Blog del Padre Fortea

Misa en Barbastro

18.06.18 | 22:29. Archivado en Con clave


Las fotos son de la misa en la catedral de Barbastro. Continúo contándoos mi último viaje. Llegué a Barcelona donde hice noche. Me acosté pronto, porque al día siguiente teníamos que coger un avión muy pronto hacia Santiago de Compostela. No recuerdo muy bien, pero creo que me tuve que levantar a las 6:00 de la noche. No sabéis lo que odio levantarme tan temprano. Mi cuerpo que resiste tan bien los rigores del invierno, el sol de justicia del verano, el hambre y la hartura, la poca agua, las cornadas de la vida y los embates de la fortuna, lo que resiste muy mal son los madrugones. Me lo dijo el médico:
-Tenga mucho cuidado con los madrugones. -¿En serio?-Sí, sí, cualquier madrugón lo podría matar. -¿Pero puedo trasnochar?-Sí, su cuerpo se adapta perfectamente a los excesos nocturnos. Admirablemente, diría yo.
Bueno, pues después de tanto esfuerzo, de tanto sacrificio, llegamos al avión un minuto más tarde del momento en que se cerraba el vuelo. Hago notar que habíamos facturado en la terminal. Es decir, la azafata sabía que estábamos en el aeropuerto porque habíamos facturado las maletas. Pero por un minuto nos dejó en tierra a sabiendas. Si me está leyendo algún directivo de Vueling, admito compensaciones. Porque hay que tener una maldad tipo Dart Vader para dejar a alguien en tierra, a sabiendas que no hay otro vuelo hacia allí hasta las 7 de la tarde, sabiendo que estábamos camino de la puerta.
Dart Vader hizo muchas cosas, pero nunca he oído que dejara en tierra a alguien en tierra en un vuelo nacional por un minuto. Y sin reintegro del precio del billete, por si os lo estabais preguntando. Insisto, Dart Vader, al menos, luchaba por su casa, por su familia, por su país, pero esa azafata (cuya cara regodeándose en nuestra desgracia recuerdo perfectamente) no ganaba nada.
Así que tuvimos que regresar a Barcelona hasta las 5 de la tarde. Lo cual, al final, comprendería yo que fue hasta bueno, porque Santiago se ve de sobra en dos días y no hubiéramos sabido qué hacer con un tercer día. Pero aquella azafata fue esa mañana la encarnación del Mal, el rostro de la banalidad del Mal. 
Sentí la tentación de que algún día ella estuviera en una cola camino de una nueva vida, de un nuevo futuro en otro continente, y yo le dijera: 
-Lo siento, ha llegado cuatro segundos tarde.-¿Está bromeando? ¿Verdad??
-Guardias, llévense a esta alborotadora.


Una interrupción en los posts sobre mi viaje

17.06.18 | 15:09. Archivado en Con clave


No os preocupéis, mañana voy a seguir escribiendo sobre mi viaje. Pero hoy no puedo de ninguna manera no decir algo ante los preparativos que se hacen en Moncloa para sacar el cuerpo de Franco del Valle de los Caídos, ante los rumores totalmente fundados de leyes que prohíban la apología del franquismo.
A mí las cuestiones políticas me dejan frío, no es mi campo. Más allá de alguna broma sobre Trump, son asuntos en los que no me meto. Ni me va ni me viene. Cosas de este mundo.
Pero cuando vinculan a Franco con la Iglesia, tienen razón. No voy a poner cara de esposa ofendida que se lleva la mano al pecho y exclama sorprendida: ?¿¡Yo!??. Pues sí, yo. ¿Qué pasa? ¿Algún problema?
Una cosa es la Iglesia y el clero y la fe, y otra un régimen político por muy cristiano que sea. Ahora bien, sería de ingratos, de ingratos y de falsos, no reconocer que nunca, desde el siglo XVII, hubo en España una obediencia más perfecta del Poder Civil a los mandatos de la Santa Madre Iglesia y a sus pastores.
Y estamos hablando de una regencia, la de Franco, de 39 años que abarcó parciamente a tres generaciones. Felipe V llegó a reinar 45 años. Felipe II, el rey más longevo de España, llegó a reinar 42 años. Duradero sí que fue. Eso no lo dudan ni sus peores detractores. Para desesperación de socialistas, comunistas y anarquistas, encima de ganar la guerra, tuvo una salud de hierro.
Ahora Franco es odiado y con razón. Porque ese regente encarna todos los valores que los enemigos del Evangelio odian. No podemos negar que el amor a Dios floreció durante ese periodo de tiempo. No todo se le debe a él, pero él fue la cabeza, el timonel, de ese tiempo. Fuera de toda duda está que, durante ese tiempo, la Ley de Dios fue la ley suprema de toda la nación. Fue una verdadera conversión nacional. España entera volvió sus ojos a Dios y a su Santa Iglesia. Como recordó monseñor Guerra Campos, ese santo obispo: hasta la mayoría de los fusilados murieron después de pedir perdón de sus pecados en la confesión.
Resulta impresionante que personas que blasfemaron, mataron a sacerdotes y quemaron iglesias, puestos delante del abismo de la muerte, escuchando las paternales palabras de los sacerdotes, se arrodillaron ante la cruz de Cristo y exclamaron de todo corazón: ?He pecado. ¡Señor, perdóname!?.
Por eso, por tantas cosas, por tantísimas razones, ahora, no me extraña que el Príncipe de las Tinieblas persiga con odio incluso el cadáver de aquél que tanto daño hizo a sus planes. Realmente, no le faltan razones. 
Otros dictadores (Franco lo era) levantaron estatuas gigantescas a su mayor gloria. Franco, cuando decidió construir un monumento, ¿qué levantó? La cruz. Sí, la cruz de nuestro Señor.https://www.youtube.com/watch?v=WpAlPtJk9tA
Como sacerdote a nadie le debo decir qué debe pensar de una opción política determinada. Todo lo humano es opinable. Lejos de mí usar mi condición de sacerdote para meterme en banderías humanas. Pero yo, siendo sacerdote de Dios, no puedo dejar de hacer como Isaías, que recordó al Pueblo que el rey Ezequías hizo lo que él le indicó y siempre obedeció los mandamientos del Señor.https://www.youtube.com/watch?v=HjefVbinJLI


Viaje de Barbastro a Barcelona

16.06.18 | 23:52. Archivado en Con clave


En esta foto salgo yo. Tenía nueve o diez años. Al final del post digo quién de ellos soy. 
Continúo donde lo dejé ayer. Al día siguiente, acompañado de una buena amiga de Huesca, estuvimos toda la mañana paseando por Barbastro. Ella pertenece al camino neocatecumenal. Su amistad es un tesoro que valoro como el oro.
Por mi ciudad, saludé a familiares, a vecinos, a tenderos. Anduvimos Barbastro de norte a sur, y de este a oeste. Barbastro no es Nueva York, de manera que varias calles las recorrimos varias veces. Al mediodía, fuimos a misa. Al final, me decidí por la catedral.
Después de la comida, fui en coche a Barcelona. Allí me esperaban otros dos buenos amigos, también sus nombres los dejaré en el anonimato. Solo diré que él tiene la ironía más fina de Barcelona, y ella es una mujer de profunda vida espiritual. El piso de ella es impresionante, lleno de obras de arte, con muchos libros y un caniche que no dejaba de olisquear mis zapatos.
En la foto, soy el que tiene una lata de coca-cola en la mano.


Ese entrañable viaje a Barbastro

15.06.18 | 21:47. Archivado en Con clave




El pasado sábado tuve uno de esos momentos maravillosos, uno de esos días que recordaré durante mucho tiempo: nos reunimos todos los que en Barbastro cumplimos este año 50 años.

Fue tan entrañable volver a estrechar manos, abrazar y dar besos a aquellos con los que compartí los años de preescolar, EGB y secundaria. Tuvimos un cóctel, almorzamos juntos, tuvimos una larguísima sobremesa y después baile. Yo no bailé, por supuesto; el clero no baila. Pero me gusto tanto todo. Nos reunimos a las 2:00 de la tarde hasta las 11:30 de la noche. Yo me ausenté varias horas de la tarde a visitar a un primo mío que el día de antes había tenido un niño. Pero volví un rato a eso de las 9:00 de la noche. Me costaba separarme. 

¿Y cómo no me iba a costar? Si allí estaba Laurita, con la que compartí patio de recreo cuando los dos contábamos cuatro años de edad. En realidad, estábamos juntos desde los dos años de edad. 

Allí en la reunión estuvo Teresa, mi compañera de pupitre, que era como una madre: lo que se notaba a los trece años la diferencia de madurez entre chicos y chicas. Allí estaba Juan Emilio, tantas conversaciones profundas. La alegría y vivacidad de Ana, que ahora es abogada. Y tantos y tantos otros. Podría citar tantos nombres. Fue una delicia. Todos nos alegramos de vernos de nuevo. Me dio pena que no estuvieran allí los compañeros de Monzón. Si me lee alguno, por favor, que me contacte: Pilar Fajarnés, José Luís Coll. También me hubiera gustado tanto ver a Rosalía o a Silvia Armengol.

Ver a los compañeros de primaria (que aparecen en la última foto) fue conmovedor. Era como volver a las etapas más remotas de mi vida. Cuánto me gustaba jugar al pilla-pilla (lo llamábamos cadeneta, porque lo jugábamos de un modo un poco especial) y a la sueleta, las excursiones al Pueyo, a Los Campos.

Me apena tanto no volver a ver y a charlar a algunos de mis antiguos compañeros que no estuvieron. Uno tiene su corazoncito. Fueron muchos años juntos. Muchos buenos momentos.

Qué no daríamos ahora por podernos asomar por un agujerito y ver a todos en aquella aula donde escuchábamos las clases. Juntos fuimos al cine, juntos de excursión. Si pudiéramos ver aquellos momentos por un agujero...

La vida, qué gran motivo de meditación. Qué tema para llevarlo a la oración.


Pensando en lo impensable: claúsulas del Derecho

14.06.18 | 14:30. Archivado en Con clave


Continuando el tema de ayer. La cuestión de las formalidades de los decretos pontificios acerca de los cónclaves reconozco que se encuentra entre dos polos. 
El primer polo es otorgar mayor seguridad jurídica a través de las formalidades: tiene que haber un determinado tipo de testigos que otorguen fe, tiene que aprobarse según un determinado protocolo que requiere verificación y tiempo. Esta segunda condición del ?protocolo? de autentificación puede parecer mero formalismo, pero el tiempo que requiere la materialización del instrumento legal otorga un espacio para que el que sospeche algo pueda hacer averiguaciones o poner en alerta a otros.
El segundo polo es no obstaculizar la flexibilidad de la voluntad pontificia para que pueda adaptarse a todo tipo de situaciones imprevistas: huida del sumo pontífice en medio de una guerra, clandestinidad en una situación de persecución, etc.
Después de darle muchas vueltas, soy favorable a dar preeminencia a un desplazamiento hacia el primer polo. Pues el Derecho siempre puede incluir la salvedad de las imposibilidades evidentes (de carácter objetivo, no subjetivo) para llevar a cabo los actos con todas las formalidades. 

Obstáculos objetivos en los que el sentido común acepta esa flexibilidad adaptativa. Una clausula bastaría para dejar claro que la voluntad inequívoca del sucesor de Pedro, ante testigos suficientes, baste para que un decreto entre en vigor. Aunque ese decreto, por ejemplo, sea respecto a las nuevas normas de convocación del futuro cónclave tras una guerra atómica.


Cardenales in pectore y algunas cuestiones canónicas

13.06.18 | 13:30. Archivado en Con clave


Hay un asunto del que nunca había hablado pero que siempre me ha producido un cierto temor canónico: el tema de los cardenales in pectore. Los que me conocen saben mi gusto por la seguridad jurídica. Desde hace años, siempre vi un peligro de incertidumbre en esta figura cardenalicia. Cierto que Universi Dominici Gregis indica que no sean admitidos en el cónclave. Y lo mismo el canon 351 del Código de Derecho Canónico. Este último prescribe:
Sin embargo, quien ha sido promovido a la dignidad cardenalicia, anunciando el Romano Pontífice su creación pero reservándose su nombre in pectore, no tiene entretanto ninguno de los deberes o derechos de los Cardenales; adquiere esos deberes y esos derechos cuando el Romano Pontífice haga público su nombre, pero, a efectos de precedencia, se atiende al día en el que su nombre fue reservado in pectore.
Ahora bien, actualmente queda la duda, cuando muere un sumo pontífice, si no habrá determinado algo en su testamento o en otro escrito. Este es un asunto de vital importancia jurídica: podría estar en juego la validez de una elección.
No estaría de más determinar un molde jurídico de expresión de la voluntad pontificia para que no quede ninguna duda acerca de este punto. Después de pensarlo, creo que también hay otro camino para despejar perplejidades. Y sería que en este tipo de casos, el de los cardenales con derecho a voto no anunciados públicamente en un consistorio general, llamémoslos los ?cardenales de la duodécima hora?, la hora antes de la noche, deberían ser ratificados en su derecho de votación y asistencia al cónclave por parte del sacro collegio. Es decir, todo purpurado nombrado antes de su publicación en un consistorio general tendría que ser legitimado antes de ser admitido a un cónclave. Sin esa legitimación, no sería admitido, dejando aparte la cuestión acerca de si es o no es verdadero cardenal.
Normalmente, en 980 casos de 1.000, no habrá ninguna duda. La voluntad papal se habrá expresado de forma inequívoca con todas las formalidades que requiere un acto de este tipo por más que se realice en la intimidad del Palacio Apostólico. Pero puede haber casos en que esto no esté tan claro: sobre todo por la claridad de la mente del Papa en sus últimos momentos, o porque se hizo ante dos o tres testigos sobre los que quepan dudas.
Por eso, tal clausula me parece un sello de seguridad más. Y más porque esa clausula no niega el derecho del Santo Padre a crear cardenales en cualquier momento.
Los escritos de última hora, por ejemplo, ante un par de protonotarios apostólicos sí que son algo a tener en cuenta cuando se refiere a un futuro cónclave, pues son testigos "escogidos". Esos documentos, aunque haya seis o más testigos, dado que puede haber dudas acerca del estado mental del moribundo, suponen un cierto elemento de indeterminación. 


¿Dónde colocar la cátedra episcopal?

12.06.18 | 14:30. Archivado en Con clave

El lugar óptimo de la cátedra del obispo estaba en el centro del ábside de la basílica. Y mejor todavía cuando el plano del ábside estaba algo más elevado respecto al altar. Aunque, como ya expliqué con detención en mi libro La catedral de san Agustín los obispos no predicaban desde las cátedras, sino de pie junto al altar. Lo repito: de pie. O en una silla portátil cuando eran ancianos. Bueno, no voy a repetir el argumentario que sostiene estas afirmaciones, porque está todo en ese libro explicado. Pero lo cierto es que el lugar óptimo era ese: el centro del ábside.
Después, en tiempos posteriores, ya nunca se ha sabido dónde colocar la cátedra en el presbiterio. Nunca se ha logrado un lugar que satisficiera del todo. Al lado del altar, resta centralidad al ara. Además, visualmente, el presbiterio queda desequilibrado. Si se coloca delante del altar, es perfecto durante la liturgia de la palabra. Pero la cátedra no se puede poner y quitar como una silla cualquiera, y no se puede mantener allí durante la liturgia eucarística, porque ocultaría el altar.

Colocar la cátedra a un lado de la nave central tampoco es buena solución, ya que hay que pegar la sede a la pared. Con lo cual el obispo queda de lado respecto a los fieles.
Cuando la misa se escuchaba de pie, en las catedrales góticas se logró una buena solución: colocar la cátedra en el centro del coro. Pero era en la época en la que los coros estaban en el centro de la nave central.
La solución por la que optaron en algunos lugares, y me parece la menos mala, es colocar la cátedra detrás del altar, pero en un plano más elevado, entre el retablo y el altar. Pero todos ven ese lugar detrás del altar demasiado lejano de los fieles.
Una solución a esta complicada cuestión podría ser que el obispo presida y se siente en la cátedra detrás del altar, pero que predique de pie (o sentado en un asiento sencillo) delante del altar, como hace el papa en el presbiterio del Vaticano. Asiento que se coloca y se retira. Pero es cierto que la cátedra suele estar muy lejos de los fieles. En cualquier caso, este asunto no tiene solución fácil visualmente hablando. Yo, desde luego, no veo una solución perfecta que satisfaga a todos.


Más sobre cátedras episcopales

11.06.18 | 15:00. Archivado en Con clave


Ya os expuse por mi predilección por las cátedras de piedra. Pero en una catedral moderna, en un presbiterio completamente blanco, resaltaría con fuerza una cátedra como la del trono neogótico de la Cámara de los lores. Este trono fue diseñado por un arquitecto católico muy religioso, Pugin.
Por supuesto que para una cátedra episcopal habría que hacer algunos cambios, pero el colorido de una sede de este estilo sería impactante en un entorno completamente blanco con asientos blancos a sus lados.
Una sede neogótica de este estilo (insisto, con algunos cambios) me parece pequeña de tamaño, lo cual evita lo teatral, la fanfarria hueca. Si yo os contara lo que he visto en campo de las cátedras? sobre todo en algunas del siglo XIX. Sobre todo cuando el artista (o el clérigo más bien) quería hacer un falso barroco o un mezcla ecléctica de propia invención.
Mientras que una sede con las líneas del trono de Pugin es muy elegante. Es muy difícil crear una sede (real o episcopal) con unas líneas con más clase. Esta sede es a los tronos lo que el Partenon en la arquitectura.


Más cátedras, todas ellas italianas otra vez

10.06.18 | 16:23. Archivado en Con clave



Siempre he pensado que la cátedra del obispo debe ser de piedra, símbolo de estabilidad. La cátedra de piedra no ofrece el mismo sentido de permanencia. Ahora bien, he visto algunas cátedras de madera muy bonita.

Pero incluso las cátedras neogóticas de madera (casi todas inglesas) no ofrecen la misma sacra simplicidad que las antiguas cátedras italianas cuyas fotos he ofrecido estos días.


La belleza de la cátedra

09.06.18 | 16:01. Archivado en Con clave

Aunque ya puse fotos sobre este tema hace tiempo, no me resisto a que veáis varias bellísimas cátedras de obispos, son de iglesias italianas. Y, ya de paso, os ofrezco este sermón que, en su momento, no pude daros el link por un problema técnico:
Sermón 1538 El miedo a los maleficioshttp://www.ivoox.com/sermon-1538-el-miedo-a-maleficios-audios-mp3_rf_26223469_1.html



El mediocre

08.06.18 | 15:54. Archivado en Con clave

Una de las últimas obras que dictó Bach ya ciego:
https://www.youtube.com/watch?v=GPMeBNU9fes
Cuando uno escucha esta música tras comulgar en la misa y se recoge en la acción de gracias, es cuando uno se da cuenta de que esta música se acopla como anillo al dedo a ese tipo de oración, a ese momento sublime. Yo, siendo seminarista, había escuchado a Bach en varias misas, pero no me di cuenta de que Bach estaba allí, precisamente porque se ajustaba tan perfectamente al momento que se volvía imperceptible.
Fue después, cuando escuché otras músicas, muchas otras músicas, cuando me di cuenta de que la música de órgano de Bach como esa no era otra música más, sino La Música.
Curiosamente, en 1722, cuando Bach solicitó el puesto de director en Leipzig, había cinco músicos como posibles candidatos. El consejo de la ciudad ofreció el puesto a dos de esos cinco. Pero declinaron la oferta. Bach obtuvo el puesto. Pero como comentó un miembro del consejo municipal: Ya que no podemos conseguir al mejor, tenemos que contentarnos con el mediocre.
https://www.youtube.com/watch?v=MORa0Y98Z1o


Cuatro citas para este día

07.06.18 | 15:39. Archivado en Con clave

Primera cita: Como ya un periodista escribió, citando a Roger Stone: ?To use Stone?s ?awesome? rating of powers, pardon authority is... well... the awesomest?. (Pido perdón por ponerla en inglés, pero era intraducible.)
Segunda cita: Esta es del Cardinal Müller: «La homofobia es un invento, un instrumento de dominio totalitario sobre la mente de otros»
Tercera cita: De El paraíso perdido de John Milton, frase con la que concuerdo totalmente: ?La mente es su propio lugar, y en sí misma puede hacer un cielo del infierno, o un infierno del cielo?.
Cuarta cita: Atribuida a Winston Churchill, aunque ya no sabemos cuáles son de él realmente: ?El político debe ser capaz de predecir lo que va a pasar mañana, el mes próximo y el año que viene, y de explicar después por qué no ha ocurrido?.


Martes, 19 de junio

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