El Blog de Otramotro

Carta abierta a Uxue Barkos Berruezo

CARTA ABIERTA A UXUE BARKOS BERRUEZO

Señora Uxue Barkos Berruezo:

Me dirijo a usted por ser la actual presidenta del Gobierno de Navarra y ostentar, como merece, la más alta representación de la Comunidad Foral y la ordinaria del Estado en Navarra:

Como le consta (me temo que no hay un solo navarro adulto, sea hembra o varón, viva en su tierra de origen o allende las mugas o los mares, lea las ediciones en papel o digitales del Diario de Navarra o del Diario de Noticias, que no esté enterado del hecho), el lunes pasado comenzó en la Audiencia Nacional el juicio contra los ocho jóvenes que, en la madrugada del 15 de octubre de 2016, durante las fiestas patronales del municipio, agredieron presuntamente a un teniente y a un sargento de la Guardia Civil y a sus respectivas acompañantes o parejas primero dentro y luego fuera del bar Koxka de Alsasua.

Vaya por delante mi criterio personal al respecto, siempre que se tome el mismo por verdad interina, porque, si se demuestra durante el juicio, de manera fehaciente, que estoy equivocado, no me dolerán prendas ni tendré ningún problema (soy fiel epígono o seguidor de Karl Popper, como reconocía ayer en la misiva que le dirigí a Pepe Álvarez, secretario general de la UGT) en admitir que estaba errado y en aceptar y adoptar la nueva verdad por la auténtica o fetén.

Tengo para mí que la presunta golpiza de Alsasua no fue un acto de terrorismo, como mantienen unos, ni una pelea de bar, como sostienen otros. Ergo, las penas de 50 años de cárcel que pide la fiscalía para siete de los ocho acusados me parecen una barbaridad. No faltará quien, sabedor de que servidor ha confesado (en más de una ocasión o urdidura) ser un exagerado empedernido, un hiperbólico tenaz (suelo culpar al agua del Ebro de ello), me achaque que ahora no venga aquí a poner excusas; y me suelte, tras el “consejos vendo y para mí no tengo”, que no me queje.

Me parece que cualquier ciudadano de a pie está en su derecho de criticar la petición de cárcel hecha por el fiscal. Considero que el susodicho, sea ella o él, es muy libre de acudir a una manifestación en la que se apoye o reivindique lo que sea (siempre que este algo no sea contrario a derecho, claro), ahora bien, no veo correcto ni justificable que dos poderes, el legislativo, quiero decir, el Parlamento de Navarra (con los votos a favor de Geroa Bai, EH Bildu, Podemos e Izquierda-Ezkerra), al aprobar la declaración institucional, y el ejecutivo, o sea el Gobierno navarro (conformado por los partidos antes mentados) que usted lidera, hicieran el sábado pasado en Pamplona lo que coronaron con (mejor, contra) otro poder, el judicial; y que, en representación de usted y su Ejecutivo, colijo (ignoro si marro), acudiera a dicha manifestación en apoyo de los jóvenes alsasuarras su portavoz, María Solana. Juzgo que es una injerencia inadmisible. Lo mismo hubiera pensado si la presión hubiera sido ejercida a la inversa.

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Carta abierta a José María, Pepe, Álvarez

CARTA ABIERTA A JOSÉ MARÍA, PEPE, ÁLVAREZ

EL AGUJERO NEGRO DEL “PROCÉS”

“Se llama agujero negro a una estructura masiva del universo, que engulle planetas, estrellas, galaxias, y deja como único rastro de su existencia un murmullo remoto en forma de radiación semejante al lamento que emiten los torturados antes de morir”.

Manuel Vicent, en “El agujero”, columna que vio la luz el domingo 8 de abril de 2018 en la contraportada y/o página 52 del diario El País.

Dilecto José María, Pepe, Álvarez, secretario general de la Unión General de Trabajadores (UGT):

Este año, compañero, cumplo cinco lustros, veinticinco años, de afiliado a nuestro sindicato. Bueno, pues lamento tener que comentarte que estoy barajando seriamente la posibilidad y ponderando si lo ocurrido el domingo pasado, que mi sindicato (a excepción de las secciones de Renfe y Telefónica de Barcelona que, de manera sensata, decidieron no secundar a la dirección territorial del sindicato liderado por Camil Ros) participara en la manifestación a favor de la liberación de los dirigentes secesionistas catalanes encarcelados, políticos presos (de manera preventiva) y no presos políticos (si el orden de los factores no altera el producto, aquí el orden de los vocablos sí trastoca y trastorna la percepción —la posverdad fue, es y seguirá siendo posverdad y, por mucho que se itere una mentira, aireara lo que aireara Joseph Goebbels, el ministro para la Ilustración Pública y Propaganda del Tercer Reich, al respecto, mientras quede sobre la faz de la Tierra un solo ciudadano decente, honesto desde el punto vista intelectual y ético-moral, jamás de los jamases llegará a ser tenida por verdad—, porque, como acaece con los sintagmas hombre pobre y pobre hombre, no significan lo mismo, no son la misma cosa), es motivo bastante para darme de baja del sindicato.

Como ya sabes (te tengo por persona bien informada), más de trescientas mil almas se manifestaron el domingo pasado en Barcelona (tras una pancarta en la que se podía leer “Por la democracia y la cohesión. Os queremos en casa” —está claro, como el agua cristalina, que lo que entienden los soberanistas por democracia, votar conculcando las leyes, porque durante los meses de septiembre y octubre del año pasado se hartaron de pisotear la Constitución y el Estatut cuando y cuanto les dio la gana, no es lo que entiendo yo; y otro tanto cabe argumentar o razonar en lo concerniente a la cohesión—) para reclamar la liberación y vuelta a Cataluña de los dirigentes independentistas que están en prisión preventiva porque así lo han decidido quienes están especialmente acreditados y habilitados por la Constitución para ello, los jueces. Me avendría a respetar el hecho y nada objetaría al respecto si hubieran acudido a la misma a título personal, pero no bajo ni con las siglas de nuestro sindicato. Y es que, como me confieso y tengo por ciudadano libre (suelo hacer un guiño a fray Benito Jerónimo Feijoo y Montenegro y decir y escribir lo mismo que él, que soy un “ciudadano libre de la república literaria”), sí, pero sometido a la ley (como eso mismo pasa en cualquier Estado de derecho que se precie de serlo y España lo es, aunque claramente perfectible, manifiestamente mejorable) y, por lo tanto, contrario al independentismo cuando este no se somete a la reglas de juego decididas por todos (como siempre ha defendido lo propio nuestro sindicato, si no he estado equivocado durante veinticinco años), que mis compañeros sindicalistas catalanes hayan decidido compartir espacio e ideario, quiero decir, manifestación, con miembros de las entidades soberanistas Asamblea Nacional Catalana (ANC) y Òmnium Cultural, entre otras, me ha sentado como una puñalada trapera en el costado, me ha sabido a cuerno quemado.

Como soy un epígono o seguidor del filósofo austriaco/británico Karl Popper, quien sostenía que la verdad era provisional, que duraba mientras no fuera contradicha por otra, que venía a ocupar en ese mismo momento su trono, no me cabe en la cabeza, no entiendo cómo nadie, dentro de la UGT, les hizo ver el error morrocotudo que estaban a punto de cometer, que les argumentara lo obvio, que, de manera consciente o inconscientemente, se estaban decantando, de forma notoria, en favor de una de las dos partes o posiciones, el agua y el aceite, difíciles de conciliar, que aún hoy polarizan la opinión pública catalana. ¿Acaso se manifestaron y movilizaron nuestros compañeros como sindicato cuando ocurrieron los bochornosos y vergonzosos sucesos de los días 6 y 7 de septiembre en el Parlament, cuando se aprobaron las leyes ilegales de desconexión, transitoriedad y del referéndum? ¿Acaso lo hicieron cuando más de tres mil empresas mudaron su sede social (y algunas también su fiscal) a otras partes de España, buscando seguridad jurídica, perjudicando gravemente el mercado laboral catalán?

En un Estado de derecho la división de poderes debe ser un hecho. Si los jueces, que conocen qué ocurrió, porque, por unos cauces y por otros, han logrado recabar, si no toda, la mayor parte de la información existente al respecto, han decidido el encarcelamiento provisional de los gerifaltes soberanistas, será por algo y tendrán sus motivos. Queda aún mucho proceso para hacer justicia y que esta sea definitiva. Sumarse a la protesta de que algunos de esos jerarcas ya llevan seis meses en prisión me parece una injerencia inaceptable, clamorosa. Cabe preguntarse por qué, siendo los partidos independentistas quienes pueden formar gobierno, porque los números dan, no lo han hecho todavía. Hasta el momento, todas las propuestas que sobre ese particular les han hecho los partidos de la oposición han caído en saco roto.

Para mí, compañero, que el sindicato como tal haya participado en dicha manifestación es un desmán, un despropósito. Y así se les debe hacer ver a quienes lo cometieron o incurrieron en él. Sé, de buena tinta (me consta a ciencia cierta), de un compañero y tocayo mío que, cuando fue delegado de personal en la empresa en la que trabajé con él, se ocupó y preocupó, ante todo, de la defensa de los derechos de nosotros, sus compañeros. Y debió cumplir, de manera más que satisfactoria, con su cometido, porque, cuando dejó la empresa y de serlo, sus compañeros le hicimos una fiesta inolvidable (a la que acudieron —tan buen sabor de boca habían dejado sus quehaceres— y se sumaron incluso excompañeros).

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Monseñor, ¡vaya bochorno!

MONSEÑOR, ¡VAYA BOCHORNO!

Pronto, a finales de mes,
El chileno Carlos Cruz
Narrará al Papa su cruz,
Al enmendar este, ves,
Su error de enero o revés.
Francisco ha sentido grima,
Pues Fernando Karadima
Abusó de un quinceañero
Y fue testigo señero
De ello quien está en la cima,
El hoy obispo de Osorno,
Juan Barros, sí, ¡qué bochorno!

Ángel Sáez García
angelsaez.otramotro@gmail.com


La falta de control, clave del caso

LA FALTA DE CONTROL, CLAVE DEL CASO

¿EL DINERO DE TODOS NO ES DE NADIE?

En el ámbito laboral, el máximo responsable de un grupo humano, el que sea, ha de responder ante el dueño, el jefe, la dirección o la junta de accionistas por lo que cada uno de los miembros que lo conforman haga o deje de hacer. Eso es lo que suele ocurrir en cualquier departamento de cualquier empresa privada. A quien haya trabajado en una o varias y haya ostentado algún puesto de responsabilidad esto le consta a ciencia cierta. Lo lógico es que la empresa le haya provisto de los medios adecuados, necesarios, para controlar que sus subordinados cumplen a rajatabla con las directrices o política de la empresa y las labores o tareas asignadas a cada puesto de trabajo. Insisto e itero que esto es lo asiduo y normal en cualquier empresa privada. Y si el jefe del departamento equis, una vez requerido por su superior, siempre que las obligaciones que tenía de regir, conocer, corregir y prever que el funcionamiento del sector de la empresa a su cargo fuera el idóneo hubieran sido pactadas y firmadas, no sabe qué ha pasado, que ha habido varios accidentes, que ha bajado la producción o que la entrega del producto se ha retrasado, por poner solo tres ejemplos, el responsable máximo, dueño o director, pone al irresponsable directamente de patitas en la calle, por incompetente.

Ya digo que esto es lo que acostumbra a suceder en cualquier empresa privada de este país. Ahora bien, en el ámbito de la política no cursa del mismo modo, o sea, eso es harina de otro costal. Hay políticos (uno halla de todo en la viña del señor) que se esfuerzan, un día sí y otro también, en mejorar las condiciones de trabajo y los resultados, en optimizar los recursos y en tener como norte y reto lograr alcanzar a diario la excelencia, pero hay otros políticos (los que yo llamo de tres al cuarto o politicastros) que, una vez consiguen acceder, ora dignamente, por méritos propios, ora “digitalmente”, nombrados a dedo, a un alto cargo, una mamandurria o sinecura, verbigracia, empiezan a delegar responsabilidades y, a partir de esa crucial decisión o instante, se desencadena un tsumani de proporciones fatídicas, porque, al verse en la cumbre, tiende a creerse que está por encima del bien y del mal, todo le empieza a dar igual o le importa un bledo lo que pase por debajo de él, en los escalones inferiores, porque los responsables de los mismos son otros. Una de dos, o no cae en la cuenta o ignora que en los niveles inferiores ocurre tres cuartos de lo mismo u otro tanto, esto es, que cada responsable de turno va delegando en otros responsabilidades hasta que el trabajo no sale o el control (palabra clave) no se ejerce o no lleva diligente e inteligentemente a cabo, porque ese trabajo fue delegado en otro, que lo transfirió, a su vez, a otro, hasta que el mal explotó y a todos les llegó alguna parte, por escasa que esta fuera, de la omnímoda pus.

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Tuerto o entuerto es agravio que se hace a alguien

TUERTO O ENTUERTO ES AGRAVIO QUE SE HACE A ALGUIEN

Dilecta Pilar:

Si coincidimos en que lo que es obvio, ciertamente, lo es, no lo manoseemos más, no vaya a ser que devenga, por arte de birlibirloque o sin que haya tenido que intervenir o mediar la magia (blanca, por supuesto), motivo de conflicto.

Una vez hecha la aclaración, celebro que todo haya quedado solucionado; aunque el tuerto o entuerto (¿lo había, de veras, para ti?), “agravio que se hace a alguien”, según la acepción que brinda el DLE, cercano el carnaval, haya venido disfrazado de pirata tuerto.

Tal vez huelgue apuntarlo, pero es mi deseo y mi esperanza que te salga la columna a pedir de boca.

Ojalá puedas asistir a la presentación del poemario de Rosendo Tello. Si vas el próximo 15, y estás con él, te hago el encargo de que lo saludes en mi nombre y en el de todas/os las/os que, por unas u otras causas, no estaremos con él (con vosotras/os) en cuerpo, pero sí en espíritu.

He leído esta mañana (de cabo a rabo; había un único ejemplar en la Papelería/Librería “El Cole” aún sin vender) tu artículo del Heraldo, “Mujeres de cine” (aquí, el sintagma nominal ‘de cine’ tiene, al menos, una doble acepción o valor). Parece que haces una crónica de la entrega o gala de los premios “Goya”. Como no he visto ninguna de las películas (de algunas he guipado unas pocas imágenes en televisión, los llamados tráilers) no puedo opinar (sería una indecencia por mi parte, amén de una falta de rigor intelectual, hacerlo).

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¿Un aura de virtud irreprochable?

¿UN AURA DE VIRTUD IRREPROCHABLE?

Don Santiago Ramón y Cajal escribió en “Charlas de café” (1920) esto: “Hagamos notar que cuando un hombre de ciencia presume de muchos amigos casi siempre se trata de un cuco o de un holgazán. No se conservan varias amistades íntimas sin cultivarlas asiduamente, y este cultivo resulta incompatible con una vida de concentración intensa y de trabajo austero. En suma: o se tienen muchas ideas y pocos amigos, o muchos amigos y pocas ideas”.

Aunque sé que Ramón y Cajal no me escucha ni puede leerme ni objetarme, le diré y escribiré que disiento de él. Entre amigos, supongo, aún se permite la discrepancia. A mí quienes suelen abastecerme de ideas sin parar son mis amigos, a quienes escucho, leo y releo, ora estén vivos, ora hayan fallecido. Acaso baste con recordar el primer cuarteto del soneto de Quevedo “Retirado en la paz de estos desiertos” (trenzado desde la Torre de Juan Abad) para que se entienda adónde quiero ir a parar, para lograr explicarme: “Retirado en la paz de estos desiertos, / con pocos, pero doctos libros juntos, / vivo en conversación con los difuntos / y escucho con mis ojos a los muertos”.

Tengo para mí que en la cita de arriba mi amigo (aunque jamás tomé un café con él) Santiago acertaba en cuanto aseveraba, pues hablaba con conocimiento de causa. Ahora bien, acaso también se equivocaba, al elevar su caso particular a general, la anécdota a categoría, porque está claro, cristalino, que el susodicho “hombre de ciencia” era él, es decir, disertaba sobre su propio caso concreto.

Probemos a coronar, cambiando lo que deba ser cambiado, algo parecido a lo que culminó, de manera airosa, Ramón y Cajal basándonos en un asunto que ande de boca en boca en la actualidad. Servidor, un ciudadano libre de la República de las Letras, como el padre Feijoo, considera que Ciudadanos, formación a la que muchos insultan por ser un partido de derechas, como si eso fuera un baldón, un desdoro y hasta un delito y ser de izquierdas llevara aparejado un aura de virtud irreprochable, le ha puesto en bandeja al PP, si no la mejor salida que pudiera ofrecerle, una digna. Que Cristina Cifuentes dimita y que sea sustituida por otra/o diputada/o de la Asamblea madrileña adscrita/o a las filas del PP. Recientemente, en la Convención nacional del PP de Sevilla del pasado fin de semana, le escuché decir a Rajoy en una alocución cómo, dirigiéndose, sin mencionar de manera expresa a Ciudadanos, llamaba “inexpertos lenguaraces” a los afiliados de la formación naranja, dejando a sus dirigentes a la altura de la suela de un zapato del alcalde del pueblo más pequeño de la Sierra de Grazalema, por no haber tenido aún ninguna responsabilidad institucional. Si entramos a estudiar a fondo y valorar el ámbito hediondo, omnímodo y trasversal de la corrupción, juzgo que no haber tenido aún experiencia en dicha materia es más una ventaja que un inconveniente o rémora y, para gobernar como lo está haciendo el PP en lo concerniente a algunos temas, acaso mejor ser un pipiolo que un perito, si el ducho o experto, una de dos, o no hace nada (de nada) o hace el don Tancredo. Me parece que Rajoy y algunos mandamases del PP se están equivocando de cabo a rabo y, si no ponen cuanto antes remedio al desmán, barrunto que acabarán haciéndose el harakiri o seppuku; y el problema no estriba ni radica en que muchos no le den la importancia que tiene, sino que hacen como que ignoran que esté ocurriendo el hecho, algo obvio para el grueso de la ciudadanía.

Por si quienes deben sacarle el máximo jugo o provecho al párrafo anterior andan despistados, les recomiendo con encarecimiento que lean el libro arriba mentado, cuyo primer título fue “Chácharas de café”. Si no disponen de tiempo, les propongo que lean y relean, al menos, esta píldora del Premio Nobel de Medicina de 1906 (que compartió con Camillo Golgi): “Te quejas de las censuras de tus maestros, émulos y adversarios, cuando debieras agradecerlas: sus golpes no te hieren, te esculpen”.

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¿Cataluña? ¡Dragon Khan!

¿CATALUÑA? ¡DRAGON KHAN!

—El ánimo de la gente
(Me lo ha inspirado mi musa)
Vive una montaña rusa:
De la euforia vehemente
Pasa a la depre paciente.
—Tienen los varios vaivenes,
Ene enredos o belenes
De la cuestión catalana
Entre el tedio y la jarana
A cuantas/os viajan en trenes.

Ángel Sáez García
angelsaez.otramotro@gmail.com


O estás conmigo o estás contra mí, amigo

O ESTÁS CONMIGO O ESTÁS CONTRA MÍ, AMIGO

Aunque entre el blanco (no sé dónde leí hace mucho tiempo que las personas que viven en parajes donde la nieve es permanente, como les ocurre a los esquimales, son capaces de diferenciar hasta 30 tonos de blanco distintos) y el negro hay una inmensa gama de grises, hay quien suele proponer a quien le escucha (sea o no consciente del plagio) la posibilidad de elegir entre dos únicas opciones, o sea, el mismo dilema que le plantea en “Ben-Hur” (me refiero a la película dirigida por William Wyler en 1959) Mesala (papel interpretado por el actor Stephen Boyd) a su antiguo amigo de infancia Judá Ben-Hur (Charlton Heston): “O estás conmigo o estás contra mí” (actitud que en psicología se ha dado en llamar o conoce como “síndrome Mesala”).

Así las cosas, la resolución sensata de un tribunal ha provocado la euforia de unos, sobre todo, en las filas de los independentistas catalanes, y la depre de otros, sobre todo, en las huestes del partido del Gobierno, el PP, y del resto de las formaciones unionistas o constitucionalistas. En plata, tras invertir unas horas de mi tiempo en reflexionar sobre dicho fallo (escrito sin segundas o terceras intenciones), he llegado a la conclusión de que ni los “hunos” (como escribiría mi estro y maestro Unamuno) deberían estar tan ufanos ni los “hotros” tan decaídos. Me explicaré.

La decisión de la Audiencia de Schleswig-Holstein de rechazar la petición hecha por el magistrado del Tribunal Supremo, Pablo Llarena Conde, de entregar a España al expresidente Carles Puigdemont para ser juzgado por el delito de rebelión no acarrea ni lleva aparejado, aunque no faltan quienes así lo han querido ver, un varapalo ni contra nuestra democracia ni contra nuestro Estado de derecho. Tampoco cabe ser interpretada como una absolución de Puigdemont ni del resto de los gerifaltes (no les falto, no, al llamarlos así) secesionistas, encarcelados preventivamente o no, ni una bendición (seguida de ovación) de sus actitudes desleales e irresponsables durante los bochornosos meses de septiembre y octubre del 2017.

El propio tribunal aclaró que el 1-O hubo violencia y que esta cabe achacársela al expresidente por ser quien promovió la celebración de un referéndum ilegal (y luego se empeñó en agravar aún más la situación al alentar un proceso de secesión, la DUI ).

La audiencia alemana se ha limitado a concluir lo obvio, que el delito español de rebelión no cuadra o encaja con el delito germano de alta traición y, por eso, ha denegado la euroentrega a España. Y es que la Decisión Marco del Consejo de la Unión Europea de 2002, que regula la euroorden, exige que los delitos sean equiparables, equivalentes. Ahora tendrá que decidir en lo tocante al delito de corrupción o prevaricación.

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España es una democracia plena

ESPAÑA ES UNA DEMOCRACIA PLENA

“La verdad es un ácido corrosivo que salpica casi siempre al que lo maneja”.

Santiago Ramón y Cajal, en “Charlas de café” (1920).

Ignoro, atento y desocupado lector, sea ella o él, qué opina usted al respecto. Tengo para mí que, desde que el mundo es (in)mundo, el poder viene falseando consciente e intencionadamente la realidad de las cosas y de los casos, a fin de que quien lo detenta (de modo ilegítimo) u ostenta (de manera legítima) continúe detentándolo u ostentándolo. Así que, aunque la denominación de “fake news” (“noticias falsas”) es moderna, reciente, la falsificación deliberada de los hechos, ora para beneficio propio, ora para perjuicio ajeno, ora para ambos fines, es tan vieja como la tos.

Cuando del cimero y selecto lugar que deben ocupar las verdades se han apoderado las mentiras, es lógico colegir lo distintivo, pertinente y relevante, que el mal, poliédrico, no se ha instalado allí de forma interina, provisional, sino que lo ha hecho con el propósito de echar raíces, es decir, con la vocación de que su permanencia sea perdurable.

Los dos párrafos precedentes no los he urdido a humo de pajas, no, ni por un solo motivo concreto, específico, el máster de Cristina Cifuentes, agujero negro, nigérrimo, que hiede por cualquiera de sus costados o facetas, pues, al parecer, una mentira ha llevado a incurrir en otra, y esta, a su vez, en otra más, y, así, hasta imponerse la náusea, sino también por el Matrix nacionalista catalán, esa irreal realidad paralela (escrito así, todo junto, o por separado, para lelos —lo siento, pero, como no me cuento ni soy uno de ellos, uno de los que se ha creído a pies juntillas la idea absurda de la República catalana, ni ese concepto elitista, exclusivo, del “derecho a decidir”, ni ese dogma del “mandato del pueblo de Cataluña” que tan onerosos trabajos lleva aparejados, que aspiran a recibir, de manera conjunta o por separado, más pronto que tarde, el antes baldón que galardón de la mayor mentira del mundo—) a la verdadera realidad, en la que viven dichosos, felices, los supremacistas, donde hay quienes creen que Cataluña (Catalunya) existe, pero Tabarnia es una patraña. Cataluña existe en tanto en cuanto Comunidad Autónoma de una nación, España. Quien hoy vea en Cataluña una república habrá caído en un pozo sin fondo de mentiras sin cuento, en una bola o un bulo como una catedral de grande. Empero, quien ve en Tabarnia el apócrifo contrapunto de esa falsa República se está burlando, cachondeando o guaseando no de un quijote auténtico, sino del mero sucedáneo de un tal. Los secesionistas se han creído de cabo a rabo el sueño que idearon o se inventaron y compartieron unos ciudadanos sin escrúpulos que anhelaban que sus conciudadanos fueran otros; y otros, los bufones o coñones tabarneses, se han reído a mandíbula batiente de esas ensoñaciones, porque les hacían mucha gracia.

¿Es tan difícil de entender que en este país vivimos quienes, sabedores de que los localismos (llámense o no nacionalismos) empobrecen, queremos hacer realidad el grueso de nuestros deseos, o sea, cumplir, entre otros, el sueño de que en Europa y hasta en el orbe entero todos los ciudadanos tengamos los mismos derechos y nos rijamos por las mismas leyes, que no haya fronteras, que podamos circular por cualquier país sabiendo que, salvo a los caldos y a las viandas, a los usos, a los idiomas y a las costumbres peculiares de cada latitud, no tendremos que acomodarnos a ordenamientos jurídicos distintos?

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Te comportaste bien, "Metomentodo"

TE COMPORTASTE BIEN, “METOMENTODO”

(CUANDO NO DEJA ESTELA/HUELLA/RASTRO LA VIOLENCIA)

Esta mañana, atento y desocupado lector, seas ella o él, mi querido heterónimo y amigo Emilio González, “Metomentodo”, me ha mandado el siguiente correo electrónico:

“Estimado Otramotro, ayer me ocurrió lo que, me creas o no, en el supuesto de que un juez me conceda la oportunidad de relatarle pormenorizadamente mi versión de los hechos, me acaeció al poco de salir del cine de ver “Campeones”, en mi opinión, el mejor filme firmado por Javier Fesser.

“Cerca de casa, a no más de trescientos metros, un tipo robusto, como un armario ropero, y malencarado (pude observar su rostro cuando llegué a la esquina —donde hay una sucursal de Ibercaja—, que suelo doblar para enfilar el último tramo de avenida que me lleva y deja junto al portal del edificio donde tengo mi choza) se me acercó al final de la calle Sorpresa, que todo el mundo conoce por su sobrenombre, Monja enchironada, me pidió la hora y se la di: las once y veinte pasadas.

“Pensé que me había deshecho de él, que lo había dejado tras mis pasos, cuando, inopinadamente, me lo topé de frente y siguió con su monserga:

“—Oye, no tengas tanta prisa. Como estoy obsesionado con la hora, he pensado que, si te pido de manera insistente que me regales tu peluco, acaso consiga que te avengas a ello. ¿Te amoldas?

“Enmudecí. El miedo cerval me acostumbra a robar el habla. Como te consta, desde que me están dando la quimio, parezco un alfeñique, así que escuchar la susodicha propuesta, ciertamente, me desagradó un montón, pero más me disgustaron todavía las consecuencias que colegí si rehusaba condescender al trámite, ya sabes, mutatis mutandis, aquello que aprendimos en la Facultad de Derecho de que la causa de la causa es causa del mal causado.

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¿"El rey Lear" no has leído?

¿“EL REY LEAR” NO HAS LEÍDO?

“¡He aquí la excelente estupidez del mundo; que, cuando nos hallamos a mal con la Fortuna, lo cual acontece con frecuencia por nuestra propia falta, hacemos culpables de nuestras desgracias al sol, a la luna y a las estrellas; como si fuésemos villanos por necesidad, locos por compulsión celeste; pícaros, ladrones y traidores por el predominio de las esferas; beodos, embusteros y adúlteros por la obediencia forzosa al influjo planetario, y como si siempre que somos malvados fuese por empeño de la voluntad divina! ¡Admirable subterfugio del hombre putañero, cargar a cuenta de un astro su caprina condición! Mi padre se unió con mi madre bajo la cola del Dragón y la Osa Mayor presidió mi nacimiento; de lo que se sigue que yo sea taimado y lujurioso. ¡Bah! Hubiera sido lo que soy, aunque la estrella más virginal hubiese parpadeado en el firmamento cuando me bastardearon”.

William Shakespeare, en “El rey Lear”.

En pleno siglo XXI
La gente (pienso) delira
Cuando su horóscopo mira
En el diario. ¿Es que ninguno
De Shakespeare, escritor tuno,
El rey Lear” ha leído?
¿Quién puede haberse creído
Que los planetas influyen
En sus ene acciones? ¿No huyen
Como del que se ha peído?

Ángel Sáez García
angelsaez.otramotro@gmail.com


¿Por qué es la paridad una parida?

¿POR QUÉ ES LA PARIDAD UNA PARIDA?

Considero que la paridad es una parida, o sea, un despropósito, una sandez. Intentaré explicar por qué he llegado a semejante conclusión en los párrafos que siguen a este, el que arranca la presente urdidura (o “urdiblanda”).

Hay quien entiende la paridad como el derecho que promueve un reparto cabal, equitativo, proporcional, de la representación política, económica, social, etc., según sexos. Ahora bien, en el supuesto de que hayamos dado por buena la idea y hayamos reconocido y bendecido dicho derecho, qué hacemos si luego ellas no se postulan como candidatas a ocupar equis puestos de responsabilidad, si no se brindan a ser elegidas, si no les atrae la política, la actividad empresarial, sindical, etc. ¿Les forzamos a que, de buen grado o por la fuerza, les guste o no les guste, hagan lo que no quieren hacer? ¿Alguien ve esto justo? ¿Alguien lo puede secundar? Servidor, al menos, no.

Desde el recinto preescolar “de los cagones” (llamado así por lo obvio; el término era —y aún es— bastante elocuente, pero englobaba también a las niñas y los niños meones, que tampoco faltaban y, en lugar de popó se hacían pipí o, además de lo uno, lo otro), mixto, no volví a compartir aula con chicas, a tener compañeras de pupitre hasta el COU, que cursé en el Colegio “Enrique de Ossó”, las Teresianas, de Zaragoza. Allí advertí que las féminas eran más inteligentes que los varones, que tenían más sensibilidad que nosotros, que nos superaban en lo que hoy se conoce por inteligencia emocional. Durante el primer y único curso que estudié de Medicina (un clamoroso error que cometí al colegir que acaso pudiera estar relacionado el trabajo abnegado, humanitario, social, que llevaba a cabo, mientras hacía COU, durante unas horas de las mañanas de los sábados en el asilo de la calle Cartagena, ayudando a las monjas del lugar con los ancianos, con los estudios universitarios de la carrera de galeno), varias compañeras de facultad (a tres de ellas les solía pedir los apuntes para completar los míos, siempre deslavazados —haber estudiado el BUP y el COU por letras llevaba aparejado el sinfín de rémoras e inconvenientes que advertía un día sí y otro también en mi deficiente formación científica—) me demostraron, además de su empatía, generosidad y solidaridad, su poliédrica inteligencia. Durante los cinco años que cursé de Filosofía y Letras (Filología Hispánica), la realidad impuso que el criterio o la norma seguía vigente: fui confirmando o ratificando dicho parecer.

Tengo para mí (y, si vivo una década más, barrunto, intuyo y/o sospecho que lo veré a través de mis gafas) que, dentro de unos años, no tantos, las mujeres, por sus amplios conocimientos y por sus diversas habilidades, por su multiplicadora actitud y por sus variopintas aptitudes, alcanzarán cuantas cotas o desafíos se hayan propuesto. Grosso modo, son duras como el pedernal y suaves como la seda. Son constantes, perseverantes, pero no contumaces en el error. Son realistas; se ilusionan, pero no son ilusas. Prefieren que a su alrededor (en casa, en el trabajo, en la calle y hasta de vacaciones en el extranjero) haya paz a una guerra sin cuartel.

Así que, les recomiendo a las muchas mujeres inteligentes que van de aquí para allá, pensando en mil cosas a la vez, en el bienestar de sus hijos, esposo, padres y demás parentela, en si falta esto, eso o aquello en el baño, la despensa o el frigorífico, en el proyecto que tiene entre manos, que no está quedando como había previsto y debe mejorar antes de firmarlo, en...; en el ancho mundo, que no caigan en la trampa que algunas feministas bien intencionadas les están preparando, de manera involuntaria, para que, dentro de unos pocos lustros, caigan en ella; que no exijan ahora la paridad, porque, a modo de bumerán, se les volverá en contra.

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Martes, 24 de abril

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