El Blog de Otramotro

Para quererte fue preciso verte

PARA QUERERTE FUE PRECISO VERTE

Amada Pilar:

Los seres humanos somos un batido, cóctel, combinado o mezcla de nuestra historia personal, singular, privada, con nuestra historia social, grupal, pública.

Aquello que nos ha pasado (o que le ha acaecido a un allegado, amigo o deudo próximo, o a algún otro tal de estos últimos) nos influye; ahora bien, si esa influencia es total, completa, absoluta, puede que nos marque (y hasta que nos deje una señal o muesca en la memoria y aun en el alma). De aquello que presenciamos, o sea, que vimos o vemos y/u oímos cerca o por televisión, podemos aducir tres cuartos de lo propio. Las cosas buenas, regulares y malas que nos ocurrieron o que sucedieron ante nuestros ojos dejaron un poso (mayor o menor) en nosotros. Y, para coronar la idea que tengo entre manos, concluyo que he sacado de la manga o de la chistera de mi cacumen lo que podría haber propalado antaño Perogrullo, que cuanto nos pasó otrora en nuestra vida nos ha convertido en las personas que somos ahora.

Para quererte, Pilar, fue preciso que previamente pudiera verte. Para admirarte necesité antes mirarte. Fue necesario y un verdadero placer, que devino, por arte de magia, divino, conversar contigo para comprobar lo obvio, que te amaba aún más; y, aunque llegué a sentir, en momentos puntuales, miedo (que, mientras duraban esos susodichos instantes, mereció el adjetivo calificativo de cerval, que le puse a la vera), logré esperanzarme y apasionarme por ti, egregia y excelsa fémina, cada vez un poco más; y, al mismo tiempo, conseguí lo que pretendía, venerarte, glorificarte y adorarte.

Quienes estamos desparejadas/os y, aunque seamos seres sociables, somos unas/os solitarias/os empedernidas/os, quienes llevamos casi impresionada sobre nuestra cara una diana pidiendo a voz en cuello flechas certeras, quienes estamos en el punto de mira de Cupido, o sea, cuantas/os deseamos y somos deseadas/os, tenemos la obligación moral de desmontar los embelecos (que cabe hallar en derredor) del amor —de cualquier expresión o forma de amor, comenzando por aquel al que somos más adictas/os o proclives— y de confrontar si los hechos, las obras (que no las sobras, aunque suene igual) corroboran o desmienten las palabras que nos musitó al oído quien intentaba camelarnos, seducirnos. Juzgo que, si damos nuestra aquiescencia a que cuanto rodea al amor se sirva de nosotros para divulgar sus patrañas (trolas, bolas o bulos), haremos dejación de una de nuestras principales funciones, de nuestra labor supervisora, y devendremos en sus más que portavoces, “portacoces”, que acaso sea, dentro del lato ámbito de Eros, lo que más detesto ser.

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Los mayores de edad mayores somos

LOS MAYORES DE EDAD MAYORES SOMOS

España está actualmente como está (la miremos desde el punto de vista político, económico, social, cultural, etc.) por las políticas llevadas a cabo (y acaso, sobre todo, por las pretendidas y previstas, pero no coronadas o culminadas) por los gobiernos liberales (de la derecha) y socialistas (agrupadas bajo el paraguas o tras la égida marxista —lo sean en verdad o no—, o sea, de la izquierda), que han deparado al grueso de los ciudadanos (hembras y varones) depauperación, unos niveles de deuda estatal y familiar imposibles de asumir, inesperados, insospechados, nunca vistos ni oídos, además de desigualdad (no obviemos que las socialistas buscaban lo complementario, contrario u opuesto, la igualdad de oportunidades de todos, independientemente de cuáles fueran sus rentas familiares, en definitiva, el reparto equitativo de la riqueza), falta o resta de dignidad y derechos de las personas, intervencionismo insoportable del Estado en sus vidas,... Los políticos, una vez consiguen acceder al poder, parecen contravenir, un día sí y otro también, los anhelos del pueblo al que dicen que vienen a servir, la gente real, la de a pie. Hoy, por ejemplo, la receta que una legión de ellos pregona a voz en cuello como panacea es subir impuestos. Hasta ahí somos muchos (ellas y ellos) los que estamos de acuerdo. La discrepancia brota cuando no se concreta a quiénes y por qué razones.

Hoy en día, el Ejecutivo de Sánchez, en lugar de proponernos desafíos o retos reales (está claro que a la ilusión, que solo agrada a las/os ilusas/os, prefiero, por buena y aun óptima, la realidad), prosperidad, seguridad y presente, pero, sobre todo, futuro, nos vuelve a machacar con temas (manidos hasta el hartazgo) del pasado, que tienen que ver más con la Guerra (In)Civil y con el dictador Francisco Franco (del que ni los “hunos” ni los “hotros” exhumaron sus restos mortales cuando gozaron de mayorías absolutas y debieron —pactar con las minorías—; lo han decidido ahora, bienvenida sea dicha determinación, aunque el procedimiento legal elegido sea manifiestamente mejorable).

Como el abajo firmante, servidor, es seguidor de los buenos consejos de Confucio, defiende, mantiene y sostiene como acertada su recomendación de que la persona que comete un error y no lo corrige incurre en otro aún mayor. Asimismo, argumenta que, con buena voluntad política, los partidos podrían ponerse de acuerdo en que, a escasos dos meses de conmemorarse los cuarenta años de haber sido ratificada por el pueblo español en referéndum la Constitución Española de 1978, acaso haya llegado el momento oportuno para hacer un balance de la misma. Tal vez se llegue a la conclusión de que le falte y/o le sobre algo. No soy partidario de suprimir las Autonomías, pero uno ha comprobado que abundan los cargos de libre designación a los que cabe calificar de inaceptables sinecuras. Este menda no es partidario de ilegalizar los partidos independentistas, pero aprobaría un duro código penal para que, en el supuesto de que fuera iterado otro golpe de Estado blando, tras el preceptivo juicio justo, se sentenciara a muchos años de cárcel a las/os que les hubieran sido probadas sus actitudes rebeldes y/o sediciosas. Ojalá unos y otros hayan escarmentado en cabeza propia o ajena; ojalá hayan aprendido la lección que contiene ese adagio de Francis Bacon en latín que dice así: “citius emergit veritas ex errore quam ex confusione” (“la verdad emerge más rauda del error que de la confusión”).

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A Groucho Marx te pareces

A GROUCHO MARX TE PARECES

“He aquí mis principios; pero si no les gustan... ¡estoy dispuesto a cambiarlos!”.

Cita humorística relacionada con el mundo de la política, que apareció publicada por primera vez en el periódico neozelandés New Zealand Tablet el sábado, 18 de octubre de 1873.

—Yo defiendo, de ordinario,
Aquello en lo que creo, esto,
Y, al mismo tiempo, lo opuesto,
Quiero decir, lo contrario,
Porque soy contestatario.
—Te aduciré, de repente,
Lo que eres, incoherente.
A Groucho Marx te pareces,
Ateo seas o reces,
O un coñón o un insolente.

Ángel Sáez García
angelsaez.otramotro@gmail.com


El mejor aprendizaje

EL MEJOR APRENDIZAJE

Odio las puertas cerradas
De mente y de corazón
Por esta simple razón,
Porque personas erradas,
A los yerros aferradas,
Nos verá alguien en el viaje
Que, con escaso equipaje,
Haremos a la belleza
De la actitud o pureza,
El mejor aprendizaje.

Ángel Sáez García
angelsaez.otramotro@gmail.com


Que tu criterio sea ese celebro

QUE TU CRITERIO SEA ESE CELEBRO

Dilecta Pilar:

Que tu criterio sea ese celebro. Así es. Al final, terminaré escribiendo (ya veremos si ve o no la luz) la novela sobre mi cielo en la tierra, esos tres años de mi adolescencia en Navarrete.

Agradezco el consejo (y la sugerencia que lleva aparejada), pero el relato ya está publicado. Ahora veré si me acuerdo de la contraseña de Zenda.

No olvides mi encargo de que le des dos besos de mi parte a María Antonia.

Harás lo cabal. Pues es mi deseo que mañana sigan las risas. No es mala causa esa, la risa, de llorar a lágrima viva (o como la expresión que usas en tu artículo hodierno, precioso ejercicio de empatía, “a pulmón partido”, que, supongo, es hija o prima hermana del corazón partido que canta otro AS, Alejandro Sanz).

Cierto. Aunque los escritores (ignoro el porqué; tal vez porque, así, una vez aireados, consiguen vencerlos o no verse mediatizados por ellos) tienden a sacar los infiernos.

Un rifirrafe (otro, sí, pero el alcalde, en este caso en concreto, no ha estado a la altura de las circunstancias) de medio pelo.

Muchas gracias por enviarme esas “Palabricas para María Antonia”. Me siento orgulloso de haber participado en dicho cuadernico. Me extraña que no se hayan animado y avenido más excolegas nuestros a participar en un homenaje tan merecido. Las acabo de leer (menos el poema; lo dejo para mañana). Las volveré a releer y degustar pronto en otro momento. Acaso (sin hesitación) en Tenerife (donde ya sabes que pasaré quince días de vacación, que necesito, del 11 al 25 de julio).

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¿Los otros son el cielo o el infierno?

¿LOS OTROS SON EL CIELO O EL INFIERNO?

Creo, a pies juntillas, que no conviene restar ni un ápice o pizca de importancia a las manifestaciones de Núria de Gispert sobre Inés Arrimadas. Por si usted, atento y desocupado lector (sea ella o él), no ha tenido oportunidad de leerlas, déjeme comentarle que en un tuit gracioso y/o sarcástico (depende de qué pie cojee usted o del color del cristal a través del cual mire usted la realidad, porque la burla, al menos, para mí —desconozco la opinión sobre el particular de la vapuleada— era sangrante, y la ironía amén de cruel, mordaz), la primera ha dicho de la segunda que es una inepta y una ignorante. Y le ha mandado de nuevo (al parecer, esa es una idea fija que tiene y, de tanto en tanto, insiste en ella) fuera de Cataluña. En lo concerniente a lo primero, tengo para mí que todos somos ineptos e ignorantes. Por lo menos, quien esto escribe asume y reconoce sin ambages que lo es (inepto para llevar a cabo un montón de tareas en un montón de oficios e ignorante en mil y un ámbitos del conocimiento humano) y, seguramente, quien esto lee también. El problema brota, nace o surge cuando una/o lo profiere de otra/o y no se da cuenta de que lo que acaba de decir le cuadra estupendamente y hasta encaja, como eso se predica del anillo en el dedo anular, también a ella/él. En lo tocante a lo segundo, el racismo, el supremacismo y la xenofobia que destila o exuda el susodicho es incontrovertible e innegable.

Desconozco si lo aireado por De Gispert es un pensamiento o un sentimiento (porque, como nos enseñó Unamuno, si piensa el sentimiento también siente el pensamiento) asiduo, habitual y enraizado en el carácter de quienes han ostentado cargos de cierta relevancia en Cataluña y son partidarias/os de la independencia de dicha Comunidad Autónoma. Puede. Ahora bien, cabe preguntarse, en el supuesto de que un día se logre esa ansiada por ellas/os República Catalana, qué les ocurría a las/os discrepantes o disidentes con esa manera de entender las cosas y los casos. Y lo que uno se responde no le gusta, porque lo retrotrae al siglo anterior, en concreto, a las décadas de los treinta y los cuarenta, en Alemania, de infausto recuerdo.

Al abajo firmante le llama la atención que una persona cercana a cumplir los setenta años de edad no haya aprendido todavía lo que debía haber asimilado y fijado durante su paso por la Universidad, los beneficios que reporta para el cuerpo y la mente (el alma) la tolerancia ideológica de los otros, que no son el infierno porque piensen de forma distinta a la suya, sino el cielo, porque son quienes la completan o complementan, sus complementarios.

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De acuerdo en el desacuerdo

DE ACUERDO EN EL DESACUERDO

Ha pasado Cataluña
Por mucho adicto a la bola
De la cabeza a la cola.
¿Dónde no vale la cuña
Aprovecha mucho la uña?
¿De qué sirven los afanes
Si los afloran patanes,
Que solamente de acuerdo
Están en el desacuerdo
De los tales, catalanes?

Ángel Sáez García
angelsaez.otramotro@gmail.com


¿Se debe dialogar con quien no quiere?

¿SE DEBE DIALOGAR CON QUIEN NO QUIERE?

¿Cabe mantener un diálogo de sordos (en el que uno de los interlocutores, sea hembra o varón, va a lo suyo, o sea, a aducir lo que había preparado o tenía previsto decir con antelación sin atender, ni mucho ni poco ni nada de nada, a las razones que argumente y con las que acaso le contradiga —y le abata su invento— el otro; sin echar mano del lenguaje de signos, en el supuesto de que ambos hablantes sean sordomudos)? ¿Cabe avenirse a un coloquio de besugos (donde la coherencia y la lógica brillen por su ausencia)? Si servidor tuviera que contestar (evidentemente, sumo a las dos de este párrafo la del título) a esas tres preguntas, lo haría con tres rotundos noes.

Quim Torra quiere dialogar, pero (siguiendo la estela o los pasos de Carles Puigdemont, de quien se considera su vicario en el Parlament) solo de lo suyo (de lo que le interesa a él y a los de su cuerda o coinciden con su pensamiento, del derecho de libre determinación de los pueblos y de su ansiado referéndum de autodeterminación vinculante para conseguir la independencia y poder proclamar a voz en cuello la República Catalana; lo que opinen el resto de los ciudadanos —más de la mitad de los catalanes—, aunque sea exactamente lo contrario, distinto u opuesto de lo que él defiende, le importa un bledo). Pedro Sánchez (como antes le ocurrió a Mariano Rajoy con Puigdemont) no puede hablar de la independencia de Cataluña sin contravenir la Constitución, el Estatut y el resto de las leyes. Además, el muy democrático, honorable y sabio (de cuando en vez, no está mal usar la ironía; y si esta es cruenta y mordaz, el sarcasmo) Quim Torra parece desconocer lo más obvio de la historia, que no suele haber independencia sin guerra de independencia.

Ante el ultimátum de Quim Torra el Gobierno de Pedro Sánchez solo podía responder como lo ha hecho, rechazándolo de plano, no aceptándolo. ¿Acaso cabía hacer otra cosa decente, legal, oportuna? Hasta el diputado nacional y portavoz adjunto de ERC en el Congreso, Gabriel Rufián, que no es santo de mi devoción, ha estado a la altura de las circunstancias, al mantener que los ultimátums los carga el diablo. Uno había leído y escuchado que eran las armas, pero hasta las palabras pueden hacer, en algunas ocasiones puntuales, las veces de balas. Las balas o cualesquiera otros proyectiles no dañan si no los disparas. La bala no mata por ella misma, la bala mata por la velocidad que adquiere y lleva cuando impacta contra el objetivo. Si el blanco es una diana de papel y, tras este hay una plancha de acero, nada pasa. Si da en alguna parte vital del cuerpo humano, puede ser letal. Hay quien mantiene que las voces no hacen roces, pero yo he podido comprobar que, en algunas oportunidades, pueden levantar o producir hasta ampollas. Y que de nada sirve tolerar al intolerante. Al final, se impone lo cabal, justo y responsable, dejar de mostrarse respetuoso con quien no lo es, con el irrespetuoso (sea ella o él).

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Pronto me veo portando un portátil

PRONTO ME VEO PORTANDO UN PORTÁTIL

Dilecta Pilar:

Lo del portátil cada vez me lo planteo más y lo veo más factible. Me resisto, porque me conozco; y estando así, como estoy, por lo menos, no caigo en la tentación. Un día leí esto en “El retrato de Dorian Gray”, de Oscar Wilde, y me lo creí a pies juntillas (porque era lo que me sucedía o su anagrama, lo que me seducía): “La única manera de librarse de la tentación es ceder ante ella. Si se resiste, el alma enferma, anhelando lo que ella misma se ha prohibido, deseando lo que sus leyes monstruosas han hecho monstruoso e ilegal. Se ha dicho que los grandes acontecimientos del mundo suceden en el cerebro. Es también en el cerebro, y solo en el cerebro, donde se cometen los grandes pecados”. Recuerda que mi madre, Iluminada, la llamaba “tecla” (fusión de la tecla del ordenador y el final de biblioteca). Tengo dinero para comprarme el susodicho portátil, pero, insisto, es mucha la tentación y... mejor como estoy, sin ella (la tentación) y sin él (el portátil, causa u origen de ella), aunque sin poder escribir a diario estaría peor (me temo).

Así es. Creo que, de este modo, mi cordura (o “corblanda”) no cruzará la frontera o linde de la insania o locura.

Pero convendrás conmigo en que ese trabajo es liviano, no pesa como la roca de Sísifo.

Me viene bien escribirte. Siempre que me contestes, tendrás respuesta mía (creo que nunca he faltado a esa norma o cita).

Así aprendemos ambos (hagamos las veces de alumno o profesor). ¿Tú crees que el buen maestro o profesor no aprende de sus alumnos? Yo sostengo que el bueno, el verdaderamente bueno, aprende de ellos tanto o más que ellos de él. Si haces una encuesta o sondeo entre nuestras/os excolegas, te cerciorarás de cuanto te adelanto.

Te agradezco sobremanera el esfuerzo que haces al formularme los pros, que los considero más que sensatos.

Pues uno de los muchos críticos que acarreo, porto o porteo ya ha advertido dos yerros. Así que, cuando termine de urdirte estos renglones torcidos, le cederé el teclado del ordenador para que proceda a subsanarlos.

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Relación de pareja literaria

RELACIÓN DE PAREJA LITERARIA

Amada Pilar:

¿Qué le empuja a un/a aprendiz de ruiseñor o a cualquier/a otro/a artista a serlo? Te daré a continuación mi parecer, pero ten presente que, si preguntas por eso mismo a otra/o, te dará el suyo, tan válido como el mío (o más, o menos), que puede coincidir o discrepar abiertamente del tal.

Quien echa mano del arte (sea este el que sea), ¡bendita simiente!, para expresar qué siente (aunque en alguna parte de su relato invente o mienta), para explicarse (y, de esta guisa, poder luego comprenderse), trata de entender su mundo; sobre todo, por qué, en medio de ese ámbito donde parece que se tocan, sin llegar a rozarse, la belleza y la inmundicia, en ese extenso campo de mies, de trigo veraz y amapola, tigre voraz, mendaz, ha logrado hallar una espiga de oro puro. Es necesario averiguar, primero, qué pasa en nuestro microcosmos, para, después, inteligir qué ocurre en el orbe y, más tarde, qué acaece en el cosmos. Por eso, una/o se centra en las personas, animales y enseres cercanas/os, las/os que la/o rodean. Posteriormente, decide compartir con las/os oyentes, lectoras/es o espectadoras/es de su obra las preguntas que le hicieron o se hizo otrora y las respuestas que encontró, que le satisficieron, por si les pueden ser útiles ahora a las/os demás.

Aunque hay/a quienes sostienen que el arte, antes que una colección o conjunto de herramientas para instruir, tiene que serlo para emocionar, sigo recordando y dando validez a los versos 343 y 344 de la “Epístola a los Pisones” o “Arte poética” de Horacio: “Omne tulit punctum qui miscuit utile dulci, / lectorem delectando pariterque monendo” (“todo el galardón se lo llevó quien mezcló lo útil con lo dulce, al lector deleitando y, al mismo tiempo, amonestándolo”).

Está suficientemente demostrado que la buena literatura, me refiero a la profética, a la clásica (y aquí sigo, al pie de la letra, la definición que de dicho término dio Jorge Luis Borges en el opúsculo que tituló “Sobre los clásicos”: “es un libro que las generaciones de los hombres, urgidas por diversas razones, leen con previo fervor y con una misteriosa lealtad”; definición que puede completarse o complementarse, a su vez, con las líneas que el autor había escrito —y el lector, ella o él, ha podido, asimismo, leer— en la misma obra antes, “como si en sus páginas todo fuera deliberado, fatal, profundo como el cosmos y capaz de interpretaciones sin término”), tiene la rara habilidad de expresar con una brillantez, una intuición y una profundidad inauditas, insólitas, cuanto las/os antropólogas/os, las/os filósofas/os y las/os sociólogas/os harán también, pero meses, años, lustros o incluso décadas más tarde. Seguramente, por esta razón, por el don novelesco (y aun cinematográfico) que poseen ciertas/os literatas/os selectas/os de extrapolar los difusos fenómenos sociales, que objetivamente ocurren en las calles, los lugares de trabajo o de ocio y los domicilios de ene ciudades del orbe, a las concretas vivencias subjetivas que protagonizan en una localidad, real o ficticia, la que sea, los pocos personajes de una novela o una película.

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Quien no lea a Cadalso irá al cadalso

QUIEN NO LEA A CADALSO IRÁ AL CADALSO

Visto lo visto, oído lo oído y leído lo leído, durante los últimos días, semanas y meses (que alguien dio de lleno en el blanco o centro de la diana al denominar a ese lapso de tiempo de esta guisa, “la más rabiosa actualidad”) en los diversos mass media y demás mentideros patrios, dan ganas de recomendar encarecidamente a quienes (hembras o varones) tengan en el futuro (sea corto, medio o largo el plazo) la augusta, benéfica y sana intención de dedicar unos años (ocho serán bastantes) de su vida a la política su obligación ineludible de leer (y hasta releer, por lo mucho que esta acción puede aprovecharles) a los clásicos. Estos pueden ser (o no) los autores y los textos que sus profesores (no pongo en tela de juicio su buena, mejor y aun óptima intención) les aconsejen. Si yo fuera docente suyo, les insistiría un montón en que no echaran en saco roto mi recomendación de que leyeran “Los eruditos a la violeta”, de Cadalso, por el sumo y mucho jugo sarcástico que pueden extraer de dicha obra, para que nadie pueda mandarlas/os nunca al cadalso (metafórico, por supuesto).

José Cadalso publicó (en realidad, no lo hizo echando mano de su primer apellido para tal fin, sino de la primera parte de su segundo, compuesto, Vázquez —de Andrade—) en 1772 su sátira “Los eruditos a la violeta” en contra de cuantos (ellas y ellos) algunos denominamos hoy con la voz “todólogos” (expertos en todo) o duchos líquidos (porque cuanto dicen semeja el agua de la ducha, al desaparecer o irse sus palabras por el desagüe dejando la piel de quienes las escuchan limpia, sí, como una patena, mas sin apenas estela, huella o rastro alguno de conocimiento original, nuevo). La subtituló con ironía así: “Curso completo de todas las ciencias, dividido en siete lecciones, para los siete días de la semana. Compuesto por José (actualizo la acentuación, la puntuación y la grafía) Vázquez, quien lo publica en obsequio de los que pretenden saber mucho estudiando poco”.

Colocó al principio de su obra esta sabia, por dicaz y perspicaz, advertencia:

“En todos los siglos y países del mundo han pretendido introducirse en la república literaria unos hombres ineptos, que fundan su pretensión en cierto aparato artificioso de literatura. Este exterior de sabios puede alucinar a los que no saben lo arduo que es poseer una ciencia, lo difícil que es entender varias a un tiempo, lo imposible que es abrazarlas todas, y lo ridículo que es tratarlas con magisterio, satisfacción propia y deseo de ser tenido por sabio universal.

“Ni nuestra era, ni nuestra patria está libre de estos pseudoeruditos (si se me permite esta voz). A ellos va dirigido este papel irónico, con el fin de que los ignorantes no los confundan con los verdaderos sabios, en desprecio y atraso de las ciencias, atribuyendo a la esencia de una facultad las ridículas ideas, que dan de ella los que pretenden poseerla, cuando apenas han saludado sus principios”.

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¿Sánchez coronará su hoja de ruta?

¿SÁNCHEZ CORONARÁ SU HOJA DE RUTA?

Aunque el Diccionario de la Lengua Española, DLE, define coherencia (en su segunda acepción) así: “Actitud lógica y consecuente con los principios que se profesan”, al abajo firmante de estos renglones torcidos, servidor, un día le dio por definir dicho vocablo de esta otra guisa: “Ajuste completo o encaje perfecto entre lo que se piensa o se ha ideado, lo que se dice o se ha proferido y lo que se hace o se ha coronado”. Y con estas u otras parecidas palabras cabe leerlo en varios textos firmados por él.

Así pues, la coherencia no la enseña quien no la practica, ya que de nada sirve el dicho si no viene acompañado y corroborado por el hecho (medie entre ambos un largo o corto trecho), inconsecuencia en la que suele caer el adicto (ella o él) a discursos de este jaez: haz lo que digo, pero no hagas lo que hago (o sea, ser incongruente, como escuché decir en una ocasión a un cura y en otra oportunidad a un médico). ¿En qué queda nuestra probidad como personas, si llevamos a cabo acciones que, un día sí y otro también, contradicen los valores o principios que decimos defender, profesar y promover?

Pondré un ejemplo aleccionador. El pasado 31 de mayo Pedro Sánchez escribió en su cuenta de Twitter este tuit: “Defiendo esta moción de censura por coherencia, responsabilidad y democracia. Propongo un gobierno socialista, paritario y europeísta que cumplirá con la UE y la Constitución. Su hoja de ruta: estabilizar, atender las urgencias sociales y convocar elecciones”.

Al día siguiente, primero del mes de junio, desde la tribuna del Congreso de los Diputados, en plena moción de censura contra Mariano Rajoy, Sánchez adujo qué ocurría en Alemania con quien plagiaba una tesis doctoral. Lo hizo con estas concretas palabras: “Lo que hay en Europa son gobiernos, como en Alemania, en los que, por ejemplo, personas que han desempeñado responsabilidades ministeriales y a las que se les ha descubierto que han plagiado una tesis lo que han hecho ha sido dimitir”. Sánchez se refería a lo que le había acaecido allí, en marzo de 2011, a Karl-Theodor zu Guttenberg, ministro de Defensa, que presentó su dimisión al trascender a la opinión pública que había plagiado parte de su tesis doctoral. La Universidad de Bayreuth le revocó el doctorado y él tuvo que renunciar a todos sus cargos políticos. Y en febrero de 2013, a Annette Schavan, ministra de Educación y Ciencia, que se vio obligada a hacer tres cuartos de lo propio por idéntico motivo, haberse probado que había plagiado su tesis doctoral.

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Jueves, 18 de octubre

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