El Blog de Otramotro

A mí, impar alcachofa de Tudela

A MÍ, IMPAR ALCACHOFA DE TUDELA

—O me escribes dos liras
A mí, impar alcachofa de Tudela,
O tanto no me admiras.
—Ponle, amada, una vela
A Santa Ana; la Abuela las modela.
—Aunque no soy devota
De la Patrona (paso por atea),
Como odio la derrota,
Enciendo en la azotea
Una y Ella las dos da que portea.

Ángel Sáez García
angelsaez.otramotro@gmail.com


¡Menuda metamorfosis!

¡MENUDA METAMORFOSIS!

—Rivera le ha echado un pulso
A Sánchez en transformismo.
—Coincido; porque eso mismo
He pensado ¡Vaya impulso!
Al otro ha dejado insulso.
—¿Cómo se puede pasar
De al oponente abrasar
En la hoguera por el cupo…
—... “Cuponazo”, a ese mal grupo
Cortejar hasta casar?

Ángel Sáez García
angelsaez.otramotro@gmail.com


Hoy quien milita lo irrita

HOY QUIEN MILITA LO IRRITA

—Dime un partido cercano
A la democracia interna.
—Aunque portes hoy linterna,
No hallarás ninguno a mano.
Te lo advierte este fulano.
—Sánchez alcanzó el poder
Y prometió devolver
El PSOE a sus militantes.
—Ahora los ve irritantes,
No dejando de joder.

Ángel Sáez García
angelsaez.otramotro@gmail.com


¿Que Vox puede ganar las elecciones?

¿QUE VOX PUEDE GANAR LAS ELECCIONES?

Ayer soñé que celebraba en la grata compañía de varias personas un cumpleaños. Durante el convite, una cena (a base de bocadillos variados, vino de Rioja, café y un chupito de pacharán —en un ágape lo precipuo e importante no es el paisaje, ni la cubertería, ni la vajilla, ni la exquisitez de las viandas y los caldos que echarse una/o al coleto, sino los lazos invisibles de la amistad, el paisanaje—), di mi parecer sobre los diversos temas que salieron a relucir en el debate a quienes tenía más cerca en la alargada mesa en cuyo contorno o derredor nos sentamos los comensales, el amigo íntimo, que cumplía años, 57, y varios colegas suyos del pueblo, adonde regresa cada fin de semana de la capital de la provincia, donde trabaja. De los tres o cuatro asuntos que tratamos, el político apenas lo rozamos. Sin embargo, en el otro extremo de la mesa, según el parecer del otro amigo íntimo (o hermano, pues eso es lo que vino a sostener Demetrio de Falero, cuando adujo que un hermano puede que no sea un amigo, pero un amigo siempre será un hermano), con quien había ido a la localidad del allegado común en su coche (he de reconocer que tengo amigos, amén de generosos, perseverantes, pues nuestra amistad, como aseguraba in illo tempore la publicidad de cierta marca de pilas, que duraban y duraban, es diuturna, pues esta se fraguó antaño, mientras compartíamos piso y trabajo hace más de siete lustros y ahí sigue, perdurable), si no el único, el tema estrella de la conversación que mantuvieron fue el de la política patria. En el viaje de vuelta, cuando regresábamos a nuestras respectivas poblaciones de origen, me comentó, asombrado, que el grueso de los contertulios que le habían tocado en suerte ya habían decidido qué papeleta iban a introducir en el sobre, en las próximas elecciones del 28-A, la del partido que comanda Santiago Abascal, Vox.

¿Qué es lo que había impulsado o propiciado que los susodichos se decantaran por Vox? (se y me preguntó). Eso solo lo sabían, a ciencia cierta, ellos. Yo, incapaz de acceder a sus conciencias, en el sueño, me limité a darle cuenta a mi amigo íntimo del amplio y posible abanico de posibilidades, sin dar preeminencia a una ni inclinarme por ninguna en concreto.

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Quiera o no cabrearnos, lo ha logrado

QUIERA O NO CABREARNOS, LO HA LOGRADO

Es la segunda ocasión en la que alguien (no me cabe la menor duda de que se trata de la misma persona que echó mano del mismo procedimiento la primera vez), un lector (hembra o varón) habitual de mis urdiduras o “urdiblandas” (porque estilística e ideológicamente los renglones torcidos que contiene su escrito los hubiera podido trenzar, de cabo a rabo, y firmar este menda), usa el mismo medio (colar o depositar en mi buzón su texto) con idéntico fin (para que, si no oponía objeción al respecto servidor, este fuera publicado, en la bitácora que gestiona, el blog de Otramotro).

Transcribo a continuación, en el anejo espacio, entrecomillado, el ajeno parágrafo:

“Tengo para mí que indignar e indignarse son las dos caras de una misma moneda (en plata, que, si alguien se indigna, es por la sencilla razón de que alguien, busque o no tal cosa, indigna); o, si se prefiere esta otra imagen, por parecerle al lector de estas líneas (sea ella o él) más acertada o cabal, la cara y la cruz de una misma realidad, el haz y el revés de idéntica trama. Ahora bien, cabría preguntarse si la verdadera pretensión o propósito de quien hace o deja de hacer lo que sea (pondré como ejemplo de dejar de hacer al sin un ápice o pizca de honor Quim Torra, que anda desobedeciendo cada dos por tres lo que le ordena la autoridad competente, o sea, tomándole el pelo impunemente a la Junta Electoral Central), que a otro le indigna (en el caso concreto propuesto, sería, amén de a los miembros de la citada Junta, al grueso de la ciudadanía, que está harta de este y otros botarates de semejante jaez), es, sin hesitación, indignar. ¿Acaso cabe otra respuesta o resultado racional que no sea indignarse? Pues sí, no había caído antes en ello, pero sí, cabe reírse a mandíbula batiente de las salidas de pie de banco del sujeto que ostenta la más alta representación del Estado (¡manda narices!) en Cataluña, el que tiene a muchos españoles (entre ellos, a la mitad de los catalanes, hembras y varones) hasta más arriba de la coronilla”.

Entre los lectores (ellas y ellos) de esta chuchería literaria que ya hayan sobrepasado la cincuentena, seguramente, cabrá hallar quien recuerde, si no con toda fidelidad, sí lo precipuo o principal de la distinción que coronó entre los verbos molestar, irritar y cabrear, en uno de sus gags inolvidables, el genial humorista Miguel Gila.

En estos precisos momentos, no recuerdo el nombre que escogió para llevar a cabo el experimento que ideó. Huelga decir que es mi deseo y mi esperanza que nunca lo probara, por supuesto.

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Cuando la lumbre alumbraba

CUANDO LA LUMBRE ALUMBRABA

Hay quien, se halle donde se halle (no importa dónde), siempre repite la misma cantilena o cantinela, que antes (sin parase a especificar cuándo) los tiempos y las costumbres eran mejores que los/as hodiernos/as. O peores, que de todo hay en la viña del Señor. Ante las/os tales, suelo pensar lo idéntico (y, solo si la confianza lo favorece o propicia, proferir, poco más o menos, esto) que lo que a mí me consta es que eran otros y otras.

Me encuentro entre (o sumo a) quienes entienden que otrora ocurrieron unos hechos que hoy no se entienden bien del todo y que se yerra, de modo morrocotudo, cuando se tiende a valorar comportamientos antiguos con la mentalidad moderna. Lo lógico y normal es juzgar el pasado (y todo lo que a él concierne) con los criterios del pasado y el presente con los del presente, como así, supongo, en el futuro harán quienes opinen sobre el porvenir, que para las generaciones que vienen será presente o pretérito reciente.

Quien haya superado la cincuentena y acudió, siendo un crío (hembra o varón) a la casa de sus abuelos (y, si estos vivían en un pueblo, con más razón), seguramente, recordarán que en la cocina de la susodicha había un hogar (con la preceptiva chimenea), donde se hacía la lumbre. Allí se colocaba, rodeado por las brasas o encima de un trípode de hierro (“las truedes”), el puchero para hacer la comida. Al calor de la lumbre, se tostaban las rebanadas de pan de hogaza, que con un chorretón de aceite del trujal y, de manera optativa, con ajo y sal o azúcar, estaban de rechupete. Al mismo calor, subían los colores a los mofletes de la cara, si una/o se aproximaba más de la cuenta. Por las noches, en torno al hogar, se narraban y escuchaban relatos de todo jaez; unos iban acompañados de risas y aun carcajadas y otros de miedo y hasta pánico.

En muchas casas actuales, el hogar, ese lugar donde antes había fuego, cuyas llamas alumbraban mal la estancia (si era de noche) y, más o menos, la caldeaban, hoy lo ocupa un electrodoméstico, la tele.

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Fue esto realidad, no una ficción

FUE ESTO REALIDAD, NO UNA FICCIÓN

PERDIÓ UN EURO Y OCHENTA Y OCHO CÉNTIMOS

No negaré que lo que me dispongo a narrar a continuación ocurrió porque, además de la cajera, hubo al menos una clienta que fue testigo presencial, oyente y vidente, del hecho.

Un señor, tras haber pagado la compra que acababa de hacer en cierto supermercado, se dio cuenta de que no le habían hecho el descuento en determinado producto que había adquirido. Así que, raudo, como el rayo, se dirigió a la chica que le había atendido para que subsanara el desaguisado que había cometido ella o la máquina.

La cajera le echó un vistazo al tique y comprobó que el descuento no había sido efectuado por el sencillo motivo de que ella se había equivocado a la hora de pasar por el escáner la compra, ya que, en lugar de marcar dos paquetes de chicles, compra que llevaba aparejada la rebaja en el precio, solo había marcado uno; así que, tras la operación cabal, el señor se vio obligado a satisfacer 1 euro y 44 céntimos más. Coronado dicho proceso, el señor, antes de abandonar el establecimiento, miró y remiró el recibo de compra por si hallaba otro gazapo. No reparó en que la joven que le había atendido, en lugar de marcar lo dicho, marcó dos garrafas de agua de cinco litros, que sí había depositado el señor sobre la plataforma de la caja y, más adelante, otra, que no, pero de dicho desacierto se dio cuenta el señor en casa.

Seguramente, llegado a este punto del relato, el atento y desocupado lector (sea ella o él) se preguntará con razón, cómo sé (pues doy hasta pelos y señales) tanto de lo acaecido. La respuesta es obvia. Porque lo narrado le ocurrió esta misma mañana al abajo firmante de estos renglones torcidos; quien de tan listo que fue, ha quedado a los ojos de la cajera, de quien fue testigo seguro del hecho (pudo haber más) y de sí mismo como un tonto (el viaje de regreso a casa fue, a ratos un potro de tortura, a ratos un infierno, pues no dejó de llamarse durante todo el camino, un vía crucis, bobo o bodoque).

Así que, atento y desocupado lector (sea hembra o varón), hágase y hágame el favor de ser coherente, congruente y escarmiente en cabeza ajena; y antes de formular cualquier queja, cerciórese de que tiene razón en hacerla; no vaya a ser que le pase lo que le aconteció esta mañana a servidor, que tuvo que pagar 1 euro y 44 céntimos por pasarse de listo, más 44 céntimos de la garrafa de cinco litros que no compró.

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No obvies las menudencias escabrosas

NO OBVIES LAS MENUDENCIAS ESCABROSAS

Dilecta Pilar:

Como (me consta que te has estudiado) te comprendes mejor que nadie, ya sabes qué compromisos y cuántos has de aceptar, qué cantidad de estrés (“escuatro” o “escinco”) eres capaz de controlar y soportar.

Como solo escuchando o leyendo he aprendido un montón, sigo cultivando ese doble arte de escuchar y leer con suma atención.

El sábado por la mañana hablé, por la vía que inventó Bell, con mi amigo Luis Quirico Calvo Iriarte; por la tarde hablé por teléfono con mi amada Pilar y con mi amigo Luis de Pablo, que vino a visitarme (llegó hasta el Centro Cívico “Lourdes”, donde servidor andaba pulsando las teclas de un ordenador —nos tomamos una caña en la cafetería de El Quinto Pino, que está debajo de mi casa, y hablamos de todo un poco— con las yemas de cuatro dedos). Por la noche, como te adelanté, creo, tras tomarnos tres zuritos, Pío y yo acudimos a la calle Portal, sede de la peña “La Teba”, porque (mediada la previa invitación del presidente de la citada, Sergio Iturre) nos habíamos apuntado para la cena del pastor. Fuimos 43 y lo pasamos estupendamente. Cantamos, nos bebimos un gin-tonic y a las dos de la madrugada nos marchamos a casa (cada uno a la suya). El domingo lo dediqué a las sanas y productivas costumbres de leer y escribir.

Cuenta, cuenta (y no des por obvios los detalles más escabrosos; es zumba; no soy persona adicta a los chismes).

Supongo que no serán pocas las dificultades o dudas que te surjan. Rehusar es más difícil que aceptar.

Saber escuchar es, como saber leer, una disposición del ánimo que solo la aprende y llega a ser experta/o en ella quien la ejerce y ejercita a diario.

Fue un fin de semana con más ingredientes de los habituales, ciertamente.

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Por favor, no me moleste

POR FAVOR, NO ME MOLESTE

Iuris praecepta sunt haec: honeste vivere, alterum non laedere, suum cuique tribuere” (“Los principios del derecho son estos: vivir honestamente, no molestar al otro y dar a cada uno lo suyo”).

Domicio Ulpiano

Por favor, no me moleste.
Ni insista, ni me maree.
Ni me irrite, ni cabree,
Me llame usted desde el este,
El norte, el sur o el oeste.
Si no me equivoco o tuerzo,
Me ha llamado usted, mastuerzo,
Preguntándome si ayuno
A la hora del desayuno
Y hace un rato, en el almuerzo.

Ángel Sáez García
angelsaez.otramotro@gmail.com


Partidario del contrario

PARTIDARIO DEL CONTRARIO

Yo siempre soy partidario
De que, acierte o desatine,
Cada quien del tema opine,
Porque a veces el contrario
Solo es el complementario.
Me niego intelectualmente
A militar en corriente
Alguna, porque yo acepto
Que abordar cabe el concepto
De forma opuesta a mi mente.

Ángel Sáez García
angelsaez.otramotro@gmail.com


Yo soy yo y mis bastiones interiores

YO SOY YO Y MIS BASTIONES INTERIORES

Dilecta Pilar:

Déjame darte las gracias a ti y a tu artículo de ayer en el Heraldo de Aragón, “Baluartes interiores”, y también a José Ortega y Gasset, por amadrinar tú y apadrinar él, esto es, propiciar a medias, el rótulo y el contenido de esta, la epístola que te dirijo.

Hay quien dice que una/o es de donde estudió la carrera universitaria. Si eso es así, si pasa por ser una verdad incontrovertible, yo soy de Zaragoza. Hay quien sostiene, como mantuvo Max Aub, que una/o es de donde cursó el bachillerato. En mi caso, lo mismo da, porque de las asignaturas de los tres cursos del Bachillerato Unificado Polivalente (BUP) me examinaron profesores que impartían, a la sazón, sus lecciones en el Colegio “San Valero”, seminario menor zaragozano. El COU lo hice, asimismo, en la capital maña, concretamente, en el Colegio “Enrique de Ossó”, las Teresianas.

El pabellón de Filología ha sido derribado, ciertamente; pronto no quedará allí ni una sombra o mota de polvo (espero que no te extrañe leer esta hipérbole, pues el agua del Ebro me ha hecho propenso a ellas) de sus actuales escombros, pero aunque sus techos, suelos, paredes y escaleras hayan pasado a mejor vida, los recuerdos de muchos de los hechos que allí acaecieron irán (viajarán), siempre que el alzhéimer no nos juegue una mala pasada, con nosotros.

A mí, hoy, al menos, me resulta meramente imposible olvidar a María Antonia Martín Zorraquino, a José-Carlos Mainer Baqué, a José Manuel Cacho Blecua, a María Jesús Lacarra (a mí sí me cupo la fortuna y el honor de tenerla como profesora en Primero; además, presidió el tribunal que me puso un 8), a Mateu (fui traductor suplente en su clase), a Iso, a Aurora Egido, a Leonardo Romero, a Esther Lacadena, a Enguita, a Monge, Val, Buesa, Armisén, Albiac, etc.

Y cómo no recordar a los émulos más cercanos: Susana, María Jesús, Pilar, Jesús Miguel, Javier, Juan Carlos, Arellano, etc.

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El maestro mejor fue fray Ejemplo

EL MAESTRO MEJOR FUE FRAY EJEMPLO

CÓMO URDIÓ ESTE MENDA UN MICRORRELATO

Como el mejor maestro del colegio religioso donde estudié los tres últimos cursos de la Educación General Básica, de Sexto a Octavo, fue fray Ejemplo, y es mi propósito dejar aquí constancia, al menos, de una muestra de cómo urdió este menda un microrrelato, me propongo no procrastinar y pongo a trenzar de inmediato la mentada tarea pendiente (a ver si consigo llevarla a cabo con diligencia e inteligencia).

Considerando que la palabra en boga es “relator”, con el significado de mediador, es mi intención incluirla en él, o sea, que el susodicho trate o verse sobre un/a tal. Así que, sin dilapidar más tiempo, he imaginado una situación y he escrito esto:

EL “COMPLEJO DE ESPERANZA”

(CONVERSACIÓN POR WASAP)

Por si te sirve, Sofía, te reenvío esta conversación que, por wasap, me remitió ayer nuestra amiga común, Laura:

“—Esta mañana me he encontrado en la consulta del médico con Pilar, que me ha hablado de lo que sacó en claro el otro día, cuando acudió con su marido, Luis, por primera vez, a la mediadora de pareja.
“—¿Mediadora? Mira que eres antigua. Parece que aún andas hibernando, como una marmota. Conviene estar al día, maja. ¿Es que no ves la tele, ni oyes la radio, ni lees los diarios digitales y de papel?
“—Está claro que esta mañana te has levantado picajosa. ¿Por qué lo dices?
“—¡No me digas que no has oído aún la palabra, “relator/a”, que anda de boca en boca!
“—¿Cuál es su fuente? ¿El fútbol o la política?
“—La política. Al meollo, que aún no he hecho la comida. La relatora les dijo que el problema que arrastran viene de lejos, de cuando decidieron casarse. Ese día cometieron ambos un error de bulto al aventurar cuáles podían ser sus respectivas expectativas. Pilar metió la pata al barruntar que Luis cambiaría de carácter y comportamiento y Luis se equivocó al creer, a pies juntillas, que Pilar no los mudaría. Lo llamó el “Complejo de Esperanza”. Por Aguirre, supongo, que otrora se quejó de que le hubiera salido tanto consejero de su gobierno madrileño rana. En plata, que, cuando Pilar veía en Luis a su príncipe azul, el batracio ya era rana. Recuerda la última frase que leímos en ‘La Regenta’, de Leopoldo Alas, Clarín: ‘Había creído sentir sobre la boca el vientre viscoso y frío de un sapo’”.

Ahora bien, a fin de hacerlo más verosímil, me he fijado en las bases de un certamen real que, para dicha modalidad, exigía esta sola condición, que no superara las quince líneas (cuerpo 12). Por tanto, he acomodado mi urdidura a dicho requisito y la he adelgazado hasta cumplirlo. La versión definitiva es el diálogo que sigue. Lo mantienen dos amigas íntimas por teléfono:

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Lunes, 25 de marzo

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