El Blog de Otramotro

Para Pinocho

PARA PINOCHO

(POLITICASTRO)

(MENDAZ ASIDUO)

Desde ayer por la tarde, anda rondándome la “trasta” (de esa guisa solía llamar —sobre todo, cuando uno o varios de sus hijos nos comportábamos como singular, dual o plural trasto—, mi señera y señora madre, Iluminada, lamentablemente finada, a la testa) el estribillo de una canción irónica, popular, que solíamos cantar en grupo, a cappella —el DRAE, por fin, ha seguido la recomendación que le hizo el Diccionario panhispánico de dudas y ya la ha adoptado en su seno y adaptado gráficamente al español con la forma a capela—, cuando estábamos en Navarrete, en el colegio, postulantado o seminario menor que regentaban los Padres Camilos, e íbamos a pasar el fin de semana de acampada (a “El León Dormido” o a la sierra de Codés):

“De mi suegra no hables mal / Porque la defiendo yo; / Y si la quieres quemar / La leña la pongo yo (bis) / Y las cerillas también; / De mi suegra no hables mal, / Porque la defiendo yo”.

Siguiendo la estela que ha dejado en mi ánimo y mi memoria la tónica irónica y festiva del estribillo antedicho, me ha nacido la idea de trenzar una cancioncilla censurando las medias verdades (que para el grueso de la ciudadanía suelen ser las peores de las mentiras) a las que son tan aficionados (y hasta adictos) muchos de los políticos patrios:

Se lo merece, / Se lo merece; / De nada vale / Que rece y rece. // Se lo merece, / Se lo merece; / Conforme miente / Su nariz crece.

Ángel Sáez García
angelsaez.otramotro@gmail.com


Fui el autor de ese fracaso

FUI EL AUTOR DE ESE FRACASO

Como he dejado constancia antes de ello en otros sitios (considerando, imitando, recordando, remedando o teniendo en cuenta y/o muy presente —déjate, por favor, de tanta cháchara y ve, Otramotro, por Dios, aunque solo sea esta vez, al grano—, urdiré el gerundio que más conviene que trence, si pretendo ser sincero, que esa y no otra es mi intención, serlo), plagiando qué opinaba en su famoso poema “If” (“Si...”) sobre el éxito y el fracaso el Premio Nobel de Literatura de 1907 Rudyard Kipling, aquí también sostengo idéntico o semejante parecer al suyo, que el triunfo y la derrota no son más que dos apodícticos impostores. Ciertamente, para apoyar dicha tesis, la vida nos viene abasteciendo o suministrando innúmeros casos y cosas, esto es, demostrando un día sí y otro también que, a veces, en los momentos de máxima euforia, cuando uno tiene la autoestima por las nubes, tras haber destapado, acaso sin querer, la redoma o el tarro donde suele mantener encerrado, recluido, a su diablo, su yo más repugnante, el de odioso e idiota, por engreído, jactancioso o presuntuoso, uno, itero, puede llegar a creerse el rey del Mambo. Luego ya se encargará de hacer acto de presencia el tío Paco con el cepillo para coronar la necesaria y oportuna rebaja.

El miércoles pasado, 19, publiqué a las catorce horas, como es costumbre arraigada en mí, en mi bitácora el texto que titulé “La Alhambra deslumbra al hombre”, que versaba sobre un anuncio de CERVEZAS ALHAMBRA y las consecuentes, lógicas y normales sinestesias que suele propiciar o provocar un consumo responsable de las tales (por cierto, aquí, a renglón seguido, no he tenido que colocar el imprescindible y habitual “de Mileto”, complemento del nombre cuya ciudad griega identifica a uno de los consabidos Siete Sabios de la Hélade). Bueno, pues todas las veces que hice referencia a la mencionada marca cervecera en dicho escrito esta apareció, mutatis mutandis, en toples, sin portar la preceptiva hache. Al menos, dicho en descargo de este menda, fui coherente, congruente. Nadie me advirtió del craso error que había cometido. Cuando, mediada la tarde, reparé en él, seguí la enseñanza que otrora había extraído de una lección que me impartió Confucio (“Quien comete un error y no lo corrige comete otro aún mayor”) y procedí a subsanarlo de inmediato. Ese mismo día, a las siete de la tarde, leí en la edición digital del diario La Razón lo que catalogué como un mero bluf, una neta broma (de pésimo, escaso, mal, ningún, buen, bastante u óptimo —usted, atento y desocupado lector, sea ella o él, se encargará, si no arguye objeción al respecto, de tachar lo que no proceda— gusto), que la presunta agencia espacial European Space Corporation, ESC, según daba a entender en su página web, ya había comenzado la cuenta atrás para el lanzamiento, que no miento (porque, insisto, eso leí), hoy, viernes, 21 de abril, de la primera misión a la luna de un asno vizcaíno, un “euskalburro” de la comarca de las Encartaciones.

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Que no haya novedad

QUE NO HAYA NOVEDAD

Considerando que “el hombre propone, pero Dios dispone”, según la sentencia “homo proponit, sed Deus disponit”, que podemos leer en la “Imitación de Cristo” (1. 19. 9), de Tomás de Kempis, paremia que recuerda el comienzo de Proverbios, 16 (“El hombre dispone su camino, pero a Dios le corresponde dirigir sus pasos”), que solían airear nuestras/os abuelas/os, y que Luis Cernuda Bidón reunió el grueso de los poemas que había compuesto hasta entonces bajo el título de “La realidad y el deseo” (1936), podemos jugar a juntar las ideas que destilan o exudan el adagio y el rótulo del poemario cernudiano, a fundirlas y de la extraordinaria fusión, que no confusión, resultante extraer algún pensamiento, verbigracia, este, que el hombre, ente anhelante ante todo, alumbra deseos sin cuento (que tal vez luego ose cantar o contar) y que Dios, Natura o la realidad apodíctica, impone sus certezas, sus verdades, a todos los hombres (ora hembras, ora varones), sean cuales sean sus edades.

Mi difunto y dilecto tío Jesús, “el Vasco” (además de “el Pato”), a quien más de una tarde y más de media decena o docena escuché, embelesado, narrar peripecias que vivió siendo joven, durante la Guerra Incivil española, habiendo cumplido los sesenta, que fue cuando más lo traté, solía despedirse presencialmente y/o por teléfono de idéntica manera, deseando que no hubiera novedad, pues la susodicha llevaba aparejada, indefectiblemente para él, pesimismo, accidente y aun muerte. Así que, para atenuar, cepillar o mitigar el evidente pesimismo que acarreo en mis genes, suelo elegir, para compensar, el disfraz de optimista, que, según me confiesan unos y otros, tan bien me sienta.

Ergo, fue el mentado optimismo, del que hablo en el párrafo anterior, el que motivó y/o propició que escribiera la décima espinela que titulé “¿La alcachofa? ¡De Tudela!” y subtitulé “¡Qué agradecida es, Adela!”, cuyos diez versos octosílabos decían y dicen así: “Si invitas este año, Adela, / A tus de Pamplona amigas / Para el Ángel, unas migas / Os hará tu abuela Estela / Y alcachofas de Tudela / Para hartaros en las Norias, / Donde ene cuentos o historias / De Amor y humor han brotado / Que aún no se han agotado, / Pues siguen pariendo euforias”.

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¡Mira que hay aquí videntes!

¡MIRA QUE HAY AQUÍ VIDENTES!

Negro escribo sobre blanco
Cuanto no suelto entre dientes:
“¡Mira que hay aquí videntes!
‘Tarotean’ sobre el flanco
Diestro de un tapete, ‘Manco
De Clavijo’; naipes echan
Y muchas huchas cosechan
De incautas/os aprovechándose,
Apenas abochornándose.
No hay quienes los guantes echan”.

Ángel Sáez García
angelsaez.otramotro@gmail.com


¿Quién le pone pega a Ortega?

¿QUIÉN LE PONE PEGA A ORTEGA?

Quien empatiza con otro,
Pablo, muestra agradecido
Y no desagradecido,
Como tú, con quien el potro
De tortura le evita a otro.
Con el dinero donado
Por Amancio, desnortado,
Puede que, si cáncer tienes,
Te proporcione los bienes
Con los que serás curado.

Ángel Sáez García
angelsaez.otramotro@gmail.com


¿Se debe/puede tolerar lo intolerable?

¿SE DEBE/PUEDE TOLERAR LO INTOLERABLE?

¿POR QUÉ HE DE COMULGAR MUELAS/RUEDAS DE ACEÑA?

Varias personas allegadas (el grueso de las mismas lo conforman, atento y desocupado lector —seas hembra o varón—, amigas/os y/o deudos del abajo firmante, tu seguro servidor) me han hecho llegar mediante el oportuno correo electrónico o la pertinente llamada telefónica sus discrepancias con u objeciones a determinados criterios que he vertido en uno o en varios de los últimos escritos que he urdido y han sido publicados aquí o en mi bitácora, el blog de Otramotro. La mayoría entienden que yo defienda a machamartillo lo que considero precipuo, que todo ser humano puede expresar en todo momento y lugar las ideas u opiniones que tiene, sean estas del signo que sean, pero no les cabe ni entra en la cabeza o cuadra que no siempre respete o tolere a ultranza el contenido y/o el continente de las mismas.

Así que hoy y aquí intentaré explicarme y contestar a esta pregunta en concreto: ¿No se degrada, deshonra o prostituye, al menos intelectualmente, quien da su plácet o dice amén a cualesquiera bajezas morales buscando obtener a cambio, como compensación o contrapartida, cierto/s beneficio/s?

Para que mi parecer al respecto quede fijado negro sobre blanco y no se me vuelva a malinterpretar, procedo a dar cuenta del mismo por extenso.

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¿Qué constará en los anales?

¿QUÉ CONSTARÁ EN LOS ANALES?

¿Usted puede tolerar
Que diez o cien le maldigan
Por que, mientras mil mendigan,
Seis millones va a heredar
Pero se niega a erogar
Un millón entre los tales,
Que, como usted, son mortales;
Y otros zurren la badana
Por verdad ver en la arana
Que constará en los anales?

Ángel Sáez García
angelsaez.otramotro@gmail.com


Si eso carece de miga

SI ESO CARECE DE MIGA

No cuenta nada de nada
Que una/o piense y luego diga
Si eso carece de miga,
Si resulta una nonada,
Como infiere la manada
De la ausente coherencia
O la presente incongruencia,
Sea por la Coca-Cola
O por cualquier otra bola
O bulo; ¡vaya indecencia!

Ángel Sáez García
angelsaez.otramotro@gmail.com


¿El bien común? ¡La excelencia!

¿EL BIEN COMÚN? ¡LA EXCELENCIA!

Para quien están los fines
Por encima de los medios
Los cimeros son remedios,
Panaceas, comodines.
Los usa quien va a los cines
Con relativa frecuencia
Y sostiene la creencia
De que al populismo irriga,
Nutre y/o abona la intriga,
No el bien común, la excelencia.

Ángel Sáez García
angelsaez.otramotro@gmail.com


No corren, no, buenos tiempos para la libertad de expresión

NO CORREN, NO, BUENOS TIEMPOS PARA LA LIBERTAD DE EXPRESIÓN

Como habrá comprobado usted, atento y desocupado lector (sea hembra o varón), por su cuenta y riesgo, no corren, no, buenos tiempos para la libertad de expresión (el abajo firmante, su seguro servidor, abunda con cuantas/os aducen y se cuenta o suma entre quienes sostienen que el humor no es más que un instrumento adecuado o una herramienta apropiada o una forma sutil para expresar nuestro amor por la libertad; y es que servidor ha sido, es y, si sigue viviendo —barrunto, intuyo o sospecho— será autor, corrector —por contener, portar o portear, asimismo, uno o varios críticos literarios— y firmante de más de un texto satírico).

Le supongo conocedor, si no íntegramente, al menos, sí de una mínima parte de lo que le ha acaecido en el ámbito judicial (o aún mejor, de la roca de Sísifo que le ha caído encima) recientemente a Cassandra Vera, que ha sido condenada a un año de cárcel (y varios de inhabilitación) en la Audiencia Nacional por humillación a las víctimas del terrorismo al haber tuiteado unos chistes (con mucha, poca o ninguna gracia —tache usted lo que no proceda—) sobre el occiso presidente de Gobierno Luis Carrero Blanco. Acato (y, si continúa leyendo lo que sigue, comprobará mínimamente también su anagrama inconcuso, que ataco) la decisión judicial; por cierto, como hago con todas; ahora bien, reconociendo sin rodeos que carezco de los mínimos conocimientos jurídicos (y acaso, por ello, me meta ahora en un fregado) para poner en tela de juicio la mentada, lamentada y lamentable (para una legión de opinadoras/es) sentencia, disiento de la misma por esta sola razón, por que me parece una barbaridad y no una broma pesada, sino una pasada, ya que, si consideramos, hacemos caso o tenemos en cuenta otras resoluciones judiciales recientes (ajustadas igual y seguramente también a derecho), advierto, en un raudo y somero cotejo entre la una y las otras, un claro agravio comparativo, una mala pasada, en la impuesta a la joven citada, universitaria, pues está cursando la carrera de historia.

Ciertamente, las leyes las hacen los hombres a fin de que sirvan para lograr los fines previstos y se cumplan. Me interrogo y te pregunto: ¿Todos y cada uno de los preceptos constitucionales se cumplen a rajatabla? A mí me consta que no; así que habrá que cambiarlos para que nos sean útiles y se cumplan. ¿Las penas que recoge el actual y vigente Código Penal son justas? Si no lo son, habrá que mudarlas para que lo sean y se cumplan.

Como, en cuanto concierne a la libertad de expresión, sigo pensando tres cuartos de lo mismo que pensaba hace una docena de años, transcribiré inmediatamente (salvo alguna adición, muda o supresión) lo que urdí en el artículo que titulé “Libertad de pensamiento y expresión” y fue publicado, además de en mi bitácora, el blog de Otramotro, en el portal Voto en Blanco:

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La Red y sus claroscuros

LA RED Y SUS CLAROSCUROS

La Red de redes es una
Herramienta o un instrumento
Que merece un monumento
Y un revés, como Osasuna,
Porque agrada e inoportuna.
Si a Internet tienes acceso
Y no eres de ella un obseso,
En un pispás solucionas
Lo que ignoras y ambicionas
Saber, en raudo proceso.

Ángel Sáez García
angelsaez.otramotro@gmail.com


El escrache es estupendo

EL ESCRACHE ES ESTUPENDO

Anteayer me llamó mucho la atención que los cuatro diarios de papel de la capital, de ámbito y tirada nacional, El País, El Mundo, ABC y La Razón, escribieran sendos editoriales por el asalto y la ocupación que una treintena de miembros de Arran, organización juvenil afín a la CUP, intentaron a la sede barcelonesa del PPC, sin embargo, eso mismo no sucedió con los dos grandes periódicos de la Ciudad Condal. Ignoro los porqués no le dieron la misma importancia al reprobable escrache los directores de La Vanguardia y El Periódico. Me resultó llamativo y sintomático el proceder, por el desmarque al unísono, de los susodichos; esa es la verdad, lo que yo entiendo por mi verdad.

Abundo con lo que dice en el primero de sus párrafos el editorial de El País, que “todas las ideas han de poder expresarse en libertad”. Y con lo que añade a continuación, que “resulta muy preocupante que intenten utilizar la intimidación para hacer valer sus posiciones y asusta imaginar de lo que serían capaces si tuvieran la más mínima posibilidad de tener éxito en sus pretensiones”.

Coincido con el pensamiento que recorre el editorial de El Mundo, pero discrepo abierta y públicamente de la idea que lo encabeza, esta, que “la democracia exige respetar todas las opiniones”. He de decir (escribir, en este caso) que no concuerdo ni mucho, ni poco, ni nada (de nada) con dicho parecer. La democracia lo que sí permite es que esas ideas puedan expresarse, como sostiene el editorial de El País. Lo de respetarlas, eso en concreto, ya es harina de otro costal. Y es que solemos repetir hasta la saciedad la gran necedad de que todas las ideas u opiniones son respetables, sin darnos cuenta, en verdad, de la barbaridad que soltamos. Quizás esto ocurre así porque no tenemos suficientemente claro, cristalino, lo que debería quedar palmario o patente y sentado: que lo que se ha de respetar en todo momento y lugar, o sea, siempre, es el hombre, el ser humano, la persona, y su facultad de pensar y expresar lo pensado. Ahora bien, lo que puede salir del caletre y por la mui o la péñola de alguna/o puede ser lo más idiota (y nadie, ni siquiera usted, atento y desocupado lector —sea ella o él— ni tampoco servidor, por supuesto, estamos libres de ello), lo más imbécil, lo que sería estúpido, a todas luces, que fuera, al menos intelectualmente, respetado. Lo que sí hay que hacer con lo sandio es objetarlo y argumentarlo, quiero decir, hacer ver al otro (u otra) qué nos ha llevado a considerarlo así y contradecirlo con razones de peso para que no vuelva a ser sostenido por otra/o sin escarnio. Pondré un ejemplo. Los miembros de la susodicha Arran, que fuera del local del PPC profirieron gritos a favor de la independencia, el socialismo y el feminismo, sostuvieron la idea de que “sin desobediencia no habrá independencia”, lo que no hallo cuestionable y merece mi respeto, sin ambages. Ahora bien, ¿lo merecen estas otras palabras que también adujeron, que “no pediremos permiso ni tampoco perdón; estamos dispuestos a defender por todos los medios la autodeterminación?”. Pues no. ¿Se habrán dado cuenta ya de la sandez manifiesta que dijeron, de que, en el hipotético caso de que aún sigan sosteniendo contumazmente lo mismo, defienden como axioma apodíctico lo que, en sentido estricto, no es más que un mero sofisma, que el fin justifica los medios? Daremos tiempo al tiempo. Esperaremos. Veremos.

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Lunes, 24 de abril

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