El Blog de Otramotro

¿Que Sánchez no ha leído a Maquiavelo?

¿QUE SÁNCHEZ NO HA LEÍDO A MAQUIAVELO?

Ignoro si Pedro Sánchez ha leído a Nicolás Maquiavelo (y no me refiero única y exclusivamente a su texto cumbre, “El príncipe”, 1513, sino también al resto de su obra). Ahora bien, si alguien, verbigracia, me preguntara por ello, contestaría, sin ambages ni dudarlo, que sí.

¿Alguien puede poner en tela de juicio que todos los políticos profesionales, todos, sin excepción, actúan como si fueran actores de una obra dramática (ora sea en la tribuna o en los pasillos del Congreso de los Diputados, ora en una conferencia de prensa, ora en una emisora de radio o en un plató de televisión)? El abajo firmante cree, a pies juntillas, que Sánchez le ha sacado punta a este concreto aserto del florentino: “El vulgo se deja seducir siempre por la apariencia y el éxito”. A veces, ambos términos se juntan en un solo sintagma, la “apariencia del éxito”, por ejemplo, tras salir airoso de la primera moción de censura victoriosa de la democracia española, como fue su caso.

¿Alguien puede objetar que Sánchez es un gato político por las diversas vidas que ha gastado o tenido? No me extrañaría nada (de nada) que algún historiador (ella o él) de la posteridad usara la imagen del ave fénix para explicar o simbolizar su actividad como representante político. Y tal vez no sea servidor el único que encuentre la base o clave de sus palingenesias o renacimientos varios en estas palabras precisas de Maquiavelo: “Porque, en verdad, no hay otro medio más seguro de posesión que la ruina”. Si solo un arruinado (hembra o varón) es incapaz de arruinarse, este es el que más posibilidades tiene de enriquecerse. Ergo, mutatis mutandis, tras ponerme el disfraz de sofista, puedo seguir razonando de esta guisa: si un muerto no puede morir más de lo que ya lo está (porque, para que ocurra la muerte, se ha de estar vivo), acaso a quien ha finado sus días le quepa la remota posibilidad de aspirar a vivir, siempre que acaezca un milagro, claro.

Asimismo, por sus comportamientos paradójicos, por sus bandazos dialécticos, por sus notorios cambios de opinión o contradicciones manifiestas, diría que, seguramente, leyó lo que Nicolás le confesaba en una misiva que remitió en mayo de 1521 al historiador florentino Francesco Guicciardini, en concreto, este secreto: “desde hace un tiempo a esta parte, yo no digo nunca lo que creo, ni creo nunca lo que digo y, si se me escapa alguna verdad de vez en cuando, la escondo entre tantas mentiras, que es difícil reconocerla”. Quien esté pendiente, de verdad de la buena, de cuanto suelta por su mui el presidente del Gobierno de España, como procura estarlo servidor, ¿no se ha hecho la pregunta que yo, lo reconozco, me acabo de hacer, de manera imprevista e inesperada? ¿No halla en las palabras del mentado Maquiavelo una más que certera etopeya o atinado retrato moral de Sánchez?

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¿Servidor? ¡Aprendiz de ruiseñor!

¿SERVIDOR? ¡APRENDIZ DE RUISEÑOR!

Amada Pilar:

Como sabes, León Tolstói comenzó su novela “Ana Karenina” (1877) de esta guisa: “Todas las familias felices se parecen unas a otras, pero cada familia infeliz tiene un motivo especial para sentirse desgraciada”. Tengo para mí que Tolstói se equivocaba en dicho aserto. Si las familias se componen de varias personas, son estas las que son o se sienten felices o infelices. Entiendo que nadie puede avenirse a decidir o determinar que una familia es feliz, si dos miembros (de los seis o diez que la componen) no lo son o no se sienten así, felices. ¿Con qué autoridad intelectual o moral podemos afirmar tal cosa, aun siendo mayoritaria (y aun abrumadora, en el caso de que sea de verdad así) la felicidad de quienes conforman dicha unidad familiar? A mí, por lo menos, se me impone la siguiente pregunta: ¿Ha habido, hay o puede haber una familia completamente feliz en la que a todos los miembros les conste que uno de ellos, sea hembra o varón, ciertamente, no lo es? Por el cúmulo de experiencias que el abajo firmante ha vivido (más padecido que disfrutado), a este menda le brota aseverar que son más, bastantes más, las situaciones infelices que puede referir que las felices, pero el cerebro humano tiene la rara capacidad prodigiosa de, en los momentos de dicha a raudales, olvidar rápidamente las desdichadas y rememorar con más facilidad y pujanza las dichosas.

Si hoy, aquí y ahora, alguien me pidiera que me autopsicoanalizara o autorretratara, diría que yo me veo a mí mismo como una persona que sabe (unos días mucho, otros días poco, depende de mi estado de ánimo, optimista o pesimista) de literatura; como un aprendiz aventajado (por avejentado) de ruiseñor, de poeta, de narrador, de artista (pues todos los días —si no todos, la inmensa mayoría de los tales— pretendo lo mismo, hacer arte con la sola ayuda de las palabras y los signos ortográficos habidos o por haber, presentes o futuros). En la actualidad, escribir y amarte son los dos motivos o razones que encuentro imprescindibles para vivir, las dos tareas necesarias y diarias que dan sentido a mi existencia. Es lo que más dichoso me hace cuando, tras ponerme con ahínco a ello, salgo airoso del doble lance o trance; y, asimismo, lo que me hace más desdichado o desgraciado, si, tras dar por acabada o coronar la labor par, esta me deja en el alma, en la piel y en las papilas gustativas de mi lengua el regusto de haber fracasado o naufragado en una o en ambas pretensiones.

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¿Chaleco gualdo? ¡Cola impar, sin vetos!

¿CHALECO GUALDO? ¡COLA IMPAR, SIN VETOS!

Personas con anhelos incompletos
Y un menguante poder adquisitivo
En el chaleco gualdo, equitativo,
Hallado han pegamento impar, sin vetos.

Un revoltijo forman los sujetos
Que en la prenda amarilla el distintivo
Han visto que hace iguales, el motivo
Que une como la rabia sin secretos.

Entre los tales hay agricultores
Y estudiantes también y camioneros
Que ven cómo enflaquecen los dineros

Con los que compran menos o peores
Carnes, pescados, miel o carburantes
Que apenas tres o cuatro añadas antes.

Ángel Sáez García
angelsaez.otramotro@gmail.com


Buena cabeza, sí, la de Bermejo

BUENA CABEZA, SÍ, LA DE BERMEJO

Dilecta Pilar:

Insisto en darte las gracias por tus muestras de empatía. El desamor también forma parte de la vida. Nunca es bienvenido, pero lo cierto es que aprovecha cualquier grieta o rendija para colarse de rondón y hacerse notar.

Cierto. He vuelto a releer tu texto y lo urdido por mí. No sé si algún duende se comió o eliminó (me suele ocurrir cuando agrego, corrijo o quito algo de lo escrito) parte de mi comentario. Si no recuerdo mal, decía que todos somos santos alguna vez o varias a lo largo de nuestra existencia. Me cercioraré para que esta vez no me hurte el presunto duende sisador lo agregado. Trabajar con prisas te lleva a cometer estos yerros. Te pido o ruego disculpas por ello.

Celebro que en el otro correo (que te contesto en este) no hayas advertido nada enmendable.

Buena cabeza, sí, la de José Carlos Bermejo, sin duda. Aprendí a su lado y al de Santaolalla y del resto de mis compañeros muchas cosas. Si se aprende de las personas normales, no te digo cuánto puede llegar a asimilar uno de las más inteligentes de cualquier grupo humano (el que sea, cuando y donde sea).

La empatía solo se comprende verdaderamente ejerciéndola. Es muy difícil ponerse en la piel de(l) otro (ella o él); tan complejo resulta que lo hacemos (que conseguimos hacerlo de verdad) pocas veces. Cada quien acarrea a él mismo, su persona y su personalidad, con sus principios, sus valores, sus sentimientos, sus pensamientos y sus experiencias. Como el otro ha tenido y portea los/as suyos/as, unos/as se comprenden y entienden perfectamente y otros/as no (en su integridad). Lo normal es que no empaticemos completa y totalmente; no obstante, lo importante es hacer ese esfuerzo. Ya sabes mi argumento: quien hace todo lo que puede no está obligado a hacer más.

La condición humana implica la atracción (y hasta la pasión o el vértigo) que ejerce sobre ella el error. Errare humanum est.

Celebro que te haya petado la imagen.

Sigo sosteniendo la tesis de que a Cervantes se le desmandó el personaje de don Quijote y eso contribuyó a su doble inmortalidad (la del personaje y la de su autor, que a veces, veo como mero amanuense). Si los personajes no fluyen por sí mismos, estos no evolucionan y quedan planos, insulsos.

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¿Don Pedro? ¡Todo un poliedro!

¿DON PEDRO? ¡TODO UN POLIEDRO!

Veo que es capaz don Pedro
De ser las jornadas siete
De la semana un juguete
Distinto: “Creo que medro
Porque parezco un poliedro:
Los lunes soy socialista;
Los martes, puro marxista;
Los miércoles, soy cambiante;
Los jueves, un gran tunante;
Los viernes, nacionalista;
Los sábados, polemista;
Los domingos, progresista”.

Ángel Sáez García
angelsaez.otramotro@gmail.com


Pregunto: ¿Está Quim Torra bien del tarro?

PREGUNTO: ¿ESTÁ QUIM TORRA BIEN DEL TARRO?

Antes de contestar a esa pregunta,
Habrá que dar respuesta, verbigracia,
A muchas otras: ¿Tiene Torra gracia?
¿Tarro de las esencias, donde él unta

El pan con mantequilla o marabunta?
¿Cuanto escribió de España una desgracia
Fue; y, por esa razón, tiene una lacia
Mirada y la nariz creciente, en punta?

Según Torra, los Mossos, no, no obraron
Como debían, no garantizaron
El orden; los CDR, sin embargo,

Estuvieron de diez, tras el letargo.
A mí el extravagante Torra causa
Alipori, vergüenza ajena. Pausa.

Ángel Sáez García
angelsaez.otramotro@gmail.com


Me embellece la que es bella

ME EMBELLECE LA QUE ES BELLA

Yo no quiero ser famoso.
Solo aspiro a ser humano:
Ir con Pilar de la mano
Por algún entorno hermoso
De Roma o el Londres brumoso.
No quiero ser una estrella.
Con callejear con ella
Y a mandíbula batiente
Reír, me basta. No miente
Quien hace bello la bella.

Ángel Sáez García
angelsaez.otramotro@gmail.com


Cómo versos trenzo o prosas

CÓMO VERSOS TRENZO O PROSAS

No es imprescindible estar
Con alguien en un lugar
Para con él madrugar,
Ver ledo su bienestar,
Dar pena su malestar.
Yo hago con Pilar mil cosas;
Verbigracia, las cien rosas
De su rosal admirar
O con sus ojos mirar
Cómo versos trenzo o prosas.

Ángel Sáez García
angelsaez.otramotro@gmail.com


Hoy no has juzgado mis actos

HOY NO HAS JUZGADO MIS ACTOS

—¡Gracias (hoy me has escuchado),
Por tu impar disposición!
—Puede una excelsa intención
Tener, como he razonado,
Un pésimo resultado.
—Hoy no has juzgado mis actos
Ni me han pinchado tus cactos.
Me he sentido acompañada/o;
No, como antaño, arañada/o.
¿Cuándo firmamos más pactos?

Ángel Sáez García
angelsaez.otramotro@gmail.com


Pretendo pregonar que eres mi musa

PRETENDO PREGONAR QUE ERES MI MUSA

Amada Pilar:

Si alguien me preguntara hoy si valió la pena tener que trabajar de camarero muchos fines de semana (durante los cursos académicos —y aun después de recibir el título, para ir tirando o sobrevivir—) y los veranos para poder estudiar una carrera (Filosofía y Letras) y obtener una licenciatura (en Filología Hispánica), contestaría, sin esconder lo orgulloso que estoy de ello, que sí.

Si ese mismo alguien u otro distinto me preguntara si valió la pena leer las lecturas obligatorias que los profesores (ellas y ellos) de las asignaturas que cursé me impusieron contestaría (no sin haberme comido previamente los varios prejuicios o sapos que, por unas u otras razones, más bien sinrazones, o no me los pude cepillar o de ellos no me pude deshacer, antes de acabarlos de leer), asimismo, que sí. Y, seguramente, volvería a rememorar las palabras (en latín) que Plinio el Joven escribió recordando, a su vez, las que le escuchó proferir a su tío Plinio el Viejo. En la “Epístola a Bebio Macro”, haciendo referencia a su tío, Plinio el Joven escribió: “dicere etiam solebat nullum esse librum tam malum ut non aliqua parte prodesset” (“incluso solía decir que no hay ningún libro tan malo que no aproveche en alguna parte”). Bueno, pues ese mismo pensamiento o regla de Plinio yo lo vengo defendiendo y sosteniendo de todas las personas habidas y por haber, estén, hayan estado o vayan a estar durante algún tiempo entre rejas, que no ha habido, ni hay ni habrá un solo ser humano que no haya protagonizado a lo largo de su larga o corta existencia alguna acción buena.

Las horas que dedicamos a leer lo que otros (hembras o varones) urdieron nos dejaron un poso que entonces, quizá, no barruntamos el verdadero peso que iban a tener en el futuro, verbigracia, el momento presente, actual, en el que somos nosotros los que nos dedicamos a juntar palabras. ¿Cuántos sospechamos otrora que algunas pocas, pero escogidas, palabras trenzadas por un grupo selecto de autores devendrían con el lento paso del tiempo en fértiles y sugerentes estímulos literarios ahora? Pocos (y rogaría que no me contaran, porque marrarían, entre ellos), muy pocos.

¿Qué convierte a un libro en clásico? No volveré a recordar aquí lo que en el opúsculo “Sobre los clásicos” (ensayo incluido en “Otras inquisiciones”, 1952) escribió Jorge Luis Borges con tanto tino que nadie (y, si alguien lo ha hecho ya, le pido sentidas y sinceras disculpas, porque lo desconocía —por cierto, que ignoro por qué a muchos semejantes míos les molesta que se les llame ignorantes, cuando, se pongan como se pongan, sin ambages, lo son; a mí, al menos, no me duelen prendas reconocer lo obvio, que lo soy—) ha tenido el ingenio suficiente para idear razones de peso con las que refutar las vertidas por él en el breve ensayo citado. Como escribió en “Walden” (1854) su hacedor, Henry David Thoreau, “son los clásicos oráculos que no han envejecido, y en ellos se encuentran respuestas a las preguntas más modernas, que ni Delfos ni Dodona podrían proporcionarnos”.

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Pilar, ojalá haya acuerdo

PILAR, OJALÁ HAYA ACUERDO

Me sentí a tu vera vivo
Y echo de menos volverme
A sentirme así, encenderme.
Aunque cuanto yo percibo,
Que es lo que de ti recibo,
Esté en claro desacuerdo
Con lo que concibo, cuerdo
Me mantiene que, aunque dudes,
Llegue el día en tú mudes
De parecer y haya acuerdo.

Ángel Sáez García
angelsaez.otramotro@gmail.com


Que se halle solución pronto a la cosa

QUE SE HALLE SOLUCIÓN PRONTO A LA COSA

Dilecta Pilar:

Celebro que así sea, que se halle solución pronto al caso o la cosa.

He vuelto a los tres o cuatro zuritos de rigor, sí, que me vienen estupendamente (es poco el alcohol ingerido). Amén de hablar con Pío de esto, eso y/o aquello, aprovecho a hacerlo también con otras/os (hermano/s, sobrinas/os, amigas/os, conocidas/os, etc.) que encuentro en el periplo o recorrido “zuriteril”. En Tudela, aseguro, hace tanto frío como en Zaragoza, seguro, sensación que acrecienta o recrudece aún más el cierzo, gélido. Ahora, recién dadas las diez de la mañana, teníamos cinco grados, si marca bien la temperatura el aparato (mitad reloj, mitad medidor de temperatura) de la esquina (creo que es propiedad del estanco) que he mirado, claro.

Entonces, todo seguirá según costumbre; como es habitual, yo seré más extenso en mis comentarios.

Insisto e itero. No tienes obligación de contestar mis correos. Cuando puedas y quieras, lo haces.

Si hubiera sabido el hecho, que tu deudo cumplía ayer años, te hubiera encargado que hicieras ayer el encargo que hoy, ahora, te hago, que le des, con un día de retraso, un par de ósculos (uno en cada uno de sus carrillos) a tu pacífica (aunque dé un poco de guerra) sobrina, Irene. Los niños ayudan a ver la vida con más esperanza si cabe, sí, que cabe; la esperanza abarca mucho espacio, es omnímoda, pero ocupa poco.

Creo que aciertas de lleno en el blanco o centro de la diana cuando ves la amistad así. La amistad (lo aprendes con el lapso o paso del tiempo transcurrido, con la sensatez que te van concediendo los años acumulados, la experiencia, “madre de la ciencia”, la llamaba mi piadoso padre, Eusebio, si sabes aprovecharla, sacarle el máximo partido), según mi parecer, es, junto con el amor, uno de los cimientos, fundamentos o pilares de la vida humana, de los seres sociales que somos las personas. Uno se achaca ahora o viene reprochándose desde hace años por qué no hizo más por mantener los lazos de amistad que inició y mantuvo otrora con determinados colegas. Aunque de esa ruptura no es único responsable (aunque uno tenga siempre más culpa que otro) uno de los miembros de la relación de amistad (ocurre lo propio con la relación de pareja), la que sea.

Con los bebés (ellas y ellos) y con los niños (ídem) se debería hacer como con la madre, darle los besos sin cuento de los que habla Catulo en uno de sus cármenes a Lesbia. Pero ahora eso está penado, según qué ojos.

Celebro que te parezcan aciertos. Lo tendré en cuenta cuando veas en mis asertos fallos, para promediar. No verme hoy un genio y mañana o pasado mañana tampoco un lerdo.

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Sábado, 15 de diciembre

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