EL TOBOSO, la patria de Dulcinea
21.04.09 @ 14:16:22. Archivado en Artículos de Opinión, Artículos Mercedes Guiot

Hacía mucho había descartado la existencia de un rincón en el mundo donde distanciarme de la imperfección de esta forma de vida que nos hemos impuesto, descreída de que ese oasis donde poder reposar existiera.
"Sábete, Sancho, que no es un hombre más que otro si no hace más que otro. Todas estas borrascas que nos suceden son señales de que presto ha de serenar el tiempo y han de sucedernos bien las cosas; porque no es posible que el mal ni el bien sean durables, y de aquí se sigue que, habiendo durado mucho el mal, el bien está ya cerca."
La frustración fue el fruto de una búsqueda fallida, ese punto de destino de utópica serenidad no existía; necesitaba ese espacio, estar al tanto de su paradero para, tal vez en el otoño de la vida, regresar a él y no marcharme jamás. Con cada viaje, con cada desilusión, más de lo mismo y el usual vacío, se iba desvaneciendo mi ánimo.
"Confía en el tiempo, que suele dar dulces salidas a muchas amargas dificultades.”
Jotabé, un buen amigo, siempre nos hablaba de su pueblo: El Toboso, al hacerlo los ojos le brillaban y su sonrisa, amplia y abierta, se multiplicaba. La felicidad también es contagiosa.
"Es dulce el amor a la patria.”
Y Jotabé nos invito a visitarlo. ¿Qué sabíamos de El Toboso?, que era el pueblo de Dulcinea la amada de D. Quijote, que estaba en Toledo y que tan solo tenía dos mil habitantes. Pero esa emoción al hablar de sus gentes, de sus calles, de sus monumentos y museos, prometía algo más.
“El que no sabe gozar de La ventura cuando le viene, no se debe quejar sí se pasa.”
Y allá que nos fuimos, dispuestos a retratar cada ángulo que valiese la pena. Un desplazamiento fugaz, con dos días sería más que suficiente para cuatro almas habituadas a trotar absorbiendo esencias. Un murciano, un madrileño, un catalán y una valenciana, grandes ciudades, convencidos de lo que se iban a encontrar. Necia es la ignorancia.
¿Cómo explicar lo que sucedió al dejar la autovía y entrar en la carretera comarcal en cuyo horizonte asomaba El Toboso? Extensiones de viñas, colores verdes, amarillos, naranjas, azules y blancos; árboles frondosos y solitarios en una inmensidad de perfección categórica. Aquello era Machado. Era Cervantes. Incluso los parches del asfalto ampliaban nuestra agitación. Sentí que no llegaba a un lugar extraño, observé a mis acompañantes, todos con esa sonrisa amplia y abierta.
Castilla La Mancha, allí nació mi madre y mis abuelos y mis tatarabuelos. Orgullosa de sus orígenes mi abuela me relataba junto a la mesa camilla con el brasero ardiendo y unas torrijas, como cuenta ahora mi madre a mi hijo, cosas de su tierra, chascarrillos y costumbres, paisajes y formas de vida. Visite hace años el pueblo de mi abuela, el motivo fue muy triste: enterrarla; ella, después de treinta años, anhelaba descansar allí. Aquella ciudad, moderna y luminosa, con buen pavimento, con adosados ajardinados y edificios de diez alturas con ascensor y garaje, con comercios y bares una puerta si y otra también, no era el pueblo de mi abuela. Ni se parecía. Ya no quedaba nada, solo la sensación de pérdida y el recuerdo."Por la calle del ya voy, se va a la casa del nunca."
Nos aproximábamos a El Toboso y el reloj se detuvo. Vislumbrar aquella imponente iglesia, del gótico tardío, con su torre de estilo herreriano, dándonos la bienvenida hizo que todo alrededor se desenfocara. Solo ella, tan inmensa y majestuosa que la conocen como la Catedral de la Mancha, contemplaba nuestra llegada.
Con un cielo lleno de nubes que prometía más bien poco para nuestro cometido, las cámaras y la lluvia nunca se llevaron bien, entramos en El Toboso, intuí que estaba en casa. El encanto nos inundaba, las casas encaladas, mampostería, tejas y calles limpias, aldabas, chascarrillos, torrijas y aquella mujer manchega que de limpia lavaba el agua, que crió nueve hijos y que me rogaba, cuando la vista le fallaba, que le releyera la biblia en voz alta: mi abuela, mi infancia.
“Encomiéndate a Dios de todo corazón, que muchas veces suele llover sus misericordias en el tiempo que están más secas las esperanzas."
Y ¿qué describir?. ¿Ser analítica y aportar fundamentos?, ni todo el papel del mundo podría plasmar lo que es y lo que ha significado El Toboso para cada uno de nosotros.
Los cuatro nos marchamos plenos, fascinados nos detuvimos al salir hacia Valencia para verlo en la distancia una vez más. Allí, en medio de un viñedo, contemplamos la Iglesia Parroquial de San Antonio Abad , a la que subimos a su zona más alta, en una aventura inusual a través de unas escaleras llenas de tiempo, vimos su estructura, reforzada tras un incendio. Recordamos al Párroco D. Juan Miguel, narrándonos con una sonrisa la historia del templo y perdonando paciente nuestra intrusión, flashes y preguntas; mostrándonos los tesoros más preciados, incunables tan hermosos que te cortaban la respiración. La parroquia, inmensa y sublime, arquitectónica e históricamente, se hizo un todo con el silencio roto por las notas del órgano y una delicada voz. Recordamos la Plaza Mayor donde se encuentra con el empedrado pisado por sus gentes acudiendo a misa de doce, las campanas acariciando el cielo, el acto de festividad.
"No hay amor perdido entre nosotros"
Raúl, señaló en la distancia el Convento de las Madres Franciscanas Clarisas, al momento recordamos su precioso jardín empedrado en la entrada principal, aquel edificio hermoso y austero detrás de cuya puerta se encontraban los dulces que ellas elaboran y que nunca serán comparables a la dulzura con la que conversan con sus visitantes.
Víctor, poco hablador, vio emocionado donde estaba el Convento de las Religiosas Madres Trinitarias, El Escorial de la Mancha, y su museo, recordando al momento la celebración tan emotiva que vivimos unas horas antes, la historia de su fundadora, la Orden de Santiago, los delicados bordados, el silencio, la paz.
¿Y del Quijote?, apenas tuvimos tiempo, perdónanos Isabel, ama de la Hospedería Casa de la Torre, manchega de carácter, luchadora y prudente.
“El andar tierras y comunicar con diversas gentes hace a los hombres discretos.”
No quisimos visitar la Casa Museo de Dulcinea ni el Centro Cervantino, lo reservamos para la siguiente, imposible asimilar tanto en tan poco tiempo, fue suficiente con disfrutar la "Casa de la Torre” que contiene el alma de Alonso y Aldonza, de D. Quijote y Dulcinea. No olvidaremos las maravillas de su interior: El Quijote escrito por amanuenses y del que por falta de tiempo nos quedamos con las ganas de ver la parte en latín, los originales de las paredes, los ejemplares atesorados en esa maravillosa librería, la marquetería de la madera, preciosas sabanas colmadas de bordados y puntillas, blancas e inmaculadas que temí estropear con mi roce, el patio con el pozo, ese estupendo desayuno con pan caliente, queso fresco, aceite, fresas, miel…, el brasero prendido que mucho significó y el afecto del “Ama Isabel” en todo momento.
"La libertad es uno de los más preciosos dones que a los hombres dieron los cielos; con ella no pueden igualarse los tesoros que encierran la tierra y el mar: por la libertad, así como por la honra, se puede y debe aventurar la vida.”
Pero el silencio, aquel sueño sublime y la sensación de descanso, de estar arropada, eso sí que no podrá ser igualado.
"El sueño es el alivio de las miserias para los que las sufren despiertos.”
El Toboso, además del Quijote, es su emocionante historia, tradición, cultura, poesía y música, espiritualidad, todo el arte condensado en sus habitantes y en sus calles.
Ha sido tanto en tan poco tiempo:
Conocer al sacristán, saludarlo desde lo alto de la torre mientras se marcha a la tranquilidad de su hogar, escucharle cantar con su voz de tenor en ese valioso coro.
“La música compone los ánimos descompuestos y alivia los trabajos que nacen del espíritu”
Acompañar a la madre de Jotabé por calles solitarias mientras la lluvia caía y nos contaba su historia abriéndonos las puertas de su hogar. Nos queda pendiente conocer a D. Juan.
Cenar entre amigos y risas en el "Bar Rocinante” donde su simpática dueña hace el mejor “ajo arriero”, chafado con tenedor, después del de mi madre; o comer esos “Duelos y Quebrantos” en "La Noria de Dulcinea".
Escuchar en el auditorio al tenor José Manuel Montero interpretando la emocionante “Romanza de Dulcinea” de Manuel Millán y pedirle a D. Marciano, el alcalde, con toda la cara, que nos diera el título de Quijotes Soñadores, ¿qué habrá pensado el buen hombre?.
Conocer a Rufino Fino Delgado, actor, de los de vocación de verdad, de los que actúan en la calle, para todos, que recita como nadie la Carta de Amor a Dulcinea. Encantador ríe.
Comprar en Toboshop, la única tienda que vimos en todo el pueblo, recuerdos de un lugar imposible de olvidar. Con la hierba fresca que nos regalo su dueña, nos acompaño su aroma durante todo el viaje.
Compartir asiento y festividad con todos los toboseños, sentirnos parte de ellos durante unas horas, escuchar sus problemas con la agricultura, la carencia de industria, el éxodo de los muchachos hacia las grandes ciudades en busca de trabajo y el brillo de los ojos de los mayores al afirmar: “Pero los jóvenes en cuanto pueden vuelven”. No nos extrañó, ¿quién puede evitar volver?.
Los cuatro, durante el regreso, dos horas y media dan para mucho, nos hemos contado las impresiones, sensaciones. No estábamos tristes, ni melancólicos, todo lo contrario, pletóricos y sonrientes, sin buscar habíamos encontrado algo que necesitábamos: Yo, mi lugar. Los demás, que lo cuenten ellos si quieren.
"La pluma es la lengua del alma."
Jotabé, GRACIAS. El Toboso inspira emociones muy exclusivas: Carcajadas abiertas frente a la nostalgia, ánimo contra el desaliento, palabras y armonía que arrullan al silencio. Quinientas fotografías nos han parecido pocas.
Hablaremos de tu tierra, otros la visitarán, pero lo que encuentre cada uno… será una aventura.
Dirección para hacer trackback a este post:
http://blogs.periodistadigital.com/btbf/trackback.php/229220
Comparte esta información
Comentarios, Trackbacks, Pingbacks:
Se muestran únicamente los últimos 40 comentarios de cada post.
Mercedes Guiot
autor
Contacto




