El Blog de Otramotro

Estatura, envergadura

ESTATURA, ENVERGADURA

“Quienes quieren juzgar la literatura —y creo que esto vale en general para todas las artes— desde un punto de vista ideológico, religioso y moral se verán siempre en aprietos. Y, una de dos, o aceptan que este quehacer ha estado, está y estará siempre en conflicto con lo que es tolerable y deseable desde aquellas perspectivas, y por lo tanto lo someten a controles y censuras que pura y simplemente acabarán con la literatura, o se resignan a concederle aquel derecho de ciudad que podría significar algo parecido a abrir las jaulas de los zoológicos y dejar que las calles se llenen de fieras y alimañas”.

Mario Vargas Llosa, en su artículo “Nuevas inquisiciones”, publicado el pasado domingo, 18 de marzo de 2018, en la página 15 del diario El País.

Óptima literatura
Puede ser la de los santos
Vida o la suma de espantos,
Que acrecienta la estatura
De su autor, la envergadura.
Prefiero diferenciar,
Quiero decir, licenciar,
Galardonar, distinguir,
Ergo, atizar a extinguir
Y ensalzar a despreciar.

Ángel Sáez García
angelsaez.otramotro@gmail.com


No puede ser el símil más disímil

NO PUEDE SER EL SÍMIL MÁS DISÍMIL

Aunque hoy me he levantado de la siesta con ganas de trenzar un buen soneto, tras haberme enterado de una nueva (que me ha sonado a vieja, cual la tos), ese hecho me ha llevado a otro camino. Y por urdir me ha dado otro tejido que el atento lector (hembra o varón), podrá ponderar, sí, si persevera.

“Eternorretornable” es la existencia porque algunos sujetos, dentro de ella, se entrenan a conciencia, esto es, se esfuerzan a fin de confirmar, precisamente, que sigue en vigor, sí, el mentado aserto, que “eternorretornable” es la existencia. Sin duda, es Joan Tardà uno de los tales, portavoz de ERC y/o “portacoz” en el Congreso de los Diputados.

Cuando Tardà repara en lo notorio, que lleva tiempo sin sacar los pies del tiesto (sin rodeos, excederse), viene a decirse a sí mismo, a la llana: ya no aguanto más, tengo que soltar para que los mass media hablen de mí, aunque me venga mal, una chorrada. Empiezo a echar de menos, verbigracia, que Otramotro no vuelva a motejarme con mi alias predilecto o preferido de “Pelopicopata”. Según él, cada vez que me suelto la melena y le doy a la mui meto la pata.

Así que servidor en esas se halla, en volver por sus fueros porque el tardo Tardà ha vuelto, a su vez, a ir por los suyos.

El porta(c-v)oz de ERC en la Cámara Baja (según leí ayer en la información que llevaba el titular de “Tardà compara a los presos del ‘procés’ con Mandela” y firmaba Leonor Mayor Oreja en la edición digital de La Vanguardia), en la sesión de control al Gobierno, comparó a Oriol Junqueras y a los Jordis (Sánchez y Cuixart) con quien estuvo preso durante 27 años en las cárceles de Sudáfrica, con “Madiba”, activista contra el apartheid, (que significa “separación” en afrikáans), sistema de segregación racial que estuvo en vigor hasta el 1992. En plata, nihil novum sub sole, nada nuevo bajo el sol. En mi criterio, no puede ser el símil más disímil.

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Sigo siendo un profano en mil saberes

SIGO SIENDO UN PROFANO EN MIL SABERES

Dilecta Pilar:

Harás bien si le dedicas, al menos, unos minutos. Como sabes (te honra reconocer que eres una analfabeta), no cumples lo que dice la primera entrada de dicho vocablo, según el Diccionario de la Lengua Española, DLE (y no DRAE, como hasta ahora trenzaba este menda y aclara Javier Marías en “Desdén”, su último artículo dominical publicado en El País Semanal, “al ser obra de todas las Academias, no solo de la de nuestro país”), pues sabes leer y escribir. En lo tocante a la segunda (ignorantes y profanos en algunas —más bien, en muchas— disciplinas), todos los seres humanos, todos, sin excepción, lo somos y la cumplimos. Como dicen que dijo Albert Einstein, “todos somos muy ignorantes. Lo que ocurre es que no todos ignoramos las mismas cosas”. Ahora bien, somos muchos, la inmensa mayoría, los que ignoramos las mismas (y son muchísimas las que desconocemos) cosas.

Y para muestra de lo que acabo de trenzar en el parágrafo precedente y vienes de comprobar, te he comentado algo de Jonas Edward Salk, que desconocías, y me has apostillado algo que ignoraba, que fuiste, con Pablo, pionera en crear o instaurar el Movimiento de Vida Independiente en Zaragoza y Aragón. En lo que concierne a la contradicción, me temo que soy más permisivo (o menos intransigente o severo) que tú, sospecho (pero puedo estar equivocado). Muchas veces, a lo largo de mi vida, he acudido a los siguientes versos de Walt Whitman en “Canto a mí mismo”, porque hacían las veces de la égida con la que podía defenderme: “¿Que me contradigo? / Sí, me contradigo. Y ¿qué? / (Yo soy inmenso / y contengo multitudes)”.

Acabo de usar el “espabilaburros” y de cerciorarme de que el vocablo “trap” existe y es una combinación de “hip hop” y de música electrónica de baile. Y, asimismo, de constatar que, aun sabiendo ahora lo que es el ídem, sigo siendo el mismo profano, como te he escoliado en el párrafo de arriba, en mil y un saberes.

Esta mañana he leído tu artículo, “Porteo telemático” en el Heraldo (lleno de guiños: a Rosa Montero, doble; sor María Jesús de Ágreda —¿te he comentado alguna vez que mis padres se casaron en la agredeña Basílica de Nuestra Señora de los Milagros? De hecho, mi padre se casó solo, sin estar presente mi madre, por el juzgado. Al día siguiente, tras la ceremonia religiosa, firmó mi progenitora el documento en la iglesia—, al Quijote, a Puigdemont y sus ansias de ser elegido president por medios telemáticos —¿para darle una segunda vida al “procés”?—, etc.). Me ha gustado mucho. Y he vuelto a confirmar o corroborar tu versatilidad o que hacías un exhaustivo ejercicio de perspectivismo (casi casi como hace Ramón Pérez de Ayala en “Troteras y danzaderas”, 1912, novela de clave, donde irónicamente comenta que “sería interesante conocer el punto de vista de Sesostris”, el galápago, quelonio o tortuga) en torno al variopinto ámbito de lo telemático en tu columna.

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Pilar, vela y novela la novela

PILAR, VELA Y NOVELA LA NOVELA

Dilecta Pilar:

Pues, basta que me lo has escrito tú, para llevarte la contraria y que me vuelva a dejar (hala, hale; y ahora sigue colocando cuantas jas quieras: ja, ja, ja) la barba otra vez. Quienes comenzamos siendo unos gigantes (en mi último curso en Navarrete, Octavo de EGB, me confundían los padres de algunos de mis colegas, postulantes, con ocasión de San José, día del Seminario, con los Padres Camilos, nuestros formadores —a quienes tanto les debo y, por ese cúmulo de razones, les estaré e(vi)ternamente agradecido—; y es que estaba tan alto como ahora o un poco más —acaso haya encogido algo— y fuerte como un roble) hemos devenido en eso, cabezudos (y cómodos, sí, también o, mejor, comodones). Si tuviera pareja (ignoraba que la tuvieras —y la vieras—, de veras —por seguir con los juegos de palabras, a los que, has acertado, soy tan aficionado—; así que ¡enhorabuena! —a ambos, ¿eh?—), me ocurriría tres cuartos de lo mismo que a tu chico, me temo.

No. No sabía que tenías entre manos una novela. Ya sabes lo que le pasa a un/a novelista, que, mientras está escribiendo una, no duerme (ergo, contradice lo que crean sus manos, la novela), porque se encuentra en permanente vela (vela y novela la novela). Si tuviera las revistillas de los tres años que estuve en Navarrete, seguramente, ya la habría urdido este menda. Aun sin ellas, me pondré un día a ello. Ya sé hasta cómo se titulará: “Reglas de ortografía”. Y comenzará así: “Tri, tur, nu, su, cu, ca, ga, ver, si, al, ur, du, ti, to, ra, ri, tre, gu, lo, ru, so, la, car, ta, ro, sa, te, tra, ce, ha, he, hi, ho, hu”. No me ha extrañado lo de la novela. Porque el camino lógico, el recorrido normal de un escritor (ella y él) prototipo es empezar escribiendo unos versos, malos, malísimos; perseverar, ir mejorando, o sea, trenzar unos medio buenos o semibuenos, hasta que se consigue que sean buenos del todo y aun excelentes. A renglón seguido, probar en el ámbito de los cuentos (con el mismo o parecido proceder) y desembocar en el ámbito de la novela, que dicen que es lo que te permite dejar de hacer lo que hacías (ser profesor o cualquier otro trabajo) habitualmente y dedicarte de lleno a tu nueva actividad, la que, a partir de un éxito, te va a dar de comer.

Seguro que tú, Pilar, lucirás; serás lucero en Lucena. Te lo aseguro.

¡Vaya! Hoy, en unas pocas líneas, no has dejado de sorprenderme. Ahora le toca a tu blog: La lámpara encendida. Más ¡enhorabuenas!, más. Acabo de ver tu foto y releer el artículo que publicaste el viernes pasado en el Heraldo de Aragón, “Niños escudo”. Tiene muy buena pinta. Ahora bien, me ha llamado la atención que no has tildado (en el blog) lámpara.

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Etopeya de Carles Puigdemont (II)

ETOPEYA DE CARLES PUIGDEMONT (II)

(Sigue el de ayer.)

Los otros dos folios contenían su mentado trabajo práctico (con alguna adición, supresión y enmienda de servidor):

SÁTIRA, ÁNGEL, DE CARLES PUIGDEMONT

Si un periódico de los de prestigio y ámbito nacional (me refiero, de modo específico, a los cuatro grandes de Madrid y a los dos de Barcelona) me hubiera solicitado ayer que urdiera un artículo sobre el asunto omnímodo o monotema actual para que se publicara mañana en sus páginas, en concreto, en la sección de Opinión, seguramente, me hubiera decantado por, más que hacer, aventurar, o sea, trenzar algo atrevido, como cabe colegir del título que, en un primer momento, había elegido para este texto, “Etopeya de Carles Puigdemont”, porque, salvo por los hechos, dichos y escritos que han trascendido y los mass media se han encargado (y uno ha deducido de cuanto ha escuchado o leído) de airear, no conozco al que me dispongo a retratar, a completar una representación o pintura moral de Carles Puigdemont, a coronar una “descripción del carácter, índole y costumbres”, pues esa es la definición que del vocablo etopeya da el DRAE, del President del Govern de la Generalitat.

Pero he desistido de llevar a cabo lo que me había propuesto en el mismo instante en que, bendita memoria, ha acudido a mi mente, en mi ayuda, el que, si seguimos el orden, hace el número XXIV de los “Proverbios y cantares”, una de las últimas secciones de la obra poética “Campos de Castilla” (1907-1917), que lleva la firma de don Antonio Machado, su autor, quien dio de lleno en el blanco o centro de la diana al escribir estos cuatro pintiparados versos, cuatro, donde, en los dos últimos, cabe hallar uno de los posibles retazos o pedazos de la tela donde, hecho con bastante antelación, sí, puede contemplarse un probable retrato de Puigdemont: “De diez cabezas, nueve / embisten y una piensa. / Nunca extrañéis que un bruto / se descuerne luchando por la idea”.

Así que mudaré el pretendido retrato por una sátira.

A Puigdemont se le ha llenado y se le sigue llenando la boca pidiendo diálogo bilateral, de tú a tú, a Rajoy, pero se comportó como un mezquino al no brindárselo (como ahora lo reclama para sí, en la misma o parecida medida) a los diputados no independentistas los días 6 y 7 de septiembre en el Parlament, donde no le vi ni oí mediar con la presidenta Carme Forcadell para que los mencionados dejaran de estar amordazados, silenciados, y pudieran ejercer su función representativa.

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Carta abierta a las/os íntimas/os de Daphne

CARTA ABIERTA A LAS/OS ÍNTIMAS/OS DE DAPHNE

Apenadas/os íntimas/os de Daphne:

Os mando, de corazón, mi pésame sentido y sincero por la muerte (tras un evidente y deleznable atentado terrorista, que la policía maltesa, si hace bien su trabajo, se encargará, sin duda, de dilucidar y de llevar a los autores —ya directos, ya indirectos— y responsables —ora intelectuales, ora materiales— de tan indigno crimen ante los tribunales de justicia) de vuestro deudo y/o amiga, Daphne Caruana Galizia, acaecida el lunes pasado.

Si uno/a es un/a periodista convencido/a, asume que su primera obligación es indagar, o sea, intentar averiguar qué es lo que ha ocurrido, para, echando mano de los materiales acopiados, contar la verdad. Daphne lo era. Y ahí está lo que fue publicando en su bitácora, sendas denuncias de cuantos abusos, desmanes o tropelías sin cuento tenían su origen en la isla de Malta. De cuantos casos de corrupción tuvo conocimiento queda constancia expresada, de manera breve o por extenso, en su blog.

Cada vez que alguna persona muere, suelo recordar el siguiente fragmento de “Devociones para ocasiones emergentes” (1624) del poeta metafísico inglés John Donne: “Nadie es una isla entera en sí mismo; cada hombre es un pedazo de un continente, una parte de la Tierra. Si el mar se lleva una porción de tierra, toda Europa queda disminuida, como si fuera un promontorio, o la casa de uno de tus amigos, o la tuya propia; por eso la muerte de cualquier hombre me disminuye, porque yo formo parte de la humanidad; por eso, nunca preguntes por quién doblan las campanas; doblan por ti”. Por cierto, ese es el epígrafe o exergo que escogió Ernest Hemingway para que encabezara su novela “Por quién doblan las campanas” (1940). Ahora bien, cada vez que algún periodista (ella o él) resulta occiso, a causa de un atentado, además, vuelvo a rememorar los tres primeros versos de la “Epístola satírica y censoria contra las costumbres presentes de los castellanos, escrita a don Gaspar de Guzmán, conde de Olivares, en su valimiento” (1630): “No he de callar por más que con el dedo, / ya tocando la boca o ya la frente, / silencio avises o amenaces miedo”. Tal vez, esos tres versos endecasílabos, que, desde el día que me los aprendí de memoria, no he olvidado, sean temerarios. Acaso a todas/os nos convenga recordar más, por ser a todas luces más razonable y sagaz, el oportuno apunte que en su novela “El guardián entre el centeno” (1951) Jerome David Salinger hizo del psicoanalista austríaco Wilhelm Stekel, que distinguía entre una persona imprudente y otra cauta en estos términos: “Lo que distingue al hombre insensato del sensato es que el primero ansía morir orgullosamente por una causa, mientras que el segundo aspira a vivir humildemente por ella”.

El párrafo precedente tiene que ver bastante con lo que ya sabéis (seguramente, por mejor tinta que la mía), que hace dos semanas Daphne acudió a la Policía a denunciar que había sido objeto de varias amenazas.

Cuando un lector (hembra o varón) pasa su vista por algunas de las líneas que escribió Daphne (“la vida pública de Malta padece a hombres peligrosamente inestables, sin principios ni escrúpulos”) no encuentra explicación, no, de ninguna de las maneras, a su brutal asesinato, pero sí da con algunas de las claves (dónde buscar y/o podrían hallarse los culpables) del mismo.

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¿Será inocente/culpable Trapero?

¿SERÁ INOCENTE/CULPABLE TRAPERO?

Aunque tengo para mí que España es un Estado de derecho, manifiestamente mejorable, perfectible, estoy acostumbrado a escuchar, cada vez que formulo dicho parecer en medio de las conversaciones que mantengo (prácticamente a diario, si exceptuamos el fin de semana) con mi contertulio habitual, Santiago, sean dentro de la papelería/librería “El Cole” (que regenta nuestro amigo común Miguel Ángel, “Fangio”), nuestro moderno y neutro foro, o fuera, en sus aledaños, la misma y, por ende, proverbial pregunta sarcástica que sale de la mui y los labios del citado Santiago: “¿Estado de derecho o de desecho?”.

Siempre que hemos tocado el controvertido tema de los jueces (ellas y ellos), he manifestado mi doble criterio de que, uno: lo lógico y normal es que estos deberían ser quienes escogieran entre ellos a los que aspiraran a formar parte del Consejo General del Poder Judicial y del Tribunal Constitucional; y, dos: el escalafón tendría que continuar siendo el medio mejor para dar cuenta de qué puesto ocupa cada uno de los tales en la carrera, en cuya clasificación se toman en consideración el grado, la antigüedad y los méritos reconocidos.

Así las cosas, en un Estado de derecho con verdadera división de poderes (donde el ejecutivo, el legislativo y el judicial ciertamente se equilibraran y contrarrestaran), como recomendaba Charles-Louis de Secondat, señor de la Brède y barón de Montesquieu en “El espíritu de las leyes” (1748), el Gobierno no debería tener nada que hacer ni ver, salvo acatarlas, con las decisiones de los jueces.

¿Qué decisión adoptó ayer en la Audiencia Nacional Carmen Lamela Díaz, magistrada del Juzgado Central de Instrucción número 3, encargada de valorar el comportamiento del Mayor de los Mossos d´Esquadra, Josep Lluís Trapero, en lo tocante a los hechos acaecidos los días 20 y 21 de septiembre en Barcelona? Rechazó la petición de prisión incondicional, que le había pedido el representante del Ministerio Fiscal, el teniente fiscal de la AN, Miguel Ángel Carballo, y decidió dejarle en libertad, pero tomó varias medidas cautelares: le retiró el pasaporte, le prohibió salir del país, le obligó a comparecer quincenalmente y a dar un número de teléfono y un domicilio donde ser localizado de manera permanente.

Seguramente, quien lea el auto de la magistrada, como acaba de hacer servidor, tendrá su parecer al respecto. Pronostico que habrá división de opiniones, la tan traída como llevada cuarteta de Ramón de Campoamor o ley Campoamor: “En este mundo traidor / nada es verdad ni mentira. / Todo es según el color / del cristal con que se mira”. A unas/os les parecerá que se ha quedado corta, a otras/os que ha dado de lleno en el centro de la diana y a otras/os que ha ido demasiado lejos. A unas/os les parecerá cabal lo decidido por la magistrada y a otras/os injusto (por exceso o por defecto).

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¿Será otro Estado fallido?

¿SERÁ OTRO ESTADO FALLIDO?

(EL DESASTRE MÁS SEGURO / A CATALUÑA LE AUGURO)

Esta pasada noche he soñado que estaba de vacaciones en Calella y en esos precisos momentos me hallaba haciendo cola en la sucursal de una caja de ahorros a fin de llevar a cabo una gestión bancaria. De modo inopinado, ha irrumpido por la puerta un ladrón que ocultaba su rostro tras una careta de Trapero y blandía una pistola en su diestra y, a voz en grito, ha dicho que aquello era un atraco, que todos nos tiráramos al suelo y ha conminado al cajero a que o le entregaba todo el dinero que tenía en esos instantes a su alcance o que se atuviera a las consecuencias.

Gracias a Dios, ha acertado a pasar por allí una pareja de Mossos d´Esquadra que, al contemplar a través del cristal el flagrante delito que dentro se estaba cometiendo, han accedido diligentemente a su interior y, después de darnos a todos los allí presentes, de manera educada, los buenos días, le han preguntado al delincuente: “A ver, por favor, advierte que te lo vamos a preguntar sin acritud, de buen rollo. ¿No nos vas a dejar que te detengamos y esposemos, verdad?”. El ladrón les ha contestado lo que cabía esperar, que no. Así que estos, sin decir ni mu, han juzgado oportuno coronar con la máxima celeridad lo que, antes de entrar, ya habían decidido culminar de consuno, darse el piro.

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¿Que la literatura no es profética?

¿QUE LA LITERATURA NO ES PROFÉTICA?

“Quieren que se produzcan movilizaciones tumultuosas y que no sean pacíficas. Lo están buscando y los policías vienen con esa voluntad; es evidente y lo vemos cada día”.

Joaquim Forn, conseller de Interior de la Generalitat.

Las palabras que sirven de epígrafe o exergo a este texto otros diarios las han reducido a lo que de sus declaraciones cabe conjeturar o inferir, que “La Policía y la Guardia Civil vienen a Cataluña a alterar el orden”.

Siguiendo la lección que Confucio impartió, imparte e impartirá a quien invierta unos minutos de su preciado y precioso tiempo y lo lea (“Estudia el pasado y pronosticarás el futuro”), el maestro de periodistas (poco importa que haya o no haya dado clases de esta, esa o aquella asignatura en esta, esa o aquella facultad —sus textos, en forma de libros o artículos, contienen, destilan y exudan enseñanzas sin cuento— de Ciencias de la Información) Gregorio Morán, en la “sabatina intempestiva” (“Los medios del Movimiento Nacional catalán”) que no le publicaron (pero que acaso tuvo más lectores de los habituales, porque circuló sin dificultades por las redes sociales) en La Vanguardia, diario en el que aparecían sus artículos, presagiaba (a ver quién es la/el guapa/o que pone en tela de juicio el pensamiento, que vengo sosteniendo desde hace la tira de años, de que la literatura tiene un evidente carácter profético), en concreto, en su quinto (y ya se sabe lo que predica el dicho, que no hay quinto —se refiera uno con dicho vocablo al frío botellín de cerveza, al mozo que acaba de estrenar su mayoridad o al astado, elegido por el ganadero como el mejor para la lidia, según argumenta Carlos Abella, que acostumbraba a salir de chiqueros u ocupaba dicho lugar en el orden de la corrida— malo) párrafo, se atrevió a trenzar la siguiente verdad (que ha devenido en, ora por inspiración divina, ora por oráculo, una predicción que se ha cumplido):

“Ahora bien, el cese de Albert Batlle como jefe de los Mossos d´Esquadra y su sustitución por el delincuente legal, Joaquim Forn, —podría llamarse así a aquel que rompe la legalidad cuando le peta en función de sus intereses políticos—. Lo hizo en los Juegos Olímpicos del 92; la pitada al Rey; la campaña ‘Freedom for Catalunya’… Es decir, que a partir de ahora, quien controlará los Mossos d´Esquadra” es un tipo dentro de toda sospecha, que no cumplirá la legalidad que no le exijan los ilegales. No quisiera incluir aquí su amplio currículo como talibán de la barretina”.

¿Hay quien, teniendo en cuenta todos los textos publicados en la prensa española y en internet sobre el caso o particular, quien, conociendo los antecedentes del actual conseller de Interior de la Generalitat, haya ejercido de mejor augur, quiero decir, quien haya hecho una etopeya que mejore la de Morán, que había predicho qué actitud o comportamiento era esperable, posible y probable que pronto protagonizara o tuviera el sujeto susodicho? Considero que no. Ahora bien, como leo mucho, pero es meramente imposible leerlo todo, reconozco que puedo estar equivocado.

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En torno al ominoso referéndum

EN TORNO AL OMINOSO REFERÉNDUM

En varios de mis textos (ora trenzados en prosa, ora urdidos en verso) he intentado plasmar y recoger mis deducciones, inducciones, intuiciones y reflexiones a propósito de lo que he sacado en claro o concluido en numerosas ocasiones y de manera inconcusa, tras leer (o releer) detenidamente textos firmados por otras/os, que el carácter profético de la literatura (fuera escrita en verso o en prosa) no es una entelequia o quimera, no, sino un incontrovertible hecho concreto.

Así, verbigracia, aunque admito que puedo estar equivocado (porque reconozco que soy adicto a la exageración, un fan de la hipérbole), en lo tocante al rosario de despropósitos, dislates y disparates que acarrea, porta o portea el ominoso, por ilegal, y omnímodo referéndum catalán, del que unas/os cuantas/os estamos ahítas/os, hartas/os, hasta las mismas narices, tengo para mí que en los dos últimos versos endecasílabos del estrambote bizarro y burlón que don Miguel de Cervantes añadió al soneto satírico que escribió en 1598 y tituló “Al túmulo del rey Felipe II en Sevilla” cabe hallar materia o sustancia profética bastante para entender determinados comportamientos, bien fanfarronadas, bien desatinos, de ciertas/os politicastras/os actuales, contemporáneas/os: “caló el chapeo, requirió la espada, / miró al soslayo, fuese y no hubo nada”.

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He aquí mi ruego, Expedito

HE AQUÍ MI RUEGO, EXPEDITO

Dilecto Expedito, patrón de las causas justas y urgentes, intercede por mí ante Nuestro Señor Jesucristo para que acuda en mi auxilio en este momento de extremas aflicción y desesperanza (propia y aneja, ajena).

Dilecto san Expedito, tú, que eres protector de las/os militares, las/os jóvenes, las/os cajeras/os, las/os afligidas/os, las/os desesperadas/os,..., ampárame y abastéceme de coraje, fuerza, seguridad y serenidad.

Acoge favorablemente y ejecuta con prontitud el ruego que a continuación te hago: que no se celebre el referéndum ilegal catalán o, en su defecto, en el supuesto de que incluso esto resulte imposible para ti, que no se lleve por delante a nadie, o sea, que no ocasione ningún muerto.

Dilecto Expedito, ayúdame a superar estos días difíciles. Defiéndeme con tu égida de cuantas/os pretenden o molestarme o perjudicarme, y acoge, bajo tu manto, a mis seres más allegados y queridos, amigas/os y familia.

Te ruego, con especial encarecimiento, que no eches en saco roto mi petición y la corones con tu proverbial diligencia.

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Le propongo que sea mi amanuense (II)

LE PROPONGO QUE SEA MI AMANUENSE (II)

“Permítame que insista”, como decía ayer el hoy “todista” Matías Prats en el anuncio de Línea Directa, pero para escribir literatura hogaño conviene ejercer el mismo o parecido oficio que fungía antaño un bululú (que, según la primera acepción que de tal vocablo da el DRAE, significa: “Comediante que representaba obras él solo, mudando la voz según la condición de los personajes que interpretaba —poco más o menos como debía hacer, según una copla del corrector Alonso de Proaza, el primer cuentacuentos de “La celestina”, de Fernando de Rojas: “Si amas y quieres a mucha atención, / leyendo a Calisto mover los oyentes, / cumple que sepas hablar entre dientes: / a veces con gozo, esperanza y pasión; / a veces airado con gran turbación. / Finge leyendo mil artes y modos, / pregunta y responde por boca de todos, / llorando y riendo en tiempo y sazón”—).

Así las cosas, le hago hoy idéntica propuesta a la que le hice la semana pasada, atento y desocupado lector (sea ella y como la miel y se llame, efectivamente, Natalia; o él y como la hiel y su gracia sea, verbigracia, Miguel), que sea o siga siendo mi amanuense, que continúe copiando cuantas palabras profiera mi boca.

Imagine (¡qué contrasentido!, sí) que, por arte de magia blanca, usted ha dejado de ser, ipso facto, Natalia o Miguel, la/el copista de Otramotro, y se ha transformado en bombera/o; y que este menda se ha metamorfoseado, por arte de birlibirloque, en el reciente escritor invidente (ergo, inexperto en cecografía, lego en el alfabeto o sistema ideado por Braille) Homero Borges.

Imagine que en su ciudad natal (que no es en la que actualmente reside, la capital de la provincia) ha habido un terremoto morrocotudo y muchos de sus edificios son ahora escombros, ruinas.

Imagine que usted forma parte del grupo voluntario de su unidad que se ha desplazado a la villa donde impera el caos, donde reina la desolación, para echar una mano (sensu stricto, las dos) y que, tras oír el falto de vigor auxilio salido de una voz débil, ha llegado por una veintena de huecos hasta donde se halla una persona (poco importa su sexo) a la que una columna le ha atrapado las dos piernas y padece unos dolores inaguantables.

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Jueves, 19 de abril

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