Blog del Padre Fortea

Sueño otoñal

31.10.14 | 22:17. Archivado en Con clave


He tenido un sueño muy interesante hace dos días. Estoy en el campo de Brasil, me dirijo a una casa de campo, muy grande, de agricultores.
Ya dentro de esa hacienda, hablo tranquilamente con los organizadores de la conferencia que voy a dar. Sé que en otra habitación hay un cadáver. De pronto me acuerdo que puedo aprovechar el peto, una prenda que en la sotana sujeta el cuello romano a la sotana. Aunque dudo, porque no me hace mucha gracia tomar una prenda de ropa de un cadáver. Y eso que sé que el cadáver soy yo. Porque sabía que el muerto era yo.
Finalmente, voy a la otra habitación donde veo que estoy sobre una mesa, boca arriba, vestido con sotana, hierático, inmóvil.
Me acerco y, repentinamente, el cadáver me habla, incluso mueve sus manos hacia mí y yo las tomo en un gesto de cariño, queriendo consolarle. Pero dándome cuenta de que mis palabras son superficiales ante una situación que no admite consuelo posible.
No entiendo lo que dice. Su rostro es el de la muerte, con los ojos hundidos, veo consciencia en esos ojos profundos: sabe que se muere y que no se puede hacer nada. Sus manos están heladas. Me desagrada tocar esas manos frías como el hielo.
Después, el agonizante vuelve a dejarse caer sobre la mesa y el último aliento de vida le abandona. Al verlo inmóvil de nuevo me entra la duda de si el hecho de que me tomara de las manos y tratara de decirme algo, no habría sido una alucinación.
Le pregunto al que está a mi lado: ¿Le has visto?
No le he oído, me responde, pero se ha movido. 
Exactamente, ésas fueron mi pregunta y mi respuesta.

Es un sueño muy inusual. Yo me veo a mí mismo cadáver, con el rostro propio de los agonizantes. Pero no tuve angustia. Lo único que me dio pena era la inutilidad de mis palabras ante lo inevitable. Los ojos del agonizante, que estaba sobre la mesa y que era yo, tampoco transmitían angustia, sino el deseo de agarrarse a alguien, a algo, aun sabiendo que era un esfuerzo inútil.


El dulce Cristo en la tierra

30.10.14 | 13:27. Archivado en Con clave


En todo este proceso de reflexión sinodal nada ha habido de malo. Aunque donde de verdad se cortará el bacalao, si se me permite la expresión, será en la mesa de los teólogos. Es decir, serán las grandes mentes teológicas las que profundizarán en la fe, en esas líneas divisorias, en las fronteras, entre lo lícito y lo ilícito.
El Papa ha lanzado el impulso, los obispos determinarán líneas pastorales, pero será labor de los próximos años el hacer, sin prisa, una gran reflexión teológica sobre los puntos suscitados.

Yo estoy con el Papa en lo que ha dicho, en lo que ha sugerido; en lo que ha dicho y en lo que intuimos que nos quiere decir. El Espíritu nos obliga a entornar los ojos para atisbar que hay algo más en el horizonte. A mi entender, es el Espíritu el que nos está guiando a través del Papa. 
La diferencia de opiniones, el contraste razonado de posiciones, no me parecen mal. Pero qué triste es cuando alguien va más allá de las razones y descalifica al otro.


Los hermanos nuestros que ven más allá de donde nosotros vemos

29.10.14 | 14:02. Archivado en Con clave


Ayer hablaba de los grandes teólogos. No es lo mismo ser teólogo que obispo, aunque, a veces, una gran figura teológica llegue al episcopado. San Pablo distingue entre los maestros y los pastores. La Iglesia les debe mucho a esos teólogos que descuellan como montañas, montañas de la ciencia de Dios.
Cierto que hemos tenido un cierto número de teólogos en los decenios pasados que han sido famosos y no han guardado la regla de la ortodoxia. Pero me refiero a los que han sigo grandes y fieles, innovadores y ortodoxos. 
Aunque la innovación no necesariamente tiene que ser una de las características del gran teólogo. Uno puede ser grande en la profundización. Sin esos grandes maestros de la ciencia divina, hoy no tendríamos ni el ecumenismo, ni la paternidad responsable, ni los matrimonios de mixta religión, ni los divorciados podrían vivir juntos como hermanos y comulgar (esa opción no se contemplaba hace doscientos años), ni otras muchas cosas que hoy día damos por supuestas, pero que un día a algunos les parecieron alejarse de los enunciados hasta entonces oídos.
La fe es inmutable, pétrea. La Tradición no puede cambiar. Pero de la Tradición nacen las verdes ramas de la Teología. Los teólogos profundizan en la raya de lo lícito y lo ilícito. Estudiando con cuidado hasta donde se puede llegar, hasta donde conviene llegar, hasta donde Jesús querría que llegásemos.


Teólogos, cultivad la calidad

28.10.14 | 13:42. Archivado en Con clave

Durante los pasados posts, me hizo muchísima gracia cuando una persona (no sé quien es) me envió un mensaje al móvil en el que me decía:Padre Fortea, a este paso hasta la familia Pujol nos va a preceder en el Reino de los Cielos.
Me arrancó una sonora carcajada. Y es que en todo este asunto no podemos perder la sonrisa y el buen humor. Pero así como le agradecí a este lector que se tomara la molestia de enviarme este gracioso mensaje, no puedo decir lo mismo de otros.

Hay una persona, llamémosla Laura, con la que he hablado infinidad de veces, horas, resolviendo sus dudas de moral y de diversos tipos. Y cuando leyó mis posts, me envío un email en el que me manifestaba su desacuerdo.Estar en desacuerdo conmigo, no tiene nada de malo. Yo no obligo a estar de acuerdo conmigo. Valoro mucho cuando puedo dar un paseo y charlar con alguien que argumenta los puntos en los que diverge de mis opiniones. Nunca me ha ofendido que alguien no opine como yo.
Pero este caso me dio tristeza. Porque las palabras de Laura, después de tantos años de conversaciones, venían a decir: No tengo nada de lo que hablar contigo sobre este tema. Ya no puedo confiar en ti como alguien a quien le consultaba las cosas.
Por supuesto que no me lo dijo así, fue más caritativa y diplomática. Pero percibí ese mensaje.
Insisto en el hecho de que tenemos que admitir la licitud de que alguien no esté de acuerdo con nuestras ideas. Pero también resulta inevitable que una situación de pérdida de confianza, como la que he descrito, siempre deja un poso de dolor. Las dos cosas son razonables: que alguien disienta, que la pérdida de confianza produzca tristeza.
El remedio a todo esto no está, en mi opinión, en la repetición exacta de las mismas fórmulas, en el acantonamiento en las posiciones más seguras. El rigor siempre ofrece sensación de seguridad al que habla y al que escucha.Yo tengo muy comprobado en mis conferencias, que el conferenciante que más grita, el más exaltado, el que obliga al oyente a un todo o nada, es el que arranca los aplausos más estruendosos. A las masas no le gustan los matices. Sus mentes quieren un mensaje claro, confirmador.
En mi especialidad, delante públicos sacerdotales, en seminarios, con obispos escuchando a veces, he comprobado como ante ciertas cuestiones delicadas (insisto, de mi especialidad) algunos oyentes meneaban la cabeza. Les parecía que mi discurso admitía componendas, que no era puro. 
Pero he hablado en la confianza de que quizá, entre todos esos oyentes, había un pequeño número de personas que sí que entendían de qué estaba hablando. Y ese pequeño número, algún día, sería el que guiaría a los demás desde sus puestos. Porque las personas que son capaces de ir más allá de los enunciados primarios, del blanco o negro, son los que en el futuro escribirán libros o tendrán cátedras en la universidad.


Edifiquemos una religión de la comprensión

27.10.14 | 13:16. Archivado en Con clave


(Sigue del post de ayer.) Además, Félix, no te has parado a reflexionar que las palabras del Espíritu en el versículo que me citas de que los sodomitas no entrarán en el Reino de los Cielos, se pueden referir más bien al que se deja arrastrar por el vicio y las pasiones desenfrenadas, y no al que naciendo con esa tendencia trata de llevar una vida lo más de acuerdo que puede a los mandamientos de Dios. 
No toda caída de lujuria es un vicio y una pasión desenfrenada. Hay caídas de lujuria que, aunque sean actos desordenados, son bien comprensibles.
Jamás he enseñado (ni en la más estricta privacidad) que esté bien lo que el orden moral de nuestra amada Iglesia no enseña que esté bien. Pero ante ciertas caídas, pongo mi mano en la espalda del prójimo y le digo: Miremos a Jesús y sigamos caminando.


La ley eclesiástica, la del Antiguo Testamento, la del amor, la ley moral

26.10.14 | 14:16. Archivado en Con clave


(Sigue del post de ayer.) Quédate tranquilo, Félix, creo en la verdad del versículo que me has mencionado. Pero en 1 Cor 6, 9-10 también se dice que los inmorales o los maledicentes no heredarán el Reino de Dios. ¿Nunca has sido inmoral? ¿Nunca has hablado mal del prójimo?
Hay que tener cuidado, porque al lanzar la piedra contra ellos, puedes estar lanzándola contra ti. ¿Crees, Félix, que mereces más el Reino de los Cielos que ellos? ¿Consideras que el cielo se merece? ¿Crees que el hermano mayor de la Parábola del Hijo Pródigo hacía bien cerrando la puerta ante el hijo pecador para que entrara en la casa del Padre? ¿No crees que tú (y también yo) no somos ese hermano mayor?
En ningún momento he afirmado que la lujuria sea un acto indiferente; pero no lo es ni la lujuria homosexual ni la heterosexual. Mis palabras en anteriores posts han llegado hasta donde, a mi buen entender, me parece que puede llegar la misericordia de Jesús. Pero no más allá. Yo no quiero ser más estricto que Jesús, pero me cuido de no ser tampoco más misericordioso que Él.
Por eso en la balanza de mi pobre entendimiento peso mis palabras; intento hacer ese pesaje con cuidado, porque daré cuentas de ello al que me encargó ser pastor en su Pueblo. Por eso no sólo peso mis palabras, sino también mis pensamientos. Y, en materia de fe, mis palabras son reflejo de mis pensamientos.


Defendiendo las palabras del Papa en la entrevista de aquel avión

25.10.14 | 21:50. Archivado en Con clave


Un lector, llamado Félix, me escribía tras leer mi último post: 
La pregunta que yo me hago es la siguiente: ¿los sodomitas heredarán el Reino de los cielos, o no? ¿El Espíritu Santo miente?
Estimado Félix, si lees la Biblia, verás que ésta se halla llena de matices. Cierto es que algunos lectores gustan de recoger versículos para arrojarlos como piedras contra alguien. Pero la lectura paciente que busca, ante todo, la conversión personal, lleva a escuchar la voz de un Dios escandalosamente misericordioso.
Parafraseando a la Escritura, te digo, no como amenaza, no como reprimenda que algunos homosexuales y budistas te adelantarán en el Reino de los Cielos.
Pero ya que usas la Palabra de Dios para confrontarme haciéndome una pregunta, respondo a tu pregunta con otra pregunta. ¿Acaso miente el Espíritu Santo cuando afirma?:
Si confiesas con tu boca a Jesús por Señor, y crees en tu corazón que Dios le resucitó de entre los muertos, serás salvo(Rom 10, 9).


De lo bueno, lo malo, lo abominable y lo comprensible

23.10.14 | 14:16. Archivado en Con clave


Sigo con mis consideraciones acerca del post de ayer sobre la homosexualidad. La doctrina ha sido dejada clara. La doctrina ha sido repetida, remarcada, profundizada y recordada una y otra vez. ¿No habrá llegado el momento de fijarnos en otros aspectos? ¿Existe el verdadero amor entre homosexuales? ¿Tiene algún valor la fidelidad entre ellos? ¿Da lo mismo la promiscuidad que la unión en el cariño entre gays?
Creo que son muchos los católicos que, de buena fe, creen sentirse en la obligación moral de responder a todo con un NO absoluto. Como si ese campo fuera el único campo en el que no caben matices, el único campo en el que nada bueno puede crecer.
Hace dos siglos, nuestra práctica ecuménica hubiera sido vista como una traición a la ortodoxia. Hoy día sabemos que eso no es así. Podemos ser ecuménicos y no traicionar la sagrada tradición que hemos recibido. Estoy convencido de que debemos empeñarnos en un esfuerzo para lograr un abrazo universal a todos sin negar la doctrina. Al final, todo se reduce a algo muy sencillo: la Iglesia que enseña pero que abraza a todos.


El sínodo y las cosas complicadas

22.10.14 | 21:35. Archivado en Con clave


Durante los últimos días, muchos me han preguntado por el sínodo, por sus conclusiones finales, por las transitorias, por el Papa y tales o cuales cardenales.
Dejando lo obvio y sin ánimo de ser ni ordenado ni exhaustivo, permítaseme dar algunas opiniones con humildad. Con humildad, porque nadie me ha dado la función de maestro y porque ya desearía yo tener la respuesta a todas las preguntas.
Hace una semana reflexionaba sobre la homosexualidad en la Biblia. No se habla tanto de ella en las Escrituras como la gente podría pensar. Más bien se habla poquísimo. Me puedo equivocar, pero creo que sólo cinco veces. Y en el Nuevo Testamento, desde luego, los versículos permiten exégesis que no son precisamente las del azufre y el fuego.
Mi opinión es que el cristianismo enseña que la homosexualidad no es algo natural ni algo que se deba fomentar ni una opción más ni un acto indiferente. Ahora bien, tampoco veo que la Biblia insista mucho en ese tema. Más bien muy poco. Casi podríamos decir que se limita a mencionarlo. La Palabra de Dios insiste más en infinidad de otros temas.Las palabras del Papa dichas en una entrevista en un avión, siguen resonando en el mundo: ¿quién soy yo para juzgarlo?
La labor de la Iglesia no es juzgar y, de hecho, no juzga. La labor de los seguidores de Cristo consiste en recordar las enseñanzas bíblicas y, después, en dejar que cada uno siga su camino. Y creo que los sacerdotes, de forma casi unánime, así lo hacen. Ninguno de los homosexuales que han ido a mi parroquia buscando consejo, buscando oración, se ha quejado nunca de que un sacerdote les trató mal. Al revés, todos los presbíteros fueron con ellos verdaderos padres.
Yo creo que la Iglesia después de dejar claras las verdades bíblicas con una exégesis profunda, podría a partir de ahora empeñarse en la construcción de una nueva visión acerca de la homosexualidad. El Magisterio va a ser el mismo, que nadie tema por eso. Pero creo que hay toda una teología por construir. Una teología que no es la de la condenación y la exclusión. 


El jefe de milicianos

21.10.14 | 23:37. Archivado en Con clave

-Yo te puedo matar ahora mismo ?y le apuntó con su pistola.-No, no puedes. -Te aseguro que sólo tengo que apretar este gatillo.

Negó con un gesto de la cabeza que tuviese tal posibilidad. Esa fue la gota que colmó el vaso. El miliciano apretó el gatillo. El percutor se encasquilló. Miguel estaba tranquilo. Tres veces más lo intentó y tres veces se encasquilló. Ninguna de las tres veces Miguel se alteró lo más mínimo.
-Esto no es un milagro. Simplemente mi revolver tiene un problema. Eso es todo.-Claro, claro. No tengo la menor duda. Pero mira, para que tú tampoco tengas ninguna duda, te digo que pasado mañana morirás antes del mediodía. Tú dices que puedes matar a quien quieras, pero no me has podido matar a mí. Yo te digo que pasado mañana morirás.
-Estás loco. Rematadamente loco. No necesito un arma para acabar contigo.
Y agarrando un martillo quiso abalanzarse sobre Miguel. Pero con tal mala suerte, quizá porque estaba fuera de sí, que en la violencia de la acometida no se dio cuenta de que su macuto estaba en el suelo, junto a la mesa. 
Tropezó golpeándose el hombro izquierdo en el borde de otra mesa-aparador. No sólo la mesa, todos los papeles de la mesa le cayeron encima. Hubo quejidos en el suelo. El golpe había sido tan violento que se había roto el hombro. Miguel no se había movido ni un centímetro, ni había parpadeado durante el intento de ataque.
Miguel, sin decir nada, moviendo la cabeza, se dirigió a la puerta para salir. Hector con rabia, retorciéndose de dolor en el suelo, se dirigió a él:
-¿No puedo matar? ¡Te equivocas! Mañana mandaré fusilar a más de cien detenidos.
Miguel se volvió:-Sí, podrás matar. No a todos los que quieres, ni siquiera ese número. Pero podrás hacerlo. No a cien, por más que te empeñes. Únicamente podrás asesinar a veintinueve. Ni a uno más.
Riéndose, Hector dijo:-¡He ganado!-Desdichado. No les matas a ellos, te asesinas a ti definitivamente.
-Qué tontería. Tonterías. Lo único cierto en este mundo es que yo podré dar el paseo a esas veintinueve personas.-Para ellas ha llegado su hora. Dios les llama. Con esta guerra o sin ella, sus vidas han llegado a su fin. El modo es lo de menos.
-Ya, ya. Me haces reír ?murmuró entre dientes mientras se levantaba entre maldiciones-. ¿Entonces por qué permite que sea yo el que dé la orden?
-Para que se consume tu transformación. Dado que has decidido, Dios, en los cielos, ha decretado: Hágase.


Retrato de tres pontífices

20.10.14 | 22:12. Archivado en Con clave

Me gustaría continuar ese agradable post en el que hablaba de los tres últimos Papas que la Iglesia ha tenido. ¿Qué música definiría a cada Sumo Pontífice?
Sin duda, al Papa Francisco le definiría la Salve de La Misión de Ennio Morricone. Esta música refleja tanto a nuestro Papa que considero innecesaria cualquier explicación:
https://www.youtube.com/watch?v=VSWWLTqNRoU
Mientras que a la mentalidad y psicología de Benedicto XVI le define perfectamente la música de Mozart: pulcra, música de método, expresión de una vida ordenada dentro de una teología ordenada. Encontrar cuál era exactamente la pieza de Mozart que más definía la vida del cardenal alemán, fue más difícil. Después de mucho pensar, me decidí por este concierto para flauta, arpa y orquesta es la que me parece perfecta, una música tan serena y discreta como él mismo, casi una partitura tímida:
https://www.youtube.com/watch?v=qq7IWnqj0Kw
¿Y qué música definiría a nuestro querido Juan Pablo II? Desde luego tenía que ser una música dinámica, llena de fuerza, pero al mismo tiempo llena de espiritualidad. Por eso una buena opción me pareció el Gloria de Wojciech Kilar, un autor que me entusiasma.  Pero esa obra carece del lirismo y ternura que impregno la vida espiritual de ese Papa. La obra que reflejaba bien su personalidad era la banda sonora de Retrato de una damadel mismo compositor. La vida del Papa Wojtyla fue un verdadero poema de amor, por eso esta música:
https://www.youtube.com/watch?v=qJ0czluQQkE
Por supuesto que el hecho de que los compositores sean un italiano, un alemán y un polaco es pura casualidad.


Los escritores del siglo XXI

19.10.14 | 18:49. Archivado en Con clave


Hoy os pongo el link a mis sermones. Hay uno que os puede resultar especialmente interesante: se trata de una larga charla para una parroquia luterana.
http://blogdelpadrefortea.blogspot.com.es/search/label/Sermones
La fotografía de hoy es de los libros de la biblioteca de un hotel de lujo apilados en un ático y abandonados durante decenios.
Hablando de libros, en el link que os pongo, podéis ver el número de descargas de mis libros desde que los subí todos a un servidor de Internet. Sin duda, éste es el futuro de los escritores. Crearse un grupo de lectores y que ellos se los puedan descargar gratis. El link de estadísticas es el siguiente:
http://goo.gl/#analytics/goo.gl/mNsjmY/all_time

Allí puedo ver el número de descargas hora a hora. Y no sólo eso, también el país de los lectores. Cuando me quedo mirando a ese link de estadísticas, compruebo que estamos en el siglo XXI.


Sábado, 1 de noviembre

BUSCAR

Editado por

  • Padre Fortea Padre Fortea

Síguenos

Categorías

Sindicación