El Blog de Otramotro

¡Menuda metamorfosis!

¡MENUDA METAMORFOSIS!

—Rivera le ha echado un pulso
A Sánchez en transformismo.
—Coincido; porque eso mismo
He pensado ¡Vaya impulso!
Al otro ha dejado insulso.
—¿Cómo se puede pasar
De al oponente abrasar
En la hoguera por el cupo…
—... “Cuponazo”, a ese mal grupo
Cortejar hasta casar?

Ángel Sáez García
angelsaez.otramotro@gmail.com


Hoy quien milita lo irrita

HOY QUIEN MILITA LO IRRITA

—Dime un partido cercano
A la democracia interna.
—Aunque portes hoy linterna,
No hallarás ninguno a mano.
Te lo advierte este fulano.
—Sánchez alcanzó el poder
Y prometió devolver
El PSOE a sus militantes.
—Ahora los ve irritantes,
No dejando de joder.

Ángel Sáez García
angelsaez.otramotro@gmail.com


¿Que Vox puede ganar las elecciones?

¿QUE VOX PUEDE GANAR LAS ELECCIONES?

Ayer soñé que celebraba en la grata compañía de varias personas un cumpleaños. Durante el convite, una cena (a base de bocadillos variados, vino de Rioja, café y un chupito de pacharán —en un ágape lo precipuo e importante no es el paisaje, ni la cubertería, ni la vajilla, ni la exquisitez de las viandas y los caldos que echarse una/o al coleto, sino los lazos invisibles de la amistad, el paisanaje—), di mi parecer sobre los diversos temas que salieron a relucir en el debate a quienes tenía más cerca en la alargada mesa en cuyo contorno o derredor nos sentamos los comensales, el amigo íntimo, que cumplía años, 57, y varios colegas suyos del pueblo, adonde regresa cada fin de semana de la capital de la provincia, donde trabaja. De los tres o cuatro asuntos que tratamos, el político apenas lo rozamos. Sin embargo, en el otro extremo de la mesa, según el parecer del otro amigo íntimo (o hermano, pues eso es lo que vino a sostener Demetrio de Falero, cuando adujo que un hermano puede que no sea un amigo, pero un amigo siempre será un hermano), con quien había ido a la localidad del allegado común en su coche (he de reconocer que tengo amigos, amén de generosos, perseverantes, pues nuestra amistad, como aseguraba in illo tempore la publicidad de cierta marca de pilas, que duraban y duraban, es diuturna, pues esta se fraguó antaño, mientras compartíamos piso y trabajo hace más de siete lustros y ahí sigue, perdurable), si no el único, el tema estrella de la conversación que mantuvieron fue el de la política patria. En el viaje de vuelta, cuando regresábamos a nuestras respectivas poblaciones de origen, me comentó, asombrado, que el grueso de los contertulios que le habían tocado en suerte ya habían decidido qué papeleta iban a introducir en el sobre, en las próximas elecciones del 28-A, la del partido que comanda Santiago Abascal, Vox.

¿Qué es lo que había impulsado o propiciado que los susodichos se decantaran por Vox? (se y me preguntó). Eso solo lo sabían, a ciencia cierta, ellos. Yo, incapaz de acceder a sus conciencias, en el sueño, me limité a darle cuenta a mi amigo íntimo del amplio y posible abanico de posibilidades, sin dar preeminencia a una ni inclinarme por ninguna en concreto.

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Quiera o no cabrearnos, lo ha logrado

QUIERA O NO CABREARNOS, LO HA LOGRADO

Es la segunda ocasión en la que alguien (no me cabe la menor duda de que se trata de la misma persona que echó mano del mismo procedimiento la primera vez), un lector (hembra o varón) habitual de mis urdiduras o “urdiblandas” (porque estilística e ideológicamente los renglones torcidos que contiene su escrito los hubiera podido trenzar, de cabo a rabo, y firmar este menda), usa el mismo medio (colar o depositar en mi buzón su texto) con idéntico fin (para que, si no oponía objeción al respecto servidor, este fuera publicado, en la bitácora que gestiona, el blog de Otramotro).

Transcribo a continuación, en el anejo espacio, entrecomillado, el ajeno parágrafo:

“Tengo para mí que indignar e indignarse son las dos caras de una misma moneda (en plata, que, si alguien se indigna, es por la sencilla razón de que alguien, busque o no tal cosa, indigna); o, si se prefiere esta otra imagen, por parecerle al lector de estas líneas (sea ella o él) más acertada o cabal, la cara y la cruz de una misma realidad, el haz y el revés de idéntica trama. Ahora bien, cabría preguntarse si la verdadera pretensión o propósito de quien hace o deja de hacer lo que sea (pondré como ejemplo de dejar de hacer al sin un ápice o pizca de honor Quim Torra, que anda desobedeciendo cada dos por tres lo que le ordena la autoridad competente, o sea, tomándole el pelo impunemente a la Junta Electoral Central), que a otro le indigna (en el caso concreto propuesto, sería, amén de a los miembros de la citada Junta, al grueso de la ciudadanía, que está harta de este y otros botarates de semejante jaez), es, sin hesitación, indignar. ¿Acaso cabe otra respuesta o resultado racional que no sea indignarse? Pues sí, no había caído antes en ello, pero sí, cabe reírse a mandíbula batiente de las salidas de pie de banco del sujeto que ostenta la más alta representación del Estado (¡manda narices!) en Cataluña, el que tiene a muchos españoles (entre ellos, a la mitad de los catalanes, hembras y varones) hasta más arriba de la coronilla”.

Entre los lectores (ellas y ellos) de esta chuchería literaria que ya hayan sobrepasado la cincuentena, seguramente, cabrá hallar quien recuerde, si no con toda fidelidad, sí lo precipuo o principal de la distinción que coronó entre los verbos molestar, irritar y cabrear, en uno de sus gags inolvidables, el genial humorista Miguel Gila.

En estos precisos momentos, no recuerdo el nombre que escogió para llevar a cabo el experimento que ideó. Huelga decir que es mi deseo y mi esperanza que nunca lo probara, por supuesto.

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Cuando la lumbre alumbraba

CUANDO LA LUMBRE ALUMBRABA

Hay quien, se halle donde se halle (no importa dónde), siempre repite la misma cantilena o cantinela, que antes (sin parase a especificar cuándo) los tiempos y las costumbres eran mejores que los/as hodiernos/as. O peores, que de todo hay en la viña del Señor. Ante las/os tales, suelo pensar lo idéntico (y, solo si la confianza lo favorece o propicia, proferir, poco más o menos, esto) que lo que a mí me consta es que eran otros y otras.

Me encuentro entre (o sumo a) quienes entienden que otrora ocurrieron unos hechos que hoy no se entienden bien del todo y que se yerra, de modo morrocotudo, cuando se tiende a valorar comportamientos antiguos con la mentalidad moderna. Lo lógico y normal es juzgar el pasado (y todo lo que a él concierne) con los criterios del pasado y el presente con los del presente, como así, supongo, en el futuro harán quienes opinen sobre el porvenir, que para las generaciones que vienen será presente o pretérito reciente.

Quien haya superado la cincuentena y acudió, siendo un crío (hembra o varón) a la casa de sus abuelos (y, si estos vivían en un pueblo, con más razón), seguramente, recordarán que en la cocina de la susodicha había un hogar (con la preceptiva chimenea), donde se hacía la lumbre. Allí se colocaba, rodeado por las brasas o encima de un trípode de hierro (“las truedes”), el puchero para hacer la comida. Al calor de la lumbre, se tostaban las rebanadas de pan de hogaza, que con un chorretón de aceite del trujal y, de manera optativa, con ajo y sal o azúcar, estaban de rechupete. Al mismo calor, subían los colores a los mofletes de la cara, si una/o se aproximaba más de la cuenta. Por las noches, en torno al hogar, se narraban y escuchaban relatos de todo jaez; unos iban acompañados de risas y aun carcajadas y otros de miedo y hasta pánico.

En muchas casas actuales, el hogar, ese lugar donde antes había fuego, cuyas llamas alumbraban mal la estancia (si era de noche) y, más o menos, la caldeaban, hoy lo ocupa un electrodoméstico, la tele.

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Fue esto realidad, no una ficción

FUE ESTO REALIDAD, NO UNA FICCIÓN

PERDIÓ UN EURO Y OCHENTA Y OCHO CÉNTIMOS

No negaré que lo que me dispongo a narrar a continuación ocurrió porque, además de la cajera, hubo al menos una clienta que fue testigo presencial, oyente y vidente, del hecho.

Un señor, tras haber pagado la compra que acababa de hacer en cierto supermercado, se dio cuenta de que no le habían hecho el descuento en determinado producto que había adquirido. Así que, raudo, como el rayo, se dirigió a la chica que le había atendido para que subsanara el desaguisado que había cometido ella o la máquina.

La cajera le echó un vistazo al tique y comprobó que el descuento no había sido efectuado por el sencillo motivo de que ella se había equivocado a la hora de pasar por el escáner la compra, ya que, en lugar de marcar dos paquetes de chicles, compra que llevaba aparejada la rebaja en el precio, solo había marcado uno; así que, tras la operación cabal, el señor se vio obligado a satisfacer 1 euro y 44 céntimos más. Coronado dicho proceso, el señor, antes de abandonar el establecimiento, miró y remiró el recibo de compra por si hallaba otro gazapo. No reparó en que la joven que le había atendido, en lugar de marcar lo dicho, marcó dos garrafas de agua de cinco litros, que sí había depositado el señor sobre la plataforma de la caja y, más adelante, otra, que no, pero de dicho desacierto se dio cuenta el señor en casa.

Seguramente, llegado a este punto del relato, el atento y desocupado lector (sea ella o él) se preguntará con razón, cómo sé (pues doy hasta pelos y señales) tanto de lo acaecido. La respuesta es obvia. Porque lo narrado le ocurrió esta misma mañana al abajo firmante de estos renglones torcidos; quien de tan listo que fue, ha quedado a los ojos de la cajera, de quien fue testigo seguro del hecho (pudo haber más) y de sí mismo como un tonto (el viaje de regreso a casa fue, a ratos un potro de tortura, a ratos un infierno, pues no dejó de llamarse durante todo el camino, un vía crucis, bobo o bodoque).

Así que, atento y desocupado lector (sea hembra o varón), hágase y hágame el favor de ser coherente, congruente y escarmiente en cabeza ajena; y antes de formular cualquier queja, cerciórese de que tiene razón en hacerla; no vaya a ser que le pase lo que le aconteció esta mañana a servidor, que tuvo que pagar 1 euro y 44 céntimos por pasarse de listo, más 44 céntimos de la garrafa de cinco litros que no compró.

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No obvies las menudencias escabrosas

NO OBVIES LAS MENUDENCIAS ESCABROSAS

Dilecta Pilar:

Como (me consta que te has estudiado) te comprendes mejor que nadie, ya sabes qué compromisos y cuántos has de aceptar, qué cantidad de estrés (“escuatro” o “escinco”) eres capaz de controlar y soportar.

Como solo escuchando o leyendo he aprendido un montón, sigo cultivando ese doble arte de escuchar y leer con suma atención.

El sábado por la mañana hablé, por la vía que inventó Bell, con mi amigo Luis Quirico Calvo Iriarte; por la tarde hablé por teléfono con mi amada Pilar y con mi amigo Luis de Pablo, que vino a visitarme (llegó hasta el Centro Cívico “Lourdes”, donde servidor andaba pulsando las teclas de un ordenador —nos tomamos una caña en la cafetería de El Quinto Pino, que está debajo de mi casa, y hablamos de todo un poco— con las yemas de cuatro dedos). Por la noche, como te adelanté, creo, tras tomarnos tres zuritos, Pío y yo acudimos a la calle Portal, sede de la peña “La Teba”, porque (mediada la previa invitación del presidente de la citada, Sergio Iturre) nos habíamos apuntado para la cena del pastor. Fuimos 43 y lo pasamos estupendamente. Cantamos, nos bebimos un gin-tonic y a las dos de la madrugada nos marchamos a casa (cada uno a la suya). El domingo lo dediqué a las sanas y productivas costumbres de leer y escribir.

Cuenta, cuenta (y no des por obvios los detalles más escabrosos; es zumba; no soy persona adicta a los chismes).

Supongo que no serán pocas las dificultades o dudas que te surjan. Rehusar es más difícil que aceptar.

Saber escuchar es, como saber leer, una disposición del ánimo que solo la aprende y llega a ser experta/o en ella quien la ejerce y ejercita a diario.

Fue un fin de semana con más ingredientes de los habituales, ciertamente.

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Por favor, no me moleste

POR FAVOR, NO ME MOLESTE

Iuris praecepta sunt haec: honeste vivere, alterum non laedere, suum cuique tribuere” (“Los principios del derecho son estos: vivir honestamente, no molestar al otro y dar a cada uno lo suyo”).

Domicio Ulpiano

Por favor, no me moleste.
Ni insista, ni me maree.
Ni me irrite, ni cabree,
Me llame usted desde el este,
El norte, el sur o el oeste.
Si no me equivoco o tuerzo,
Me ha llamado usted, mastuerzo,
Preguntándome si ayuno
A la hora del desayuno
Y hace un rato, en el almuerzo.

Ángel Sáez García
angelsaez.otramotro@gmail.com


Yo soy yo y mis bastiones interiores

YO SOY YO Y MIS BASTIONES INTERIORES

Dilecta Pilar:

Déjame darte las gracias a ti y a tu artículo de ayer en el Heraldo de Aragón, “Baluartes interiores”, y también a José Ortega y Gasset, por amadrinar tú y apadrinar él, esto es, propiciar a medias, el rótulo y el contenido de esta, la epístola que te dirijo.

Hay quien dice que una/o es de donde estudió la carrera universitaria. Si eso es así, si pasa por ser una verdad incontrovertible, yo soy de Zaragoza. Hay quien sostiene, como mantuvo Max Aub, que una/o es de donde cursó el bachillerato. En mi caso, lo mismo da, porque de las asignaturas de los tres cursos del Bachillerato Unificado Polivalente (BUP) me examinaron profesores que impartían, a la sazón, sus lecciones en el Colegio “San Valero”, seminario menor zaragozano. El COU lo hice, asimismo, en la capital maña, concretamente, en el Colegio “Enrique de Ossó”, las Teresianas.

El pabellón de Filología ha sido derribado, ciertamente; pronto no quedará allí ni una sombra o mota de polvo (espero que no te extrañe leer esta hipérbole, pues el agua del Ebro me ha hecho propenso a ellas) de sus actuales escombros, pero aunque sus techos, suelos, paredes y escaleras hayan pasado a mejor vida, los recuerdos de muchos de los hechos que allí acaecieron irán (viajarán), siempre que el alzhéimer no nos juegue una mala pasada, con nosotros.

A mí, hoy, al menos, me resulta meramente imposible olvidar a María Antonia Martín Zorraquino, a José-Carlos Mainer Baqué, a José Manuel Cacho Blecua, a María Jesús Lacarra (a mí sí me cupo la fortuna y el honor de tenerla como profesora en Primero; además, presidió el tribunal que me puso un 8), a Mateu (fui traductor suplente en su clase), a Iso, a Aurora Egido, a Leonardo Romero, a Esther Lacadena, a Enguita, a Monge, Val, Buesa, Armisén, Albiac, etc.

Y cómo no recordar a los émulos más cercanos: Susana, María Jesús, Pilar, Jesús Miguel, Javier, Juan Carlos, Arellano, etc.

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¿Vencido el can, finó el odio?

¿VENCIDO EL CAN, FINÓ EL ODIO?

—¿Odias a quien amedrenta?
—Mal del todo no me cae
Quien a mí también distrae.
Como a Satanás se enfrenta,
A este menda le contenta.
—Sé que sabes que yo no hablo
Del ángel caído, el diablo.
—Y a mí me consta que sabes
Que acaso algún día alabes
A quien ganó al perro, Pablo.

Ángel Sáez García
angelsaez.otramotro@gmail.com


Si aprovecha leer, más a los clásicos

SI APROVECHA LEER, MÁS A LOS CLÁSICOS

La vigente Constitución Española de 1978, en el punto 2 de su artículo 25 dice que “las penas privativas de libertad y las medidas de seguridad estarán orientadas hacia la reeducación y reinserción social y no podrán consistir en trabajos forzados. El condenado a pena de prisión que estuviere cumpliendo la misma gozará de los derechos fundamentales de este Capítulo, a excepción de los que se vean expresamente limitados por el contenido del fallo condenatorio, el sentido de la pena y la ley penitenciaria. En todo caso, tendrá derecho a un trabajo remunerado y a los beneficios correspondientes de la Seguridad Social, así como al acceso a la cultura y al desarrollo integral de su personalidad”.

Me consta que ha habido un gran grupo de personas que han estado entre rejas a las que su estancia en prisión les ha servido (y la han aprovechado) y otro gran grupo a quienes estar entre barrotes, más que beneficiarles, les ha perjudicado sobremanera.

Los dos párrafos precedentes vienen a cuento de lo que sigue. Una fémina donostiarra (poco importa su nombre compuesto y apellidos; no es mi propósito incrementar innecesariamente el daño o dolor) que otrora trabajó como funcionaria de la Delegación del Gobierno en la Comunidad Foral, que demostró ser un hacha para la malversación y el fraude, ideó la manera de cobrar, a través de varias cuentas corrientes, centenares de millones de pesetas y no devolver 186 de esos a dos empresarios navarros. La Audiencia Provincial de Navarra la condenó a 12 años de prisión, pero el Tribunal Supremo rebajó la pena a 9 años. ¿Sacó alguna enseñanza de ello? ¿Aprendió de los errores cometidos?

Todo parece indicar que no. Esta semana la fémina innominada ha vuelto a sentarse en el banquillo de otra Audiencia Provincial, en este caso, la de Logroño, al ser acusada por el Ministerio Fiscal de un delito continuado de estafa. El representante de la Fiscalía solicita para ella una pena de 8 años.

Al parecer, mutatis mutandis, como ocurre con los asesinos en serie, el delincuente económico va especializándose en sus fechorías, en sus procederes delincuenciales. Presuntamente, la acusada pudo llevar a cabo la estafa, tras alcanzar el cargo de decana del Colegio Oficial de Psicólogos de La Rioja. Cabe preguntarse cómo obtuvo la donostiarra de marras el título de Psicóloga. Sin embargo, esa pregunta lleva aparejada o a formularse otra: ¿Dicho título era verdadero o una engañifa?

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¿Quién padece el efecto Dunning-Kruger?

¿QUIÉN PADECE EL EFECTO DUNNING-KRUGER?

Como por las mañanas ya no acudo al Centro Cívico “Lourdes” (donde solía urdir las primeras versiones de mis textos, fueran estos escritos por el abajo firmante en verso o en prosa), cuyo servicio de ordenadores ha sido clausurado (al menos, temporalmente; dicha sala, estrecha, la han solicitado varias asociaciones, ergo, según me comentó hace algunos días en dicho espacio el propio responsable, se usará para otros menesteres cívicos), aprovecho las primeras horas de las mismas para leer las páginas de los números de los periódicos y revistas sobre las que (por diversos motivos, los que fueran) no pasé ni posé en su día mi vista. Ayer, verbigracia, me di de bruces en una de las mentadas páginas con un sesgo psicológico cuya existencia desconocía (lo habitual; admito —no me cuesta nada asumir lo obvio— y reconozco que soy —y me moriré siendo— un ignorante ancho, largo y alto o profundo en mil y un ámbitos del saber), el Dunning-Kruger (efecto psicológico “según el cual —reproduzco a continuación qué dice al respecto la Wikipedia— los individuos con escasa habilidad o conocimientos sufren de un sentimiento de superioridad ilusorio, midiendo incorrectamente su habilidad por encima de lo real”), llamado de esa guisa porque fueron los investigadores David Dunning y Justin Kruger, de la Universidad de Cornell, quienes demostraron la existencia de dicho fenómeno. Sus resultados los publicaron en el número de diciembre de 1999 del Journal of Personality and Social Psychology, por el que recibieron el premio Ig Nobel (organizado por la revista de humor científico Annals of Improbable, que concede, a principios del mes de octubre de cada año, dicho galardón, por sus logros coronados, a diez grupos de científicos que —a la inversa o completando o complementando acaso el parecer que adujo George Burns de que “quien nos hace reír es un cómico. Quien nos hace pensar y luego reír es un humorista”— “primero hacen reír a la gente y luego la hacen pensar”) 2000. En el mentado trabajo concluyeron que “la sobrevaloración del incompetente nace de la mala interpretación de la capacidad de uno mismo. La infravaloración del competente nace de la mala interpretación de la capacidad de los demás”.

Quien padece dicho sesgo cognitivo (ella o él) se tiene por más capaz de lo que en realidad es, se siente más inteligente de lo que cualquier test de inteligencia demuestra o prueba. Suele ser tan soberbio o tener el ego tan subido que es incapaz de dar su brazo a torcer, o sea, reconocer, sin ambages, que es un incontrovertible bodoque.

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Lunes, 25 de marzo

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