película favorita del Papa tengo que decir que es una película maravillosa. Si el Papa hubiera dicho que su película favorita era Un chihuahua en Holliwood, diría lo mismo. Este blog afirmaría a los cuatro vientos y con la cabeza muy alta: Un chihuahua en Holliwood es una de las grandes obras maestras de nuestro tiempo.
Ahora hablando en serio. El Festín es una película profunda. Pero espero que no se vea como un sentimiento antivaticano por mi parte, advertir que la película adolece de un ritmo lento. O por decirlo más claro: duerme hasta a las ovejas. Sólo un jesuita intelectual puede sentirse a gusto durante una película escandinava en la estela de Bergman, o durante una película iraní o japonesa.
Por otra parte, el tono de la película es algo teatral en el sentido de que le falta verismo. Uno ve películas en blanco y negro españolas como Bievenido Mr. Marshal, y todo refleja verismo, incluso cuando no quieren ser veristas. En El Festín hay un gran deseo de ser veristas, pero ese mismo afán acaba arrojando a la película en una interpretación que, ciertamente, no refleja los tiempos de la vida real.
Lo que a los críticos les entusiasmó de esta película es su mensaje, su huída de lo comercial, su análisis psicológico. Claro, si comparamos El Festín con Arma Letal IV pues efectivamente sale ganando la primera. Pero El Séptimo Selloes un ejemplo de todas las virtudes de El Festín, sin ninguno de sus defectos.
Bueno, ayer comencé a leer el primer capítulo de El Gran Gatsby. Lectura que será coronada con la visión de la película. Me habían hablado muy bien de esta novela, pero el primer capítulo es un poco decepcionante. Vamos a ver si mejora.
Recomiendo vivamente el tema de Juego de Tronos. No he visto ni cinco minutos de esa espantosa serie. Pero el tema principal de su banda sonora está lleno de una fuerza que no veía desde hace tiempo. Es una música que avanza con lentitud, con poderío, que parece contener todas las intrigas y pasiones que esperamos encontrar en una buena serie. Es una de las mejores bandas que he escuchado en ese nuevo género que se ha dado en llamar música épica. Si escucháis esta música, os advierto que sólo interesa el primer minuto y cuarenta y cinco segundos. El resto de la banda sonora es puro relleno, paja, orquestación vacua.
Hoy voy a la misa de la catedral. No sé quien predicará en la misa de 1.00. Espero que en su sermón haya algo más que la orquestación habitual de una idea central.


¿No notáis algo en esta foto?

11.05.13 | 13:30. Archivado en Con clave

Después de hablar de tantas cosas sublimes en este blog, después de casi haber tocado a los ángeles, en esos espacios sacros y romanos, debo reconocer que uno de los placeres de estar en casa, es poderme hacer dos buenos huevos fritos con ajos y chorizo.
El chorizo debe freírse hasta quedar crujiente. Los ajos, gruesos, han de quedar dorados para no picar. Los huevos tienen su punto justo en el que la yema toma por fuera un color tirando a blanquecino y por dentro están jugosos. Nada que ver con los huevos que las monjas indias nos daban. De jugosos por dentro nada. Comparar aquellos huevos fritos de las monjas con los que hago yo, es como comparar un Rembrandt con un caricaturista de Plaza Navona.
Eso sí, sólo me compro un chorizo al año. La naturaleza (mi colesterol) me obliga a estas restricciones. Y mañana me haré una buena paella.
Algunos pueden sentirse incómodos por esta presencia de lo material en mi vida. Pero desde que sé que la película favorita del actual Papa es El festín de Babette ya no tengo que ocultar mi barroca vida católica frente a versiones calvinistas que desprecian este mundo. Algunos es que parecen deleitarse en que todos vivamos una perenne cuaresma. Y ya no digo nada si encima logran la colaboración de un escuadrón de monjas indias.


Y el gato no dice nada

10.05.13 | 19:04. Archivado en Con clave

Primer post desde España, desde mi diócesis. Los campos a los lados de la carretera de entrada a Alcalá bullían de primavera. Qué cantidad de flores, qué cantidad de amapolas. La temperatura perfecta, propia del Jardín del Edén. El cielo muy azul y tapizado de esas nubes algodonosas, henchidas, que parece que se pueden tocar.

Después está la amabilidad del buen amigo que me ha llevado al aeropuerto. Para él ha sido un verdadero esfuerzo, porque tenía compromisos y trabajo. Y lo ha dejado todo por llevarme. Tras eso la amabilidad de otra buena amiga en recogerme en Madrid. Para lo cual ha tenido almorzar en cinco minutos. Eso me ha dicho, pero yo creo que ha sido en menos.
Doy gracias a Dios por rodearme de personas tan buenas. Ahora estoy un poco cansado, con sueño. En los próximos dos meses, además de una serie de conferencias en Estados Unidos, me dedicaré a hacer sustituciones en mi tesis, y a acabar la revisión de la tesis. Creo que en agosto ya estará definitivamente lista.
A lo largo de estos dos meses, mi destino diocesano me será comunicado y entregado. Y uso esta palabra de entregar, porque el destino pastoral de todo sacerdote es una entrega que le hace el obispo. Es como si uno de los doce Apóstoles te dijera: quiero que te dediques a esto. Eso es lo que distingue los propios intereses y caprichos, del encargo de la Iglesia.


Demasiado me has dado Señor en estos cuatro años

09.05.13 | 21:42. Archivado en Con clave

Escribo este post que no es como cualquier otro post. Se trata de mi último post en Roma. Mi habitación en el colegio está ahora repleta de objetos sacados de los armarios que esperan se colocados en la última maleta que me queda por llenar. Al final, todo va a caber en dos maletas y el equipaje de mano.
Este post pone punto final a cuatro años en Roma. Hoy les he comprado unos pastelitos a mi compañeros. Pastelitos con frambuesas sobre la crema, y otros rellenos también de crema. ¿No los quiere de otro tipo?, me ha preguntado el pastelero. Es que a mí me gustan de crema, le he respondido sin dudar.
He dicho unas palabras en los postres. Junto a los pastelitos. Después les he ofrecido estos dulces también a las monjas y a la cocinera, y a las dos señoras de la limpieza.
Me he enterado de que los de rito bizantino católicos celebraban hoy el día de la Asunción. Así que esa litúrgia ha sido el colofón perfecto para mi estancia romana. Ayer misa de vísperas en el Vaticano, como no podía ser de otra manera.
Además, después de la misa, uno de los guardas me dijo que pasara la barrera y que si quería rezase delante de la tumba de San Pedro. Debió ser una inspiración que tuvo él, porque yo no dije nada, ni pedí nada. Y así pude estar yo sólo sin turistas en un reclinatorio delante del Baldaquino, rezando sin distracciones. Fue todo un detalle por parte de Dios.
Adiós, Roma, adiós. Dicen que aquí algunos pierden la fe. Pero el blog ya ha probado que eso es un mito saduceo.
Ahora que me marcho, ya puedo decir que vivía en la Basílica de San Ambrosio en Vía del Corso. Antes no lo dije, porque no quería que se produjese una peregrinación de casos. Sí, he tenido la inmensa suerte (don de Dios) de vivir en el centro de Roma, en la que es su arteria más viva. Y encima en una de las más bellas e inmensas basílicas romanas. Sí, Dios ha sido muy bueno conmigo. Hasta me ha buscado un sitio bonito. Dios se ha encargado de todo en mi estancia en la Urbe. Ha sido generoso hasta en los detalles. Estoy muy agradecido al Señor.


Martes, 21 de mayo

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