El Blog de Otramotro

¿Le sigue al gusto el disgusto?

¿LE SIGUE AL GUSTO EL DISGUSTO?

Le dice un mozo a una moza:
“A mí no me llames bicho;
Eso dice ahora el dicho:
‘Hoy en día, en Zaragoza,
Quien más esnifa más goza’”.
La moza responde al mozo:
“Yo profiero, sin rebozo,
Que prefiero sensatez
Atesorar a idiotez,
Aunque acompañe a esta el gozo”.

Ángel Sáez García
angelsaez.otramotro@gmail.com


Conclusiones que deben conocerse

CONCLUSIONES QUE DEBEN CONOCERSE

Está claro, cristalino, que, en términos generales, muchas veces las personas ignoramos o no reparamos en lo incontrovertible, que nuestras apreciaciones o juicios se basan tanto en los prejuicios (que suelen generar o provocar su anagrama, perjuicios y en toda su gama: malos, peores y pésimos) que acarreamos como en lo que pensamos del asunto que, tras llevar a cabo un análisis o estudio concienzudo, debemos valorar o juzgar, sea esto lo que sea, una obra literaria, una actuación, una comida, un procedimiento, etc.

Anoche, antes de irme a la cama, donde suelo leer un rato (la horquilla es amplia, pues va de los cinco minutos a la media hora larga, que puede llegar a casi entera y, en contadas ocasiones, hasta superarla) antes de apagar la luz e intentar conciliar el sueño, andaba este menda reflexionando sobre lo que consideraba un axioma apodíctico, que para poder llegar a calificar a una sociedad de buena es condición imprescindible, necesaria, que esta haya demostrado antes que es justa. Ahora bien, a renglón seguido me refutaba a mí mismo formulándome la siguiente pregunta: ¿no colisionaba o entraba este pensamiento en conflicto y clara contradicción con otro, del mismo jaez, que había sostenido varias veces a lo largo de mi vida en plurales ocasiones, ora conversaciones, ora urdiduras (o “urdiblandas”), que es más fácil ser bueno que justo? Con la susodicha paradoja bullendo en mi coco o cacumen, acudió en mi ayuda, como ha hecho otras veces, el espíritu de Walt Whitman para traerme una metafórica taza de ataraxia o paz interior, y con ella, la sabia decisión, dada la bruja hora, de irme al catre.

Una vez desvestido, puesto el pijama y metido en el sobre, servidor leyó de la página 48 a la 53 del último número de El País Semanal, el 2.158, que lleva fecha del pasado domingo, 4 de febrero de 2018, o sea, la interesante interviú (por las claras, convincentes y relevantes conclusiones que deduje, tras haberla leído con suma atención) que Javier Martín del Barrio le hizo a Pedro Nobre, doctor en Psicología Clínica en la Universidad de Oporto, presidente de la WAS, la Asociación Mundial para la Salud Sexual, y director del SexLab, el laboratorio que funciona en la citada institución académica que investiga y estudia las respuestas fisiológicas genitales de mujeres y hombres.

Según Nobre, mientras que el varón suele responder “a los estímulos sexuales de su preferencia” (el hetero a las relaciones heterosexuales y el gay a las homosexuales), para el grueso de las hembras el proceso es distinto, ya que sus reacciones fisiológicas son independientes de sus preferencias sexuales. Se ha comprobado que las féminas tienen respuestas fisiológicas, aunque no emotivas, hasta cuando contemplan “vídeos de relaciones sexuales entre chimpancés”. Y son diversos los estudios, llevados a cabo en distintos laboratorios, que llegan a conclusiones parecidas y/o sostienen tesis semejantes.

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Sé que me pones a cien

SÉ QUE ME PONES A CIEN

—Tú solo te encuentras bien
Cuando estás en desacuerdo.
—¿Crees que estoy loca, cuerdo?
—Sé que me pones a cien.
—Pégate un tiro en la sien.
Prefiero que el “finde” pimple
A que sea una onza que himple
Entre semana, listillo.
—No aceptas que lo sencillo
Se escriba de forma simple.

Ángel Sáez García
angelsaez.otramotro@gmail.com


¿Tus gracias y las mías? ¡Solidarias!

¿TUS GRACIAS Y LAS MÍAS? ¡SOLIDARIAS!

Dilecta Pilar:

De nada (o son solidarias con las que tú erogas sin derrochar).

Precioso, pues motivó que me brotara la idea a partir de la cual trencé la duodécima que has leído. Rosa Montero, ciertamente, haciendo honor a su nombre de pila y a su primer apellido, cuando quiere, se pone el mundo por montera y funge de lo que, sin ninguna duda, es, una rosa que es capaz de arrasar con el sarro y con todo lo que sea malo.

Lo importante es que salgan a relucir esos buenos sentimientos y que se brinden y demuestren a quienes se amen de veras, sean quienes sean, tengan un sexo u otro (o los dos, si son andróginos o hermafroditas).

Eres clara, diáfana, cuando vienes a reconocer lo obvio, que sigo “siendo retorcido en la expresión”, y una burlona, coñona o zumbona e irónica (a mí no me molesta que se haga lo que llevo a cabo habitualmente, que se eche mano del sarcasmo, siempre que se haga con inteligencia, se escriba dicho vocablo con ge o con jota —como sabes que hacía, en el segundo caso u opción, Juan Ramón Jiménez, autor de “Espacio”, si no el mejor, uno de los mejores poemas escritos en español—, y moderación) cuando me preguntas (“¿Nunca te lo han dicho?”) y te contestas con dos separadas interjecciones que indican risa: ja ja, como haces tú.

Celebro que te gustara. Abundas o eres del mismo parecer que el de mi amiga Antonia, que me llamó por teléfono nada más leerlo para darme la enhorabuena. Uno, Otramotro, admite que suele querer igual, poco más o menos lo mismo, a todos sus hijos de papel, pero a los últimos, los benjamines, les tiene un aprecio especial, quizás espacial (por la cercanía de su alumbramiento, que no miento, o urdidura, supongo, tal vez). Tengo para mí que es innegable que, si no hubiera leído el texto de Rosa, no hubiera escrito el poema. Ahora bien, como soy anárquico en mis lecturas, ayer me eché a los ojos una columna de Elisabeth Blumen, “El inicio de un idilio floral”, publicada en la página 101, capicúa, del número 2.151 de El País Semanal (ergo, tres números anteriores al del ejemplar donde aparece publicado el texto de Rosa), cuyo segundo párrafo arranca así: “‘Si solo te quedan dos monedas, compra con una un pan y con la otra una flor’. Proverbio chino”. Ignoro qué hubiera hecho servidor con dicha información, pero acaso hubiera pulsado las teclas apropiadas para trazar y trenzar, si no la misma duodécima, otra parecida.

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Las/os versátiles les petan

LAS/OS VERSÁTILES LES PETAN

Las/os que saben de ello aducen
Que las de letras carreras
No son vanas, no, de veras:
A la reflexión conducen
Y con lógica producen.
Las empresas de hoy respetan
A las/os versátiles; petan
Mucho las/os polivalentes,
Lleven o no lleven lentes,
Siempre que esfuerzo prometan
Y, día tras día, muestren
Que eso es cierto o lo demuestren.

Ángel Sáez García
angelsaez.otramotro@gmail.com


¿Qué novela estoy leyendo?

¿QUÉ NOVELA ESTOY LEYENDO?

Si en mí crees todavía,
Ayer vi a Saúl Zuratas,
Mascarita, sí, en Las Chatas,
Sentado allí, en la otra vía,
Esperando a otro tranvía.
Tiene bemoles la cosa,
Pero ¿acaso no es hermosa
Que vea en ciertos parajes
Reales a personajes
Creados por Vargas Llosa?

Ángel Sáez García
angelsaez.otramotro@gmail.com


Hipérbole

HIPÉRBOLE

Dilecto Julio, escritor de prestigio (luego, si sigues leyendo, entenderás la breve referencia de quien hoy, cercano el antruejo o carnaval, se ha puesto el disfraz de guasón y le han brotado en un pispás las ganas de zumbar —usado con el significado de dar a alguien vaya—):

Acabo de leer tu artículo “Inocencia”, publicado hoy, sábado, 3 de febrero, festividad de san Blas, en la página 2 de El País.

Como casi al final del primer párrafo de tu columna has dejado claro que Allen (Woody) “es historia ya del cine”, me ha llamado sobremanera la atención lo que luego, al final del segundo parágrafo, me he llevado a los ojos, por el uso brutal (así me ha parecido a mí a primera vista, cuando lo he leído la primera vez, pero acaso no haya sido tan desproporcionado) que haces de la hipérbole (cuyo significado, si echamos mano del DLE, contiene las ideas de excesivo y exagerado; ergo, has hecho lo correcto), al concluirlo de esta guisa: “Uno pasará a la historia como un creador de riqueza, y el otro como un pederasta que mientras abusaba de su hija hacía películas”. ¡Menuda barbaridad (he escrito en el margen izquierdo del diario de papel —esto, además de verosímil, es comprobable y certísimo—)!

He seguido leyendo. Así que no me ha cuadrado o encajado que, tras haber condenado tú (o los historiadores, prejuzgando tú, por tu cuenta y riesgo, qué dirán estos cuando se ocupen del caso —aceptarás de buen grado que este menda te emule y también utilice la hipérbole—) a Woody a que portara el urente baldón de “pederasta que mientras...” (una exageración en toda la regla —por lo tanto, una hipérbole pura y dura; no te pases entonces ni un pelo, Ángel—, porque, si hubieras escrito, por ejemplo, “que, mientras no hacía películas, abusaba de su hija”, la redacción aún tendría un pase —la tuya también la tiene; no tomes en cuenta lo que urde este coñón—) escribas en el tercer y último párrafo que contiene tu escrito hodierno que: “(...) pero tampoco le condena de antemano, como se está haciendo ya por parte de mucha gente sin que de momento haya habido un juicio siquiera. En la nueva caza de brujas hollywoodiense, ahora contra los abusadores sexuales, la primera víctima ha sido la presunción de inocencia, como ocurre en todas las cazas de brujas”, idea con la que abundo o coincido contigo de cabo a rabo.

Por cierto, me parece que el “le” que precede a tus verbos “libera” y “condena” es, claramente, un “lo”. He acudido, no obstante, al Diccionario panhispánico de dudas para intentar resolver la hesitación y evitar meter la pata y allí he leído lo que sigue, que “debido a su extensión entre hablantes cultos y escritores de prestigio, se admite el uso de ‘le’ en lugar de ‘lo’ en función de complemento directo cuando el referente es una persona de sexo masculino”. Como tal circunstancia se cumple en tu caso, iba a borrar lo que antecede, pero he decidido conservarlo por esta razón (¿de peso?), por que acaso alguien lea esta urdidura (o “urdiblanda”) y le saque algún provecho a lo trenzado.

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Pronto se ha comprobado que era cierto...

PRONTO SE HA COMPROBADO QUE ERA CIERTO...

Dilecta Pilar:

Si habéis cogido la gripe, soltadla al momento, porque es perniciosa. Sé de lo que hablo. A mí me ha dejado baldado.

Ya la leí y me gustó mucho. ¿Compleja? ¿Acaso nunca has dicho, leído u oído que la realidad o vida es un poliedro de ene caras? No siempre Guillermo de Ockham puede usar su navaja para mondarla y trocearla. Ya conoces una de las definiciones que dio de su principio de economía o de parsimonia: “En igualdad de condiciones, la explicación más sencilla suele ser la más probable”.

Intuía lo que deseaba y esperaba y, gracias a Dios o a Natura, pronto se ha comprobado que era cierto, que seguías viva, pero... como no me habías contestado aún... lo achacaba al catarrazo o gripazo. Eso es, poco más o menos, lo que todo el mundo dice, escucha o lee durante los últimos días: una de dos, o que lo acaba de vencer o que anda en ello.

Como tengo tu teléfono, (me) he dicho voy a ver qué hace Pilar. Así, de viva voz, a través del canal inventado por Bell, hemos tenido la oportunidad de desearnos feliz año 2018. Haré lo acostumbrado (si hubiera escrito “aré lo acostumbrado”, sin hache, te hubiera querido decir otra cosa, que en el pasado, ¿tal vez, ayer?, labré con la ayuda de una yunta de bueyes o de un tractor lo habitual), todo lo posible por leerlo (en un sitio o en otro).

Todo, absolutamente todo, en este mundo tiene complicación o dificultad, o sea, intríngulis, hasta que alguien te lo explica bien, como se debe exponer cualquier asunto o materia; ya que, una vez se ha entendido, en ese mismo instante o momento, que acaso merezca o no un monumento, deja de tenerlo.

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Carles a Puigdemont lo dejó en cueros

CARLES A PUIGDEMONT LO DEJÓ EN CUEROS

“El sabio cree que es mejor atesorar sensatez y ser desafortunado que tener fortuna con insensatez. Lo preferible, ciertamente, en nuestros actos, es que al buen juicio le acompañe siempre la suerte”.

Epicuro en “Carta a Meneceo

Tengo para mí por cierto que, a veces (muchas, seguramente), la realidad sobre un asunto en concreto, un innegable poliedro de ene caras, se nos presenta a usted, atento y desocupado lector, sea ella o él, y a mí (y, ora me imagino, ora sospecho, que tres cuartos de lo mismo les ocurre al resto de nuestros semejantes), de manera tan compleja, que podríamos plagiar tranquilamente a sir Winston Churchill cuando aireó, por primera vez, su criterio sobre lo que le parecía a él Rusia, “un acertijo envuelto en un misterio dentro de un enigma”. Sin embargo, otras (las menos) la realidad sobre un tema específico se nos muestra diáfana, como “El traje nuevo del emperador” o “El emperador va desnudo”, los títulos con los que se conoce el cuento de Hans Christian Andersen (que bebió, sin ninguna duda, del agua que manaba de un caño de la fuente que cabe hallar dentro del exemplo XXXII de “El conde Lucanor”, del infante don Juan Manuel), en el que un niño (alma cándida y sincera) dice la verdad.

Ese niño (bueno, no tan niño, que, aparentemente, no tenía nada —bueno, algo sí y hasta bastante—, que ver con el pastorcillo mentiroso de otro proverbial cuento, por lo mucho que había embelecado antes), hoy adulto, que anteayer reconoció que era verdad que él era el autor de los mensajes que (por la mañana había sacado a la luz y hecho públicos “El programa de Ana Rosa” —¡enhorabuena, por la exclusiva!—) había enviado a Toni Comín, tiene nombre y apellidos, Carles Puigdemont i Casamajó.

El sábado 20 de enero del presente año, en la página 14 del suplemento BABELIA de El País apareció publicado el artículo titulado “La religión en aforismos”, que lleva la firma de su hacedor, Jorge Wagensberg. Como colofón de las breves líneas introductorias que preceden a los 24 apotegmas que enumera, Wagensberg recuerda qué había sentenciado el físico Steven Weinberg: “Con o sin religión siempre habrá gente buena haciendo cosas buenas y gente mala haciendo cosas malas, pero para que gente buena haga cosas malas hace falta la religión”. Estoy de acuerdo con el grueso de la primera parte de la sentencia y discrepo abierta, completa y rotundamente de la segunda. Abundo con él en que, independientemente de la religión, quien durante toda su vida se ha comportado como (no escribiré Dios, no, sino el civismo) manda seguirá haciéndolo así, seguramente, y quien no pues no. Ahora bien, nada impide que las circunstancias (un cúmulo de ellas, extraordinarias, sin duda) hagan que el primero obre como el segundo y el segundo como el primero. La segunda parte de la máxima acarrea, porta o portea un evidente prejuicio, que, por inadmisible, desde mi perspectiva intelectual, considero intolerable. Los numerosos casos de pederastia en la Iglesia no deben ni pueden sepultar el trabajo abnegado, altruista y encomiable que muchos sacerdotes y monjas llevan a cabo en el primero, el segundo y el tercer mundos. De todo, bueno, regular y malo, hay en la iglesia (o viña) del señor. Bueno, pues, mutatis mutandis, si probamos a cambiar política por religión, nos toparemos con la misma media verdad, que, como todo el mundo sabe, es la peor de las mentiras. Los numerosos casos de corrupción que han cometido representantes de la política municipal, autonómica o estatal no pueden enterrar los innumerables comportamientos decentes, intachables, de otros tales que no suelen trascender con la misma facilidad a los mass media.

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¿Dónde se halla el volcán de los mil mocos?

¿DÓNDE SE HALLA EL VOLCÁN DE LOS MIL MOCOS?

Dilecta Pilar:

Mi demora en contestarte se debe a que he estado casi tres días seguidos encamado, con una gripe morrocotuda. Ayer, por la tarde, bajé al Centro de Salud “Santa Ana” (a Urgencias) porque estaba fatal. El doctor que me tocó en suerte me auscultó la espalda y el pecho, me miró la garganta, pero no me recetó nada. Que siguiera con los paracetamoles, las sopas de ajo y la leche caliente con miel. Acaso fuera lo correcto, pero, si lo llego a saber, me ahorro el viaje. Hoy estoy una pizca mejor.

Como sabes, en este mundo no hay dos personas iguales (y no porque eso digan o manifiesten —aunque, en sentido estricto, no hablen, eso es lo que dan a entender— las huellas dactilares). Cada persona vive lo que vive a su manera (más o menos coincidente, más o menos alejada de la de otras muchas). Si mi hermano hubiera muerto hace cinco años (y no hace 39) de un cáncer, por ejemplo, o de un infarto, mis sentimientos no se parecerían a los que viví otrora (o sí; no lo sé). No voy a hacer el esfuerzo estúpido de especular con ello.

Yo debo ser un calco o parecerme como una gota de agua a otra gota a tu otra amiga. Bueno, yo no me pongo triste, pero sí he pasado desde las 4 y media de la tarde del día de Navidad (exceptuando el viaje a Urgencias) hasta las 10 de hoy (con las salidas necesarias para la compra del pan, las ingestas y al baño, claro) en la cama. Abundo contigo en que lo que cuenta es cómo tengamos el corazón.

Espero no recaer. Si falto a la cita, ya sabes lo que puede haber pasado, que me haya hecho el héroe.

Lamento mucho, de veras, que tu chico haya sufrido las crudezas y durezas de un catarrazo (aunque lo mío, supongo, no era un catarrazo, sino pura y dura gripe). Te consta que, hace unos días, el DRAE ha abierto los brazos o ha franqueado la puerta a un número de palabras que no había dejado entrar todavía en él. ¿Por qué no ha incluido entre las tales a “catarrazo”, vocablo que usa todo el mundo en los meses fríos del año? ¿Por qué el aumentativo de catarro no? Quien sepa la respuesta que responda.

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"Yo tocán, yo moá", cantó el tunante

“YO TOCÁN, YO MOÁ”, CANTÓ EL TUNANTE

Si la memoria humana es selectiva,
No consigo entender por qué motivo
Cuanto lúdico fue y poco emotivo
Recuerdo. ¿Acaso antorcha creativa

Fue el hecho y haz de luz repetitiva
Que fulge por su afán interactivo?
Intermitente, sí, es el adjetivo
Que cuadra a su memoria iterativa.

Si a mí me pareció otrora hilarante,
Lo veo ahora igual, desopilante,
Mas más de cuatro décadas pasaron

Desde que lo de atrás fuera delante,
Que cantó aquel zumbón, aquel tunante,
Cuyos trinos, tal vez, me embelesaron.

Ángel Sáez García
angelsaez.otramotro@gmail.com


Cuando la verdad no importa, ¿qué importa?

CUANDO LA VERDAD NO IMPORTA, ¿QUÉ IMPORTA?

¿KUNDA PRETENDE QUE SU IDEA CUNDA?

Si, según la navaja de Ockham, “en igualdad de condiciones, la explicación más sencilla suele ser la más probable”, a nadie (de cuantas/os conozco y he debatido con ellas/os del asunto controvertido que actual y últimamente más me inquieta e intriga —y, por eso, lo traigo y tengo entre manos—, si los datos contrastados persuaden más o menos que los mensajes emocionales), le debería extrañar la conclusión a la que llegó la psicóloga social Ziva Kunda, que, poco más o menos, puede formularse así: que lo lógico y normal es que las personas lleguemos a las conclusiones a las que queríamos llegar. Cabe colegir, por tanto, de lo urdido arriba que, como ella no era una excepción a dicha regla, Ziva no logró escaparse de las garras y/o fauces de dicho sino o destino. Así que es razonable preguntarse qué es lo que pretendía de verdad Kunda, y, asimismo, conforme a razón contestarse que, acaso (y hasta sin acaso) que su idea cundiera.

Para todos los seres humanos (hembras y varones) nuestra composición, idea o visión del mundo, nuestra vida, es un relato o rompecabezas en el que tienen que encajar, sin chirriar, sin desentonar, como en cualquier maquinaria, mecanismo o motor bien engrasado, todas las acciones, todos los párrafos, todas las piezas.

Si una verdad recién salida del horno contradice nuestra verdad original, primera, prístina, y, en lugar de hacer lo cabal y correcto, lo decente, como manda el rigor intelectual, seguir al filósofo alemán Karl Popper (para quien la verdad era siempre sospechosa, y gozaba de una condición interina, provisional, de tal manera que, en el supuesto de que una verdad fuera refutada por otra, esta se encargaría de abatir y acabar con la falsa, o de bajarla del pedestal sobre el que hubiera sido colocada, o de echarla y de ocupar en ese mismo instante su trono), la ignoramos, porque no cuadra con nuestro relato o rompecabezas, o la desechamos, porque, como no nos sirve, deja de tener importancia para nosotros, ¿qué podemos hacer para salir incólumes de dicho aprieto?

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Miércoles, 21 de febrero

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