El Blog de Otramotro

¿Qué acaso me adelgace más que engorde?

¿QUÉ ACASO ME ADELGACE MÁS QUE ENGORDE?

Me confesaste un día que eras borde.
Si mucho me agradó que hipersincera
Fueras, miedo cerval me dio tu cera,
Que puede que adelgace más que engorde.

Aunque oír tu verdad me puso al borde
De un ataque de nervios, a la vera
De en un espejo ver mi calavera,
No cursó con un ritmo monocorde.

Sin duda, yo prefiero, aunque me dañe,
Que a quien amo me cuente lo ocurrido
A por otro canal lo acaecido

Conocer, a que dos veces me engañe.
Conmigo, Pilar, sé siempre una diosa
Y no seas jamás mendaz, odiosa.

Ángel Sáez García
angelsaez.otramotro@gmail.com


Celebro que ese sea tu criterio

CELEBRO QUE ESE SEA TU CRITERIO

Dilecta Pilar:

Te entiendo. Las digresiones o los vericuetos son verdaderas tentaciones. Y ya sabes qué recomendaba hacer con ellas Oscar Wilde: que la mejor manera de liberarse de ellas o de vencerlas es cayendo en ellas.

Te agradezco y celebro que ese sea tu criterio. Creo que fue en “Españoles de tres mundos” donde Juan Ramón Jiménez sostuvo la tesis de que, si hay inspiración en el acto de la creación, también lo hay en el de la corrección; ahora bien, debo comentarte que, después de tener durante hora y media el libro entre mis manos (se lo pedí a María Ángeles, una de las tres responsables de la biblioteca pública de Tudela), no leí (no me dio tiempo a leerlo entero) la mentada referencia. Esto viene a cuento de que el primer verso del segundo cuarteto (quinto del soneto que publicaré el próximo sábado, “Nacer siempre es llegar del extranjero”) aparecerá escrito en mi bitácora con una leve variante (que la mejora; ese es, al menos, mi parecer) de la versión que te remití, así: “para que a los demás, luego, deslumbres”.

Esta mañana he leído tu artículo en el Heraldo de Aragón, pues había ejemplar en “el Cole”, la librería/papelería que regenta mi amigo “Fangio”. Abundo en tu tesis, de cabo a rabo, desde la mención del alzhéimer, la demencia senil o los accidentes cardiovasculares a que la verdadera historia no es la incompleta o parcial. Ahora bien, como uno viene comprobando (al oír y leer a muchos historiadores histéricos, que son los que viven la historia con histeria o confunden la histeria con la historia) que hay personas que se llaman historiadoras/es, pero fingen o fungen de falsificadoras/es de la historia, acaso convenga, por ser más beneficioso para la salud, no invertir (para no perder) mucho tiempo en leer lo que escriben para no embrollar la cuenta (lo que tenías en cuenta) con el cuento, el soberano cuento que cuentan.

A esta hora tendría que estar en el Hospital “Reina Sofía” (HRS), pero una amable trabajadora del servicio de citas me ha llamado esta mañana por teléfono para decirme que no acudiera a la misma, ya que se había pospuesto para el día 26, a la una del mediodía.

Me consta que tienes muchos compromisos de todo tipo. Ergo, no tienes que disculparte más conmigo. Acepto tus disculpas hoy, si pactamos que esas no caducan y me sirvan para el resto de las próximas veces que te nazcan pedírmelas.

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¿Vencido el can, finó el odio?

¿VENCIDO EL CAN, FINÓ EL ODIO?

—¿Odias a quien amedrenta?
—Mal del todo no me cae
Quien a mí también distrae.
Como a Satanás se enfrenta,
A este menda le contenta.
—Sé que sabes que yo no hablo
Del ángel caído, el diablo.
—Y a mí me consta que sabes
Que acaso algún día alabes
A quien ganó al perro, Pablo.

Ángel Sáez García
angelsaez.otramotro@gmail.com


Pilar se llama la elegancia suma

PILAR SE LLAMA LA ELEGANCIA SUMA

La elegancia suprema tiene nombre de mujer y se llama Pilar. Desde que la vi, por primera vez, aquella mañana de julio en el vestíbulo del hotel, me di sobrada cuenta de ello, de que era una fémina elegante. Sin embargo, aunque suelo ser intuitivo, reconozco que no capté entonces, en ese momento concreto, el sinfín de matices sutiles que acarreaba consigo; verbigracia, hasta qué punto crucial o cota suma podía llegar, si se avenía a derrochar muestras evidentes y numerosas de exquisitez tras abrir el tarro de sus quintaesencias. En los dos segundos prudentes de que dispuse (si hubieran sido tres, servidor hubiera sido tachado con razón de mirón patético por su ángel de la guarda) pude guipar por el rabillo de mi ojo izquierdo cómo una orla nimbaba su figura formando un óvalo azul claro, el que es consustancial con la gloria eterna.

La elegancia suma, insisto, está en vestir un mono y que, preguntes a quien preguntes (hembra o varón) del público entendido que ha acudido al pase de modelos, a la pasarela, escuches, poco más o menos, como respuesta, esto: la señora (por Pilar) del mono era la que, en mi modesta opinión, iba más mona.

Ángel Sáez García
angelsaez.otramotro@gmail.com


Hay que leer a los autores buenos

HAY QUE LEER A LOS AUTORES BUENOS

Pienso que hay que leer a los autores (hembras o varones) buenos; y a los muy buenos releerlos, porque son proféticos (la literatura excelsa, al menos, lo es). Seguramente, el atento y desocupado lector (ella o él) de estos renglones torcidos y quien los urde, servidor, discreparemos a la hora de incluir a unos creadores y no a otros en el primer grupo, y a otros y no a unos en el segundo; pero no en el fondo de la idea susodicha. Si los buenos se han hecho acreedores de nuestra atención, los excelentes se han hecho merecedores de nuestra doble tal.

Al abajo firmante, como ser racional que es, le gusta mucho hacer uso de su razón, esto es, pensar, pero hoy hay otro menester que prefiere o aún le gusta más, por ser más productivo para su propósito, que es soñar y luego reflexionar sobre lo soñado.

Este menda había previsto escribir su parecer sobre esa tomadura de pelo que ha sido el procés. Y se ha dicho: a ver si Morfeo se porta y, si no todas, me suministra, durante el sueño, algunas claves del mismo. Pero, durante la siesta, no he soñado ni con Mas ni con Puigdemont ni con Torra, sino con el Premio Nobel de Medicina de 1906, Santiago Ramón y Cajal, que me ha hecho leer en voz alta en clase (pues yo era uno de los alumnos en la que él impartía su lección) tres párrafos, escogidos por él, que habían aparecido publicados en su obra “Charlas de café” (1920).

Primero: “Se ha dicho muchas veces que no hay nada más inútil que la experiencia. Tan triste verdad se corrobora cuando somos víctimas de una pasión avasalladora. En la vida del enamorado, los prudentes consejos del viejo suenan como la voz atiplada de un eunuco que disertara sobre las excelencias del celibato”.

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Si aprovecha leer, más a los clásicos

SI APROVECHA LEER, MÁS A LOS CLÁSICOS

La vigente Constitución Española de 1978, en el punto 2 de su artículo 25 dice que “las penas privativas de libertad y las medidas de seguridad estarán orientadas hacia la reeducación y reinserción social y no podrán consistir en trabajos forzados. El condenado a pena de prisión que estuviere cumpliendo la misma gozará de los derechos fundamentales de este Capítulo, a excepción de los que se vean expresamente limitados por el contenido del fallo condenatorio, el sentido de la pena y la ley penitenciaria. En todo caso, tendrá derecho a un trabajo remunerado y a los beneficios correspondientes de la Seguridad Social, así como al acceso a la cultura y al desarrollo integral de su personalidad”.

Me consta que ha habido un gran grupo de personas que han estado entre rejas a las que su estancia en prisión les ha servido (y la han aprovechado) y otro gran grupo a quienes estar entre barrotes, más que beneficiarles, les ha perjudicado sobremanera.

Los dos párrafos precedentes vienen a cuento de lo que sigue. Una fémina donostiarra (poco importa su nombre compuesto y apellidos; no es mi propósito incrementar innecesariamente el daño o dolor) que otrora trabajó como funcionaria de la Delegación del Gobierno en la Comunidad Foral, que demostró ser un hacha para la malversación y el fraude, ideó la manera de cobrar, a través de varias cuentas corrientes, centenares de millones de pesetas y no devolver 186 de esos a dos empresarios navarros. La Audiencia Provincial de Navarra la condenó a 12 años de prisión, pero el Tribunal Supremo rebajó la pena a 9 años. ¿Sacó alguna enseñanza de ello? ¿Aprendió de los errores cometidos?

Todo parece indicar que no. Esta semana la fémina innominada ha vuelto a sentarse en el banquillo de otra Audiencia Provincial, en este caso, la de Logroño, al ser acusada por el Ministerio Fiscal de un delito continuado de estafa. El representante de la Fiscalía solicita para ella una pena de 8 años.

Al parecer, mutatis mutandis, como ocurre con los asesinos en serie, el delincuente económico va especializándose en sus fechorías, en sus procederes delincuenciales. Presuntamente, la acusada pudo llevar a cabo la estafa, tras alcanzar el cargo de decana del Colegio Oficial de Psicólogos de La Rioja. Cabe preguntarse cómo obtuvo la donostiarra de marras el título de Psicóloga. Sin embargo, esa pregunta lleva aparejada o a formularse otra: ¿Dicho título era verdadero o una engañifa?

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¿Quién padece el efecto Dunning-Kruger?

¿QUIÉN PADECE EL EFECTO DUNNING-KRUGER?

Como por las mañanas ya no acudo al Centro Cívico “Lourdes” (donde solía urdir las primeras versiones de mis textos, fueran estos escritos por el abajo firmante en verso o en prosa), cuyo servicio de ordenadores ha sido clausurado (al menos, temporalmente; dicha sala, estrecha, la han solicitado varias asociaciones, ergo, según me comentó hace algunos días en dicho espacio el propio responsable, se usará para otros menesteres cívicos), aprovecho las primeras horas de las mismas para leer las páginas de los números de los periódicos y revistas sobre las que (por diversos motivos, los que fueran) no pasé ni posé en su día mi vista. Ayer, verbigracia, me di de bruces en una de las mentadas páginas con un sesgo psicológico cuya existencia desconocía (lo habitual; admito —no me cuesta nada asumir lo obvio— y reconozco que soy —y me moriré siendo— un ignorante ancho, largo y alto o profundo en mil y un ámbitos del saber), el Dunning-Kruger (efecto psicológico “según el cual —reproduzco a continuación qué dice al respecto la Wikipedia— los individuos con escasa habilidad o conocimientos sufren de un sentimiento de superioridad ilusorio, midiendo incorrectamente su habilidad por encima de lo real”), llamado de esa guisa porque fueron los investigadores David Dunning y Justin Kruger, de la Universidad de Cornell, quienes demostraron la existencia de dicho fenómeno. Sus resultados los publicaron en el número de diciembre de 1999 del Journal of Personality and Social Psychology, por el que recibieron el premio Ig Nobel (organizado por la revista de humor científico Annals of Improbable, que concede, a principios del mes de octubre de cada año, dicho galardón, por sus logros coronados, a diez grupos de científicos que —a la inversa o completando o complementando acaso el parecer que adujo George Burns de que “quien nos hace reír es un cómico. Quien nos hace pensar y luego reír es un humorista”— “primero hacen reír a la gente y luego la hacen pensar”) 2000. En el mentado trabajo concluyeron que “la sobrevaloración del incompetente nace de la mala interpretación de la capacidad de uno mismo. La infravaloración del competente nace de la mala interpretación de la capacidad de los demás”.

Quien padece dicho sesgo cognitivo (ella o él) se tiene por más capaz de lo que en realidad es, se siente más inteligente de lo que cualquier test de inteligencia demuestra o prueba. Suele ser tan soberbio o tener el ego tan subido que es incapaz de dar su brazo a torcer, o sea, reconocer, sin ambages, que es un incontrovertible bodoque.

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La corrupción siempre daña

LA CORRUPCIÓN SIEMPRE DAÑA

Vive la literatura
De la carnaza del fraude,
De lo venal, una laude,
O sea, losa, o hartura
Que no acepta más altura
Ni que esta sea más lata
En una posterior data:
La corrupción es tamaña,
Tan desmedida, que daña
A todo aquel que la cata.

Ángel Sáez García
angelsaez.otramotro@gmail.com


Si quieres ser autor de más de una obra

SI QUIERES SER AUTOR DE MÁS DE UNA OBRA

Dilecta Pilar:

El largo fin de semana (con puente) ha ido bien. Muchas de las horas del mismo las he pasado, como es habitual y proverbial (consabido por el grueso de la gente que me sigue, dos docenas de personas, al menos; tal vez no sean más) en mí, leyendo y escribiendo (cuatro sonetos; dos décimas y un microrrelato). Como hoy no había conexión en el Centro Cívico “Lourdes”, he tenido que dar unos cuantos pasos, que callejear, vamos. Eso quiere significar que te urdo estos renglones torcidos en uno de cinco ordenadores que hay a disposición o uno halla para uso público en la biblioteca de Tudela. Acabo de contestar a Jesús Arteaga, una breve apostilla, y de pasar a ordenador el soneto he que titulado “Nacer siempre es llegar del extranjero” (por cierto, me he dado cuenta de que, en la primera redacción, me había comido —y la verdad es que, aunque tarde, porque había acudido al Centro de Salud “Santa Ana”, a visitar, por orden facultativa, a los vampiros, había desayunado bien— el verbo “es”).

El sábado comimos todos los hermanos juntos (con sus respectivas parejas y proles; faltaron tres sobrinas, Raquel, en Francia, en un lectorado; Rocío, en Aldeanueva de Ebro, con el novio, José María; y Alba, en casa, en Cascante, estudiando, porque tiene los próximos días dos exámenes de Medicina, carrera que ha comenzado este año en Pamplona) en el restaurante De Miguel, donde hemos comido bastantes veces, por su excelente relación calidad/precio.

No es mal título. Quien no se pone nunca a llevar a cabo lo que sea, seguramente, no lo terminará jamás de los jamases. Quien algo quiere algo (mucho esfuerzo o poco) le va a costar.

Si quieres tener una obra narrativa o poética, no conozco otra manera para poder verla un día publicada (aunque sea en una simple bitácora y no en formato de libro) que centrarse en el arduo trabajo de componerla. Si sigues la recomendación del “nulla dies sine linea” (“ningún día sin trazo o línea”), de Plinio el Viejo, que él se la adjudicó o atribuyó al mejor de los pintores griegos, Apeles, acaso te sirva para adquirir los rudimentos y el hábito de escribir, o sea, empezar, pero luego han ser muchos (más de uno) los renglones que has de trenzar o urdir a diario, si quieres ser autor de más de una obra.

Es buena noticia juntarse la familia para celebrar fechas señaladas, porque a quienes hemos superado el medio siglo de edad la vida, excelente maestra, nos ha demostrado y enseñado que muchas veces nos reunimos por causa de las malas.

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Si bien viene, eso es higiene

SI BIEN VIENE, ESO ES HIGIENE

En política conviene
Actuar siempre con gran tacto,
No cerrarse a ningún pacto.
Si al Estado le conviene
El acuerdo, eso es higiene.
A la suma de los votos,
Propuesta por los devotos
De un partido o formación,
Si acaba en conformación
De Gobierno, échale fotos.

Ángel Sáez García
angelsaez.otramotro@gmail.com


Anda ausente la confianza

ANDA AUSENTE LA CONFIANZA

En los momentos convulsos
De la sociedad actual
Uno advierte algo factual
(¿Quienes niegan sus impulsos,
Evidentes, son insulsos?)
Y es la falta de confianza,
Que suele formar alianza
Con el neto escepticismo,
Que el auge del populismo
Promueve en la gobernanza.

Ángel Sáez García
angelsaez.otramotro@gmail.com


Ojalá cuanto haga vibre

OJALÁ CUANTO HAGA VIBRE

—Cada quien de hacer es libre
Lo que crea conveniente
¿Menos el dolce far niente?
Ojalá siempre calibre
Bien y cuanto ella/él haga vibre.
—Yo me siento socialista
Sin compañía, solista,
Y a así seguir no renuncio:
La egolatría denuncio
Del autobombo sanchista.

Ángel Sáez García
angelsaez.otramotro@gmail.com


Domingo, 24 de marzo

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