El Blog de Otramotro

¿Despertarme? ¡Qué emoción!

¿DESPERTARME? ¡QUÉ EMOCIÓN!

“Despertarse era lo más bonito. Despertarse también era un sueño”.

Ida Hegazi Hoyer, en “Perdón” (2014)

Despertarme, abrir los ojos
Y comprobar que a tu vera,
Una mujer de bandera,
Me contraba sin enojos,
Yadira, sí, y sin abrojos,
Era una bella emoción,
Una inmensa bendición.
Despertarme así, sin sueño,
Y ver que un Dios halagüeño
Existía era invención.

Ángel Sáez García
angelsaez.otramotro@gmail.com


¿Quién aún ve algún vestigio?

¿QUIÉN AÚN VE ALGÚN VESTIGIO?

Del bienestar y prestigio
Que Cataluña gozaba,
La repanocha o caraba,
Recuerdo tiene Remigio,
Que aún guipa algún vestigio.
Además de la imprudencia,
La notoria negligencia
De gerifaltes falaces,
Gobernantes incapaces,
Contribuyó a esa evidencia
La maltrecha convivencia
Ciudadana y la insolvencia.

Ángel Sáez García
angelsaez.otramotro@gmail.com


Eliminar al venal / sin finar con el rival

ELIMINAR AL VENAL / SIN FINAR CON EL RIVAL

No basta con dar el voto
A políticos honestos.
Son necesarios más gestos
(Más abajo los anoto)
Para lograr poner coto
A la corrupción masiva,
Omnímoda y agresiva:
Promover la ley que abrigue
Y al indecente castigue
Cortándole la evasiva;
Eliminar al venal
Sin finar con el rival;...

Ángel Sáez García
angelsaez.otramotro@gmail.com


Con "Chuchín" vencí al estrés

CON “CHUCHÍN” VENCÍ AL ESTRÉS

El pasado día tres,
En la sede de “La Teba”,
Donde el mus raudo se lleva,
Con “Chuchín” le di un revés
Al desorbitado estrés.
La verdad es que ganamos
Y perdimos. Envidamos
A grande, pequeña, pares
Y juego. Varios manjares
Y ene caldos degustamos.

Ángel Sáez García
angelsaez.otramotro@gmail.com


El reinado de la gente

EL REINADO DE LA GENTE

Finar con el pluralismo
Político, con las diestras
Y las zurdas, por siniestras,
Pretende el nacionalismo
Y su sosia, el populismo;
Y, en su sitio, establecer
Lo que ansía engrandecer,
El reinado de la gente,
Que, si no es inteligente
Ni apta, la va a embrutecer.

Ángel Sáez García
angelsaez.otramotro@gmail.com


¿El amor y el humor? ¡Imprescindibles!

¿EL AMOR Y EL HUMOR? ¡IMPRESCINDIBLES!

Dilecta Pilar:

Cierto. Eso se comenta, que la ironía (esa figura o recurso verbal/literario) solo la usa la gente que es (y goza de la doble condición) inteligente y diligente.

Tengo ocho sobrinos, ocho (dos de cada uno de mis hermanos): Cinco féminas (Raquel, mi ahijada, Rocío, Alba, Natalia y Lucía) y tres varones (Jorge, Adrián e Íñigo). Ergo, uno de los tuyos, Jorge, es tocayo de uno de los míos. ¡Enhorabuena! por la benjamina Irene. Siempre me ha gustado mucho esa gracia o nombre de pila, que, como sabes, significa paz, en griego.

Lo de la bodega era una boutade o salida de pie de banco (pretendía ser desopilante, hilarante, o hacer una gracia en la misma frontera, muga o raya que separa el país de las burlas de la nación de las veras, y acaso haya resultado impertinente) de servidor. Te daba un beso de los madurados en barrica de roble, donde lo hacen, asimismo, los caldos que llevan luego esa referencia en la etiqueta: “reserva”.

De nada (esto va por la una, respuesta, y por los otros, versos; y luego me preguntan que de dónde viene mi seudónimo, Otramotro). Me parece una opción, tan respetable como su (prefiero complementaria a contraria) opuesta. No solo el deudo que mencionas; tengo para mí que tú también lo eres, reservada, prudente, discreta o circunspecta. Ya sabes que de nada sirve que una/o escriba A, si el grueso de los lectores lee B. No merece la pena invertir un solo segundo en intentar hacerles ver o convencerles de que andan equivocados, porque tal vez ellos tengan razón y la/el errada/o seas tú. Como sabes, el lector (aunque el autor también lo sea, el primero de su obra; y el crítico literario, a veces, sí, en plural) es quien completa el hecho creativo literario.

Ídem. Yo te agradezco que sigas siendo quien eres y como eres.

>> Sigue...


Casi todos los hombres son perversos/amables

CASI TODOS LOS HOMBRES SON PERVERSOS/AMABLES

“Ya casi no hay hombres buenos ni malos, ni traidores por vocación, ni envenenadores por capricho. Hemos descompuesto al hombre, al conjunto de mentiras y verdades que antes era el hombre y no sabemos recomponerlo. Nos falta el cemento de la fe divina o de la fe humana, para hacer con estos cascotes una cosa que parezca una estatua”.

Pío Baroja Nessi

Otrora esto vi y leí (lo mismo que ahora esto veo y leo), que en la relación de los Siete Sabios de Grecia (hay otras, véase, verbigracia, la que presentó Aristocles, Platón, en su diálogo “Protágoras”) que hizo el “doxógrafo” (por cierto, me extraña que este vocablo no haya sido admitido o recogido aún en el DRAE) neoplatónico Ioannes Stobaeus, Juan de Stobi o Estobeo (que coronó en el siglo VI después de Cristo el más amplio florilegio de textos literarios de la antigüedad griega bajo el título de “Antología de extractos, sentencias y preceptos”), al sabio, político y legislador Bías de Priene, uno de los siete, le adjudica esta máxima: “La mayoría de los hombres son malos”. Es mi propósito narrar el sueño que he tenido hoy, entre las cinco horas y veinte minutos y las siete menos diez (podría haber escrito las seis horas y cincuenta minutos, pero, si me he decantado por la primera opción, la razón acaso estribe o radique en que el reloj que uso y porto en mi muñeca izquierda es de agujas y no digital), momentos de la tercera y la cuarta vez que, a lo largo de la noche, he salido al baño a miccionar (tal vez la culpa la tenga un efecto secundario, indeseado, del medicamento que tomo después de cenar para regular mi hipercolesterolemia), para ver si el apotegma de Bías merece seguir vigente, así, como él lo expresó, o ser implementado con el aporte de una nueva perspectiva.

Paso a relatar el sueño. Había quedado (si he de ser honesto —y mi propósito es, sin ninguna duda, serlo—, no le puedo ofrecer o referir a usted, atento y desocupado lector, sea ella o él, ni el lugar concreto ni la hora exacta de dicho encuentro, porque, una de dos, o no los he hallado en el sueño o, si los había, los he olvidado; no contemplo otra posibilidad) con el líder y cabeza de lista del PSC a las elecciones autonómicas de Cataluña del próximo 21-D, Miquel Iceta, para que me entregara un croquis con el trayecto que debía seguir (al parecer, las citas o compromisos de nuestras agendas discrepaban y no podíamos hacer juntos —servidor, acompañándole a él, claro, por supuesto— el viaje adonde debíamos acudir ambos —ignoro, asimismo, quién nos había citado— sin falta) para llegar a destino, una localidad, sin nombre, catalana. Me ha parecido, sin embargo, que él iba por delante (o alguien muy semejante a él, porque era gordito, bajito y calvo, como él mismo se ha identificado), a unos doscientos metros, cuando, siguiendo el dibujo esquemático que Iceta me había dado, he enfilado un túnel lóbrego y oscuro (como la casa del hidalgo, “donde nunca comen ni beben”, del anónimo Lazarillo de Tormes”), en el que se vislumbraba en lontananza una tenue luz al final del mismo. Nada más salir de dicho agujero, me he visto en medio de una playa rodeado de cinco o seis personas mal encaradas y, en un pispás, las prestidigitadoras manos de uno de ellos me ha hurtado la cartera que llevaba en el bolsillo trasero derecho de mi pantalón vaquero (esto me ha extrañado mucho, y hasta inquietado sobremanera, porque servidor, desde que sufrió un episodio parecido, pero real —como sostiene y cree que la experiencia, además de un grado, es la madre de la ciencia—, ya no porta la cartera en dicho bolsillo trasero, sino en el delantero de su bluyín). Nada más reparar en el hurto, me he visto en un terreno desértico (quizás era la misma playa mentada arriba, pero esta se había hecho más extensa, inmensa), donde se estaba jugando un partido de fútbol entre dos equipos conformados por cientos y aun miles de personas, que me ha impedido identificar o reconocer al anagrama de Roldán, al amigo de lo ajeno. Me he acercado a un bar y le he preguntado al camarero si solían aparecer por allí las carteras que se habían sustraído en los alrededores, tras haber sido convenientemente vaciadas de dinero, porque en la mía llevaba, amén del DNI, otra importante documentación, confidencial. Me ha dicho o dado a entender con un gesto que me diera por jodido (con perdón). Ya estaba a punto de salir por la puerta del bar cuando les he contado a cuatro chicos, tres varones y una fémina, lo que me había acaecido e, ipso facto, antes de que hubiera acabado de hacer una narración detallada de lo ocurrido, cada uno me había ofrecido y alargado generosamente con su diestra un billete de cinco euros, que he cogido y agradecido, pues me hallaba sin blanca. Con ellos, podría regresar a mi punto de partida u origen.

>> Sigue...


En mi bodega tengo dos toneles

EN MI BODEGA TENGO DOS TONELES

(QUE, CUANDO USAN SUS ALAS, VUELAN, ELE)

Dilecta Pilar:

Suelo ser zumbón (y muy irónico, pero la gente que no me conoce no interpreta correctamente mis sarcasmos; ya sabes, la ironía no acostumbran a entenderla los legos en la materia literaria). Así que, por lo dicho entre paréntesis arriba, solo los dejo caer en medio de mis parlamentos cuando me hallo entre allegados o, al menos, conocidos.

Si a ti te llena la frase que entrecomillas, bendita seas, querida amiga. Sé coherente y un ejemplo a seguir. Cuando piso el terreno de la ética, siempre se me viene a las mientes, porque le tengo un gran aprecio o cariño especial, ese principio categórico kantiano que dice (en COU me lo aprendí de la guisa que sigue): “obra de tal manera que tu forma de actuar se convierta en ley universal”. Pero soy consciente de que lo que a mí me sirve a otros puede que no les sea útil (y viceversa).

Me congratula un montón que te alegres. Y hasta lo celebro, de veras. Yo, como regla general, tampoco deseo a nadie ningún mal, pero admito que me molesta (lo reconozco sin ambages) que, por ejempolo, quien ha organizado la de Dios es Cristo pretenda luego salirse por la tangente, irse de rositas.

Pues ya no puedes decir que lo ignoras, porque lo sabes. Tengo solo unas primaveras menos que Mirón (lamentablemente finado), a quien llamaron así porque se fijaba mucho en algunas cosas (y, si estas eran sicalípticas, aún ponía más atención, aún se fijaba más), por eso al voyeur francés, aquí y en los países que usan el español para comunicarse, se le llama “mirón” (el DRAE también acepta la voz voyerista para referirse al tal).

Tengo cuatro hermanos: Jesús María (“el Chichas”), Miguel Ángel (“el Chato”), Eusebio (“el Use”) y tu tocaya, María Pilar (“la Nena”).

>> Sigue...


¿Por qué no eres más modesta?

¿POR QUÉ NO ERES MÁS MODESTA?

A Isabel llamo Belisa
Porque (acaso esto te asombre)
Anagrama es de su nombre.
Así es, de manera lisa,
La realidad, Felisa.
Si te das más importancia,
Me darás más repugnancia
De la habitual. “Feli”, apuesta
Por ser algo más modesta
Y advertiré tu elegancia;
Y no tu altiva arrogancia.

Ángel Sáez García
angelsaez.otramotro@gmail.com


Sé que la poesía es importante

SÉ QUE LA POESÍA ES IMPORTANTE

—Sé que la poesía es importante,
Pero no para qué sirve ni a quiénes.
—Pregunta a cuantas/os portan en las sienes
Nieve, pues son reacias/os al desplante;
Quizá saques el quid, lo interesante.
O acaso esto concluyas: por sus bienes,
Que merecen plurales parabienes,
Aunque resulte para ti hilarante.
—La poesía ¿no es la primavera
Que ayuda a soportar el frío invierno,
Que es la vida mortal, y el fiero infierno?
—Cada quien la interpreta a su manera.
¿Versear, verbigracia, este soneto
No ha cursado con claro placer, neto?

Ángel Sáez García
angelsaez.otramotro@gmail.com


¡Vaya sarta de embelecos!

¡VAYA SARTA DE EMBELECOS!

El relato del “procés
A quien esto urde ha dado asco.
No le ha extrañado que un fiasco
Haya devenido. Lo es
Por la cara y el revés.
Ahora cuantas/os creyeron
A las/os que otrora mintieron
Tendrán que pedirles cuentas
Y a quien amenazas cruentas
Se inventó ídem (¿o existieron?).

Ángel Sáez García
angelsaez.otramotro@gmail.com


Acéptame la guasa y ríete, anda

ACÉPTAME LA GUASA Y RÍETE, ANDA

Dilecta Pilar:

Está bien que aspires a ser perfecta, que aspiremos a ser perfectos, siempre que hayamos aceptado previamente esta conditio sine qua non, que, si hacemos caso a nuestro currículo, a nuestra historia personal, nos quedaremos una vez más a punto de, sí, pero sin llegar a coronar la cima que nos propusimos escalar, sin hollar el reto que nos pusimos, la cumbre que fuera, se llamara Perfección o de otra manera. Itero que está bien que aspiremos (además de benéfico aire oxigenado) a alcanzar la perfección, siempre que hayamos asumido este requisito imprescindible, que, si ni siquiera Dios, como concepto o entidad nacido/a de una mente humana, lo es, jamás de los jamases lo seremos (ni tú ni yo, ni nadie, me temo, en ninguno de los numerosos aspectos que podamos hoy o en el futuro considerar).

La doctora Itxaso me dijo que lo que ella había observado con el ecógrafo estaba bien: vesícula biliar y riñones (en herradura: ya ves, hasta mi anatomía, por su cauce o derrotero, busca, una de dos, o la suerte o ser original). Eso no quiere decir que mi presoma (o sea, vientre, término que no aparece en el DRAE, opuesto a retrosoma —que tampoco lo recoge—, espalda, que aprendí en las clases de Anatomía que impartía, cuando yo estudiaba Medicina, el doctor José Escolar), que ha recibido tanto corte de bisturí, esté mejor (tampoco que esté peor) que el que no ha sufrido incisión alguna. Yo tampoco sabía qué era el síndrome de Gilbert, hasta que en una conversación familiar lo sacó a colación mi hermano Miguel Ángel. Luego, al poco tiempo, me enteré de que mi hermano Eusebio también tenía hiperbilirrubinemia. Es una alteración hereditaria (transmitida de padres a hijos) que, aunque no es dominante, sino recesiva, por lo general, salvo una leve ictericia (color amarillo en la piel), no presenta síntomas.

Pues sí. Fue muy duro. Pero sobre lo que sucedió y sufrí, una odisea en pequeño (pronto, dentro de mes y medio, el día de Navidad se cumplirá el 39 aniversario del fatal, lamentable y luctuoso accidente), ya te contaré más cosas en otro momento. Yo fui a estudiar a Navarrete en el postulantado o seminario menor regentado por los Padres Camilos los tres últimos cursos de la EGB (y, más tarde, a Zaragoza, donde te conocí), porque durante dos años mi hermano José Javier había estado estudiando allí y, asimismo, porque había salido airoso del brete (después de haber tenido la gran suerte de haber vivido allí la experiencia previa, inolvidable, de haber pisado el edén durante el cursillo —quince días de estancia en el colegio, a modo de propedéutica— estival), porque había superado la prueba (recuerdo que, en la revistilla que se confeccionó a propósito y daba cuenta, a grandes rasgos, de aquellas quince jornadas en el paraíso, el Padre Pedro María Piérola destacaba de mí la fortaleza: estaba hecho un toro, tenía una potencia extraordinaria en las piernas —hacía mucho deporte, sobre todo, campo a través; en octavo, recuerdo, aprendí a lanzar el disco por mi cuenta y hasta participé en Logroño en una prueba clasificatoria para cadetes—). Sé que has visto en varias ocasiones la escultura del Discóbolo, de Mirón de Eléuteras. Pues sí, Artemisa, has acertado de lleno con una sola de tus flechas, que has disparado y su afilada punta ha quedado en el centro de la diana: yo fui su modelo. Acéptame la guasa y ríete, anda, porfa.

>> Sigue...


Martes, 12 de diciembre

BUSCAR

Editado por

Síguenos

Hemeroteca

Diciembre 2017
LMXJVSD
<<  <   >  >>
    123
45678910
11121314151617
18192021222324
25262728293031