Blog del Padre Fortea

Estuarda, Estuarda...

19.02.17 | 23:18. Archivado en Con clave


Querida Estuarda: Tienes razón. Como bien has dicho, soy demasiado duro conmigo mismo. ¿Pero cómo no serlo? Si sólo tenemos un poco de tiempo para acumular mérito, digámoslo así, de un modo rudo y simplista. ¿Cómo no ser duro? Si el nivel de felicidad depende de tan poco tiempo, y el tiempo perdido queda perdido para siempre. ¿Cómo no ser conscientes de esa pérdida irreparable? Sé que lo planteo de un modo demasiado egoísta. Pero toda la poesía del mundo no puede evitar, al final, la conciencia de esta realidad.
Es cierto que soy muy duro conmigo mismo. Pero también es cierto que esa dureza no me lleva demasiado a grandes propósitos de enmienda. Creo que esta tragedia es común a casi todos los cristianos. En mí este hecho simplemente es bastante más consciente, está más presente en mi vida. No puedo hacer una apología de mí mismo.

Estuarda, Estuarda? el último consejo que me das lo seguiría muy a gusto. Pero sabes que no debo. Hasta tú misma te das cuenta del dulce veneno de tus palabras. Hasta Borges te reprocharía que si sigues a Borges, sigas a Borges; y si sigues a san Juan de la Cruz, sigas a san Juan de la Cruz. Pero mezclar a Freud con santa Teresa de Jesús nunca ha dado buenos resultados.


Borges, si estás en los cielos (no lo dudo), ruega por nosotros

19.02.17 | 00:51. Archivado en Con clave


Hoy, a causa de un libro que estoy acabando de escribir, otra revisión de un antiguo libro, he estado leyendo y releyendo La lotería de Babilonia de Borges. Perdonadme que siempre insista en mis pasiones y os aburra con ellas. Pero la admiración por ese hombre humilde es uno de mis vicios más pertinaces y repetitivos.
Leer los diez o veinte mejores relatos de Borges siempre es gratificante. Oh, grandiosa densidad. Qué sobriedad en su escritura.
Me acuerdo la primera vez que leí La lotería: no entendí nada. No entendí adonde quería ir. ¿Qué sentido tenía aquel texto? Necesité madurar, años, para leer no sólo las palabras sino las palabras detrás de las palabras.
El comienzo del relato era contundente, invitador a la lectura:
«Como todos los hombres de Babilonia, he sido procónsul; como todos, esclavo; también he conocido la omnipotencia, el oprobio, las cárceles.»
Lo que seguía a esta línea era una de las obras más grandiosas que ha visto el siglo XX. Al principio no me gustó, porque lo comparaba con La Biblioteca de Babel, otra obra suya que me parecía épica. Fue el tiempo el que me hizo entender y quedé deslumbrado. ¿Cómo era posible tanta grandiosidad en un texto de tan pocas páginas?
Va a parecer irreal lo que voy a decir, pero estoy seguro de lo que voy a escribir: el actual Papa (cuando era un joven jesuita) lo invitó a su colegio, fue a buscar a Borges y éste le preguntó si podía afeitarle. ¡El actual Papa afeitó a Borges! 

Post Data: Yo jamás dejaría que un colega clérigo me afeitara con una navaja afilada. No por humildad u otra virtuosa razón, sino por desconfianza.


Qué bonitos son los sábados. Desde niño, siempre me ha gustado mucho este día de la semana.

17.02.17 | 22:40. Archivado en Con clave


El caso teórico que ponía ayer puede parecer imposible, pero todo puede llegar a suceder. Me acuerdo, hace años, que vi un documental (creo que fue de dos horas de duración) sobre Lyndon B. Johnson. Lo que nadie pudo prever ni imaginar en su carrera era que un hombre del sur como él, alguien que nunca se había destacado por defender los derechos civiles de los ciudadanos de color, alguien al que siempre se le acusó de haber hecho trampas en las elecciones al principio de su carrera política, cuando alcanzó la presidencia del país, luchó denodadamente por esos derechos civiles. Lucho tanto como lo hiciera Kennedy. Lucho como el que más por ellos y con un conocimiento envidiable de Washington y la política. Y es que, a veces, un hombre, al final de su vida, puede tener arranques de virtud nada previsibles.
Aunque no tenga nada que ver, hoy me he quemado cuatro dedos de manera tan grave que he pensado incluso si debía ir a urgencias del hospital. Afortunadamente, Dios ha puesto a mi lado una persona (que no viene casi nunca a la misa) que había pasado por otro caso de quemadura severa y que conocía de manera perfecta todos los protocolos de actuación. He pasado veinte minutos con los dedos en agua tan fría que apenas la podía aguantar. Y después una hora entera con los dedos permanentemente sumergidos en agua con mucho hielo. Después, me he aplicado, una y otra vez, aloe vera cada vez que se secaba sobre la piel. El resultado ha sido óptimo.

Debo agradecer también la actuación de dos personas que han corrido a la farmacia. Y una de ellas a su casa (que estaba lejos) para conseguir el aloe. De verdad que estoy muy agradecido a estos ángeles que me han acompañado. Sin ellos, sobre todo sin José Manuel, las secuelas sobre la piel de esos dedos podían haber sido permanentes para toda la vida. Gracias, Señor, que me has librado.
Ah, la foto. Sí, la foto. La he puesto, porque su cara me recuerda a la del típico catequista resentido al que el nuevo párroco le comunica que sus servicios ya no seguirán siendo necesarios en la parroquia.


Cuántas cosas se podrían hacer desde el Poder Absoluto ya perfectamente consolidado

16.02.17 | 22:27. Archivado en Con clave


Ayer me planteé una interesante cuestión teórica. Me imaginaba hablando con un presidente de una república exsoviética. Uno de esos presidentes que tienen todo el poder político, legislativo y judicial en sus manos. Por ejemplo, Nazarbáyev en Kazijistán. Y que yo le decía: ?Tiene todo el dinero que un hombre puede desear. Su posición como Presidente está totalmente consolidada. Siempre suele ganar el 95% de los votos. ¿Qué podría hacer por su pueblo? ¿Qué podría dejarle para el futuro? Déjele una democracia modélica, déjele una Justicia envidiable, deje a sus ciudadanos un estado de derecho?.
Si después de varios meses de conversaciones, él me dijera: ?Sí, quiero dejar eso a mi pueblo. Evidentemente, no quiero quedar expuesto a mis enemigos. Las cosas siempre se pueden ir de las manos. ¿Qué puedo hacer para no dejar el Poder, pero sin dejarlo democratizar el país??.
Ésa fue la cuestión que me pareció muy interesante a nivel teórico. ¿Cómo se puede democratizar un país y, al mismo tiempo, mantener todos los poderes en tu mano?
Se me ocurrió que una solución podría ser esta: Mantenga todos los resortes del Poder en su mano. Pero cree ya en vida las estructuras más modélicas de tipo judicial y legislativo. Cree un Tribunal Supremo que sea perfecto. Con los magistrados más independientes y modélicos. Los cuales, a su vez, irán creando tribunales a imagen y semejanza del más alto tribunal.
Pero dígales a esos jueces que usted, hasta el último día, será judicialmente inviolable. Para el resto de las personas se seguirá este plan progresivo:
La policía podrá ser juzgada dentro de un año con la nueva Justicia. Es decir, se les instruirá acerca de lo que se puede hacer y no se puede en un Estado que respeta los derechos de los ciudadanos. Pero podrán quedar tranquilas las fuerzas de seguridad. Sólo se les juzgará de lo que hagan a partir de un año después del decreto presidencial. Para todos los posibles crímenes, delitos y faltas cometidas con anterioridad, se les seguirá juzgando según los tribunales y criterios que hasta entonces habían regido.
Dos años después, se podrá juzgar con la nueva justicia a los políticos. Para los crímenes, delitos y faltas cometidas con anterioridad, se les aplicará la Justicia anterior.
Tres años después, se podrá juzgar a las más altas instancias policiales y políticas, la cúpula del país, que hasta entonces había quedado exenta de la jurisdicción de los nuevos jueces.
Cuatro años después se podrá juzgar a los familiares del Presidente y a los más altos oligarcas.
Durante cinco años, el Presidente podrá conceder a cualquier ciudadano la conmutación parcial o total de las penas. Después de cinco años, el Presidente se comprometerá a no interferir con indultos en las condenas de los tribunales.
Durante esos cinco años, creará un Senado con los más prestigiosos e independientes juristas. Esos senadores propondrán leyes que tendrán que ser aprobadas por el Presidente. Pero el propósito es que el Senado ya vaya trabajando en su labor legislativa con total independencia y profesionalidad, en vida del Presidente. Para que cuando falte él, pueda seguir haciendo su función sin necesidad de que el nuevo presidente ratifique las leyes.
Por último, el Presidente creará una cámara de parlamentarios que sea realmente representativa de la nación. El Presidente podrá seguir gozando del 95% de los votos, pero se preocupará de que esos parlamentarios sean de verdad lo mejor de ese país y que representen todas las posturas e ideas razonables y constructivas.

Resultaría apasionante (por más que sea algo altamente improbable) que un Presidente con plenos poderes se dedicara en los últimos quince años de su vida a crear dos cámaras y un alto tribunal lo más perfectos posibles, que se consolidasen y que pudiesen echar a andar en cuanto él faltase.
Soy muy consciente lo difícil que es que esto suceda en ningún país del mundo. Pero sería formidable poder dedicarse a la tarea de crear esas instituciones desde el mismo Poder sin abandonar el Poder.


Os leo, aunque no siempre pueda contestar las preguntas de vuestros comentarios

15.02.17 | 22:30. Archivado en Con clave


He leído vuestros comentarios. Hoy no puedo menos que deciros algunas cosas a algunos de vosotros, porque habéis sido muy amables.
A Diego:Cuando alguien como Diego me escribe las cosas que me escribe, siento que mi esfuerzo en producir Manzanas de Gomorra ha valido plenamente la pena. Muchas gracias. Aunque no lo parezca, los escritores online necesitamos ánimos. Los escritores que imprimen en papel son otro mundo. Las editoriales se encargan de hacerles sentir que su trabajo ha producido algo relevante. Pero los escritores online sólo tenemos como ánimo un contador, un frío contador, 665 descargas en Biblioteca Forteniana en el último mes.
DianaCuando he leído tus palabras:Lo conocí en un congreso de liberación hacia el 2010 (más o menos). Realmente me impacto el final cuando en solo 10 minutos de oración de una forma solemne cada palabra llego con fuerza y poder a mí. Realmente salí ese día del congreso con una mirada nueva de cara a la vida.Esto que me dices me lo han comentado más personas de más países. En realidad, no es mérito de mi persona, es la presencia del Espíritu Santo. Está allí y obra. He sido testigo de tantas acciones del Espíritu en ese tipo de congresos.
AlfonsoAlfonso me intriga. Me gustaría saber quién es, a qué se dedica, cuál es su historia con brevedad. Me envío una magnífica lista de erratas de uno de mis libros. Y entonces intercambié con él unos cuantos correos. Me quedé con ganas de saber más de él. El cual hoy ha escrito:No me gusta que llaméis santo al Padre Fortea? aunque el loor lo merezca? porque temo a la vanidad?Tranquilo, Alfonso. Soy la persona más humilde del mundo.
Para acabar:Ahora hablando en serio, llevo varios días que lo que más le digo a Dios, con todo mi corazón, es que le doy gracias por haberme permitido trabajar de sacerdote un día más. Los libros son verdaderamente una vocación dentro del vocación. Una vocación que amo y disfruto y que trabajo con pasión. Pero primero de todo está mi sacerdocio.
Post Data:
Mi mejor obra es esa obra que forma una unidad Historia del mundo angélico-Las corrientes que riegan los cielos. Dos libros que forman una sola obra y que la considero el pináculo de todos mis libros.


Confutatis, maledictis

14.02.17 | 22:47. Archivado en Con clave

Los que leéis mis posts desde hace años os pido que no saquéis la impresión de que me considero perfecto, puro, sabio, ingenioso y modélico. Me gustaría pensar que los años me han hecho más humilde. Pero ni siquiera pienso que sea así.

De lo único que estoy plenamente convencido es de la vanidad que supone todo trabajo humano que no sea el trabajo directo con las almas.
No sé si he llegado a ser sabio. No, seguro que no soy sabio. Pero he llegado, eso sí, ha ser comprensivo. Comprensivo con la mediocridad eclesiastica. Y ser comprensivo es una forma de sabiduría.
A veces me siento como un pobre Salieri al lado de una docena de Mozarts. Me gustaría pensar que les sobreviviré. Pero mi colesterol y mi médico piensan que en este caso no será precisamente así. Siempre queda la posibilidad de hacer una larga e inacabable confesión a un pobre cura joven que escucha asombrado hasta que llegan dos esbirros que te dicen que te llevan al baño semanal. Dos esbirros que te sonríen, pero que sabes que no van a admitir un no.
Sería maravilloso escribir los mejores, los más inspirados, los más formidables, pasajes de un suplemento a Summa Daemoniaca en mi lecho de muerte, mientras Müller va escribiendo a toda prisa a mi dictado, pidiéndome explicaciones, glosas, pidiéndome que no pare, que no me muera hasta acabar tal o cual capítulo.

O mejor todavía, Müller escribiendo a un lado de mi lecho final, y Burke escribiendo al otro lado. Afanados en dos mesitas en escuchar mi dictado genial y delirante. Y encontrándose a la postre con dos versiones antagónicas como colofón a mi Summa Daemoniaca. Y pidiéndome, exigiéndome, que aclare ciertos dubia. Mientras yo con un hilo de voz y una sonrisa me despido de ellos con una mirada que se adentra en el contenido de mi Summa.


La cosa más terrible en este mundo

13.02.17 | 22:05. Archivado en Con clave

Hace un tiempo, un comentarista me preguntó mi opinión sobre la serie The young Pope. ¿Qué sucedería si llegara al solio de Pedro un Papa incluso peor que el actor de esa serie? ¿Qué sucedería si nuestros peores temores se hicieran realidad?
Indudablemente, habría colaboradores que en la más estricta intimidad le preguntarían: ¿Pero no tiene temor a que Dios le castigue? ¿Pero no tiene miedo por jugar con lo sagrado?
Efectivamente, si un joven juega con el demonio, acaba siendo picado por una de esas serpientes espirituales. Si uno juega con Dios, acaba cayendo sobre él la Mano de Dios con todo su peso.
La estructura jerárquica de la Iglesia ha sido diseñada para evitar las luchas de poder entre los elementos jerárquicos que la componen. Está diseñada para evitar que las luchas seculares de los reinos de este mundo se trasladaran a la Santa Iglesia.
Por ejemplo, y no es un ejemplo cualquiera, es el caso por antonomasia: ni el concilio universal puede deponer a un Papa. Si un concilio universal pudiera hacerlo, en cada pontificado habría siempre un cierto número de personas (pocas o muchas) que estarían dando la murga con ese asunto año tras año. Eso significaría que en cada pontificado tendríamos presiones y campañas para lograr la deposición. Por Voluntad Divina, esa posibilidad no existe.
Cualquier puerta que se hubiera abierto a modo de excepción, todos los descontentos, en cada pontificado, hubieran alegado que era necesario abrirla. Esto es como el divorcio, si se permite para un caso excepcional, todos los que quieren abandonar a su cónyuge alegarán que ése es su caso.
Por eso en la Iglesia, a diferencia de los ordenamientos constitucionales de los estados, no hay este tipo de cláusulas para los estados de excepción. Los asuntos turbios en la cúspide misma de la autoridad sagrada son resueltos por Dios mismo, directamente. Los asuntos de Pedro los trataba Jesús con él directamente, mientras estaba sobre la tierra. No se reunían los apóstoles al modo de un congreso democrático ni de un politburó soviético. Desde un punto de vista del derecho constitucional, el colegio apostólico y el colegio cardenalicio son realidades sui generis, distintas a los órganos de gobierno de cualquier realidad secular.
Cristo ahora no camina visible sobre la tierra, pero sigue tan presente como en la época del Evangelio. Y cuando decide castigar, nada ni nadie puede evitar que el castigo se produzca en la medida, modo y tiempo decretado.
Así que ésa es mi opinión sobre The young Pope: En una serie de televisión todo puede ocurrir sin ataduras ni límites. En la realidad, ay de los que juegan con Dios, porque nada es más terrible, incluso en este mundo, en esta vida, que la Ira de Dios.


We are all God´s fools

12.02.17 | 23:19. Archivado en Con clave



Volviendo al vídeo de ayer, vídeo fascinante, en una sociedad totalmente cristiana, en una sociedad donde, desde el último mendigo hasta el rey, desde la más anciana prostituta hasta el más joven marinero, todos son fieles hijos de la Iglesia, los clérigos eran juzgados sólo por los clérigos.
Porque se consideraba que la persona sagrada sólo podía ser juzgada por aquél que tenía autoridad espiritual sobre él. Impresionante el respeto medieval a lo sagrado. Las personas sagradas sólo podían ser juzgadas por personas sagradas. Lo material no podía levantar su mano contra lo espiritual. La autoridad civil no podía hacer nada contra la autoridad espiritual.
Qué grande es la potestad sobre los misterios sagrados, qué grande la autoridad sobre las cosas relativas al Reino de los Cielos. En un mundo así, los obispos deberían ser colosos en el espíritu. Hombres de otro reino (el de los cielos) en este reino (el de los hombres).

Desgraciadamente, entonces y ahora, no se escogió a colosos en el espíritu. Y ese inmenso capital de fe se fue dilapidando, se fue deteriorando. Y, al final, esos representantes de Dios no sólo no fueron respetados, sino perseguidos. No sólo no se les vio con los ojos de la fe, sino con los ojos del odio. Cuánta acumulación de culpa y negligencia por nuestra parte, la del clero. La historia actual es el resultado de muchos errores.
Somos culpables, en cierto modo, de las grandes guerras, de todas las guerras. Si nosotros hubiéramos hecho bien nuestra función, Europa se hubiera convertido a Jesucristo y nunca hubieran tenido lugar esas carnicerías. Si nosotros hubiéramos hecho bien nuestra función (me incluyo totalmente, de corazón), hubiéramos desviado la Historia, los caminos de los reinos humanos hubieran sido otros. Miserere mei, Domine.


Sheate your sword, envaina tu espada

11.02.17 | 15:22. Archivado en Con clave

Hoy he recibido una consulta de una persona a la que estimo y de la que conozco la bondad de su corazón. Me decía lo mucho que le costaba perdonar a los que asesinaban y torturaban a los cristianos en lugares como Siria. Me preguntaba qué podía hacer.
Hace tiempo escribí en un post que en el terrorismo el autor del mal es la verdadera víctima de sus actos. Es cierto que aquí se puede hacer mucho daño, muchísimo. Pero si supiéramos lo que es la Justicia Divina, entenderíamos que la verdadera víctima es el que hace sufrir. La víctima será consolada. No voy a repetir lo que escribí entonces. Pero sí que hay una escena de una película en la que se deja ver esto que he dicho.
Es en la película Becket cuando el barón le dice:
Baron: Becket! You are a liar. You are a traitor![draws his sword on Becket]
Thomas a Becket: Sheathe (envaina) your sword, Morville, before you impale your soul upon it!
Esta escena impresionante se puede ver en el minuto 2min. 20sec. de este link:
https://www.youtube.com/watch?v=7p9CiBJfbik
En esa escena está condensado lo que te quiero decir. La misma escena en la versión en español es igual de formidable (0 min. 43sec):
https://www.youtube.com/watch?v=_-73oKxSvFU&list=PLFF584BBEF978279E&index=11
Las fotos de arriba son sólo para daros ideas para hoy para la cena.


Hoy ha sido un día normal en el hospital donde tengo la capellanía

10.02.17 | 20:15. Archivado en Con clave

Os aseguro que de ningún modo hoy iba a escribir sobre Amoris Laetitia. Pero tras la cena me ha venido un pensamiento que creo que es muy luminoso para todos los posts de fructífero diálogo que hemos tenido desde hace varias semanas.
Estaba pensando que el Evangelio es un mensaje que lleva a la pureza de corazón, a la castidad, al dominio de las pasiones. Eso es innegable. Porque es un mensaje que lleva, incluso, al sacrificio y a la Cruz.
Ahora bien, sin negar eso, sin negar ni una sola palabra de eso, ¿cuánto espacio dedica Jesús a hablar de cuestiones de lujuria, del sexto mandamiento y similares? Hemos de convenir que muy poco espacio en sus cuatro evangelios. Nuestro Maestro en sus enseñanzas insiste más en lo que quiere insistir, repite lo que quiere repetir, recalca lo que quiere recalcar. Me parece que nosotros, sin darnos cuenta, hemos insistido más en unos asuntos que en otros.
Sin duda, Aquél al que seguimos nos insistió más en el tema de la limosna y de los pobres que en estas cuestiones. Me parece muy lógico eso, porque he conocido a personas de las que no tengo ninguna duda que eran castos como un pino, pero duros con el prójimo como un inquisidor, egoístas que hacían sufrir al prójimo. Esto lo he visto. También he visto a individuos que no vivían en gracia de Dios respecto al sexto mandamiento, pero que eran buenos con el prójimo y muy religiosos. Esto también lo he visto.

Que Dios bendiga al Papa y lo guarde de todos sus enemigos.

Dominus conservet eum, et vivificet eum, et beatum faciat eum in terra, et non tradat eum in animam inimicorum eius


De profetas y obispos: tratando de pesar (con respeto) algunos misterios de Dios en la balanza de la razón

09.02.17 | 22:51. Archivado en Con clave


De los textos bíblicos aducidos por Luis Ángel, se deducía la respuesta. Efectivamente, es más grandioso el ministerio de un obispo que el de un profeta. El obispo actúa directamente en las almas. El profeta sólo era (o es) un mensajero. El obispo actúa con autoridad en la Casa de Dios, actúa como un administrador del Nuevo Pueblo. El profeta, de nuevo, sólo es un mensajero.
Siguiendo la doctrina de II Corintios 3, uno es un ministerio de la letra (el del Antiguo Testamento) y el otro lo es del Espíritu (el del Nuevo Testamento), el nuevo ministerio actúa directamente en los espíritus. El primer ministerio fue glorioso, pero mucho más el segundo, dirá san Pablo.
El ministerio de Moisés fue mucho más espectacular que el de cualquier obispo o Papa. Pero aunque el ministerio de los ordenados in sacrises menos espectacular, pero más profundo.

La comparación entre profeta y obispo veo con claridad ofrece un ministerio más grandioso en el caso del obispo. Pero hay que reconocer que Moisés, además de ser profeta, fue administrador en el pueblo de Dios, administrador y guía. Cierto que le faltaron los sacramentos, pero las obras grandiosas que se realizaron por su mano fueron tan inmensas que obraron tanto bien en las almas como podrían obrarlo los sacramentos. Así que me atrevería a sospechar que el ministerio de Moisés fue más grande que el de los obispos.


Mi infancia fue de lo más normal

08.02.17 | 21:57. Archivado en Con clave


¿Qué es más ser profeta como Moisés o ser vicario de Cristo como el Papa? Ya sé que son cosas distintas. Pero ésa es sólo una parte de la respuesta. Algún comentarista ha pensado que plantear esa pregunta era un sinsentido y hasta una cierta manifestación de ignorancia. Pero el mismo Jesús planteó una cuestión parecida al comparar a los nacidos de mujer con los pertenecientes al Reino.
Vayamos por partes para analizar la cuestión planteada. Moisés fue un profeta y el Papa no lo es en el sentido auténtico y original de la palabra. Alguno dirá que lo es en un sentido amplio y derivado. Permitidme que no me detenga a analizar esta afirmación en la que podría detenerme con mayor extensión, analizando Dt 18, 21-22.
En el Papa puede haber una inspiración del Espíritu Santo: puede, ya que no está siempre inspirado. En un profeta hay una comunicación de Dios. No es lo mismo inspiración que comunicación a través de locuciones, sueños o visiones.
En ese aspecto el profeta tiene un carisma extraordinario que supone una elección no ordinaria. (Usaré la palabra ?carisma? como sinónimo de don extraordinario.) En la Iglesia, tanto el ordenado in sacris como el Papa tienen un don ordinario que se otorga a través de una elección ordinaria.
El profeta recibe sus dones directamente de Dios, sea de profecía, sea de hacer milagros. El eclesiástico recibe sus dones a través de los hombres. En el profeta, el proceso es directo. En el obispo, es mediado. Hasta la misma elección papal es mediada a través del cónclave. La elección divina para ser profeta no es mediada, no interviene la mano del hombre. Esto también requeriría matices provenientes de algunos episodios bíblicos, en los que no voy a entrar ahora para ir más ligero.
Esto nos lleva a preguntarnos: ¿qué es más grande en el campo de los dones: ¿el carisma o el don del sacramento del orden? ¿El don de profecía y de hacer milagros, o el don de los siete sacramentos? Desde luego, hace más bien al alma de los hombres el don carismático ordinario del sacramento del orden. Porque el sacramento orden otorga la posibilidad de actuar directamente en el alma. Mientras que el profeta actúa en el mundo externo, sea con la profecía o el milagro.
Así que pienso que el don profético es más sorprendente a nivel externo, pero el don episcopal es más noble a nivel interno, a nivel del espíritu. Y, por tanto, es más grande.
A nivel del pastoreo, parece más noble guiar al Pueblo de la Nueva Alianza que al de la Antigua. Pues es más noble guiar a los deben ser más nobles por los sacramentos. Es más alto guiar a los que deberían ser más altos por la irrupción del gracia.
Así que en ambos aspectos (tanto el del don como el del encargo, es decir, el pastoreo) parece que es más noble ser Papa que ser un Moisés o cualquier profeta subsiguiente. Si tengo razón, se cumplirían las palabras de Jesús acerca de que el más pequeño en el Reino de los Cielos?

Aun así, os he expuesto razonamientos. Puedo estar equivocado, lo admito. Leeré lo que tengáis a bien escribir. Es un tema interesante, solo quería reflexionar en voz alta.


Miércoles, 22 de febrero

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