Los periodistas carniceros
04.12.07 @ 11:02:50. Archivado en Artículos Mercedes Guiot
Los medios de comunicación cada vez más manipulados, espacios electorales donde captar votos, distensiones de campaña que garantizan al medio ingresos y apoyos, realidades inventadas que financian la supervivencia de cada día o la preservación de un espacio de poder en primera línea.
En esa agonía anunciada los medios maniobran demandando el maná que les permita esa porción de libertad con la que se originaron, pero el sistema ya está establecido, ya hay un círculo marcado, abandonarlo implica sucumbir.
La desesperación va arrinconando porciones de imparcialidad y la profesión periodística se desploma en el insondable foso de la miseria de subsistir a cualquier coste, se mendiga la rentabilidad publicitaria y se demanda el mínimo gasto de producción.
No hay respeto, porque no hay valores, solo interesa llamar la atención, sostener lectores o audiencia, exhibir bajezas bochornosas o inventarlas, dar carnaza a la masa, un coso público donde arrojar sustento a unos leones cada vez más ávidos de sangre.
El código deontológico se ha suplantado por la cifra de ejemplares vendidos o por la cuota de audiencia, es lo único que interesa y aquí los depredradores hallan su hábitat natural, no se busca la calidad ni el compromiso, la realidad se reinventa o improvisa en proporción a los intereses que las financian. Los cuchicheos se ofrecen como noticias. Los complejos patológicos desgajan y enlodan en la red con total impunidad, Y la “verdad” empieza a ser solo una, como mucho dos.
Cada día, carniceros totalitaristas que se autodefinen periodistas, medran en el caldo de cultivo propicio, ceban su ego desequilibrado por su crasa inferioridad, embistiendo con descalificaciones, con injurias viles o falsos rumores a los auténticos profesionales del periodismo que manifiestan su ejercicio con la responsabilidad y el respeto que este merece. Y estos matarifes perpetúan un ataque que revela su retorcida inmundicia, todo porque no consiguen la replica que desean inducir, porque sus victimas no entran “al trapo”, no caen en la zafiedad ramplona y vulgar de sus acosadores, su calidad humana y profesional se lo impiden
La prensa escrita debe encontrar su continuidad y lugar sin quebrantar los fundamentos esenciales que la sustentan. Es una necesidad para los editores y un deber para los periodistas reconducir este “escenario” donde coexistimos e impedir que se prostituyan la libertad de expresión, la veracidad y la imparcialidad, bases imprescindibles de su pervivencia.
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Mercedes Guiot
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