El Blog de Otramotro

Mientras no haya independencia,...

MIENTRAS NO HAYA INDEPENDENCIA,...

“Es mejor tener la boca cerrada y parecer estúpido que abrirla y disipar la duda”.

Mark Twain (Seudónimo de Samuel Langhorne Clemens)

Al parecer, hace ya varios meses de ello, a algún mandamás (mejor, “mandamal”) de Junts pel Sí (JxS) se le ocurrió la creativa y genial idea de convocar un concurso de burradas, despropósitos o sandeces entre quienes se tenían a sí mismas/os por acérrimas/os catalanas/es soberanistas (para ver si, a juicio de los miembros del selecto jurado conformado, de forma fehaciente, lo demostraban), cobraran o no un sueldo a cargo del erario. El plazo para poder presentarse al certamen aún sigue abierto. Pues, de otra forma, no se entienden las últimas declaraciones hechas por el cantautor Lluís Llach (a quien, tras jubilarse, le han brotado unas irrefrenables ganas o pertinaz vocación de servicio público, y se ha metido a fungir interinamente de político —mejor, politicastro—) en una conferencia organizada por Òmnium Cultural que él dio el pasado mes de marzo en Sant Sadurní d’Anoia, que han trascendido a los mass media: “En el momento en que tengamos la Ley de transitoriedad jurídica, esta obligará a todos los funcionarios que trabajan y viven en Cataluña. Por tanto, quien no la cumpla será sancionado. Se lo tendrán que pensar muy bien; no digo que sea fácil, al contrario, muchos de ellos sufrirán. Porque en los Mossos d’Esquadra hay sectores que son muy contrarios (...) Existe la posibilidad de que nosotros alcancemos la independencia, y, por lo tanto, la gente deberá pensarse muy seriamente qué actitud tiene ante una legislación catalana que, si llegamos a la independencia, le pedirá responsabilidades”.

Ignoro si Llach ha leído la producción poética de Luis Cernuda Bidón. Si todavía no lo ha hecho, le recomiendo encarecidamente la lectura de “La realidad y el deseo”. Si ya la leyó, le aconsejo, su relectura, aunque tal vez sobre o valga con que se fije en el rótulo que puso a su poemario en 1936 (y luego, paulatinamente, fue acreciendo) para salir airoso del brete o trance. O sea, en plata, que una cosa es lo que es y otra lo que alguien desea que sea, a la pata la llana, que conviene distinguir la verdad pura y dura de lo anhelado o soñado.

No sé por qué, pero no es la primera vez (barrunto que no será la última) que me pasa lo mismo, que alguien me parece una persona juiciosa, sensata, hecha y derecha mientras ejerce las labores o tareas propias de su profesión, la que sea, y, por alguna ignota razón que no acierto a hallar o descubrir, cuando entra en el ámbito de la política, se entontece hasta límites inopinados, esto es, deviene un desconocido gilipollas.

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Yo suelo imaginarme personajes

YO SUELO IMAGINARME PERSONAJES

“La pasión es una obsesión positiva. La obsesión es una pasión negativa”.

Paul Carvel

Raúl del Pozo escribió en el diario El Mundo, concretamente, en el último párrafo de su artículo del viernes pasado, 21 de abril de 2017, que llevaba el título de “No escribir gratis”, lo siguiente: “Todo está escrito y dicho, pero como nadie lee ni escucha, hay que repetir las cosas: escribir gratis es algo más que competencia desleal; es dumping de chuflas, por no decir gilipollas, para hundir el oficio”.

A mí, como dejó escrito en letras de molde y, seguramente, dijo más de una vez François-Marie Arouet, “Voltaire”, me pasa tres cuartos de lo mismo que a don Alonso Quijano, que “me invento pasiones para ejercitarme”. Así que, para darles el curso anhelado, suelo imaginarme personajes que las coronen, cumplan o lleven a feliz término. Uno de mis heterónimos preferidos, Emilio González, “Metomentodo”, lector empedernido, que suele discrepar o disentir hasta de quien lo ideó, su seguro servidor, y, por cierto, trenzó los renglones torcidos que ahora usted, atento y desocupado lector, sea ella o él, lee, quien, de modo asiduo, tiene a bien prestarle de buena gana su caletre y de mejor grado su péndola para existir, ha venido a demostrar su lato y profundo desacuerdo con el criterio o parecer que vertió el reputado columnista en el mentado artículo verseando, a modo de refutación, asperjada con inconcuso sarcasmo, el soneto que, si no tiene cosa mejor que hacer, podrá leer a continuación bajo el rótulo que porta, “¿Qué derriban o vuelan los mejores?”:

¿Que está repleto el orco de escritores / diletantes, que no cobran un duro, / Quiero decir, un euro, por el muro / de incomprensión que vuelan los mejores? / Yo advierto en sus escritos los colores / propios del arcoíris más maduro. / Y aprecio con deleite el vario y puro / abanico o panoplia de sabores. / Como Bernard Shaw dijo que el infierno / está lleno de músicos con musa / que en otoño no cobran ni en invierno, / tampoco en primavera ni en estío, / quien derrocha empatía nos acusa / de hundir su oficio, sí. ¡Menudo tío!

Ángel Sáez García
angelsaez.otramotro@gmail.com


Para Pinocho

PARA PINOCHO

(POLITICASTRO)

(MENDAZ ASIDUO)

Desde ayer por la tarde, anda rondándome la “trasta” (de esa guisa solía llamar —sobre todo, cuando uno o varios de sus hijos nos comportábamos como singular, dual o plural trasto—, mi señera y señora madre, Iluminada, lamentablemente finada, a la testa) el estribillo de una canción irónica, popular, que solíamos cantar en grupo, a cappella —el DRAE, por fin, ha seguido la recomendación que le hizo el Diccionario panhispánico de dudas y ya la ha adoptado en su seno y adaptado gráficamente al español con la forma a capela—, cuando estábamos en Navarrete, en el colegio, postulantado o seminario menor que regentaban los Padres Camilos, e íbamos a pasar el fin de semana de acampada (a “El León Dormido” o a la sierra de Codés):

“De mi suegra no hables mal / Porque la defiendo yo; / Y si la quieres quemar / La leña la pongo yo (bis) / Y las cerillas también; / De mi suegra no hables mal, / Porque la defiendo yo”.

Siguiendo la estela que ha dejado en mi ánimo y mi memoria la tónica irónica y festiva del estribillo antedicho, me ha nacido la idea de trenzar una cancioncilla censurando las medias verdades (que para el grueso de la ciudadanía suelen ser las peores de las mentiras) a las que son tan aficionados (y hasta adictos) muchos de los políticos patrios:

Se lo merece, / Se lo merece; / De nada vale / Que rece y rece. // Se lo merece, / Se lo merece; / Conforme miente / Su nariz crece.

Ángel Sáez García
angelsaez.otramotro@gmail.com


Fui el autor de ese fracaso

FUI EL AUTOR DE ESE FRACASO

Como he dejado constancia antes de ello en otros sitios (considerando, imitando, recordando, remedando o teniendo en cuenta y/o muy presente —déjate, por favor, de tanta cháchara y ve, Otramotro, por Dios, aunque solo sea esta vez, al grano—, urdiré el gerundio que más conviene que trence, si pretendo ser sincero, que esa y no otra es mi intención, serlo), plagiando qué opinaba en su famoso poema “If” (“Si...”) sobre el éxito y el fracaso el Premio Nobel de Literatura de 1907 Rudyard Kipling, aquí también sostengo idéntico o semejante parecer al suyo, que el triunfo y la derrota no son más que dos apodícticos impostores. Ciertamente, para apoyar dicha tesis, la vida nos viene abasteciendo o suministrando innúmeros casos y cosas, esto es, demostrando un día sí y otro también que, a veces, en los momentos de máxima euforia, cuando uno tiene la autoestima por las nubes, tras haber destapado, acaso sin querer, la redoma o el tarro donde suele mantener encerrado, recluido, a su diablo, su yo más repugnante, el de odioso e idiota, por engreído, jactancioso o presuntuoso, uno, itero, puede llegar a creerse el rey del Mambo. Luego ya se encargará de hacer acto de presencia el tío Paco con el cepillo para coronar la necesaria y oportuna rebaja.

El miércoles pasado, 19, publiqué a las catorce horas, como es costumbre arraigada en mí, en mi bitácora el texto que titulé “La Alhambra deslumbra al hombre”, que versaba sobre un anuncio de CERVEZAS ALHAMBRA y las consecuentes, lógicas y normales sinestesias que suele propiciar o provocar un consumo responsable de las tales (por cierto, aquí, a renglón seguido, no he tenido que colocar el imprescindible y habitual “de Mileto”, complemento del nombre cuya ciudad griega identifica a uno de los consabidos Siete Sabios de la Hélade). Bueno, pues todas las veces que hice referencia a la mencionada marca cervecera en dicho escrito esta apareció, mutatis mutandis, en toples, sin portar la preceptiva hache. Al menos, dicho en descargo de este menda, fui coherente, congruente. Nadie me advirtió del craso error que había cometido. Cuando, mediada la tarde, reparé en él, seguí la enseñanza que otrora había extraído de una lección que me impartió Confucio (“Quien comete un error y no lo corrige comete otro aún mayor”) y procedí a subsanarlo de inmediato. Ese mismo día, a las siete de la tarde, leí en la edición digital del diario La Razón lo que catalogué como un mero bluf, una neta broma (de pésimo, escaso, mal, ningún, buen, bastante u óptimo —usted, atento y desocupado lector, sea ella o él, se encargará, si no arguye objeción al respecto, de tachar lo que no proceda— gusto), que la presunta agencia espacial European Space Corporation, ESC, según daba a entender en su página web, ya había comenzado la cuenta atrás para el lanzamiento, que no miento (porque, insisto, eso leí), hoy, viernes, 21 de abril, de la primera misión a la luna de un asno vizcaíno, un “euskalburro” de la comarca de las Encartaciones.

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Que no haya novedad

QUE NO HAYA NOVEDAD

Considerando que “el hombre propone, pero Dios dispone”, según la sentencia “homo proponit, sed Deus disponit”, que podemos leer en la “Imitación de Cristo” (1. 19. 9), de Tomás de Kempis, paremia que recuerda el comienzo de Proverbios, 16 (“El hombre dispone su camino, pero a Dios le corresponde dirigir sus pasos”), que solían airear nuestras/os abuelas/os, y que Luis Cernuda Bidón reunió el grueso de los poemas que había compuesto hasta entonces bajo el título de “La realidad y el deseo” (1936), podemos jugar a juntar las ideas que destilan o exudan el adagio y el rótulo del poemario cernudiano, a fundirlas y de la extraordinaria fusión, que no confusión, resultante extraer algún pensamiento, verbigracia, este, que el hombre, ente anhelante ante todo, alumbra deseos sin cuento (que tal vez luego ose cantar o contar) y que Dios, Natura o la realidad apodíctica, impone sus certezas, sus verdades, a todos los hombres (ora hembras, ora varones), sean cuales sean sus edades.

Mi difunto y dilecto tío Jesús, “el Vasco” (además de “el Pato”), a quien más de una tarde y más de media decena o docena escuché, embelesado, narrar peripecias que vivió siendo joven, durante la Guerra Incivil española, habiendo cumplido los sesenta, que fue cuando más lo traté, solía despedirse presencialmente y/o por teléfono de idéntica manera, deseando que no hubiera novedad, pues la susodicha llevaba aparejada, indefectiblemente para él, pesimismo, accidente y aun muerte. Así que, para atenuar, cepillar o mitigar el evidente pesimismo que acarreo en mis genes, suelo elegir, para compensar, el disfraz de optimista, que, según me confiesan unos y otros, tan bien me sienta.

Ergo, fue el mentado optimismo, del que hablo en el párrafo anterior, el que motivó y/o propició que escribiera la décima espinela que titulé “¿La alcachofa? ¡De Tudela!” y subtitulé “¡Qué agradecida es, Adela!”, cuyos diez versos octosílabos decían y dicen así: “Si invitas este año, Adela, / A tus de Pamplona amigas / Para el Ángel, unas migas / Os hará tu abuela Estela / Y alcachofas de Tudela / Para hartaros en las Norias, / Donde ene cuentos o historias / De Amor y humor han brotado / Que aún no se han agotado, / Pues siguen pariendo euforias”.

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El escrache es estupendo

EL ESCRACHE ES ESTUPENDO

Anteayer me llamó mucho la atención que los cuatro diarios de papel de la capital, de ámbito y tirada nacional, El País, El Mundo, ABC y La Razón, escribieran sendos editoriales por el asalto y la ocupación que una treintena de miembros de Arran, organización juvenil afín a la CUP, intentaron a la sede barcelonesa del PPC, sin embargo, eso mismo no sucedió con los dos grandes periódicos de la Ciudad Condal. Ignoro los porqués no le dieron la misma importancia al reprobable escrache los directores de La Vanguardia y El Periódico. Me resultó llamativo y sintomático el proceder, por el desmarque al unísono, de los susodichos; esa es la verdad, lo que yo entiendo por mi verdad.

Abundo con lo que dice en el primero de sus párrafos el editorial de El País, que “todas las ideas han de poder expresarse en libertad”. Y con lo que añade a continuación, que “resulta muy preocupante que intenten utilizar la intimidación para hacer valer sus posiciones y asusta imaginar de lo que serían capaces si tuvieran la más mínima posibilidad de tener éxito en sus pretensiones”.

Coincido con el pensamiento que recorre el editorial de El Mundo, pero discrepo abierta y públicamente de la idea que lo encabeza, esta, que “la democracia exige respetar todas las opiniones”. He de decir (escribir, en este caso) que no concuerdo ni mucho, ni poco, ni nada (de nada) con dicho parecer. La democracia lo que sí permite es que esas ideas puedan expresarse, como sostiene el editorial de El País. Lo de respetarlas, eso en concreto, ya es harina de otro costal. Y es que solemos repetir hasta la saciedad la gran necedad de que todas las ideas u opiniones son respetables, sin darnos cuenta, en verdad, de la barbaridad que soltamos. Quizás esto ocurre así porque no tenemos suficientemente claro, cristalino, lo que debería quedar palmario o patente y sentado: que lo que se ha de respetar en todo momento y lugar, o sea, siempre, es el hombre, el ser humano, la persona, y su facultad de pensar y expresar lo pensado. Ahora bien, lo que puede salir del caletre y por la mui o la péñola de alguna/o puede ser lo más idiota (y nadie, ni siquiera usted, atento y desocupado lector —sea ella o él— ni tampoco servidor, por supuesto, estamos libres de ello), lo más imbécil, lo que sería estúpido, a todas luces, que fuera, al menos intelectualmente, respetado. Lo que sí hay que hacer con lo sandio es objetarlo y argumentarlo, quiero decir, hacer ver al otro (u otra) qué nos ha llevado a considerarlo así y contradecirlo con razones de peso para que no vuelva a ser sostenido por otra/o sin escarnio. Pondré un ejemplo. Los miembros de la susodicha Arran, que fuera del local del PPC profirieron gritos a favor de la independencia, el socialismo y el feminismo, sostuvieron la idea de que “sin desobediencia no habrá independencia”, lo que no hallo cuestionable y merece mi respeto, sin ambages. Ahora bien, ¿lo merecen estas otras palabras que también adujeron, que “no pediremos permiso ni tampoco perdón; estamos dispuestos a defender por todos los medios la autodeterminación?”. Pues no. ¿Se habrán dado cuenta ya de la sandez manifiesta que dijeron, de que, en el hipotético caso de que aún sigan sosteniendo contumazmente lo mismo, defienden como axioma apodíctico lo que, en sentido estricto, no es más que un mero sofisma, que el fin justifica los medios? Daremos tiempo al tiempo. Esperaremos. Veremos.

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Quien generaliza yerra

QUIEN GENERALIZA YERRA

Y, SI ES MACHISTA, MÁS YERRA

Tengo para mí que todos los seres humanos que fuimos, somos y seremos (por el mero hecho de serlo —“errare humanum est” dijeron y dejaron escrito en letras de molde nuestros antepasados, los romanos—, erramos ayer y hoy y, seguramente, erraremos también mañana), que alcanzamos o alcanzaremos la edad adulta, que gozamos o gozaremos del pleno uso de nuestras facultades intelectuales, hemos sido, somos y/o seremos alguna vez a lo largo de nuestra vida injustos. Así las cosas, tal vez solo nadie pueda agacharse, coger del suelo una piedra y tirarla para lapidar a quien sea, porque únicamente quien no haya generalizado alguna vez, quiero decir, quien no haya juzgado que para él (en el supuesto de que se trate de ella, para ella), según su criterio, es distintivo, pertinente y relevante extrapolar, por simple o sencilla inducción, desde su personal (y puede que intransferible) punto de vista, perspectiva o visión, de lo particular lo general, de lo individual lo universal, queda excluido de la susodicha regla; pensamiento que, si usted, lector, lo mira bien y remira mejor, acaso coincida conmigo en que no deja de ser, por cierto, otra generalización.

En el día de la fecha osaré agregar, asimismo, que incluso algunos de los animales que tomamos por irracionales generalizan. ¿Quién no ha usado alguna vez en alguna conversación para dar cuenta de la mentada generalización esa paremia española que dice que “el gato escaldado del agua fría huye”?

Considero que quizás pueda servir como ejemplo de generalización ese axioma, en sentido estricto, puro sofisma, que aprendí en COU, en la clase de Filosofía que nos impartió Paco Pérez, nuestro profesor, y llamó “navaja de Ockham”, principio metodológico que dice que “en igualdad de condiciones, la explicación más sencilla suele ser la más probable”. Ahora bien, conviene añadir que aquí probabilidad solo significa verosímil o fundada apariencia de verdad, no certeza (y menos aún) absoluta.

Los tres párrafos precedentes vienen a cuento de lo que sigue. Jeroen René Victor Anton Dijsselbloem, actual presidente del Eurogrupo, echó mano de las palabras que van entrecomilladas a continuación en una entrevista que concedió al periódico alemán Frankfurter Allgemeine Zeitung: “Como socialdemócrata, concedo a la solidaridad una importancia excepcional. Pero el que la solicita tiene también obligaciones. Yo no puedo gastarme todo el dinero en copas y mujeres y pedirte luego que me ayudes”.

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De bien nacido es ser agradecido

DE BIEN NACIDO ES SER AGRADECIDO

Como, según asevera la paremia o el proverbio patrio, “de bien nacido es ser agradecido” (por cierto, un endecasílabo cabal) y el abajo firmante, seguro servidor de usted, atento y desocupado lector (ya sea ella, ya él), el pasado 21 de febrero fue intervenido quirúrgicamente de una reconstrucción de ileostomía en el Complejo Hospitalario de Navarra (CHN) por las cirujanas Irene Esquíroz Lizaur y Fabiola Oteiza Martínez, ejerciendo de anestesista la doctora Aránzazu Pavón Benito, con los renglones torcidos que me dispongo a juntar en este escrito pretendo dar las gracias, de corazón, a las susodichas galenas, a las/os doctoras/es que pasaron visita (algunas/os repitieron) durante los días que estuve ingresado en la habitación 306 del Hospital de Navarra (Sánchez, Esquíroz, de Miguel, González, Ciga, a quien le di la enhorabuena por haberse hecho digno acreedor del alto cargo que ostenta —me llevé una sorpresa morrocotuda al comprobar que el jefe de Cirugía del CHN sigue haciendo trabajo de campo—, Oteiza y Balén, que firmó el informe clínico de mi alta y a quien vi cómo auscultaba y se interesaba y preocupaba por Mariano, mi segundo compañero de habitación, y, si mi nariz no me juega una mala pasada, que no me falló en el caso del citado Ciga, ocupará pronto una responsabilidad médica mayor), a las/os enfermeras/os (Gema, Rosa, Oihane, Javier, Iñaqui, etc.), a las auxiliares (Anabel, Asun, Laura, etc.), a las/os limpiadoras/es (Luis, etc.), a las/os celadoras/es, a mis compañeros Josemari y Mariano y a sus respectivos deudos y amigas/os, a mis hermanos, familiares y allegados, a mis amigos Miguel, Prepedigna y Luis Quirico y, de manera especial, a mi dilecta prima Justina Muro Recalde, por contribuir a que mi estancia en el CHN fuera la mejor posible.

Lamento sobremanera haber olvidado algunos nombres y, por tanto, no haberlos expresado aquí; ahora bien, mi agradecimiento es absoluto, completo, general, para todas/os las/os que estuvieron a mi lado o se interesaron por cómo iba mi posoperatorio por teléfono, sin excepción.

Mientras estuve ingresado, las muchas horas de insomnio que padecí las ocupé en varios menesteres, a saber: leer y urdir mentalmente, al principio, luego pasándolas a papel, más de media docena de décimas, entre ellas, la siguiente:

A LOS DOCTORES FO Y AGUA

Siempre estaré agradecido
A los herreros Fo y Agua.
Desde que acudí a su fragua,
Soy un tenor renacido
Cual fénix, reverdecido,
Ya que por las duchas manos
De esos nones cirujanos,
Don Héctor Ortiz Hurtado
Y Fabiola Oteiza, alado
Querubín/Serafín me siento, hermanos.

Ángel Sáez García
angelsaez.otramotro@gmail.com


Una boutade u ocurrencia

UNA BOUTADE U OCURRENCIA

“Es un axioma que aquel a quien todos conceden el segundo lugar tiene méritos indudables para ocupar el primero”.

Jonathan Swift

Ayer, lunes, por la tarde, no acerté a saber por qué me había despertado de los veinte minutos escasos que duró mi siesta recordando lo que había estado canturreando en sueños, esa canción popular que decía y dice así: “Querida, Irene, porompompón (bis), / síguete (forma verbal esdrújula que suele hacerse llana, siguete) meneando, porompompón, / que ya me viene, porompompón”.

Tras darle vueltas y más vueltas, giros y más giros, al asunto sin sacar nada en claro, sin obtener un mínimo provecho, desistí en mi empeño de hallar su (quinta)esencia, su quid.

Hoy, martes, habiendo transcurrido veinticuatro horas, poco más o menos, del morrocotudo fracaso, me he llevado a las manos y a los ojos un libro de filosofía de mi biblioteca y me he detenido en unas páginas sobre Guillermo de Ockham, a quien le he pedido prestada su famosa navaja, quiero decir, su principio metodológico de economía que dice que “en igualdad de condiciones, la explicación más sencilla suele ser la más probable”, y ahora ya puedo decir que, del amplio abanico que se me había presentado, estoy en condiciones de señalar la razón o varilla que he escogido como más plausible, esta: ayer, por la mañana, leí, sin detenerme mucho en la noticia, que la nueva portavoz en el Congreso de los Diputados y “número dos” de la formación morada va a ser Irene Montero.

Aunque no doy un chavo por lo que acaba de idear mi caletre (he intuido que iba a ser un texto de poca monta), para confirmar mi sospecha y/o ratificar mi tesis, como a esta hora, regularmente, acostumbra a brotarme o nacerme mi vena más coñona, guasona o zumbona, la pondré negro sobre blanco para ver si, desechando prejuicios, se trata, en verdad, de una chapuza inconcusa; pero, como me tengo (sin ánimo de alardear o presumir) por un sabueso (me gusta advertir con antelación a quien suele invertir su tiempo de ocio en pasar y posar su vista en mis urdiduras —o “urdiblandas”— qué barrunto o me da en la nariz) sagaz, no puedo tomarle el pelo a usted, atento y desocupado lector (sea ella o él), contándole una milonga, porque presiento que no va a ser de su agrado ni a recibir su aprobación. No obstante, paso a dejar (para afrenta, baldón o ultraje mío, sin duda) constancia aquí de ella, una boutade u ocurrencia, que ya he trenzado mentalmente, una décima dialogada protagonizada por Elvira y Edurne, como puede leer a continuación:

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Poesías al momento

POESÍAS AL MOMENTO

En la biblioteca municipal de Tudela (como un sendero poético más de los muchos que ha ido, ora desbrozando, ora tejiendo, de manera mancomunada, el capital humano que presta sus servicios en las bibliotecas públicas de la Ribera, fungiendo, ya de meros exploradores, ya de claras hilanderas), nada más entrar en la sala habilitada para uso exclusivo del público joven y adulto, a mano izquierda, anteayer colocaron un panel, en el que bajo un cartel que exhibía, a modo de reclamo, el rótulo de “Poesías al momento”, pretendía recoger los versos que hubieran podido repentizar minutos antes, durante o después de haber hecho uso correcto de sus plurales herramientas quienes hubieran acudido en esa oportunidad a su sede.

Por la tarde, el abajo firmante, mero aprendiz de ruiseñor, a quien le gusta colaborar con quienes se lo piden y en cuanto puede, estrenó dicho espacio con el propósito de que otras/os poetas siguieran la senda inaugurada por él y escribió esta redondilla, que tituló, precisamente, así, “REDONDILLA”, y firmó con su seudónimo por antonomasia, Otramotro:

“Su mirada te confiesa
Lo que su corazón siente,
Que te ama (no, no te miente),
Aunque te parezca aviesa”.

Ayer, por la mañana, antes de que mis dedos empezaran a saltar, pulsar y/o bailar sobre las letras, números y signos diversos del teclado de uno de sus ordenadores (soy usuario habitual, regularmente de mañana y tarde, del susodicho recinto libresco), nadie se había animado a dejar una escueta muestra siquiera de lo que le había inspirado inesperadamente su musa/o. Así se lo hice saber, tras darle los buenos días, a una de las bibliotecarias, Pilar, que estaba llevando a cabo lo que fuera detrás del mostrador. Y le comenté que tal hecho no me empujaba ni incitaba a seguir urdiendo en dicho panel mis versos, pues me daba cierto reparo (no era mi deseo ni mi intención acaparar dicho espacio) trenzar en el mencionado panel lo que había escrito mentalmente, mientras bajaba a la calle Herrerías, donde tiene su sede la biblioteca; a lo que ella me objetó que, según su parecer, si fueran más las composiciones que obraran allí, hasta las/os más tímidas/os poetas, tal vez, se animaran a dar cuenta y/o dejar una breve prueba, al menos, de las suyas.

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Lo evidente y lo soñado

LO EVIDENTE Y LO ENSOÑADO

Debo la frase que encabeza este texto al vate (poeta y profeta) Luis Cernuda Bidón (quien, por cierto, para rematar su extraordinario e inmarcesible poema “Si el hombre pudiera decir”, escribió los tres versos con los que, en el caso o supuesto de que el abajo firmante, aun moribundo, estuviera consciente, gustaría despedirse de su amada dama, en la hora fatal, cuando Átropos hubiera decidido cortar el hilo de su vida: “Tú justificas mi existencia: / Si no te conozco, no he vivido; / Si muero sin conocerte, no muero, porque no he vivido”), que reunió la obra poética que había trenzado hasta entonces bajo el título global de “La realidad y el deseo” (1936). Esos dos susodichos vocablos, realidad y deseo, hacen inconcusa referencia y/o son los ámbitos que resumen, a grandes rasgos, el conflicto existencial en el que vivió durante una buena parte de su vida.

Está claro que las personas diferenciamos lo público y notorio, lo que hay, lo evidente, y que, de modo incontrovertible, es real, de lo que anhelamos, lo ficticio, lo soñado, ora estando dormidas, ora estando despiertas, que, contradiciendo lo que muchas creen a pies juntillas y así lo expresan, a pesar de los pesares, también lo es, real.

A veces, solo a veces, recuerdo lo que he soñado. Es lo que me ocurrió, verbigracia, la madrugada del domingo pasado, que me desperté habiendo escrito en sueños una décima/espinela. Como la recordaba con fidelidad, para que no se me olvidara, la pasé inmediatamente a mi libreta (este procedimiento es el lógico y normal en quien hace muchos años, servidor, agrupó los siguientes versos bajo el título de “Romance del verbadebelado”: “Literato naufragado, / Cuentacuentos con aletas, / Mideversos con espinas, / Con escamas juntaletras, / Verbarrendido entre peces, / Pecios y otras truculencias / No es el que a pique se ha ido, / Sino el que no halla libreta / Donde verter lo ocurrido, / Ni halla paz, ni puerto encuentra”). Mi confesable anhelo era que en Vistalegre II Errejón le ganara el pulso que le había echado a Pablo Iglesias, por eso mi inconsciente trenzó lo que trenzó, el poema que el atento y desocupado lector (sea ella o él) puede leer abajo, como colofón a este texto, pero a las pocas horas hizo su aparición el tío Paco con la rebaja, desbaratando lo que mi subconsciente había escrito en sueños:

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¿Creaciones de mentes fantasiosas?

¿CREACIONES DE MENTES FANTASIOSAS?

Hay quienes sostienen que las causalidades, las llamen así o causas, orígenes o principios (de lo que sea), existen, pero las casualidades, esas combinaciones de circunstancias a las que no les cabe, cuadra o encaja ser prevenidas o previstas ni pueden eludirse o esquivarse, no, de ninguna de las maneras. Como esto, que acostumbran a aseverarlo donde sea, allí donde se hallen, que quizás no sea el ámbito apropiado para largarlo, se lo creen a pies juntillas, no hay forma humana de hacerles ver cuánta importancia tiene pasar por el tamiz propio las razones ajenas, siempre que concedamos a las de las/os demás el mismo don, gracia o favor que solicitamos para las nuestras, las de poder convencer y ser persuadidas/os por ellas; de que tal vez estén equivocadas/os, de que acaso las cosas no sean así, como ellas/os las ven, ni contengan o sean portadoras o porteadoras de tantas verdades como aseguran.

Durante la mañana del 5 de enero del presente año, en la sala de ordenadores del Centro Cívico “Lourdes”, de Tudela, cuando apenas hacía unos segundos que le había dado remate a la primera versión de un texto breve que titulé, de manera provisional, “Carta a los Reyes Magos”, hizo acto de presencia, quiero decir, irrumpió inopinadamente en el susodicho entorno un señor vestido de Rey Mago (Melchor o Gaspar; no cabe otra opción, si hacemos caso o tenemos en cuenta el legendario color de la piel que la tradición adjudica a Baltasar), acompañado de una de las trabajadoras del mentado centro, Eva, que me dijo, “mira, Ángel, a quién te traigo”, y otra persona más, una señora que se quedó en el quicio de la puerta y no conocía (añadiré en este paréntesis que no la había visto nunca; aunque quizás debería haber urdido, a fuer de ser más cabal, que jamás había reparado antes en ella). Así que no tengo un solo testigo, ni dos, porque son tres, en sentido estricto, las personas que pueden dar testimonio fehaciente de que lo que llevo trenzado hasta aquí y lo que urdiré a continuación es cierto y no tiene vuelta de hoja, porque es irrefutable.

Le dije a quien iba vestido de Rey Mago que, casualmente, acababa de escribirle una carta a él y a las otras dos proverbiales altezas dadivosas con las que conforma el trío más esperado y querido por las/os niñas/os la primera semana de enero. Le pregunté si podía proceder a su lectura y, como me dio en un santiamén su plácet, pasé en un instante a poner en ejecución la misma. Cuando la terminé de leer en voz alta, le interrogué sobre su opinión al respecto y me comentó, grosso modo, que acaso vendría bien que se leyera mi texto en los hospitales.

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Viernes, 28 de abril

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