El Blog de Otramotro

Quien generaliza yerra

QUIEN GENERALIZA YERRA

Y, SI ES MACHISTA, MÁS YERRA

Tengo para mí que todos los seres humanos que fuimos, somos y seremos (por el mero hecho de serlo —“errare humanum est” dijeron y dejaron escrito en letras de molde nuestros antepasados, los romanos—, erramos ayer y hoy y, seguramente, erraremos también mañana), que alcanzamos o alcanzaremos la edad adulta, que gozamos o gozaremos del pleno uso de nuestras facultades intelectuales, hemos sido, somos y/o seremos alguna vez a lo largo de nuestra vida injustos. Así las cosas, tal vez solo nadie pueda agacharse, coger del suelo una piedra y tirarla para lapidar a quien sea, porque únicamente quien no haya generalizado alguna vez, quiero decir, quien no haya juzgado que para él (en el supuesto de que se trate de ella, para ella), según su criterio, es distintivo, pertinente y relevante extrapolar, por simple o sencilla inducción, desde su personal (y puede que intransferible) punto de vista, perspectiva o visión, de lo particular lo general, de lo individual lo universal, queda excluido de la susodicha regla; pensamiento que, si usted, lector, lo mira bien y remira mejor, acaso coincida conmigo en que no deja de ser, por cierto, otra generalización.

En el día de la fecha osaré agregar, asimismo, que incluso algunos de los animales que tomamos por irracionales generalizan. ¿Quién no ha usado alguna vez en alguna conversación para dar cuenta de la mentada generalización esa paremia española que dice que “el gato escaldado del agua fría huye”?

Considero que quizás pueda servir como ejemplo de generalización ese axioma, en sentido estricto, puro sofisma, que aprendí en COU, en la clase de Filosofía que nos impartió Paco Pérez, nuestro profesor, y llamó “navaja de Ockham”, principio metodológico que dice que “en igualdad de condiciones, la explicación más sencilla suele ser la más probable”. Ahora bien, conviene añadir que aquí probabilidad solo significa verosímil o fundada apariencia de verdad, no certeza (y menos aún) absoluta.

Los tres párrafos precedentes vienen a cuento de lo que sigue. Jeroen René Victor Anton Dijsselbloem, actual presidente del Eurogrupo, echó mano de las palabras que van entrecomilladas a continuación en una entrevista que concedió al periódico alemán Frankfurter Allgemeine Zeitung: “Como socialdemócrata, concedo a la solidaridad una importancia excepcional. Pero el que la solicita tiene también obligaciones. Yo no puedo gastarme todo el dinero en copas y mujeres y pedirte luego que me ayudes”.

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De bien nacido es ser agradecido

DE BIEN NACIDO ES SER AGRADECIDO

Como, según asevera la paremia o el proverbio patrio, “de bien nacido es ser agradecido” (por cierto, un endecasílabo cabal) y el abajo firmante, seguro servidor de usted, atento y desocupado lector (ya sea ella, ya él), el pasado 21 de febrero fue intervenido quirúrgicamente de una reconstrucción de ileostomía en el Complejo Hospitalario de Navarra (CHN) por las cirujanas Irene Esquíroz Lizaur y Fabiola Oteiza Martínez, ejerciendo de anestesista la doctora Aránzazu Pavón Benito, con los renglones torcidos que me dispongo a juntar en este escrito pretendo dar las gracias, de corazón, a las susodichas galenas, a las/os doctoras/es que pasaron visita (algunas/os repitieron) durante los días que estuve ingresado en la habitación 306 del Hospital de Navarra (Sánchez, Esquíroz, de Miguel, González, Ciga, a quien le di la enhorabuena por haberse hecho digno acreedor del alto cargo que ostenta —me llevé una sorpresa morrocotuda al comprobar que el jefe de Cirugía del CHN sigue haciendo trabajo de campo—, Oteiza y Balén, que firmó el informe clínico de mi alta y a quien vi cómo auscultaba y se interesaba y preocupaba por Mariano, mi segundo compañero de habitación, y, si mi nariz no me juega una mala pasada, que no me falló en el caso del citado Ciga, ocupará pronto una responsabilidad médica mayor), a las/os enfermeras/os (Gema, Rosa, Oihane, Javier, Iñaqui, etc.), a las auxiliares (Anabel, Asun, Laura, etc.), a las/os limpiadoras/es (Luis, etc.), a las/os celadoras/es, a mis compañeros Josemari y Mariano y a sus respectivos deudos y amigas/os, a mis hermanos, familiares y allegados, a mis amigos Miguel, Prepedigna y Luis Quirico y, de manera especial, a mi dilecta prima Justina Muro Recalde, por contribuir a que mi estancia en el CHN fuera la mejor posible.

Lamento sobremanera haber olvidado algunos nombres y, por tanto, no haberlos expresado aquí; ahora bien, mi agradecimiento es absoluto, completo, general, para todas/os las/os que estuvieron a mi lado o se interesaron por cómo iba mi posoperatorio por teléfono, sin excepción.

Mientras estuve ingresado, las muchas horas de insomnio que padecí las ocupé en varios menesteres, a saber: leer y urdir mentalmente, al principio, luego pasándolas a papel, más de media docena de décimas, entre ellas, la siguiente:

A LOS DOCTORES FO Y AGUA

Siempre estaré agradecido
A los herreros Fo y Agua.
Desde que acudí a su fragua,
Soy un tenor renacido
Cual fénix, reverdecido,
Ya que por las duchas manos
De esos nones cirujanos,
Don Héctor Ortiz Hurtado
Y Fabiola Oteiza, alado
Querubín/Serafín me siento, hermanos.

Ángel Sáez García
angelsaez.otramotro@gmail.com


Una boutade u ocurrencia

UNA BOUTADE U OCURRENCIA

“Es un axioma que aquel a quien todos conceden el segundo lugar tiene méritos indudables para ocupar el primero”.

Jonathan Swift

Ayer, lunes, por la tarde, no acerté a saber por qué me había despertado de los veinte minutos escasos que duró mi siesta recordando lo que había estado canturreando en sueños, esa canción popular que decía y dice así: “Querida, Irene, porompompón (bis), / síguete (forma verbal esdrújula que suele hacerse llana, siguete) meneando, porompompón, / que ya me viene, porompompón”.

Tras darle vueltas y más vueltas, giros y más giros, al asunto sin sacar nada en claro, sin obtener un mínimo provecho, desistí en mi empeño de hallar su (quinta)esencia, su quid.

Hoy, martes, habiendo transcurrido veinticuatro horas, poco más o menos, del morrocotudo fracaso, me he llevado a las manos y a los ojos un libro de filosofía de mi biblioteca y me he detenido en unas páginas sobre Guillermo de Ockham, a quien le he pedido prestada su famosa navaja, quiero decir, su principio metodológico de economía que dice que “en igualdad de condiciones, la explicación más sencilla suele ser la más probable”, y ahora ya puedo decir que, del amplio abanico que se me había presentado, estoy en condiciones de señalar la razón o varilla que he escogido como más plausible, esta: ayer, por la mañana, leí, sin detenerme mucho en la noticia, que la nueva portavoz en el Congreso de los Diputados y “número dos” de la formación morada va a ser Irene Montero.

Aunque no doy un chavo por lo que acaba de idear mi caletre (he intuido que iba a ser un texto de poca monta), para confirmar mi sospecha y/o ratificar mi tesis, como a esta hora, regularmente, acostumbra a brotarme o nacerme mi vena más coñona, guasona o zumbona, la pondré negro sobre blanco para ver si, desechando prejuicios, se trata, en verdad, de una chapuza inconcusa; pero, como me tengo (sin ánimo de alardear o presumir) por un sabueso (me gusta advertir con antelación a quien suele invertir su tiempo de ocio en pasar y posar su vista en mis urdiduras —o “urdiblandas”— qué barrunto o me da en la nariz) sagaz, no puedo tomarle el pelo a usted, atento y desocupado lector (sea ella o él), contándole una milonga, porque presiento que no va a ser de su agrado ni a recibir su aprobación. No obstante, paso a dejar (para afrenta, baldón o ultraje mío, sin duda) constancia aquí de ella, una boutade u ocurrencia, que ya he trenzado mentalmente, una décima dialogada protagonizada por Elvira y Edurne, como puede leer a continuación:

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Poesías al momento

POESÍAS AL MOMENTO

En la biblioteca municipal de Tudela (como un sendero poético más de los muchos que ha ido, ora desbrozando, ora tejiendo, de manera mancomunada, el capital humano que presta sus servicios en las bibliotecas públicas de la Ribera, fungiendo, ya de meros exploradores, ya de claras hilanderas), nada más entrar en la sala habilitada para uso exclusivo del público joven y adulto, a mano izquierda, anteayer colocaron un panel, en el que bajo un cartel que exhibía, a modo de reclamo, el rótulo de “Poesías al momento”, pretendía recoger los versos que hubieran podido repentizar minutos antes, durante o después de haber hecho uso correcto de sus plurales herramientas quienes hubieran acudido en esa oportunidad a su sede.

Por la tarde, el abajo firmante, mero aprendiz de ruiseñor, a quien le gusta colaborar con quienes se lo piden y en cuanto puede, estrenó dicho espacio con el propósito de que otras/os poetas siguieran la senda inaugurada por él y escribió esta redondilla, que tituló, precisamente, así, “REDONDILLA”, y firmó con su seudónimo por antonomasia, Otramotro:

“Su mirada te confiesa
Lo que su corazón siente,
Que te ama (no, no te miente),
Aunque te parezca aviesa”.

Ayer, por la mañana, antes de que mis dedos empezaran a saltar, pulsar y/o bailar sobre las letras, números y signos diversos del teclado de uno de sus ordenadores (soy usuario habitual, regularmente de mañana y tarde, del susodicho recinto libresco), nadie se había animado a dejar una escueta muestra siquiera de lo que le había inspirado inesperadamente su musa/o. Así se lo hice saber, tras darle los buenos días, a una de las bibliotecarias, Pilar, que estaba llevando a cabo lo que fuera detrás del mostrador. Y le comenté que tal hecho no me empujaba ni incitaba a seguir urdiendo en dicho panel mis versos, pues me daba cierto reparo (no era mi deseo ni mi intención acaparar dicho espacio) trenzar en el mencionado panel lo que había escrito mentalmente, mientras bajaba a la calle Herrerías, donde tiene su sede la biblioteca; a lo que ella me objetó que, según su parecer, si fueran más las composiciones que obraran allí, hasta las/os más tímidas/os poetas, tal vez, se animaran a dar cuenta y/o dejar una breve prueba, al menos, de las suyas.

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Lo evidente y lo soñado

LO EVIDENTE Y LO ENSOÑADO

Debo la frase que encabeza este texto al vate (poeta y profeta) Luis Cernuda Bidón (quien, por cierto, para rematar su extraordinario e inmarcesible poema “Si el hombre pudiera decir”, escribió los tres versos con los que, en el caso o supuesto de que el abajo firmante, aun moribundo, estuviera consciente, gustaría despedirse de su amada dama, en la hora fatal, cuando Átropos hubiera decidido cortar el hilo de su vida: “Tú justificas mi existencia: / Si no te conozco, no he vivido; / Si muero sin conocerte, no muero, porque no he vivido”), que reunió la obra poética que había trenzado hasta entonces bajo el título global de “La realidad y el deseo” (1936). Esos dos susodichos vocablos, realidad y deseo, hacen inconcusa referencia y/o son los ámbitos que resumen, a grandes rasgos, el conflicto existencial en el que vivió durante una buena parte de su vida.

Está claro que las personas diferenciamos lo público y notorio, lo que hay, lo evidente, y que, de modo incontrovertible, es real, de lo que anhelamos, lo ficticio, lo soñado, ora estando dormidas, ora estando despiertas, que, contradiciendo lo que muchas creen a pies juntillas y así lo expresan, a pesar de los pesares, también lo es, real.

A veces, solo a veces, recuerdo lo que he soñado. Es lo que me ocurrió, verbigracia, la madrugada del domingo pasado, que me desperté habiendo escrito en sueños una décima/espinela. Como la recordaba con fidelidad, para que no se me olvidara, la pasé inmediatamente a mi libreta (este procedimiento es el lógico y normal en quien hace muchos años, servidor, agrupó los siguientes versos bajo el título de “Romance del verbadebelado”: “Literato naufragado, / Cuentacuentos con aletas, / Mideversos con espinas, / Con escamas juntaletras, / Verbarrendido entre peces, / Pecios y otras truculencias / No es el que a pique se ha ido, / Sino el que no halla libreta / Donde verter lo ocurrido, / Ni halla paz, ni puerto encuentra”). Mi confesable anhelo era que en Vistalegre II Errejón le ganara el pulso que le había echado a Pablo Iglesias, por eso mi inconsciente trenzó lo que trenzó, el poema que el atento y desocupado lector (sea ella o él) puede leer abajo, como colofón a este texto, pero a las pocas horas hizo su aparición el tío Paco con la rebaja, desbaratando lo que mi subconsciente había escrito en sueños:

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¿Creaciones de mentes fantasiosas?

¿CREACIONES DE MENTES FANTASIOSAS?

Hay quienes sostienen que las causalidades, las llamen así o causas, orígenes o principios (de lo que sea), existen, pero las casualidades, esas combinaciones de circunstancias a las que no les cabe, cuadra o encaja ser prevenidas o previstas ni pueden eludirse o esquivarse, no, de ninguna de las maneras. Como esto, que acostumbran a aseverarlo donde sea, allí donde se hallen, que quizás no sea el ámbito apropiado para largarlo, se lo creen a pies juntillas, no hay forma humana de hacerles ver cuánta importancia tiene pasar por el tamiz propio las razones ajenas, siempre que concedamos a las de las/os demás el mismo don, gracia o favor que solicitamos para las nuestras, las de poder convencer y ser persuadidas/os por ellas; de que tal vez estén equivocadas/os, de que acaso las cosas no sean así, como ellas/os las ven, ni contengan o sean portadoras o porteadoras de tantas verdades como aseguran.

Durante la mañana del 5 de enero del presente año, en la sala de ordenadores del Centro Cívico “Lourdes”, de Tudela, cuando apenas hacía unos segundos que le había dado remate a la primera versión de un texto breve que titulé, de manera provisional, “Carta a los Reyes Magos”, hizo acto de presencia, quiero decir, irrumpió inopinadamente en el susodicho entorno un señor vestido de Rey Mago (Melchor o Gaspar; no cabe otra opción, si hacemos caso o tenemos en cuenta el legendario color de la piel que la tradición adjudica a Baltasar), acompañado de una de las trabajadoras del mentado centro, Eva, que me dijo, “mira, Ángel, a quién te traigo”, y otra persona más, una señora que se quedó en el quicio de la puerta y no conocía (añadiré en este paréntesis que no la había visto nunca; aunque quizás debería haber urdido, a fuer de ser más cabal, que jamás había reparado antes en ella). Así que no tengo un solo testigo, ni dos, porque son tres, en sentido estricto, las personas que pueden dar testimonio fehaciente de que lo que llevo trenzado hasta aquí y lo que urdiré a continuación es cierto y no tiene vuelta de hoja, porque es irrefutable.

Le dije a quien iba vestido de Rey Mago que, casualmente, acababa de escribirle una carta a él y a las otras dos proverbiales altezas dadivosas con las que conforma el trío más esperado y querido por las/os niñas/os la primera semana de enero. Le pregunté si podía proceder a su lectura y, como me dio en un santiamén su plácet, pasé en un instante a poner en ejecución la misma. Cuando la terminé de leer en voz alta, le interrogué sobre su opinión al respecto y me comentó, grosso modo, que acaso vendría bien que se leyera mi texto en los hospitales.

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Del pimpón al brutal choque de trenes

DEL PIMPÓN AL BRUTAL CHOQUE DE TRENES

(¿CABE HALLAR UN PROFETA EN UN POETA?)

“‘La belleza es verdad y la verdad belleza’... / Esto es cuanto sabes y necesitas saber”.

John Keats (esos dos versos coronan su “Oda a una urna griega”).

Antes de ir a lo precipuo, principal o importante, antes de meterme de lleno en la materia del asunto sobre el que discursaré aquí, voy a hacer dos afirmaciones (sobre dos intuiciones) con las que el atento y desocupado lector (sea ella o él) acaso no abunde, es decir, no esté de acuerdo con el grueso de las mismas; con las que discrepe en parte o abierta y concluyentemente disienta. Una; considero que, como en todo poeta (escriba poesía o narrativa, verso o prosa, usa de manera regular las figuras o recursos literarios) cabe hallar un profeta, toda literatura, en mayor o en menor grado o medida, tiene carácter profético. Y dos; tengo para mí que la literatura que solemos llamar “de ciencia ficción”, además de serlo de evasión, por lo tanto, hecha con la clara finalidad de divertir o entretener, es, como muchos programas de televisión o cintas cinematográficas, literatura, o sea, mentira, pero con claras aspiraciones de prender, con el significado de aprehender, la verdad. Tal vez esta idea no le pertenezca de manera exclusiva a quien acaba de formularla y se la deba en todo o, al menos, en una buena parte a los literatos que ha leído y releído, entre ellos, a un escritor peruano/español, que fue galardonado con el Premio Nobel de Literatura en 2010, Mario Vargas Llosa, de quien hace mucho tiempo leyó su ensayo “La verdad de las mentiras” (1990).

No voy a perder ni a hacerle perder a usted, lector/a, el tiempo, especulando aquí sobre qué podemos considerar verdades, sin ninguna hesitación, cuántas certezas cabe identificar y juzgar que lo son, de modo irrefutable, en ciertas novelas a las que se les suele colocar el ora aditamento, ora cuño o marbete, “de anticipación”, como “De la Tierra a la Luna”, de Verne; “1984”, de Orwell; o “Las fuentes del paraíso”, de Clarke.

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Enhorabuena y ánimos, Molares

ENHORABUENA Y ÁNIMOS, MOLARES

Mediante este escrito, me gustaría darle, amén de ánimos, la enhorabuena a don Manuel Molares do Val, por haber tenido los redaños de pasar al papel lo que pensaba sobre el asunto en cuestión, el primer asesinato computado como “Violencia de Género” por los mass media en el recién estrenado año 2017, en el artículo que tituló “Víctimas de su sexismo”. O ¿acaso aquí y ahora lo que se estila, está en boga o impone en el ámbito periodístico es mentir como un bellaco? Supongo que hace muchos años usted, desocupado/a lector/a, leyó lo que, al parecer, no leyeron cuantas/os han censurado a don Manuel y tal vez, con el lento paso del tiempo, emulen, queriéndolo o sin querer, a Acteón y mueran, como él, devoradas/os por sus propios canes, la “EPÍSTOLA SATÍRICA Y CENSORIA CONTRA LAS COSTUMBRES PRESENTES DE LOS CASTELLANOS, ESCRITA A DON GASPAR DE GUZMÁN, CONDE DE OLIVARES, EN SU VALIMIENTO”, trenzada por el genial Francisco de Quevedo en tercetos encadenados, que arranca con estos seis versos endecasílabos: “No he de callar por más que con el dedo, / ya tocando la boca o ya la frente, / silencio avises o amenaces miedo. // ¿No ha de haber un espíritu valiente? / ¿Siempre se ha de sentir lo que se dice? / ¿Nunca se ha de decir lo que se siente?”.

He constatado que en España a muchas personas se les llena la boca a la hora de hablar de la libertad de expresión y de las numerosas bondades que cabe hallar en el pluralismo político, ideológico, económico, cultural, religioso, social,… (¿quién no ha pensado decir y ha llegado a proferir alguna vez esa verdad, que la tradición adjudica a ese improbable autor anónimo que suele usar el alias de Pero Grullo, de que “en la variedad está el gusto”?), pero, a la hora de la verdad, ejercen de redivivos y sacrosantos inquisidores, peritos en modernos autos de fe. Una legión, conformada por más de seis mil de las máscaras mentadas arriba, ha sido investida por nadie sabe muy bien qué autoridad para decidir o determinar, sin tener que cumplir con la necesaria conditio sine qua non de argumentar, de razonar, qué es lo que se puede decir y/o escribir y qué es lo que, por narices, hay que callar o, urdido a la pata la llana, para juzgar qué es lo políticamente correcto expresable y publicable y qué no, y/o, en su defecto, elegir el disfraz de toro de lidia y embestir.

Pero vayamos al meollo del tema. Todos los seres humanos, todos, sin excepción, seamos mujeres u hombres, tenemos que tener claro lo precipuo, principal o señalado, que nada tiene que ver (pero no faltarán quienes hallen alguna relación, seguro) con el prepucio (ora de pene, ora de clítoris), aunque dichos vocablos sean anagramas entre sí, uno del otro y otro del uno, esto: que todos nuestros actos tienen consecuencias (el grueso de las mismas, lógicas, pero no debemos descartar las irracionales, porque, como ocurre con las meigas, haberlas haylas). Si a un conductor (sea ella o él) le pilla un guardia de tráfico (hembra o varón) cometiendo una infracción, contraviniendo una norma o señal, la que sea, lo lógico y normal es que le multe, según dicte el reglamento. Si a un viajero le pillan en la aduana con droga, le aplicarán las leyes preceptivas. Si a quien se dispone a tomar un vuelo a una zona de conflicto bélico le recomiendan las autoridades que posponga dicho viaje de asueto o elija otro destino, pero, haciendo caso omiso de la advertencia, viaja y pierde la vida durante sus vacaciones, ¿quién es el culpable de dicha muerte? Contéstese usted mismo/a, amable lector/a.

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¿No ves mono a Monedero?

¿NO VES MONO A MONEDERO?

(¿DEL MONO NO ES DIGNO HEREDERO?)

Las líneas que siguen, que preceden a mi décima hodierna, las urdí solamente para que las leyeran cuantas/os ahora, cuando pasan su vista por ellas, tienen conocimiento concreto de la noticia sobre la que escribí mi breve poema, si es que todavía queda por ahí alguien que no tenga constancia del acto, y, de esta manera, pueda comprender el sarcasmo que recorre en toda su extensión mi espinela.

Esto es lo que tuiteó anteayer, jueves, 15 de diciembre de 2016, Juan Pedro Yllanes en su cuenta de Twitter:

“No voy a permitir la intimidación. Y por supuesto no dejaré de denunciarlo si así ocurre. Os lo cuento en mi canal: https://telegram.me/jpyllanes”.

En un texto adjunto, transcribió lo que allí había trenzado sobre el particular y podemos leer a continuación:

“Hoy en el comedor del Congreso he sido amenazado por el compañero Juan Carlos Monedero quien me ha advertido que hasta febrero puedo decir cosas que a él le molestan pero que cuando todo vuelva al orden, tenga ojito con lo que digo.

“Estas actitudes me parecen repugnantes y no van a impedir que siga dando mi opinión sobre qué Podemos necesitamos. No me callé en mi carrera judicial y no decidí participar en política para callarme.

“Como comprenderéis, como juez y como persona, no puedo dejar pasar la intimidación”.

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Epístola a Jesús, un epígono de Otramotro (CCXCIII)

EPÍSTOLA A JESÚS, UN EPÍGONO DE OTRAMOTRO (CCXCIII)

Dilecto Jesús (ese que yo sé), epígono de este aprendiz de ruiseñor:

Tengo para mí que, después de haber leído tantos textos escritos por el menda en prosa y verso, cuando de verdad no entiendes a la primera de qué va lo que he trenzado, me da en la nariz, esto es, barrunto o sospecho, que casi, casi, en la segunda lo intuyes, acertando, dando de lleno en el mismo blanco o centro de la diana.

En la décima es claro, cristalino, que hablo de que cuando el portavoz (ella o él) de un partido o formación política (sin especificar) sale a la palestra o tribuna y acude a la sinrazón del contexto, el conjunto de las circunstancias que rodean a un asunto, quiero decir, devenir en acémila, bestia de carga o “portacoz”, y no a la razón concreta y correcta (al asunto en sí mismo) que ha motivado el susodicho hecho, pretende hacer creer lo más inverosímil o los mayores disparates, o sea, comulgar con ruedas de molino (de agua o de viento), mentadas, por cierto, también por ti, a quienes no disponen de tragaderas tamañas que pueden pasar dichas moles.

Abundo en tu parecer. Cada día molan menos esas/os “portacoces” que ya sabemos de qué pata negra (por el dinero negro o sucio, que escapaba al control fiscal, y algunas/os han cogido) o pezuña cojeaban.

No sé si todos los portavoces parlamentarios (ellas y ellos) traen el grueso o la mayor parte de sus discursos parlamentarios escrito/a desde casa. Lo que sí me consta es que todos, sin excepción (los de los llamados partidos emergentes, también), se han ido alguna vez por los cerros de Úbeda, sin contestar a lo que un/a periodista les preguntaba. Ignoro si Pablo Iglesias siempre mira a la cara de quien le pregunta y a quien responde. Lo que sí recuerdo, verbigracia, es el comienzo de la respuesta que le dio el secretario general de Podemos a una periodista que le preguntó a propósito de lo que ella llamó “coalición de perdedores” o el gobierno de cambio que estaba dispuesto a conformar con el PSOE, que encabezó con esta coz o salida absurda, de pata de banco: “Muchísimas gracias, por la pregunta. Precioso abrigo de pieles el que trae usted”.

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Epístola a Jesús, un epígono de Otramotro (CCXCII)

EPÍSTOLA A JESÚS, UN EPÍGONO DE OTRAMOTRO (CCXCII)

Dilecto Jesús (ese que yo sé), epígono de este aprendiz de ruiseñor:

Si no es verdad (todo) lo que nos has contado, la anécdota cornaguesa es verosímil y está bien traída. Aunque, como la amada de mi décima era italiana (la conocí una mañana septembrina, en la mundialmente famosa Plaza de San Marcos veneciana, la única vez que he estado in situ en la ciudad de los canales (había terminado COU, había aprobado la Selectividad y, en compañía de tres amigos más, en apenas diez días, recorrimos la mitad septentrional de la bota italiana), acaso hubiera sido más apropiado o conveniente haber usado la locución en italiano: “Se non è vero, è ben trovato”.

Como sabes, porque lo habrás experimentado (y, tal vez, más de una vez, cuando asistías gozoso a ese inolvidable espectáculo que era contemplar el divino tesoro de ese selecto grupo de jóvenes féminas que no habían llegado aún a la edad núbil, de merecer, pero cuyas bellezas resplandecían por doquier), el primer beso no se da con los labios, sino con los ojos.

Para confirmar o ratificar lo expresado en el párrafo anterior, echo mano del serventesio de que consta la rima XX becqueriana, que dice así: “Sabe, si alguna vez tus labios rojos / quema invisible atmósfera abrasada, / que el alma que hablar puede con los ojos / también puede besar con la mirada”.

Me acabo de llevar un chasco mayúsculo, una decepción morrocotuda, al acudir a la Wikipedia, la proverbial y libre enciclopedia internetera, y comprobar que, en la entrada a propósito de la notoria espada cidiana, se viene a decir que no hay ninguna fuente contemporánea que haga una referencia explícita a la existencia fidedigna de la misma, salvo que aparece citada varias veces a lo largo del “Cantar o Poema de mío Cid”.

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¿Quién no toma a los clásicos cariño?

¿QUIÉN NO TOMA A LOS CLÁSICOS CARIÑO?

Básicamente influyen en mis obras
Más recientes aquellas que finé antes.
Empero, fue a Unamuno y a Cervantes
A quienes oro extraje de sus sobras.

De ordinario, a los clásicos les cobras
(A los textos y autores descollantes,
Que no urdieron, no, siendo principiantes)
Cariño impar, que a los demás no cobras.

Quien en la poesía me introdujo
Y más me abrió los ojos a la rima
Fue Javier, cuya muerte me produjo

Tanta pena que, a fin de mantenerlo
A mi vera, subía a la tarima
Y recitaba versos para verlo.

Ángel Sáez García
angelsaez.otramotro@gmail.com


Sábado, 25 de marzo

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