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Y a tí..., ¿te entristece la Navidad?

27.11.06 | 11:53. Archivado en Artículos de Opinión, Artículos Mercedes Guiot
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Las calles engalanadas, los comercios repletos, villancicos en cada esquina, publicidad insistente marcándonos la voluntad y forzándonos las carteras, mazapanes y turrones, niños ilusionados a la espera de sus juguetes, adultos esperanzados con números en papeletas que pueden cambiar sus vidas si los de San Ildefonso cantan su número: Comienza la Navidad.

En esta época reflexionamos sobre el año que finaliza, atrás quedan vivencias irrepetibles, personas perdidas o recuperadas, fracasos y sueños cumplidos, frustraciones, esfuerzos, aciertos y desaciertos, risas y llantos, situaciones que no volverán y otras que se repetirán el año que viene de forma igual o parecida, es el ciclo de la vida.

Muchos se marcan esta fecha para hacer cambios positivos y comenzar el nuevo año con buenos propósitos: dejar de fumar, apuntarse a un gimnasio para mantenerse en forma, hacer ese régimen de adelgazamiento que nunca ha conseguido completar, dejar los problemas del trabajo en la oficina sin llevárselos a casa, pasar más tiempo con la familia…, todo esto esta muy bien, pero lo mío es la comunicación, y veo que hay un déficit de palabras y gestos frente a un superhabit de caros regalos con marcas registradas, hacemos obsequios vanidosos pero no inolvidables, seguimos las pautas que nos dicta una sociedad egocéntrica y consumista que, en lugar de acercarnos, nos aleja, ¡todo a lo grande, que huela a dinero, que se me respete por lo que gasto!!, ¡miradme, he triunfado!... Como buenos necios confundimos valor y precio.

¿Y si probamos a hacer regalos únicos e inolvidables?, entregar obsequios modestos de bajo precio que lleven dedicatorias escritas de incalculable valor, ofrendar intangibles: gestos, actos o palabras envueltas en lazos invisibles de sinceridad y generosidad.

Se me ocurren multitud de presentes insólitos e inolvidables que no tienen su precio marcado en papel pero que sí requieren del esfuerzo de quien los concede, el primer esfuerzo, sin duda, será el de conocer a quién lo recibe y entregarle aquello que espera:
Unos días de capitulación absoluta a juegos con nuestros hijos, fabricar junto a ellos en vacaciones un barco pirata o un coche de carreras con cartones de papel higiénico, pintarlo y aguardar hasta el día de Reyes para disfrutarlo; pedir perdón con quién hemos cometido un error o una injusticia; mandar una nota a quien nos dañó: “No te preocupes por aquello que ocurrió, ya paso”; enterrar el hacha de guerra con ese/a compañero/a de trabajo y regalarle la frase: “Me gustaría conocerte mejor, creo que te he juzgado mal”; dar las gracias a esa persona que esta junto a ti apoyándote en los buenos y malos momentos y hacerle saber que sin su ayuda estarías perdido/a; regalar una sonrisa, una mirada de cariño, un beso en la mejilla, o un corazón pintado en un simple trozo de papel a quien aprecias. Unas flores silvestres recogidas en el campo o una rama de almendro podría ser el obsequio de un enamorado; una conversación que nunca se produjo y quedo pospuesta también puede ser una alegría para quien la espera; un poema recitado con afecto, una carta escrita en la intimidad, una visita inesperada a quién te esta esperando, un café con leche con un/a viejo/a amigo/a, proporcionar esa ayuda a alguien que la está esperando; aprender su canción preferida y cantársela a capela en medio de un restaurante …

¿Suena cursi?, si, puede que sí, pero, ¿quién sabe?, puede que repartiendo palabras y gestos entre quienes comparten sus vidas con la nuestra, entre aquellos que nos importan, comencemos el año de forma diferente a todas las que hemos vivido, puede que si durante el nuevo año no esperamos a Navidad para hacer este tipo de regalos, si conseguimos alargar nuestra generosidad a enero, febrero, marzo, abril, … y entregamos pequeños detalles colmados de sinceridad y generosidad, puede, es posible que al final del 2007 algo haya cambiado en nosotros y en nuestras vidas, que miremos las luces de las calles de una forma diferente, que entendamos la Navidad alejados de un centro comercial, que ya no queramos que nuestra vida cambie, que no volquemos todas nuestras ilusiones en unos números impresos en un papel, incluso es posible que miremos con estupor a quién pronuncié esa frase que seguro todos conocemos: “ A mi, las navidades me entristecen”.
Todo camino, por largo que sea, comienza con un solo paso.

Feliz Navidad


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