El Blog de Otramotro

Epístola a Jesús, un epígono de Otramotro (XI)

EPÍSTOLA A JESÚS, UN EPÍGONO DE OTRAMOTRO (XI) 

   Dilecto Jesús (ese que yo sé), epígono de este aprendiz de ruiseñor:
 
   Acepto tu crítica a propósito de los tópicos de Otramotro (en amarillo —yo hubiera elegido, sin duda, por más notorio, el color rojo—), pero es que la aparición de los tales estaba buscada, motivada, por ser esa, en concreto, y no otra la intención del autor.
 
   Espero superarme (a tus ojos) en mis relatos futuros, que tengo en la mente y en el telar, a medio urdir.
 
   Las “consecuencias de aquello” (me temo) las tendrá que aportar el atento lector (o lectora) del cuento, quiero decir, deberá extraerlas de su propio magín y/o zurrón.
 
   Como ves, acabo de resucitar. Alberto ha abierto el cíber-café “Praga” hoy, como cualesquiera otros días de fiesta, a las seis y media. Tengo diez correos que contestar, pero tú eres el primero (y por partida doble, si sumamos el escolio en mi blog) que recibirá mis respuestas.
 
   Te agradezco mucho, de veras, que me hayas servido en bandeja y primicia tu breve crónica sabatina.
 
   Insisto en recordarte lo que te he dicho otras veces, que conoces los recursos literarios y tienes la inteligencia imprescindible y el humor necesario para trenzar “urdiblandas” y/o urdiduras; pero no basta con ponerse a ello; hay que ser constante, perseverar.
 
   Te consta que no me disgusta que me compares con el “Fénix de los ingenios” y/o el “Monstruo de la Naturaleza” (según el parecer de otro genio, Cervantes), don Félix Lope de Vega y Carpio. Es chanza.
 
   No es mi propósito molestarte, pero ahora me nace escribirte (espero y deseo que con arte) esto, que es bueno discrepar de lo que sostiene/n otro/a u otros/as, si, sensu stricto, eso sentimos, que disentimos. Yo, aquí y ahora, verbigracia, como no me ajusto a tu sentir, soltaré (ponte tapones en los oídos o, al menos, gafas de sol, si quieres mitigar su resonancia o reverbero) ¡benditas rutinas! Bienvenidas, bienhalladas y bienhadadas fueron, son y serán las tales siempre que sean creativas, aunque empiecen y terminen con las ya habituales, casi proverbiales, marcas de la casa.

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Epístola a Jesús, un epígono de Otramotro (V)

EPÍSTOLA A JESÚS, UN EPÍGONO DE OTRAMOTRO (V)

Dilecto Jesús (ese que yo sé), epígono de este aprendiz de ruiseñor:

Como lo principal debe encabezar o ir delante, aquí obran, en el arranque de la presente misiva, las dobles parejas que el azar me ha deparado: ¡Olé!, ¡olé!, y ¡sombrerazo!, ¡sombrerazo!

Déjame decirte/urdirte que lo que has trenzado ha sido un relato corto o cuento hiperbreve precioso. Has hecho con el barro que te he suministrado, con los pocos datos que te he dado sobre mi padre y tu fondo intelectual, tu inteligencia emocional, un microrrelato que ya no escribiré, porque lo has urdido tú estupendamente. Y es que tengo la sensación refractaria de que no podría mejorarlo, pues lo has bordado. De veras. Me ha gustado mucho. Hazme o no me hagas caso, pero con él puedes hacer varias cosas, verbigracia, puedes probar su inconcusa excelencia en otros lugares, o sea, puedes presentarlo a varios concursos de cuentos hiperbreves y hacerte acreedor al máximo galardón en alguno de ellos. No eches mi recomendación en saco roto. Atrévete.

Estamos a jueves (cerciórate de que es así, de que ese es el día de la semana en el que nos encontramos hoy, jueves), durante toda la jornada.

Es una certeza clara y segura, incontrovertible. Abundo contigo en que el mayor regalo que nos puede deparar la vida es constatar, un día sí y otro también, que, a pesar de todos los abrojos habidos y/o todas las penalidades por haber, seguimos, no obstante los achaques, estando vivos.

Ciertamente, el filósofo alemán Friedrich Nietzsche dijo y dejó escritas algunas verdades como puños (y hasta como seos, catedrales). A mí me gusta recordar, por ejemplo, la que sigue, que puede leerse en la introducción de su “Ecce Homo” (nada que ver con el mediático óleo que pintó Elías García Martínez sobre revoco o yeso en el Santuario de Misericordia, de Borja —Zaragoza— y que adquirió nombradía mundial cuando trascendió el estado fallido —en internet, humorísticamente, pasó a llamarse “Ecce Mono”— en el que lo había dejado la restauradora del mismo, Cecilia Giménez Zueco): “Recompensa mal a su maestro quien quiere seguir siendo siempre su discípulo”.

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¿Que quién está detrás de "Metomentodo"?

¿QUE QUIÉN ESTÁ DETRÁS DE “METOMENTODO”?

UN JUBILADO ZUMBÓN

“Convendría, por higiene, cambiar de ideas, de convicciones, de principios, como se cambia uno de ropa interior. Quien profesa durante largo tiempo una ideología termina ensuciándola; no me hagan decir con qué”.

Fernando Aramburu

La poca gente de mi edad (quienes superan las sesenta y tantas —muchas— primaveras) que en este barrio aún trabaja (por cuenta propia, claro) me pregunta con alguna frecuencia en qué invierto mi tiempo a diario, ahora que estoy jubilado.

Pues hago un montón de cosas; leo, escribo, pinto, oigo la radio, veo la televisión, voy al súper, saco a Berganza a que haga sus necesidades, callejeo, ensayo con “Talía”, mi grupo de teatro aficionado,... les contesto.

Ayer, verbigracia, mi santa esposa, Belén, me mandó a Correos para que recogiera un paquete que le había enviado su hermana, Lucía, desde el pueblo. Como había una larga cola, tardé el doble de lo acostumbrado en llevar a cabo la mentada gestión, unos diez minutos.

Cuando salí, un agente de la policía municipal estaba rellenando una multa, pues alguien había cometido una infracción al haber estacionado su vehículo en un lugar prohibido. Me acerqué a él y le dije: “¡Vaya hombre, pero si no he tardado nada! Dios vería con buenos ojos que usted tuviera un gesto generoso con este pobre jubilado”.

El guripa no me hizo el menor caso y siguió a lo suyo, cubriendo los espacios en blanco de la “receta”. Reconozco que me pasé tres pueblos, o sea, que no estuve, no, a la altura de las circunstancias, cuando le espeté que no tenía ni un ápice de consideración conmigo y que su actitud me producía alipori.

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¡Cuánta mierda en la escultura!

18.02.13 | 14:00. Archivado en Ficciones, Economía, Poemas, Educación, Microrrelatos, Arte, Sueños, Humor

¡CUÁNTA MIERDA EN LA ESCULTURA!

Siendo joven tuve novio.
No llegamos a casarnos
Ni tampoco a desfogarnos.
Él se prendó de un microbio
Y yo me quedé sin novio.

Tras su muerte prematura,
Consideré la aventura
Y a trabajar vine a Roma:
Posa y caga una paloma;
Finjo bien ser escultura.

Edurne Gotor, “Metonimia”

Ángel Sáez García
angelsaez.otramotro@gmail.com

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El roce hace el cariño

EL ROCE HACE EL CARIÑO

(ASÍ ME LO HA TRANSMITIDO MI COMPAÑERA, EVA)

POR JESÚS MANUEL PÉREZ SÁEZ

Señeras y señeros Pluto, Niebla, Rintintín, Scooby Doo, Lassy,...

Querido perro:

Te comería a besos, ya que solo te falta hablar, aunque yo trato de entender y desentrañar todo lo que pasa por esa loca cabecita canina y, a veces, hasta lo consigo.

Cuando llego a casa, cuando escuchas el ruido de las llaves en la cerradura, acudes raudo a saludarme, mientras mueves tu cola zalamera; y cuando me voy, ladras (solo te falta llorar para sentir mi ausencia). Me esperas pacientemente en tu camastro y te comportas como un hijo (o mejor que un niño egoísta y mal criado de los “ninis”, que tanto abundan) cuando vamos juntos al parque al caer la tarde. Comes lo que te doy, sin rechistar, a las horas en que puedo compartir contigo las ricas meriendas. Me haces compañía cuando estoy solo y hasta me proteges cuando me acecha algún peligro. Lames mis heridas con la lealtad que siempre esperé tener de mis amigos. Por eso eres uno más entre ellos y estás (sin duda) entre los mejores. Y todo... ¿a cambio de qué? No tienes la malicia ni el interés de los humanos que siempre anteponen su provecho al cariño que regalan. Tú jamás me harías sus perrerías...

Ruego emperradamente al Dios de los canes, que puedas tener en mi compañía tu pedacito de cielo y que me dures muchos años. Procuraré achucharte en mi regazo y acariciar tu lomo suave y de seda, tantas veces como pueda.

¡Guau! ¡Qué suerte haberte conocido y compartir contigo esos momentos que hacen que cada día nos queramos un poco más!

No escatimaré, “a lo perro” (como solemos decir aquí para definir comportamientos humanos poco éticos), un cordial saludo y un beso de amigo de

Jesús Manuel Pérez Sáez (o, si lo prefieres, ese que tú sabes)


¿A la fiera, Jesús, has despertado?

¿A LA FIERA, JESÚS, HAS DESPERTADO?

Dilecto Jesús:

Ayer esperé la tarde en vano a que te dignaras comentarme (por supuesto, no tienes ninguna obligación de hacerlo; no lo tomes por el lado equivocado o torticero, porque no te estoy echando en cara nada), al menos, el último de mis poemas. Pensé que, tal vez, andabas trenzando un soneto con el que demostrarte y demostrarnos a cuantos te leemos aquí, casi a diario, que eres capaz de urdirlo como hizo el menda, sin mayor problema. Llegué a pensar a ratos que me odiabas (por haberte metido en un embrollo o mezclado en el compromiso de coronar otros catorce versos endecasílabos con los que contestar a los míos y hasta contrarrestarlos) y a ratos que no (si tú, con tu escolio, me habías espoleado a componer un soneto, aventuré que entendías que con el resultado de ese aguijonazo lo que servidor pretendía era, sencilla y simplemente, tres cuartas partes de lo mismo, acicatearte, incitarte a escribir otro con arte. De lo que no dudaba era de que estabas dedicando esas horas a estrujarte las meninges, a llevar a cabo el menester mencionado.

Esta tarde (tu apostilla ha aparecido en mi blog dos minutos antes de las cinco), como tus escolios seguían brillando por su ausencia, me ha dado por urdir, a partir de lo descrito, otro soneto. Este, que obra abajo y lleva el título de “Ignoro la razón, quid o motivo”, está escrito con fino humor (he aliñado sus versos con dos gotas, solo dos, de mordacidad; te pido perdón de antemano por verterlas, aun cuando las tales no pueden llegar, en modo alguno, a ser tenidas por mera aspersión de hisopo sarcástico; ni siquiera ha habido intención de criticarte con acritud o malignidad). Así como tú interpretas, de cuando en vez, el papel de fiscal, yo he adoptado esta tarde el rol de abogado del diablo o promotor de la fe. Ya sabes, Jesús, la persona que en los procesos de beatificación y de canonización de la Iglesia Católica intenta buscar contradicciones u objeciones a las buenas causas señaladas.

Espero y deseo que a ti y a cuantos lean esto hoy, mañana o cuando sea, te/les guste.

IGNORO LA RAZÓN, QUID O MOTIVO

Ignoro la razón, quid o motivo,
Por la/el que ayer, Jesús, no me escoliaste.
Pienso a ratos que sí y que no me odiaste.
Sospecho que estuviste creativo.

Soy un ser fantasioso, ente intuitivo.
Por tanto, como tú a mí me avivaste,
¿La manta a la cabeza te liaste?
¿Dudaste entre un buen postre o aperitivo?

Si Otramotro, que no es Quevedo, pudo
Componer en dos horas un soneto,
Jesús, como tú no eres un cateto,

Seguro que pensaste lo que el rudo
O tosco que la norma del embudo
Usó y no llamó nadie más paleto.

Ángel Sáez García
angelsaez.otramotro@gmail.com

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¿Por qué no la emprendí a crucifijazos?

21.04.11 | 14:00. Archivado en Microrrelatos

¿POR QUÉ NO LA EMPRENDÍ A CRUCIFIJAZOS?

(¿POR QUÉ DIOS NO CREÓ EL AVERNO O INFIERNO?)
 
   Al rato de haber entrado en cierta iglesia para rezar, por la misma puerta del fondo, por la que yo había ingresado, irrumpió una turbamulta con, por lo que deduje al vuelo, el doble propósito de saquearla y destruirla. Aunque en un primer momento me brotó la idea de defenderla, usando como arma ofensiva el crucifijo de madera que portaba en mi diestra, o sea, a crucifijazo limpio (al menos, el primero; pues el resto, me temo, serían sucios, al ir Cristo, seguramente, ensangrentado), desistí al instante, porque tuve una revelación. Me vi, llegada la parusía, frente a Jesús, que me preguntaba acerca de los cardenales que cubrían, por entero, su anatomía (no marro al aseverar que toda su piel era un morado, pero con diversas tonalidades), y yo le contestaba la razón que él, precisamente, me había brindado, cedido e inspirado para que no contribuyera con mis crucifijazos a que sus moratones fueran más.
 
   Aunque haya a quienes resulte pretencioso leer lo que sigue, gracias a la intuición que tuve y a la sabia decisión que adopté, evité que Dios creara (para uso exclusivo del menda, por supuesto) el averno o infierno.
 
Ángel Sáez García
angelsaez.otramotro@gmail.com


Adiós, disfunción eréctil, adiós

24.04.10 | 18:00. Archivado en Ficciones, Microrrelatos

ADIÓS, DISFUNCIÓN ERÉCTIL, ADIÓS

(A VER SI, ASÍ, YA NO ME MANDAN MÁS PROPAGANDA AL RESPECTO)
 
   Hubo un tiempo (no tan lejano en el ídem) en el que mi existencia (por azarados y azarosos argumentos cancerosos, gangrenosos —llamados de esa guisa porque el albur, refractario, seguía, erre que erre, en sus trece, cancelando hasta las rosas más apreciadas y preciosas para mí, las rojas) se me antojó un proyecto vital absurdo, fallido, irrealizable; en el que el mundo, realidad poliédrica donde las haya, se empeñaba en enseñar, en esgrimir, en exhibir, su faceta o máscara más oscura, atiborrada de puntos (en los que brillaban, por su ausencia, los cuatro proverbiales, cuatro, cardinales; y, por su presencia, los barros, las espinillas) y agujeros negros, donde pugnaban por no ahogarse en sus vacíos respectivos dos náufragos, el esperanzador Amor y el caritativo Humor; hasta que apareciste tú, Alba, en el curso de mi vida; y llenaste mi peregrinaje por este valle de lágrimas de enhiestas ensoñaciones primaverales, acallaste y allanaste mis penas; y, como colofón, agrandaste y endureciste, sin tener que ingerir una sola pastilla azul de sildenafilo, mi pene.
 
Ángel Sáez García
angelsaez.otramotro@gmail.com

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Diuturno y luengo poema

23.04.10 | 14:00. Archivado en Ficciones, Microrrelatos

DIUTURNO Y LUENGO POEMA

Este es, grosso modo, el ceremonial que sigo casi todas las tardes, Soledad, nada más llegar de la biblioteca. Tras cerrar la puerta, quitarme los zapatos y ponerme las pantuflas, antes de sentarme en el sofá a versear, encamino mis pasos hacia la cocina, abro la puerta del frigorífico y extraigo un fresco botellín de cola, al que, ayudándome de un abridor, dejo en un pispás sin boina. Tres cuartas partes de lo mismo hago con un fósforo, que deslizo por la superficie esmerilada que hay en uno de los laterales de la caja de cartón que lo contenía, descabezo y uso para prender una vela roja cuya luz realza las facciones sonrientes de tu rostro, fotografía que te hice, recuerdo, cómo olvidarme de ello, junto a la Puerta del Juicio de la seo algasiana, la primera vez que te guiparon mis ojos. Cojo la libreta, empuño la péñola y urdo una décima en el diuturno y luengo poema que comencé a trenzar hace una década larga, aquella tarde remota en la que, por padecer una más que probable poliposis familiar de colon, el cirujano, para prevenir males mayores, me convenció de la necesidad imperiosa de que dejara que él y su equipo me practicaran una colectomía total. Poema donde voy agavillando las razones de peso, con miga, por las que, aunque sostengo, a machamartillo, que nuestros deudos y amigos íntimos debieron de ennicharnos juntos otrora, la aciaga tarde de tu funeral, sigo posponiendo, un día sí y otro también, mi suicidio.

Ángel Sáez García
angelsaez.otramotro@gmail.com

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La mala sombra

25.04.09 | 13:03. Archivado en Ficciones, Microrrelatos

LA MALA SOMBRA
 
   “Y fueme peor, como V. M. verá en la segunda parte, pues nunca mejora su estado quien muda solamente de lugar y no de vida y costumbres”.
 
   Francisco de Quevedo y Villegas
 
 
   María de la Soledad, quiero decir, Marisol (o, también —he de reconocer, sin ambages, que podría formar una legión, si agregara y dispusiera convenientemente, uno tras otro, a todos sus allegados, o sea, amigos y deudos, que la conocían por la sílaba final de dicho hipocorístico—, Sol, a secas), decidió marcharse a las antípodas para ver si allí cambiaba de manera ostensible y hasta definitiva su suerte. Apenas habían transcurrido unos minutos, desde que, exultante, hecha una mujer nueva, sonriente, bajara del avión, cuando, antes de recoger las dos maletas de su equipaje (que le iban a pesar como dos losas o muertos) de la cinta giratoria, en uno de los espejos de uno de los baños de aquel aeropuerto neozelandés, tras lavarse y secarse la cara y las manos, comprobó que el vuelo había sido en vano, pues mudarse hasta el lugar opuesto del globo terráqueo no le había servido de nada. Velis nolis, su mala sombra, la que, por azar le tocó o asignaron al nacer, le seguiría a ella, otra femme fatale, por doquier, hasta el final de sus días, que, por cierto, ocurrió, recientemente, en la desangelada habitación de un psiquiátrico.
 
Ángel Sáez García
otramotro@tudela.com


Los libros nos hacen libres

LOS LIBROS NOS HACEN LIBRES

“No es preciso tener muchos libros, sino tenerlos buenos”.

Lucio Anneo Séneca

Berganza llamo a mi chucho
Desde que le oí ladrar
La idea para medrar:
“Anda mucho y lee mucho;
Verás mucho y sabrás mucho”.

No obstante te hayas reído,
No merece ser leído,
Aunque así te lo parezca,
El libro que no merezca
La pena ser releído.

Ángel Sáez García
otramotro@tudela.com


El ATS y las ITS

30.12.08 | 12:53. Archivado en Ficciones, Microrrelatos

EL ATS Y LAS ITS

Podéis llamarme como os plazca; “monstruo”, si así lo decidís. Hace un año largo adopté el nombre de la colonia que me pongo antes de salir de paseo (mejor, de caza), “Eau d´ été” (que traduzco, pésima y vulgarmente, a sabiendas, por “Jódete”), como seudónimo. Desde marzo de dos mil tres, realizo las tareas propias de un enfermero en la planta tercera (sección de Urología) del Hospital “Ramón y Cajal”, de Algaso.

Anoche, plenilunio, me di una vuelta por el parque “Fernando Remacha” y la zona aneja, rústica, de regadío, que la gente conoce como “El Zahorí”.

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Jueves, 23 de mayo

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