EL DESEO DE TESEO TEMOR ES DEL MINOTAURO
—Aquí todo el mundo juega
Con los temores del otro.
¿O es embeleco, Otramotro?
—Siempre fue así; aquí se ruega
Hasta que el banquete llega;
Y uno vuelve a apasionarse,
Es decir, a ilusionarse,
Con conseguir otro grupo
De doncellas, otro cupo,
Mas ve a Teseo acercarse.
Ángel Sáez García
otramotro@tudela.com
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VIVÍ LO QUE SIGO VIENDO
De Candelaria volviendo
(Estando en la afortunada
—Donde el todo es no hacer nada—
Tenerife), odas midiendo,
Viví lo que sigo viendo:
El autobús se detuvo
Y el chofer no se entretuvo;
Pidió las llaves del coche
Y allí no se hizo de noche;
Lo aparcó y la guagua anduvo.
Ángel Sáez García
otramotro@tudela.com
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DULCE NO HACER NADA
Dilectos allegados, amigos, deudos y/o lectores:
El menda urde estas pocas letras con el único propósito de haceros saber que, Deo volente, E. S. O., un andoba de Cornago, Otramotro, et alii, a partir del mismo momento en que corone con su firma esta “brevería” o “urdiblanda”, se dedicará por entero (es un decir) a poner en práctica eso que los italianos llaman el “dolce far niente” (dulce no hacer nada).
Hasta que vuelva a empuñar la péñola, quiero decir, pulsar las teclas de un ordenador, os desea lo mejor (en todos los ámbitos y sentidos)
Ángel.
Ángel Sáez García
otramotro@tudela.com
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QUE EL JEFE SEA SAJADO Y EL LÍDER AGASAJADO
(NUEVA VERSIÓN; INTERINA O PROVISIONAL,
MIENTRAS NO SEA DEFINITIVA)
El hábito (hijo de la costumbre) y la resonancia (renuevo del eco), el trato (gemelo del roce) y la confusión (melliza de la profusión), el uso (retoño de la asiduidad) y la recurrencia (que, siendo un bebé de dos semanas incompletas, fue dada en adopción a una yerma redundancia) de las palabras, el humorismo humanista y la ironía hilarante son las cuatro mejores, por más complejas, complementarias y completas (y reputadas aquí y allá, por la inmensa mayoría de los críticos más sesudos que en el interior y en el exterior del país fueron y son, típicas, tópicas o características, debido al común argumento incontrovertible de su clasicismo inconcuso) parejas de baile de salón que más entran en la pista a lucir el arte de Terpsícore y más airosas salen del compromiso, quiero decir, relucen (porque lo desbastan y pulen ora personas peritas en relaciones sociales, ora ciudadanos expertos en recursos humanos) para explicar por qué llamamos “líder” a quien, en puridad, sólo ostenta (aunque hay casos puntuales en los que cabría afirmar que detentan) el poder y actúa movido por un sinfín de (sin)razones o (in)congruencias, o sea, ejerce sus funciones acudiendo al escasamente convincente o nada persuasivo “ordeno y mando” (incluso a distancia) dentro del grupo o la organización que sea, y “jefe” a quien aglutina inteligencias en torno a un mismo proyecto, moviendo o haciendo que giren y funcionen a las mil maravillas las múltiples piezas del complicado engranaje de la maquinaria humanizante que conforman, engrasada con los selectos aceites de la tolerancia, la solidaridad, el progreso, la empatía y la dignidad, y dirige voluntades, orientándolas (“ennortándolas”, “occidentándolas” o “ensurándolas”, según acaezca u ocurra en cada caso concreto) en la dirección correcta (que corta, enmienda o suprime la línea o recta incorrecta), a fin de tratar de lograr lo que se había propuesto y, como corolario o correlato, obtener los resultados óptimos, inmejorables.
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¡ALÉGRATE, PORQUE ESE DÍA ES HOY Y ESE TÚ ERES TÚ!
(ONCE PROFÉTICAS PALABRAS)
(ADIÓS, SACO REPLETO DE PREJUICIOS)
“¡Triste época la nuestra! Es más fácil desintegrar un átomo que un prejuicio”.
Albert Einstein
Hoy, Domingo de Pascua o Resurrección, 12 de abril de 2009, en la tudelana plaza de los Fueros, una vez hayan dado o sonado las nueve de la mañana, acontecerá una nueva edición de la tradicional (la ceremonia religiosa se remonta al siglo XIV) “Bajada del Ángel”.
Desde el templete (para la hodierna y presente ocasión se estrenará el que ha coronado con primor el pintor Tomás Muñoz Asensio) de la Casa del Reloj, Diego Hernández Aranda, el niño, de siete años, que interpreta en el día de la fecha el papel de ángel, surcará, colgado de una maroma, los cielos de la plaza mencionada. En su vuelo, el mensajero divino irá lanzando aleluyas. Una vez llegue a donde se halla la imagen de la Virgen, le quitará el velo negro que cubre su cabeza y le anunciará la Buena Nueva con estas siete, indelebles, íngrimas y selectas palabras, siete: “¡Alégrate, María, porque tu Hijo ha resucitado!”. Y las emociones del público asistente, que abarrotará a esa precisa hora la susodicha plaza, en forma de aplausos, junto con los sones del himno nacional, se desatarán. Sólo entonces el ángel emprenderá el viaje de regreso a su lugar de origen, el templete, que semeja las puertas del Cielo.
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¿ZAPATERO, GATOPARDISTA, LAMPEDUSIANO?
“Si queremos que todo siga como está, es necesario que todo cambie”.
Giuseppe Tomasi di Lampedusa
Confucio llegó a la conclusión de que “quien comete un error y no lo corrige comete otro aún mayor”. Ergo, veo bien que el presidente del Gabinete, que tiene la competencia o potestad para hacer una crisis de Gobierno, tras haberles agradecido antes los servicios prestados, haya optado por cambiar a cuantos fueron por él elegidos para gestionar los distintos departamentos o ministerios (porque, según su criterio, no llevaron de manera plenamente satisfactoria para él las carteras asignadas), sustituyéndolos por los que ahora, como también acaeciera antaño, desea y espera que cumplan con las expectativas que él ha depositado en ellos.
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AL AUTOR DEL ANÓNIMO
Esta mañana la persona que había prometido hacerme una visita, la ha hecho. Como no encontraba el número 30 (hoy, inexistente) de la tudelana Avenida de Santa Ana, alguien, de manera solícita, le ha indicado dónde habitaba y aún vive el menda.
Una vez ha llegado al portal, sobre las 13, 20 horas, aproximadamente, ha pulsado el botón del portero del domicilio de mi señora madre, ha preguntado por mí (mi progenitora, amablemente, le ha contestado que yo no estaba en ese momento en casa, que me hallaba en la biblioteca, y llegaría, Deo volente, como de costumbre, sobre las 14, 15 horas), ha proferido quién era y de dónde procedía (por cierto, dos de mis sabuesos, quiero decir, dos de mis informantes preferidos, han coincidido en el retrato, el talle y hasta en la vestimenta que portaba el sujeto, pues ambos me han confirmado que vestía una prenda de color verde en la que podía leerse “Gobierno de La Rioja”). Ha cometido el error de dejarme una nota anónima (otro documento que viene a engrosar el expediente que voy avagillando del elemento) en la que puede leerse la siguiente y sutil amenaza mafiosa, velada: “(...) no me agradaría tener que venir otra vez a saludarte”.
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RECIBE, “BEGO”, UN BESO EN LA MEJILLA QUE ESCOJAS
Dilecta Begoña:
Tu estupenda epístola merece, como respuesta, otra que esté a su altura. Perdóname que sea filólogo las veinticuatro horas del día (metiendo, de cuando en vez, la pata, sí, también —aunque mi propósito haya sido en todo momento y lugar o “cronotopos “ no cometer yerro alguno, claro—, por supuesto), pero he advertido en tu misiva diversas tildes de más y un número aún mayor de menos. Debes poner, aunque seas o procedas “de ciencias”, sumo cuidado en lo que escribes. Varios textos, a los que puse en días pasados mi firma, esperan ser corregidos o pulidos (mejorados) por el menda. Prometo contestarte pronto (lo antes que pueda). No obstante te llame la atención el hecho, acaso tanto como a mí que te llames y apellides como te llamas y apellidas y, asimismo, que no tengas teléfono (ni fijo ni móvil), no poseo ordenador (ergo, tampoco internet) en casa (ni lo deseo, porque no me conviene un exceso de sedentarismo y, otrosí, me conozco). Ahora mismo estoy usando una computadora del Centro Cívico “Lestonnac”, de Tudela (Algaso, en muchos de mis textos apócrifos o de ficción).
Dices no comprenderme (si no he colegido mal; volveré a leer luego, por si marré), pero actúas dando a entender que extrajiste todo lo precipuo que había intentado que recogiera mi escrito.
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UNA ¿GOLOSINA? SOBRE “FLORENTINA BALDAMERO”
“Tres cosas se pueden hacer con una mujer: quererla, sufrir por ella y convertirla en literatura”.
Lawrence George Durrell
Para que una obra literaria, independientemente del género al que pertenezca (según el parecer que tenga al respecto su propio autor o vaya a ser adscrita por sus lectores críticos), alcance la consideración y estima de hito inconcuso, quiero decir, la reputación de mojón incontrovertible de esa autopista o río selecto por el que circula o discurre el canon irrefutable de las Bellas Letras, debe cumplir inexcusable e inexorablemente, a rajatabla, esta doble conditio sine qua non: de una parte, está obligada a ser una transposición lírica de la realidad, y de otra, debe exigírsele que aparente ser una suerte de charada cifrada del hombre en determinado “cronotopos”.
Puede estar seguro, desocupado lector, que, desde ahora mismo, pongo todo mi denuedo en este nuevo empeño, en que “Florentina Baldamero”, la novela cuyos primeros párrafos me comprometo a urdir en breves momentos, cumpla con creces (con) las dos imprescindibles o necesarias cláusulas mencionadas:
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RAFAEL G. L., CARTERISTA
(IN DUBIO PRO REO)
Como lo prometido es deuda (algo que conviene restituir o saldar cuanto antes), dedico este texto a Restituto Jiménez, quien coincidió con Rafael G. L. (las iniciales de esos apellidos son tan ciertas como verdaderos y acortados a la mínima expresión son los susodichos, al objeto de mantener la intimidad del andóbal a salvo, casi en el anonimato), el carterista malacitano, cuando ambos prestaban un servicio obligatorio de quince meses a la Patria, en Ceuta; y fue, precisamente, la persona que la semana pasada tuvo el brío y generosidad de confiarme y hacerme depositario de varias anécdotas verídicas, todas, absolutamente todas, referidas al sujeto de marras, entre ellas, la que he tomado en consideración y prestada para recrear y trenzar la presente urdidura o “urdiblanda” (usted, desocupado lector, decidirá).
–¿Profesión? –preguntó el capitán.
–…
–¿Que qué oficio tiene usted? –insistió el brigada.
Supongo que, aleccionado a conciencia (ergo, con ciencia) por uno de sus mentores (en el supuesto de que entonces tuviera varios), Rafael, a la pregunta del suboficial, que se había limitado a reformular la cuestión que le había planteado previamente el mando, contestó lo inesperado:
–Carterista.
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A PROPÓSITO DE LA DIGNIDAD
A todos los que algún día (dejémoslo en la inconcreta expresión latina de in illo témpore, o, verbigracia, en el lacónico ayer) se sintieron calumniados, a todos los que hoy se sienten injuriados, a todos los que mañana o pasado (o al otro) se sientan menospreciados (y hasta ninguneados) torticeramente por algún gerifalte chiquilicuatre o de tres al cuarto (¡pobre hombre!), solidarizándome con todos ellos, me gustaría brindarles, por si les sirve (como me fue y aun sigue siendo útil para mí), el presente y siguiente argumento.
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OTRO ADICTO AL CHOCOLATE
(AL RICO EN TEOBROMINA)
A “Elisabet”
Ignoro si es sustituto
de la cópula o jodienda,
si usted lo compra en la tienda
que hay cerca del instituto,
si le peta al prostituto...
Aunque sea un disparate
venerar su escaparate,
lo admito sin dar rodeos,
pues me provocan mareos:
soy adicto al chocolate.
Ángel Sáez García
otramotro@tudela.com
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