El Blog de Otramotro

¿Pilar? ¡La mejor del orbe!

¿PILAR? ¡LA MEJOR DEL ORBE!

No sé si el mejor del mundo
El don de ser oportuno
Debe tener; el de tuno
Ha de exhibir un segundo
Por lo menos, Segismundo.
Sé que la mejor del orbe,
Aunque escucharlo/leerlo le estorbe
A quien mejor mujer crea,
Es Pilar. ¿Por qué la brea
La que sopla cuando sorbe?

Ángel Sáez García
angelsaez.otramotro@gmail.com


Chupinazo

CHUPINAZO

Desde que tengo uso de razón, siempre he luchado (quien haya superado la mayoridad habrá constatado que vivir es una pugna constante por sobrevivir) por alcanzar o conseguir lo que deseaba y me satisfacía, atrapar o capturar a todo trance un “cronotopo”, o sea, el lugar apropiado en el momento oportuno. Evidentemente, en medio de dicho “cronotopo” siempre me hallo yo, ora como protagonista, ora como testigo directo, con capacidad para desdoblarme y replegarme, es decir, adoptar un papel u otro, según sea mi voluntad.

Si estoy, por ejemplo, en la Plaza Nueva (o de Los Fueros) de Tudela un veinticuatro de julio, minutos antes de que den las doce del mediodía en la Casa del Reloj, empiezo a pensar que se pueden escribir unos renglones torcidos sobre ese instante concreto, en el que una muchedumbre, vestida como yo, con prendas blancas y rojas, aguarda, con alegría contenida, que comience la fiesta.

Tras escuchar tres vivas (a Navarra, Tudela y Santa Ana), imagino que, impulsado por una repentina fuerza descomunal, asciendo raudo, como una flecha, por los aires hasta que llego a la altura adecuada, doy de lleno en el blanco o centro de la diana idónea y exploto.

Ángel Sáez García
angelsaez.otramotro@gmail.com


Ve cómo un cuervo abrió una caja fuerte

VE CÓMO UN CUERVO ABRIÓ UNA CAJA FUERTE

No había pasado media hora desde que le había enviado a mi amigo más viajero, Eladio, un “wasap” en el que, entre otras cosas, le aducía que, siempre que comía y/o cenaba en casa, solía dejar, encima de la mesa, para el postre una pieza de fruta (manzana, naranja, pera, melocotón, plátano, etc.) o un yogur y cuatro nueces, ya que consideraba (eso sigo pensando hoy a pies juntillas, a pesar de que no tengo ninguna evidencia científica —todos acarreamos algún prejuicio— de que tal cosa sea verdad irrefutable) que esos ocho cerebros (si abundamos en el parecer de que cada nuez contiene dos) contribuían a fortalecer el mío, cuando él me ha contestado con otro, las dos líneas que siguen y, a renglón seguido, me ha enviado otro con el vídeo:

“Mira con atención lo que grabé ayer con el móvil desde la terraza de la habitación que ocupo en el Shibuya Excel Hotel de Tokio (Japón)”.

He mirado y he visto cómo un cuervo, que llevaba algo en el pico (luego he comprobado que era una nuez) se ha posado en un cable del tendido eléctrico, cerca de un semáforo, encima de un paso de peatones. Cuando se ha puesto el semáforo en rojo para los viandantes y los automóviles han reiniciado la marcha, el cuervo ha dejado caer la nuez sobre la calzada. Al parecer (ignoro si he colegido lo cabal), confiaba en que acaeciera lo que ha sucedido, que las ruedas de un auto, de dos o tres, han roto la cáscara. El cuervo se ha valido de esa pintiparada circunstancia o herramienta ajena, del tránsito vehicular, como si fuera un cascanueces. Cuando el semáforo se ha puesto en verde para los peatones, el cuervo, que no había perdido de vista el fruto seco, ha volado hasta donde se hallaba la nuez cascada, la caja fuerte recién abierta, y se ha hecho en un pispás con su botín o presa. Tras la visión de dicha grabación, se ha impuesto lo obvio, esta interrogación: ¿Qué le lleva a decir a tanta gente que solo el hombre es ente inteligente?

Ángel Sáez García
angelsaez.otramotro@gmail.com


¿Sabe lo que le aguarda tras la esquina?

¿SABE LO QUE LE AGUARDA TRAS LA ESQUINA?

Desde que conozco a Sofía, los doce o trece años suyos, siempre que la veo por la calle anda tiesa, erguida, enhiesta y se muestra circunspecta, prudente. Cuando ambos acudimos a la misma reunión, compruebo lo que ya sabía de ella, que nunca es la primera en tomar la palabra. Espera a que hablen los demás, a quienes acostumbra a escuchar con suma atención. Luego, si tiene algo que decir (cosa que no siempre ocurre), lo comunica de la forma más sencilla (para ella y el resto). A la comisura de sus labios no le suele faltar su asidua sonrisa. En las juntas de vecinos de nuestra comunidad (donde ella tiene un piso alquilado) me he fijado que, duren lo que duren, jamás se sienta en las escaleras y, recostada o no en una pared, permanece de pie, como yo. Acaso esto tenga que ver con un miedo cerval asumido a pronta edad, en su más tierna infancia. A quien le hace preguntas que entiende y deduce a qué obedecen o por dónde van, le suele contestar de forma amable y sucinta. Yo ayer, verbigracia, le pregunté: ¿Vienes de ver una película tierna? Juraría que has llorado, Sofía. Para película triste, de pena, mi vida, Tapia, me contestó. Mañana, nadie sabe lo que le espera tras la esquina, a las siete y media de la tarde, acudiré a su funeral.

Ángel Sáez García
angelsaez.otramotro@gmail.com


Me fijé en la faceta fisiológica

ME FIJÉ EN LA FACETA FISIOLÓGICA

Dilecta Pilar:

No busco sucedáneos (buscaría en todo caso chocolates de los buenos, pero la vida me ha enseñado que el que busca a veces encuentra y a veces no halla). Iré (y, si es bien acompañado, mejor, miel sobre hojuelas).

Bueno, son varios momentos (el paso del tiempo es necesario, aunque dicho espacio sea corto) en apenas media hora, ciertamente. La realidad nos suministra mucha información. Ahora bien, hace falta estar alerta, atento, para captar lo precipuo o principal de cuanto ocurre y apuntarlo en nuestra mente o en nuestra libreta.

Cierto. Yo me fijé en la faceta o parte fisiológica del asunto (la vuelta de los ancianos a la niñez) dando por sobreentendida la anímica y espiritual.

Que vaya la presentación de cine y te lo pases estupendamente el sábado. Yo iré, Deo volente, como he hecho otros años, en la grata compañía de mi hermano Jesús María, “el Chichas”, a la entrega de los premios “Goya” (una botella de moscatel, hecho en Corella) de la peña “La Teba” (acrónimo de Tudelanos En Buena Armonía) en el salón de actos de Jesuitas.

Te mando (abajo) la epístola como aparecerá publicada en mi bitácora (supongo que a primeros de junio).

Luego leeré (tengo que terminar antes el artículo que publicaré luego) tus dos nuevos microrrelatos, pero he de reconocer que era mucha la tentación, ¡diantres!, y he vuelto a caer, a pecar.

Acabo de leer, de manera rápida, tus otros dos microrrelatos. En “El banco del parque”, que contiene todos los colores que cabe hallar en una paleta de pintor, cuentas la historia de quien tuvo casa y, por los motivos que fueran, la perdió; luego halló o se hizo una en un banco del parque. Por las razones que fueran (la imaginación es fértil, variopinta), decidió cometer un delito penado con cárcel para vivir bajo techo en la prisión de Zuera, donde ahora tiene (ha logrado formar de nuevo) una familia entre los otros reclusos.

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La narración acaeció en mi seso

LA NARRACIÓN ACAECIÓ EN MI SESO

Dilecta Pilar:

Eso es lo que te decía en un correo anterior: cuando algo te ha sido útil antes, cuando algo te ha servido, no te deshagas de ello, sea lo que sea, porque puedes necesitarlo, si no mañana, pasado. Si has sido precavido y lo has guardado, podrás echar mano luego de ello, cuando lo precises de nuevo.

La narración acaeció en mi seso. Es pura ficción. Emilio González, “Metomentodo” (si tomas la primera letra de su nombre, E, las dos iniciales de su apellido, Go, y las tres que arrancan su alias o seudónimo, Met, y las juntas, en ese mismo orden, formarás la palabra Egomet —que fue uno de mis seudónimos in illo tempore, cuando hacía mis pinitos literarios, cuando comenzaba a trenzar prosas y versos, más de los últimos que de las primeras—, que en griego significa yo mismo) es uno de mis heterónimos, como dejo caer sin querer (me desdigo al instante, esto es, queriendo) en el propio texto. Su autor, servidor, el abajo firmante, pretendía que fuera una reflexión en torno a la violencia (y los diferentes grados que cabe advertir de la misma), cuando apenas quedan muestras de la tal. Parece que, por los parabienes recibidos, he conseguido lo que me había propuesto.

Menos mal que no escribo todo lo que sueño (dormido y despierto), todo lo que imagino. Hoy, por ejemplo, he soñado (mientras hacía la siesta y dormía) que había ocurrido un magnicidio en los Estados Unidos de América; y no es trampa (aunque el gerifalte —a quien no le falto, no, por llamarle así— occiso se apellide casi casi de esa misma guisa). Si lo hiciera, me temo, me llevarían directamente y encerrarían hasta solo sabe Dios cuándo en una clínica psiquiátrica o frenopático. Tengo para mí que con Pessoa me hubiera llevado a las mil maravillas, estupendamente (o, por el contrario, tal vez, hubiera habido un desacuerdo diuturno, evidente, o mantenido con él una guerra sin cuartel, debido, entre otras razones, a la algarabía permanente entre ambos).

A ver si puedo ver “Campeones” pronto (si no es este año, que sea antes de que pase un lustro). Ha habido películas que he visto en la tele o en vídeo una década después de que hubieran sido estrenadas. Gracias por la recomendación. Ya sabes que no me gusta ir solo al cine. Lo mejor de ir al cine (no sé si te lo he escrito alguna otra vez antes) es comentar, a la salida de la sala de proyección, el filme.

Es una lástima; al menos, te queda el otro sendero expedito, el de los sueños que ideas estando despierta, el de tu imaginación. Me consta que la avenida de la creatividad la transitas desde hace mucho tiempo ad libitum, por eso no había hecho referencia a la tal (la había dado por supuesta, sobreentendida).

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Te agradezco un montón la sugerencia

TE AGRADEZCO UN MONTÓN LA SUGERENCIA

Dilecta Pilar:

Pues ya sabes qué debes hacer: tienes que seguir por esa senda (o cauce), dejándote llevar por los aires (o las aguas) de la imaginación.

Te agradezco un montón la sugerencia, pero reconoce que sería como tomar, en lugar de chocolate, un sucedáneo (mutatis mutandis, el aguachirle que le sirvieron, en cierta ocasión, unas hermanas clarisas a Quevedo y él repentizó aquella famosa redondilla: “Monjas claras, claro está; / pero es grande disparate / dar agua por chocolate / y no decir ¡agua va!”.

Pues, antes de ponerme a redactar las notas que he tomado en casa (a ver qué sale), me paso por tu blog para leerlo.

Parece que en “Plaza Santo Domingo”, tu microrrelato (una reflexión sobre el cambio o los cambios, en definitiva, el inexorable y raudo paso del tiempo), optas por el disfraz de fotógrafa y te dedicas a hacer varias instantáneas en momentos distintos. La primera foto se la haces al señor que va en silla de ruedas y tiene por pies palomas (les haya echado él el alpiste para que lo comieran o no). La segunda foto se la tiras a esa patulea mestiza, mixta, de niños del extrarradio o emigrados (sus padres buscaron mejor vida para su familia en otro país, en otra ciudad, Zaragoza). Supongo que es verano y no tienen dinero para ir a bañarse a una piscina. La tercera foto recoge la nueva carnicería (¿por qué has escrito “carnecería”? Ah, bueno, puede que la palabra aparezca escrita así en el letrero) que un emigrante ha abierto para vender a otros, con igual origen que el suyo o no, la carne de las reses sacrificadas por el rito musulmán. La cuarta se centra en un joven de piel oscura, desplazado, recién duchado, que quiere hablar por teléfono en una cabina que no funciona (¿por qué con un denario? ¿Acaso porque suena a dinar y piensa que aún está en su país, sea o no del Magreb?) hace mucho tiempo (el móvil se ha impuesto). La quinta foto (no hay quinta mala) recoge hasta el audio de tu tío: una especie de profecía fatídica (más que propicia): quizá barrunte que pronto no habrá niños jugando alrededor de la fuente, como repararás luego en ello. La sexta se centra en tu tía, incapaz de andar, cercana a la muerte (haciendo el viaje de vuelta a la niñez —algunos ancianos vuelven a ser como niños: se cagan y se mean encima y necesitan pañales, pero más grandes que los de antaño—). La séptima retrata la vida misma: en un visto y no visto, pasa nuestra existencia (hay quien dice que a la hora de la muerte uno ve su vida en un rápido tráiler que dura un santiamén o pispás). La octava foto constata que, como las piernas añosas fallan, cada vez más ancianos necesitan andadores para desplazarse y poder cubrir así pequeñas distancias, de manera autónoma. La no(ve)na vuelve a la fuente donde ya no hay niños (nuestra sociedad va envejeciendo paulatinamente y, o se pone rápido remedio al problema y promueve la natalidad, o el envejecimiento irá a más). La décima y última la haces mientras asciendes al cielo, metamorfoseada en una de las palomas mencionadas en la primera foto, como queriendo cerrar el círculo.

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Te comportaste bien, "Metomentodo"

TE COMPORTASTE BIEN, “METOMENTODO”

(CUANDO NO DEJA ESTELA/HUELLA/RASTRO LA VIOLENCIA)

Esta mañana, atento y desocupado lector, seas ella o él, mi querido heterónimo y amigo Emilio González, “Metomentodo”, me ha mandado el siguiente correo electrónico:

“Estimado Otramotro, ayer me ocurrió lo que, me creas o no, en el supuesto de que un juez me conceda la oportunidad de relatarle pormenorizadamente mi versión de los hechos, me acaeció al poco de salir del cine de ver “Campeones”, en mi opinión, el mejor filme firmado por Javier Fesser.

“Cerca de casa, a no más de trescientos metros, un tipo robusto, como un armario ropero, y malencarado (pude observar su rostro cuando llegué a la esquina —donde hay una sucursal de Ibercaja—, que suelo doblar para enfilar el último tramo de avenida que me lleva y deja junto al portal del edificio donde tengo mi choza) se me acercó al final de la calle Sorpresa, que todo el mundo conoce por su sobrenombre, Monja enchironada, me pidió la hora y se la di: las once y veinte pasadas.

“Pensé que me había deshecho de él, que lo había dejado tras mis pasos, cuando, inopinadamente, me lo topé de frente y siguió con su monserga:

“—Oye, no tengas tanta prisa. Como estoy obsesionado con la hora, he pensado que, si te pido de manera insistente que me regales tu peluco, acaso consiga que te avengas a ello. ¿Te amoldas?

“Enmudecí. El miedo cerval me acostumbra a robar el habla. Como te consta, desde que me están dando la quimio, parezco un alfeñique, así que escuchar la susodicha propuesta, ciertamente, me desagradó un montón, pero más me disgustaron todavía las consecuencias que colegí si rehusaba condescender al trámite, ya sabes, mutatis mutandis, aquello que aprendimos en la Facultad de Derecho de que la causa de la causa es causa del mal causado.

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Una pareja envidiable

UNA PAREJA ENVIDIABLE

Soledad, que tanta compañía me hace (¡menudo oxímoron!, sí), por culpa de la artritis y de la artrosis, cada día se mueve con más dificultad. Quien otrora disfrutaba tanto como yo (o más) cada vez que subíamos al monte, ahora rehúsa ir al parque y suele torcer el morro cuando le propongo salir a tomar una caña o un gin-tonic. La hija de Paloma, fiel donde las haya (de casta le viene a la galga italiana serlo), y servidor, según gustan airear nuestros allegados, formamos una pareja inseparable, inolvidable, envidiable. Desde que se ha hecho mayor, se ha vuelto una comodona y se pasa el día tirada en el sofá, durmiendo a pierna suelta, como una marmota.

Cada dos por tres, le suelo largar esa copla popular que dice que “ni contigo ni sin ti / tienen mis males remedio; / contigo, porque me matas, / y sin ti, porque me muero”, ya que, cuando la tengo al lado, no paro de echar pestes de ella; y, cuando no la noto cerca, la extraño una barbaridad. Son ya catorce los años que llevamos juntos y, si he de proferir la verdad, como debo, diré que “Sole” ha sido (no abrigo ninguna duda al respecto) mi mejor mascota.

Ángel Sáez García
angelsaez.otramotro@gmail.com


¡Qué bandada de estorninos!

¡QUÉ BANDADA DE ESTORNINOS!

Miles de estorninos, miles,
El ecosistema ruso
Dejan, por ser arduo el muso,
Y por otros, menos tiles
Mudan, juzgo, y menos viles.
Vuelan hasta el sur de Europa,
Después de acordar la tropa,
De consuno, que en bandada
Me ahuyentarán; ¡qué chorrada!,
A mí, que ataco por popa.

Yo, el halcón, el gerifalte

Ángel Sáez García
angelsaez.otramotro@gmail.com


¿Que qué es la literatura?

¿QUE QUÉ ES LA LITERATURA?

Es la adecuada herramienta
Para que cualquiera alumbre
Cuanto a la gloria lo encumbre
O al orco lo abaje, mienta
O no mienta en lo que mienta
Y se ha editado. Se sabe,
Porque en ella todo cabe,
Que hay a quien peta qué cuenta
Y hay a quien cómo lo cuenta,
Pues no falta el que esto alabe.

Ángel Sáez García
angelsaez.otramotro@gmail.com


Reconozco que soy un fan de Lanza

RECONOZCO QUE SOY UN FAN DE LANZA

“La violencia nunca es buena; nunca trae nada bueno”.

Declaró ayer en una entrevista que le hicieron en Cope María Rosa, esposa de Juan José Salas, el agente de la Guardia Urbana de Barcelona que quedó tetrapléjico en 2006 tras ser alcanzado en la cabeza por una piedra que lanzó Lanza.

Como lo primero y principal debe ir en cabeza, ahí va mi más sentido y sincero pésame a los deudos y amigos de Víctor Laínez (y es que cada vez que tengo noticia de que uno de mis semejantes, hembra o varón, ha dejado de existir, recuerdo indefectiblemente las palabras finales de la Meditación XVII de “Devociones para ocasiones emergentes”, 1623, del poeta metafísico inglés John Donne, venerado como santo cada 31 de marzo por la iglesia anglicana: “La muerte de todo hombre me disminuye porque formo parte de la humanidad. Por eso no preguntes por quién doblan las campanas: doblan por ti”), recientemente occiso, o sea, muerto de manera violenta.

De inmediato, debo añadir, para no ser tomado por otro muñeco de pimpampum derribado a pelotazos o vapuleado y abatido en el acto por cualquier otro tipo de arma arrojadiza, que no soy admirador o seguidor, no, de la persona que está encarcelada en la prisión zaragozana de Zuera, de manera provisional, comunicada, sin fianza (así lo decidió ayer la juez Natividad Rapún, titular del Juzgado de Instrucción número 6 de Zaragoza, competente en el caso, después de tomarle declaración), Rodrigo, insisto, no, sino que el Lanza del título de esta urdidura (o “urdiblanda”) es el apellido de Silverio, seudónimo literario de Juan Bautista Amorós y Vázquez de Figueroa.

Confieso que esta mañana, cuando me he sentado ante el ordenador, mi primera intención había sido escribir sobre el joven, que goza de doble nacionalidad, chilena e italiana, que ha sido acusado de ser el presunto asesino de Víctor Laínez, y que, por cierto, ya cumplió pena de cárcel por ser quien, según la sentencia condenatoria, lanzó la piedra que dejó tetrapléjico a Juan José Salas, pero me he decantado por una opción más prudente, dejar que todo el proceso se sustancie, como debe, y esperar a que se celebre el juicio con garantías y haya una sentencia firme. He leído un sinfín de comentarios en las ediciones digitales de los diarios (a favor y en contra de Lanza) que han hecho que me inclinara por hablar de Silverio y no de Rodrigo. No es mi propósito que de mis palabras se deduzca que el último no vaya a ser declarado, tras culminarse un juicio justo, culpable, sino dejar constancia de la sensación refractaria, que me molesta un montón, de que, poco a poco, nos estamos cargando la presunción de inocencia. Al paso que vamos, más pronto que tarde, va a ser metamorfoseada, mudada, por la presunción de culpabilidad.

Reconozco, asimismo, que, tras leer parte de las declaraciones que hizo ayer María Rosa a Cope, sensatas (mejoraré el adjetivo valorativo que he usado), sensatísimas, en las que venía a dar las gracias a cuantas personas le habían ayudado durante la última década larga, cuando mi cacumen dudaba entre titular mi urdidura (o “urdiblanda”) “¿El perdón? ¡La mejor de las venganzas!” o “No hay venganza mejor que perdonar”, mientras tecleaba lo que el atento y desocupado lector, sea hembra o varón, acaba de leer, advertía que, a modo de mojones de la vía por la que servidor debía transitar, se abrían camino o senda hasta desembocar en dicha vía, con la evidente pretensión de ser expresadas, dos inexcusables referencias, dos, la del artículo 25 de la Constitución Española de 1978, donde, según su punto 2, se dice que “las penas privativas de libertad y las medidas de seguridad estarán orientadas hacia la reeducación y reinserción social”, y el final de la “Historia de la vida del Buscón, llamado don Pablos, ejemplo de vagabundos y espejo de tacaños” (publicada por vez primera en 1626, en Zaragoza), de Quevedo, donde se lee: “Y fueme peor, como V. Md. verá en la segunda parte, pues nunca mejora su estado quien muda solamente de lugar y no de vida y costumbres”.

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Miércoles, 15 de agosto

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