El Blog de Otramotro

Enamorado, de inconcuso modo

ENAMORADO, DE INCONCUSO MODO

Como, desde hace la tira de tiempo, la realidad se venía imponiendo siempre sobre el deseo, o sea, como era un hecho apodíctico que no estaba enamorado de ninguna fémina real, y llevaba más de tres lustros (casi cuatro) constatando lo obvio, que esta certidumbre permanecía inmutable, inalterada e inalterable, este menda había asumido que acaso nunca más volvería a sentirse arrebatado, cautivado o embelesado por una mujer de carne y hueso, de un modo inconcuso, incontrovertible.

Cada noche, tumbado decúbito supino en mi cama, antes de disponerme a conciliar el sueño, me repetía la misma cantilena (o su anagrama, cantinela): “No pierdas jamás la esperanza, Ángel”. E, indistinta e insistentemente, volvía a rememorar la cita que sobre la susodicha subrayé el día que leí, por primera vez, en el capítulo 28 de “Rayuela”, de Julio Cortázar (“antinovela” la llaman muchos críticos literarios; “contranovela” llegó a denominarla su propio autor): “Probablemente de todos nuestros sentimientos el único no es verdaderamente nuestro es la esperanza. La esperanza le pertenece a la vida, es la vida misma defendiéndose”.

Ignoro si he urdido ya, antes, a propósito del tema (porque lo cierto es que servidor ha trenzado mucho, aunque no ha publicado aún ningún libro), pero sí sé, y a ciencia cierta, que he meditado varias veces sobre este particular asunto. Y así, en el supuesto de que algún día volviera a enamorarme, había adquirido el compromiso personal de escribirle a mi amada literaria una décima (a la que intentaría acompañar, siempre que fuera correspondido y posible, de una rosa roja) al día.

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Si en algo servidor puede ayudarte,...

SI EN ALGO SERVIDOR PUEDE AYUDARTE,...

Dilecta Pilar:

Te contesto, como el rayo, a los dos correos en este. Tengo pendientes de escribir las tres décimas que he urdido durante el finde.

Como acabas de comprobar, hoy no ha hecho puente la biblioteca de Tudela. Desde uno de sus ordenadores te trenzo estas líneas.

Gracias a ti, por propiciar que mis epístolas existan. Tú, con tus comentarios o correos, eres la causa de que las componga.

De todo hay en la viña del señor. Hay a quienes les gusta lo que cuento y a quienes les peta aún más cómo lo cuento, poco más o menos, lo que dijo Cervantes por boca de uno de sus canes (Cipión a Berganza: “Y quiérote advertir de una cosa, de la cual verás la experiencia cuando te cuente los sucesos de mi vida; y es que los cuentos encierran y tienen la gracia en ellos mismos, otros en el modo de contarlos”) en su famosa novela ejemplar “El coloquio de los perros”, que viene a completar otra, “El casamiento engañoso”.

Ayer bajó mi cuñado Jesús a por mí a Tudela. Mi sobrino Adrián se confirmaba en Cascante. Luego comimos bien en el tudelano restaurante De Miguel, cuyos caldos y viandas hemos degustado otras veces.

Ya sabes. Todos nos equivocamos. Lo que tenemos que hacer, cuando tal cosa ocurra, es procurar enmendarnos cuanto antes, como viene recomendando, desde ni se sabe cuánto tiempo hace, Confucio.

Si en algo servidor puede ayudarte,...

No me extrañará, pero te extrañaré, te echaré de menos. Es, mutatis mutandis, lo de “El principito”, de Antoine de Saint-Exupéry: “Si vienes, por ejemplo, a las cuatro de la tarde, empezaré a ser feliz desde las tres”. A ver si sales airosa (es mi deseo y mi esperanza) de esa contrarreloj.

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Mi anhelo es que también tú lo disfrutes

MI ANHELO ES QUE TAMBIÉN TÚ LO DISFRUTES

Dilecta Pilar:

Hoy he venido al Centro Cívico “Lourdes” un poco más tarde de lo usual. Me ha cortado el pelo y recortado la barba Paula, la nínfula que aprendió el oficio con (o se lo enseñó) Esteban, que está ingresado en el HRS (felizmente, parece que todo va por buen camino).

Ídem, gracias. Mujer, aunque soy un lego o profano en muchos campos del saber, algo de lengua y literatura española sí que sé. Lo que me consta es que a mí (a ti y a nuestras/os compañeras/os o colegas) no me (nos) regalaron la licenciatura, no.

Ya ves, tú y yo, perseverantes literatos, parecemos científicos, pues somos seres que, a lo largo de nuestra vida, vamos alternando (casi casi trenzando) aciertos con errores. Nos pasa, mutatis mutandis, algo parecido a lo que les acaece a ellos con su método experimental de ensayo/error. Sí; coleccionamos más de los segundos que de los primeros (como confiesa quien no es un pretencioso, soberbio o vanidoso, claro). Por ejemplo, yo, que contengo y dispongo de un montón de críticos y correctores a mi servicio, me doy cuenta de las numerosas lecturas (aparejadas de adiciones, enmiendas y supresiones) que debo hacer de algunos de mis textos hasta que, por fin, consigo darlos por buenos. Me temo que quien ha malinterpretado lo escrito por ti he sido yo. Me suele ocurrir cuando leo rápido.

He leído como viaja el rayo (o la centella) tu artículo sobre la posverdad (la mentira que se presenta, postula o propone como candidata para fingir y fungir de verdad) y las imágenes reales, en el que te fijas en varios asuntos de rabiosa actualidad (el problema, arreglado en un pispás, como recomienda Confucio, entre Letizia y Sofía, las reinas consorte y emérita de España, el máster —mejor, no máster cursado— de Cifuentes, el ataque a la población civil siria con bombas químicas, con muchos niños heridos en y por el tal, etc.). Me ha gustado. ¿Te has dado cuenta de que en el arranque de tu artículo, la cabal definición que da el DLE de posverdad (“distorsión deliberada de una realidad, que manipula creencias y emociones con el fin de influir en la opinión pública y en actitudes sociales”) tiene cierta cercanía o mucho que ver con lo que busca el autor de ficciones, que sea verosímil el relato que narra su cuento o su novela? Cierto. No andan faltas de razón las objeciones que planteas, pero ¿acaso la posverdad no pretende hacer pasar por verosímil (algo falso con apariencia de verdad) lo que tiene solo un porcentaje (alto, medio o bajo) de real?

Lamento tener que desdecirme, pues lo he publicado hoy. La verdad es que lo había escrito para que viera la luz, en un primer momento, ayer, pero el que urgía ser publicado antes se le adelantó y lo tuve que posponer hasta hoy (no mañana). A veces se me va un poco la olla. Tengo tantos textos comenzados en el telar, pendientes o a falta de lecturas correctoras posteriores que llevar a cabo para darlos como concluidos que, a veces, solo a veces, me armo más de un belén o jaleo.

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Te agradezco un montón la sugerencia

TE AGRADEZCO UN MONTÓN LA SUGERENCIA

Dilecta Pilar:

Pues ya sabes qué debes hacer: tienes que seguir por esa senda (o cauce), dejándote llevar por los aires (o las aguas) de la imaginación.

Te agradezco un montón la sugerencia, pero reconoce que sería como tomar, en lugar de chocolate, un sucedáneo (mutatis mutandis, el aguachirle que le sirvieron, en cierta ocasión, unas hermanas clarisas a Quevedo y él repentizó aquella famosa redondilla: “Monjas claras, claro está; / pero es grande disparate / dar agua por chocolate / y no decir ¡agua va!”.

Pues, antes de ponerme a redactar las notas que he tomado en casa (a ver qué sale), me paso por tu blog para leerlo.

Parece que en “Plaza Santo Domingo”, tu microrrelato (una reflexión sobre el cambio o los cambios, en definitiva, el inexorable y raudo paso del tiempo), optas por el disfraz de fotógrafa y te dedicas a hacer varias instantáneas en momentos distintos. La primera foto se la haces al señor que va en silla de ruedas y tiene por pies palomas (les haya echado él el alpiste para que lo comieran o no). La segunda foto se la tiras a esa patulea mestiza, mixta, de niños del extrarradio o emigrados (sus padres buscaron mejor vida para su familia en otro país, en otra ciudad, Zaragoza). Supongo que es verano y no tienen dinero para ir a bañarse a una piscina. La tercera foto recoge la nueva carnicería (¿por qué has escrito “carnecería”? Ah, bueno, puede que la palabra aparezca escrita así en el letrero) que un emigrante ha abierto para vender a otros, con igual origen que el suyo o no, la carne de las reses sacrificadas por el rito musulmán. La cuarta se centra en un joven de piel oscura, desplazado, recién duchado, que quiere hablar por teléfono en una cabina que no funciona (¿por qué con un denario? ¿Acaso porque suena a dinar y piensa que aún está en su país, sea o no del Magreb?) hace mucho tiempo (el móvil se ha impuesto). La quinta foto (no hay quinta mala) recoge hasta el audio de tu tío: una especie de profecía fatídica (más que propicia): quizá barrunte que pronto no habrá niños jugando alrededor de la fuente, como repararás luego en ello. La sexta se centra en tu tía, incapaz de andar, cercana a la muerte (haciendo el viaje de vuelta a la niñez —algunos ancianos vuelven a ser como niños: se cagan y se mean encima y necesitan pañales, pero más grandes que los de antaño—). La séptima retrata la vida misma: en un visto y no visto, pasa nuestra existencia (hay quien dice que a la hora de la muerte uno ve su vida en un rápido tráiler que dura un santiamén o pispás). La octava foto constata que, como las piernas añosas fallan, cada vez más ancianos necesitan andadores para desplazarse y poder cubrir así pequeñas distancias, de manera autónoma. La no(ve)na vuelve a la fuente donde ya no hay niños (nuestra sociedad va envejeciendo paulatinamente y, o se pone rápido remedio al problema y promueve la natalidad, o el envejecimiento irá a más). La décima y última la haces mientras asciendes al cielo, metamorfoseada en una de las palomas mencionadas en la primera foto, como queriendo cerrar el círculo.

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No formulo el reparo que refieres

NO FORMULO EL REPARO QUE REFIERES

Dilecta Pilar:

He estado el fin de semana medio griposo. Tengo la sensación o manojo de sensaciones de que esta gripe actual no es tan fuerte como la que padecí durante las pasadas Navidades. No ha cursado con fiebre, pero sí con malestar general, tos y dolor de cabeza. Eso quiere decir (o lleva aparejado de manera implícita) que el sábado no bajé al casco viejo tudelano a “zuritear” (verbo que no aparece en el DLE) con Pío, que he leído menos de lo acostumbrado y he escrito menos de lo habitual. Con todo, estoy contento con lo urdido: dos sonetos: “El tal anda un soneto eternizando” y “A mi amiga Sofía, experta en arte”.

Yo también corrijo mucho (tanto haya sido escrito por servidor en prosa o en verso; no formulo el reparo que refieres —si algo nos asemeja, algo también nos diferencia—). Verbigracia, nada tiene que ver la primera versión (tiene que ver la idea matriz, la de la revelación, y la mitad de lo trenzado, más o menos, un cincuenta por ciento, permanece en pie) con la definitiva de los dos poemas citados arriba. Comentas que te dejas llevar cada vez más. Compáralo con lo que dice, por ejemplo, el primer cuarteto del primer soneto que urdí ayer: “Hay en toda invención un fogonazo / Seguido de un manar o ir avanzando / dejándose llevar, asaz gozando, / Con cada de aristarco espaldarazo”. Yo cultivé el verso libre, suelto o versículo en mis primeros poemas, los que le escribí a mi hermano José Javier. Luego mi lira enmudeció. Desde que retomé la actividad poética, desde que volví a tañerla, salvo lógicas excepciones, me he dedicado a trenzar miles de décimas y cientos de sonetos. Soy un usuario asiduo del Diccionario de la Lengua Española. Siempre que escribo en un ordenador tengo su página abierta, para solventar ipso facto posibles dudas. A mí me ocurre lo propio. Todo verdadero creador no deja de experimentar con las herramientas que dispone o tiene a mano.

Cada quien es cada cual (como sabes, es un verso de “Cada loco con su tema —con el significado de manía de hacer las cosas—”, una de las canciones que más me gusta de Joan Manuel Serrat), ciertamente. Tú, por ejemplo, para dar cuenta de la actividad de juntar letras/palabras, que compartimos, hablas de las diferentes formas de “trenzar el magma literario” (es una manera tan válida como otra de verla, que a mí no se me hubiera ocurrido nunca hasta hoy, que la he leído en tu correo). Yo hubiera echado mano de otros vocablos: arcilla, plastilina o nieve, que puede llegar a quemar las manos, si no llevas guantes especiales, tanto como tu magma. Es broma. No te enfades conmigo.

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En esos dos asuntos coincidimos

EN ESOS DOS ASUNTOS COINCIDIMOS

Dilecta Pilar:

Haces bien en insistir (no te moleste hacerlo; a mí, al menos, no me molesta que lo hagas; a pesar de la opinión negativa que otrora leí —y ahora recuerdo que lo hice— en “La peste”, de Albert Camus, uno de mis autores predilectos: “El sueño de los hombres es más sagrado que la vida para los apestados. No se debe impedir que duerman las buenas gentes. Sería de mal gusto: el buen gusto consiste en no insistir, todo el mundo lo sabe. Pero yo no he vuelto a dormir bien desde entonces. El mal gusto se me ha quedado en la boca y no he dejado de insistir, es decir, de pensar en ello”), si eso es lo que piensas. Ahora bien, da la casualidad o la causalidad que en esos dos asuntos concretos opinamos lo mismo.

Me parece bien que hayas llegado a la conclusión de que debes seguir procediendo de la manera que lo haces por la sencilla razón de que a ti te sirve, como me comentas, si, sin apenas corregir, escribes como trenzas, estupendamente. Acaso el problema (la discrepancia existente entre nuestros pareceres) esté, estribe o radique en que yo no tengo un oído tan fino como el tuyo y, por esa razón, no escucho tan bien a mi musa (como tú a la tuya, si es distinta de la mía, que puede). No pretendo convencerte de nada, que conste en acta, pero Juan Ramón Jiménez en “Españoles de tres mundos”, si no estoy equivocado, que (insisto) puede, sostiene que hay inspiración en el acto de la creación, pero también la hay (o puede haberla) en el momento de la corrección.

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¡Cuánto ayuda aprender de los mejores!

¡CUÁNTO AYUDA APRENDER DE LOS MEJORES!

“Yo creo bastante en la suerte. Y he constatado que, cuanto más duro trabajo, más suerte tengo”.

Thomas Jefferson

Hoy, viernes, 25 de mayo, día en el que se conmemora el nacimiento de San Camilo de Lelis (fundador de la Orden de los Camilianos) en la pequeña localidad italiana de Bucchianico di Chieti en 1550, donde estuve, hace casi cuatro décadas, con el difunto José Luis Álvarez Santaolalla y el ingenioso y sutil José Carlos Bermejo Higuera (en el viaje que hicimos tras acabar COU a Italia), quiero tener un recuerdo especial para quienes fueron profesores míos, durante los tres últimos años de la EGB, que cursé en el seminario menor de Navarrete (La Rioja), los religiosos Camilos Pedro María Piérola García, Daniel Puerto y Salvador Pellicer, tristemente finados, y los vivos (si no marro) Ezequiel Julio Sánchez, “Txema” López y Jesús Arteaga Romero.

Recientemente, el mencionado en último lugar en el párrafo precedente (los últimos serán los primeros), Arteaga, con el que más relación tengo (le remito cuanto trenzo), me envió un pequeño escrito en el que me recordaba que, en el día de la fecha, los religiosos Camilos (que prometen en voto solemne, según la fórmula de su profesión, servir a los enfermos aun con peligro de su propia vida, con el mismo amor que siente una madre por su único hijo enfermo) pretenden hacer un merecido homenaje y rememorar a los más de trescientos miembros de la Orden, que murieron mártires de la caridad, al dar sus respectivas vidas, víctimas de contagio, cuando asistían y cuidaban a personas enfermas en tiempos de epidemia.

Recogía don Jesús, en el mencionado texto, una frase del Evangelio de San Juan 15, 13: “Nadie tiene amor más grande que el que da la vida por sus amigos”. Como él fue uno de los mejores profesores que tuve, a lo largo de mi adolescencia y juventud, pues me enseñó a pensar por mi cuenta, a tener criterio propio, a discrepar o disentir, si lo consideraba oportuno (aunque luego debiera disculparme, al comprobar, de manera fehaciente, que me había equivocado), sin ánimo de polemizar con él, ni con el epígrafe o versículo que escogió de San Juan, me permito apuntar que acaso sí haya un amor aún mayor, “el que da su vida por desconocidos que eran, además (lo supiera o ignorara), sus enemigos”.

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Por donde más oscuro está amanece

POR DONDE MÁS OSCURO ESTÁ AMANECE

“Hay hombres que luchan un día y son buenos. Hay otros que luchan un año y son mejores. Hay quienes luchan muchos años, y son muy buenos. Pero los hay que luchan toda la vida: esos son los imprescindibles”.

Bertolt Brecht

Dilecta Pilar:

Por fin, ha llegado la tarde del sábado y puedo leer el poema que te premiaron el diciembre pasado en Lucena (Córdoba), “Mujer sin edén”, y comentártelo (a ver si puedo sacarle el máximo jugo y provecho).

No sé si te has dado cuenta, pero en el primero de los dos archivos que me has mandado, el de la portada, se lee “Mujerarta” (sic; supongo que es un error; y debería haber aparecido “Mujerarte”, que es el título que se lee en el segundo archivo, el del libro). Tras leer dos veces tus versos, permíteme esta primera digresión, acéfala y ápoda, sin cabeza ni pies, para arrancar con unas gotas de zumba mi crítica literaria: he dado por buena (justa y correcta) la explicación que he hallado al error mencionado del rótulo, pues la mujer que urdió la susodicha obra poética recordaba los momentos en los que estuvo hasta más arriba de las narices (no te faltaba razón para estarlo, amiga), o sea, ahíta, de estar harta.

Comienzas con dos endecasílabos perfectos para abrir boca, para poner en situación al lector (ella o él): “La niebla me bloquea el horizonte / en este frío invierno sin ventanas”. Ignoro si con la voz “niebla” querías hacer referencia al folio en blanco y con “frío” un guiño al verso inicial del famoso poema de César Vallejo (“Considerando en frío, imparcialmente”), que itera el título.

En los versos siguientes recuerdas tu despertar a la vida, que pronto, muy pronto, advertiste, por numerosas circunstancias, diferente a la de los demás niños y niñas. Te daba miedo ser distinta y comprobar (porque aún no tenías las herramientas que has ido acopiando a lo largo de tu existencia, de lucha permanente) en tu interior el vacío y la ausencia de luz (para hacerle frente y lograr explicarlo).

Al verso “Han sido muchos años de bajar mirada” (que refuerza la misma idea de los anteriores), permíteme el segundo excurso (ya sabes que, cuando me hallo entre amigos, digo o trenzo las cosas sin apenas filtros, llamando pan al pan y al vino vino), yo le hubiera colocado el artículo: bajar la mirada. Da, como resultado (no sé si consideraste esta posibilidad), un alejandrino cabal, dividido en dos hemistiquios exactos.

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La quintaesencia va en tarro pequeño

LA QUINTAESENCIA VA EN TARRO PEQUEÑO

Dilecta Pilar:

Yo, a bote pronto, reconozco que tengo predilección por mis últimos hijos de papel, los benjamines. Tu comentario (“la vida es pura contradicción”, que también he trenzado con esas mismas o parecidas palabras en varios textos) me ha hecho recordar el epitafio que el poeta checo-austriaco en alemán Rainer Maria (von) Rilke urdió poco antes de morir y puede leer quien acuda a su tumba, pues está escrito sobre su laude o lápida: “Rosa, pura contradicción; voluptuosidad de no ser el sueño de nadie bajo tantos párpados” (y es que, ciertamente, si la rosa no hubiera nacido entre espinas —al parecer, al cortar una, se clavó una púa en un dedo— no tendría el prestigio que tiene entre las/os amantes de las flores). A propósito de tu apostilla (“el tiempo climatológico parece haberse vuelto también loco, como la gente”), te mando, abajo, la urdidura (o “urdiblanda”) que publicaré mañana en mi bitácora, “¡Menudo genio!, sí, Pierre Nodoyuna”.

De nada. Soy yo quien tiene que dártelas a ti por haber sido tú, precisamente, la hacedora de esos versos que tanto me gustaron que me empujaron a sacar lo que has leído, tal vez lo mejor de mí. Sé que tu escolio (agradezco los halagos que contiene y me haces) viene de quien viene, una amiga; no obstante, celebro que te haya petado mi breve comentario de texto o crítica. Por lo que urdes (“cuando escribo no me fijo en nada de eso, me dejo llevar”), parece que somos legión los amanuenses o copistas que usan para sus fines líricos las musas de la poesía, Erato y Polimnia. A mí me ha ocurrido lo que comentas, pero luego, por lo regular, disconforme con el resultado de la primera versión, servidor se ha visto obligado a corregir y mejorar y pulir (hasta que el poema se deja como queda —a veces, tengo la impresión refractaria de que, como se podría mejorar aún más, queda inacabado, sin terminar—).

Ya sabes que la quintaesencia suele ir envasada en tarro pequeño.

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Bastante siempre es poco en poesía

BASTANTE SIEMPRE ES POCO EN POESÍA

Dilecta Pilar:

Te agradezco sobremanera el envío del enlace (porque te consta que no tengo facebook —por cierto, las últimas noticias sobre la red social no son nada halagüeñas, ni para quienes son accionistas de la compañía ni para los usuarios de la misma—). En el ordenador del C. C. “Lourdes” se escuchan muy mal tus palabras. Probaré en uno de la biblioteca a ver si mejora la audición.

Celebro que te haya gustado la epístola que publiqué ayer, “Ya sabes qué has de hacer con los halagos”.

A pesar de los pesares (que apenas pesan, reconócelo), lo importante es que han reconocido tu trabajo. Seguramente, tú estás satisfecha de todo lo que haces, pero, como no te engañas, en unos casos adviertes (sin un ápice de soberbia o con una pizca de evanescente vanidad) que cierto escrito, sea en prosa o en verso, tiene más posibilidades que otros de ser premiado por un jurado.

Como la vida misma es un poliedro de muchas caras (no es extraño comprobar la existencia de una faceta claramente contradictoria con otras), parece como si el actual inicio (gélido, lluvioso, nivoso, ventoso) de la primavera actual viniera a poner en tela de juicio tu precioso poema sobre ella. Si he de quedarme con un verso, me aferro a dos, que tienen que ver con la metamorfosis que ha experimentado el gusano de seda hasta devenir en mariposa: “que ha dejado el letargo en otra cáscara, / carcasa del invierno ya sepulto” (endecasílabos perfectos). Pero, como soy un inconformista, he de hacer referencia, asimismo, a otro, heptasílabo, “se deshielan las lágrimas”, que me ha recordado y trasladado hasta donde los carámbanos, llegado el buen tiempo primaveral, van deshaciéndose paulatinamente, gota a gota, poco a poco, hasta quedar en nada. Pero, como en poesía aun demasiado es siempre poco, he de mencionar (otros preferirán otros versos, seguro) el alejandrino, dividido por la cesura o coma, en dos hemistiquios heptasílabos: “y la zarza se abrasa, / y ardemos sin quemarnos” (que alumbra y deslumbra con su deífico y amoroso oxímoron). Los dos versos finales (“a la degustación de unos primeros brotes, / como yemas ternísimas”), impresionantes, casi sicalípticos (he visto en esos brotes y yemas —ignoro si ese fue tu propósito— lengua/s lamiendo pezones), son un cierre estupendo. Acaso (ya perdonarás la osadía, hija de la confianza) lo hubiera mejorado colocar tras “ternísimas” una coma y, tras esta, un adjetivo más, eternas.

Espero y deseo que, a partir de la lectura de tu poema “Primavera”, que aparece en tu poemario “Pájaros de silencio” (2016), te haya gustado la breve aportación crítica que he hecho de él el día de la Poesía.

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En Cataluña sigue el esperpento

EN CATALUÑA SIGUE EL ESPERPENTO

Por obra y gracia de un pelele sin ninguna ídem, en Cataluña sigue el esperpento. Y, una de dos, o alguien, mancomunado con otros, decide lo que conviene culminar con urgencia, poner pronto remedio a tanta indignidad, dejando al ababol arrumbado en el rincón más oscuro del cuarto donde se suelen guardar (para luego tirar a la basura) las naderías o simplezas, o continuará el espectáculo bochornoso, haciendo aún más daño o deteriorando un poco más, si cabe, que sí, que cabe, las instituciones dependientes de la Generalitat y a las personas, catalanas o no, epatadas por un cristo adicto al cristo o ahítas de tener que soportar, un día sí y otro también, las tomaduras de pelo ideadas o propuestas por un politicastro, un mandatario de tres al cuarto.

La sociedad española, ante tanta afrenta o suciedad, que solo puede producir saciedad, da muestras ya de una notoria indiferencia ante el nuevo caso de indecencia democrática llevado a cabo en el Parlament con los votos de los representantes secesionistas, al modificar la Ley de Presidencia, a fin de permitir una investidura a distancia de Carles Puigdemont. El Consejo de Estado, por unanimidad, ya ha emitido un informe favorable al criterio del Ejecutivo de presentar un recurso ante el Tribunal Constitucional contra la reforma de dicha ley. Ayer leí, en la página 10 del número 2.171 de El País Semanal, en el artículo “La psicología política de los colores”, de Manuel Rivas, una frase de Stefano Mancuso, director del Laboratorio Internacional de Neurobiología Vegetal de la Universidad de Florencia, que acaso explique los delirios de grandeza que vienen padeciendo Puigdemont y sus secuaces: “las personas competentes no compiten; solo compiten los incompetentes” por ver quién dice la mayor sandez o se adjudica o esfuerza para que le atribuyan, qué codicia, como baldón ultrajante, la peor muestra de impericia.

Lo último que ha trascendido del sujeto en cuestión (al que, como siga así, me temo, habrá que sujetar con una camisa de fuerza, por orate), aficionado a hollar o pisotear toda ley que no le guste, que no diga lo que él anhelaría que dijese, es su exigencia de que nadie ose pisar las estancias del palacio de la Generalitat que él considera de su única propiedad y uso exclusivo.

Como el día 22 de mayo, si no hay president antes de dicha fecha, se disolverá el Parlament y se convocarán elecciones para el 15 de julio, Junts per Catalunya quiere investir un candidato antes del próximo lunes, 14. Aunque reconocen que todo está en el aire o aún muy verde (y es que no han tenido tiempo, porque se lo han pasado o lo han invertido en marear una perdida perdiz a la que no lograban dar caza y ponerle el preceptivo lazo amarillo), son conscientes de que una espada de Damocles pende sobre sus cabezas, porque la suspensión para el ejercicio de cargo público de los diputados procesados por rebelión en la causa abierta por el “procés”, que instruye el magistrado del Tribunal Supremo Pablo Llarena, está al caer, es inminente. Y como, cuando esta sea firme, la suspensión será automática, el plazo es el que es y, si ocurre, verbigracia, esta semana, eso obligaría a los diputados afectados a renunciar a sus actas para mantener la mayoría independentista en el Parlament.

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Estatura, envergadura

ESTATURA, ENVERGADURA

“Quienes quieren juzgar la literatura —y creo que esto vale en general para todas las artes— desde un punto de vista ideológico, religioso y moral se verán siempre en aprietos. Y, una de dos, o aceptan que este quehacer ha estado, está y estará siempre en conflicto con lo que es tolerable y deseable desde aquellas perspectivas, y por lo tanto lo someten a controles y censuras que pura y simplemente acabarán con la literatura, o se resignan a concederle aquel derecho de ciudad que podría significar algo parecido a abrir las jaulas de los zoológicos y dejar que las calles se llenen de fieras y alimañas”.

Mario Vargas Llosa, en su artículo “Nuevas inquisiciones”, publicado el pasado domingo, 18 de marzo de 2018, en la página 15 del diario El País.

Óptima literatura
Puede ser la de los santos
Vida o la suma de espantos,
Que acrecienta la estatura
De su autor, la envergadura.
Prefiero diferenciar,
Quiero decir, licenciar,
Galardonar, distinguir,
Ergo, atizar a extinguir
Y ensalzar a despreciar.

Ángel Sáez García
angelsaez.otramotro@gmail.com


Domingo, 19 de agosto

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