Los empleados parásito...el enemigo está dentro.
14.05.07 @ 13:45:54. Archivado en Artículos de Opinión, Artículos Mercedes Guiot
parásito, ta.
Del lat. parasitus.

1.- Dicho de un organismo animal o vegetal que vive a costa de otro de distinta especie, alimentándose de él y depauperándolo sin llegar a matarlo.
2.- piojo (insecto hemíptero).
3.- Persona que vive a costa ajena.
Hace unos días comí con seis empresarios, todos ellos de sectores diferentes y con trayectorias de más de quince años, mi empresa, con tan solo tres años quedaba en pañales. La conversación, agradable y distendida, fue un intercambio de experiencias profesionales; habían enriquecedoras diferencias de opinión en todos los temas, yo escuchaba atentamente y memorizaba esas lecciones magistrales de quienes hablaban desde la práctica y no desde la teoría.
El punto de inflexión surgió al hablar de la plantilla, me sorprendió que coincidieran al afirmar estar “agotados” y desbordados por un sentimiento de falta de apoyo y protección por parte de la ley en materia laboral. "Parece que las obligaciones son para la empresa y los derechos para los trabajadores”, afirmó uno de ellos.
Hablaron de experiencias tremendas con ese tipo de empleados que no tienen el más mínimo respeto por quienes, con esfuerzo y trabajo, han levantado una empresa que ha confiado en ellos. Un negocio de quien depende el presente y el futuro de muchas familias y que con su comportamiento, carente de profesionalidad y lealtad, ponen en peligro todo aquello que tardó años en consolidarse. Este perfil de trabajador provoca en el empresario la negación o resquemor a la hora de contratar o mejorar las condiciones a otras personas.
Hablaron de los “mercenarios”, esos que están de paso en todas partes y que van “utilizando” las empresas como trampolines para negociar subidas de sueldo o de cargo. En este grupo se encontraban aquellas profesiones con gran demanda, todos habían padecido a ese oportunista que a mitad de un proyecto dice que se marcha porque otra empresa le paga el doble. Así que el empresario tiene dos opciones: aumentar la puja o encontrarse con un trabajo a medio hacer y con la necesidad de contratar a alguien que lo retome sin saber ni de qué va. Lo más probable es que el proyecto genere perdidas para la compañía.
Se me ocurrió comentar que la ley protege la oferta y la demanda. Que el trabajador tiene derecho a elegir donde trabajar. Mis compañeros de mesa, se sentían chantajeados, porque, casualidades de la vida, esas ofertas de otras firmas siempre son recibidas a mitad de un proyecto y nunca antes de comenzarlo. “¿Y quién me protege a mi de este abandono de responsabilidades?, encima si claudicó al día siguiente tengo a cinco empleados más diciéndome lo mismo, eso puede ser la quiebra de mi negocio”. -comentó uno de ellos muy indignado-.
Luego, contaban, están los que trabajan y cumplen sus funciones hasta que tienen el contrato fijo, “Hay un antes y un después del contrato fijo”>, ironizó una de ellas.
A partir de aquí decían haber visto de todo, trabajadores que bajan el rendimiento hasta límites insospechados, otros que se pasan el día llamando a los amigos por teléfono o entreteniéndose con Internet sin molestarse en disimular, otros que día si, día no, se encuentran mal y no acuden al trabajo y otros que hacen todo esto a la vez para provocar el despido y cobrar el finiquito, eso sí, por despido improcedente que así hay indemnización. ¡Y a vivir del paro varios meses sin dar golpe!.
Otro de los empresarios afirmó,
"Les das formación, estabilidad laboral y un futuro profesional, todo termina tirado por la borda después de confiar en ellos. Para colmo, estos arribistas desvergonzados se salen con la suya y terminas reconociendo la improcedencia ¿? del despido e indemnizándoles para perderlos de vista".
A lo que otra respondió,
"Esto ocurre porque no disponemos de herramientas para demostrar ante magistratura que es un caradura sin escrúpulos, que de aprovecharse del empresario también lo hace de la mensualidad del INEM que no merece, con la consiguiente sensación de impotencia e injusticia".
Yo, osada y convencida de todas mis lecturas en materia de recursos humanos, les hablé de motivación, de comunicación e incluso de la necesidad de dar un toque de atención en el momento oportuno, el gerente de una empresa de más de 200 trabajadores me dice riéndose abiertamente, "Sí claro, y al día siguiente te presenta la baja laboral por depresión, tienes que estar pagándole durante ocho o nueve meses, eso con suerte, y encima asumir los costes para cubrir su puesto con otra persona".
La conversación ya no se ocupó de otros temas. Se habló de la falta de capacitación, de la carencia de experiencia y del poco interés. "Sólo les preocupa ganar dinero rápido, sin esfuerzo ni responsabilidades, ni se cuestionan lo que es la lealtad, la confianza y la entrega a un proyecto”,sentencia el gerente de una mediana empresa. “Se creen que el dinero cuelga de los árboles y que ellos tienen el derecho de agarrarlo por las buenas o por las malas”, conclúye.
La Ley, protege los derechos de los trabajadores. Ante la duda, la razón para ellos que son los ¿débiles?, además de ser la mayor parte de la población, es decir: los votantes.
Es cierto que hay sinvergüenzas, pseudo empresarios que engañan a los trabajadores, que no les hacen contrato, que no les pagan, que los explotan... Estos reciben su justo castigo abonando sanciones con intereses de demora y pagando todo lo que deben. Tarde o temprano los pillan y sancionan, pero... ¿a los empleados “parásito”, quién los castiga?.
Los grandes empresarios son creadores de puestos de trabajo y motores activos de la economía, se sienten desprotegidos y vulnerables por todos los frentes, nosotros las pequeñas y medianas empresas debemos estar atentos, seleccionar a nuestra plantilla sabiamente, porque de ellos depende nuestro éxito o fracaso.
Después de todo lo hablado, lo compartido y comentado, alguien sentenció aquel encuentro: "El peor enemigo no está fuera, sino dentro de la empresa".
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No dudo de que hay trabajadores de esos que describe su artículo, pero ahora a muchos jóvenes se les engaña y se les dan largas para hacerles contrato y acaban trabajando un tiempo sin contrato ¡y sin cobrar nada!, y así van tirando algunas empresas de uno tras otro incauto que pone su ilusión en el nuevo trabajo y aguanta y aguanta. Y no es como usted dicho: esas empresas no reciben el castigo que merecen.
También hay empresas que nos están estafando directa y abiertamente a los consumidores y lo único que le queda al usuario es la impotencia, tampoco están recibiendo su merecido, a pesar de que se sepa lo que hacen,por activa y por pasiva.
Y, desde luego, también comprendo el problema de esos empresarios con los que usted estuvo hablando.
Pero, en todas partes cuecen habas...
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Un saludo
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Mercedes Guiot
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