Bienvenidos al Dakar
07.01.07 @ 17:19:08. Archivado en Dakar 2007
La presentación en Alicante, esperar a Antonio para recoger la moto y partir hacía Madrid, la presalida, el viaje hacía Lisboa, las colas en las verificaciones, los problemas de siempre del papeleo, el último repaso al material por si se nos olvida algo, el teléfono satélite que no llega…y en un abrir y cerrar de ojos, me encuentro en el podio de salida. Más de 100 kilómetros por delante para empezar la primera especial, de 117 km, del Dakar. Las etapas europeas suelen ser etapas dónde puedes arañar un par de minutos pero arriesgas a tener una caída, o un accidente, que te obligue irte a casa. De todas formas son etapas muy bonitas para lucirse porque se desplazan muchos amigos, familiares y patrocinadores a vernos.
Todavía era de noche cuando me dieron la salida, por el número que llevo (182) fui uno de los primeros en partir. Era el momento de la verdad, el momento de comprobar los frutos de 11 meses de trabajo. Comienzo la especial y lo que me temía por el paisaje que observaba en el tramo de enlace: tramo más cercano a Marruecos que a Europa. Tramo revirado con mucha arena blanda, como si estuviéramos en la playa.
Aunque parezca un tópico dentro del tramo no te da tiempo a pensar en nada. La navegación se sustituye por la atención al trazado que, todo sea dicho, suelen hacerlo complicado en las primeras etapas. Primera prueba –o última- de la máquina, esta vez con la posibilidad de comparar tiempos con rivales. De repente salta un chivato y la moto se detiene, ¡se había quedado sin agua!. Llené el depósito y pude continuar sin problemas aparentes. A los 10 kilómetros de nuevo se detiene la moto, era imposible que otra vez se hubiera evaporado el agua. Tras una pequeña revisión no encuentro explicación aparente, pero el problema ya era más serio, la moto no arrancaba. En esos momentos uno se pone en lo peor y empieza a pensar más de lo que sería recomendable. Las llamadas del exterior no ayudan a relajar el pensamiento ya que hoy en día, gracias a Internet, cualquier persona delante de un ordenador en Lisboa, Dakar, Alicante o Kuala Lumpur se enteró que el número 182 se encontraba tirado a tan sólo 26 km. de la salida de la primera especial del rally.
El espíritu del Dakar
Esto es el Dakar, y el Dakar podrá ser muy duro, pero también muy milagroso. Cuando uno comenzaba a asumir que al motor le quedaba poca vida y que, en el camión de asistencia, tenemos recambios empieza a ver el futuro de otro color. La realidad recuerda que la asistencia no puede entrar en el tramo y que realizar los más de 80 km que me separaban del final de tramo empujando la moto es un poco “locura”. La otra opción es que me sacara del tramo la organización asumiendo que, una vez llegara a la asistencia, un comisario me notificara que estaba excluido. No me atraía mucho ninguna de las opciones pero ¿qué hacer entonces?. Entonces comencé a experimentar, de nuevo, lo que es el Dakar: mis rivales/compañeros se detenían, me preguntaban qué me pasaba, me intentaban ayudar; el público también se preocupaba e intentaban aportar soluciones. Al final alguien apuntó que, quizás, el motor se calentaba al quedarse sin aceite la moto, que la avería podía ser tan simple como un tapón mal cerrado y, por un efecto en cadena, el tapón llevó a que se saliera el aceite que hizo que el motor se calentar que provocó una evaporación del agua….al final se abrió el cielo y pasamos de tener un motor roto a tener, tan sólo, el encendido averiado.
Hoy por ti y mañana por mi
La avería no era tan grave y me permitiría seguir en carrera, pero había un problema en la moto que teníamos que reparar y yo, en esos momentos, no llevaba los repuestos necesarios. Los participantes que se detenían, una vez conocida la pieza necesaria, intentaron ayudar en la medida de sus posibilidades. Al final otro piloto llevaba las piezas que necesitaba y, amablemente, me las cedió a cambio de nada. Me puse manos a la obra, logré arreglar el encendido, continuar la etapa y recorrer los 232 km de enlace hasta la asistencia sin excesivos apuros. En Portimao la asistencia revisó la moto completamente y se comprobó que no tenía más daños. Toda una suerte ya que lo más fácil hubiera sido gripar el motor y el sueño se hubiera acabado.
Cómo comentaba en las etapas europeas hay mucho que perder y nada que ganar. A mi me tocó perder, y mucho, cuatro horas y media con respecto al líder cuando, en circunstancias normales, debería perder 20 ó 30 minutos. Aunque, todo sea dicho, peor hubiera sido no acabar. Esto es el Dakar, el Dakar clásico, duro, que fomenta el compañerismo que nunca debe perderse. Hoy por ti y mañana por mi. Bienvenidos al Dakar.
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