El Blog de Otramotro

¿Qué exudamos cuando erramos?

¿QUÉ EXUDAMOS CUANDO ERRAMOS?

(¡A VER SI ALGO MEJORAMOS!)

—No obstante un móvil llevemos
En el bolso o en el bolsillo,
Que fallamos a porrillo
Los seres humanos vemos.
—Siempre que reflexionemos
Y la lección aprendamos
Que en todo lo que marramos
Hallar se puede con gusto
Tras padecer el disgusto
Que exudamos cuando erramos.

Ángel Sáez García
angelsaez.otramotro@gmail.com


No tengo amigo perfecto

NO TENGO AMIGO PERFECTO

(PERO POR ÉL SIENTO AFECTO)

“En España no se dialoga porque nadie pregunta, como no sea para responderse a sí mismo. Todos queremos estar de vuelta, sin haber ido a ninguna parte. Somos esencialmente paletos”.

Antonio Machado, en “Juan de Mairena (sentencias, donaires, apuntes y recuerdos de un profesor apócrifo)”, Madrid, Espasa-Calpe, 1936.

Yo tengo mucho respeto,
Consideración y afecto
Por quien no es un ser perfecto,
Mi amigo, a quien hoy prometo
Que no le urdiré un soneto
Si mañana su mui suelta
Que de todo está de vuelta,
Que no aspira a ser señor,
Ni aprendiz de ruiseñor,
Ni persona desenvuelta.

Ángel Sáez García
angelsaez.otramotro@gmail.com


Acatando o atacando la moral

ACATANDO O ATACANDO LA MORAL

Acaso le sorprenda este parecer mío, atento y desocupado lector (sea usted adulto o joven, hembra o varón), pero, aunque no seamos plenamente conscientes de ello, todos los comportamientos, todos, sin excepción, que tenemos las personas adultas y muchas jóvenes que estamos en nuestros cabales, quiero decir, las que sabemos distinguir entre lo que está bien hecho de lo que no lo está, los coronamos o llevamos a cabo acatando o atacando la ética, la moral (conjunto de valores que nos sirven de guías para elegir y hacer o dejar de hacer lo que sea, y que, una vez nos hemos habituado a ellos, darán sentido y regirán el curso normal de nuestras vidas), o sea, respetando la costumbre, la ley, lo reglamentado, o contraviniéndola/o. La virtud y el vicio, si firmaron algún día algún armisticio, cosa que hoy, aquí y ahora, pongo en tela de juicio, desde que vine al mundo (al menos, desde que llegué a la mayoría de edad y vengo haciendo buen uso de mi razón), andan a la greña, están en guerra abierta. Y es que, como dijo y dejó escrito en letras de molde Jacinto Benavente, “el único egoísmo aceptable es el de procurar que todos estén bien para estar uno mejor”.

Puede que no rinda dineraria o crematísticamente hablando, pero la bondad es la única inversión que nos deja el corazón henchido, atestado, como la Plaza Nueva, o de los Fueros, de Tudela el día del chupinazo o el Domingo de Resurrección, con ocasión de la Bajada del Ángel, y la sensación de plenitud en nuestro fuero interno. La música que interpreta la caridad, la generosidad, la liberalidad, el altruismo, es la mejor que puede salir de un arpa, aunque esta llevara arrumbada ni se sabe cuánto tiempo, porque tal vez un día fuera olvidada por su dueña/o en el rincón de una habitación lóbrega y oscura (como lo propio u otro tanto le acaeciera antaño a la de la Rima VII de Gustavo Adolfo Bécquer). Una vez desempolvada, reluciente y afinada, vuelve a estremecer los corazones y las razones de todos los ciudadanos que somos en el orbe (y espero y deseo que esto a nadie moleste ni estorbe).

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Un parabién memorioso

UN PARABIÉN MEMORIOSO

“El único egoísmo aceptable es el de procurar que todos estén bien para estar uno mejor”.

Jacinto Benavente

—Reconozco que disfruto
Cuando describo una rosa,
Use el verso, use la prosa;
Cuando la meta, impar fruto,
Corono sin ir de luto.
—Soy el hombre más dichoso
Del orbe, el más orgulloso,
Cuando he procurado el bien
Y me han dado un parabién
Memorable, memorioso.

Ángel Sáez García
angelsaez.otramotro@gmail.com


CDC es hoy PDeCAT

CDC ES HOY PDECAT

Hoy Convergencia se llama
PDeCAT, que he visto escrito
De otros modos y he descrito
Hasta tumbado en la cama
A quien actualmente me ama
(Como cada quisque es dueño
De sus silencios, en sueño
Ha acontecido tal cosa
Con quien se llama Eva o Rosa
Y en su testa porta un rueño).

Ángel Sáez García
angelsaez.otramotro@gmail.com


La/el mejor pendolista también yerra

LA/EL MEJOR PENDOLISTA TAMBIÉN YERRA

El sábado pasado, 15 de los corrientes mes y año, comencé a leer en la portada de EL PAÍS el artículo titulado “El infierno de la niña Naiara” y acabé de pasar la vista por él en la página 21, en cuya parte central aparecía el subtítulo de “‘Cenicienta’ en la casa de los horrores”.

Para escribir su crónica, Patricia hizo bien su trabajo, llevó a cabo cuantas pesquisas consideró distintivas, necesarias, pertinentes y/o relevantes para dar con las claves del caso. Ahora bien, tengo la impresión refractaria de que con las piezas que fue acumulando consiguió construir un puzle (dejémoslo en) bastante extraño.

Así, cuando leí el final del segundo párrafo (“Sus últimos días los pasó en el reino del castigo, tal y como lo había conocido y experimentado años atrás su asesino”), interpreté que Iván Pardo Pena había sufrido malos tratos en el mismo domicilio por parte de su... padre; extremo que confirmé cuando pasé mi vista por el final del penúltimo (décimo de once —a los que hay que agregar los tres interiores, más breves, en negrita—) parágrafo: “Él fue quien, según la interpretación de los investigadores, instauró el reino del castigo en esa casa”.

La doble (casual y causal) circunstancia de las dos hermanas más pequeñas de Naiara, cuyos nombres conocemos al acabar de leer el final del primer párrafo interior, Leire y Ángela, con la (tristemente funesta) coincidencia y convivencia en la casa de su abuela Nieves con su “tío” y asesino y dos sobrinas de este, de 15 y 12 años, hijas de una hermana de Iván, a quien le habían retirado la custodia de las niñas, que hasta ese momento tenía la abuela, han embrollado mucho la correcta comprensión del relato.

Patricia cometió un error mayúsculo (¿Quién no ha incurrido alguna vez en alguno/s? ¿Quién puede asegurar que no va a equivocarse hoy o mañana otra vez?), de bulto, cuando confundió el verbo infligir (“causar daño” o “imponer un castigo”, según el DRAE) con infringir (“quebrantar leyes, órdenes, etc.”, según el DRAE) y redactó esto: “(...) esas dos niñas participaron con su tío Iván (por cierto, ese mismo nombre eligió Miguel Delibes para bautizar a su señorito de “Los santos inocentes”) Pardo Pena, en los castigos a la pequeña Naiara, supuestamente infringidos (sic) ‘por ser mala estudiante’, y ‘por ser sudaca’, señalan fuentes conocedoras del caso que dijeron”.

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La solución del problema

LA SOLUCIÓN DEL PROBLEMA

Quienes ven el vaso medio
Vacío, las/os pesimistas,
Que no son más que optimistas
Bien informadas/os, remedio
No han hallado contra el tedio,
Que es el que ver les impide
Dónde descansa o reside
La solución del problema,
Ese affaire, asunto o tema
Que a voz en cuello/grito la pide.

Ángel Sáez García
angelsaez.otramotro@gmail.com


Cómicas/os sin porvenir

CÓMICAS/OS SIN PORVENIR

En lugar de dedicarse
A resolver los problemas
De las/os catalanas/es, lemas
Han decidido sacarse
De la chistera hasta hartarse
(El derecho a decidir,
Mas no todas/os; y a incidir,
Insistir y separar
—¿Algún bien va a deparar?—;...)
Cómicas/os sin porvenir.

Ángel Sáez García
angelsaez.otramotro@gmail.com


¿Garras ven en el de marras?

¿GARRAS VEN EN EL DE MARRAS?

(QUIZÁ EN “POR NADA” COMPRIMA)

“Un optimista ve una oportunidad en toda calamidad; un pesimista ve una calamidad en toda oportunidad”.

Winston Churchill

Son legión las/os socialistas
Que no le guipan las garras
Al artículo de marras.
Tal vez sean optimistas
Y sus guías pesimistas.
¿Por qué a Pedro le da grima
El artículo que rima
Con brinco y con Telecinco,
El ciento cincuenta y cinco?
Quizá en “por nada” comprima.

Ángel Sáez García
angelsaez.otramotro@gmail.com


¿Pedalear se pudo en cierto bingo?

¿PEDALEAR SE PUDO EN CIERTO BINGO?

La semana pasada, mientras estaba redactando las primeras líneas del breve ensayo que comenzó llevando el rótulo provisional de “Amén es el comienzo de amenaza” y acabó portando el título definitivo de “La juventud es fuente de progreso”, se me encendió la bombilla, esto es, me surgió, a bote pronto, la idea de enriquecerlo con una anécdota curiosa o sucedido real, pues volví a recordar o alguien o algo (solo Dios sabe quién o qué) trajo a mis mientes qué solían hacer mis compañeros Álvaro Santallana Risueño y Carlos Jesús Rojo Manzano después de cada evaluación, allá, in illo témpore, cuando hacíamos o cursábamos COU (ellos en ciencias, yo en letras) en el zaragozano colegio Enrique de Ossó (“Las Teresianas”). La procrastiné, porque el opúsculo discurrió por sus propios derroteros y, al parecer, un montón de obstáculos se confabularon para impedirme que lograra el encaje perfecto, sin defecto. La aducida doble razón me llevó, como insisto, a posponerla, pero no sin haberme comprometido antes a obligarme a echar mano de ella cuando advirtiera la ocasión propicia, cuando mejor conviniera. Bueno, pues tengo la impresión refractaria de que de hoy no pasa, de que ha llegado para la tal su momento más favorable, o sea, que voy a intentar erigir aquí mismo, en estos dos folios de blanco impoluto, que me sirven de guía, el monumento de palabras de papel que se merece.

Como ambos habían superado la circunstancia o condición necesaria, la barrera o el listón de la mayoría de edad, idearon la manera de celebrar, de forma original, extraordinaria, el fin de cada una de las evaluaciones ejerciendo de lo que eran, jóvenes, verbigracia, dando mal ejemplo, saltándose a la torera el cumplimiento de cierta regla no escrita y, como lógica consecuencia, varios metros. ¿Que en qué consistieron dichos saltos? Pues, grosso modo, en escaparse de la residencia religiosa donde estaban internos con nocturnidad, cosa que consiguieron al descender los tres pisos por los balcones hasta poner los pies en el patio interior, previo a la calle, pero no para andar de picos pardos, como tal vez algún atento y desocupado lector (ella o él) de estos renglones torcidos haya podido barruntar, intuir o sospechar, no, ni de jarana por lugares de mala reputación, quiero decir, tratando con putas, a no ser que alguien considere que la citada locución verbal coloquial (“andar de picos pardos”) también incluye ir a divertirse un rato al bingo a jugar unos, pocos (dado el escaso poder adquisitivo de los jóvenes jugadores), cartones.

La sede de la residencia religiosa ocupaba los tres primeros pisos de uno de los ocho bloques de aquel entorno residencial, además de los bajos o sótanos, donde, si no recuerdo mal, el espacio más amplio se destinaba a capilla, a la que también se podía acceder desde el patio residencial exterior por una puerta y una escalera que los comunicaba y donde se celebraba la eucaristía todos los domingos y fiestas de guardar; había también una ancha sala con sillas para ver la televisión; otra, menos lata, con mesas y sillas para jugar a las cartas, al parchís, la oca, el ajedrez y/o las damas, sobre todo; otra, donde cabían, de forma holgada, una mesa de pimpón y dos futbolines; y otra, que hacía las veces de mínima cancha de baloncesto con dos cestas en las paredes opuestas. En el entresuelo, a mano izquierda, quedaban la cocina y el comedor, alargado, en forma de te; enfrente de la puerta de entrada, tras cruzar el recibidor o vestíbulo, estaba la biblioteca, y a la derecha, una pieza para atender a las visitas, la sala de la televisión de los educadores y las habitaciones de estos. Comunicaba los tres pisos y el sótano una escalera interior. En el primer piso, a la derecha o a la izquierda, según la dirección que tomáramos y el pasillo, a lo largo de este, había varias habitaciones comunes, compartidas, evidentemente, por tres alumnos, que contenían cada una de ellas tres camas, tres mesillas de noche, tres sillas y tres armarios, y, en la parte opuesta del pasillo, cabía hallar sus respectivas salas de estudios, con el mismo número de mesas y sillas; un espacio común para las duchas y los aseos ocupaba la parte central; asimismo, había dos salas para las reuniones, etc. En el segundo piso las habitaciones eran individuales y se repetían los mismos espacios comunes del piso inferior para las duchas y los aseos y las salas para las reuniones.

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¿"El Terrible" ha renacido?

¿“EL TERRIBLE” HA RENACIDO?

Las memorables y memoriosas palabras (“Hegel dice en alguna parte que todos los grandes hechos y personajes de la historia universal aparecen, como si dijéramos, dos veces. Pero se olvidó de agregar: una vez como tragedia y la otra como farsa”) con las que Karl Marx arranca su obra “18 Brumario de Luis Bonaparte” (1852) componen un axioma apodíctico aún vigente, siempre que interpretemos su última voz, farsa, aquí como tragedia contra lo pequeño, brutal e indigna violencia ejercida contra los pequeños, los más indefensos, los niños (sean varones o hembras).

Como para muestra basta con un botón, ahí va el siguiente ejemplo, una décima (o) espinela (para que lo/a valore, según su personal criterio o razonamiento, el atento y desocupado lector —sea ella o él—), que usa el mismo título que sirve de rótulo para esta urdidura (o “urdiblanda”):

Juzgo en Iván Pardo Pena / Que “el Terrible” ha renacido. / Me hubiera a mí apetecido / Que Iván entrara en la trena / A cumplir otra condena / Que por darle a su sobrina / Matarile. El que asesina / Y con frialdad confiesa / Tamaño crimen aviesa / Fiera es. ¿Quién de él no abomina?

Ángel Sáez García
angelsaez.otramotro@gmail.com


Del ciento cincuenta y cinco

DEL CIENTO CINCUENTA Y CINCO

“Si una Comunidad Autónoma no cumpliere las obligaciones que la Constitución u otras leyes le impongan, o actuare de forma que atente gravemente al interés general de España, el Gobierno, previo requerimiento al Presidente de la Comunidad Autónoma y, en el caso de no ser atendido, con la aprobación por mayoría absoluta del Senado, podrá adoptar las medidas necesarias para obligar a aquella al cumplimiento forzoso de dichas obligaciones o para la protección del mencionado interés general”.

Artículo 155. 1 de la Constitución Española de 1978

“(...) no comparto el que el Gobierno de España tenga que poner en marcha el artículo 155” .

Pedro Sánchez (en respuesta a una pregunta de su tocayo Pedro Piqueras durante una entrevista en Telecinco)

Por lo que Sánchez ha dicho
Del ciento cincuenta y cinco
No he dado, no, ningún brinco.
Al revés; casi la espicho
Cuando le oí al susodicho
Lo que le largó, de veras,
En Telecinco a Piqueras
En la interviú que este le hizo.
Nada a mí me satisfizo
Cuanto contestó el guaperas.

Ángel Sáez García
angelsaez.otramotro@gmail.com


Lunes, 24 de julio

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