El Blog de Otramotro

¿Que qué juzgo vergonzoso?

¿QUE QUÉ JUZGO VERGONZOSO?

“Es más vergonzoso desconfiar de los amigos que ser engañado por ellos”.

Jean de La Bruyère

—Considero vergonzoso
Desconfiar del amigo.
Mas ¿merece más castigo
Que al de los leones foso
Caer por él? ¡Qué horroroso!
—No sufrirás otro chasco,
Ni grima sentirás o asco,
Ni te verás defraudado,
Si tú sigues encerrado,
Como Satán, en un frasco.

Ángel Sáez García
angelsaez.otramotro@gmail.com


Joan Manuel Serrat, ¡chapó!

JOAN MANUEL SERRAT, ¡CHAPÓ!

A la/al “indepe” se le llena
La mui al soltar “democracia”,
Pero ninguna hace gracia
Oír, de manera amena,
La discrepancia. Una hiena
Deviene entonces si escucha
A quien goza de voz ducha
Y un catalán de los pies
A la cabeza el tal es.
¡Chapó, Serrat! ¡Desembucha!

Ángel Sáez García
angelsaez.otramotro@gmail.com


En torno al ominoso referéndum

EN TORNO AL OMINOSO REFERÉNDUM

En varios de mis textos (ora trenzados en prosa, ora urdidos en verso) he intentado plasmar y recoger mis deducciones, inducciones, intuiciones y reflexiones a propósito de lo que he sacado en claro o concluido en numerosas ocasiones y de manera inconcusa, tras leer (o releer) detenidamente textos firmados por otras/os, que el carácter profético de la literatura (fuera escrita en verso o en prosa) no es una entelequia o quimera, no, sino un incontrovertible hecho concreto.

Así, verbigracia, aunque admito que puedo estar equivocado (porque reconozco que soy adicto a la exageración, un fan de la hipérbole), en lo tocante al rosario de despropósitos, dislates y disparates que acarrea, porta o portea el ominoso, por ilegal, y omnímodo referéndum catalán, del que unas/os cuantas/os estamos ahítas/os, hartas/os, hasta las mismas narices, tengo para mí que en los dos últimos versos endecasílabos del estrambote bizarro y burlón que don Miguel de Cervantes añadió al soneto satírico que escribió en 1598 y tituló “Al túmulo del rey Felipe II en Sevilla” cabe hallar materia o sustancia profética bastante para entender determinados comportamientos, bien fanfarronadas, bien desatinos, de ciertas/os politicastras/os actuales, contemporáneas/os: “caló el chapeo, requirió la espada, / miró al soslayo, fuese y no hubo nada”.

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Los jóvenes de Arran marran

LOS JÓVENES DE ARRAN MARRAN

“El tiempo no es una cuerda que se pueda medir nudo a nudo, el tiempo es una superficie oblicua y ondulante que solo la memoria es capaz de hacer que se mueva y aproxime”.

José Saramago

Algunos periodistas narran (y no marran, porque yo he visto el pasquín) que los “cachorros” leridanos de Arran, grupo juvenil asociado a la CUP, distribuyeron por la ciudad y pegaron donde pudieron carteles en los que se exhibían las fotografías de catorce “demonios”, halcones u objetivos a abatir, catorce, los ediles del PSC, Ciutadans y el PP de Lérida, y en los que se podía leer en grandes letras versales y en catalán “Assenyalem-los!” (“¡Señalémoslos!” en español). Este lema era consecuencia o corolario de lo que se leía más arriba, también escrito en mayúsculas y catalán (“El tripartit de Lleida, PSC, Ciutadans i PP, no ens volem deixar votar. Desobeïm” (“El tripartito de Lérida, PSC, Ciudadanos y PP no nos quieren dejar votar. Desobedecen”). Con motivo, mi memoria personal me retrotrajo hasta los “años de plomo”, en los que los terroristas de ETA mataban un día sí y otro también a personas cuyos rostros habían aparecido antes en pasquines señalados por una diana. Y mi memoria histórica a tiempos aún más lejanos, los de la Alemania (y otros países invadidos por esta, Polonia, Francia, Holanda,…) nazi, donde los judíos fueron obligados a llevar sobre la ropa una discriminatoria o segregacionista insignia o estrella amarilla, el hexagrama de David.

La libertad de expresión no lo aguanta ni lo permite todo. La discrepancia ideológica no puede llevar a nadie, que aduzca que es un demócrata convencido, a ultranza (y en el día a día demuestre bien, a las claras, que lo es), a demonizar al contrario, como eso hicieron los nazis al señalar a los judíos y los etarras al hacer tres cuartos de lo propio con los miembros de los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado, concejales, diputados y...

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La epístola semeja una pistola

LA EPÍSTOLA SEMEJA UNA PISTOLA

(DEL “TEJERAZO” AL “FORCADELLAZO”)

“En un atraco político mal puede dialogarse con quien ya ha sacado el revólver”.

Antonio Elorza, en “El silencio y la mentira”, artículo publicado en la página 14 de El País el sábado pasado, 16 de septiembre de 2017.

Ignoro si usted, atento y desocupado lector (sea ella o él), ha tenido la oportunidad (tal vez servidor hubiera dado de lleno en el blanco o centro de la diana si, en lugar de dicho sustantivo, hubiera escrito estos otros, los redaños, los dídimos o el valor) de leer (y, si lo ha hecho de cabo a rabo, sin indignarse ni montar en cólera) la carta que Carles Puigdemont, Oriol Junqueras, Carme Forcadell y Ada Colau le mandaron (y varios periódicos, en sus ediciones digitales, se hicieron eco de ella y la publicaron o colocaron un enlace que mandaba al usuario adonde aparecía y podía pasar la vista por ella) al presidente del Gobierno, Mariano Rajoy (con copia al rey).

Reconozco que la acabo de releer. La primera vez que la recorrieron mis ojos fue el pasado viernes. Ahora bien, como tenía pendientes en mi mente otras ideas que quería desarrollar y sobre las que deseaba, asimismo, escribir, la pospuse o procrastiné para mejor ocasión, esta. Aunque no me crea, ya escogí entonces el subtítulo provisional que hoy, de manera definitiva, porta.

Al parecer, en la actual piel de toro puesta a secar, algunos politicastros (hembras y varones), políticos de tres (cuatro o más) al cuarto, piensan que la política es una partida de mus o de póquer en la que los jugadores pueden echar órdagos o envites falsos a fin de amedrentar o desorientar a sus oponentes, o sea, ir de farol, sin que nada les pase ni pese.

A ver si usted, atento y desocupado lector (sea ella o él), me puede explicar, en el supuesto de que, de verdad (de la buena), lo haya comprendido, cómo se compadece el inicio de la carta en cuestión (“Los conflictos políticos se resuelven, en los sistemas democráticos, a través de propuestas políticas que son consecuencia de negociaciones y diálogo”), que suscribió la presidenta del Parlament, Carme Forcadell, con el comportamiento de parte que tuvo la mencionada los pasados días 6 y 7 de septiembre en la Cámara catalana, en la que mostró, de modo público y notorio, sin ambages, y demostró, de manera patente, bien, a las claras, sin embozos, su faceta independentista, su perfil parcial, su papel preponderante en el (intento de) golpe de Estado. ¿Sus actitudes no dejaron entrever o traslucir lo contrario u opuesto a lo que debe esperarse de quien ha sido elegida para ejercer tan alta dignidad de una manera imparcial: limpieza y respeto máximos a las formas y al fondo de la legalidad vigente? Al negarse el secretario general de la Cámara, Xavier Muro, a publicar la ley del referéndum de autodeterminación en el Boletín Oficial del Parlament (BOP), ¿no permitió, al no oponerse (ni intentar impedir tal desmán), que los cuatro diputados de Junts pel Sí en la Mesa la publicaran sin miramientos, a las bravas? Claro, por supuesto. ¿Tuvo la gallardía de dimitir? No. Por cierto, que me llamó mucho la atención el hecho de que recusara a los doce miembros, doce, del Tribunal Constitucional (me acabo de enterar de que ha llevado a cabo lo propio con los magistrados del TSJC), pero la ilusa y desleal Forcadell, perita en hallar con quién/es romper las hostilidades aun sin haber declarado la guerra (cuando dijo/escribió que “el enemigo es España”, ¿era consciente de que una cosa es el deseo y otra la realidad —como advirtió el inmarchitable poeta Luis Cernuda Bidón—, que Cataluña fue, es y, mientras no se cambien los artículos 1 y 2 de la Constitución Española, seguirá siendo España?), no consideró oportuno dejar a un lado su pasado al frente de la Asamblea Nacional Catalana (ANC), ni logró aplacar sus inquietudes o querencias soberanistas, al alinearse, de modo meridiano, con los intereses y la estrategia de los secesionistas. Toda la oposición (Joan Coscubiela, de Sí Que Es Pot, estuvo el día 7 en la tribuna a la altura de las circunstancias, genial) coincidió en afearle a Carme Forcadell que hollara y vulnerara de facto los derechos de los diputados. Si la opinión de Xavier Muro no la tuvo en cuenta, lo propio hizo con el parecer del letrado mayor, Antoni Bayona, del que hizo caso omiso; y, asimismo, del criterio del Consejo de Garantías Estatutarias (a pesar de sus insistentes advertencias), que también cayó en saco roto.

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Como Zebenzuí no seas

COMO ZEBENZUÍ NO SEAS

Hay quien cuando “guasapea”,
Si de grupo se equivoca,
Recibe un zas en la boca.
Quien marra cuando chatea
¿Se disculpa y no chotea?
Zebenzuí, que ha difundido
Sus amaños, suspendido
Ha sido. ¿Aquel concejal
Que se mofa del ojal
Que enhebra acaba fundido?

Ángel Sáez García
angelsaez.otramotro@gmail.com


¿Quién no admite acto ofensor?

¿QUIÉN NO ADMITE ACTO OFENSOR?

No hay nada como prohibir
Llevar a cabo una acción
Para que ejerza atracción
Impar y quiera exhibir
Quien no se deja inhibir
Por el veto de un censor,
El supuesto defensor
De lo estético y moral
En una orquesta o coral
Que no admite acto ofensor.

Ángel Sáez García
angelsaez.otramotro@gmail.com


¿Quiénes paren soluciones?

¿QUIÉNES PAREN SOLUCIONES?

Solo alumbran soluciones
Quienes juntan experiencias
Y ene extraen quintaesencias
De las que aducen razones
Y que muestran emociones;
No cuantas/os las ilusiones
De unas/os y de otras/os pasiones
Enfrentan hasta que luchan,
Pues odian a las/os que escuchan
Y abortan irritaciones.

Ángel Sáez García
angelsaez.otramotro@gmail.com


Todos engañamos, todos

TODOS ENGAÑAMOS, TODOS

Todos los seres humanos,
Sin salvedad o excepción,
Engañamos, condición
General en los bimanos,
Con la boca o con las manos;
Y que quien niegue contemplo
Esta verdad como un templo,
Engañe por cortesía,
Mienta por hipocresía,
Será de lo dicho ejemplo.

Ángel Sáez García
angelsaez.otramotro@gmail.com


Una mosca cojonera

UNA MOSCA COJONERA

“(...) una mosca cojonera que quiere ser una mosca cojonera deja de serlo en el acto (...)”.

Javier Cercas

—Ojalá sea algún día
Una mosca cojonera,
Como lo fue, a su manera,
Unamuno, que cundía
Como cien, mas no se hundía.
—Ojalá yo removiera
Las conciencias como hiciera
Otrora “Fígaro”, Larra,
Que tanto dio la tabarra
Y fue, sin duda, una fiera.

Ángel Sáez García
angelsaez.otramotro@gmail.com


Gregorio es entrañable y admirable

GREGORIO ES ENTRAÑABLE Y ADMIRABLE

“Era lo bastante listo para conocerse a sí mismo, lo bastante valiente para ser él mismo y lo bastante insensato para cambiarse a sí mismo y, al mismo tiempo, seguir manteniéndose auténtico”.

Patrick James Rothfuss, en “La música del silencio”.

De los tres Gregorios, tres, sobre los que me dispongo a discurrir brevemente en este opúsculo, atento y desocupado lector (sea ella o él), a quien le tengo más cariño y le estoy más agradecido es a mi tío (lo llamo así, aunque, en sentido estricto, no lo es) Gregorio. El esposo de mi tía Ramona, que, en realidad, era prima segunda de mi padre, y la recién mencionada nos abrieron de par en par hace muchos años la puerta de su casa en Tórtoles, barrio turiasonense, a toda nuestra familia. No estoy seguro de si fue la primera vez que subimos a Tarazona, pero recuerdo, aunque de manera desdibujada, la ocasión en la que mis hermanos varones y servidor vestíamos camisas estampadas con diversos tipos de barcos y pantalones cortos de color azul marino.

Aunque casi todas las semanas llamo y hablo por teléfono con mi tía Ramona (se pone menos veces mi tío, nonagenario), que viven en una residencia especialmente acondicionada o habilitada para cuidar a personas de la tercera edad, creo que no los veo desde que acudieron con Gabriel, su hijo, al tanatorio a darnos el pésame a mis hermanos y a mí con la tristísima y desgarradora nueva del fallecimiento de nuestra progenitora. ¡Cómo lloraba (demostraba así, sin decir palabra, su mucho pesar por la pérdida de nuestra madre) nuestro tío Gregorio!

Le confieso, sin ambages, atento y desocupado lector (sea hembra o varón), que estoy en deuda con Gregory House, protagonista de la serie televisiva, desgraciadamente, ya clausurada (¡qué pena, pues sus guionistas —con quienes, en puridad, tengo el débito— habían conseguido asimilar la inmarchitable lección de Horacio, o sea, habían logrado extraer todo el jugo o sacado el máximo provecho a los versos 343 y 344 de su “Arte poética”, es decir, a su sabia recomendación de mezclar lo útil con lo dulce!), que se tituló, precisamente, así, como su primer apellido, “House”; porque no solo le debo los buenos ratos que me ha hecho pasar viendo/escuchando sus episodios, sino que me ha abastecido sin querer, involuntariamente, de un número ingente de ideas con las que he procurado enriquecer algunas de mis urdiduras (o “urdiblandas”) en verso o en prosa.

El ficticio doctor House (personaje creado por David Shore), especialista en enfermedades infecciosas y nefrología, casi casi un trasunto de otro personaje ficticio, Sherlock Holmes, el detective salido del magín de Arthur Conan Doyle, eso sí, puesto al día, remozado, modernizado, no obstante sus notorias soberbia intelectual, misantropía (rehúsa, si pude, el contacto con sus pacientes) y egolatría, su manifiesto infantilismo (a veces actúa como si fuera un crío, apostándose con su amigo Wilson, por ejemplo, a ver quién consigue que su gallina —cada uno la suya— pase inadvertida más tiempo a los ojos escrutadores de los agentes de seguridad del hospital, o jugando en dicho recinto con helicópteros teledirigidos), resuelve casos difíciles, salvando, salvo contadas excepciones (la muerte de una paciente, empero, verbigracia, le sigue obsesionando, rondando o gravitando sobre su pesquis, hasta una década después), la vida a numerosos pacientes. Su adicción a la vicodina y al juego (si invierte en bolsa y chantajea a un paciente, rico empresario, es para conseguir que vuelvan a trabajar con él Chase y Taub), el frecuente uso que hace del sarcasmo y su frase proverbial de que “todo el mundo miente” serían ingredientes fundamentales, imprescindibles, de cualesquiera etopeyas que de él, un médico singular, inolvidable, inconfundible, genial, distinto y distante, se hicieran.

A pesar de que en algunos momentos u ocasiones llega a resultar detestable, insoportable e insufrible (incluso para los miembros de su equipo —Foreman, Cameron, Chase, Kutner, “Trece”, Taub, Masters, Adams, Park—, que, antes o después, llegan a la conclusión de que es un médico excepcional, fuera de lo común; para Cuddy, la directora médica del apócrifo Hospital Universitario Princeton-Plainsboro de Nueva Jersey y, durante algún tiempo, su pareja; para su —¿único?— amigo, el oncólogo Wilson; y acaso también para el espectador, fan o no de la serie), en otros/as todas/os las/os mentadas/os antes, arriba, se lo comerían a besos por ser un hacha o lince en lo suyo, diagnosticar enfermedades y prescribir los medicamentos oportunos para que las/os pacientes sanen, y por tener salidas inopinadas, desopilantes.

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¿Por qué odias, Rosa María?

¿POR QUÉ ODIAS, ROSA MARÍA?

“Sé que me van a llover las críticas de todos lados, sé que lo que voy a decir es machista y todo lo que se quiera, pero escuchando a Arrimadas en el debate de T5 solo puedo desearle que cuando salga esta noche la violen en grupo porque no merece otra cosa semejante perra asquerosa”.

Rosa María Miras Puigpinós

¿Por qué odias, Rosa María,
Y a Inés Arrimadas quieres
Que la violen? ¿Por qué hieres?
¿Quizá a ti te agradaría
Que con tu hija eso se haría?
Como no te admiras, Miras,
Cuando en tu espejo te miras,
Porque no eres solidaria,
¿Buscas ser destinataria
De las de las/os demás iras?

Ángel Sáez García
angelsaez.otramotro@gmail.com


Lunes, 25 de septiembre

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